Parashat Bemidbar 5767

Shabbat: Sivan 2, 5767; 19/5/07

 

Un comentario de la Parashá Bemidbar (Bemidbar 1:1 – 4:20)
*Elección para la construcción*

¡Bienvenido nuevamente apreciado lector!
Esta semana comenzamos la lectura del cuarto tomo de la Torá, llamado Bemidbar, que es conocido como "Números" en español.
Te propongo que me acompañes a disfrutar juntos de un poco de sus enseñanzas.

Al principio mismo de la parashá leemos:

"Haced un censo de toda la congregación de los Hijos de Israel, según sus clanes y sus casas paternas, de acuerdo con el número de los nombres de todos los varones, uno por uno."
(Bemidbar / Números 1:2)

Mientras estaban en el desierto, el Eterno comandó a que los israelitas fueran contados varias veces.
Por consiguiente, fueron numerosos los censos que se realizaron.
Podríamos preguntar la razón para esto, pues, ¿no le alcanzaba con un censo al principio, a la salida de Egipto y otro previo a la entrada a la Tierra de Santidad?
¿Qué necesidad de hacer tantos conteos del pueblo?

Según nos indican los Sabios, uno de los motivos es para manifestar el especial amor que el Eterno siente por la nación judía. La nación que Él escogió para ser "santa", es decir, especial, distinguida del resto, dedicada de lleno al servicio divino a través del conocimiento de la Torá y la cabal aplicación de sus mandamientos.
Tal como expresa el Eterno:

"’Ahora pues, si de veras escucháis Mi voz y guardáis Mi pacto, seréis para Mí un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque Mía es toda la tierra, y vosotros Me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa.’ Éstas son las palabras que dirás a los Hijos de Israel."
(Shemot / Éxodo 19:5-6)

Ésta es en definitiva la "gran" diferencia entre Israel y las naciones: la Torá y los 613 mandamientos.
Lo que marca a Israel como "nación elegida", NO es una superioridad racial, NI pureza étnica, NI afán de dominio, NI anhelo imperialista, NI deseo de imponerse a los demás, NI un fanatismo que niega la belleza de la sana diversidad, NI desequilibrio emocional de sentirse más de lo que se es.

El hecho concreto es que el Eterno quería entregar Su Torá, y con ella el compromiso de los 613 mandamientos, y no encontró a ninguna nación dispuesta a ser responsable de esta pesada pero importante carga, solamente Israel tímidamente aceptó la inmensa tarea.
Esta aceptación marcó la santidad, la diferencia de Israel.
Las otras naciones tuvieron oportunidad de firmar una alianza perpetua con el Eterno, ANTES de que Israel lo hiciera, pero siempre encontraron excusas para no hacerlo.
Brindemos atención al siguiente Midrash:

"Ribbí Iehoshua dijo a sus alumnos:
¡Hijos míos! De este modo procedió el Santo, Bendito Sea, para dar la Torá a Israel:

Fue primero a los hijos de Esav y les dijo:
-¿Aceptáis la Torá?
-¿Qué hay escrito en ella?, preguntaron.

– "No asesinarás".
-Es tradición de nuestra gente que nuestros padres no confiaron sino en la espada, pues está escrito: "Y por tu espada vivirás". No podemos aceptar la Torá.

Después se dirigió a los amonitas y moabitas:
-¿Aceptáis la Torá?
-¿Qué hay escrito en ella?, preguntaron.
-"No cometerás actos indecentes"
-Nuestro modo de ser es indecente. No podemos aceptar la Torá.

A continuación habló a los descendientes de Ishmael:

-¿Aceptáis la Torá?
-¿Qué hay escrito en ella?
-"No robarás".

-Es nuestra tradición no vivir sino del robo y la rapiña, pues está escrito: "El será un salvaje humano,pondrá su mano en todos". No podemos aceptar la Torá.

Luego se dirigió a Israel, que le dijeron ante Él:
-¡Señor del mundo Haremos y obedeceremos! (Shemot / Éxodo 24:7)".

Así pues, la humildad de Israel para aceptar el Mandato del Eterno fue lo que provocó esta singular elección.
Ni la belleza, ni el poderío, ni la fe, ni la gloria, ni la muchedumbre, ni el abolengo, nada de esto… solamente el corazón humilde, que reconoce que el Eterno es Rey y Su Torá es Ley inamovible.
En similar línea el Midrash manifiesta también:

"El Santo, bendito sea Él, le dijo a Noaj:
-"Hazte un arca, pues voy a enviar un gran diluvio".

Noaj fue a sus hijos y les dijo:
-"Hijos míos, Dios me ha dicho que va a enviar un gran diluvio sobre la tierra, y que debemos construir un arca para salvación".

Iafet, el intelectual, preguntó: "¿Qué es un diluvio? ¿Qué lo provoca? ¿Cómo se produce? ¿Qué es un arca y para que nos servirá?"

Jam, el materialista, también habló: "No servirá para nada."

Entonces dijo Shem, el centrado en lo espiritual, reconoció: "Hagamos el arca puesto que Dios lo ha ordenado."

En ese momento el Santo, bendito sea Él, eligió a Shem para que sea de su descendencia quien recibiera la
Torá."

Pero hay un aspecto bastante importante que debemos notar.
De acuerdo a lo que enseña el midrash, las naciones que rechazaron la Torá por motivos idiosincráticos, en cierto momento de su historia introdujeron esas mismas leyes de la Torá que antaño rechazaron. Ahora cuentan con leyes que prohiben la matanza, el robo, la estafa, el adulterio, etc.
La pregunta lógica sería: ¿Por qué no aceptaron ese regalo divino, la Torá, con la excusa de que no era afín a sus culturas, si finalmente las excusas cayeron y ellos adoptaron partes de esas normas de la Torá?
De hecho, pareciera que la Torá no demandaba de ellos nada que no pudieran cumplir.

Podemos dar tres respuestas posibles para tratar de responder a esta duda:

  1. Sus culturas aún no estaban maduras para aceptar esos mandamientos, todavía eran infantiles, esclavos de sus pasiones. Por lo cual, no era su momento adecuado para ser responsables de un bien tan precioso como la Torá.
    Pero, con el paso de los siglos, fueron madurando y adquiriendo características que les dieron capacidad como para hacerse cargo de parte de las responsabilidades espirituales que les competían.
    Así es como como se produjo en la realidad lo que el Midrash nos relata en su lenguaje alegórico.
    Te explico.
    El Eterno Ya había promulgado los mandamientos de no asesinar, no robar, no cometer indecencias muchos siglos antes de la entrega de la Torá. Así pues, lo que distingue la esencia diferencial de la Torá no son esos mandamientos en particular, sino otros mandamientos, de una naturaleza completamente diferente.
    Aquellas naciones no vivían de acuerdo a estos mandamientos universales, eran ajenos a los mandamientos para los noájidas que son básicos para el sostén de la vida humana. Entonces, ¿cómo harían para admitir los mandamientos supra-racionales, que no guardan relación directa con el funcionamiento equilibrado de la sociedad y el desarrollo colectivo?
    Así pues, no estaban preparados para recibir la Torá, porque ni siquiera eran capaces de hacerse cargo de los mínimos mandamientos que YA eran de su responsabilidad cumplir.
    A diferencia de los Hijos de Israel, que con esmero y altibajos seguían firmes en el camino noájida, y por eso fueron benditos con la distinción de convertirse en la "nación escogida" para recibir la Torá con sus mandamientos.
  2. Aquellos pueblos llegaron a admitir como leyes propias los mandamientos que en una época rechazaron, pero no tuvieron la capacidad de profundizar en las normas relacionadas que se derivan de ellas.
    Llegaron a aceptar como razonable el no asesinar, por ejemplo, pero no lo relacionaron con el no humillar a otro en público.
    Llegaron a admitir la importancia de la fidelidad conyugal, pero por sin mucho ruido fomenta todo tipo de indecencias e infidelidades.
    Llegaron a reconocer lo valioso de respetar el derecho a la propiedad, pero es "simpático" actuar con esa "viveza criolla" que busca ventajas encubiertas.
    Y así podríamos seguir dando ejemplos de cómo se respeta en la superficie un mandamiento básico, pero se deja de lado la infinidad de ramificaciones que profundizan el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias.
  3. Sus sociedades dictaron leyes afines a los mandamientos universales, incluyeron en sus vidas leyes éticas que permiten el desarrollo de la vida humana en sociedad, PERO sin admitir su origen divino.
    Desconocieron o rechazaron que esas fundamentales leyes éticas fueron ordenadas por el Eterno a Noaj y promulgadas definitivamente por Dios en Sinaí para las naciones. En tanto que Israel estaba recibiendo la Torá con sus 613 mandamientos para los judíos, todas las naciones del mundo estaban recibiendo nuevamente los Siete Mandamientos Universales, que son su parte de su alianza con el Eterno.

Como vimos, solamente Israel tuvo esa capacidad para humillarse ante el Eterno, de no dar excusas, de no buscar salidas fáciles, de no admitir solamente lo superficial, de aferrarse al yugo del Eterno.

En la actualidad, gracias a Dios, hay un número más creciente de gentiles que están re-encontrando y aceptando en sus vidas los Siete Mandamientos Universales.
Algunos de estos gentiles en un principio están confundidos, porque salen de todo tipo de idolatrías y no tienen muy en claro el precioso camino de noajísmo que el Eterno ha trazado para ellos. Entonces, muchos confundidos se creen judíos, o que deben ser judíos, o que son hijos de hijos de judíos, o tantas cosas que no son ni deben ser… podemos y debemos darles una mano, para que se reencuentren con su pura identidad espiritual, sin la fealdad de la idolatría ni de creencias ajenas que provocan desazón. NO es nuestra tarea ser "misioneros" para atraer conversos al judaísmo, pero está en nuestras manos rescatar almas de los abismos del mal, para de esa manera construir un mundo de mayor perfección y Shalom. Es otro aporte, pequeño pero importante, con el que podemos colaborar para que florezca la Era Mesiánica, pronto y en nuestros días.

Pero, hay cosas aún más profundas que podemos y debemos hacer.
Como por ejemplo, cada día estudiar al menos un párrafo de Torá. Cada día esmerarnos por cumplir más y mejor con los mandamientos que nos competen. Acercarnos a algún rabino o maestro para que nos oriente, nos dé clases, nos ayude en la tarea de seguir creciendo. Colaborar con instituciones judías, con dinero o trabajo, para que de esa manera el judaísmo se fortalezca en nuestra comunidad. Y por supuesto, estar atento a las necesidades de nuestros allegados, de nuestra familia y amigos o conocidos, no solamente para brindar de aquello material que tenemos sino también en lo emocional o en lo espiritual.
Tenemos muchas cosas por delante, como si estuviéramos en mitad de un desierto que hay que transformar en un productivo jardín de placeres.
Como fue la misma entrega de la Torá, en medio de un desolado paisaje desértico, el cual se pobló de intensa vida gracias a la Torá.
Esa tarea es la que nos compete hacer en nuestra vida.

Cada año Shavuot cae en el comienzo del Séfer Bemidbar, y no es casualidad.
Es para que reflexionemos en esta festividad acerca de las maneras que tenemos para crecer y mejorarnos cada día.
Esa es una de las metas de cada jag, no solamente que recordemos la historia de nuestra nación, sino que además tengamos conciencia de nuestro presente para vivir aquí y ahora y ser constructores de un mundo mejor.

¡Te deseo a ti y a los tuyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!

Moré Yehuda Ribco

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