Categoría: CTerapia

  • La nueva era oscura

    Gente que se pelea terriblemente con su propia familia, porque alguno niega la existencia del COVID, o la eficacia de las vacunas, o las ramificaciones para la salud del virus, o lo que fuera.
    Personas que se enemistan con medio mundo, porque insisten en que la tierra es plana y no paran de decir que estamos siendo manipulados para creer que es «redonda» (aunque tampoco es que sea redonda la tierra).
    Los que predican el valor maravilloso de la astrología, su poder para comprender el presente, para descubrir antes de tiempo el futuro, para solucionar cualquier interrogante, simplemente al calcular la posición de astros con relación a otros.
    La lista podría seguir, de personas que se aferran a cualquier fantasía extravagante, casi siempre mágica, y que rabiosamente contradicen los datos verificados y contrastados que aportan las ciencias.
    A este tipo de gente no le interesa el conocimiento, ni el pensamiento, sino tan solo cacarear sus creencias, difundir sus delirios, pretender imponer sus agendas o meramente su opinión como si fueran sagradas y las que hay que adorar y respetar con veneración.
    Por supuesto que acá entran todos aquellos que invitan a caballeros a ser revisados por ginecólogos, todo ello apoyado por estructuras de poder que decretan que no hay verdad, que cada cual decide qué es y todos tienen que seguirle la corriente… siempre y cuando que ese parecer sea no científico.

    Detrás de todo esto, no quepa dudas, que esta el EGO.
    El ansía insoportable por sobresalir al sentimiento agobiante de vacío, de vanidad, de nada.
    El afán desesperado por arañar algún gramo de poder, porque se siente impotencia, o se sabe ahogado en impotencias.
    El enajenado cerebro que declara la guerra contra lo que demuestra que es impotente.
    El perturbado corazón que odia y envidia, todo al mismo tiempo.

    Con la proclama de que todos tenemos derecho a las opiniones, censuran y persiguen inquisitorialmente a los que demuestran con hechos contrastados, a los que aportan racionalidad y verificación comprobable.
    Con el llantito victimista mandan callar a los que disienten de sus fantasías megalómanas, pero dicen ser abiertos y receptivos, posmodernos que son amplios y fluidos.
    ¡Contradicciones de contradicciones, una y otra vez!

    Agrietan las relaciones, amplían las fisuras sociales, profundizan la discordia, con proclamas llenas de odio y cancelación.
    Invisibilizan aquello que les molesta, lo que puede dejar en evidencia las mentiras, engaños, falacias y fanfarrias que ellos adoran y con las que fueron adoctrinados y adoctrinan.

    Como un virus, son parásitos que se multiplican, que cooptan mentes útiles, que enajenan manos productivas, que se dedican a fagocitar lo que da vida para mantenerse flotando desesperados por sobrevivir.

    No quieren el diálogo, ni el conocimiento; rechazan aprender y mucho más desaprender.
    Detestan a Dios y todo lo que se refiere a él; aunque a veces se afilian a multitud de dioses, sean de religiones o de modas sociales.

    Dividen y destruyen, en el nombre de un supuesto amor.
    Destituyen y exilian, proclamándose defensores de débiles e indefensos.
    Reviven como iconos e ídolos a figuras infectas, tales como el tal «Che».
    Están a la espera de cualquier letra, gesto, mención, sugerencia que los pueda «ofender», para saltar enfurecidos y asaltar a aquellos que se atrevieron a disentir.

    Así estamos viviendo, en esta época tan siniestra, donde evidentemente algunos están haciendo su negocio con todo esto.

    Sería maravilloso si pudiéramos raspar ese enojo y falta de autoestima, para convertir la maldición del odio en una bendición de amor mutuo y cercanía.

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  • La perspectiva espiritual de Rosh haShaná

    Unas breves ideas para comenzar un año, Dios quiera, poderoso y de bendición.

    1. El mundo en el cual el Creador nos colocó es de limitaciones. Es un hecho ineludible que aquí estamos limitados por la materialidad.
    2. Pero en verdad somos NESHAMÁ, es decir, espíritu, chispa de Dios, una parte de la eternidad.
    3. El ser humano pierde a menudo la conciencia espiritual, se olvida que es NESHAMÁ y que NO ES esta personalidad que está siendo en este mundo.
    4. Por ese olvido, fracasa una y otra vez en superar su mirada limitada de la realidad.
    5. Como enseña el conocimiento cabalístico: “El humano es un pequeño universo; el universo es un gran humano”.  Por tanto, nuestra interpretación de la realidad nos marca la forma en que vivimos, y la forma en que interpretamos y vivimos pauta nuestro entorno.
    6. En su limitada existencia terrenal, el humano desea dejar de lado el sufrimiento, porque presiente que puede siempre estar mejor, tener más poder.
    7. Ese deseo lo lleva a descarrilar, a perder aún más el rumbo espiritual, pues se deja controlar por el EGO, en lugar de permitir que sea la NESHAMÁ quien le oriente en la interpretación y acción.
    8. El EGO al mando hace predominar el egoísmo negativo, las acciones reñidas con el código de conducta ético/espiritual. Incluso se llega a hacer lo malo, aunque la esencia de todo humano es buena.
    9. Esta forma de vida y esta interpretación corrosiva de la realidad hace que cada vez se viva peor, que la amargura se profundice, que no se vea solución ni se confíe en el Creador.
    10. Por lo cual, se recurre a todo tipo de ideación mágica, a supersticiones, a fantasías, a idolatría. Las religiones toman el lugar de la espiritualidad, la magia el lugar de la ciencia, la fantasía infantil el lugar del razonamiento equilibrado y emocionalmente saludable.
    11. Si pudiéramos rectificar nuestra manera de interpretar el mundo, nuestro ser interno y lo externo, si descubriéramos que jamás dejamos de ser parte del Divino, entonces podríamos abandonar toda religión, superstición, misticismo, piratería de la fe.
    12. Por lo cual, es indispensable corregir nuestra interpretación y eliminar todo vestigio de religión y otras invenciones del EGO que nos mantienen en esclavitud y lejos de nuestra mejor versión.
    13. Es necesario un camino de rectificación, de poner al EGO en su justo lugar y dejar que sea la NESHAMÁ nuestra guía.
    14. Para lo cual, es indispensable conocer los mandamientos que atañen a nuestra identidad espiritual y llevar a cabo nuestra tarea.
    15. Un resumen de esa tarea es la construcción de SHALOM, que significa pensar, hablar y hacer lo bueno y lo justo en todo momento, con toda persona, incluso con nosotros mismos.
    16. Cada crisis, cada probada del caos es una lección que nos da la vida para que construyamos SHALOM.
    17. Hay otro camino, que es sin crisis, que es sin sufrimiento; es el camino del conocimiento; pero, del conocimiento verdadero, y NO del fantasioso, religioso, supersticioso, mágico.
    18. El conocimiento que construye SHALOM y lo expande, que vive ecológicamente, sabiendo que todos somos parte de la Divinidad pero que aparentamos estar desconectados.
    19. No se precisa de grandes revoluciones, sino de pequeñas evoluciones, de dar pasitos breves pero seguros en el camino de la TESHUVÁ, que es volver a ser la mejor versión de nosotros mismos.
    20. Pasitos de construcción de SHALOM, de manera constante y sin excusas.
    21. Tal es la manera verdadera de la persona espiritual, sea del pueblo de Israel o de las naciones.
    22. Cada Rosh Hashaná es una nueva oportunidad para hacer el cambio de perspectiva. Porque la palabra «rosh» es cabeza, en tanto que «shaná», se traduce como año, pero se asocia íntimamente a la palabra «shinui» que es cambio. Es el tiempo de cambiar la cabeza.
      Percibir nuestra verdadera identidad, la NESHAMÁ, y por tanto ponernos en campaña para construir SHALOM a cada instante.

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    Shaná Tová uMetucá.

  • La lección aprendida

    Vieron que hay gente que dice que la vida, el destino, vaya a saber qué o quién, te hace pasar por la misma lección hasta que la aprendes.
    Como si estuviéramos en un infinito salón de clase en donde debemos estar aprendiendo determinadas enseñanzas, porque si no las incorporamos a nuestra vida, entonces el maestro nos hace repasar, recursar, empantanarnos y no poder continuar.

    Tal vez pudiéramos entender esto de una forma racional a la vez que espiritual.
    Como que en tanto no incorporamos determinados conocimientos que nos hacen optimizar nuestra conducta, entonces, seguiremos reaccionando de maneras ineficientes, ineficaces, por lo que nos impedimos pasar a un siguiente nivel de aprendizajes.
    Pongamos un sencillo ejemplo.
    Si no aprendimos a sumar, difícilmente podremos resolver ecuaciones matemáticas de mayor complejidad.
    Entonces, nos tropezaremos mil veces, y otras mil, con las cuentas hasta que hayamos incorporado la operación de la suma, recién entonces estaremos con la mente disponible para realizar cuestiones más complejas.
    Ahora, traspolemos este ejemplo a todas las áreas de nuestra existencia.

    Si nos quedamos con el enojo, con la queja, con la excusa, en lugar de poner manos a las obras para aprender, entonces estaremos ahondando nuestra problemática en lugar de liberarnos, fortalecernos, y crecer.
    Si permanecemos con angustias, ansiedades, miedos para encarar el cambio, entonces difícilmente encontraremos la manera de superarnos y llegar a la mejor versión posible de nosotros mismos.

    Por supuesto que el aprendizaje es para todos los días, pero es especialmente relevante cuando estamos aproximándonos a Iom haDín, el día del juicio, que es cuando se celebra Rosh haShaná. El momento en el cual el Creador pone a cada criatura en la balanza el año transcurrido para evaluar así las conductas, los logros, el desempeño, los tropiezos, los fracasos.
    Es el tiempo para que aprovechemos a descubrir qué mejorar, que modificar para bien, que desechar, que continuar realizando.
    Es la ocasión sagrada para reafirmar los aprendizajes positivos, o aprender de una vez la lección con la cual nos topamos a menudo y no nos dimos la oportunidad de aprenderla.

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  • Creador de tu camino

    La vida es cambio constante, aunque pareciera monotonía en muchos tramos.
    Estos tiempos prometieron ser de cambios profundos, como por ejemplo nos demostró la pandemia que no quiere dejarnos en paz.
    Según escuché, cada cien años nos condena una pandemia, siendo que toma tres años al sistema para acomodarse y continuar la vida en la verdadera nueva normalidad.
    Como sea, el cambio es la única manifestación constante desde que Dios puso en marcha el universo.
    Ya las mismas líneas iniciales del Bereshit así la evidencian, patentizando cada desarrollo, evolución y desviación que se suscitó.

    El pasado evidentemente se fue, pero sus ondas expansivas pueden continuar incluso hasta futuros y lugares impensados.
    Como esas olas que se forman al golpear una roca en el espejo del agua, que se alejan y multiplican como si su energía se preservara y no decayera.
    No sabemos los efectos de nuestras acciones, cómo siguen afectando.

    El futuro, para nosotros no existe, pero su expectativa nos va marcando también.
    Por lo cual, el presente, que es un guiño fugaz, un suspiro que se aleja, una sombra que vuela, tiene esas conexiones tan intensas con el pasado y el futuro.
    Sin embargo, es ese pestañeo veloz lo único que tenemos realmente y que debemos aprovechar.

    La forma en que tratamos y resolvemos nuestro presente, depende en buena medida de nuestra decisión.
    Puede convertirse en una condena que arrastraremos hacia lugares y tiempos que no imaginamos; o puede resultar ser el corte que era indispensable para contribuir con una mejor realidad.
    Como sea, creamos un mundo a partir de nuestras elecciones.

    Sin dudas que no tenemos el poder de determinar lo que nos ocurre, ni lo que sucederá.
    Nuestro poder es limitado y hay millones de factores que operan para limitarnos o potenciarnos.
    De nosotros depende lo que nos corresponde, luego, el resultado ya está en manos del Eterno.

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  • La ley de Dios en tu interior

    «Ciertamente este mandamiento que te mando hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo tomará para nosotros, y nos lo hará oír, a fin de que lo cumplamos?’ Tampoco está al otro lado del mar, para que digas: ‘¿Quién cruzará el mar por nosotros y lo tomará para nosotros, y nos lo hará oír, a fin de que lo cumplamos?’ Ciertamente muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.»
    (Devarim/Deuteronomio 30:11-14)

    La Torá pone en palabras aquello que lleva la NESHAMÁ judía inscrita como su procedimiento de conducta.
    Recordemos que todas las personas somos NESHAMÁ, espíritu, chispa de Dios.
    La mayoría de la humanidad, el 99.8% tienen su raíz en una esfera de la Divinidad; en tanto que el 0.2%, en otra sección de esa esfera.
    A esa ínfima cantidad corresponde la NESHAMÁ judía.
    Evidentemente no tenemos forma de comprender qué significa esto en realidad, ni podemos describirlo realmente, ni siquiera imaginarlo. Pero, para ayudarnos un poco a formar una idea, sería como si la humanidad en su casi totalidad estuviera enchufada a la electricidad de 220V (como tenemos en Uruguay, por ejemplo), en tanto que los judíos estuvieran enchufados a 110V (como tienen en Estados Unidos, por ejemplo). Aquellos aparatos eléctricos que funcionan a 110V, no sirve que se los conecte a 220V, y viceversa.
    Cada uno debe recibir su dosis correcta de energía, para no afectar su sistema, para permitirle funcionar correctamente.
    Los gentiles, el 99.8% de la humanidad, recibieron los Siete Mandamientos para las Naciones. Esa es su conexión espiritual, porque así lo ha elegido Dios. No precisan más para funcionar correctamente, para estar conectados, para tener la energía Divina en sus vidas.
    Pero, para el pueblo de los judíos la carga es de 613 mandamientos, es decir, 606 mandamientos extra. Eso no hace de los judíos mejor al resto de la humanidad, solamente les da más trabajo para mantener activa y equilibrada su conexión energética espiritual.
    Sin embargo, no dice a los judíos la Torá, en el párrafo que copiamos al principio, esa enorme cantidad de reglas, con sus miles de normas derivadas, no son en verdad ajenas a nuestro ser. Son parte de nuestro código de existencia espiritual. La NESHAMÁ judía sabe que funciona en ese sistema de 613 reglas, es lo que la hace funcionar con equilibrio y poder.
    Por tanto, es necesario que los judíos recordemos nuestros mandamientos, aquellos que están en nuestro espíritu y que expresa la Torá.

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  • La imaginación podrida

    La mente está preparada para buscar cosas que rompen lo rutinario, aquello que pudiera afectarnos.
    Es una ventaja evolutiva, pues debimos estar muy atentos en épocas muy remotas, a cualquier amenaza del entorno, porque un pequeño error o distracción podría resultar en que termináramos siendo la cena de alguna fiera.

    Por algo que se vincula a lo anterior, la mente se dedica a imaginar desgracias, sin darse cuenta que con ello no está previniéndolas sino que suele crearlas.
    Esto es así porque la mente va alimentando emociones que nos destruyen por dentro y nos llevan a fracasar, a desperdiciar energía en cosas que no sirven, en tener miedo, y así puestos en una onda de caos.

    Por tanto, es esencial parar la rumiación negativa de la mente, tanto como el positivismo tóxico que nos aleja de encontrar soluciones a problemas que pueden ser resueltos sin estar esperando magia.

    Tenemos que aprender a enfocar la mente en lo positivo saludable, en reconocer los errores para corregirlos, en advertir los peligros para andar con precaución, en planificar para llevar a cabo las tareas.
    La mente es un poderoso aliado, pero también puede ser nuestro más duro contrincante.
    Depende de tu decisión.

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  • La espiral que nos conduce

    Una mitzvá promueve que hagamos otra mitzvá, en cambio un error suele conducir a otro error; así nos enseñan los sabios.
    Es como si entrásemos en una espiral, que pudiera ser virtuosa o tóxica.
    Tal vez no nos percatamos cuando dimos el primer paso de adónde terminaríamos, qué tan lejos llegaríamos. Es que no tenemos como prever realmente los resultados de nuestras acciones o inacciones, y como el universo se modifica a raíz de ellas.
    Un pequeño desvío aquí, que puede parecer imperceptible, puede terminar en una enorme catástrofe, impensada e impensable.
    O al revés también, esa diminuta acción positiva que no parece relevante, quizás encierra una espectacular bendición para nosotros y otros.
    No lo sabemos, ni podemos saber.
    Lo que sí podemos hacer es controlar, en la medida de lo posible, nuestro siguiente paso.

    Si estamos en la espiral negativa, o en una meseta de la nada misma, está en nosotros hacer el cambio de la rotación, si nos damos cuenta de que no es el camino que nos lleva a la bendición.
    Ese parar la rueda, ese modificar la dirección, es lo que se llama TESHUVÁ.
    Todos los días son el día para hacerla, pero el mes de Elul, en el cual estamos ahora, es el que contiene una energía espiritual particular para conseguirla.
    Aprovechemos la oportunidad.

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  • Olvidar su Torá o vivirla

    La enseñanza del rabino Dostai bar Yannai en el nombre del rabino Meir (Pirkei Avos / Ética de los Padres 3:10): Quien olvida algo de su aprendizaje de la Torá, la Escritura lo considera como si llevara culpa por su alma, como dice: ‘Pero ten cuidado y guarda tu alma en exceso, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto‘. (Devarim / Deuteronomio 4: 9)

    ¿Cómo podemos ser culpables por no recordar?
    Evidentemente no está refiriéndose a una persona con problemas físicos o psicológicos que le impiden recordar o incorporar nuevos recuerdos.
    Sino de aquella persona con todo «en regla», pero que sin embargo no aprende y no embebe en su vida el mensaje de la espiritualidad.
    Por ello, la enseñanza es que deberíamos tener tanta pasión por inculcar las verdades de la Torá en lo más profundo de nuestro corazón hasta que la totalidad de nuestros cuerpos y almas anhelen el cumplimiento de la Torá y la mitzvá. Con tal anhelo, olvidar sería imposible.
    Lo mismo aplica para el gentil respecto a sus Siete Mandamientos, aquellos que Dios le ha dado personalmente para que conozca, cuide y cumpla.

    Al respecto, una anécdota.
    Un trabajador que trabajaba de la mañana a la noche por su pan de cada día le preguntó una vez al rabino Israel Salanter, fundador del movimiento Musar (ética): dado que solo tenía diez o quince minutos al día para dedicarlo al estudio de la Torá, ¿en qué ámbito de la Torá debería dedicarse? El rabino Salanter lo animó a aprender musar, porque si trabajaba en musar durante esos quince minutos, descubriría que, de hecho, tenía mucho más tiempo disponible para cumplir con la Torá.
    Lo mismo aplica para los noájidas, quienes al llevar una vida de construcción de Shalom, mediante pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia, estarán cumpliendo con SU Torá y teniendo una vida de plenitud.

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  • Aquello que te impulsa

    Nos podemos dejar llevar por diferentes impulsores, de acuerdo a su origen en la multidimensionalidad que nos hace.
    Entonces, desde el plano de lo físico-material no mueven los instintos, las necesidades fisiológicas, las pulsiones más primitivas de nuestro ser.

    Tenemos desde el plano de lo emocional que nos hace actuar aquello que sentimos, como también lo que nos emociona. Es de suponer que no sería frecuente encontrarnos con estas conductas cuando hemos crecido y madurado, pero lo cierto es que abundamos en ellas. Es que, no vamos analizando y permitiendo que la mente analítica tome el control de nuestra vida, sino que vagamos por el océano de sensaciones y emociones, permitiendo que sean éstas las que nos dictan el comportamiento.
    Por aquí se encuentran también las fantasías, los deseos, muchísimo de lo más añejo de nuestro Sistema de Creencias. El contenido del Sistema,  no está compuesto mayormente por información racional, sino de una mezcla poco sensata de sentimientos, pautas tribales, mensajes confusos de nuestros mayores, fragmentos de ideas y un montón de otros trozos de información pegada sin ordenamiento.

    Luego, tenemos en el plano social los mandatos de la misma, aquello que nos prescribe el ordenamiento institucional, las reglas de convivencia, el mundo de los padres que hemos ido internalizando desde pequeños y nos dirige desde la oscuridad del subconsciente. Por supuesto que aquí se incluyen todos los fenómenos que nos determinan a ser parte de una manada, una oveja más entre las ovejas. Acá están las normas morales, las costumbres reverenciadas, reglas de urbanidad, todo aquello que nos hace ser engranajes de la maquinaria social.

    Más también, está el plano mental, de lo racional, lo analítico, lo creativo, lo recordado y sistematizado.

    Por sobre todos está el plano espiritual, de aquel que no llegamos a tener certeza ni pruebas, pero que es el que más genuinamente somos. Dese aquel plano nos llegan instrucciones para al buen vivir, uno que está en armonía con el cosmos, que nos permite desarrollarnos, ser agradecidos, conectados, trascendentes.
    Para que estas instrucciones profundamente sumergidas alcancen nuestra a nuestra razón y las tengamos presentes, es necesario despertar la conciencia de lo espiritual y no permitir que se vuelva a dormir.

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  • La magia que se desea

    El humano se va inventando dioses y otros poderes extravagantes, porque está naturalmente desesperado por poder.
    Hay algunas explicaciones para ello, pero no quiero que nos dediquemos a esta exploración en este momento, sino a concentrarnos en el problema que esto representa.
    Pues, no solamente se pierde el foco en la sana relación con el Uno y Único Dios, que no tiene hijos, ni partes, ni reemplazos, ni competidores, ni imágenes; sino en las propias capacidades para sobrellevar situaciones y sobreponerse; o en la ayuda del prójimo.
    Pero no, el humano quiere magia, se desespera por ella, busca todo lo tóxico y fantasioso en lugar de apelar a lo verdadero y con poder.
    Sería un buen ejercicio que revisaras si estás poniendo tu fe en la magia, aunque parezca que sea santidad.

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  • Esa depresión tan terrible

    Existe una depresión que se origina en un desbalance de elementos químicos en el cerebro y que puede ser paliada, habitualmente, con el tratamiento farmacológico ofrecido por los médicos siquiatras.

    Hay otra depresión que es frecuente ante una circunstancia dura que haya afectado la vida, como por ejemplo la muerte de un familiar cercano, un accidente grave, el despido laboral o por el estilo. En este caso las medidas farmacológicas no son la principal necesidad, sino el aprender a procesar el duelo, a recomponer el esquema de creencias y vínculos, además de encontrar nuevamente el balance en la existencia.

    Probablemente hay otros tipos, pero no es mi intención extenderme en ello, sino enfocarme muy brevemente en este tipo: la depresión que se apoya en el atroz egocentrismo de aquel que lo padece. Persona que ve el mundo solamente como un instrumento para satisfacerle sus caprichos. Que manipula a quien tiene a mano, conocido o no, para sentir poder en el hecho de la manipulación. Que emplea la victimización, la queja, la amenaza de infligirse daño, el sentimiento de culpa, el reproche y algunas que otras herramientas clásicas del EGO, para alcanzar esa sensación de poder, que de otra forma pareciera no sentir. Está hundida en ideas de destrucción, de negatividad, de insatisfacción y no aplica instrumentos racionales y posibles para sentirse mejor, para llevar una existencia de plenitud; porque si resuelven los conflictos con los que manipulan, entonces sienten que se quedan sin armas para satisfacer sus deseos infantiles, primitivos, irracionales.
    Es frecuente que por su comportamiento la gente les evite, o aquellos que siguen en su órbita estén padeciendo y tengan sus propias dificultades emocionales y que por ello acepten seguir en esa relación tóxica.
    Estas personas no padecen su depresión, sino que la provocan y pareciera incongruente pero hasta como si la disfrutaran.
    Pero, evidentemente no lo declararán ni lo admitirán, lo cual hace que resolver su caótica vivencia sea virtualmente imposible.
    Precisan ayuda, pero ellos no la quieren, ya que la perciben más como una amenaza a su (inexistente) poder que como una verdadera salvación.

    Si tienes un amigo o familiar que padece depresión, lo mejor es que le acompañes en su camino hacia el especialista en salud mental y emocional. Para que sean expertos, y no magos, charlatanes o filósofos de cabaret, quienes le puedan dar una mano, o al menos hacer el diagnóstico apropiado.
    Los chistes, la mentalidad positiva tóxica, las plegarias, y el que les pidan que estén felices no dan respuesta a lo que los que padecen de alguna depresión.

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  • Los derrotados y el rey David

    Los humanos somos limitadísimos, cercados por la impotencia de manera frecuente y habitual.
    Si bien nuestra esencia es infinita, pues somos NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina, Yo Esencial), las vivencias en este mundo se dan en un marco de limitaciones.
    Es algo evidente y que no precisa de demostración alguna. Basta con dejar de respirar unos minutos para darnos cuenta de lo endeble que es el ser humano en este mundo.
    Por lo cual, el fracaso es una posibilidad cierta a cada instante.
    El fracaso en cualquier cosa y a todo nivel.

    Pero, al saber de nuestra natural limitación y de nuestra evidente debilidad, debiéramos tomar el fracaso de una forma «filosófica». Por supuesto que no buscarlo adrede, ni tampoco festejarlo alocadamente; pero si se presenta y no lo pudimos evitar, entonces no sumar la desesperación, el sentimiento de culpa, el reproche, la angustia, la estrechez de visión a la derrota que hemos sufrido.

    Pero hay personas que tienden a darse por vencidas cuando lo que han planeado no está funcionando, se derrumban como si nada tuviera sentido.
    Anuncian catástrofes y apocalipsis sin fin, simplemente porque no admiten la debilidad natural del humano, la posibilidad obvia de la derrota.
    En vez de levantarse del tropezón y continuar, o evaluar y rectificar la ruta, o cesar en su accionar y pensar una nueva opción; escogen la ruina emocional, la debacle mental. Se sienten y pregonan que son un fracaso y que son inútiles, ineptos, buenos para nada, malignos, pecadores, etc.
    Ya no lo intentan, ni cambian el camino, ni se sientan a corregir lo que estaba erróneo, sino que eligen desplomarse y aceptar y asumir una derrota total.
    De hecho, se rinden ante la más mínima contrariedad o ante un pequeño tropiezo; porque de este tipo de gente, también la hay.

    No existe la derrota total, aunque materialmente estemos totalmente derrotados.
    Pero eso es algo que para mucha gente, no entra ni en la cabeza ni en el corazón.

    Ay, si aprendieran más del ejemplo positivo del rey David…

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