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  • Resp. 5958-Nacimiento de Mesias

    Estimados, Shalom

    Que el Eterno los bendiga y les de abundante sabiduría. De paso les doy gracias por las respuestas que me han dado en las anteriores preguntas, he aprendido bastante y las he guardado en mi corazón. La nueva pregunta que tengo que hacerles, es una duda que me quedo al escuchar a un rabino el cual hablaba del Mesías, según sus aseveraciones señaló lo siguiente:

    La fecha de nacimiento del Mesías será o fue el 9 de Av en las últimas 4 horas del dia, es así ?

    Saludos y que el Et
    Miguel Quinteros V. 41 años, Ejecutivo, Santiago, Chile

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  • Resp. 5957-el profeta deut 18:18

    En deut 18:18, se menciona a un profeta que vendría.
    Ya vino?
    Cuál será la función de ese profeta. Qué clase de mensaje será el que ese profeta traiga?
    gracias,
    juan jaime gutierrez reyes piedras negras, coahuila, mexico

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  • Resp. 5956-siete preceptos de Noé

    por qué no encontamos los siete peceptos de Noé en Génesis?
    gracias,
    juan jaime gutierrez reyes, 61 años, ingeniero, piedras negras, coah,

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  • ¿Faraón o Moshé?

    Podemos llevar una vida pretendiendo mantener una seguridad ilusoria, como si fuéramos rocas firmes y estables; imaginar que poseemos el control total y negar infantilmente (o de manera enfermiza) cuando la realidad nos golpee en nuestra impotencia. Como cuando te atreves a criticar, aunque sea levemente, alguna cosilla de un niño o jovencito, que de inmediato se arma un altercado impresionante, una ráfaga de violencia e incomprensión. O, la ira se esconde, se la traga y pasa a ser violencia interna, que carcome desde el interior, que va consumiendo a la persona.
    Así nos llenamos de ira, respondemos con enojo, estamos en constante huida, escapando por no atrevernos a sufrir y reconocernos en nuestra limitación. Nos cubrimos con capas de mentiras, para no someternos al cambio que nos trastornará pero finalmente resultará en una mejor calidad de vida.
    Pero rechazamos el cambio liberador, porque implica admitir nuestra debilidad y la obligación de hacer cambios.
    Preferimos, a sabiendas o no, atarnos al EGO, reaccionamos ante el sentimiento de impotencia con el automatismo que proviene de él. La agresión en sus variadas formas, la manipulación, el odio, la dulzura venenosa, el engaño multiforme, todo lo que es ausencia del control en un desespero por tenerlo. Porque, a mayor apego al deseo de poder y control, más nos hundimos en la desesperación.
    Encarcelados en la celdita mental, rehuyendo del cambio saludable, evitando el despertador de la conciencia, dentro de las fronteras de la zonita de confort, en esa precaria comodidad de aparente invulnerabilidad. En caos, al que llamamos orden.
    Enmohecidos por atarnos a lo poquito que tenemos a mano (aunque seamos ricos y físicamente fuertes), apartando lo que amenace con desatar lo que pudiera llegar a cuestionar y demoler los cimientos de nuestra patética fortaleza.
    Nos hacemos fanáticos, de religiones, dioses, rituales, rezos, libros, panfletos, partidos políticos, nacionalismos, sectas, banderas, empresas, marcas, clubes, atletas, estrellas del espectáculo, ideales, creencias, imaginería, lo que fuera que nos sirva para sentirnos poderosos, protegidos, seguros a resguardo de crecer y madurar.
    Encontramos o inventamos adversarios a los cuales culpar, detestar, odiar, aborrecer, humillar, avergonzar, maltratar, expulsar, aniquilar, el famoso chivo expiatorio (no el bíblico) que se usa como la excusa para embrutecernos, perder la cordura, realizar cualquier acto aberrante pero en apariencia justificado. Porque, hacemos notar que es ese enemigo el motivo de nuestro sufrimiento, el que nos obliga a una vida detestable. Ponemos así por fuera de nosotros el mal, para castigarlo y tratar de seguir impunes, en la ilusoria seguridad, libres de tener que cambiar y dejar de lado nuestra endeble vida amurallada.
    Porque el EGO se regodea con lo poquito que tiene y conoce, en tanto quiere recibir más y más, ser atendido, ser satisfecho, a costa del sufrimiento y la opresión.
    Recuerda al Faraón en la historia del Éxodo de Egipto; o estudia la personalidad y acciones del perverso Amán, el de la historia de Purim, entonces tendrás ejemplos de este estilo de vida fracasado, aunque rodeados de lujos materiales y con todo el poder externo al alcance.
    ¿Qué fue de ellos?
    Y tienes a los patéticos personajes de mitos y novelas, pretendidos santos héroes salvadores o manifiestos rufianes terribles, que agotaron su incapaz vida pretendiendo un poder que les era ajeno. Emisarios de dioses y redentores, que proponían revoluciones para llevar las cosas a un mayor desorden y exilio.
    O abiertos tiranos, dictadores impíos, que pisoteaban a quien pudieran con tal de mantener su cuotita de poder externo, aparente.
    Son modelos de conducta negativa, de lo que podemos encontrar en cualquiera de nosotros, porque cada uno de nosotros está actuando como ellos, en mayor o menor medida. Cada uno a su escala, según sus posibilidades, manteniendo nuestra imaginada potencia a costa de no ser auténticos ni llevar una vida con sentido.

    Pero, hay otra manera de vivir.
    Podemos aceptar nuestro dominio escaso, reconociendo cuales son nuestras fuerzas y cuales nuestras debilidades, para entonces ser activos, responsables, cumplidores, transformadores de la realidad, optimistas y dejaremos fluir sin aferrarnos al dolor cuando lleguemos al punto de nuestra falta de poder.
    Al conocer y admitir nuestra impotencia, y al no recurrir a los mecanismos del EGO para simular poder, entonces estaremos siendo realmente poderosos.
    Podremos emplear el caos para que el instinto creativo lo organice y nos lleve a un grado mayor de conciencia.
    Podemos conectarnos con el llamado constante de nuestra NESHAMÁ, y encontrar en su brújula ética/espiritual un aliciente para dejar la comodidad incómoda y ponernos a evolucionar seriamente pero con alegría.

    ¿Recuerdas cómo fueron, y son, tratados aquellos “revolucionarios” que proponen cambios reales que apuntan a adquirir un mayor y más generalizado estado de bien y justicia?
    Los profetas de Israel suelen ser el mejor ejemplo de estos enviados del compromiso con la vida, los que atienen al llamado ético/espiritual.
    El más grande de ellos, Moshé, si estudias sus conflictos, sus obras, entonces estarás viendo a lo que se enfrenta alguien que propone llevar una vida pentadimensional, auténtica, no adoctrinada por el EGO ni esclavizada a él.

  • ¿Vida o fe?

    El espléndido maestro de generaciones, el Rav Kook expresó en la introducción a “Orot haTeshuvá”:

    התשובה היא תופסת את החלק היותר גדול בתורה ובחיים, עליה בנויות כל התקוות האישיות והציבוריות, היא מצות ה’ שהיא מצד אחד קלה שבקלות, שהרי הרהור תשובה הוא כבר תשובה, ומצד אחר הרי היא קשה שבקשות
    (אורות התשובה הקדמה)

    “La TESHUVÁ ocupa la porción más grande en la Torá y en la vida, sobre ella se construyen todas las esperanzas individuales y colectivas. Es un precepto ordenado por el Eterno, que por una parte es sencilla de las sencillas, porque el deseo de TESHUVÁ ya constituye TESHUVÁ; por otra parte, es la más difícil entre las difíciles.”

    En las religiones, todas ellas productos socializados del EGO, la TESHUVÁ es inexistente, o inoperante, o ineficaz, o de alcance limitado.
    Porque para las religiones la libertad es un enemigo temido, ya que el hombre debe seguir esclavizado, sumiso, ignorante, orgulloso de su escaso conocimiento, imposibilitado de cuestionar críticamente, reducido a adorar del EGO en cualquiera de las formas y rituales que él codifica.
    La presunta libertad que ofertan las religiones es otra forma de esclavitud. Tal como sus promesas de salvación y bendición.
    Y TESHUVÁ implica necesariamente romper las cadenas dejar de estar sometidos, quebrar los ciclos tóxicos, salir de la celdita mental, aventurarse a decidir y escoger con libertad.
    Es la TESHUVÁ la que nos asegura que podemos equivocarnos y no por ello condenarnos eternamente; por tanto, es la que nos ratifica la libertad.
    (Recordemos que hay religiones con dioses que son seres poderos, otras son religiones sin dioses, otras anteponen sus creencias desviadas y las atribuyen al Uno y Único Dios, entre otras formas de enviciar la multidimensionalidad para apartar al hombre de su identidad verdaderamente espiritual).

    Para aquellos que viven espiritualmente, y por tanto carecen de religión, el saber de la TESHUVÁ y adherirse a ella brinda consuelo, esperanza, fuerza, ánimo, confianza, poder, libertad.
    Porque, el hombre es limitado, escaso su dominio, imperfecto y fácilmente tropieza y se confunde.
    Si viviéramos bajo el reino de los dioses de las religiones, esa imperfección natural sería motivo para el castigo eterno, la condena más terrible.
    El único escape que ofrecen las religiones es la esclavitud, el sometimiento, el dejarse caer abatido ante el dios, rogando por misericordia que no es merecida sino una gracia concedida por voluntad de la deidad, sin que opere ningún parámetro de justicia.
    Ante esto se erige la TESHUVÁ que afirma que es posible el retorno a la senda correcta, que Dios está dispuesto a perdonar y ayudarnos a corregir nuestros errores.
    No es necesaria la fe, ni la ceguera, ni la negación, ni el ritual, ni el sacrificio, sino la más básica de las tendencias espirituales: el anhelo por vivir de forma ética/espiritual.

    Es por ello que este mandamiento (para los judíos, y gran conducta positiva para los noájidas) es considerado por el maestro como el más sencillo, ya que tendemos a él.
    Está inscrito en nuestra NESHAMÁ, anhelamos establecer una armonía entre nuestro Yo Vivido y el Yo Esencial, aunque el EGO se interponga, aunque las manchas provocadas por nuestros pecados se interpongan y nos hagan sentir a oscuras y alejados de Dios.
    Queremos el camino del Eterno, porque es nuestra esencia más auténtica, nuestra vida eterna. No la buscamos para obtener alguna ventaja práctica, o para satisfacer algún dictado egoísta, o por ser algo decretado obligatoriamente por el Señor. Sino que es la voluntad natural de nuestra espiritualidad.

    Pero, al mismo tiempo es el mandamiento más difícil, porque el EGO nos lleva a considerarnos impotentes, incapaces, fallados, abandonados por Dios. Así es el EGO quien ocupa el sitial de dios, del rey en nuestra existencia. Nos impone la torpeza de la fe. Nos somete a ser sus esclavos. Nos hace creer que la TESHUVÁ es imaginaria y que solamente sometidos al EGO tendremos alguna salvación.
    ¡Cuán alejado de la verdad!

    En lo posible debes evitar el pecado, es decir, desviarte del camino correcto.
    Pero, si por alguna causa terminas apartándote de él, no te desesperes, no te angusties, no te des por condenado a un infierno (inexistente), no te aferres a creencias religiosas, no busques resucitados que te salven, no profundices tu exilio espiritual.
    Mejor, emprende el camino del retorno, haz TESHUVÁ.

    Está en ti la elección, si quieres vivir en verdad o quieres ser persona de fe.
    Ambas juntas, son incompatibles.

  • El ancla que nos lleva a la deriva

    El EGO en su función primaria sirve para anclarnos a la realidad.
    Para el recién nacido, para la persona en real estado de impotencia, el EGO sirve para llamar al atención y que se nos provea de lo necesario para satisfacer verdaderas necesidades, las cuales no estamos capacitados por nosotros mismos para satisfacer.
    Sin EGO, difícilmente podríamos sobrevivir.

    Es así nuestro primer salvador, totalmente natural y automático, elemento de nuestra presencia biológica.
    El problema está en cuando se mantiene activado y en actividad en aquellas situaciones en las cuales no somos impotentes, pero nos sentimos así.
    Recurrimos al servicio del EGO en lugar de hacer lo que nos corresponde.
    Por pereza dejamos que el EGO nos domine, nos mantenga en estado de impotencia cuando solamente lo que tenemos es un sentimiento de no poder.

    El otro problema está en que formamos el hábito, por la repetición abundante de las conductas egoicas, de llamar la atención con modales poco “civilizados”. Gritamos, pataleamos, lloramos, manipulamos para obtener la atención que nos provea de la satisfacción a nuestras necesidades (sean físicas, emocionales, sociales o mentales).

    Y estamos desesperados por recibir, por obtener del mundo, por seguir siendo cuidados por madres todopoderosas (a los que solemos llamar dioses, ángeles, gurús, maestros ascendidos, etc.).
    Porque es el EGO quien nos mantiene esclavizados, en impotencia, en fracaso pero delirando con que tenemos poderes sobrenaturales.
    Como los niños esperando por sus mayores que les brinden lo que precisan.

    Entonces, aquello que debe dispararse para cuidarnos y brindarnos auxilio, de pronto nos deja en situaciones de vergüenza, indefensión, cobardía, bravuconería, incomunicación, malestar, angustia, ira, reproches, malestar por doquier.
    Es que, permitimos que el último de los siervos se transforme en el primero de los reyes.

    Y no, el rey no debe ser el EGO. Ni su cargo es de el administrador, ni gerente, ni cadete, ni oficinista, sino solamente el encargado de los sistemas de alerta para llamar la atención en caso de real impotencia.
    ¡Qué mal nos va con el EGO dirigiendo esta empresa llamada “YO”!

    Así, el EGO que nos sirve para anclarnos a la realidad termina llevándolos fuera de ella.
    Construye una celdita mental, debilucha, sin barrotes fuertes, sin cerradura, y nos encerramos allí.
    Somos prisioneros es esa pequeña celdita.
    Con miedos y enojos, nos apartamos del mundo creando un mundo alternativo, que en apariencia es un refugio, pero en verdad es un asilo demencial.
    Nos resistimos al cambio, porque lo llenamos de miedo, porque nos obliga a alterar el reinado del EGO al cual estamos acostumbrados/habituados.
    Y, aunque no parezca, en verdad sí estamos cambiando, pero para peor, porque el ciclo tóxico se sigue cumpliendo. Las tenazas del EGO se aprietan más. Los miedos nos paralizan con mayor frecuencia y debilidad. Tanto huimos del cambio para no darnos cuenta de que estamos cambiando para empeorar.

    ¿La solución?
    Tomar conciencia de esta realidad y luego…

  • Salud y bienestar

    La NESHAMÁ, nuestro espíritu, nuestro Yo Esencial, es aquello que permanece, que no cambia, que no se modifica. Es nuestra identidad original, perfecta, eterna. Es paz, es bienestar, es conocimiento, es conexión, es LUZ.
    Pero está detrás de un velo impuesto por nuestro Creador, tal como la cortina en el Templo que separa el Santo de los Santos del resto del Templo y del mundo.
    Además, queda más oculto aún a causa de la suma del barullo e incomprensión provocada por nuestra agitada vida mundana.
    Está bien, así es como somos creados, así debemos vivir.

    Por su parte, nuestra identidad más superficial y pasajera, la que denominamos Yo Vivido se nos presenta como nuestra personalidad, siendo que es meramente un traje que estamos usando y que vamos modificando a voluntad o imperceptiblemente.
    Es un caos que organizamos como podemos, está en medio del incesante flujo indetenible e inasible el mundo, sometido a constante cambio.

    Nos guarecemos en la imaginación de ser estables, de ser una identidad inalterable, pero no lo somos. Es nuestro refugio aparente en medio de la tormenta real.
    Sin embargo, esta creída estabilidad nos brinda confianza, seguridad, posibilidad de trabajar con nosotros mismos y el entorno de cierta forma medida y saludable.
    Es una necesidad, y está bien que usemos estas máscaras para de esa forma no dejarnos arrastrar por el caos y la desesperación.

    Pero mucho mejor sería encontrar las máscaras que estén en armonía con esa identidad real pero desconocida de nuestra NESHAMÁ.
    Porque entonces, las máscaras no estarían en conflicto sino que serían representaciones coordinadas y poderosas de nuestro ser.

    Sin embargo, ¿cómo lograrlo?
    Si la NESHAMÁ, con su LUZ, están detrás del pesado cortinaje impuesto por Dios.
    Si hay multitud de manchas, costras, cáscaras y máscaras que se han abarrotado a su alrededor e impiden el pasaje de su LUZ.
    Si la NESHAMÁ pertenece a una realidad por completo diferente a lo que podemos llegar a conocer o entender, ya que estamos limitados al tiempo/espacio.

    El Creador nos ha dado la respuesta.
    Ha dado siete mandamientos para los hijos de las naciones, los gentiles. No son un código ritual o religioso, sino el manual de vida ética esencial.
    Ha dado 613 mandamientos a los hijos de Israel, para que se entrenen de manera mucho más intensa y esforzada, de tal forma de poder servir como luz para los hijos de las naciones. No por medio de misionerismo, ni convirtiendo a la gente al judaísmo, o enseñando porciones de Torá que no son apropiadas para la espiritualidad noájica. Sino que cumplen esa tarea al vivir a pleno de acuerdo a su propia identidad espiritual. Entonces, los gentiles al ver la integridad, bienestar, prosperidad, plenitud de la vida acorde a los mandamientos que los judíos fielmente cumplen, encuentran guía y modelo para aceptar amorosamente su propia identidad espiritual como noájidas y vivir de acuerdo a ella.
    Recuerda, no es cuestión de religión, de palabrería de maestros repetida hasta el cansancio, ni de bailoteos o poses atrevidamente místicas. Sino de llevar una vida de construcción de SHALOM, por medio de acciones concretas de bondad y justicia, tanto en lo interno como en lo externo.

    Así, estaremos llevando al Yo Vivido a estar en armonía con la dimensión ética/espiritual, la de la NESHAMÁ.
    Gracias a la TESHUVÁ se limpian las manchas producidas por el pecado.
    Con la conducta positiva se corre un poquito, en la medida de lo posible (bien poquito, para no intoxicarnos y llevarnos a la terrible muerte –hazme acordar de contarte más de esto, por favor-), el cortinaje que separa el Yo Esencial del Yo Vivido, y resplandece entonces la LUZ en nuestra vida.

    Podemos seguir en oscuridad, con las cosas caóticas de siempre, convertidas en pesada rutina de amargura, ira contenida, enojos, reproches, culpas, manipulación, violencia, negación, idolatría, religión, y todo el resto que es pesada carga de muerte en nuestra vida.
    O podemos empezar a andar el camino de la LUZ.
    No es magia, no es milagros, es simplemente construir SHALOM.
    ¿Para quién es la ganancia sino para ti y aquellos que amas?

  • Un mundo ideal–Ekev 5775

    Continúa Moshé recordando capítulos de la historia reciente de Israel. También vuelve a dictar y clarificar muchos de los mandamientos que Dios ya había establecido para los judíos. Por esto, el sefer Devarim es conocido también como “Mishné Torá”, “la repetición de la Ley/Enseñanza”, o Deuteronomio como se le llamó en griego.

    Un pasaje notable afirma que las mitzvot forman la Constitución que debe regular la vida individual y colectiva de la nación judía en su país. Es el camino marcado por Dios para establecer una vida de paz, de prosperidad, de entendimiento, de concordia, con los pueblos extranjeros, con los hermanos y consigo mismo.
    La Torá no está proponiendo una religión, ni una conducta ritual, sino un plan de vida integral, de perfeccionamiento, de crecimiento, de armonía bajo la sabia y amorosa guía que Él nos brinda.
    Según está escrito:

    «Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os mando hoy, para que viváis y seáis multiplicados, y para que entréis y toméis posesión de la tierra que el Eterno juró dar a vuestros padres
    (Devarim / Deuteronomio 8:1).

    Pensemos un poquito: si todas las personas cumplieran con los mandamientos que les corresponden, ¿no estaríamos ya viviendo en un verdadero paraíso terrenal?
    Porque la mayor parte de las cosas desagradables que nos suceden no son causadas por la naturaleza, ni por accidentes imprevisibles. Realmente, los daños que nos sobrevienen son casi siempre debido a la intervención del hombre, ya sea porque actúa erróneamente o porque está incumpliendo con algunas de sus responsabilidades.
    ¿Habías considerado este punto anteriormente? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad en lo que nos sucede, como individuos y como colectivo?

    Entonces, cuando toda la humanidad tome conciencia de que podemos vivir mucho mejor, dedicar nuestra energía y tiempo a cuestiones que contribuyen al bienestar individual y general, ese día estaremos disfrutando de la tan anhelada Era Mesiánica. No como un evento mágico o milagroso, sino como un proceso de crecimiento de la humanidad que lleva a una nueva era de comprensión y acción que es al mismo tiempo buena y justa.

    Podemos encontrar expresada esta idea en nuestra parashá:

    «Y será que por haber obedecido estos decretos, por guardarlos y ponerlos por obra, el Eterno tu Elohim guardará para contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Él te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano y tu vino nuevo y tu aceite, la cría de tus vacas y el incremento de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Serás más bendecido que todos los pueblos; no habrá hombre ni mujer estéril en medio de ti, ni entre tus animales. El Eterno quitará de ti toda dolencia y todas las terribles enfermedades de Egipto, que tú conoces.»
    (Devarim / Deuteronomio 7:12-15).

    ¿Deseamos que esto sea realidad? ¿Qué podemos y queremos hacer nosotros para contribuir a materializar esta promesa de Dios?

  • NEFESH y NESHAMÁ

    El alma (NEFESH) NO debe ser confundida con el espíritu (NESHAMÁ).
    NESHAMÁ es nuestra identidad espiritual, el Yo Esencial, la chispa divina que somos aquí y en la eternidad.
    La NESHAMÁ no depende de nuestras acciones, ni de nuestras creencias o voluntad, ni se afecta por nuestros pecados o incordios. Su existencia pura y exclusivamente de Dios, y nada más que de Él. No se forma con materia, ni se transforma con mitzvot, ni se desbarranca en la desesperación del pecado. Su lugar y tiempo es fuera del aquí y ahora, aunque está absolutamente presente aquí y ahora.
    La NESHAMÁ es de otro plano de existencia, completamente por fuera de nuestro tiempo/espacio, y por tanto incomprensible.
    Podemos darnos algunas ideas con metáforas, tratar de explicar confusamente, pero ciertamente que no tenemos herramientas cognitivas y cognoscitivas para penetrar su realidad.
    Entonces, quédate con este simple hecho: el tú que más eres, es ese tú que más desconoces, esto es tu NESHAMÁ.
    Y sin embargo, también somos Yo Auténtico y el Yo Vivido, este último es el más pasajero y cambiante pero al cual reconocemos habitualmente en el espejo y en nuestra vida cotidiana.

    Como te decía, alma no es espíritu ni se confunde con él.
    El alma no tiene adicción al espíritu, más por el contrario, en este mundo está su sentido. Por ello, una de las maneras tradicionales de comprender el NEFESH es como “energía vital”, aquella fuerza que nos impulsa a mantener con vida en este mundo, para este mundo.
    Se nutre con materia y energía, la que proviene de nuestros alimentos. No comes, o tu dieta no es saludable, tu alma se resiente. Sea la comida kasher o no (en la comida apta para judíos o la que es apta para noájidas, cada cual según sus reglas).
    Precisa de luz, ejercicio físico, reposo, cuidados corporales, abrigo, medicamentos, suplementos nutricionales, dormir; es decir, lo que cualquier profesor de biología te puede indicar y el médico recetar para llevar una calidad de vida adecuada.

    Si tu brújula ética/espiritual, que proviene de la NESHAMÁ, te anda desorientando, entonces probablemente afectes a tu NEFESH, pero no en un plano místico, ni cuestiones metafísicas, o de índole espiritual. Será afectada porque vivirás estresado, amargado, angustiado, mintiendo, robando, delinquiendo, consumiendo drogas, en relaciones con personas tóxicas, en fin, pon tú aquí en la lista todo lo que nos puede maltratar por no seguir la senda de la ética/espíritu.

    Pero no, no será el espíritu el que se afecte si se afecta el alma, aunque puede que sea el alma la que se vea afectada si desoyes la guía silenciosa y poderosa del espíritu.
    Sin embargo, el NEFESH no tiene conciencia ni predisposición por la NESHAMÁ.
    El NEFESH alimentará con su energía vital otras áreas de tu ser para posibilitarte tomar conocimiento y conciencia de la necesidad de una vida ética/espiritual.
    Pero, no por una voluntad sobrenatural, sino por el sencillo procedimiento de brindar energía a tus células para que realicen los procesos que habilitan el pensamiento, el cual llega a conectar de manera despierta con la conciencia espiritual.

    Todo tu ser depende de la NESHAMÁ, tal como del NEFESH.
    Pero, los animales siguen su vida sin ser NESHAMÁ, y hasta tuvimos antepasados y contemporáneos antiguos en todo idénticos a la especie de Adam, hasta en cultura y obras, pero que carecían de NESHAMÁ.
    Sin embargo, el día que el NEFESH se desprende de tu organismo, ese día pasas a ser solamente NESHAMÁ, un difunto para este mundo.

    Cuidemos mucho nuestra NEFESH, porque es la que posibilita que la NESHAMÁ tenga una presencia material en este mundo, y así pueda ejercer la tarea sagrada que Dios le ha encomendado.
    Y no cuidamos nuestra alma con estudio inspirados, ni con palabras filosóficas, ni con entreveradas resoluciones legales; sino simplemente llevando una vida ecológica, armoniosa, vital. Y si contamos con la activa guía de la NESHAMÁ, con su sentido ético/espiritual, entonces el NEFESH podrá precaverse de muchos inconvenientes y malestares.

    Haz las cosas razonables para llevar una vida saludable. No precisas de maestros espirituales para ello, la ciencia y la experiencia sabia nos da grandes líneas de conducta.
    Pero también, añade la guía ética de TUS mandamientos, aquellos que Dios te ha dado, así pones en armonía tu NEFESH con tu NESHAMÁ.
    Siete que corresponden para los hijos de las Naciones, y para el judío aquellos que sean apropiados para él de los 613 de la Torá.

  • Tú eres caos

    Tu mente procesa la realidad, con los datos que recibe a través de las percepciones va generando un mapa interno que muchas veces determina el mapa externo.
    Porque, tal como creemos es como vemos.

    Estamos en el mundo, pero no somos ajenos a él.
    Somos mundo también y al mismo tiempo vamos creando y recreándolo con nuestras ideas.

    Somos juez y somos parte.
    En un constante cambio, lo que pasa fuera y lo que sucede dentro, todo está en movimiento, incluso cuando parece monótono y monolítico.
    ¿O acaso te das cuenta de que el planeta gira y rota a velocidades fantásticas a cada instante, pero tú te lo imaginas quieto y reposa, como un centro universal inamovible?

    Algo parecido nos pasa con nuestra propia identidad, la del Yo Vivido.
    La armamos con los retazos que recibimos de otros, con sus mandatos, con las presiones sociales, con lo que vamos elaborando, con lo que vamos experimentando, con los latigazos del EGO y los susurros claros y cristalinos de la NESHAMÁ.
    En cierto momento nos imaginamos que somos el ombligo del universo, que somos esa tierra alrededor de la cual gira todo el cosmos. Y no somos más que una pequeña particula del universo. Con gran importancia, claro está, porque nuestra existencia tiene sentido y trascendencia; pero no dejamos de ser un átomo en la creación.
    Y sin embargo, vemos como la luna nos sigue, creemos que hablan de nosotros, que si ordenamos a los dioses ellos cumplen nuestros deseos (incluso pretendemos que el Uno y Único lo haga), sí fantaseamos con ese poder que no tenemos, cuando estamos hundidos en la impotencia.
    Y nos creemos inamovibles, como que nuestra identidad del Yo Vivido es esa, estable, sin cambios, lo que fue, es y será.
    Y lo cierto es que no es así.
    Nuestra NESHAMÁ sí es el centro inmóvil, inalterable, pero el resto de nuestra personalidad, esa que llamamos “yo”, esa está en movimiento incluso aunque nos aferremos a ciertas imágenes o creencias.
    Y al no reconocer los cambios, al luchar inútilmente contra ellos, al negarlos, lo único que conseguimos es hundirnos, amargarnos, excluirnos de la realidad, derivar hacia el caos.

    La realidad es caótica, pero hay manera de que cobre sentido.

    Es caos, que se organiza cuando se pone energía en hacerlo.
    Va por sí mismo hacia el desorden, si no se interpone poder para enmendarlo.
    Corregir el caos, tal como el Creador hiciera desde el comienzo, en los “días” en que Él creó y ordenó.
    Mejorar el mundo, tal como Él nos mandó que hiciéramos en este Séptimo Día Universal que estamos viviendo hasta que amanezca definitivamente la Era Mesiánica.

    El caos se quiere imponer desde su no voluntad ni conciencia. Lo dice la Ley de la Entropía, pero mucho antes lo explica la Torá.
    Y si no ponemos de nuestra parte poder, ingenio, creatividad, voluntad, será finalmente la controversia la que venza, la mescolanza la que reine sobre el vacío de sentido.

    Ordenemos nuestra mente, para ordenar nuestra realidad.
    Y luego, no nos quedemos simplemente en pensamientos positivos, en buenas intenciones, en ideas geniales, sino que transformemos creativamente el mundo para llevarlo a su máximo nivel.
    Comenzando por el mundo interno, para reverberar luego en el mundo compartido.

  • El rústico emperador

    Siendo tan débil, ¡qué fuerza tiene el EGO!
    ¿Cómo una minúscula parte escondida en lo profundo de nuestro cerebro puede levantarnos para dejarnos caer, arrastrarnos para destrozarnos?
    ¿Cómo?
    ¿Una minúscula sección de nuestro ser, que no tiene conciencia, que carece de voluntad o deseo, que no es una personalidad o una entidad mística, nos esclaviza y somete?

    Ante esta realidad, no es de extrañar que los primitivos creyeran en la existencia de un demonio bravucón y tentador, que como un ángel caído del alto sitial en la corte celestial buscara perjudicarnos.
    Porque, sí, eso es lo que parece.
    Porque lo imaginamos como un ser con inteligencia, creativo en sus malas intenciones, codicioso de alabanzas, dispuesto a cualquier trampa para doblegarnos. Y esa imagen no tiene realidad, es solo nuestra antigua fantasía que trataba de dar cuenta del fracaso del hombre para sobreponerse a sí mismo.

    El EGO se impone, con sus herramientas simples y rústicas. Nos ataca desde lo más profundo de nuestro ser primario. Allí, en en un lugar que no usa palabras o símbolos para expresarse. En una realidad material, totalmente material y sin visos de misticismo o magia. A cargo de enviar códigos químicos que nos exaltan y también nos nublan. Hormonas que nos paralizan en terror y desánimo, o nos elevan en sensaciones de gloria y poder. Trabaja en las sombras el EGO, sin pretender nada, pero con la apariencia de quererlo todo. Sin ningún viso de conciencia, pero que nos lo imaginamos astuto y hábil en su trabajo de esclavizarnos y mantenernos a su servicio.

    Sí, es fácilmente comprensible que las personas faltas de conocimiento le atribuyan poderes de divinidad, que asuman su presencia y dominio con reverencia y religioso temor. Porque no falta quien le detesta y maldice, así como los que le adoran y tratan de conciliarlo con señuelos rituales. Todos ellos, los contrarios y los propios, confundidos por sus febriles imaginaciones y creencias, que trastocan una realidad simple y material para de esa forma tratar de ganar un poco de entendimiento y tal vez dominar a aquel que creen que los domina. Y no, nada consiguen realmente, porque el EGO no es ni dios ni demonio, ni ángel ni pervertido, ni guerrero ni pacifista, es solamente un pedacito de nosotros encargado de unas cuantas tareas vitales y primarias, tal como las tienen también muchos otros de los animales con los cuales compartimos este planeta.

    No es con religión ni con palabrería politizada que tendremos el relativo control sobre nuestras vidas.
    Aunque, quizás con sus mecanismos opresivos estas manifestaciones sociales del EGO por ahí alcancen a mantener un poco al EGO a raya. Pero, lo más probable es que el EGO se ría en sus caras finalmente.

    Hay que ser cuidadosos y no dejarse llevar al barranco, aunque parezca que la respuesta naciente del EGO sea «solución» a los problemas.
    Porque la verdadera función del EGO es proveernos de algún mecanismo primitivo y básico para obtener ayuda/atención en momento de real impotencia, y así resguardar nuestra vida. En otros momentos, solo puede provocar desastres, aunque en apariencia a veces se obtienen éxitos externos.

    Para que lo sigas estudiando y si quieres comentando aquí debajo.

  • Los irresponsables de… ¿Dios?

    Esta imagen la compartía una persona declaradamente cristiana en una red social, con toda su absoluta fe ciega puesta en su deidad.
    Me hizo acordar a otra persona cristiana, el cual en la misma red la semana anterior decía algo así como: “no me importa invertir mi dinero o cuidarlo, ni trabajar o ser esmerado en el empleo, porque mi prosperidad SOLO depende de dios y él quiere que yo sea prosperado”
    Quienes me recuerdan a montón de personas judías y noájidas que he conocido que tienen idéntica fe en un mágico dios disponible 7/24 para servirles en todos sus caprichos y necesidades.
    Un patético dios ¿todopoderoso? que no tiene nada mejor que hacer con su tiempo y súper poderes que estar a la espera de alabanzas y pedigüeñas órdenes, para luego cumplirlas, igualito al genio de la lámpara de Aladino.
    Entonces, pretenden comprar el poder de su dios con rezos, salmos, ensalmos, donativos, ofrendas, reclamos, aplausos, bailecitos, repetición de lemas, pensamiento positivo, adoración de sus líderes religiosos, rituales, apartarse de construir un mundo de SHALOM, restringirse en todas las cuestiones “mundanas” pero paradójicamente estar desesperados por obtener todo tipo de prebendas y beneficios materiales de parte de dios. (Adrede lo escribo con d minúscula).

    Cuando, el Uno y Único, el Verdadero Dios, nos ha declarado y ordenado exactamente lo contrario, como por ejemplo cuando explícitamente declaró:

    «Solamente cuídate y cuida mucho tu vida»
    (Devarim / Deuteronomio 4:9)

    Es un mensaje que nos deja a nosotros la responsabilidad por el cuidado de nuestras vidas, hasta el punto de tener que ser detallistas y en extremo cautelosos para no ponernos en riesgos innecesarios.
    ¿Por qué?
    ¿Acaso será porque un Papá Noel misterioso nos rescatará del abismo si andamos como idiotas auto enceguecidos por la fe y las creencias prostibularias por la vida?
    Lo cierto es que Él no va a poner una mano sobrenatural para sostenernos en el abismo cuando nada hacemos de nuestra parte para cuidarnos, para ser responsables, para tomar compromisos y cumplirlos. Tal vez, por cuestiones que solamente Él comprende, alguna que otra vez le dará una manito a algún atolondrado fanático que tiene la fe como monolito en su cerebro. Pero, pescar un tiburón no significa que el océano solamente está habitado por ellos.

    Entonces, tenemos dos opciones:
    a- hacer caso a los vendedores de espejitos de colores, los falsos profetas, esos clérigos y laicos que nos quieren hacer creer en un dios fantástico, de cuentos de hadas, disponible para servirnos como un miserable pero poderoso lacayo;
    b- o vivir con conciencia ética, es decir de manera espiritual, construyendo SHALOM con acciones prácticas de bondad y justicia, haciendo así manifiesta la Presencia del Eterno a cada paso; en las buenas y en las no tanto.

    Claro está, los adoradores del EGO en cualquiera de sus formas divinizadas y sus religiones, pronto argumentarán a favor de la mística sobrenatural que todo lo puede y que concederá el deseo al que por fe demanda del universo que lo satisfaga. Traerán a colación palabras de sabios, de líderes religiosos, de profetas y no dejarán de mostrar la prosperidad y éxito de los que se abandonan a la fe ciega.
    Ah, el EGO, con sus astutas maniobras para mantener a sus esclavos en la impotencia pero a veces haciéndoles delirar con lo poderosos que son…

    Como sea, no camines mirando la nada, porque te podrías caer y lastimar. No cruces la calle con los ojos cerrados, esperando que un escudo te proteja de los vehículos que pasan por ahí. No esperes que te llueva el maná, o que alguna lotería te favorezca cada semana. No vivas dependiendo de milagros, porque con extrema claridad enseñan los Sabios:

    “Ein somjin al hanes – No se vive dependiendo de milagros”
    (Shabbat 32a; Taanit 20b)

    Entonces, la próxima vez que te encuentres con estos creyentes en dioses ajenos, en la magia a su servicio, por favor, ¡ten mucho cuidado! Por ahí está ebrio y te pide las llaves de tu auto para conducir; te pide dinero y lo derrocha tontamente dejándote en la ruina; te hace adorar un dios falso, que arruina tu belleza interior y crea un bloqueo en tu conexión con la Vida.

    El Eterno no es un viejito regalón que anda haciendo favores por doquier a cambio de recitos, bailecitos, palmitas, salmitos, o cualquier otro truco idéntico al que usan todos los brujos y encantadores.
    ¡Cuida mucho tu vida!