Parashat Toldot 5769

Shabbat: Kislev 2, 5769; 29/11/08


Un comentario de
la Parashá Toldot (Bereshit 25:19 – 28:9)
*El ser superficial, signo de Edom*

¡Es bueno reencontrarnos apreciado lector!

Vivimos una época de superficialidad.
No es una novedad, no estoy diciendo nada que no hayas oído antes.

Desde hace unas décadas se hizo famoso el concepto de «persona light», aquella que no solamente consume productos rotulados de esa manera, sino que además sus relaciones con otras personas o con instituciones se dan sostenidas más por apariencias que por fundamentos.

Esto conlleva falta de compromiso y de responsabilidad.
Nos hace vivir bajo el lema de «no te metas», no inmiscuirse, dejar que las cosas pasen, esperar soluciones milagrosas, delegar en otros (no siempre idóneos o correspondientes), asumir que ‘alguien’ resolverá las cuestiones, y asuntos por el estilo.

Esto podría producir la ilusión de ligereza, de vida sin sobresaltos, de falta de obstáculos para el placer, de poca dificultad para expresar los sentimientos, en fin, de un estilo de vida que permite el gozo sin conflictos.

Pero, en la realidad, estamos concebidos para llevar una vida profunda, de intensidad en los vínculos, de hondura en el encuentro con el prójimo y con uno mismo.
Nuestra alma fue diseñada para unificarnos con el prójimo, particularmente con el cónyuge. Somos seres sociales, con predisposición a encontrarnos con el otro y hacer de ese encuentro un momento trascendente.

Por lo cual, al solamente permitir un efímero contacto entre superficies, al tangenciar nuestra vida con otros, sin esencia, estamos padeciendo de un hambre existencial.

De tanto huir de nosotros mismos, huimos del otro, y finalmente tenemos una existencia hueca, pasajera, como una nube llevada por el viento, como la sombra de un pájaro que veloz pasa y no deja huella ni recuerdo.

De acuerdo a lo que aprendemos de la parashá, esa existencia temporal es la de Esav, el hermano mellizo del patriarca Iaacov, pero es ajena a los descendientes de Israel.
Estamos necesitados de profundidad, de intensidad, de compromiso, de responsabilidad, de vínculos plenos con el prójimo.
Estamos anhelantes de vivir y dejar huella, de que nuestro recuerdo permanezca y sea de bendición.
Es en parte esto uno de los motivos por los cuales los fieles del Eterno molestan a ciertas personas, pues demandan la toma de conciencia de una realidad que nos trasciende, de una demanda eterna que se nos impone, de una exigencia de vivir como constructor de Shalom y no meramente como un inquilino licencioso que aguarda su obligado desalojo.

Creo que es una reflexión profunda la que te propongo esta vez, y te conmino a que te auxilies con el siguiente pasaje de la parashá:

«Iaacov [Jacob] se acercó a su padre Itzjac [Isaac], quien le palpó y dijo: -La voz es la voz de Iaacov [Jacob], pero las manos son las manos de Esav [Esaú].«
(Bereshit / Génesis 27:22)

¡Te deseo a ti y a los tuyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!

Moré Yehuda Ribco

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