«Balac hijo de Zipor habÃa visto todo lo que Israel habÃa hecho a los amorreos.
Moab tuvo mucho temor del pueblo, porque era numeroso, y se aterrorizó Moab ante los Hijos de Israel.»
(Bemidbar / Números 22:2-3)
El miedo es la anticipación imaginaria de una impotencia futura.
No tiene firme asidero en la realidad, a diferencia de la precaución (evitar un probable riesgo futuro) o el susto (reaccionar automáticamente a una impotencia actual).
El miedo dispara los mecanismos del EGO, tanto sean los básicos instintivos asà como los aprendidos y convertidos en hábitos.
Naturalmente las reacciones activas del EGO son: llanto, grito y pataleo. De estos se derivan multitud de conductas adquiridas.
La reacción natural pasiva es el desconectarse de la realidad que genera el sentimiento de impotencia. Esto toma muchas formas tales como el desmayo, inconsciencia, huida, delirio, negación, represión, mentira, engaño, fabulación, evitación, entre otros posibles.
Cuando el miedo persiste más allá de la reacción inmediata, sea natural o adquirida, pueden emplearse mecanismos más sofisticados de manipulación, pero siempre sustentados en el EGO y por tanto difÃcilmente dirigidos a resolver positivamente el motivo del sentimiento de impotencia.
Por otra parte, el estado persistente de impotencia suele derivar en el estrés, con sus incontables perjuicios para la persona.
Cuando analizamos con este conocimiento el pequeño pasaje que citamos al comienzo, podemos comprender mucho más claramente el suceso relatado.
El pueblo judÃo venÃa de vencer a los dos poderosos reinos vecinos –Bashán y Emor-, dos reyes sumamente fuertes y reconocidos por su fiereza cayeron ante Israel. Nada pudieron hacer Sijón y Og en contra de la nación del Eterno.
Ahora los judÃos estaban en las cercanÃas y objetivamente nada debÃa conducir a la angustia de Balac y su pueblo, pues Israel no habÃa dado muestras de interesarse en esa tierra, ni enviaron mensajeros solicitando pasar por allÃ, ni se encontraban señales que anunciase un inminente ataque. Sin embargo, el miedo no pidió permiso ni el razonamiento puso las cosas en su lugar. Por el contrario, el miedo creció hasta hacerse terror generalizado.
El sentimiento de impotencia hizo presa al rey Balac asà como a sus dirigidos.
No reaccionaron atacando directamente a Israel, ni ofreciendo engañosos tratados. Prefirieron hacer una guerra secreta, empleando el falso poder de la brujerÃa, lo cual nada afectó al pueblo de Dios. Luego contrataron a un profeta gentil, de gran poder, el cual también ejercÃa como astuto brujo: Bileam ben Beor.
Este brujo no tuvo el señorÃo como para maldecir a la nación santa, sino que por el contrario se vio obligado a bendecirla por orden del Todopoderoso.
Lo cual aumentó el sentimiento de impotencia de Balac y los moabitas.
Pero, el brujo mañoso tenÃa un arma a mano: el consejo perverso con el cual condujo a una trampa moral/ética a algunos hebreos, 24.000, quienes murieron, lo cual llevó a conflictos y debilidad dentro del campamento del Señor.
¿Cómo podrÃa haber sido diferente –para mejor- la historia si Balac hubiese aprendido algo de CabalaTerapia, tal como enseñamos nosotros en este hogar (serjudio.com)?
Espero tus respuestas para crecer juntos.
ahhh!!!! Balac…
Sin duda conocÃa más que bien la grandeza del Eterno, sin duda tenÃa una leve noción de su limitado poder, humano…. poderoso ante otros (por sus prácticas no tan buenas) pero limitado, cosa que bien sabÃa.
Lejos de aprovechar esas cualidades o capacidades para construir shalom, para acercar a otros al verdadero conocimiento, le pudo el Ego, el deseo de poder, de ser reconocido y de no mostrar la magnitud de su pequeñez… llevándole a actuar lejos de lo que se nos pide, y a demás dañando a otros.
Gracias moré!