Parashat Behar 5767

Shabbat: Iyar 24, 5767; 12/5/07

 

Un comentario de la Parashá Behar (Vaikrá 25:1 – 26:2)
*Un alto en lo material para crecer en lo espiritual*

 

¡Bienvenido lector estimado!
Esta semana te propongo nuevamente que me acompañes a aprender y disfrutar de los conocimientos de nuestra Torá.
Esta semana se leen dos parashot juntas, Behar y Bejukotai, que cierran el tercer tomo de la Torá, llamado Vaikrá/Levítico.
Te invito a que nos concentraremos en un tema que se expone en la primera de ellas.
Quiera el Eterno que nos sea de gran iluminación y edificación.

Comienza la parashá diciendo:

“El Eterno habló a Moshé [Moisés] en el monte Sinaí, diciendo:
‘Habla a los Hijos de Israel y diles que cuando hayáis entrado en la tierra que Yo os daré, la tierra tendrá reposo para el Eterno.
Seis años sembrarás tu tierra, seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos.
Pero el séptimo año será para la tierra un completo descanso, shabbat
consagrado al Eterno. No sembrarás tu tierra ni podarás tu viña.

No segarás lo que brote de por sí en tu campo segado, y no vendimiarás las uvas de tus vides no podadas. Será para la tierra un año sabático.
Pero lo que la tierra dé durante su reposo será alimento para ti, para tu
siervo, para tu sierva, para tu jornalero y para el forastero que resida contigo.”

(Vaikrá / Levítico 25:1-6)

Queda establecido pues el mandamiento del Shnat Shmitá, o Año Sabático como se le conoce en castellano.

Tal como leemos, en la tierra de Israel se puede trabajar en actividad agrícola durante seis años consecutivos, pero el año séptimo la tierra no debe ser trabajada en modo alguno.

Así como hay un día de reposo de actividad creativa (Shabbat), en la tierra de Israel debe haber un año de reposo para las tareas concernientes a la producción de la tierra.

 

Las bases de este importante precepto son:

  • la emuná -firme creencia que se nutre de confianza- y
  • el bitajón -seguridad-,

del pueblo judío en el Todopoderoso.

A través de estas dos virtudes, se llega a comprender que Él es el Proveedor de toda las bondades con las que somos bendecidos.

 

En palabras del Séfer Hajinuj:

“La razón de esta mitzvá es implantar profundamente en el pueblo de Israel la virtud de la emuná (creencia/confianza) y el bitajón (seguridad) en Dios, por cuanto que el Todopoderoso supo que el pueblo judío lo
olvidaría, perdiendo la seguridad en Él y pensando que gracias a la
fuerza y el poder de sus manos consiguen todo lo que tienen, ya que el
mundo no tiene quien lo dirija…


Por tal razón, Dios quiso que el pueblo de Israel no se comporte como se comporta el resto de los agricultores, y les ordenó que trabajen la
tierra durante seis años y en el sexto año incrementó la cosecha para
que alcance para los siguientes tres años y de esta forma los ojos de
los judíos estarán dirigidos hacia Dios, así como lo hicieron en el
desierto cuando recibían maná diariamente. De la misma manera, la
esencia del año sabático es que ellos no trabajen la tierra, no
siembren y no cosechen, y sólo confíen en el milagro que Dios les hará,
haciendo que la cosecha del sexto año les alcance para tres años
consecutivos”.

Consideremos el famoso versículo:

“Del Eterno es la tierra y su plenitud, el mundo y los que lo habitan.”
(Tehilim / Salmos 24:1)

Por esto, es un pensamiento lindante con lo infantil que el agricultor suponga que exclusivamente de su trabajo depende la riqueza que cosechará. O que esté agradecido a la tierra y al clima, a la situación social o las leyes del mercado. Y que olvide que realmente todo está en dependencia de la divina Voluntad.
El clima puede ser inmejorable, el mercado ansioso de la producción, la tierra haber sido fertilizada, el agricultor haberse deslomado para obtener abundancia de cosecha, para finalmente recoger fracasos y amarguras.
Por tal razón el Todopoderoso nos ordenó sembrar y cosechar durante seis años, y dejar descansar la tierra en el séptimo año, para que dejemos de creernos el centro del universo, el motor del mundo, el pilar de la realidad.

Tanto Shabbat como el año sabático son inmersiones en la realidad, aquella que contempla la Presencia de Dios como un hecho, no como un mito o como una fantasía religiosa.
Shabbat y la Shemitá nos ubican en nuestro sitio, de socios menores en la obra de perfeccionamiento del mundo, pero en modo alguno los causantes de la existencia del universo.

Por tanto, el sentido profundo del mandamiento del año sabático fácilmente se puede trasladar a las cosas de nuestra vida, aunque no vivamos en la tierra de Israel ni nos dediquemos a las tareas del campo.
Cuando estudiamos y trabajamos debemos esforzarnos hasta el límite razonable y saludable, pero en modo alguno podemos dejar de confiar y esperar la ayuda de Arriba.
Es nuestro menester hacer nuestra parte de la labor, pero el resultado final depende de la divina Voluntad.

Cuando sabemos esto, se incentiva la emuná en Hashem, la confianza y la seguridad en que tenemos un Padre celestial que es Bondadoso a la par que Justo, y por tanto ninguna de nuestras acciones quedan olvidadas o son vanas.

A través de este mandamiento se conecta intensamente lo celestial con lo terrenal, a ojos del que confía en el Eterno la tierra deja de ser simplemente un puñado de átomos organizados de cierta forma, y comprendemos que son parte de una orquesta cósmica dirigida con ternura y precisión por el gran Director celestial.
Nosotros somos algo más que un cuerpo que vive, padece y goza. Somos algo más que azar evolutivo, competidores por ser más aptos, o engranajes de una máquina social.
Somos el punto que conecta lo material con lo espiritual.

Desde un punto de vista cabalístico podemos indicar que es la plenitud del Infinito que se derrama a través del Jesed, la Misericordia, para vivificar todas las ramas de este mundo, hasta alcanzar el extremo del Iesod, el estrato netamente material.

 

He aquí algunas de las enseñanzas que podemos obtener de este antiguo mandamiento, que pareciera tan lejano a nuestras vidas cotidianas.

¡Te deseo a ti y a los tuyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!


Moré Yehuda Ribco

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