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  • Parar la rueda

    Está el estímulo,
    el cual puede ser externo (sonido, golpe, texto, sabor, aroma, color, cara, gesto, etc.),
    o interno (recuerdo, pensamiento, sensación, idea, ahogo, atragantarse, modorra, etc.).

    A partir del cual nuestro sistema tiene una gama de respuestas que se podrían disparar:

    • instintivas, entre las que se encuentra el núcleo del EGO;
    • hábitos, que se formaron a partir de conductas que se han repetido y quedaron registradas como memoria corporal, que es automática y no depende de pensamiento consciente;
    • creencias, que son pensamientos primitivos o impuestos y sumergidos allí en donde no pasan por tamiz racional, han quedado inscriptos en la memoria y se activan al tocarse alguna cuestión que se les asocie;
    • y pensamientos.

    De acuerdo a la, o las respuestas serán los sentimientos, acciones o actitudes resultantes.
    Éstas a su vez se transforman en un nuevo estímulo que retroalimenta el funcionamiento.

    Pongamos un ejemplo sencillo y cotidiano.
    Estímulo: Suena el timbre de la puerta de calle.
    Respuestas:

    • me sobresalto, no estoy esperando a nadie;
    • sin pensarlo camino hacia la puerta;
    • me saltan a la mente ideas de peligro, porque han habido robos y hechos violentos en la zona en los últimos días; (esto es un estímulo secundario, que me provoca inconscientemente tensión muscular y taquicardia);
    • decido preguntar quién es antes de abrir y mirar por la mirilla.

    Resultado: me angustio mucho.

    Hasta que escucho la voz de mi amigo que pasó a visitarme, lo cual es un nuevo estímulo.
    Respuestas:

    • la tensión del cuerpo se alivia;
    • giro la llave y abro la puerta;
    • es agradable recibir visitas, pero no es muy educado pasar sin avisar; (esto es un estímulo secundario, que me provoca una momentánea confusión);
    • pienso qué decirle y si mencionar que me sorprende su visita inesperada y me gustaría que me hubiera avisado antes.

    Resultado: sonrío y le doy la bienvenida, agregando que no lo esperaba y está todo desarreglado en mi casa.

    Este mecanismo también funciona cuando las respuestas no son adaptativas y nos provocan resultados penosos.
    Ejemplo, estímulo: tengo unas pequeñas dificultades para ventilar (respirar).
    Respuestas:

    • me agito e intento tomar bocanadas desesperadamente;
    • me paro, camino de un lado para el otro, me tomo de la cabeza, me abanico;
    • creo que es un ataque cardíaco, que estoy enfermo, que algo grave va a pasar; tengo miedo;
    • no pienso, me dejo llevar por las sensaciones y creencias;

    Resultado: me cuesta cada vez más respirar, comienzo a temblar, el estrés me hace sudar y limitar aún más mi pensamiento; me asaltan multitud de ideas angustiantes.
    Esto es un nuevo estímulo que me debilita y afecta, marcando de a poco una tendencia y luego un hábito.

    ¿Cómo provocar respuestas saludables que rompan los círculos de amplificación de la impotencia?

  • Jilul o kidush haShem

    «Después hablarás a los Hijos de Israel, diciendo: ‘Cuando una persona maldiga a su Elohim, cargará con su pecado.
    El que blasfeme el nombre del Eterno morirá irremisiblemente. Toda la congregación lo apedreará. Sea extranjero o natural, morirá el que blasfeme el Nombre.»

    (Vaikrá / Levítico 24:15-16)

    No es “jilul H’» sino “jilul ha Shem”; porque no hay manera de profanar al Eterno (H’, o I-H-V-H) pero sí a Su Nombre (ha Shem).
    De manera similar acontece con la santificación, o “kidush ha Shem”; porque tampoco es pasible de ser modificado Su Ser con nuestras acciones/palabras/pensamientos/sentimientos.
    Nada Le sumamos, como tampoco Le restamos.

    ¿Cómo profanamos Su Nombre?
    Maldiciéndole, obviamente.
    Asociándole con ídolos, tal como ocurre cuando se lo integra en “trinidades”, por ejemplo.
    Burlándonos de las cuestiones santas.
    Usando Su Nombre en asuntos aborrecibles.
    Actuando públicamente en contra de Sus mandatos, provocando que otros se desvíen.
    Haciéndonos pasar por leales representantes de Su Palabra, pero llevar una conducta indigna.

    Al contrario es como santificamos Su Nombre.

  • Los Elohim y el Elohim

    El hombre fue olvidando su NESHAMÁ así como la época en la cual estaba conscientes del Eterno.
    Fue sumergiéndose en oscuridad, embruteciéndose; y sin embargo, la LUZ no se extinguía y seguía llamándoles a recuperar su identidad espiritual.
    En eso era diferente a sus antepasados, similares en casi todo a nosotros, pero carentes de NESHAMÁ; y sin embargo, su descenso de la conciencia lo estaba haciendo parecerse a ellos.
    No era como ellos, pero estaba viviendo como si lo fuera.

    El hombre sintió su indefensión y advirtió que estaba rodeado por elementos poderosos, en el idioma antiguo esto se decía “ELOHIM”.
    Elohim también lo podemos traducir como dioses, porque eso es un dios, un “algo” con poder superior al hombre; pero en principio no los imaginaba necesariamente como fuerzas místicas o personas invisibles, sino que los encontraba concretamente en la naturaleza. Eran la tierra, el agua, el viento, la tormenta, el sol, la luna, el volcán, el fuego, algunos animales; en resumen, todo aquello que manifestaba un poder superior al hombre y que era incontrolable.
    ¿Incontrolables?
    El hombre imaginó procedimientos para congraciarse con ellos, para apaciguarlos, para intentar dominarlos; en pocas palabras, manipularlos en espera de ser él quien los controlara, o al menos recibir atenciones y evitar padecimientos. Si el Elohim está contento, satisfecho, divertido, entonces será compasivo, o por lo menos no actuará abusivamente.
    ¿Cómo manipularlos?
    Supuso que aunque fueran poderosos, igualmente deberían padecer necesidades, similares a los hombres: alimento, sexo, servicio y a veces cobijo.
    Entonces, inventó ofrendas y rituales, sospechando cuáles oblaciones contentarían al Elohim de turno.
    Pero, los dioses (una de las maneras de traducir Elohim) eran caprichosos, sino directamente abusivos. En ocasiones aceptaban los homenajes y respondían con tranquilidad, buenas cosechas, agüita mansa, lluvia en su tiempo, fertilidad en los ganados, victorias militares, matrimonios dichosos, clima apacible, etc.; pero a veces, se enfurecían y parecía que el hombre estaba en falta y escaso en recursos para apaciguar al poderoso. Por lo cual, fue imprescindible tomar nota de lo que se hacía, cuándo, cómo, dónde, quién, por qué, para qué, organizando y estructurando ceremoniales, rituales, sacrificios, templos, sacerdocios, etc.
    Esto tampoco aseguraba ningún resultado, pero al menos daba una sensación de poder de parte del hombre; se tenían claves para dominar a los dioses, o tal vez tranquilizarlos. Ya no se estaba a la intemperie, ignorante, desconcertado; había respuestas y poseedores de los conocimientos a los que llamaron sagrados.

    También comenzaron a hablar de “religión”, aunque no tuvieran palabra exacta para ello hasta multitud de siglos más tarde. El concepto era cerrar la brecha que separaba al hombre el dios, volver a ligarse al Elohim, atarse a ellos por medio de los actos sagrados, palabras consagradas, actitudes señaladas como obligatorias o esperadas. Ya que los dioses eran de una realidad diferente, había que vincularse a ellos y no vivir en separación.

    La estructuración religiosa acompañaba a la social, porque se fue diferenciando un sector de la sociedad encargado de poseer el conocimiento sagrado y de administrarlo, los sacerdotes, de otro, el de los laicos, las ovejas necesitadas de los pastores que conducían el rebaño de las deidades. Al mismo tiempo, cada deidad fue recibiendo su propia codificación, sus rituales, sus templos, sus tiempos, sus reglas, etc.; los cuales eran representados y ministrados por sus respectivos sacerdotes.

    En ciertas épocas y lugares al conjunto de Elohim se sumó al rey o gobernante; el cual era sentido como uno más entre los poderosos, con rasgos que lo separaban del resto del pueblo. A su vez, el rey deificaba a su familia, y podía incluir a la gente escogida, dotándolos de divinidad, es decir, poderes por sobre el resto de los hombres.
    También se sirvió religiosamente a estos reyes, adorándolos como a sus pares de la naturaleza.

    Luego, se comenzó a sentir la necesidad de dioses invisibles, que no estuviesen directamente vinculados a fenómenos naturales, ni a objetos o lugares concretos. Eran Elohim sin sustancia material, pero con presencia. Algunos de ellos surgían para explicar ciertas cuestiones que no se respondían con respuestas sencillas. Por ejemplo, los dioses encargados del mundo de los muertos, o los propios espíritus de los antepasados, o el tiempo, o los dioses del origen (aquellos que fueron los creadores de los dioses), entre otros.
    También para ellos hubo necesidad de códigos, ritos, ofrendas, sacerdocios, etc.
    Y se reprodujeron las estatuas, imágenes, lápidas, mojones, piedras sagradas en conmemoración de los dioses, o representándolos. Para de alguna forma hacer tangible lo que no podían sentir de otra manera. Esto tal vez ya se usaba antes, en la era de los dioses naturales; el hecho es que en esta nueva era se popularizó y difundió su uso.

    Con algunos de estos dioses podría resultar más sencillo encontrar cómo hacerles llegar los mensajes, qué obsequiarles, etc. Pero con otros, la cosa se complicaba. Tal como pasó hacía mucho tiempo con la adoración hacia el sol.
    Porque, al mar podían echar sus regalos, lo mismo con bestias poderosas, también al volcán o al fuego; pero, ¿cómo contactar con el sol? ¿Con la luna? ¿Con los dioses invisibles, de los cuales algunos (suponían) moraban en sus tronos celestiales, en las esferas por detrás del sol, e incluso detrás del cortinado de las estrellas?

    Eran dioses altos, y estaban los altísimos.
    Por tanto, había que trepar a las alturas.
    Así los montañas se transformaron en santuarios (a veces también eran dioses en sí mismas).
    En sus cimas, o cerca de ellas, surgieron como hongos altares, estelas, apilamientos de piedras, torres, minaretes y finalmente templos y majestuosas catedrales. (¿Te diste cuenta cómo por todo el mundo hubo y hay santuarios y “retiros espirituales” en cerros, montañas o en construcciones que las aparentan, tales como pirámides y torres?).
    Desde allí estaban más cercanos, físicamente, a los dioses lejanos que reposaban en los cielos.
    Sin embargo, no era suficiente para hacerse atender por los dioses, indiferentes en sus residencias celestiales.
    Había que alcanzarlos, ¿pero cómo?
    Sobre las montañas, encima de plataformas, en la azotea de monumentales templos, todavía era inaccesible el cielo; por lo cual, imaginaron un sistema de mensajería: el humo.
    En sus altares (parrillas en lugares altos) quemaban maderas para que el humo se elevara y llegara a los tronos divinos.
    Pero no era suficiente, el humo debía ser portador de aromas agradables.
    Por tanto, quemaban buenas maderas fragantes, y luego sobre las brasas asaron vegetales y animales. Que el aroma del asadito sagrado colmara a los dioses e hiciera sus delicias, entonces éstos favorecerían a los adoradores minúsculos, allá abajo, en esa tierra sufrida.
    Pero tampoco fue suficiente, algún genio (o un grupo vaya uno saber) determinó que era el hombre el sacrifico requerido. Por lo cual, se ofrendaban personas en esos altares, haciéndolos arder y provocando que sus cenizas fueran hasta los dioses del cielo. Y no satisfechos aún, imaginaron que si cremaban a sus propios hijitos, y si eran bebes y primogénitos mejor, entonces la ofrenda sería más perfecta.
    Todo esto sigue ocurriendo, de manera idéntica o camuflada en símbolos; pero la religión sigue viva con todos sus trucos. Todo ello producto del EGO.

    En la historia, el quiebre se produjo cuando llegó un hombre que promovió el retorno a la NESHAMÁ, a vivir de acuerdo a la LUZ y no al EGO, a reconocer la presencia del Uno y Único.
    No fue el primer monoteísta, pero fue el primero que se atrevió a cuestionar públicamente el estado de las cosas demostrando que religión es lo contrario a espiritualidad, que el poder no es un dios, y que el rey no está por encima de nadie.
    Ese hombre es el primer patriarca de los judíos, Abraham.
    Curiosamente, o no tanto, experimentó lo siguiente:

    «Aconteció después de estas cosas que Elohim probó [elevó] a Avraham [Abraham], diciéndole: -Avraham [Abraham], y dijo: -Aquí estoy.
    (2) Y dijo: -Toma, por favor, a tu hijo, a tu único, a Itzjac [Isaac] a quien amaste y vete [para ti] a la tierra de la Moriá; y elévalo allí en holocausto sobre uno de los montes, que Yo te diré.
    (3) Avraham [Abraham] se levantó muy temprano en la mañana. Aparejó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos, y a Itzjac [Isaac] su hijo; partió leña para el holocausto, y levantándose, fue al lugar que Elohim le dijo.
    (4) Al tercer día Avraham [Abraham] alzó sus ojos y divisó el lugar de lejos.
    (5) Entonces Avraham [Abraham] dijo a sus siervos: -Esperad aquí con el asno, en tanto yo y el muchacho iremos hasta allá; nos arrodillaremos y volveremos a vosotros.
    (6) Avraham [Abraham] tomó la leña del holocausto y la puso sobre Itzjac [Isaac] su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y caminaron los dos juntos.
    (7) Entonces Itzjac [Isaac] dijo a Avraham [Abraham] su padre: -Padre mío… Y respondió: -Aquí estoy, hijo mío. Y dijo: -He aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
    (8) Avraham [Abraham] respondió: -Elohim se proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. Y caminaron los dos juntos.
    (9) Cuando llegaron al lugar que Elohim le había dicho, Avraham [Abraham] edificó allí un altar, arregló la leña; y ató a Itzjac [Isaac] su hijo y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
    (10) Avraham [Abraham] extendió su mano, y tomó el cuchillo; para degollar a su hijo.
    (11) Entonces lo llamó el enviado del Eterno desde el Cielo diciendo: -¡Avraham [Abraham]! ¡Avraham [Abraham]! Él respondió: -Aquí estoy.
    (12) Y dijo: -No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora conozco que veneras a Elohim, ya que no Me has rehusado tu hijo, tu único.
    (13) Entonces Avraham [Abraham] alzó la vista y miró, y he aquí un carnero [otro] [luego] está trabado por sus cuernos en un matorral; Avraham [Abraham] fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
    (14) Avraham [Abraham] llamó el nombre de aquel lugar el Eterno-Irhé; por eso se dirá perpetuamente: ‘En el monte del Eterno se manifestará.’
    (15) El enviado del Eterno llamó a Avraham [Abraham]; por segunda vez desde el Cielo,
    (16) y dijo: -He jurado por Mí mismo, dice el Eterno, que porque has hecho esto, y no Me has rehusado tu hijo, tu único,
    (17) de cierto te bendeciré y en gran manera multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y como la arena que está en la orilla del mar; tu descendencia poseerá los portones de sus enemigos.
    (18) En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra; por cuanto obedeciste mi voz.
    (19) Avraham [Abraham] regresó a sus siervos, y levantándose caminaron juntos a BeerSheva [Beer Sheva]; y Avraham [Abraham] se asentó en BeerSheva [Beer Sheva].»
    (Bereshit / Génesis 22:19)

    A la luz de lo que aprendimos en este estudio, ¿puedes analizar el texto y proveernos de las claves necesarias para una buena, digna, santa y dichosa vida en la senda de la NESHAMÁ y no en la celdita del EGO?

  • Sí gracias.

    Agradecer es un fundamento para la vida bella y saludable.

    ¿Quién no agradece?
    El orgulloso, que es aquel que se cree en una posición mejor a la que realmente está.
    Ese que es víctima de su EGO, el cual le eleva en nubes de fantasía para que viva disfrutando de un poder que no tiene, en la irrealidad de la perfección y el control. Hasta que de pronto, tarde o temprano, la nube se agujerea y cae, cae, cae, rompiéndose su débil personalidad en el camino, destruyéndose a causa de la impotencia. Por supuesto que sus reacciones serán las obvias procedentes del EGO, llantos, gritos, violencia física, aun más desconexión de la realidad y todos los derivados que de éstas surjan; sea en su fase altiva o cuando haya llegado el tiempo del desmoronamiento.
    El orgulloso no agradece, ya que dice: ¿por qué habría de hacerlo?
    Él considera que merece, que le deben, que recibe lo que le toca por derecho. Por lo cual, es innecesario que agradezca. ¿A quién se le ocurriría agradecer por obtener lo que es propio? Tal es su creencia.
    Por ser impotente y cubrir su angustia con la fantasía de superioridad, está desesperado por obtener energía, aprobación, ánimo, esperanza, todo lo que carece y de lo cual depende para continuar. Si “se rebajara a agradecer”, estaría confesando su falta, su necesidad, su dependencia de otros; lo cual pondría en evidencia su fragilidad. Por lo cual, se encierra en esa muralla dura y calamitosa de la altivez, y te mira desde sus alturas como perdonándote la vida. Y en verdad, está profundo enterrado en el pozo del sufrimiento, en una pesadilla de la cual no quiere despertar, no puede hacerlo.
    Entonces, toma y no agradece.
    Recibe y no repone.
    Se sustenta y no reconoce.
    Porque habla el idioma del EGO, del recibir para sí, de acaparar para sentirse en poder.

    En tanto, aquel que agradece se sabe imperfecto, con necesidades, en riesgo potencial a cada instante. Porque somos limitados, frágiles, humanos. Por lo cual, cada partícula obtenida es un deleite para disfrutar sanamente y por tanto para agradecer.
    Aquel que agradece sabe sus límites, conoce sus fuerzas y flaquezas, y no se atormenta por ello. Simplemente admite lo que no puede cambiar, pero se esfuerza en superarse allí en donde tiene cabida hacerlo. Por eso, agradece.
    Agradecer te fortalece sin quitarte nada, y da fuerzas a quien agradeces.

    Comenzar el día agradeciendo la nueva oportunidad, es genial.
    Culminar el día agradeciendo por las experiencias vividas, es un seguro de reposo.
    Agradecer al Creador y a las criaturas y a lo creado.

    Sí gracias, debiera ser un estilo de vida, porque fortalece, dignifica, espiritualiza.

    Gracias por haber leído hasta aquí, ahora te agradezco si comportes este texto en tus redes sociales y además lo comentas.

  • Gente buena

    Por Luis D. Perez Ch.[1]

    Hay más gente buena que mala. Y es gente buena porque sus actos son buenos. Y son actos buenos por estar fundamentados en los Valores Universales. Valores Universales que son la esencia de las Leyes de la Humanidad. Leyes que son trascendentes del hombre; y ya que éste no las redactó, son y han sido eternas[2].

    Ese Cuerpo Legal es el que hace la separación entre los hombres; el que es bueno con el que es malo; pues trascendentalmente las Leyes definen lo que no es bueno. No es ni siquiera la consciencia individual del hombre la que define lo que es bueno o malo, pues aunque nos dicta lo único necesario, la propia consciencia también nos puede inducir a error[3].

    Puede ser que algunos hombres comentan actos malos, o “no buenos”, a la luz de los valores de las Leyes Universales, pero es mayoría calificada la que realiza actos buenos, o “no malos”.

    Abstenerse de cometer actos malos no depende de creencias o confesiones de fe, ni siquiera de consciencia. Una persona puede ser un hombre religioso y cometer actos malos, aunque su consciencia intuya lo contrario. O puede ser un hombre no religioso y cometer actos buenos, aunque no lo considere así.

    La mayoría concuerda en el valor supremo que se le da a la vida, a la libertad, a la dignidad humana, a la propiedad privada, a la familia. Dudo que exista una sociedad que legisle la acción de robar con un acto bueno. En la mayoría existen procesos y penas para tales acciones. Tambien dudo que exista una sociedad que vea el asesinato como un acto normal. Incluso en las sociedades donde existe la pena capital preexisten procesos legales que garantizan la defensa del condenado, y aun así son minoría los postulantes a tales penas, en comparación a la masa social. Incluso, tales condenas, dividen las opiniones públicas, pues las personas apuntan a que el valor de la existencia humana es trascendente.

    Cierto que los que hemos sido objeto de acciones tales como el robo nos inclinamos a pensar de que existen más malos que buenos. Pero esa visión está muy distorsionada de la realidad. Son más las personas que trabajan, estudian, ayudan, se esfuerzan y desarrollan, las que aportan para una mejor vida social, que las que dedican su existencia al crimen y delito. Somos mayoría las que nos inclinamos por actos buenos, aunque no nos hemos hecho sentir lo suficiente.

    Si no es un asunto de confesiones religiosas, ni de conciencia, entonces ¿De qué depende la abstención de cometer actos malos?

    La respuesta es simple, y consta de dos partes:

    1. Fidelidad al único absoluto Bien.

    2. Auto-crítica.  [4]

    Conocer lo que trasciende del hombre, que a su vez, lo eleva; la ética universal que no depende de sus apreciaciones personales. Estudiar el Codigo Universal y los valores que sustenta y proyecta.

    Evaluar si las acciones son concordantes a dicho código; enmendar las que no lo son, y procurar una existencia acorde a la trascendencia de dicho Derecho Natural.

    Para ahondar más, remito al artículo en dicha nota; pero antes, quisiera recordar el Codigo de Derecho Universal, el que determina lo que es bueno, y por lo tanto, los actos a los que se debe de abstener el hombre (especialmente el no judío).

     


    [1] El autor del artículo no es judío. Antes de su publicación, ha sido revisado y autorización por Serjudio.com

    [2] No pretendo extraviarme especulando, ignorantemente, sobre su origen; sino que utilizo el calificativo como indicación de que siempre han existido.

    [3] “…la consciencia es un fenómeno humano…no solo nos puede conducir hacia el significado, sino que también nos puede llevar por mal camino. Y eso forma parte de la condición humana. La conciencia puede equivocarse, y yo no puedo tener la certeza de sí es mi conciencia la que dicta lo correcto y la de otra persona, que le dicta algo diferente, sea la que está equivocada, o de si lo contrario es cierto. No es que no haya verdad: sí la hay. Y solo puede haber una verdad. Pero uno no puede estar nunca seguro de haber alcanzado esa verdad. Así pues, el hombre solo puede aspirar a su propia conciencia, aunque hasta que no se halle en su lecho de muerte no llegará a saber si su conciencia le ha llevado hacia el significado verdadero…” Dr. Viktor Frankl. El hombre en busca del sentido último. Pag 154.

    [4] Lic. Yehuda Ribco en http://serjudio.com/rap1501_1550/rap1507.htm

  • No, gracias.

    Las tentaciones nos rodean, golpean a nuestra puerta, son insistentes. Por ahí creemos estar preparados para resistir, para doblegar el impulso, para echar de nuestro entorno lo que no queremos. Pero, estamos en riesgo de tropezar, somos presa bastante fácil para el cazador atento que acecha en las sombras y a plena luz.
    Porque, los mercaderes son hábiles, su profesión es que consumamos lo que nos ofrecen. Ellos conocen su tarea, la emprenden con decisión, están preparados y desarrollaron estrategias que les brotan con facilidad y precisión.
    De nuestra parte, podremos ofrecer una floja resistencia, la cual es un arma de doble filo, ya que el mercader es experto en voltearla y aprovecharse de ella para hacernos entrar en su trampa.
    Recuerda, ellos trabajan de eso, se entrenan a diario, conocen los trucos del oficio y hasta poseen un instinto desarrollado para olfatear tu debilidad y entrar por allí.
    En tanto tú (yo, nosotros) creemos que sabemos, que somos murallas fortificadas, que contamos con recursos a disposición, que con quererlo ya es posible; pero resulta que finalmente no tenemos ni el carácter, ni el conocimiento, ni el entrenamiento, ni la perspicacia, solamente contamos con pobres intentos de resistir, sin comprensión, sin entendimiento, sin adiestramiento ni preparación. Por ello, entre sombras manotearemos alguna respuesta, presentaremos una afirmación, lo cual de inmediato será usado en nuestra contra para engullirnos sin piedad.

    El vendedor nos ofrece cualquier cosa, legal o ilegal, saludable o no, prescindible o útil, conveniente o dañosa, ¿cómo haremos para negarnos a consumir lo que no queremos/debemos adquirir/usar?

    Para dar una respuesta, veamos un simple experimento casero que llevamos a cabo.
    A lo largo de un tiempo pedí a algunas personas que se imaginaran estar en una situación en la cual un pequeño traficante de drogas ilegales les ofrece su producto (marihuana, cocaína, éxtasis, cualquier otra), ofrecimiento que debían rechazar de manera tajante.
    Del otro lado, haciendo el papel del dealer estaba yo (no muy buen vendedor, de hecho), y en ocasiones nos daba una mano un verdadero experto comerciante, persona legal, de probada moral e impecable conducta ética/espiritual, con la sagacidad y la experiencia de décadas en la venta.

    Estos son algunos de los diálogos.
    Comprador: No quiero, no me va a caer bien.
    Vendedor: ¿Acaso probaste? Ahora podes sacarte las dudas, vas a ver que no te pasa nada malo.

    C: No, si se enteran en casa me matan.
    V: ¿Y por qué alguien tendría que enterarse?

    C: Mi madre no me deja.
    V: ¡Miren al bebe de mamá! Vamos hombre, es tu momento de crecer, de disfrutar, de ser libre.

    C: Mi religión no me lo permite.
    V: Vamos hombre, que con esto no hacés daño a nadie. Además, los dioses perdonan, ellos comprenden que estamos en el mundo y queremos pasarla bien un ratito. ¿Qué tiene eso de malo?

    C: No, tengo hijos, esposa, no puedo hacerlo.
    V: Yo también tengo familia, todos tenemos. ¿Y eso qué? No es que vayas a ser infiel, es solo tener un rato de placer contigo mismo, sin molestar a nadie.

    C: No traje plata.
    V: Esta es gratis, no te preocupes.

    C: A un amigo le hizo mal, estuvo enfermo por días por usarla.
    V: Es que no me compró a mí, seguro tomó de la mala. Esta que te voy a dar es de primera calidad, comprobado.

    C: Es ilegal.
    V: El alcohol estaba prohibido en Estados Unidos y ahora es una industria libre, legal y multimillonaria. La maruja estaba prohibida en Uruguay, ahora es de libre consumo. Date cuenta que son cosas culturales, algo que no tenés que tomar en cuenta. Lo que importa es ser libre y disfrutar sanamente.

    C: No quiero hacerme adicto.
    V: ¡Por favor! NADIE se hace adicto por usarla alguna veces, es cuestión de ser responsable en el consumo.

    C: No quiero, me parece mal.
    V: ¿Y por qué?
    C: Este, bueno, porque… hmmm, sí… este…
    V: Por lo visto repetís como un loro que te parece mal, pero en realidad no estás seguro de lo que sentís. Vamos a probar mejor.

    C: Soy estudiante de medicina y sé los daños que provoca.
    V: ¿Sabés cuántos médicos famosos son mis clientes?

    C: Este… yo… es que… mira… no sé…
    V: Si tanto dudas, mejor probá y sacate las ganas. Vas a ver que después la tenés clara.

    C: Una vez probé y me cayó mal.
    V: Seguro te dieron de mala calidad, esta es de primera. Si te hace mal te devuelvo la plata.

    C: Ya tomé alcohol y no quiero mezclar.
    V: Esta se puede consumir con alcohol, no provocan efectos.

    C: Ya te debo mucho por todas las veces anteriores.
    V: Sí, lo sé. Hagamos un trato, vos vendés para mí, te quedas con un 10% y así me vas pagando.

    C: No quiero.
    V: ¿Y por qué no?
    C: Porque no quiero.
    V: Ok, hagamos así, probala igual y me contás.
    C: No quiero.
    V: Perfecto, te la dejo y cuando quieras la tenés a mano. Después cuando precises más, ya sabes a quién comprarle. ¿Estamos?
    C: Ok.

    Podríamos seguir poniendo ejemplos, y hacerlo también con otros productos ofrecidos, autos, electrodomésticos, tiempos compartidos, vestimenta, otros vicios, placeres inapropiados, lujuria, romper la dieta para adelgazar, etc.
    Pero creo que ya es suficiente, se entiende la idea. Si quieres, puedes aportar otros ejemplos, tienes el espacio para los comentarios aquí debajo. Gracias.

    El cazador está atento a los indicios y sabe cómo atrapar a su presa, ¡es su trabajo! Se especializa en ello.
    De manera similar funciona nuestro EGO, alias IETZER HARÁ, llevándonos a situaciones en las que nos quedamos en impotencia (real o sentida), para de esa forma mantener su predominio sobre nuestra conducta.

    ¿Qué podemos responder, cuando estamos enfrentados al oferente astuto que nos tiene a su merced?
    La respuesta que propongo es simple, pero debe ser cumplida a rajatabla, sin variar ni una letra, ni un punto.

    La única frase a decir, amablemente pero con firmeza es: “NO, GRACIAS.”.

    Sin justificarlo, sin disculparse, sin agredir, sin pretextos, sin volteretas racionalistas, sin contrataques, sin nada mas que agregar, simple y sencillo: “NO, GRACIAS.”.
    Es la puerta cerrada y sellada para cualquier intento de intromisión.
    Lo aprendo, entre otras fuentes, de la parashá KEDOSHIM, del capítulo 19 de Vaikrá/Levítico. Todo el capítulo me lo enseña.

    Ahora, ya tienes en tu repertorio una clave poderosa, aprovéchala.
    Luego me cuentas de tus triunfos.

  • Familia de imposibles

    Una de las mejores formas que encuentro para caracterizar al pueblo judío sería: la familia de los imposibles.
    Sí, cuando todas las cartas parecen estar jugadas y son en contra, de pronto algo improbable ocurre y relanza al pueblo judío a su carrera de ascenso.
    No ha pasado una, sino numerosas ocasiones. Algunas de ellas las recordamos, otras miles se han perdido del registro de la memoria.
    Están las que narra al relato bíblico, así como las que aún permanecen frescas en nuestras retinas.
    Porque en cada generación se levantan para dañarnos y hacernos desaparecer, sea físicamente o en nuestro cultural/espiritual, pero hemos prevalecido.

    Hoy se celebraron 68 años de la independencia del moderno Estado de Israel. Cuando nadie lo esperaba, cuando aún humeaban las cenizas de millones de judíos torturados, hambreados, negados a ser, exterminados sin piedad, de allí se levantaron los huesos secos y cobraron vida. Salieron de Auschwitz y Treblinka, de otros oscuros pozos infernales y avanzaron con la esperanza de renacer. Así ocurrió, cuando todos apostaban por la desaparición final.

    Y antes, mucho antes, en tantas cochambrosas épocas de persecución, exilio, expulsión, extorsión, conversiones expeditas y forzosas, asimilación, no pudieron con el espíritu indomable de la familia judía.

    Ni los imperios más poderosos, ni los brujos más perversos, ningún plan tiene poder sobre Israel. Obviamente han sido quebradas queridas ramas, hojas han volado por voluntad propia o causa de la tempestad imprevista, las raíces temblaron y se secaron los ojos de tanto llanto; pero nada pudo extirpar el árbol, ni extinguir la llama Divina dentro de él.

    Los enemigos y adversarios, así como los infames metiches pasivos, lo siguen intentando, y lo seguirán haciendo; porque envidian la voluntad y valentía, la esencia y la ciencia, la conciencia y la pasión, la nobleza y la estirpe, la misión y la identidad, la elección y el sacrificio que implica; envidian y por ello odian. Odian, porque se rechazan y se desprecian a sí mismos. Desde la impotencia rugen y provocan, agreden e inventan libelos, provocan y fustigan, proclaman boicots y guerras santas; para solo declarar su impotencia ante la magna presencia de Dios en el corazón de Israel.

    Pasaron los fuertes, en apariencia, enemigos. Amos de imperios, señores de reinos, empuñado todo tipo de armas, violando toda clase de convenciones, musitando todo mejunje de rezos y exabruptos. A su paso llevaron el dolor acompañado por el sufrimiento, pero de entre los huesos secos, renace Israel.
    Los imperios actuales, también dejarán de ser; su nombre será olvidado o mezclado con el mito; pero Israel seguirá estando, vivo, activo, poblando su patria y el mundo con todas las armonías dulces del salmista. Caerá Israel, pero no será sino para subir.

    Como lo hizo el patriarca Avraham, comenzando a vivir a los 75 años y a los 100 y a los 137.
    Como pasó con el patriarca Itzjac, desatando las amarras y descendiendo del calvario ígneo, para armar su familia y forjar un destino.
    Como experimentó el patriarca Iaacov, vagando sin paz, desconsolado por la familia quebrada, reencontrando el abrazo de los queridos.
    Como renació tres, y hasta cuatro, veces Moshé, como niño destinado a la muerte, como príncipe poderoso de Egipto, como pastor meditativo de Midián, como líder iluminado de Israel.

    Como ocurre con nosotros a diario, destapando los trazos de la LUZ de la NESHAMÁ y alumbrar allí donde el EGO mancha y oscurece.
    Seguiremos siendo hijos de la familia de los imposibles, retando las chances, demostrando que hay alternativas.

  • Para mi projimo

     

    Por Luis D. Perez Ch.[1]

    Creo que son pocas (o ninguna) las sociedades latinoamericanas que se han salvado de la virulenta “nueva” religión del mesianismo.

    Sus ideas se propagan como por si fuese por el aire, ofreciendo a las gentes la misma religión, pero con una identidad distinta; identidad de lo que se supone es la judía.

    Yo no sé si el marketing que utilizan sus líderes en el país del lector es el mismo que el usado en mi país, pero al menos acá hacen una sopa de «tribus perdidas» y «expulsiones medievales españolas» con historia patria.

    Dicha sopa se ramifica y complejiza, y empiezan a dar sentidos a una judeidad escondida en apellidos, nombres de lugares, comidas, facciones físicas, entre otras; todo conectado con tanta incoherencia que sorprendería hasta al mismo Dr. Sigmund Freud.

    A pesar de que, en mi país al menos, cometen sendos errores históricos a la hora de sostener la identidad judía de mis paisanos[2], son muchos sus seguidores y creyentes en los supuestos fundamentos de su fe.

    Si los argumentos históricos que usan estos sectarios están basados en equivocaciones, o se encuentran forzados para que calcen en su ideología, ¿Por qué tantas personas insisten en tener  una identidad que nunca han poseído?

    He notado que la tendencia social moderna es hacia cosificarnos para confundirnos en masas; diluir nuestra individualidad en el conjunto. De esa forma las necesidades del conjunto son las mismas del individuo cosificado, por lo que resulta más fácil suplirlas. Otro ejemplo, si el conjunto tiene un solo pensar[3] es más fácil su manipulación y dirección. Todo apunta a la universalización del espirito humano: una misma lengua universal, un mismo género (hombre/mujer indiferenciados), y lo que pasa en un extremo del mundo afectará a su otro extremo.

    Esa tendencia a la universalización es antinatural para el hombre. Hace unos años se escribió un artículo (“ego colectivo y la era mesiánica”) donde se aclaró que no existe un “ego colectivo” que compartamos todos por igual, pero la sincronización de egos resultó ser sorprendente.  Remito al lector a su búsqueda y constante los videos que en la zona de comentarios se postearon.

    El ser iguales, o universales, nos asquea. El hecho de cuadrarnos como seres de rebaño nos aumenta el conflicto del que ya de por sí tenemos[4].

    El impulso para evolucionar, re-crearse o trascender a algo más que un ser autómata no se le puede quitar al hombre; pero como lo ignora, desesperadamente busca salirse de la cosificación y masificación de la que es víctima. Queremos diferenciarnos de la masa en algo.

    ¡Y qué mejor opción de creerse judío en una sociedad mayoritariamente cristiana!
    Eso marca una notable diferencia que puede dar sentido a una pobre alma a la que le urge ser ella misma; por lo que va a defender su diferencia a costa de lo que sea, lo que incluye la inobservancia de las leyes judías y argumentos irracionales.

    El éxito de las ideas cristiano-mesiánicas no está es sus equivocadas posturas; esta en dar una respuesta equivocada al impulso de trascendencia del hombre para salirse de su cosificación, y en la propia desidia, ignorancia y miedo en autodescubrirnos, analizarnos u observarnos para descubrir nuestro potencial humano dormido

    El error que cometen mis hermanos gentiles es buscar hacia afuera lo que los diferencian de la cosificación social; nunca nos volvemos hacia nosotros para intentar descubrir los dones únicos que nos hacen impares.

    Termino con esta inspiradora cita, que en lo conducente dice:

    El Talmud Babli (Eruvín 13b) nos ofrece una interesante disputa entre las dos principales escuelas de pensamiento y legales:

    «Durante dos años y medio discutieron las escuelas de Shamai e Hilel.
    La escuela de Shamai sostenía: ‘Mucho mejor hubiera sido que el Hombre no fuera creado.’
    Por su parte, la escuela de Hilel argumentaba: ‘Mucho mejor es para el Hombre haber sido creado, que no existir.’
    Finalmente resolvieron la disputa concordando: ‘Mejor hubiera sido que el Hombre no hubiera sido creado. Pero, ya que lo fue, lo que más le conviene es ser consciente de sus actos y controlar sus acciones.’
    »

    En el texto que hemos presentado se debate un tema eminentemente ideológico, por lo que, cada posición es respetable. Pero, cuando se ingresa al campo de las acciones materiales, se establece lo que es norma: Hombre, ya que existes…cumple la función para la cual has sido creado…has todo lo que puedas por ser quien puedes llegar a ser…constrúyete a cada instante, no te abandones en la indolencia o el pesimismo o el vacío idealismo, porque si así hicieras…es mejor que no hubieras sido creado

    (http://serjudio.com/dnoam/rap83.htm)
    Muchas gracias por sus comentarios.


    [1] El autor del artículo no es judío. El presente ensayo cuenta con autorización y revisión previa de Serjudio.com

    [2] http://fulvida.com/2012/03/22/el-error-de-la-especulacion-mesianica-cristiana/

    http://fulvida.com/2012/03/18/nuestro-origen-mestizo/

    http://fulvida.com/2013/01/20/la-estrella-roja/

     

    [3] http://fulvida.com/2016/01/10/donde-todos-piensan-igual-nadie-piensa-mucho/

     

    [4] http://fulvida.com/2015/10/12/un-sentido-a-la-crisis-existencial/

    http://fulvida.com/2015/10/09/crisis-existencial-y-la-auto-finalizacion/

     

  • Resp. 6035-Hombres justos en cristianos

    Apreciado Moré: dentro del rechazo que debemos sentir los que amamos al Eterno hacia los dioses falsos, en el cristianismo hay muchos grupos que defienden al Estado y Pueblo de Israel , por las grandes aportaciones a la medicina, tecnología y ciencia los judíos y por el Estado de , que demuestra para ellos su elección por el Eterno para ser Luz del Mundo y que Israel (pueblo y Estado) deben ser defendidos y amados. ¿A pesar de su idolatría son justos ? ¿como debe ser nuestra relación con ellos?
    Alba Castilla,30 años, profesora universitaria en Madrid-España

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  • Soy judío porque

    A lo largo de los años de trabajar ayudando a las personas a comprender el judaísmo, sean éstas judía o gentiles, me he encontrado con un tema recurrente: el de aquellos que creen ser judíos sin serlo.

    Infinidad de preguntas y afirmaciones del estilo “soy judío porque…”:

    • lo siento en mi corazón,
    • me dijeron que mi bisabuela (cualquier otro antepasado) tal vez lo era,
    • Jesús me dijo que lo soy (en sueños, en una lectura “inspirada” de la Biblia, o algún método mágico alternativo),
    • mi apellido tiene una z,
    • mi apellido suena a judío,
    • mi apellido aparece en listas de sefaraditas,
    • en mi casa se hacían unas costumbres muy extrañas,
    • me parezco a los que yo creo que son judíos,
    • opino q lo soy y me baso en mis propios argumentos,
    • tengo algún familiar (que no es la madre) que realmente lo es,
    • me emociono al ver la bandera de Israel,
    • me emociono con cualquier objeto/música/danza/etc. que se relaciona con los judíos,
    • me discriminan como tal,
    • sé más de cosas judías que mis conocidos judíos,
    • defiendo al Estado de Israel,
    • mi congregación cristiana ha vuelto a las “raíces antiguas de la fe”,
    • aprendí hebreo,
    • quiero integrar las FDI,
    • quiero vivir en Israel y obtener los derechos de ciudadano,
    • mis antepasados vinieron de España…

    Repito, son personas que, probablemente de buena fe, se creen judíos pero no lo son; y, en el improbable caso de que lo fueran, no tienen cómo demostrarlo dentro de los parámetros de la ley.

    Sería interesante, me parece a mí, saber qué lleva a tanta gente a esta confusión de identidad.
    En algunas situaciones es fácil advertir el trasfondo ideológico cristiano, que les perturba su comprensión de la vivencia espiritual; en otros es un infantil intento de engaño para obtener alguna ventaja; pero en el resto de las presentaciones no me queda muy claro qué se encuentra detrás de estos pedidos y reclamos.

  • Templo humano y Divino

    «y hará expiación por el santo santuario y
    por el tabernáculo de reunión.
    Hará expiación por el altar y por los sacerdotes.
    También hará expiación por todo el pueblo de la congregación.»
    (Vaikrá / Levítico 16:33)

    Se puede trazar una línea que conectaba directamente el lugar propicio para el pueblo congregado, a la entrada del templo,
    con el lugar para alzar las ofrendas junto al altar externo,
    con el altar interno, el dorado que estaba dentro del atrio en el santuario (tabernáculo de reunión)
    con el asiento del Arca de la Alianza dentro del Santo de los Santos.

    No es casualidad esta conexión, ni los cuatro recintos pertenecientes a la santidad del Templo. Por lo cual, veamos una de tantas enseñanzas posibles al respecto.
    Para perfeccionar nuestra existencia, es necesario recorrer cada una de estas instancias y hacer TESHUVÁ en lo que corresponde a ellas.
    La comunidad en el patio representa el plano social.
    El altar externo representa el cuerpo con sus tendencias mundanas.
    El altar interno, junto a la mesa de los panes y la Menorá, representan el mundo interior, el de los sentimientos/sensaciones.
    El Arca de la Alianza representa la esfera del pensamiento.
    La Divina Presencia, por encima de la tapa del Arca, es la manifestación del Eterno en el Santuario.

    Advertimos que las cuatro dimensiones materiales de nuestro ser deben sintonizarse, ponerse en armonía, alinearse con la Divina Presencia, la cual es la NESHAMÁ, o nuestra dimensión espiritual.
    Porque lo que da sentido eterno y trascendente al Templo (nuestra existencia mundana), es la Divina Presencia (la NESHAMÁ).
    De por sí el Templo es sagrado, pero su sacralidad no proviene de sus elementos, ni de su estructura, ni del amor con el que fue diseñado y construido; sino el motivo por el cual existe y a qué fin sirve.
    Asimismo nosotros, nuestro cuerpo es merecedor de respeto, cuidado, amor, porque somos ese cuerpo; pero se redobla el aprecio cuando comprendemos que además somos el espíritu, y que es nuestro transito terrestre el período para dotar al espíritu del gozo de la experiencia sensorial.

    Por tanto, es buena cosa conseguir alinearnos, perfeccionarnos, conseguir que nuestra vida sea beneficiosa aquí y de siembra de placer en la eternidad.

    Porque, mientras alguno de nuestro planos esté desfasado, todo el sistema está fuera de balance y por tanto en enfermedad.
    Tal vez no lleguemos a advertirlo, porque no haya síntomas ni signos, sin embargo incluso así es imprescindible realizar el trabajo de TESHUVÁ.

    Advirtamos un aspecto sumamente importante, el cual es la confluencia de la santidad en este texto:
    el día más sagrado del año- Iom Kipur,
    el hombre más consagrado de todos los presentes- el Cohén Gadol,
    realizaba el ritual prescrito para expiar por los pecados en el lugar más sagrado de todos- el Templo,
    en representación del pueblo consagrado por Dios a su servicio- Israel,
    siguiendo estrictamente los procedimientos marcados por el texto sagrado por excelencia- la Torá.

    Si no hacíamos TESHUVÁ personalmente, alguien se iba a encargar de despertarnos a esta sagrada obligación.
    Porque al menos en el Templo, en Iom Kipur, el Cohén Gadol, siguiendo el plano de la Torá nos estremecería para despejarnos y movernos a la TESHUVÁ.
    Era una gran oportunidad que no podríamos desperdiciar.
    Y sin embargo, la TESHUVÁ es un dulce trabajo para cada día, en cada lugar, hayamos cometido algún acto que se desvía de la buena senda o no.

    Tenemos pues una tarea sagrada por delante, conocernos, respetarnos, amarnos, lo cual en cierta forma es una traducción del sentido profundo de la TESHUVÁ, que superficialmente traducimos como arrepentimiento, pero en realidad es el retorno a la mejor versión de nosotros mismos.
    ¿Cómo se consigue?
    Por intermedio de la constante aplicación en construir SHALOM, que son acciones (pensamientos/palabras/actos) de bondad Y justicia, con lealtad al Eterno y Sus leyes.

  • Resp. 6034-Ser judío no es tema de opinión

    Estimado Moré Yehuda Ribco
    1- Mis abuelos maternos y paternos eran judíos por lo tanto yo no soy Judío según las leyes judías.
    2- Sin embargo cuando el antisemitismo se comienza a declarar en alguna discusión me afecta y rápidamente hago ver mi punto de vista.
    3- También he tenido en más de alguna vez que defenderme de ofensas por mis rasgos físicos los mismos de mis padres y abuelos.
    Pero lo mas anecdótico de esto es que en una conversación con un judío «legal» me diga tú no eres judío, el teniendo la razón desde el punto de vista legal.
    4- Pero mientras conversábamos observaba sus rasgos y no me parecen para nada judíos.
    5- Entonces pensé ¿si una negra se casa con un chino sus generaciones próximas dejan de ser negros aun cuando su color no sea otro que el negro y se sientan fuertemente vinculados a lo africano?
    6- Sé que esta reflexión no cambiara las leyes judías
    7- pero mi sensación es de una injusticia hacia quienes nos sentimos judíos y la propia ley nos deja fuera.
    8- Me pueden decir que estoy confundiendo sentirme hebreo con sentirme judío y lo acepto.
    9- La cuestión es que veo a muchos judíos incapaces de defender su condición ante el antisemitismo
    10- y los que lo hacemos nos sentimos marginados.
    11- En fin un saludo afectuoso y mis mejores deseos de bienestar.

    Juan Vargas Torres

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