Parashat Bó 5760

Nuestro Paraíso – Nuestro Infierno

Para el judío entendido (y conocedor de las fuentes) y pensante (pues lo anterior no siempre implica esta condición, desgraciadamente) es casi axiomático que el Amor de Dios nos da a la especie humana el Libre Albedrío, la libre-libertad de elegir.

La responsabilidad de lo bueno o malo que realicemos recae exclusivamente sobre el individuo, y a veces sobre la sociedad; pero, como sea, la responsabilidad es un hecho ineludible. Nuestro destino es también resultado de nosotros y de nuestras circunstancias.

Claro, hay eventos, sucesos que caen por fuera de la responsabilidad humana, como por ejemplo los fenómenos de la naturaleza, pero no es sobre estos a los que nos dedicaremos en este breve comentario.

Entonces, ¿cómo explicar la reiterada afirmación de H’: (She 10:20) "Pero Hashem endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel." (Es un ejemplo de dichos repetidos en términos similares).

Grandes pensadores y sabios, tal como el RaMBa"M, nos enseñan que cuando la persona está tan compenetrada con la maldad, como lo era el caso de Faró, H’ hace una salvedad, una excepción, y le quita a esa persona la posibilidad del arrepentimiento (de la Teshuvá).

No es que deshabilita la opción de elegir, sino que solamente presenta frente al malvado perfecto la posibilidad de: "Has el mal o Has lo peor". En otras palabras, al pérfido sujeto se le veda la posibilidad del arrepentimiento, y frente a él, sólo se abre el camino de la ruina.

Entonces, "endurecer el corazón", no significa manipular al sujeto como a un títere, para que haga la Voluntad de H’, como algunos no muy esclarecidos explican. Pues, si este fuera el caso, ¿qué responsabilidad tiene el títere sobre sus acciones? ¿Qué derecho tendríamos de juzgar a Hitler, a Stalin, Pinochet, a tantos otros, si ellos fueran sólo marionetas en las manos de un impertinente Dios?

Pues, no es así.

Siempre (cuando las condiciones son favorables- es decir, que seamos conscientes de nuestros actos y pensamientos lúcidos) somos dueños y responsables de nuestros actos (la persona que se libera de su conciencia por medio químicos, etc., también es responsable, doblemente).

Claro, a veces ocurre (quizás la mayor parte del tiempo) que no podemos actuar como queremos, pero en este caso, igualmente siempre somos responsables por nuestras elecciones.

Es más, son nuestras elecciones (sumadas a las condiciones del medio) lo que determinan lo que será nuestro "Cielo" o nuestro "Infierno".

Expliquemos esto muy, muy brevemente.

Hay una postura que dice que Paraíso e Infierno son designaciones para el estado post-mortem de eterno recuerdo recreado espiritualmente. Es decir, la persona que en vida tuvo pensamientos agradables, acciones meritorias, dejó como herencia un buen nombre, entonces, sus recuerdos le conferirán una posteridad grata, verdaderamente paradisíaca. En tanto que la persona que hizo lo contrario, sufrirá sus eternos recuerdos tormentosos… ETERNAMENTE. No hay arpitas, ni angelitos ni nubecitas; ni diablos, hornos y torturas…sólo el espíritu compenetrado con lo que se vivió. (Repetimos que esta es una postura, no la única, ni es excluyente de otras).

Y podríamos decir que, hasta cierto punto, nuestra calidad de vida también se determina por nuestras acciones.

Parece una perogrullada afirmar lo anterior., pero, ¿cuántas veces en verdad lo creemos? ¿No es más cómodo echar culpas a los demás, al gobierno, a los EEUU, a los judíos, a los comunistas, a…?

¿Cuántas veces recordamos que nuestra salud (mental y física) está determinada por nuestros actos y pensamientos?

Nosotros atraemos lo bueno y lo malo, con lo que hacemos y con lo que pensamos y con lo que sentimos.

Podemos fabricar nuestro infierno con nuestros deseos y pensamientos, o por el contrario, nos podemos aliviar con los mismos.

Faró, es nuevamente el ejemplo: (She 10:28,29) "Y el faraón dijo a Moshé (Moisés): –¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi cara; porque el día en que veas mi cara, morirás! Y Moshé (Moisés) respondió: –Bien has dicho. ¡Jamás volveré a ver tu cara!"

El malvado faraón, se puso en situación de no poder escapar a su maldad.

Esto llevó a que H’ le cortara la posibilidad de redimirse.

Y en el círculo descendente a mayor maldad aparejado a mayor sufrimiento, Faró llegó al extremo, en el cual manifestó que ya no tenía vuelta su situación, su enajenación. Y él mismo determinó el momento y la culminación de su mal: no volver a ver a Moshé, es decir, no querer saber nada más de su única posibilidad de salvarse del mal. Y así fue.

Faraón se buscó su mal.

Faraón dictaminó su castigo.

El pueblo salido de Mitzraim y que no quiso entrar a la Tierra Prometida es otro ejemplo de que cada cual se busca su propio destino, su castigo o su premio.

Para terminar, un pasuk próximo a esto último nos muestra el paraíso creado por la conducta digna:

(She 11:3) "…El mismo Moshé (Moisés) era considerado como un gran hombre en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los servidores del faraón, como a los ojos del pueblo."

Cuando podríamos pensar que Moshé era odiado por los egipcios, pues sufrían las plagas que él anunciaba, o por los hebreos, pues vieron incrementado su tormento desde que él inicio sus "trámites" frente a Faraón, nos encontramos con lo inverso: Moshé era considerado como un gran hombre.

¿Por qué?

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