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  • Resp. 6037 – NOMBRE DE DIOS

    QUE SIGNIFICA JEHOVA
    JHONY GOMEZ, 31, EMPLEADO, CALI, COLONBIA

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  • Resp. 6036 – Se Trabajo en Shabat por Necesidad?

    Generalmente he realizado labores como independiente, en el rubro de transporte particular, lo cual me daba oportunidad para guardar shabat sin muchas complicaciones, pero aun esto no abastaba y se ha presentado la oportunidad de trabajar en un aeropuerto esto incluye trabajar en el día de Shabat.
    Esteban Falcon, 46 años, Analista de Sistemas, Lima, Perú

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  • Manipulación

    Aquel que busca manipularte intentará al menos una de estas estrategias para lograrlo:

    • Hacerte sentir culpable (recordemos que tener culpa no es lo mismo que sentirla).
    • Victimizarse.
    • Agredirte directamente, de palabra o físicamente.
    • Ridiculizarte.
    • Amenazarte y prometerte salvación de la misma.
    • Negar tus rasgos positivos y enfocarse en los negativos, aumentándolos.
    • Avergonzándote ante otros.
    • Oponiéndose sistemáticamente a tus ofrecimientos.
    • Recontando las historias promoviendo el caos y la duda enfermiza.
    • Engañándote, incluso cuando es por medio de halagos y caricias, para obtener así lo buscado de manera insincera.

    ¿Qué puedes hacer para no irte enredando más en las pegajosas telas mortales?

    No te daré una respuesta fácil, ya preparada y cocinada para ti. Pero te brindaré orientación: el EGO está en la base de las conductas manipuladoras así como en aceptar someterse a la misma.
    Ahora, ve a estudiar y proponer cómo liberarte.

  • Sabios de aquí y de allá

    El Rav Samson Raphael Hirsch escribió:

    «En mi opinión, esto es necesario tener siempre en cuenta cuando se estudian las declaraciones de Jazal:
    Jazal fueron los sabios de la ley de Dios – los receptores, transmisores, y los maestros de sus Torot, sus mitzvot, y Sus leyes interpersonales.
    Ellos no poseían especial dominio en todas las áreas de las ciencias naturales, la geometría, la astronomía, o la medicina – excepto en la medida que los necesitaban para conocer, observar y cumplir con la Torá.
    No encontramos que este conocimiento se transmitiera a ellos desde el Sinaí…
    Encontramos que Jazal considera la sabiduría de los sabios gentiles igual a la suya propia en las ciencias naturales.
    Cuando los sabios gentiles no estaban de acuerdo con el conocimiento de Jazal, ellos no dependían de su tradición sino de la razón para determinar quién estaba en lo correcto. Ellos incluso respetaban la opinión de los estudiosos gentiles en estas áreas, por lo cual admitían abiertamente la enseñanza de los sabios gentiles cuando ésta parecía más correcta que la propia».

  • Liberarse de unos amos

    El instinto, que es una memoria biológica, nos marca la conducta.

    El hábito, que es un registro petrificado en el abismo del recuerdo de un acto repetido varias veces, nos marca la conducta.

    La creencia, que es un fragmento de pensamiento seco y cincelado en la memoria profunda, nos marca la conducta.

    El pensamiento, creativo, crítico, racional-emotivo, elaborado, nos libera de repetir conductas.

    El apego a la Divina Voluntad…

  • El consejo diario 630

    Olvidar es sumamente saludable, cuando el olvido es la medicina necesaria.
    Recordar es permanecer con vida.

  • Modé aní

    Modé aní lefaneja, melej jai vekaiam, sheejezarta bi nishmatí bejemlá, rabá emunateja.
    Agradezco ante Ti, rey vivo y existente, que me devolviste mi NESHAMÁ (espíritu) amablemente, grande es tu fidelidad.

    Éstas son las palabras tradicionales con las cuales debiéramos comenzar nuestra jornada, tras despertarnos del sueño.
    Nada de revisar en el celular la red social, ni de leer las últimas noticias, ni ver como está el tiempo afuera (chismeando en una aplicación del móvil), ni cualquier otra cosa, nada, sino simplemente un momento sagrado desde lo profundo hacia la Unidad.
    Agradecer, reconociendo las bondades y también los desafíos que se nos presentan.
    Estar presentes, completamente en el aquí y ahora, ante la presencia ineludible del Rey, aquel que vive y existe en todo aquí y ahora.

    Así arrancar el día, con la plenitud del agradecimiento en nuestra mente, en nuestra palabra y dando sentido al resto del trayecto que nos toca recorrer este día.
    Confiando en nosotros mismos, ya que el Eterno ha sido amoroso con cada uno y nos ha provisto de vida, porque Él confía en nosotros.
    Así es, grande es SU fidelidad hacia nosotros, de lo contrario no hubiéramos abierto los ojos y tenido esta nueva oportunidad de cumplir con Su Voluntad.

    Así pues, comienza tu día de manera espléndida, para que tenga sentido aquí y en la eternidad.
    Y el día que sea el último de tu pasaje terrenal, te irás con satisfacción, habiendo aprovechado tu existencia y por tanto habiendo recolectado un enorme caudal de deleite para disfrutar en tu vida eterna.

  • Comprendiendo lo inaprehensible

    Rabí Ianai en la Mishná nos presenta una fuerte cuestión: «no sabríamos comprender por qué los malvados gozan durante su existencia, mientras que los justos sufren durante su vida» (Tratado de Principios, Cap. 4:19).
    ¿Qué podríamos intentar explicarle al Sabio para resolver su planteo?

    Pareciera que nuestra parashá desde el comienzo ya contiene una respuesta, pues deja sentado un principio esencial: todas nuestras acciones, y también omisiones, son causas y por tanto producen efectos.
    Algunos resultados pueden ser inmediatos, otros se manifestarán a su debido tiempo.
    Están aquellos que impactan en varios planos de existencia, y los que se limitan a uno solo.
    Algunos se ramificarán, al dispararse efectos en cadena hasta extremos impensados en un principio; en tanto otros parecerán confinarse a puntos concretos.
    Además, según explicita el gran Maimónides en su Mishné Torá, Hiljot Teshuvá 9:1, habrá los que afectarán la vida en Este Mundo y en el Venidero, y estarán los que permanecen velados para revelarse exclusivamente en el Más Allá.
    ¿Podrías compartir ejemplos de cada una de las posibles consecuencias planteadas?

    Sin embargo, cuando leemos con atención la Torá no encontramos mención alguna a recibir las consecuencias de nuestros actos en una existencia luego de esta vida terrenal.
    El mensaje es concreto y claro, en toda ocasión se trata de efectos en esta vida, como por ejemplo trae nuestra parashá: “Yo daré vuestras lluvias en su tiempo y dará la tierra su producto y el árbol del campo dará su fruto”; o para sufrir: “Os dominarán vuestros adversarios y huiréis sin que nadie os persiga.
    El inteligente exégeta Ibn Ezra nos explica que la Torá fue dada a gente que vive en este mundo, a nosotros, que no tenemos manera de comprender lo que es la vida en el mundo exclusivamente espiritual, por lo cual el Eterno prefirió hablar un lenguaje obvio para todos. Las indicaciones de secuelas que no son tangibles, están allí, escondidas para ser descubiertas por los que se dedican al estudio profundo de la Torá, aunque igualmente no puedan comprender cómo es la realidad en la otra vida.
    Es una de tantas ideas que se han dado para responder estas importantes cuestiones, y que no pretendemos concluir aquí.

    Quedan planteados temas para seguir conversando y aprendiendo; sin embargo, ¿querrías compartir cuál ha sido la enseñanza principal de esta exposición?

    Te deseo Shabbat Shalom umevoraj y todo lo bueno para ti y tu familia.
    Muy feliz Iom Ierushalaim y excelente comienzo de mes de Siván, mes especial para encontrarnos con la Torá.

  • Un ídolo moderno

    “No os haréis ídolos ni estatua, ni estela erigiréis para vosotros, y piedra grabada no pondréis en vuestra tierra para prosternaros sobre ella. Ya que Yo soy el Eterno vuestro Elohim.
    Mis Shabbatot habréis de observar y Mi Santuario habréis de venerar.
    Yo soy el Eterno.”
    (Vaikrá/Levítico 26:1-2)

    Pensemos una forma de actualizar el sentido de este sagrado párrafo de la Torá, con un mensaje que nos alcance a muchos, sea que estemos conscientes de nuestra identidad espiritual y nos comportemos de acuerdo a ella, o estemos un poco más opacados por las máscaras que nos impone el EGO y por tanto no siempre estemos atentos a los preceptos que nos tocan cumplir.

    ¿Cuáles pudieran ser esos ídolos de este tiempo?
    ¿Esos que erigimos ante nosotros?
    ¿Por los cuales nos prosternamos en adoración?
    ¿Los que mantenemos presentes en todo momento?
    ¿Aquellos que nos tienen atrapados, nos ofuscan el entendimiento, nos nublan la comprensión, nos encierran en un túnel que obstaculiza la visión divergente? ¿Que servimos desde el despertar y hasta el irnos a dormir? ¿Que son símbolo de estatus, pero al mismo tiempo excusa para ser más productivos? ¿Esos que cambiamos cada poco rato, pero sin dejar de serles fieles?

    Sí, los ídolos actuales bien pudieran ser los teléfonos celulares.
    Todo un símbolo de prestigio.
    Compañeros de cada instante.
    Amos en toda situación.
    Que nos adoctrinan y distraen, domestican y embrutecen.
    Que debieran servir para comunicarnos pero solamente nos informan parcialmente, confusamente, para mantenernos como consumidores.
    A los que protegemos y mimamos, por los cuales podemos llegar a dar la vida en ocasiones.

    Sí, es cierto, algunas veces son de gran utilidad y poseen numerosas funciones muy ocurrentes y que pueden resultar provechosas.
    Pero, el esclavo se levanta como señor y nos somete.

    Y no dejo de admitir que no soy inmune a este dios de la era actual.
    ¿Qué podemos hacer?

    En los Shabatot, días consagrados del Eterno, podemos dejar de lado su presencia.
    Liberarnos, al menos por ese rato, del imperio del celular.
    Lo mismo en los sitios venerables, tales como las sinagogas o en la casa de estudio de Torá; o allí donde el noájida encuentra su lugar para fortalecer su identidad noájica, sea porque está reunido con sus pares, o rezando, o estudiando lo que aporta a su espiritualidad.
    Tiempos y lugares sagrados, que son diferentes y nos conducen a un comportamiento diferente.
    Que entonces podamos ser libres del dominio del móvil, para encontrar el deleite de la conversación directa, con Dios, con el prójimo, con uno mismo; o la sana lectura de los viejos libros de papel; o realizar actividades de construcción de SHALOM; o simplemente comer juntos; o lo que fuera pero sin el ídolo teléfono ante nosotros.
    Y si no podemos todo el día consagrado, cosa que debiera ser acatada por las personas judías, bueno… al menos hacer el esfuerzo que por un rato estaremos apartados del falso dios. Por ejemplo al reunirnos en torno de la mesa sabática. Y que ese modelo sirva para el resto de las oportunidades que tenemos para disfrutar de la presencia de nuestros seres queridos. Que el ídolo no se interponga entre nosotros, que nos nos aliene y exilie.

    Podemos hacerlo, encontraremos bendición en esto.
    A pesar de lo cual, es necesario admitir que el teléfono inteligente (pero también el tonto) es una herramienta poderosa, no lo dejemos, pero tampoco permitamos que nos aniquile haciendo de nosotros esclavos.

  • Camino de santidad

    «Guardaréis Mis shabatot y tendréis en reverencia Mi santuario. Yo soy el Eterno.»
    (Vaikrá / Levítico 26:2)

    En el sefer VAIKRÁ (Levítico) hemos estado viendo a menudo la temática de la KEDUSHÁ, santidad.
    KADOSH se traduce como santo.
    En la tradición judía esto significa que es diferente, especial, reservado y puntualmente que proviene de Dios.
    Tenemos tiempos santos, como el Shabat;
    lugares, como el Templo;
    y también personas que son santas.

    ¿Personas santas?
    ¿Eso significa gente que hace alguna especie de milagros, o que están recluidos en monasterios, o que se apartan de los placeres del mundo para consagrarse a su visión (por lo general distorsionada) de la espiritualidad? Como esos que son denominados santos por las religiones del mundo, aquí y acullá.
    ¿Santos, al estilo cristiano? Como personajes perfectos y libres de toda culpa; que son declarados santos por la Iglesia; porque (supuestamente) llevaron una vida bondadoso,de especial virtud,abnegación y ejemplo. Para algunos de ellos, todos los que creen en la superioridad del falso redentor son santos, por el mero hecho de posar su fe en el falso mesías, ya obtienen el título de santidad.

    ¡Cuán diferente a lo que Dios ha declarado que significa la santidad para el hombre!

    Si tomamos en consideración lo que mencionamos más arriba como KADOSH, y tomamos nota de lo que la TORÁ expresa, pronto podremos describir a los verdaderos KEDOSHIM, o santos, según la Tradición: aquellas que dedican su vida a cultivar su esencia espiritual (NESHAMÁ) por medio de acciones edificantes en este mundo.
    ¿Quieres pormenores de la conducta que debe seguir aquella persona que aspira a la santidad real, la que vincula con Dios y no la que es un disfraz de las religiones?
    Pues, entonces debes leer con atención los capítulos 19 y 20 de Vaikrá/Levítico, una tarea muy interesante y saludable que te dejo para más tarde.
    Si quieres un brevísimo resumen, lo comparto amablemente contigo:

    “Guardad y practicad Mis estatutos. Yo soy el Eterno, que os santifico.»
    (Vaikrá / Levítico 20:8)

    Está la santidad de Israel (judíos) y está la de las naciones (gentiles o Benei Noaj o noájidas).
    Ambas son preciosas ante el Eterno, aunque se manifiestan a través de diferentes canales.
    El canal de la santidad de Israel proviene de guardar y cumplir los preceptos de la Torá, que el Eterno ha mandatado a los judíos.
    En tanto que el canal de la santidad noájica procede de conocer y cumplir con los Siete Mandamientos Universales.

    Por lo cual, el judío que aspire a una existencia de santidad, estudia Torá y por ello está consciente de su rol en el mundo y de los mecanismos para practicarlo, que es el conjunto de los mandamientos que le fueron asignados para cumplir.
    En tanto que el gentil conoce los siete principios básicos y esenciales, pues son ellos la Torá de las naciones, y los cumple atentamente.

    Cuando, por el motivo que sea, la persona no alcanza a estudiar o a comprender, pero igualmente su vida está llena de construcción de SHALOM (acciones de bondad y justicia), entonces se manifiesta también la santidad “natural”, la que proviene de una conducta ética, es decir, espiritual.
    Lo podemos corroborar con el siguiente pasaje del profeta, hablando por boca de Dios:

    «Así ha dicho el Eterno:
    ‘No se alabe el sabio en su sabiduría,
    ni se alabe el valiente en su valentía,
    ni se alabe el rico en sus riquezas.
    Más bien, alábese en esto el que se alabe:
    en entenderme y conocerme que Yo soy el Eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra.
    Porque estas cosas me agradan, dice el Eterno.»
    (Irmiá / Jeremías 9:23-24)

    La persona que actúa agradando a Dios es la que va por la vida construyendo SHALOM, pareciéndose a Él en lo que humanamente es posible.
    ¿Qué hace?
    Bondad, juicio y justicia, tal como hace el Eterno.
    ¡Éste es el camino esencial del espíritu!

    Por lo cual, si aspiras a la santidad, construye SHALOM, con acciones de bondad y justicia.
    Piensa, habla, actúa de esta manera; entonces estarás emulando a Dios, llevando la LUZ de la NESHAMÁ a tu existencia terrenal y alcanzando la santidad.

    Entonces, nuestro entorno estará alumbrado por nuestro accionar, será un ejemplo positivo, un imán de buenas virtudes.
    La Presencia del Eterno será evidente, no por rituales y alocuciones extrañas, sino por el compromiso de manifestar Su Palabra en la realidad.

  • La fe del esclavo y la emuná del libre

    La Torá NO pide, ni ordena, creer en Dios.
    Pero SÍ que sepamos, con conciencia y conocimiento y no especulaciones sentimentales, que Él existe y opera en el mundo.
    Y, por supuesto, que conozcamos Sus mandamientos y los cumplamos lo mejor que podamos. Los gentiles los Siete de las Naciones, los judíos aquellos que a cada uno corresponde de los 613 de la Torá.
    Es por esto que los ASERET HADIVEROT (mal traducidas como “diez mandamientos”) comienzan así:

    «[Haz de saber que] Yo soy, el Eterno tu Elohim que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud:»
    (Shemot / Éxodo 20:2)

    La sensiblería de la “emuná”, cuando es traducida como “fe”, es un hueco intelectual y que no corresponde al modo espiritual de vida. Por más que multitudes repitan enceguecidas que la “fe” es esencial, que la vida depende de la “emuná”, nosotros tengamos bien en claro que NO ES el camino del Eterno, pero sí el propio de las religiones y por tanto del EGO y no de la NESHAMÁ.
    Esto es así cuando emuná se entiende por fe, la cual sería aceptación sumisa e irracional incluso de lo absurdo, con la excusa de que es imposible para el hombre entender las cosas de Dios. Por lo cual, se desprecia el verdadero pensamiento y se deja la fe en el piso de las ideas, pisoteada por creencias y lemas que se repiten con la lealtad del niño temeroso de contradecir al mayor.

    Por el contrario, la “emuná” bien comprendida, aquella que es clásica en la Tradición espiritual, nos confirma que es conciencia de las cosas de Dios y ejercicio práctico del cumplimiento de Sus mandamientos, es lo que se forma y fortalece al cumplir nuestra parte en la tarea sagrada.
    No es abstención de pensamiento racional, ni fanatismo ciego, ni aceptación muda de cualquier postulado, ni seguir esclavizado a creencias sin procesarlas intelectualmente.
    Es llegar hasta donde alcancemos llegar en nuestro pensamiento, analizando, criticando, preguntando, indagando, debatiendo, estudiando, descubriendo y reconocer el límite de nuestra comprensión cuando lleguemos al tope de nuestro esfuerzo intelectual.
    ¡Qué diferente la verdadera emuná de aquella que promueve el EGO con sus esclavos religiosos!

    Recuerda, aunque te lo diga alguien con larga barba y camisa blanca, hábil discurso y sonrisa de vendedor experto, la emuná no es la fe típica de las religiones.
    Porque, deberás exprimir hasta la última gota tu capacidad intelectual, mientras cumples con fidelidad lo que te corresponde, y cuando llegues al extremo de tu capacidad comprensiva, es entonces que deberás aceptar la limitada existencia del hombre y admitir aquello que aún no hemos podido encontrar su esencia y funcionamiento.

    Por más inteligencia puesta, aunque tengamos bibliotecas enteras de sabiduría, igualmente nos topamos con el oscuro lugar de la ignorancia pues la esencia del Eterno se escapa de nuestra finita mente, así como no siempre tendremos noción de Sus caminos.

    Tengamos presente uno de los versículos de la parashá BEHAR:

    «Porque los Hijos de Israel son Mis siervos; son siervos Míos, a quienes Yo saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Eterno, vuestro Elohim.»
    (Vaikrá / Levítico 25:55)

    Él nos dio la libertad, para hacernos y confirmarnos como Sus siervos.
    Porque esa es la libertad finalmente, la que nos permite ser nosotros totalmente; conscientes de ser NESHAMÁ y por tanto llevando nuestra conducta a sintonizar con ella.

    Podemos ser esclavos de la fe, y vivir con fe de esclavos.
    O podemos ser libres y por tanto desplegar las alas de la emuná verdadera, porque es la emuná aquella que nos libera de los lazos del EGO.

  • El fruto que no estaba prohibido

    Ella dijo que él dijo y entonces él dijo pero ella dijo y por eso todos estamos como estamos.
    Veamos.

    El NAJASH quería provocar confusión, turbación, sufrimiento, impotencia a Adam y de paso a la mujer.
    NAJASH era astuto, muy hábil. El no tener NESHAMÁ (espíritu) no obstaculizaba su capacidad intelectual, similar a la del hombre, o tal vez incluso superior en algunos aspectos.
    Por lo cual, llevó a una charla tramposa a la mujer.

    Le comentó, así como al pasar: «¿De veras Elohim os ha dicho: ‘No comáis de ningún árbol del jardín’?» (Bereshit / Génesis 2:1).
    La respuesta hubiera tenido que ser: No, eso no es lo que Elohim dijo.
    Pero, ella dijo: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en el medio del jardín ha dicho Elohim: ‘No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis.’» (Bereshit / Génesis 3:2-3).
    Y con ello ella solita se preparó la trampa y metió un pie en ella, porque cambió lo que el Eterno había indicado con precisión: «Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’» (Bereshit / Génesis 2:16-17).

    Analicemos juntos:

      Dios dijo Ella dijo Análisis
    ¿Qué estaba permitido? puedes comer de todos los árboles del jardín Podemos comer del fruto de los árboles del jardín Los árboles eran permitidos, ella dijo el fruto de los árboles.
    ¿Qué objeto estaba prohibido? del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás fruto del árbol que está en el medio del jardín El árbol del conocimiento del bien y del mal era el prohibido, pero ella dijo que el fruto del árbol situado en el medio del huerto era el prohibido. Allí también se encontraba el árbol de las vidas.
    ¿Qué acción estaba prohibida? no comerás No comáis de él, ni lo toquéis Dios dijo no comer, ella añadió no tocar.
    ¿Cómo reconocer el árbol prohibido? árbol del conocimiento del bien y del mal está en el medio del jardín Estaba señalado por su nombre, seguramente conocido por el hombre; ella indica su ubicación topográfica que pudiera generar confusiones.
    ¿Consecuencia? el día que comas de él, ciertamente morirás no sea que muráis El resultado sería la introducción de la muerte, o la brevedad de la vida; ella manifestó que sería una abrupta muerte en el momento de incurrir en falta.

    La charla resbaladiza continuó y Najash ya tenía bien en claro que iba a tener éxito, provocando el descalabro del hombre. Las cartas habían sido jugadas, pésimamente por parte de la mujer.
    Él la hizo tropezar, ella tocó el árbol. Nada le sucedió, aunque ella había mencionado que de tocarlo ocurriría una muerte espantosa. La muralla estaba resquebrajándose.
    Luego él probó del fruto, nada ocurrió. Todo seguía como si nada.
    Entonces ella inventó alguna excusa y medio se dejo convencer por el Najash, por lo cual comió del fruto (que NO era manzana, ¡que no!). Y nadie sucedió tampoco.
    Pero ella creyó que había pecado, cuando no lo había hecho. Pues, no era pecado tocar el árbol, ni tampoco comer del fruto… ¡tampoco comer del fruto! El pecado era comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
    Sin embargo, la confusión ya había mortificado su entendimiento, el cual se nubló. Por lo cual, intentó convencer y luego provocó que Adam comiera de lo que realmente tenía prohibido.

    El resto de la anécdota, más o menos la sabemos.

    ¿Cuáles son las enseñanzas fundamentales y prácticas para nuestra vida cotidiana de esta breve estudio?