El valioso noájida

Durante miles de años los noájidas (las personas no judías, o gentiles) no guardaron recuerdo del pacto sagrado y perpetuo que el Creador selló con ellos.
Desde el primer ser humano en adelante, existe esta alianza que permite a los gentiles llevar una vida de plenitud y santidad, manifestando su código ético/espiritual en este mundo.
Es el camino para el esplendor, la verdad, la buena vida aquí y la eternidad junto al Padre en la vida celestial.
Este pacto es constante, perpetuo siempre vigente y no puede ser cancelado por hombre alguno y mucho menos por ese producto anormal del EGO que es la religión (cualquiera de ellas).
Ni Dios tampoco lo cambiará, pues Él lo ha establecido a perpetuidad, para todas las generaciones de humanos.
A punto tal es irrevocable que cuando la humanidad tuvo su renacimiento, tras la catástrofe incomparable del Diluvio, Él lo volvió a formular a Noaj/Noé y exigió que quedara en la memoria de la humanidad. Pero el hombre es esclavo de su EGO, por tanto al poco rato ya andaban fantaseando con dioses, inventando rituales, armando religiones, levantando imperios de opresión, negando la Verdad espiritual para afirmar con fe las mentiras religiosas del EGO. Sin embargo, no todo estuvo perdido y quedaron fieles que supieron las cosas como son, las transmitían, luchaban como podían contras todas las perversiones, entre las que se contaba también la fe en los dioses.
De entre esos leales al Eterno y al pacto eterno con las naciones se encontraba Abraham y tras de él sus descendientes que hoy conocemos como judíos (que obviamente no lo eran en aquella antigua época).
Ellos guardaban con fidelidad los Siete Mandamientos para las Naciones, mientras estaban rodeados por el océano de los creyentes en fantasías y vanidad. A pesar de todo tipo de acosos y peligros aquellos personajes leales se mantuvieron en la senda noájica, enseñando cuando podían a los de su entorno lo que era el Mensaje Divino.
Desde antes de cualquier tiempo, antes de existir la tierra, el Creador ya tenía elegido a quién sería el pueblo maestro de los otros en las cosas espirituales, el que oficiaría como sacerdote para la humanidad. Es el pueblo que nosotros conocemos como judío, pero había que esperar a que las leyes naturales posibilitaran que ese pueblo surgiera. Lo cual llevó varios siglos, hasta que finalmente el pueblo elegido desde antes de todos los tiempos hizo su aparición. En ese momento Dios cargó sobre los hombros de aquella nación la pesada carga de ser los guías espirituales para el resto de sus hermanos. No porque fueran mejores, no por alguna cualidad “racial” que les hiciera merecedores. Sino porque desde el inicio tuvieron la constancia, la dedicación, la voluntad, el trabajo para mantenerse –como pudieran- en la senda del Eterno. En su momento como noájidas, pero desde que recibieron la Torá como judíos. En el otro único pacto eterno e incambiable que Dios hizo con los hombres. Desde el principio estaba el Universal, que nosotros llamamos noájico por haber sido retomado por Noaj; desde la Revelación de Dios en Sinaí se puso en marcha el pacto de Él con los judíos. Ya la estrategia de Dios se había completado. Estaban las naciones y estaba la nación que servía como guía de ellas. Ahora solamente quedaban que las gentes tomaran conciencia del pacto que les correspondía, de los mandamientos celestiales que les competían, y que se pusieran manos a la obra. Porque no es fe lo que quiere Dios, sino obras. Obras que lleven a construir un mundo de SHALOM. Que se sintetizan en pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia, con lealtad al Padre. En ello se resume el corazón de todos los mandamientos.
Cuando los judíos recibieron el extra de 606 mandamientos por encima de los siete que tocan a cada gentil, Dios se encargó de volver a repetir los Siete Mandamientos Universales para que no quedaran dudas, para que ningún atrevido idólatra dijera que Dios decidió cambiar el pacto eterno con los gentiles por alguna cosa bizarra y ajena a la espiritualidad. Para decirlo bien claro, Dios no dejó de lado a los gentiles, les mantuvo el mismo pacto, en nada se los cambió. No los sumó al pueblo judío, no les dio la Torá, no les pide que cumplan los mandamientos de los judíos, no les entregó los símbolos o festividades judías, no quiere que sean judíos por fe, no quiere que crean en algún muchacho fantástico para ser injertados al pueblo de Dios.
Lo que Dios quiere de los gentiles, desde el día 0 hasta el día Z, es que cada uno de los gentiles conozca y cumpla los Siete Mandamientos Universales.
Esa es la vida espiritual para el gentil, no otra.
Los gentiles, no hacen nada espiritual si toman rituales judíos, ni comen comida de judíos, ni hablan el idioma de los judíos, ni se quieren hacer pasar por judíos.
Tampoco se les pide que entren a la familia judía (conversión formal y legal al judaísmo).
Simplemente que sean gentiles a pleno, conociendo su identidad noájica, respetando los Siete Mandamientos, siendo socios de Dios haciendo la parte que le toca a cada uno.
Los judíos están para darles una mano, si han perdido el sentido, si no conocen su pasado, si ignoran su sagrada herencia (los Siete Mandamientos), aportando información espiritual que no es indispensable pero que fortalece y nutre. Pero no cualquier judío, que quede claro, puede ser el guía, pues hay muchos que no tienen la más mínima idea de las cosas para los noájidas… y está bien que así sea. Porque los noájidas tienen su pacto, que es de ellos, no es de los judíos. Porque la Torá Escrita de los judíos no tiene porque contener nada en particular referido a los noájidas y sus mandamientos, ya que la Torá Escrita la entregó Dios a los judíos para los judíos. Pero sí hay datos, y bastantes, en la Torá Oral, que también en su núcleo central la entregó Dios a los judíos. En esta Torá Oral Dios transmite la información que ahora estoy compartiendo contigo acerca del noajismo, de la esencia, sentido y santidad de las personas no judías.
Como te dije, no todos los judíos saben de esto, ni les compete saberlo.
Hasta puede ser un rabino que no tenga mucho conocimiento, ya que no tiene porque saber ni especializarse en orientar a los gentiles… ¡no es su trabajo!
Como sea, está en cada gentil despertar a su conciencia espiritual, conocer sus propios mandamientos, dedicarse a cumplirlos, ayudar a otros hermanos gentiles a que hagan lo propio y de paso dar una mano a los judíos para que cumplan su tarea sagrada de ser “luz para las naciones”. Esto lo consiguen los judíos conociendo sus propios mandamientos y viviendo de acuerdo a ellos; así muestran al 99,8% del resto de la población del mundo (los gentiles) qué es ser leal al Eterno, qué es lo que Dios pide que hagamos: conocer nuestros mandamientos, aquellos que nos corresponden seamos judíos o gentiles.

Entonces, que el gentil no ande desesperado por indagar cosas judías, ni querer parecer uno (sea esto lo que su imaginación le dicte).
Sino que conozca su propio legado y lo viva.
Como en la actualidad el conocimiento noájico no está extendido, por responsabilidad total y exclusiva de los gentiles, es que los gentiles que están despertando a su conciencia espiritual son como niños muy pequeños que precisan de alguna persona mayor que los tome de la mano y los conduzca hasta que puedan hacerse cargo por sí mismos.
Por eso es que habemos algunos maestros judíos, que tenemos noción de lo que corresponde a los noájidas, que con amor y respeto extendemos la mano para ayudarlos a fortalecerse, a crecer, a hacerse adultos en las cosas de la espiritualidad.
Pero recuerda, no todo judío sirve de maestro, y menos que menos de las cuestiones referentes a los noájidas.
Por ejemplo, gente que con mejor o peor intención, incluso rabinos, que inundan sus charlas con gentiles de cosas judías, con jasidismo y cosas por el estilo, ciertamente no están llevando a sus conducidos por el camino de pureza y belleza que el Eterno decidió para Sus hijos entras las naciones. El jasidismo no tiene nada que ver con los noájidas, y tampoco con los judíos en general. Además las cosas judías son para… sí claro, los judíos, como Dios quiere.
Por ello, aunque el simpático maestro judío tenga toda la buena onda y las ganas de ayudar, cuando no lo hace respetando el legado noájico y su esencia espiritual, termina siendo un obstáculo en el despertar de las multitudes a las cosas de Dios, tal y como Él quiere.
¡Cuánto infinitamente peor es el pastor de idolatría disfrazado de santidad!
Porque Dios detesta la religión, y en especial la que dice hablar en nombre de Él.

Así pues, querido amigo y hermano gentil, si quieres ser fiel al Padre, conoce tus mandamientos de noájida y vive de acuerdo a ellos.
No te ocupes de las cosas de los judíos, no son parte de tu alimento espiritual; pero sí colabora con los judíos y el Estado de Israel para que haya paz, estabilidad, armonía, bienestar, un despertar masivo a la conciencia espiritual.

Además, si bien es bueno que tengamos comunidades virtuales se hace indispensable que existan lugares de reunión físico para los noájidas.
Que no sean centros de culto, ni lugares de rezos, ni para hacer “estudios bíblicos”; menos que menos para indagar en Torá, Cabalá o jasidismo (dicho con todo el cariño y respeto que merecen mis antepasados jasídicos y los actuales).
Que el lugar de reunión para noájidas sea precisamente eso, un lugar para reunirse. Para conversar, estudiar acerca de noajismo, estudiar acerca de mecanismos para sanar de los daños hechos por el EGO (origen espiritual de todas las religiones), que puedan apoyarse no solamente en las cuestiones noájicas sino en todo lo que hace viva a una comunidad. Que coman, que canten, que se abracen, que encuentren pareja, que casen a sus hijos, que los eduquen y se eduquen, que den cobijo al necesitado, compañía al solitario, respaldo al enfermo, dinero al pobre… ¡una comunidad! No un antro de religiosos, ni tampoco un cenáculo de gente que se siente la clase B de los judíos.

Es indispensable que formen hoy mismo centros noájicos, aunque tengan dos personas para comenzar. Que se encuentren cada tanto, que se vean a la cara, que se escuchen, que se hablen, que compartan tiempo y espacio, que sean una comunidad de pares.
Como dije más arriba, probablemente precisen del maestro judío experto, EXPERTO, para arrancar en las cosas espirituales. Vienen los gentiles con un Sistema de Creencias que los lleva por el camino de las religiones y no por el de la espiritualidad. Precisan orientación, guía, la reprimenda necesaria y amable que les haga mantenerse despiertos y comprometidos. El humor necesario para darle calidez y mucho de compartir emociones. Porque no es un asunto cerebral, ni para andar filosofando, sino que es la vida entera esto del noajismo.

Para que funcione y no se acabe transformando en nuevas iglesias de idolatría, o en seudo judíos, o en noajudas, o en gente que se quiere convertir al judaísmo; es imprescindible tomar en consideración esto que hemos comentado en este artículo.
Estar atentos a no dejarse atrapar nuevamente por el EGO, desaprender las ideas y sentimientos que impulsa el Sistema de Creencias, dejar de esperar al judío mágico que les salve, hacerse cargo de sus vidas y de tomar en serio el legado y trabajo que Dios les ha dado.
Aprovechen a los verdaderos maestros judíos EXPERTOS, y agradezcan a los bien intencionados pero nulos en noajismo y déjenlos de lado.
Sean puros en su noajismo, porque si no, ¿a quién creen que engañan?
¿A Dios?
¿A ustedes?
¿A quién?

Que el maestro judío les enseñe sus mandamientos y que les haga ver como llenar sus vidas con otras acciones que construyan SHALOM.
Pero no sean pasivos, sino que actúen como adultos, que es lo que son.
No permitan que esto se convierta en otra iglesia, ni den plata a los vivos de siempre que andan haciendo negocios con las cosas sagradas.
Así que, no compren los libritos jasídicos, por más bonitos e inspiradores que sean: ¡no aportan a su identidad, sino que la afean y confunden! No son, no serán, no les toca ser “jasídicos”, sino gentiles leales al Eterno a través de lo que Él decretó es lealtad hacia Él de parte de los gentiles.
No compren mantos rituales judíos, ni los gorritos judíos, ni se vistan como lo que ustedes imaginan se visten los judíos.
No se inscriban en cursos de hebreo, no lo precisan, mejor aprendan a leer y escribir en n correcto español (o el idioma de su país).
No pidan cursos de Torá, pero sí las instrucciones a través del maestro judío EXPERTO que les puedan aportar a su identidad noájica.
Apoyen a los maestros judíos que hacemos lo posible para que sean ustedes la mejor versión de ustedes. Apoyo moral, compartiendo en redes sociales, acudiendo a los encuentros, con dinero para que se puedan realizar conferencias y difundir material impreso, y todo lo que consideren necesario para que los maestros puedan hacer su trabajo así ustedes reciben el beneficio.
El Rabino Groisman de Argentina, este humilde moré (Yehuda Ribco),  creo que somos los que estamos llevando adelante la antorcha que alumbra a nuestros hermanos gentiles en el camino del noajismo en habla hispana (en América y cruzando el charco hasta España). Creo que no hay nadie más.

No esperen que el maestro judío les haga milagros, ni esperen que Dios tampoco se los haga.
Sean ustedes los que trabajan por manifestar la Presencia Divina en sus vidas y en las de sus comunidades.
El esfuerzo será recompensado con vidas ricas, comunidades vivas, una eternidad de LUZ.
Solo la bendición hay por delante, se los aseguro.

Dos links imprescindibles: 

Fundamentos de la comunidad noájica

 

Ocho estrategias eficaces para fortalecer una filial de FULVIDA

 

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