Te cuento mientras te corto el cabello

Se cuentan cosas, simbólicamente se cuentan números.
Pero por una de esas cosas raras idiomáticas, tanto en hebreo como en español, así como en otras lenguas, también se cuentan cuentos.
Y, por lo general, los cuentos no son cuentas.
Entonces, se me crea una confusión… ¿por qué es que contamos cuentos si lo que hay que contar son objetos/números?

Remontémonos a varios miles de años atrás y lleguemos al Oriente Medio.
Los comerciantes y productores tenían que llevar registro de alguna forma de sus bienes comercializables.
No podían fiarse de la la memoria, aunque todavía la gente era extremadamente leal a la palabra dada y cumplían lo dicho, fuera o no una promesa.
Pero, había gente timadora y estaban los que lealmente se confundían u olvidaban.
Por tanto, se hacía indispensable contar con alguna forma confiable, simple, accesible, cómoda, comprobable de registro.
Lo que hizo que alguna mente brillara y creara el rudimento de la escritura.
¿Para qué?
Para registrar bienes y valores, para que la palabra escrita ocupe el lugar de la hablada en lo que a transacciones se refería.
Así, en idioma bíblico, el mispar (número) era nispar (contado) y posteriormente registrado por escrito en un sefer (documento, carta, libro). El escriba (sofer) era también el contador (mesaper). Entiéndase que contador no es el profesional moderno, sino el encargado de contar las mercancías para luego dejar marcado el sefer con la cantidad. Aquel antiguo profesional era el perito en cuentas y en registrarlas. De su gremio salían los únicos que sabían escribir y leer, al menos en un principio.
Allí tenemos la raíz del verbo que es usado para “contar”, porque lo que primero se contaba no eran cuentos, sino objetos o personas. Se hacía el conteo manual, se lo registraba y posteriormente algún ilustrado lo contaba de aquello escrito.
¿Se entendió?

Su tecnología era muy rudimentaria, no tenían papel, ni pergamino, ni papiro, ni trapos, ni otras cosas para escribir, entonces usaban tabletas de arcilla a las cuales les hacían diferentes marcas.
En idioma arameo, y quizás anteriormente, pero NO en hebreo, al instrumento que era usado para esa acción se lo conocía como misperá y en su versión más desarrollada misperaim o misparaim (así se le dice actualmente a las tijeras). En algún indeterminado momento, algún astuto barbero del Medio Oriente usó la misperaim para algo insospechado: cortar el cabello.
Sí señor, era un instrumento mucho más eficiente y sofisticado que la rústica navaja o el siniestro cuchillo para tal tarea.
Por tanto, sin ninguna relación con los números, ni con la escritura, ni siquiera con el idioma bíblico, de pronto apareció un nuevo verbo: lehistaper, que es cortarse el cabello.
Ese término se filtró en el hebreo muchos siglos más tarde, allá por la época talmúdica.
Aunque suene parecido y la raíz lingüística en hebreo sea idéntica, no hay vínculo alguno entre lehistaper y lesaper.

Tomemos en consideración que no es la única palabra aramea, o de otro origen, que se coló dentro del diccionario hebreo y pasó a formar parte del acervo lingüístico de la nación de Israel.
Te daré algunos ejemplos antiguos que fueron adquiridos del arameo: aba : papá; ima : mamá; atar : lugar, sitio; lehaltar : pronto, inmediatamente; lebad : solo; malaj : marinero; jazón : visión.
El renovador del hebreo moderno, Eliezer ben Yehuda y sus continuadores, agregaron muchos más; el más famoso y querido por mí: glida : helado.

Para finalizar, el esotérico libro llamado “Sefer haIetzirá” (Libro de la Formación), el cual su núcleo inicial es atribuido al patriarca Abraham, comienza así:

1-1 Con treinta y dos senderos místicos de Sabiduría grabó Yah, el Señor de los Ejércitos, el Dios de Israel, Elohim vivo, Rey del universo, EL Shaddai Misericordioso
y Clemente, Elevado y Exaltado, que mora en la Eternidad cuyo nombre es Santo- El es Su sublime y santo-. Y creó Su universo con tres libros (Sefarim), con texto (Sefer),
con número (Sefar) y con comunicación (Sippur).
1-2 Diez Sefirot de la nada y veintidós letras de Fundamento: Tres Madres, Siete Dobles y doce Elementales.

He ahí otro reto para estudiar, el de las Sefirot y cómo encaja en lo que te he venido enseñando.
Pero será para otra ocasión, si Dios quiere.

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Muy interesante es poder leer esta referencia a lo escrito: https://blog.ravmilim.co.il/tag/%D7%9E%D7%A1%D7%A4%D7%A8%D7%99%D7%99%D7%9D/

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Jonathan Ortiz
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Y nunca faltan los que inventan interpretaciones desconociendo el idioma original de la Torá.
Gracias Moré

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