Categoría: CTerapia

  • Reprogramar la mente

    Es maravilloso un mecanismo que el Creador incluyó en nuestra mente, que es la capacidad de automatizar.
    Esto significa que puede transformar una conducta repetida en un hábito, por tanto, pasarla a segundo plano y que se ejecute consumiendo menos recursos, tales como memoria, atención y especialmente energía.
    Los creadores de software han copiado la idea, por ello en tu computadora o celular, de cualquier modelo y marca, están sucediendo montón de procesos sin que tú te enteres, porque no aparece ninguna indicación en pantalla, nada hace ruiditos, no hay manera que te des cuenta. A no ser que seas un experto, o te des un poco de maña con los cacharros modernos, y entonces podrás ver qué cosas pasan cuando no parece que pasara nada.
    Así ocurre con nuestra mente, que con miras de ganar en eficiencia en el consumo de recursos, así como también celeridad en la reacción, mantiene procesos en automático y por tanto fuera de tu atención, e incluso fuera de tu control consciente.
    Un ejemplo, a que sabes automáticamente donde está el interruptor de la luz en tu mesita de noche, pero si duermes en un hotel te cuesta encontrarla. Este ejemplo muy banal, sirve precisamente como ejemplo, nada más. Puedes inventar el que mejor te agrade.
    Sin embargo, no se queda en las cosas cotidianas que nos ayudan a la comodidad, sino que también están operando en cuestiones mucho más complejas y que podrían requerir mucho más consumo de energía, de no estar automatizadas.
    El problema surge, o estalla, cuando la reacción no es eficaz y no corresponde a la situación que se está viviendo, o que se precisa una respuesta racional, evaluada, tratando de evitar preconceptos y automatismos.
    Por lo general esto acontece al momento de tener que romper con hábitos poco saludables, como fumar por ejemplo; pero también en cuestiones de relacionamiento humano, en donde debe primar un equilibrio dinámico entre lo emocional, social, mental, espiritual, etc.
    Pero, la reacción automática no evalúa conscientemente, no da opciones para que usuario elige, sino que dispara su código codificado, que ni siquiera está en la pantalla del usuario.
    Ahí, dentro del cúmulo de reacciones automáticas, opera el Sistema de Creencias, lleno de ideas implantadas, suposiciones, mandatos sociales, errores de interpretación no corregidos, quejas, enojos, deseos postergados, y muchas cosas más que no son sacadas a la luz y expurgadas sanitariamente.
    Como excusa solemos decir que así somos, que así aprendimos, que así hacían en nuestra casa, que eso nos enseñaron nuestros maestros, que así formula nuestra religión, que esa es la voluntad del dios que adoramos, etc. Excusas, justificaciones, patrañas del EGO para continuar esclavizados a sus operaciones turbias.
    La idea es poder romper el patronazgo del faraón y animarse a salir de la celdita mental para vivir de acuerdo a la Voluntad del verdadero Dios.

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  • ¿Piensa positivo pero quédate en casa?

    El Creador nos dio una mente maravillosa, pero al mismo tiempo con algunas carencias.
    Por tanto, no somos tampoco perfectos en aquello que surge de nuestra mente.
    Ni tan siquiera poseemos algún poder sobrenatural y quebranta límites, que nos habilita a pensar y por medio del pensamiento cambiar mágicamente la realidad.
    Si bien es cierto que pensar bien, nos ayuda a tener un mejor pasar; es completamente falso que si uno piensa bien, todo estará bien.
    Pero, como a la gente le encanta la magia, y adora sentirse tanto una piltrafa como un superhéroe, les parece estupendo el eslogan new age de que con el pensamiento pueden establecer una realidad cósmica.
    La foto que acompaña este texto, es una demostración, una entre miles de miles, de esto que estamos comentando.
    Porque asegura que tienes el poder supremo, a través de tu limitadísimo pensamiento (que más bien es ideación, o repetición de lemas, o imaginación) de hacer cosas absolutamente mágicas.
    Los más obtusos a la falsedad que se promueve desde diversas sectas de «pensamiento positivo mágico», usan entonces estas ideas para promover sus propias agendas, como por ejemplo, saludar con motivo del shabat… ¡cómo si esta creencia supersticiosa y mágica, además de sanitariamente tóxica, no fuera en directa contradicción con los principios de la Torá!
    Si no te diste cuenta de cómo es una contradicción con la Torá, tómate tu tiempo y encuentra la cuestión en el estudio, no en la propaganda sectaria. Gracias.
    Para rematar el cúmulo de atrocidades incoherentes, el póster añade el #quedateencasa, supongo que fue creado en algún momento de mediados del año 2020. A ver… veamos genios del marketing religioso… si la mente superestimulada del creyente en la magia puede lograr lo imposible… ¿a qué reclamar que la gente se quede en casa?
    ¡Diantres! Que la mente mágica extirpe el virus del COVID-19, y de paso todo el resto de noxas y otros elementos que afectan nuestro bienestar.
    Si pueden lograr lo imposible, a qué pedir que la gente se quede en casa, cuando esa era la consigna sanitaria; ¿acaso no pueden derrotar a un invisible virus con su magia cósmica?
    En fin, podría seguir analizando el asunto, pero aquellos que pueden entender, lo harán y no precisan más palabras.
    En cambio, los que permanecen en las sombras y el caos, defenderán la magia del pensamiento seudo positivo, los eslóganes de sus maestros que son piratas de la fe, y vivirán en una supuesta felicidad ocultando con mentiras al solitario sus angustias.

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  • Acento

    Sobre qué ponemos el acento puede hacer la gran diferencia.
    Tanto en las palabras que decimos, como en las interpretaciones que hacemos.
    Sin dejar de tener presente que todo lo que vamos haciendo es interpretando el mundo, y con ello recreándolo como si fuera una obra de nuestra mente.
    Así pues, si ponemos el acento en lo malo, lo doloso, lo doloroso, lo amargo, entonces la mente estará en coordinación con esa oscuridad, con el caos, con la muerte; pero, tenemos a nuestro alcance el poner el enfoque en lo positivo, en la luz, y en hacer que el fulgor de lo espiritual se extienda por el universo.
    Depende de donde estamos haciendo pie para andar el mundo.

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  • Diez verdades espirituales básicas

    Sería estupendo que cada día recordaras y tuvieras consciencia de lo siguiente:

    1. Eres una chispa del Eterno.
    2. Si bien en este mundo estás limitado, tu vida es ilimitada.
    3. Estás en este mundo con algún propósito trascendental, lo sepas o no, lo creas o no.
    4. Los éxitos en este mundo no aseguran que estés cumpliendo ese propósito sagrado por el cual estás acá.
    5. Los éxitos materiales pueden ser importantes herramientas para que cumplas tu parte en la creación, pero a veces se cumple habiendo fracasado.
    6. Dios está a tu lado siempre, porque era una chispa de Él.
    7. El ayer ya fue, sirve como lección, no como vivienda.
    8. El mañana no es, sirve para proyectar el movimiento a dar, pero vives solamente este instante presente.
    9. No estás solo, aunque estés solo.
    10. Ten confianza y haz tu parte, siempre en la senda sagrada de la construcción de SHALOM: pensamientos, palabras ya acciones de bondad y justicia.

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  • La actitud de Shabat

    Es necesario para la persona judía evitar las angustias en el día de Shabat.
    Aunque sucedan cosas amargas, hay que tratar de que la amargura no gane la partida.
    Por supuesto que si es una cuestión de vida o muerte, se hará lo necesario y al alcance de la mano para preservar la vida; pero tratando de que el sentimiento opresivo no triunfe.
    El día de Shabat ha de ser de armonía, de claridad, de conexión con el infinito.
    De hecho, ésta sería una excelente manera de afrontar cada día, de todos los que tenemos para vivir.
    Ocupándonos y no preocupándonos.
    Haciendo aquello que está a nuestro alcance, sin desesperarnos por lo que no podemos controlar.
    Aceptando nuestras limitaciones, sin por ello limitarnos con la mente en aquello que no estamos limitados por la materialidad.
    Encontrar el punto de luz, hasta en la noche más oscura.
    Que la verdadera alegría sobrepase a los terrores que genera el EGO, con sus fantasías perjudiciales.
    Que la voz suavecita de la NESHAMÁ sea oída y tomada en cuenta, para llevarnos calma y regocijo, con la confianza de que somos chispas del Eterno.
    Pero es esencial que ésta sea la actitud durante el día de Shabat.

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  • El cuerpo y lo que muestra

    En la parashá Toledot encontramos que los gemelos eran idénticos, pero diferentes a simple vista.
    Sin embargo, no eran mellizos, sino gemelos.
    Se diferenciaban por el pelo, ya que uno había nacido tan peludo que eso motivo el nombre que le pusieron: Esav; el que ya «estaba hecho». En tanto que el otro nació lampiño.
    Por lo demás, eran tan parecidos que uno podía pasar por el otro.
    Sin embargo, en la conducta ya manifestaban también disparidad y hasta oposición; pues el peludo era activo, movedizo, agresivo, puro EGO; en tanto que el peladito era tranquilo, reflexivo, manso, calculador, con mayor presencia de la NESHAMÁ.
    Con el correr del tiempo las diferencias se fueron ahondando y los estilos de vida llevaron a que los cuerpos también evidenciaran los intereses y acciones de sus ocupantes; Esav era tosco pero fuerte, grandote, macizo, bien terrenal; en tanto que Iaacov era delgaducho, en apariencia blando, con menos presencia que su hermano.
    Cada uno de ellos con su ideal físico, acorde con el paradigma que sustentaba.
    Aunque, las vicisitudes de la vida llevó a Iaacov a desarrollar gran fuerza y resistencia, se hizo un hombre recio, aprendió a manejarse en este mundo con poder; quizás al punto de que si se hubiera presentado un altercado entre los hermanos, probablemente el que era debilucho en la infancia hubiera vencido al tremendo cazador.
    El cuerpo va evidenciando nuestra manera de vivir, nuestros ideales, nuestros deseos; el cuerpo que reconocemos como yo, y que no es más que un traje pasajero, muy importante pero que no es lo que somos, debiera ser siempre un reflejo de la NESHAMÁ, reduciendo al máximo posible todo aquello que perturba la clara visión nuestra personalidad espiritual.
    Así pues, recuerda que nos somos cuerpo, estamos siendo en un cuerpo; porque lo que somos es eterno y no corresponde a este mundo, sino a la eternidad.

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  • Mira bien para que vaya bien

    En la parashá Jaié Sará encontramos el dato de que a la edad de 127 falleció la matriarca Sará.
    De inmediato, la Torá nos brinda un dato que resulta extraño, pues nos informa que ella tuvo una buena vida.
    ¿Cuál sería la extrañeza?
    Pues, sabemos que tuvo que pasar numerosas peripecias bastante desagradables, alguna de las cuales se sucedieron en varias oportunidades o por largos períodos.
    Por ejemplo, tuvo que viajar muy lejos de su entorno para empezar, ya de anciana, una nueva vida.
    Padeció de una época de dura hambruna, que la obligó a emigrar buscando el sustento.
    Fue secuestrada dos veces, salvándose de manera milagrosa antes de ser ejercida mayor violencia sobre ella.
    Pasó años sin hijos, desencantada y sin esperanzas de poder algún día concebir y criar.
    Ya de vieja, dio a luz a un niño, el cual fue maltratado por la mala influencia del hijo mayor de su marido.
    Además, tuvo que soportar el maltrato de su empleada y la agonía de la burla de ella.
    Para luego enterarse de que su esposa había sacrificado al preciado hijo, en un ritual en honor al Dios, lo que le provocó una angustia tal que la llevó a la trágica muerte.
    Estos son solo algunos de los mojones que nos narra la Torá escrita, pudiéndose encontrar otros sinsabores en las leyendas de la Torá oral.
    Sin dudas, parece difícil declarar que fue una buena vida, pero sin embargo, es lo que la Torá afirma y sabemos que no miente.

    Entonces, ¿cómo lo podemos explicar?
    La respuesta está en la forma en que ella veía e interpretaba la vida.
    Porque recordemos, la realidad existe, pero nos relacionamos con ella a través de lo que percibimos e interpretamos de la misma. En ese acto de interpretación, estamos recreando la realidad, haciéndola diferente a un dato frío externo.
    Por tanto, de acuerdo a la perspectiva, es como conseguimos transformar la realidad.

    Cuando afrontamos la vida con una perspectiva positiva, el mundo no cambia mágicamente, el universo no se orquesta para hacernos los mandados, pero sin dudas tendremos una energía mayor para usarla constructivamente.
    En el momento que podemos ver algo de luz en la oscuridad, aunque ésta sea mayoritaria y nos pueda aterrar; ese pedacito de claridad nos dará una intensidad vital favorable, que nos permitirá hacer cosas que desde lo negativo jamás lograríamos.
    Pero además, cuando nos llenamos de quejas, reproches, culpas, excusas, mala onda… ¡estamos desperdiciando energía en cosas que no aportan y no favorecer! Mejor sonreír, tomar aire, y continuar con confianza para hacer aquello que está a nuestro alcance y el resto… que sea Dios el que se encargue…

    Las cosas negativas ocurren, es la lógica de este mundo de limitación, y no hay mágica, ni siquiera la Divina, que lo pueda evitar o eliminar por completo.
    Dios ha decidido que este mundo sea así, de muchísima impotencia, de malos momentos, de fracasos.
    Depende de nosotros como los interpretamos y qué hacemos con esta intepretación.

    Cuando nos damos cuenta de que la vida tiene un propósito más elevado que el aquí y ahora, podemos dejar fluir el estrés de insistir en negar lo negativo, y usar esa energía para algo positivo.
    Como supo aprender a hacer nuestra matriarca Sará.
    Por eso tuvo una buena vida, porque surfeaba las malas olas para encontrar la luz en cada oscuridad.

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  • El individualismo

    El individualismo está en crecimiento.

    Algunos se lo pueden atribuir a la pandemia, y sí, es correcto, en parte ayudó y propició a que la gente dejará de interactuar, de relacionarse, de fomentar vínculos.

    También es notorio el papel de la tecnología, de paradójicamente, la comunicación; pues ha facilitado que nos escondamos en nuestras cuevas, dejemos de encontrarnos, precisemos el diálogo directo, etc. Ahora con la pantallita podemos hacer lo que antes era menester presentarse a realizar en personas, lo cual nos encierra más y más, nos aparta más y más.

    Pero están aquellos que lo hacen para escapar del mundo que sienten cruel, que los agobia. Por ahí se sienten más seguros solos, sin tener que ponerse en evidencia, sin jugársela, en el anonimato de las redes sociales, sin intervenir en disputas dando opiniones que pueden ser contradichas,

    Estarán los que han sufrido por la mala compañía y se sienten que no precisan de otros, que es mejor el aburrimiento, la soledad, el no saber qué hacer con el tiempo a volver a tener que mantener una relación ficticia con gente que no los quiere y no son queridas.

    La individualidad no permite el crecimiento, o al menos lo retrasa.
    Si bien es cierto que pudiera haber filósofos que en la soledad encuentran su fermento para divagar, por regla general es en el intercambio, en la interacción, en la diversidad, en la divergencia, en el roce, donde podemos promover la fertilidad.

    Es bueno el rato de soledad, de valorar la compañía de sí mismo.
    Pero solo un rato.

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  • La virtud de los sodomitas

    Para entender este post es necesario haber estudiado este post anterior: https://wp.me/p3cYr1-4q3

    A pesar de que los sodomitas son vistos como el punto más alto de la maldad, debemos saber que por el contrario, algo bueno había en su ideología.
    Sin embargo, eso mismo que era un punto bueno, se transformaba en una herramienta del mal, ya que el Sistema de Creencias no permitía que esa semilla creciera, y por tanto se pudría y descomponía las cosas a su alrededor.

    Veamos la semilla buena, que no prosperó en el terreno tenebroso de Sodoma y sus alrededores.
    Un habitante de Sodoma podía dejar su casa abierta, todo el día, todo el año y podía estar absolutamente seguro de que no le faltaría nada, pues no había ladrones en Sodoma.
    Un supermercado se ahorraba en cámaras, cajeras, guardias de seguridad, seguro, porque todos los habitantes pagaban con extrema fidelidad hasta el último gramo de lo que compraran. Nadie se le ocurría siquiera llevarse algo sin pagar.
    Uno podía dejar a sus hijos, si por casualidad nacía alguno y crecía en ese ambiente, que jugara en las calles todo el día y también la noche, porque sabía que lo único malo que le sucedería sería a causa de un accidente, nunca por acción negativa de otro sodomita. Nadie lo violaría, ni raptaría, ni maltrataría.
    En Sodoma todos tenían claro que lo mío es mío, lo tuyo es tuyo, y así debe ser y no debe ser cambiado.
    Y estaban felices con ese estado de situación, al punto de ser extremadamente sádicos con los extranjeros que vinieran a su ciudad y pudieran corromper sus valores tan preciados.

    Por supuesto que esta vida de extremo cuidado por la propiedad del otro, de respeto a lo que es del otro, y así también saber que lo mío es respetado, es una gran cualidad.
    Esa es la buena semilla.

    Pero se pudre en ese terreno estéril de misericordia, de falto de empatía, de ningún deseo de ayudar al prójimo.
    Esta justicia tan extrema es el camino a una vida de ideología única, de negación de las diferencias, de fanatismo discriminador, de odio hacia lo que pudiera alterar su paraíso terrenal.

    Por ello, la cualidad de la severidad debe ser equilibrada con el de la bondad.
    Así pues, nuestra enseñanza habitual de construir SHALOM por medio de pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia. De ambas en su apropiada medida, ya que cuando nos desbarrancamos hacia una sola de las cualidades, provocamos lo contrario al SHALOM.
    Tal como les pasó a los sodomitas.

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  • Aprendemos del patriarca Abraham

    Te mencionaré algunas de las muchas cosas que podemos aprender del patriarca de los judíos, Abraham, en la parashá Lej Lejá y en los comentarios tradicionales acerca de ella:

    • Supo romper con las ideologías sin dar excusas para continuar siendo servil a ninguna de ellas.
    • No tenía miedo de ser diferente, cuando era necesario serlo.
    • Sabía que no hay nada permanente en este mundo, por tanto, soltaba, dejaba ir, fluía sin aferrarse inútilmente.
    • Sin embargo, se tomó el tiempo para diseñar al menos un objetivo trascendente para su vida, y se dedicó a conseguirlo.
    • Cambiaba, cuando era necesario hacerlo.
    • Tenía claro que, cuando las cosas terminaron, terminaron. No hay ventaja en pretender lo contrario, o en atar aquello que tiene que permanecer desatado.
    • Se mantenía calmado, en paz, a pesar de que el mundo alrededor pareciera estar cayendo a pedazos.
    • Dejaba que la gente comentara, opinara, se enojara, divergiera; porque él no era el dueño de las creencias de nadie.
    • Amaba al prójimo, por tanto quería su bien y evitaba en lo posible su mal.
    • Sabía que él era un eslabón y no toda la cadena; sin embargo, sin él, la cadena no existiría.
    • Tenía paciencia y ánimo para sostenerla.
    • Su mente era inquieta, pero su corazón permanecía en paz.
    • No se dejaba doblegar por los pendencieros, aunque fueran fuertes y dispuestos a hacérselo notar.
    • Tenía claro que en el mundo hay un Amo, aunque no lo hubiera aún conocido.
    • Era generoso, porque entendía que lo único que nos queda al final del día, es aquello que hemos compartido sin esperar nada a cambio.
    • Cuando la situación ameritaba el uso de la fuerza, no tenía inconveniente en usarla.
    • Era amable, pero firme.
    • Era firme, pero no rígido.
    • Era aventurero, pero no por aburrimiento o por las ganas de demostrar que era mejor que otros.
    • Sabía que perder es parte de la fórmula del éxito.
    • No le hacía asco al esfuerzo, porque poco se consigue que valga la pena sin esfuerzo.
    • Tenía en cuenta que todo es un aprendizaje, aunque algunos son más duros de soportar que otros.
    • Su vida era un viaje, lleno de idas y pocas llegadas.
    • No pretendía fundar religión alguna, pero sí que los de su entorno y su familia tomaran conciencia de que somos seres espirituales en un tránsito terrenal.
    • Aquello que no se consigue hoy, quizás se consiga mañana o tal vez quede para algún otro tiempo, lugar y persona.

    ¿Cuáles de estas enseñanzas las quieres incorporar a tu vida?

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  • Romper las ideologías es romper la idolatría

    « Avram se fue, como el Eterno le había dicho, y Lot fue con él. Avram tenía 75 años cuando salió de Jarán.»
    (Bereshit/Génesis 12:2-4)

    Desde que nacemos vamos armando nuestro Sistema de Creencias, que se compone de montón de elementos, muchos de ellos inaccesibles para nuestra mente consciente.
    Van ahí mandatos de los padres, la moral de la sociedad, los imperativos de los grupos a los que uno se afilia, los resultados de la lucha contra el EGO, el llamado tenue de la voz de la NESHAMÁ que somos, propaganda, fragmentos de creencias que vamos recogiendo sin darnos cuenta y algunas cosas más.
    Es a través de este SC que vamos interpretando nuestra existencia, haciendo de cuenta que le damos sentido a lo que pasa, nos pasa, queremos, nos duele, nos alegra, perdemos, etc.
    Es decir, miramos el mundo a través de los lentes del SC, al mismo tiempo que vamos rearmando ese SC con los acontecimientos que vivenciamos.
    Llegamos a un punto en nuestro crecimiento que el SC se va anquilosando, volviendo más pesado, rígido, petrificado. Ya no es un sistema vivo, que se modifica, muta, cambia (para mejor o peor); sino que se va repitiendo a sí mismo, se queda cada vez más quieto, repetitivo, aniquilador. Por ello también se esfuerza en preservarse a sí mismo, negándose a cambiar, porque el cambio implica angustia, esfuerzo, moverse, aprender, desaprender, dejar de estar seguro.
    Entonces, pasamos por la vida aferrados a un SC que quizás no sea el más saludable, equilibrado, positivo, bueno, para nosotros y quienes nos rodean.
    Pero, es el SC que pudimos armar, y que sentimos, creemos, que nos pertenece, que nos representa, que no podemos vivir sin él.

    El patriarca de los judíos, Abraham, desde muy, pero muy pequeño aprendió a romper con los ídolos, con las ideologías.
    No dejaba que su SC se convirtiera en un rey viejo y descarado, que lo hiciera esclavo y lo momificara en una existencia hueca y pesada.
    Abraham cada día comenzaba su reestructura, abierto al cambio, dispuesto a cambiar y a ayudar a quien quisiera a hacerlo.
    Lo cual le creaba innumerables conflictos con el mundo servil en el cual vivía.
    Abraham tuvo que aprender a soltar, de dejar ir, a no aferrarse a nada; hasta que a los 75 años de edad, el propio Dios le confirmó que su camino era el camino correcto.
    NO porque estuviera haciendo una vida religiosa, o buscando inventar alguna religión; sino porque estaba expresando la verdadera espiritualidad, aquello que Dios espera de cada uno de nosotros.

    Se lo confirmó varios años más tarde:

    «Avram tenía 99 años cuando el Eterno se le reveló y le dijo: –Yo soy El Shadai [Dios Todopoderoso]; camina delante de Mí y sé íntegro.»
    (Bereshit/Génesis 17:1)

    Era lo que el patriarca venía haciendo sin pausa, pero ahora con el beneplácito expreso del Creador.
    Quizás es una invitación para cada uno de nosotros, para ser íntegros delante de Dios y caminar así con satisfacción por este mundo hacia un espléndido futuro.

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  • Enseñanza saludable de Sucot

    Es frecuente creer que este personaje que estamos viviendo en este mundo es lo que somos, cuando en realidad es lo que estamos siendo.
    En el mundo de la Cabalaterapia recibe el nombre de Yo Vivido, que se compone de cantidad de creencias, asunciones, mandatos, roles, fantasías, deseos, estados de ánimo, experiencias, recuerdos, concesiones y montón de cosas más que forman esta personalidad que nos representa en este momento.
    Lo que realmente somos es NESHAMÁ, es decir, espíritu, chispa Divina, el Yo Esencial.
    Mientras que el Yo Vivido es una creación circunstancial, caótica, conflictiva, cambiante (aunque a veces se petrifica y permanece como una estatua), destinada a morir; el Yo Esencial es una emanación de la Divinidad, es nuestra naturaleza sagrada y eterna. El Yo Esencial de cada uno es lo que somos, y siempre es sagrado, impoluto, conectado a su fuente, que es Dios y por tanto lleno de bien y santidad.
    Pero claro, ese Yo Esencial no es evidente, pues estamos en el mundo físico que impide tomar conciencia de la espiritualidad, y por tanto solo se destaca el Yo Vivido, y con suerte nos damos cuenta de que también somos un Yo Auténtico. Sin embargo, la voz del Yo Esencial, que no se calla, permanece silenciada por el ruido atronador del EGO y de los avatares del mundo terrenal. Nos confundimos y aferramos a una personalidad, o a varias, dejando de representar la mejor versión de nosotros mismos, como sería reflejar la NESHAMÁ en cada instante de nuestra vida, en pensamientos, palabras y actos.

    En nuestra vida en este mundo solemos usar etiquetas para presentarnos, o las usamos con otras personas, así facilitamos nuestra existencia.
    Pero nos olvidamos que no somos etiquetas, nos aferramos a ellas, somos capaces hasta de morir o matar por ellas. Miren si no aquellos religiosos que cometen suicidio en tanto asesinan inocentes, simplemente porque cargan con una etiqueta que les determina a hacer de mártires y provocar la muerte de los que piensan diferente.
    Esos otros que se creen su etiqueta, por ejemplo de ricachones y poderosos, y por ello maltratan a los que están en una condición socioeconómica más modesta.
    Aquellos que arramblan el marbete de inútiles y estúpidos y por tanto cometen todo tipo de tonterías y son incapaces de avanzar en el desarrollo de un Yo Vivido más acorde con su Yo Esencial maravilloso.
    Podríamos dar miles de ejemplos más en los cuales los gafetes son usados y nos facilitan la vida en ciertos aspectos, al tiempo que nos limitan y prohíben descubrir nuevas facetas que en verdad nos conectan con lo que somos.

    Estamos atados a multitud de yoes, aunque, de los rótulos que nos ponemos o nos ponen otros. Entonces soy docente, rabino, estudiante, padre, hijo, empleado, patrón, etc.; que evidencia algún rol que ejercemos, o actividad que realizamos. También podemos presentarnos a través de posesiones, positivas o negativas: alcohólico, millonario, pobre, desgraciado, casado, cristiano, etc. Nos podemos presentar como otros que no estamos siendo, porque nos confundimos en nuestra autoevaluación, o porque decidimos mentirnos o mentir a los otros.
    Podemos estar siendo algunas de esas cosas, o haberlo sido, o querer serlo; pero lo que nunca debemos olvidar es que no es lo que somos, sino que es lo que estamos siendo, pues es solamente una etiqueta, una construcción temporaria. Lo que somos es la chispa Divina, la NESHAMÁ, nunca debemos olvidarlo.

    No tenemos que dar cabida a la limitación que nos obliga a sentirnos y pensarnos como el Yo Vivido, como si fuera una cárcel.
    Por el contrario, está en nosotros romper ese esquema mental, y seleccionar que etiquetas nos son útiles y saludables, usarlas, pero sin zambullirnos en ellas como si fueran la verdad inamovible.
    De ello depende nuestra salud.

    Permite fluir las etiquetas, no te empantanes en ninguna de ellas, porque la Sucá nos hace recordar que somos pasajeros en este mundo, que venimos para no quedarnos, pero que lo eterno sigue siendo eterno.

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