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  • A tus ojos

    Llegaron los exploradores enviados a recorrer durante cuarenta días la tierra que Dios había prometido para los judíos.
    Traían frutos de allí, informes, así como también sus preconceptos y angustias: «Y le contaron diciendo: -Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel. Éste es el fruto de ella.» (Bemidbar / Números 13:27).

    Al principio así la describían, como una tierra maravillosa, productiva, estupenda. Sin embargo, había personas muy poderosas viviendo allí, con ciudades fortificadas, lo cual les hacía temer y ellos pronosticaban el fracaso.

    Cuando uno de los exploradores dijo que no hay nada para temer, pues el Eterno había prometido que ellos tomarían la tierra, esto es lo que los exploradores amargados dijeron: «-No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y comenzaron a desacreditar la tierra que habían explorado, diciendo ante los Hijos de Israel: -La tierra que fuimos a explorar es tierra que traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son hombres de [grandes] medidas.» (Bemidbar / Números 13:31-32).

    ¿Cómo es esto?
    En una primera versión mencionaron una tierra fértil y de vida; pero ahora, ahogados en sus propios miedos, la desacreditaban y hacían resaltar aspectos negativos, que eran reales o solamente imaginados por ellos.
    Es lo que pasa, los datos se cuelan a través de nuestro sistema de creencias, entonces no percibimos la “realidad como es”, sino la realidad que creemos que es.
    Si en nuestro sistema de creencias la tierra es buena, encontraremos detalles que lo confirmen; pero si creemos que es mala, también habrá evidencias para demostrarlo.

    Tal como creemos, percibimos.
    Entonces, no es “ver para creer”; sino “como creo, veo”.

    Por supuesto que podemos dejar de depender de la imaginación y de los preconceptos, para dedicar esfuerzo, trabajo, paciencia, tiempo a analizar con relativa objetividad y de esa manera dibujar una realidad menos contaminada por nuestra creencias y más acorde a lo que es en sí mismo. Pero claro, ¿quién va a querer dejar de vivir en su propia versión del mundo para animarse a descubrir otra realidad?

    En palabras simples, si crees que no puedes, lo más probable es que no puedas. Y si crees que puedes, entonces harás lo necesario para convertirlo en un hecho.

    Tenemos más datos en la misma sección de la Torá, cuando los exploradores desanimados afirman: «También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.» (Bemidbar / Números 13:33).
    Ellos suponían que los habitantes del lugar los despreciaban, porque ellos mismos se creían despreciables. Como no se querían, creían que los demás tampoco los querían. Y lo confirmaron porque aquellos moradores no les dirigían la palabra, ni siquiera parecían interesados en saber qué hacían esos extraños merodeando entre ellos. Eso, “obviamente” significaba que no tenían ningún valor, que ni siquiera ameritaban ser sospechosos de estar espiando o algo parecido.
    Si se hubieran animado a salir un poquito de su cajita, de la celdita mental, quizás hubieran preguntado algo, comenzado un diálogo, algo… pero no, ¿para qué? Si ellos creían algo y encontraron como demostrarlo con supuestas evidencias.

    Pero, una de las tantas explicaciones de los sabios nos informan del motivo por el cual los locatarios no les hablaron, ni le apresaron para acusarles de alguna cosa sospechosa.
    Es que ellos pensaban que los extranjeros eran ángeles o hijos de emisarios celestiales, gente totalmente diferente, inalcanzable, a los cuales no se les podía dirigir la palabra.
    Si esta explicación es la acertada entre todas las otras, ¡mira que simpático el panorama!
    Unos se creían menos que humanos, como langostas, y por ello suponían que aquellos no les hablaban.
    Los otros se creían menos que ángeles, como simples humanos mortales, y por ello suponían que no tenían derecho a hablarles.

    ¡Cuán diferente hubiera sido la cosa si ellos salían de sus creencias por medio de la sana crítica!
    Pero no, no fue así.
    Se quedaron en las sombras conocidas, temidas pero habituales compañeras.

    ¡Qué difícil resulta obtener un poco de confianza cuando parece que obtenemos seguridad agobiados por nuestros problemas y dificultades!

    Con otra paciente, embarazada, comentábamos lo difícil que nos resulta hacer esto y confiar.  En cierta forma, encontramos seguridad en los problemas y dificultades. 

    Si por un ratito dejáramos la celdita y nos aventuráramos a desafiar al miedo, ¿qué pasaría?
    Si dejáremos el sofá de los preconceptos, por ahí sentiríamos más energía, determinación, creatividad, amor, conexión con el Eterno; pero, como nos quedamos hundidos entre los incómodos cojines de nuestra zonita de confort, no experimentamos mucho de ello.
    Hasta nos defendemos con el absurdo dicho: ”más vale malo conocido que bueno por conocer”.

    Respira, párate, mira con determinación y da ese paso positivo que el miedo detiene.
    Por ahí descubres un poder dormido en ti.
    Tal vez te das cuenta de que era mayor el miedo que lo que en efecto ocurrió.
    Quizás aprendas que tus creencias no son sagradas, y que muy por el contrario probablemente sean tóxicas.
    Pero, no lo sabemos si no das ese paso positivo que crees que no puedes dar.

    Acéptate, con tus limitaciones y glorias.
    No eres una langosta, sino que eres persona. Y si fueras langosta en verdad, ¡feliz de ti que por fin te diste cuenta y vives de acuerdo a tu identidad esencial!

    Ayuda a otros con bondad y justicia, sin esperar nada a cambio, pero tampoco sin perjudicarte con tus acciones.
    Rompe los esquemas, abre tus ojos a una realidad diferente a la que te enrosca y susurra.

    Entrégate a Dios, no como un acto de tonta fe, o como una pasión religiosa, sino como la aceptación de tu identidad espiritual, de tu herencia, de tu responsabilidad para cumplir la misión que tienes.

  • Ideas y personas tóxicas

    Se podría decir que Koraj tenía todo para estar satisfecho y agradecido e incluso feliz. Era valorado y querido por muchas personas; poseía innumerables riquezas que le permitían un muy buen pasar material; su familia era adorable y distinguida; era famoso por su ingenio; primo de Moshé y Aarón y tenía un cargo en los servicios del santuario.
    ¿Qué más podía querer o soñar?
    Y sin embargo, no estaba conforme.
    Él pretendía mucho más, aunque para lograrlo tuviera que contradecir lo que ordenó el Eterno, o generar disturbios, o engañar a la gente, o sacrificar la vida/seguridad propia y de su familia y seguidores, o lo que fuera necesario.
    Es decir, por ese pequeño puntito que no tenía y desesperadamente quería, estaba dispuesto a perderlo todo.
    Parecía que para Koraj primero estaba Koraj y sus deseos. Pero, cuando analizamos nos damos cuenta de que al actuar así, Koraj se perdía en las nubes producidas por su ambición. No era Koraj quien se beneficiaría de la pasión desbordada de Koraj.
    Nos hace recordar una famosa enseñanza de nuestra tradición:
    Rabí Eleazar Hakapar dice: La envidia, la codicia, y la búsqueda de honores sacan al hombre del mundo.” (Pirke Avot 4:21).
    Para peor, se asesoraba con los terribles Datan y Aviram, quienes eran conocidos por sus repetidas imprudencias y traiciones.
    Ellos junto a doscientos cincuenta líderes israelitas impulsaron una revolución en contra de la autoridad de Moshé y Aarón, aduciendo que Aarón no tenía derecho para ejercer las funciones del Cohen Hagadol (Sumo Sacerdote). Ese era el cargo que anhelaba Koraj para sí, ¿oh casualidad?
    Para lograr la adhesión del pueblo introdujo quejas y críticas populistas, como haciendo creer que su interés honesto era el bien de los despojados, lo cual no era cierto.
    Al final, aquellos dispuestos a trepar subversivamente, terminaron tragados por la tierra, con sus seguidores y todas sus pertenencias, pero los hijos de Koraj se salvaron.
    Algunos integrantes del pueblo se disgustan por esto, ya que culpan a Moshé en lugar de admitir que el verdadero causante fue Koraj y sus seguidores. Por ello, Hashem permite que una plaga cause el deceso de miles de personas.
    A pesar de haber sido inculpado injustamente, Moshé ruega a favor del pueblo, e indica a Aarón que expíe el pecado de ellos, por lo cual la plaga finaliza.
    Aquí no terminó el asunto, sino que continuaron los coletazos de estos dramáticos momentos, los cuales te invito a estudiar luego, así como que descubras el resto de los interesantes temas que presenta esta parashá.

  • Luz y tinieblas

    «Dijo Elohim: ‘Sea luz’ y fue luz.
    Vio Elohim la luz que es buena y separó Elohim entre la luz y entre las tinieblas.»
    (Bereshit / Génesis 1:3-4)

    Tanto se puede estudiar y aprender, ¡tanto!
    Y no me refiero a cuestiones metafísicas, o que intentan descorrer el velo de lo acontecido en un tiempo sin nombre ni memoria; estoy pensando en aquellas cosas que pueden servirnos para vivir mejor aquí y ahora, con plenitud, bondad, shalom. Una vida con sentido, trascendente, y que por lo tanto nos abre un existencia en el más allá con mayor deleite y bienestar.

    Por ejemplo: si Elohim declara que la luz es buena, ¿por qué separarla de la oscuridad?
    ¿No hubiera sido mejor si en lugar de dar cabida a las tinieblas se hubiera permitido que la luz colmara todo el espacio, llenando así de lo que es bueno completamente la realidad?

    Se pueden intentar varias respuestas a estas interesantes cuestiones, pero me limitaré a pocas ideas, que como dije, sirvan de manera práctica en nuestra vida cotidiana.

    1- Si solamente existiera luz, sin siquiera un lugarcito para las sombras, entonces no habría posibilidad de ninguna otra cosa. Todo sería luz. Por tanto, no habría forma posible para todo el resto de lo creado, incluyéndonos nosotros.
    Moraleja: agradezcamos tanto por la luz como por la oscuridad, pues ambas son necesarias.

    2- El declarar la luz como buena no implica necesariamente que las tinieblas sean malas, o que no sean buenas.
    No está declarado nada aquí acerca de la calidad de la oscuridad.
    ¿Quizás sea buena también?
    ¿Quizás su bondad sea tan evidente que por ello fue innecesario que el Eterno lo declarara?
    ¿Quizás no sea buena, pero tampoco mala?
    ¿Quizás es mala, pero su presencia indispensable, y por tanto de cierta forma buena?
    Yo no sé si esto es cierto o no, pero vale la pregunta para no quedarnos pegados con el preconcepto de que si la luz es buena, necesariamente la tiniebla no lo es.
    Enseñanza: no prejuzgues, pregunta y busca la comprensión aunque no llegues a la verdad.

    3- De no haber contrastes, contradicciones, polos, sería imposible destacar la virtud de la carencia.
    Moraleja: para disfrutar es necesario conocer la falta.

    4- El Eterno es quien juzga lo que es bueno de aquello que no lo es.
    Enseñanza: debemos tener en cuenta lo que Él nos reveló a través de sus profetas fieles. La moral depende de las modas humanas; pero la ética tiene una base espiritual, proviene de Dios. Cuando entran en contradicción la moral con la ética, debemos atender a ésta última.

    5- El Eterno es el creador de todo, de las tinieblas así como de la luz, de lo bueno como de la falta de bien; y sin embargo no quiere que se mezclen y se conviertan en un caos, en algo sin distinción ni provecho. Para cada cosa hay un tiempo y lugar.
    Moraleja: cuando se debe sembrar, no es tiempo de cosechar. Cuando estamos recolectando, no es momento de repartir las ganancias que todavía no llegaron.

    6- Si la luz fuera símbolo de lo espiritual y la oscuridad de lo que no lo es, la conclusión podría ser que ambas son necesarias.
    Enseñanza: si bien la luz es la declarada buena, y por tanto la que debe “alumbrar” nuestros pasos para andar por un bello camino; también la oscuridad tiene su valor, siempre y cuando quede al servicio de la luz.

    Bien, hasta aquí unas poquitas y simples ideas, ¿se te ocurran algunas otras que quisieras compartir con nosotros?

  • Resp. 5940 – Pan trenzado y luces trenzadas

    Bendecido!
    1- Se me indico que mi jala debe tener 12 trenzas pues cada trenza simboliza una de las 12 tribus.
    2-  Sin embargo, la vela de Havdala tambien tiene trenzas.
    3-  Que puede comentarme al respecto.
    4- Llevo poco tiempo aprendiendo acerca del Shabbat y aprecio su ayuda.
    Shalom
    Lara Kaoru

    (más…)

  • Motivo para actuar bien

    El RAMJAL menciona tres clases de personas que actúan bien, quien lo hace:

    • por miedo al castigo;
    • para obtener una recompensa;
    • únicamente motivado por lo ético/espiritual.

    Obviamente que todas estas personas son meritorias, pero su nivel de mérito varía de acuerdo a lo que los mueve.

    De hecho, solamente la persona que se conduce de acuerdo a la ética/espíritu, está a más a salvo de desviarse adrede de la buena senda. Porque, el que huye del castigo, si encuentra la manera de que sus hechos no sean presentados en su contra, o de deslindar la responsabilidad, ¿por qué no habría de actuar mal? Realmente no está interesado en el bien ni en la justicia, sino simplemente en no padecer.
    El que solamente hace lo bueno para tener ventajas, probablemente dejaría el bien hacer al informársele que no existen premios, o que por alguna cuestión no los recibirá de acuerdo a su deseo. También, en caso de estar ya satisfecho y no tener nada más por delante, ¿cuál sería el motor para sus buenos actos?
    Ambos, además corren un gran riesgo, el de amargar su humor, enojarse con la vida, y por tanto dejar de lado lo bueno para hacer lo que les viene en gana.
    Por su parte, la persona que está firme en su lealtad al bien porque es lo bueno y justo, lo que debe ser hecho, difícilmente traicione su identidad ética/espiritual.

    ¿Cómo hacer para ser una persona ética?

  • Porque Tú estás conmigo

    Dice el inspirado salmista (23:4):

    «Aunque ande por valle de sombra de muerte, no temeré mal, porque Tú estás conmigo«

    En este mundo estamos tan limitados, reducidos a padecer constante impotencia.
    Estamos en un valle ensombrecido por la presencia de la muerte, que es la máxima expresión del no-poder.

    Nuestro potencial, que es la capacidad de superarnos, nos puede llevar un pasito más allá, un peldaño más arriba, pero el tope pronto nos estorba el progreso.
    Es un hecho, este mundo es de limitaciones.
    Incluso el pensamiento entrenado para razonar, fortalecido por la imaginación productiva, aceitado para expandirse, finalmente tiene un muro que lo contiene.
    Solamente el espíritu se vincula con lo infinito, con el poder sin límite.
    Pero, el espíritu es solamente una de nuestras dimensiones en tanto moradores de esta realidad mundana, por lo cual, aceptar nuestra impotencia es parte del poder.

    Mira que paradoja, morir es la máxima de las impotencias, pero al mismo tiempo es cuando dejamos la impotencia de este mundo para existir en la plenitud del mundo venidero.
    Sin embargo, no tenemos ni permiso ni derecho para apurar nuestra partida, sino que debemos mantenernos aquí hasta que nos llegue el momento de trascender.

    Entonces, tengamos presente que no tengo control de lo que no puedo controlar, aunque llore, grite, patalee o niegue la realidad: mi dominio es limitado y hay una infinitud de factores y elementos que no pueden ser determinados ni por mis deseos, caprichos, pensamientos, oraciones, necesidades, trueques, trucos, negociados, etc.
    Debo internalizar mi impotencia, analizarla y aceptarla; porque al hacerlo obtengo una cuota de poder.

    En nuestra debilidad vivamos la vida, plenamente, en la medida de nuestras posibilidades. Dentro de lo permitido, apartándonos de lo prohibido.
    Tengamos la conciencia de que es el Eterno quien tiene el control, porque al saberlo podremos calmar nuestra angustia aun cuando andamos por valles de sombras o de muerte.
    Él no hará magia para cumplir nuestro caprichos, no aparecerá en un unicornio para salvarnos, aunque recemos mucho, aunque Le prometamos hasta lo inconcebible, Él no está para servirnos ni para darnos un sobrenatural poder sobre nuestra impotencia.
    Pero, saber que Él está, que no nos abandona, que finalmente encontraremos la paz en Su seno, nos puede dar ánimo, entereza emocional y aclarar un poco nuestras ideas.

    Así, podremos esforzarnos y ser valientes, disminuir nuestro miedo, para enfocarnos en la tarea de construir SHALOM con acciones de bondad Y justicia.
    No temeremos el mal, aunque choquemos con el muro de la impotencia.
    Y, si toca sufrir, lo haremos, pero con la capacidad para reponernos en la medida de lo posible y con la voluntad para elaborar un sentido trascendente de nuestra momento, sea de éxito o de fracaso.

    Entonces, haz tu parte, eso es lo que Dios espera de ti.
    Él hará la Suya.

    Ser Sus hijos no nos libra de atravesar valles de sombras o de muerte y puede que sintamos miedo aterrador, pánico o desesperación y es en ese momento que debemos confiar en que Él es nuestro pastor fiel, que nos conduce sin abandonarnos.
    Seamos nosotros quien no Lo abandonamos, pero especialmente quienes no NOS abandonamos a la impotencia y las reacciones erróneas para sobreponernos a ella.
    ¡No cambies a Dios por religión (ni siquiera por la de algunos judíos que desvían la senda espiritual con el pretexto de ser espirituales)!
    ¡No cambies Su compañía por espejismos y la falsedad de la fe!
    ¡Haz tu parte, construyendo SHALOM!

  • El dorado camino medio

    ¡Qué gran problema es la exageración!
    Sea hacia uno o el otro extremo, el de la falta o el de la abundancia, al perder el sentido de la proporcionalidad, nos paramos en un terreno inseguro, resbaloso y arbitrario.
    Dramatizar la impotencia (el no poder), puede ser tan nocivo como ver nuestro vigor a través de una lupa.
    Al no tener cabal noción de nuestro lugar y capacidad, nos cuesta distinguir qué es superfluo y qué fundamental, qué merece la pena dedicar más esfuerzo y qué dejar fluir sin esclavizarnos a ilusiones inalcanzables.
    Difícil evaluar sabiamente cualidades y defectos, cuando nuestra balanza indica cualquier cosa menos algo parecido a la realidad.

    El sabio consejo de Maimónides (entre otros grandes de la sapiencia) ha sido el punto medio, entre tensión y distensión, entre trabajo y descanso, entre bondad y justicia, entre disfrutar y limitarnos, en todo.
    Porque, no siempre a mayor esfuerzo se obtienen mejores resultados.
    Ni cuanto más presión se ejerce se recibe más rendimiento.
    Ni el exceso de actividad procura bienestar.
    Ni la indulgencia extrema resulta en cariño y satisfacción.
    Como sus contrarios tampoco son provechosos.

    El dorado punto medio, es el que integra los opuestos, que anula los extremos perjudiciales, que no acepta lo prohibido ni tolera lo mediocre.
    Más bien es el equilibrio dinámico, no es una estatua estática, ni un monumento paralizado, ni una cosa hecha para perdurar como una momia; sino una realidad que se modifica a cada instante, que precisa de trabajo pentadimensional para sostenerse, para controlar los desbordes, para conseguir la efectividad.

    Así por ejemplo, entre la sabiduría y el razonamiento está el entendimiento; entre la bondad y la justicia está la misericordia; entre el dar y recibir está el compartir; entre el atender y expresar está la comunicación auténtica; entre la impotencia y el poder está la construcción de SHALOM.

    Pero, no solemos andar (hechos, palabras, pensamientos) por la senda media; sino en la exageración.
    Ante la impotencia pretendemos exagerar nuestro rol de víctima y manipular para tener un presunto poder, que es una distorsión exagerada del verdadero poder, lo que nos lleva a ser victimarios de nosotros mismos y/o de otros.

    Te lo explico con un sencillo y cotidiano ejemplo.
    Por el motivo que sea (que no toca analizar ahora) temes equivocarte en tus acciones, entonces te comportas de manera extremista en lo que refiere a ser perfeccionista, exigente, severamente persigues el más mínimo error. Por consiguiente, no paras de cometerlos o descubrir imperfecciones donde nadie más las ve, avanzas en tus proyectos tan lento que pierdes las oportunidades y los tiempos de entrega, te paralizas por considerarte inepto. En resumen, terminas viviendo en la realidad aquello que tanto temías: equivocarte.
    ¿Cuál es el punto medio, el de la no exageración?
    Quizás, admitir que habrá retrasos, contratiempos, desaciertos y tener tolerancia con todos ellos, siempre y cuando no se pase al extremo opuesto, el de la indulgencia arbitraria, la pereza viciosa, la disculpa engañosa.
    ¿Entiendes la propuesta?

    Otro ejemplo cotidiano.
    Crees que no haces lo suficiente para que te quieran, y en vez de atender a tus hijos, comunicarte con ellos, compartir a pleno momentos significativos, escoges el extremo en apariencia fácil: por ello dedicas cantidades enormes de dinero (incluso excediendo tus posibilidades reales) a comprar cariño en forma de regalos, premios sin motivo, salidas a comer y cuestiones parecidas. Derrochas hasta lo que no tienes para comprar el cariño, te niegas a ponerte límites por miedo a quedar abandonada. Al final de la jornada te descubres sola, vacía y sin un peso en el bolsillo aunque llena de deudas. ¿Y tus hijos? Dudo que estés en sus mentes o corazones, a no ser a la hora de las quejas, reclamos, pedidos, y protestas por más y mejores regalos.
    Mejor sería aprender el punto dorado del equilibrio dinámico y así andar por el sendero del medio.
    Cómprales regalos, pero con moderación, que la mayoría de ellos sean premios reales; pero mejor, dedícales tiempo y real presencia, participa junto con ellos, sé parte de sus vidas, da y recibe amor y no compres lo que no tiene precio.

    Y así podríamos encontrar cientos de ejemplos, en las cuestiones que te incumben a ti individualmente, a tu relación con hijos, cónyuge, amigos, padres, jefes, empleados, desconocidos, sociedad, Dios, etc.
    Encuentra tu foco, mide con precisión, anda por el dorado camino medio.

  • Shelaj Lejá 5775

    La parashá semanal es SHELAJ LEJÁ, que significa “envía para ti”, que es la orden recibida por Moshé para despachar a los exploradores que deberían recorrer la tierra prometida a fin de conocerla para traer informes y pruebas fidedignos de su situación.
    Fueron allí doce hombres, líderes de cada una de las tribus, que estaban preparados y en condiciones para cumplir cabalmente su tarea.

    Tras cuarenta días de exploración, retornaron trayendo higos, dátiles y racimos de uvas enormes.
    Estas gigantescas frutas sirvieron a diez de los expedicionarios para atestiguar que también los moradores de Canaán eran tremendos, feroces, con un poder imposible de abatir. Creían que estaban destinados al fracaso si intentaban ingresar a la tierra prometida por Dios a sus patriarcas y a ellos.
    Esta visión pesimista se esparce rápidamente entre los débiles emocionales del pueblo, llevando un lamentable ánimo de desesperación y descreimiento.

    Calev y Ieoshúa, los dos exploradores que confían en el Eterno y Su promesa así como en el potencial de la familia de Israel, intentan calmar a los angustiados. Tienen argumentos enérgicos y racionales, pero la amargura absurda gana terreno fácilmente y muchos del pueblo afirman que prefieren morir allí, o retornar a Mitzraim/Egipto, antes de continuar a su destrucción por pretender alojarse en su hogar.

    El deseo ruin se convierte en realidad, por eso son condenados a permanecer en el desierto para morir allí. Podrían haber ingresado casi de inmediato y tomar posesión de la tierra con relativa facilidad, pero en cambio vagarán durante cuarenta años, un año de exilio por cada día.

    Algunos hebreos deciden desoír la orden para ir a tomar ahora la tierra, pero no cuentan con el apoyo del Eterno. A pesar de las advertencias suben como conquistadores para terminar prontamente exterminados por los feroces enemigos.

    • ¿Podrías plantear al menos diez interrogantes a partir de este relato? Compártelas por favor aquí debajo, en la sección para los comentarios. Gracias.

    Otros temas que trata la parashá:

    · Se alecciona acerca de las ofrendas que elevarán los israelitas cuando, a su tiempo, ingresen a la tierra.

    · Se estipula la separación de la jala de la masa, para ser entregada como donativo a los sacerdotes.

    · Se enuncian las leyes de las ofrendas relativas a los pecados cometidos sin intención previa, tanto los individuales como los comunitarios.

    · Quien blasfema en contra de Hashem sin arrepentirse debe ser separado del pueblo.

    · Se cuenta acerca de un hombre que recogía leña en Shabbat y es condenado a muerte.

    · Finaliza la parashá con las leyes de los Tzitzit, que sirven como recuerdo de las mitzvot y de Ietziat Mitzraim.

  • TRES CLASES DE MALES

    TRES CLASES DE MALES

    Por Shaúl Ben Abraham Avinu

    El gran Rambam (Moshé Ben Maimón), en uno de sus libros más conocido, Moré Nebujim (Guia de Perplejos) recuerda que entre los filosofos la relación de Dios con el universo es designada, entre otras, mediante las expresiones Forma última (הצורה האחרונה), Forma de las formas (צורת הצורות) o Fin de los fines (תכלית התכליות); términos que quieren decir que: «[…] sobre Él se apoya en último lugar la existencia y el mantenimiento de todas las formas del mundo y que por Él subsisten, lo mismo que las cosas dotadas de forma subsisten por sus formas». Esto que expresó en términos filosóficos Maimónides se dijo por siglos en términos de la tradición hebrea como Jay HaOlamim (חי העולמים), Vida de los Mundos.

    Todo este mundo de percepción pleno de vida, dicha y felicidad, todo este ámbito de conocimiento hecho para el intelecto, está, por lo general, vedado al ser humano que en virtud de sus pasiones y por la falta de entrega a las ciencias no puede reconocer, comprender ni entender como está dispuesto la Creación. El ser humano por condición natural está sometido a la materia y ella constituye un velo que aparta al Intelecto Agente de la compresión Divina y que en el Tanaj aparece bajo los nombres de nubarrón, tinieblas, niebla o nubes.

    Pero la naturaleza –hecha de materia- entera es como un anillo que si ignoramos nos encierra, pero si conocemos es el vehículo perfecto para la percepción de lo Divino. Y para que lográramos ese propósito la misma Divinidad otorgó la conciencia para que con ella tuviéramos la oportunidad de aceptar o no su senda expuesta en las mitzvot, estructura de vínculos espirituales cuyo fin es el de ejercitar a quien las practique en el dominio de la materia y en la reforma de sus exigencia y demandas para hacerla participe de lo básico, menguando en ella lo excesivo a través de actos muy concretos y sencillos: en cuanto a la comida y bebida sólo lo necesario; en cuanto a la inteligencia no corrompiéndola mediante ideas falsas; con el cuerpo no abusando de las relaciones sexuales y de comportamientos ilícitos; con el pensamiento no errando en cosas inútiles; con el lenguaje no usando malas palabras.

    Entender el bien y el mal en Maimónides, y desde luego en el Judaísmo, es importante para captar las dimensiones prácticas de su filosofía que no pueden ser apreciada como un asunto moral sino como un tipo de etiqueta del conocimiento que busca emplear todos los elementos cognitivos a su disposición a fin no hacer un uso indebido e innecesario de los limitados recursos que tiene el ser humano en virtud de sus corporalidad.

    En este sentido, el bien y el mal son apreciados como dos campos de acción muy concretos a los que el ser humano se puede entregar si así lo quiere. El bien es que cada ser racional llegue al intelecto en acto. En cuanto al mal (que es al que quiero destacar aquí), su realidad parte de las privaciones y como tal no tiene una existencia positiva en sí misma y es el resultado de la ausencia del bien: no necesitan de que alguien lo cree, su causa no es eficiente sino deficiente.

    Por ignorancia se aprecia el mal con mayor relevancia que el bien solo en virtud del excesivo valor que se da el ser humano en relación con la creación, cuando en verdad éste ocupa un pequeño espacio en el universo y en comparación con las inteligencias separadas, con las esferas (hoy diríamos con los sistemas y la galaxias) y con los planetas los individuos no tienen valor destacable: el nivel de contingencia de los seres humanos es el que los somete a la mayor parte de los males, ya sean por propia autoprocedencia o por accidente. Esto hace que Rambam identifique al mal en tres tipos de causas:

    1) Primera, el mal que nace por sí mismo en tanto que consistencia material natural del ser humano, mismo que lo lleva a estar sometido a la impermanencia, a las enfermedades que le son innatas, o bien causadas por las alteraciones de los elementos.

    2) Segunda, el mal que se originan por los daños y perjuicios que los seres humanos se infligen unos a otros, ya sea la tiranía, las guerras, el robo, la violencia: males que son generales y muchos más numerosos, y no son propios de la naturaleza.

    3) Tercera, el mal que se origina por causa de nosotros mismos, llevándonos al desenfreno, el mal consumo de los alimentos que ingerimos y por el exceso de placeres que al no ser cumplidos a gusto y empacho se culpa a Dios como si este fuera responsable de la insatisfacción al no poder saciarse, actuando como si éste fuera el principal objetivo de la vida.

    Así pues, aunque cueste creerlo por las condiciones del mundo, de acuerdo a Rambam, el bien y no el mal predomina. Lo más necesario para la vida ha sido proveído por Dios en abundancia, como el aire, viniendo luego lo menos necesario pero aun importante, como el agua, y luego los otros alimentos hasta llegar a lo menos necesario, que por ser rarezas se volverán de precio más elevado. Lo verdaderamente necesario para la existencia de las criaturas se ha predispuesto en abundancia y se engañan quienes piensan que por tener lo superfluo mejoraron en su esencia, olvidando que lo contario es más cierto aun: que el que carece de lo superfluo no ha menguado en su valor, pues tiene lo necesario: lo que lo mantiene vivo . Por eso, el ser humano virtuoso, aquel que no va a perder el tiempo con lo inútil, al considerar la naturaleza del ser tal como es (al hacer ciencia diria Rambam) busca realizar el auténtico objetivo para el que han sido destinados: percibir la realidad Divina, actividad propia del Intelecto, dejando para el cuerpo lo estrictamente necesario.

    Y aquí, luego de expuesto esto, me surge una pregunta: ¿Qué deberíamos dejar de hacer o reducir en nuestras vidas para que pudiéramos percibir con más claridad que D-os está presente en todos ya cada uno de los momentos y lugares? Para mi hay una respuesta clara: reduciendo el mal a su medida exacta, no endiosándolo, no agrandando más al enano, dándole su justa medida y asignándole las causas correctas y no atribuyéndole ilusorias fuentes que nos quitan el verdadero nivel de responsabilidad que como seres humanos tenemos ante la creación. Y reconocer esa pequeñez es en verdad hacer grande nuestro verdadero ser. En palabras del gran Rambam en Moré Nebujim (Cap. 12, tomo II):

    El origen de este error se halla en que aquél hombre ignorante, y los partidarios que tiene entre el vulgo, juzgan el conjunto del universo con arreglo al caso de una persona singular. Porque el hombre ignorante cree que el universo existe sólo para él. Por donde, si acaece algo contrario a lo que espera y desea, concluye inmediatamente que todo el universo es malo. Empero, si tomase en cuenta el conjunto, se formase una idea de él y se percatase de cuan insignificante porción es dentro del universo, creo que descubriría la verdad.

  • Brindo por tu Salud

    En 1985, la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud, definió la salud como “La capacidad de realizar el propio potencial personal y responder positivamente a los retos del ambiente”.

    A no ser que nos encontremos en una situación de extrema vulnerabilidad, las reacciones que apelan al llanto, el grito, la violencia física, y/o desconectarnos de la realidad (con los derivados de todos ellos), no son la respuesta positiva a los desafíos que plantea el entorno.

    Es virtualmente imposible desarrollar nuestras potencialidades reaccionando cotidianamente con estos mecanismos primitivos, de naturaleza instintiva y/o que son hábitos formados a partir de conductas necesarias y comprensibles en un niño pequeñito. Porque, estas herramientas son las únicas con las que cuenta el niñito para llamar la atención a la espera de obtener un auxilio de alguien poderoso (madre, cuidadora, etc.) en momentos de sentirse impotente. Pero, no están al servicio de perfeccionar nuestra personalidad ni de alcanzar mejores logros en nuestra existencia.

    Entonces, aquel que su vida joven y adulta está repleta de estas manifestaciones acordes a un niñito, no está actuando saludablemente, está detenido en el tiempo en su desarrollo emocional.
    Quizás intelectualmente ha logrado avanzar, podría incluso ser una persona en un cargo de autoridad, pero eso no deja de ser una estructura endeble, que tambalea al impulso poco ejercitado en lo emocional.

    Una de las prioridades para llevar una vida saludable es también el estudio de lo que se relaciona con el EGO (IETZER HARÁ), para no reaccionar con él de manera habitual, sino que aprender modos de responder y accionar positivamente ante los constantes y permanentes retos que nos proporciona nuestra limitada existencia.

    ¿Hay algo que puede suplantar al llanto/grito/pataleo/desconexión (y cualquiera de sus derivados)?
    ¿La Comunicación Auténtica en lugar de la manipulación?
    ¿La aceptación en vez del aferrarse?
    ¿El agradecimiento que modifique la avidez sin satisfacción?
    ¿La solidaridad que mitigue el egoísmo?
    ¿La construcción de SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia, como respuesta primaria?
    ¿La comprensión que evite la lucha por meramente tener la razón?
    ¿La espiritualidad que mata esa blasfemia que es la religión?

    Existen numerosas maneras de llevar salud a nuestro ser, al entorno, a la sociedad; la cuestión es aprender, desaprender, entrenarnos, trabajar, seguir para adelante, dejar fluir.

  • Nejushtan: la serpiente en el estandarte

    Mucho se ha hablado de la serpiente de bronce sobre el estandarte (Bemidbar/Números 21:4-9). A veces se han dicho cosas brillantes, con enormes enseñanzas y aplicaciones prácticas. En ocasiones fueron fantasías sin pies ni cabeza, pero elogiadas y buscadas por muchos (como las que equiparan el hecho a un personaje mitológico colgado de un madero y que salva mágicamente a sus seguidores). Esta vez quiero presentar otra idea, de la cual no soy el autor pero tristemente no tengo referencia del origen de la misma.

    La serpiente simboliza lo natural, así como también lo pasional y falto de la mesura intelectual.
    Por su parte el palo usado como estandarte, con su línea recta claramente definida, marca lo artificial, aquello que proviene de la acción modificadora del hombre, y que se vincula con el razonamiento, con el procesamiento sofisticado mental.
    Como sabemos, en la naturaleza no se presentan líneas rectas, sino tan solo como obra del hombre.
    Entonces, la representación metálica de la serpiente venenosa está haciendo referencia a ese mundo natural, carente de reglas humanas, desprovisto de espiritualidad, en donde los instintos comandan. Mientras que el estandarte está para simbolizar la acción que proviene del hombre y perfecciona lo ya creado, dotándolo de sentido, de trascendencia, de pensamiento de conexión con el plano espiritual.

    No es casualidad que los faraones usaran un prototipo de tefilín de cabeza mucho antes que aquel ordenado por Dios en la Torá para el uso del judío.
    Una de las enormes diferencias está en que el aparato sagrado faraónico tiene una serpiente sobre la frente, como si el instinto comandara el pensamiento, como indicando que la cabeza es sirviente del deseo. Así era la cultura en Egipto, en donde se empleaban sus grandes recursos intelectuales para someter a las masas a las fantasías religiosas, en donde la perversión estaba en el trono, oprimiendo al espíritu detrás de escombros que ocultaban su LUZ.

    Pero, los tefilín judíos son de cuero de animal que ha sido trabajado para adquirir una forma definida, marcada por precisos reglamentos, con una perfecta forma cúbica, en donde prevalecen las líneas rectas marcadas. No se deja al hombre librado a sus pasiones, ni se lo somete a la ceguera del inconsciente, sino que se le dota de poder para refrenar sus deseos, se le fortalece para que sea el pensamiento iluminado por el espíritu quien se haga cargo y decida.

    Entonces, ¿qué podemos aprender de la estatua de serpiente ardiente/venenosa que se ha enroscado en el estandarte y puesto a la vista de los judíos para curarlos de la mordida?
    Podría ser que el hombre está formado por ambas naturalezas, la natural y la humana, la pasional y la mental, y que cada una tiene su respectivo lugar y función.
    Cuando aprendemos a mantener la armonía apropiada, bajo la luminosa guía celestial que proviene del espíritu, entonces hay paz en nuestro interior, salud, bendición para compartir con el entorno.
    Pero, cuando nos dejamos dominar por una sola de nuestras dimensiones, y especialmente es la más primitiva y menos evolucionado, entonces estaremos cayendo en conflictos, en altercados, en toxicidad, en enfermedad y muerte.

    Es siempre el momento correcto para levantar la vista y buscar la dirección divina, la cual está en la Torá para los judíos y en los Siete Mandamientos para las naciones.
    Entonces, con esa guía sagrada tomar las decisiones correctas de manera racional, sopesada, crítica. Haciendo uso del motor que es la dimensión emocional.
    De esa forma, encontramos una existencia de mayor plenitud.

  • Behaaloteja 5775

    La parashá que corresponde a esta semana se denomina Behaaloteja, que se puede traducir como «Cuando elevares…», palabras que refieren explícitamente al procedimiento de elevar las llamas de la Menorá en el Mikdash por parte de Aarón haCohén.
    Es sugerente que la Torá emplee este verbo, elevar, en lugar del más habitual que sería encender; ¿puedes imaginar algún motivo para esto?

    Luego la Torá continúa relatando que Moshé consagra a los Hijos de Leví para que sirvan en las actividades santas del Mishkán. Como consecuencia del pecado del ‘Becerro de Oro’, los primogénitos de Israel quedaron inhabilitados de ejercer las funciones sacras que les correspondía en un principio, por lo cual, Dios escogió para Sí a los descendientes de Leví. Los leviim deben prepararse durante cinco años antes de comenzar a trabajar en el Mishkán. La edad para el trabajo directo en el Santuario es entre los treinta y cincuenta años; luego el levita pasa a un retiro parcial, a ejercer actividades menos agobiantes.
    Cuando lees este párrafo, ¿se te ocurren algunas enseñanzas que nos pudieran servir para la vida cotidiana actual?

    Más adelante la Torá nos recuerda que hay personas que por diversos motivos no podrían ofrecer el korban Pesaj en su fecha correspondiente, por ello se establece Pesaj Sheini, un mes después de Pesaj, para que lo hagan.
    ¿Es frecuente que se nos dé una segunda chance cuando hemos perdido la primera?

    Tras este tema la parashá explica el procedimiento que seguían los israelitas y quienes les acompañaban para acampar, trasladarse y levantar el campamento y seguir avanzando.

    Después, está nos enteramos que hay personas del pueblo que murmuran malignamente acerca de Hashem, por lo cual Él los castiga con un fuego que los calcina. No contentos con esto, quienes seguían a los judíos en su viaje se quejan del maná y exigen comer carne, pedido insolente al que se suma buena parte del pueblo. Moshé casi se quiebra y se queja ante Hashem que él no puede solo con este pueblo. Por lo cual Hashem le dice que seleccione 70 ancianos, que conformará el primer Sanhedrín, que lo ayudará en su tarea de liderar al pueblo.
    También anuncia que el pueblo se enfermará de comer la abundante carne que Él mandará, lo cual efectivamente sucedió.
    ¿Cómo podemos entender que recibiendo tanto igualmente la queja es una constante?

    Finalizando la parashá, está el relato de Miriam que murmura con Aarón acerca de la esposa de Moshé, así como de las cualidades de profeta de éste. Hashem castiga a Miriam con tzaraat (por haber murmurado) y deja bien en claro que no hay otro profeta de la talla de Moshé.
    Éste reza por ella, mientras el pueblo detiene su marcha para aguardar su recuperación fuera del campamento.
    ¿Tú rezarías por el bienestar de aquel que te hizo un daño?