Conocerse para crecer

En nuestra parashá se expone un precepto que puede resultar extraño, prestemos atención:

"Cada uno de vosotros respete/tema a su madre y a su padre."
(Vaikrá / Levítico 19:3)

En el Decálogo la orden de respetarlos/honrarlos, se da en otro orden, prestemos atención nuevamente:

"Honra a tu padre y a tu madre"
(Shemot / Éxodo 20:12)

En uno se menciona primero a la madre, y en el otro mandamiento se señala primero al padre.
¿Es acaso casual o anecdótica esta inversión?

La respuesta la encontramos al prestar atención al verbo usado en cada sentencia.
En el mandamiento en nuestra parashá se nos ordena honrar/temer1,
en tanto que en el Decálogo la orden es de honrar/respetar.

Según dicen en nuestra Tradición, se tiende a temer más al padre que a la madre, y es por eso que en el mandamiento de temer a los padres, primero es mencionada la madre, para que recordemos que además de la ternura y el respeto, no debemos dejar de lado el temor que nos debe inspirar su presencia, para no despreciarla o causarle malestar.

Hay algunos que se dejan llevar por lo que consideran cariño, y con ese tono afectivo se aprovechan de su madre, la chantajean afectivamente, etc.
Y la Torá es muy clara y precisa:
es muy bueno que exista la faceta tierna en la relación hijos/padres,
pero nunca exenta de los límites que le permiten desarrollarse saludablemente.
Y esos límites se encuentran en el lado del rigor, del temor (tal como lo hemos explicado anteriormente).

Si recapacitamos y no meramente actuamos como autómatas o salvajes, podemos alcanzar una mayor conciencia de nuestras tendencias naturales, y realizar el movimiento pertinente para fortalecer aquellas áreas de nuestra conducta en las cuales somos poco desenvueltos.

De esta manera, la Torá nos educa para ser personas íntegras, completas, que viven en interrelación equilibrada con el ambiente y el prójimo, y que no precisan de defensas rígidas para sentirse protegidos.

Esto nos lleva a recordar que la Torá nos exige que estemos involucrados con la vida, y a no renunciar a ella.
No es apartándose de las cosas de la vida, absteniéndonos de vivir, como alcanzamos el mayor grado de desarrollo.
Lo conseguimos cuando interactuamos con nuestro ambiente movidos por el afán de santidad, que solamente es asequible por medio de la Torá y los preceptos.

Es así que nuestra parashá no trata principalmente sobre aspectos rituales, sino sobre las relaciones entre las personas, cosas "muy mundanas", pero que dentro del pensamiento del Eterno son parte indispensable para alcanzar la verdadera santidad.

Un santo no se reconoce por hechos milagrosos que se cuenten que sucedieron merced a su intervención.
Tampoco si ha llevado una vida de abandono de los placeres terrenales, o de ermitaño.
Mucho menos si ha levantado una muralla entre él y la sociedad, sea por su carácter apático o por su tendencia a vivir como ensoñado.
Muy por el contrario, la santidad está en tener pesos y medidas justas, en ayudar al prójimo, en relacionarnos con nuestro hermano y cuando recibimos embates no guardarlos como rencor o deseos de venganza. La santidad está en vivir la vida cotidiana de acuerdo a los dictados de la Torá.
La santidad está en casa, en el mercado, en la escuela, en la oficina, en el estadio, en todos los lados que nosotros habitamos, y que solamente puede elevarse cuando nuestra conducta es de santidad.
La santidad está en nuestras relaciones personales, con parejas, amigos, hijos, padres, maestros, empleados, jefes, etc.; cuando permitimos que lo mejor de nosotros aflore y nos haga resplandecer.

Atendamos, para finalizar por hoy, el famoso versículo:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Eterno."
(Vaikrá / Levítico 19:18)

El Eterno, que es la suprema santidad, se presenta y dice "Yo soy",
cuando uno se ama a sí mismo
y de esa manera ama al prójimo.
Solamente así la santidad, canalizada por los humanos, encuentra un lugar para morar.

¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!

Moré Yehuda Ribco


Notas:

1- Por "temor" debemos entender: temor a ofenderlos con nuestra conducta y/o actitud, cosa que les provocaría malestar.

 

Relatos, anécdotas y enseñanzas

En la consulta del médico…

– … y dígame, ¿no fuma usted?

-No doctor, yo no tengo vicios, gracias a Dios. Soy un hombre recto y justo, manso y calmado. No tengo pasiones ni ninguna dependencia…

– ¿Tampoco bebe?

– ¡No! Dios me libre… nunca probé una gota de alcohol en mi vida… el alcohol es para los débiles e insensatos… yo no lo soy…

– Y con las relaciones sexuales… ¿cómo andamos?

– ¡Doctor, NUNCA! Soy virgen y célibe. Reconozco que en mi juventud las mujeres me atraían, pero me resisto a caer ante las tentaciones de la carne… ¡por Dios! La carne es el peor de todos los vicios, nadie en sus cabales aceptaría ser esclavo de las viles pasiones…

– Bueno… este… y… ¿con la comida? ¿Exagera en la comida?

– ¡Jamás! Mi dieta es muy frugal, arroz blanco a veces, lechuga y agüita… ah que conste que sin ganas y al natural… no acepto los que beben líquidos fríos. Todo aquel que mantiene un régimen "promiscuo" -acentúa la palabra-, está saltando al borde de un barranco…

– Dígame, usted se siente como pesado, ¿no es así? ¿Cómo si cargara un inmenso peso que le hiciera arrastrar los pies?

– Sí doctor, eso precisamente es lo que siento, y por eso le consulté a usted. Nunca hubiera consultado un médico, pero este malestar es muy grande.

– Bueno, creo que usted padece de un abultadísimo EGO…

Preguntas y datos para meditar y profundizar:

  • ¿Cómo se relaciona el relato con el comentario a la parashá que hemos brindado?

  • ¿Qué demuestra de su autoestima aquel que se priva de los placeres permitidos de la vida?

  • El pensamiento
    "Un hombre vino al Vidente quejándose por los pensamientos extranjero que le invadían al momento de la plegaria. El Vidente respondió: ‘Para una persona que tiene pensamientos de santidad, cuando un pensamiento impuro le llega, lo puede sentir como un pensamiento extranjero. Pero tú, ¿a quién se los quieres achacar?"
    (Relato sobre Reb Iaacov Itzjac, el Vidente de Lublín ztz"l)

    • ¿Son los pensamientos negativos visitantes frecuentes en su mente?

    • ¿Cómo se puede cerrar la puerta a tales pensamientos?

  • Reconocimiento
    "El que busca engrandecer su renombre, pierde su nombre"
    (Pirkei Avot 1:13)

    • De acuerdo a esta enseñanza, ¿cómo hacemos para alcanzar el verdadero reconocimiento?

    • ¿Por qué el placer, el renombre, la honra son esquivos para el que los persigue con desenfreno?

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