La Torá y la arqueología

La amiga le preguntó:
– ¿Qué te pasa Vivi, te veo con cara de amargada?
– Respondió: Es que estoy enojada con mi novio.
– ¿Por qué, si es un tipo amoroso y buena onda?
– Porque me dijo que con el paso del tiempo me vuelvo más y más interesante.
– ¿Qué tiene de malo?
– Nada, ¡si no fuera arqueólogo!

Enseñó el Rav Kook que no debemos quedarnos con el sentido original de los mandamientos, ni asumir que la Torá nos viene solamente a contarnos historias del pasado para llenarnos de información.
Porque si así hiciéramos, estaríamos convirtiendo a la Torá en un libro muerto, sin vigencia, totalmente fuera de foco para nuestra vida cotidiana.
En realidad lo que tenemos que lograr es descubrir el sentido vital, que renueva nuestra existencia diaria en cada uno de los mandamientos tal como en cada una de las historias.
La Torá no está dedicada a la arqueología, ni es un libro para aprender una parte de la historia de nuestro pueblo.
La Torá es la enseñanza para la vida aquí y en la eternidad.

Aprendamos del pasado, valoremos nuestras raíces, sepamos los sentidos que los antepasados encontraban en los mandamientos, pero no nos quedemos solo en ello.
Hagamos de la Torá carne en el aquí y ahora.

Y que los arqueólogos sigan disfrutando de las bondades de su carrera profesional y compartiendo sus saberes con nosotros.

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