Gente que se pelea terriblemente con su propia familia, porque alguno niega la existencia del COVID, o la eficacia de las vacunas, o las ramificaciones para la salud del virus, o lo que fuera.
Personas que se enemistan con medio mundo, porque insisten en que la tierra es plana y no paran de decir que estamos siendo manipulados para creer que es «redonda» (aunque tampoco es que sea redonda la tierra).
Los que predican el valor maravilloso de la astrología, su poder para comprender el presente, para descubrir antes de tiempo el futuro, para solucionar cualquier interrogante, simplemente al calcular la posición de astros con relación a otros.
La lista podría seguir, de personas que se aferran a cualquier fantasía extravagante, casi siempre mágica, y que rabiosamente contradicen los datos verificados y contrastados que aportan las ciencias.
A este tipo de gente no le interesa el conocimiento, ni el pensamiento, sino tan solo cacarear sus creencias, difundir sus delirios, pretender imponer sus agendas o meramente su opinión como si fueran sagradas y las que hay que adorar y respetar con veneración.
Por supuesto que acá entran todos aquellos que invitan a caballeros a ser revisados por ginecólogos, todo ello apoyado por estructuras de poder que decretan que no hay verdad, que cada cual decide qué es y todos tienen que seguirle la corriente… siempre y cuando que ese parecer sea no científico.
Detrás de todo esto, no quepa dudas, que esta el EGO.
El ansía insoportable por sobresalir al sentimiento agobiante de vacío, de vanidad, de nada.
El afán desesperado por arañar algún gramo de poder, porque se siente impotencia, o se sabe ahogado en impotencias.
El enajenado cerebro que declara la guerra contra lo que demuestra que es impotente.
El perturbado corazón que odia y envidia, todo al mismo tiempo.
Con la proclama de que todos tenemos derecho a las opiniones, censuran y persiguen inquisitorialmente a los que demuestran con hechos contrastados, a los que aportan racionalidad y verificación comprobable.
Con el llantito victimista mandan callar a los que disienten de sus fantasías megalómanas, pero dicen ser abiertos y receptivos, posmodernos que son amplios y fluidos.
¡Contradicciones de contradicciones, una y otra vez!
Agrietan las relaciones, amplían las fisuras sociales, profundizan la discordia, con proclamas llenas de odio y cancelación.
Invisibilizan aquello que les molesta, lo que puede dejar en evidencia las mentiras, engaños, falacias y fanfarrias que ellos adoran y con las que fueron adoctrinados y adoctrinan.
Como un virus, son parásitos que se multiplican, que cooptan mentes útiles, que enajenan manos productivas, que se dedican a fagocitar lo que da vida para mantenerse flotando desesperados por sobrevivir.
No quieren el diálogo, ni el conocimiento; rechazan aprender y mucho más desaprender.
Detestan a Dios y todo lo que se refiere a él; aunque a veces se afilian a multitud de dioses, sean de religiones o de modas sociales.
Dividen y destruyen, en el nombre de un supuesto amor.
Destituyen y exilian, proclamándose defensores de débiles e indefensos.
Reviven como iconos e ídolos a figuras infectas, tales como el tal «Che».
Están a la espera de cualquier letra, gesto, mención, sugerencia que los pueda «ofender», para saltar enfurecidos y asaltar a aquellos que se atrevieron a disentir.
Así estamos viviendo, en esta época tan siniestra, donde evidentemente algunos están haciendo su negocio con todo esto.
Sería maravilloso si pudiéramos raspar ese enojo y falta de autoestima, para convertir la maldición del odio en una bendición de amor mutuo y cercanía.
Unas breves ideas para comenzar un año, Dios quiera, poderoso y de bendición.
Vieron que hay gente que dice que la vida, el destino, vaya a saber qué o quién, te hace pasar por la misma lección hasta que la aprendes.
La vida es cambio constante, aunque pareciera monotonía en muchos tramos.
La Torá pone en palabras aquello que lleva la NESHAMÁ judía inscrita como su procedimiento de conducta.
La mente está preparada para buscar cosas que rompen lo rutinario, aquello que pudiera afectarnos.
Una mitzvá promueve que hagamos otra mitzvá, en cambio un error suele conducir a otro error; así nos enseñan los sabios.
La enseñanza del rabino Dostai bar Yannai en el nombre del rabino Meir (Pirkei Avos / Ética de los Padres 3:10): Quien olvida algo de su aprendizaje de la Torá, la Escritura lo considera como si llevara culpa por su alma, como dice: ‘Pero ten cuidado y guarda tu alma en exceso, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto‘. (Devarim / Deuteronomio 4: 9)
Nos podemos dejar llevar por diferentes impulsores, de acuerdo a su origen en la multidimensionalidad que nos hace.
El humano se va inventando dioses y otros poderes extravagantes, porque está naturalmente desesperado por poder.
Existe una depresión que se origina en un desbalance de elementos químicos en el cerebro y que puede ser paliada, habitualmente, con el tratamiento farmacológico ofrecido por los médicos siquiatras.
Los humanos somos limitadísimos, cercados por la impotencia de manera frecuente y habitual.