Charlas con el rabino

Charlas con el Rav Aviner:

-Rav  en los últimos momentos estoy pasando un gran quiebre espiritual

-Eso es algo que le pasa a todas las personas. Hay veces que son crisis más grandes, otras veces más pequeñas, hay épocas más frecuentes otras menos. No hay persona que se escape de éste problema.

-Pero hay personas, grandes personalidades que viven en las ‘alturas’ toda la vida.

-Al contrario, a esas ‘grandes personalidades’ tienen problemas más grandes aún. Cuando Am Israel llegó a la cúspide, escucho la palabra Divina de boca del Todopoderoso fue luego de ello que cayeron en el pecado del becerro de oro. Los sabios lo comparan a una novia que es infiel en el dentro del palio nupcial (Shabat 88 b)

-No me referí al pueblo de Israel en forma global sino a personas particulares, gente ‘grande’.

-No hay diferencia en este aspecto. ‘quién es más grande que su compañero su instinto maligno es más grande’ (Sucá 52 a). No en vano nuestros sabios nos cuentan acerca de gigantes espirituales que han tenido que luchar una feroz guerra en contra de sus instintos.

-¿Pero cómo se entiende algo así, que para alguien tan grande tiene estas luchas?}

-Como pilotear un avión es más difícil que manejar una bicicleta, y también más peligroso.

-Pero eso es por la ley de la gravedad

-También la persona tiene esa fuerza que lo empuja hacia abajo. Hay en la profundidad del alma fuerzas de santidad, pero también  fuerzas de impureza, instintos bajos, deseos, agresión y una gran lucha entre ellos. Cuanto más la persona escala más esta fuerza lo quiere empujar hacia abajo.

-Entonces no tenemos ninguna esperanza para el futuro, no podemos vencer…

-Al contrario, cuanto más lucha la persona se convierte en un guerrero más experimentado, se encuentra más entrenado para enfrentar diferentes situaciones. Pero en cada encuentro también existe la posibilidad que pierda.

-¿Entonces de qué le sirve la ‘grandeza’ si puede caer?

-Él tiene más posibilidades de vencer, pero no debe abatatarse, ni dormirse en los umbrales. La Torá comienza con el relato del pecado del primer hombre para enseñarnos que también la persona que vive en la cúspide espiritual aun así puede tropezar, por eso debemos tener cuidado, y ser prudentes.

-¿Qué pasa si no se cuida y cae?

-No debe perder la esperanza.  Sino fortalecerse y volver en teshuba, la caída en sí misma no ‘quiebra’ a la persona sino porque así se lo toma la persona, la persona a través de esto puede crecer y salir de un pozo más profundo aún.

-¿Cómo va a salir de una caída mas grande?

-Si él estudia algo de esa caída. “no se para la persona sobre las palabras de Torá si no tropezó primero con ellas” (Guitín 43b) hay veces que se aprenden cosas de la ‘forma dura’.

-Está bien, pero cuando la persona ya está dentro del problema es difícil luchar en ese momento…

-Esa es justamente la prueba. Si la persona esta lleno de alegría, con fuerza y energía, en un día inspirado ¿Qué tan grande es lo que hace? Pero cuando está triste, quebrado, y busca dentro suyo puntos buenos para empezar a construir, y de allí se construye nuevamente, esa es la fortaleza! Ahí se paró y venció al problema!

– Pero Rav entonces siempre va a ser luchar sin descanso alguno…

-El Olam Habá es el ‘mundo del descanso’ y el Olam Hazé, este mundo es el mundo del trabajo, acción. “es mas bella una hora en el mundo venidero que toda una vida en este mundo, y es más bello una hora de provecho en este mundo que toda la vida del mundo venidero” (Abot 4:17). No tenemos que buscar en un mundo lo que corresponde a otro.

-Pero mientras tanto estamos en este mundo, y es difícil, ¿y si queremos descansar un poco?

-Solo cuando nosotros luchamos, vencemos progresamos y crecemos sentimos ese descanso interior. Para el alma no hay descanso, siesta sino con el apego a Dios. Incluso cuando tropezamos caemos, rompemos y volvemos en teshubá sentimos ese descanso interno. Sin trabajar, y luchar, sin un constante avance el ‘descanso’ sacia, asquea, se transforma en abominación.

-Entonces el descanso viene del no descansar?

-Se podría decir así. Una vida de crecimiento luego de cada caída con el tiempo se transforma en una vida de equilibrio y armonía se transforma en alegría y éxtasis interior, dentro del alma, difícil de expresar.

 

No es simple el ascenso, son muchos los obstáculos, y es más fácil dejarse caer nuevamente en el pozo de la decepción que sostener la lucha por salir a la luz.

Muchas veces lo que sentimos como un ascenso o descenso no es real. Es un gran problema, que somos seres multidimensionales, formados por diferentes planos que se interrelacionan, no siempre lo que sentimos es la realidad en la que vivimos, ese es un gran problema. Lo fundamental no es sentir que avanzamos, sino realmente crecer y avanzar. Hay veces que sentimos ese despertar interior, ese cosquilleo, esa ‘paz’ interior de forma patente, eso es un regalo del cielo, pero no siempre necesariamente es así, a veces no experimentaremos el ´progreso que en realidad sí estamos logrando, y es aquel el momento de ceñirnos de fuerza y seguir adelante. Luego cada cosa llegará con ayuda de Dios.

En forma general hay personas que no caen en forma tan constante, pero tampoco ascienden muy alto. Tienden a ser estables. Otros en cambio así como pueden subir hasta alturas inimaginables también pueden caer hacia el abismo más profundo. Cada cual posee características que lo hacen particular, y sobre cada uno de nosotros esta luchar nuestras propias guerras interiores, crecer e iluminar.

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Yehuda Ribco

muchas gracias por este interesante post, al cual debemos leer con cuidado y aprender de su contenido.
gracias!

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