Robar y hurtar, ¿o algo diferente?

Una amable persona noájida publicó el texto que está en una de las imágenes que acompañan este estudio hace unas horas en su cuenta en las Redes Sociales.
De inmediato advertí el grueso error y lo comenté en el mismo sitio, pero me pareció necesario publicar aquí la real enseñanza del Talmud y aprender un par de cosillas con ello.
Antes de proseguir, pondré el texto por si se borra la imagen que acompaña este estudio:

ROBAR Y HURTAR
Los discípulos le preguntaron a Rabí lojanán ben Zakai: ¿por qué la Torá castiga más al que hurta que al que roba Rabí Iojanán contestó: “-El que hurta no le tiene miedo a D-s ni a los hombres, pero el ladrón, le tiene miedo a los hombres pero no a D-s». (Tratado Babá Kama, 79)
Anécdotas Talmúdicas Publicado por Breslov

Sinteticemos lo que está en este texto: el que hurta no le tiene miedo a Dios ni a los hombres, en tanto que el que roba le tiene miedo a los hombres pero no a Dios. Por ello el que hurta tiene mayor castigo que el que roba.

Ahora pongamos qué dice realmente el texto talmúdico:

אלו תלמידיו את רבן יוחנן בן זכאי מפני מה החמירה תורה בגנב יותר מגזלן אמר להן זה השוה כבוד עבד לכבוד קונו וזה לא השוה כבוד עבד לכבוד קונו

Antes de su traducción comentada brevemente, una más breve disquisición idiomática legalista.
En nuestro idioma español cuando se sustrae ilícitamente una propiedad ajena, sin violencia y en secreto, se trata de un hurto.
En tanto que similar acto pero en público con violencia en las personas configura un asalto, y si el daño es sobre las cosas (quebrar un portón por ejemplo), es un robo.
(Agradecemos al Dr. en Leyes, Don Luis Diego Pérez Chacón, de Costa Rica, quien está a vuestra disposición para consultas legales online, con costo por supuesto.)

La Guemará concluye su discusión sobre el robo con varias declaraciones agádicas (recordemos que no es lo mismo hagadá que agadá). Sus alumnos le preguntaron a Rabbán Iojanán ben Zakkai: ¿Por qué la Torá fue más estricta con un GANAV que con un GAZLÁN? Solo se requiere que un GANAV pague el doble, cuádruple o quíntuple, según sea el caso, pero no así un GAZLÁN, que solo devuelve lo hurtado. Rabbán Iojanán ben Zakkai les dijo en respuesta: Éste, el GAZLÁN , equipara el honor del sirviente con el honor de su Amo, y el otro, el GANAV, no equipara el honor del sirviente con el honor de su Amo. Esto es, el GAZLÁN no teme a Dios ni a las personas, ya que no se esconde y le da lo mismo robar en público. En tanto que el GANAV no teme a Dios, pero sí teme a otras personas, lo que demuestra que está más preocupado por los humanos que por Dios.

Como vemos, es justamente el contrario que el texto con el que comenzamos este post.
Por si no descubriste la divergencia, te la explico a continuación.
Hasta donde sé, y me informó el Dr. Pérez Chacón, la ley que se usa por esta parte del mundo no establece diferencia entre uno que sustrae públicamente a otro que lo hace escondiéndose.
Lo que se toma en consideración para aumentar el agravio es si hubo o no uso de algún tipo de violencia.

Pero vemos que para la Torá el miedo a ser atrapado es un componente importante a la hora de determinar la gravedad del delito.
El GANAV es aquel que solo teme a sus semejantes, se esconde; faltando así el respeto al Creador, como si Éste no estuviera atendiendo sus acciones y no fuera a hacer justicia por sus delitos.
En tanto que el GAZLÁN falta el respeto por igual, a Dios y a los semejantes, haciendo su mala obra a la vista.
Por una parte pareciera ser peor el GAZLÁN, pero de acuerdo a la sagrada Ley el más grave es el GANAV, pues rechaza a Dios y Su dominio pero tiene temor a los hombres. Por consiguiente, este ladrón debe pagar más caro por su delito.

Para ir terminando, según el Dr. Pérez Chacón, actualmente ya no se pone legalmente motes a estos delincuentes, pero criminalísticamente reciben varias denominaciones. El GANAV sería asaltante, perpetrador, ratero, ladrón, rapiñero, entre otros. En tanto el GAZLÁN sería el ladronzuelo, descuidista, carterista, hurtador, entre otros.

En resumen, mucho cuidado, muchísimo a la hora de compartir enseñanzas del mundo legal/espiritual del judaísmo, y por supuesto del noajismo, porque queriendo hacer un bien se puede terminar provocando un enorme mal.
Tomar en cuenta las referencias y de quién se aprende, porque no todos los que se hacen llamar rabinos están capacitados para enseñar cuestiones de noajismo.

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