Esther y David

Estamos a poquitos días de celebrar otro Purim.
Pongámonos un poco en contexto.
Hace unos 2500 años un tipo estaba saturado de odio hacia los judíos, por el mero hecho de ser judíos (y por tanto nexo del mundo con Dios).
Esos judíos podían ser hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, enfermos o sanos, bellos o no tanto, lejanos o cercanos, buena gente o lo contrario, sionistas o cosmopolitas, tradicionalistas o ajenos, etcéteras infinitos… igualmente eran pasibles de su odio más asqueroso.
¡Eran judíos!

Ese tipo, Hamán el descendiente de Amalek, alcanzó una posición de poder y se transformó en un peligro cierto para toda la Familia Judía.
Ahora podía llevar a cabo sus planes más nefarios, explayar su malicia, concretar cualquier solución al problema judío que imaginara.
Todo judío sería exterminado, sin piedad ni demora.
Todos los judíos serían borrados, así como su recuerdo.
El judaísmo, acompañaría a otras culturas en la bruma del no ser, tal como todas esas miles que ignoramos actualmente.

Y no había poder que se le opusiera al malvado prototipo de Hitler.
Ni el rey, ni dignatarios.
Ni rezos, ni ángeles.
Ni tramas políticas, ni súplicas.
Nada estaba en posición de impedir el plan macabro.
Se concretaría, todo estaba diseñado y los engranajes girando para lograrlo.

Y no apareció ni nubes ni tornados enviados por el Cielo.
Ni plagas o terribles profetas con sus ominosas voces sacudiendo los cimientos del mundo.
Tampoco el Ejército de Defensa de Israel, o el Mossad.
Ni siquiera las Brigadas Judías.
Nada había de luz para los condenados, en espera en la fila a los campos de exterminio.

El fin sería en su momento y luego el olvido.
Y la gloria para el déspota conjurado para rebelarse contra Dios y el prójimo.
No había esperanza, eso está claro.

Entonces una mujer, una que ocultaba su identidad y no mencionaba su origen.
Una que le costó ponerse en marcha para cumplir “su destino”.
Esther, la reina de Persia según el relato del Tanaj, tal es la heroína que rescató a toda la nación judía y nos liberó del opresor.

No se menciona el nombre del Eterno directamente en ninguna parte del texto que nos cuenta eso en el Tanaj.
Con precisión se obvio Su Presencia y se omitieron todas las referencias a milagros o hechos sobrenaturales.
Fue una mujer la que nos rescató.
Una a la cual todos los judíos le debemos la existencia.

¿Quizás por eso sea hoy el Día de la Mujer y se sigue trabajando para que todos seamos iguales ante la ley humana y la sociedad?
No, en verdad no lo es.
La Wikipedia te dirá el motivo que hay detrás de este día internacional.
Pero lo importante, lo que trasciende la limitación humana, es darnos cuenta del rol brillante, de socia del Creador que aquella mujer misteriosa desarrolló.

Y hoy, 8 de marzo de 2017 en la cuenta cristiana, estamos en el primer aniversario de que un hijo de Amalek asesinara al querido amigo David Fremd y atacara a uno de sus hijos.
Por ser judíos, y no más que por ello.
Con ese acto aberrante segó una vida esplendida, pero también mutiló a una familia, una comunidad, una nación.

Hamán murió pero los intrépidos terroristas y asesinos que lo adoran siguen entre nosotros.
Eso, por desgracia, no ha cambiado mucho en 25 siglos.

En cada generación tendremos héroes y heroínas, milagros humanos o divinos.
Pero también esclavos del mal, consumidos por el EGO, opuestos a la NESHAMÁ, negadores del Creador que sembrarán la maldad con sus actos.

Pero, el querido amigo David sigue brillando y dando sentido a muchos de nosotros.
Para que hagamos cada uno nuestra parte para que la LUZ sea la que crezca y con ello la sombra se vaya corriendo hacia la nada.

Depende de nosotros la posición que tomemos.
Que tan comprometidos con la construcción de SHALOM seamos.
Cuánto de acciones (pensamiento/palabra/acto) de bondad y justicia estaremos dispuestos a realizar para borrar la presencia de Amalek.
No con odio, no con masacres, sino por la simple lógica de que allí en donde la LUZ brilla con pleno esplendor, no hay resquicio para la oscuridad.

Encendamos una llama por David Fremd.
Hagamos que su luz se funda con la luz de Esther, y así tengamos dos puntales sosteniéndonos en nuestra andar.

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