El judío ausente del Seder

La primer noche (y también la segunda en la diáspora) de Pesaj está atiborrada de preceptos con sus reglamentos y de numerosas tradiciones más o menos conocidas.
Desde lo qué se come, lo que no, cuándo, con quién, etc.; hasta melodías, juegos, posturas, palabras, gestos, etc..
Es una noche especial, diferente, siempre y cuando se llene de contenido, sea plena de sentido y no meramente una noche más.

En esta oportunidad quiero platicarte de una costumbre que en lo personal he dado en llamar “El judío ausente”, aunque probablemente tenga nombres más afamados y significativos (por ejemplo: asirei tzión o prisioneros de Sión).
Por “judío ausente” podríamos entender al infaltable comensal que está apurado en terminar con “el ritual”, que no sabe muy bien por qué le están “haciendo perder el tiempo” con esas cosas pasadas de moda, “religiosas”, aburridas, fuera de todo foco, etc. Uno de cuerpo presente, pero cada vez más ausente.
Pero, no, no me refiero ahora a estos ansiosos por desprenderse de una identidad que nunca han notado y amado.
O tal vez esté apuntando a esos que faltan, que se evaporaron de la familia y las tradiciones judaicas, a los que algunos han designado como “el quinto hijo” (etiqueta que no coincide con el número y carácter de hijos declarado en la Torá). Los que salen de vacaciones y comen y beben según su placer. Los que hacen su vida cotidiana como si no fuera una fecha especial. Los que ignoran, a sabiendas o no, que están traicionando su esencia, su pasado, su destino, su familia, a los que se descarrilan porque creen encontrar afuera lo que no valoran dentro.
Pero, no, no estoy hablando de tal hijo que no participa de lo judaico y se asimila para dejar de existir en su esencia.
Ambos dos, el ansioso por salir y el que está ya fuera son también judíos ausentes, a su manera son esclavos duramente encarcelados a sus EGOs, a sus propios faraones internos que los someten, pero no quiero tocar este tema ahora (si Dios quiere en otra ocasión volveremos sobre esto). 

Quiero que meditemos un rato sobre el otro judío ausente, aquel que está imposibilitado de participar del encuentro de Pesaj, en general por incapacitado no por propia voluntad.
Al que sigue esclavo porque no le ha llegado el Pesaj a su vida.

Existe la bella costumbre de recordarlos no solamente con sentimientos, algunas palabras o silenciosos pensamientos, sino que se deja una silla vacía, un plato anhelante de alimentar, un libro con los textos tradicionales -la Hagadá- abierta pero sin ojo que la inspeccione.
Hasta algunos ponen un papel con el nombre impreso y quizás la foto del judío ausente, aquel que está a merced de los Egiptos de cada era, que no puede salir de allí, que no ha tenido aún la oportunidad de ser redimido y cruzar al mar que se parte milagrosamente para dejar el camino a la libertad y la vida plena.

Hace unas décadas eran masas de judíos apresados por la maquinaria soviética, que los esclavizaban a su tierra de nacimiento, a una cultura que les era ajena e impropia, para que no salieran a la libertad, para que no ascendieran a Israel, para que no recuperaran la plenitud de vivir su ser judío.
Por aquellas épocas también estaban los judíos de Siria.
Antes, los que padecían y eran exterminados por la bota sádica del nazismo.
Actualmente hay otros, sufridos, apartados de sus familias, mutilados en sus derechos, tanto como colectivos como individuos.
Mencionemos a Ron Arad, Jonathan Pollard, Gilad Shalit entre otros tantos que siguen prisioneros este Pesaj.
Te invito a que investigues, te informes, participes en todo lo que esté a tu alcance para que más tomen conciencia de esta situación, para que seamos parte de los que rompen cadenas, liberan prisioneros, construyen Shalom en verdad por todos los rincones del mundo.

Tienes la oportunidad de gozar de tu –relativa- libertad, de celebrar, de compartir, de ir y venir.
Mientras otros están secuestrados, encarcelados, abusados, esclavizados, en situaciones de extrema impotencia materializada.
Recordemos a estas personas, sin dejar de hacer nuestra parte para que la libertad no sea una palabra, o un lema abusado por “progresistas” que desconocen en realidad su sentido.

Hagamos de Pesaj un tiempo de libertad, para nosotros, para los nuestros y para los lejanos.
Esto nos servirá para despertar, para tomar conciencia, para ayudar a otros, para bregar por todos los que siguen esclavizados, no solamente estos judíos ausentes en la noche del Seder, sino a todas las personas que por motivos que les son ajenos están imposibilitados de desarrollar a pleno sus potencialidades.

Es un llamado idealista, lleno de buenas intenciones, pero por algún lado tenemos que comenzar.
Empecemos por nosotros mismos.
Limpiemos de servidumbre al EGO nuestra vida.
Puesto que la verdadera libertad se encuentra cuando uno deja de estar bajo el dominio del EGO y de vivir una existencia hueca y de apariencias.
Es libre quien esta presente en cada momento y hace del aquí y ahora un regalo constante.
Sin embargo, en tanto hay alguno que está preso, la libertad es un sueño.
Celebremos la libertad para que el año próximo todos celebremos.

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