Categoría: Torá

  • Olvidar su Torá o vivirla

    La enseñanza del rabino Dostai bar Yannai en el nombre del rabino Meir (Pirkei Avos / Ética de los Padres 3:10): Quien olvida algo de su aprendizaje de la Torá, la Escritura lo considera como si llevara culpa por su alma, como dice: ‘Pero ten cuidado y guarda tu alma en exceso, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto‘. (Devarim / Deuteronomio 4: 9)

    ¿Cómo podemos ser culpables por no recordar?
    Evidentemente no está refiriéndose a una persona con problemas físicos o psicológicos que le impiden recordar o incorporar nuevos recuerdos.
    Sino de aquella persona con todo «en regla», pero que sin embargo no aprende y no embebe en su vida el mensaje de la espiritualidad.
    Por ello, la enseñanza es que deberíamos tener tanta pasión por inculcar las verdades de la Torá en lo más profundo de nuestro corazón hasta que la totalidad de nuestros cuerpos y almas anhelen el cumplimiento de la Torá y la mitzvá. Con tal anhelo, olvidar sería imposible.
    Lo mismo aplica para el gentil respecto a sus Siete Mandamientos, aquellos que Dios le ha dado personalmente para que conozca, cuide y cumpla.

    Al respecto, una anécdota.
    Un trabajador que trabajaba de la mañana a la noche por su pan de cada día le preguntó una vez al rabino Israel Salanter, fundador del movimiento Musar (ética): dado que solo tenía diez o quince minutos al día para dedicarlo al estudio de la Torá, ¿en qué ámbito de la Torá debería dedicarse? El rabino Salanter lo animó a aprender musar, porque si trabajaba en musar durante esos quince minutos, descubriría que, de hecho, tenía mucho más tiempo disponible para cumplir con la Torá.
    Lo mismo aplica para los noájidas, quienes al llevar una vida de construcción de Shalom, mediante pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia, estarán cumpliendo con SU Torá y teniendo una vida de plenitud.

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  • Recordar y no olvidar a Amalec

    Hacia el final de la parashá Ki Tetzé, la Torá ordena al pueblo judío:

    «Recuerda lo que te hizo Amalec en el camino cuando salías de Egipto … borrarás la memoria de Amakek de debajo del cielo; no lo olvidarás »
    (Devarim / Deuteronomio 25: 17,19)

    ¿Para qué dice «recordar» y además «no olvidar»?
    ¿No se supone que son lo mismo?
    Porque, el que recuerda no olvida.
    Entonces, no se entiende cuál es la finallidad de la Torá al duplicar su mensaje.
    O, ¿quizás no hay duplicación y en verdad sean dos cosas complementarias y diferentes?
    El Talmud (Meguilá 18a) entiende esto último exactamente, y explica que ‘recordar’ es una expresión física y verbal; en tanto que ‘no olvidar’ se hace en el corazón/mente.
    Así pues, no son lo mismo, pero ambas se complementan para hacer una única realidad.
    Que haya un recuerdo que implique el compartir aquello que está en la memoria, que lo contemos, que lo transmitamos, que sea conocido por los que no lo vivieron; para lo cual precisamos tenerlo en algún lugar de la mente y no permitir que esa historia se borre.

    En este fragmento, entonces, la Torá está siendo muy explícita y enfática en lo que espera de los judíos.
    Que las atrocidades que padecimos por parte de nuestros enemigos, que son pretendidos enemigos de Dios, no sea olvidada; ni por las víctimas, pero tampoco por sus descendientes y el resto de la gente. No porque queremos el papel de la «víctima», sino para que cosas tan horribles no vuelvan a acontecer y para que los malosos de todos los tiempos no prosperen y tengan éxito en sus sucios planes.
    Debemos recordar y entrenarnos para no caer nuevamente en las trampas de los indignos, porque si olvidamos, tenemos el riesgo de ser nuevamente torturados por los que obran mal.

    Pero, tampoco podemos estar atrapados por el recuerdo amargo, ni vivir pendientes del daño pasado y que pudiera volver a concretarse. Debemos ser libres de esa pesada carga y no seguir sufriendo a causa de lo que ya pasó.
    Pero, que esa liberación saludable y necesaria no sea excusa para que el malvado resurja u otros con similares intenciones negativas lo haga.
    Por tanto, recordar sanamente, con astucia, con elegancia.

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  • Ki Tetzé 5781

    Parashat Ki Tetzé continúa con una enorme lista de las leyes y reglas dadas al pueblo de Israel antes de su entrada a la tierra. Iremos viendo algunas pocas de ellas.

    En el pasado, y por desgracia también en la actualidad, hay guerras. En ellas ocurren muchísimas desgracias, algunas que ni siquiera forman parte de la lógica de las guerras, como cuando los soldados agreden a los civiles indefensos, e incluso se aprovechan sexualmente de las mujeres del enemigo.
    La ley judía pone un coto a estas prácticas, por ello, entre otras reglas, indica cómo proceder en el caso de una mujer capturada en la guerra. Se la debe traer sin ocasionarle ningún daño, se le debe dar un tiempo para que haga duelo por su familia, entre otras cosas. Luego de un mes, si el soldado que la trajo quisiera tener algo íntimo con ella, deberá convertirla y casarse. Por supuesto que de esta forma se evitaba, no sé si por completo pero sí de manera drástica, las violaciones y otras aberraciones por el estilo.

    En otro tema, la parashá indica que cuando un hombre está casado con dos mujeres al mismo tiempo, cosa que de acuerdo a la Torá es legal, el marido no debe discriminar entre los hijos de esas mujeres. Si hay una esposa amada y una esposa menos querida, el hijo de la esposa amada no debe ser preferido al hijo de la otra. Cada hijo debe recibir lo que le corresponde, sin tomar en cuenta la relación del padre con su madre.

    Aparece también una mitzvá extraña y única. Una persona encuentra un nido de pájaros, puede tomar los polluelos o los huevos, pero no junto con ellos a la madre ave. Ella debe quedar libre.
    La Torá promete larga vida a quien así procede.
    Ésta, junto a la de honrar a los padres, son las mitzvot para las cuales la Torá indica cual es el premio que se obtiene por cumplirla, y en ambas es la extensión de los días de vida en este mundo.

    Se ordena que la persona debe instalar una barandilla en el techo para prevenir de potencial peligro a aquellos que pudieran caer.

    Se menciona la prohibición de extraditar a un esclavo que haya huido de su amo.

    Prohibición de arar con buey y asno juntos;  imagínate el sufrimiento infligido a los animales cuyos dueños decidieron ahorrar tiempo y engancharon al burro y al toro al mismo arado.

    La disposición menciona la obligación de mantener las promesas.

    La parashá  exige un trato justo a los débiles de la sociedad, lo cual no es novedoso, pues hemos encontrado esta misma proclama en diferentes lugares de la Torá.

    Una persona hambrienta, que anda por el camino y entra en un viñedo que no es suyo, puede comer de las uvas hasta estar lleno, pero no debe meter sus utensilios y sacar del viñedo.

    Recordar lo que nos hizo Amalec cuando salimos de Egipto, no olvidarlo y estar listos para que nunca más vuelva a ocurrir algo parecido.

    Como dijimos, mencionamos tan solo unas pocas de las 74 mitzvot que tenemos en la parashá. Si quieres ver una lista de todas ellas, te invito a que sigas el siguiente link: https://serjudio.com/mitzvot-y-costumbres/mandamientos/parashat-ki-tetz-mitzvot

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  • El monarca no absoluto

    La Torá limita el poder del rey de los judíos.
    De las 613 mitzvot hay algunas que son específicas para él, y solamente para él.
    De las cuales, hay tres muy llamativas y que son una clara limitante para sus aspiraciones de monarquía absoluta.
    No debía tener excesivas esposas, según la ley el máximo eran 18 al mismo tiempo. A nosotros nos puede parecer un número un tanto exagerado, pero para la época en que la ley fue dada, era un harem bastante modesto.
    No debía ser groseramente millonario, aunque sí disfrutar de los beneficios de la riqueza y la opulencia propias de un importante jerarca; pero, su corazón no podía estar enfocado en la obtención de propiedades y fortuna.
    No debía tener caballos, más allá de los que razonablemente eran indispensables para el transporte seguro y eficiente.

    La Torá se encarga de dar motivos para el mandamiento de las esposas y los caballos; pero los sabios de todas las épocas encuentran por sobre ellos otras enseñanzas.
    Una de las cuales, es la que compartí contigo al comenzar este artículo.
    Dios quiere que el rey de los judíos esté bien equilibrado y no se deje corromper por los susurros tercos y viscosos del EGO.

    ¿No te parece una lección muy oportuna para cualquier hijo de vecino, como tú o yo?

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  • División de poderes y haMashiaj

    En un momento no tan lejano, allá en la Europa que pretendía ser más civilizada y avanzada, inventaron la genialidad de la división o separación de los poderes del Estado. Incluso llegaron a verse tan avanzados que pretendieron darle poder al pueblo, con esa maravilla de votar una vez cada bastante tiempo a los líderes y representes, haciendo de cuenta que con ello se conseguiría una sociedad más justa y pacífica. El teórico principal fue un tal Montesquieu, allá por el siglo XVIII, tal vez lo escucharon mencionar en alguna antigua clase de historia.
    Viendo lo que era su mundo, probablemente la teoría era espléndida, limitando el poder ilimitado y por lo tanto ilimitadamente pasible de corrupción de los monarcas absolutos, y los reyezuelos no tan absolutos.
    Según dicen los que saben, en una frase que la Internet atribuye a W. Churchill: “La democracia es el menos malo de los sistemas” de gestión de la cuestión pública, así como el liberalismo es la propuesta ideal para la prosperidad, el entendimiento y la paz social y fundamento de la personal.
    Probablemente sea así, ¡qué sé yo!
    Lo que yo sí sé es lo que la parashá Shoftim propone como clave para tener una sociedad en Shalom, con justicia y bondad, además de lealtad al Eterno.
    El poder terrenal se reparte entre diferentes agentes, los cuales veremos brevemente a continuación.

    El rey, que debe estar siempre limitado por la Torá y ejercer su cargo respetando la Ley del Eterno y con la mira puesta en beneficiar con justicia al pueblo. No está en el trono para su beneficio, o el de su familia. No tiene el derecho absoluto. No es el amo, sino el primero de los servidores del Rey de reyes.
    Su poder no proviene de las armas, ni de infundir miedo, ni tampoco del voto popular; sino que ha sido seleccionada su familia por Dios y él, como el heredero de la corona, debe hacer honor a esa elección celestial.
    Su título puede ser conocido también como el «rey ungido», o haMelej haMashiaj en hebreo. Porque era ungido por el profeta o el sacerdote para indicar su elección Divina. Pero esto no indicaba ninguna superioridad ética, ni le confería poderes mágicos, ni le asignaba la tarea de ser un «salvador», ni cargaba con responsabilidad mística. Simplemente, era la confirmación de que su autoridad política estaba supeditada a la Divina Voluntad.

    El profeta, el cual viene a aconsejar y cuando sea necesario amonestar al monarca. Como es profeta, es decir, receptor del mensaje que le dirige el Eterno, entonces por su boca habla de Dios. Por supuesto que una de las condiciones para la profecía es la sabiduría, así pues, cuando ejerce como consejero pudiera aportar sus propias ideas, las cuales necesariamente estarían en armonía con la Divina Voluntad, pues por algo fue escogido como profeta.
    Su tarea no debiera recibir paga alguna, ni tampoco estar supeditado a las extravagancias del monarca. Es un agente del Señor y no un títere del poder terrenal o de operadores externos.

    El Senado, compuesto por 71 integrantes. Este parlamento estaba para legislar y para servir como corte superior de justicia. Sus miembros, se supone que por lo general eran todos sabios e instruidos, personas que habían pasado años en academias de estudios de Torá, pero que además se ocupaban de aprender diversas materias para cumplir con eficiencia su noble cargo.
    Era a este conjunto de dirigentes a los que el hijo del pueblo podía aspirar a ser parte y a lo cual llegaban de diversas extracciones sociales y linajes, siempre y cuando no hubiera corrupción.

    Jueces, los cuales estaban encargados de administrar justicia, y que ésta fuera justa (no me equivoqué, es exactamente lo que estipula la Torá). Había cortes de 3 miembros y de más también, variando su número de integrantes dependiendo del asunto a tratar.

    El Sumo Sacerdote, el jefe de todos los cohanim y con la importante tarea de que el Templo funcionara correctamente y desde allí se educara al pueblo en la Torá. Por tanto, su cargo era algo más que ritual y ceremonial, pues de él dependían los maestros y escuelas que aseguraban la debida instrucción y acompañamiento al pueblo.

    Si todo marchaba bien, si ninguno de los actores se desviaba, entonces se estaba construyendo una sociedad de paz, justicia y solidaridad.
    Pero claro, ese es un ideal y no una realidad que haya sucedido a menudo.

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  • Shoftim 5781

    En la parashá Shoftim/Jueces encontramos leyes adicionales que los hijos de Israel reciben de parte Moisés. Seguimos en su discurso de despedida del pueblo, que había comenzado 36 días antes de su deceso. Fue recriminando por conductas pasadas, con la intención de que no volvieran a viejas costumbres perjudiciales. Les iba animando a encontrar el camino del equilibrio, a través de estar en paz con el Eterno y el prójimo, para lo cual es necesario conocer y cumplir con los mandamientos que Él ha dado a los judíos en la Torá. Ahora sigue Moshé instruyendo a su pueblo, especificando nuevas reglas, algunas de las cuales eran innecesarias por completo en la travesía por el desierto, pero que se harán indispensables cuando se asienten en la tierra de Israel. Todos los preceptos son la mejor guía para sus vidas, en especial cuando viven en la tierra de santidad.
    Entre las muchas leyes de la parashá, podemos mencionar ahora la obligación de establecer un sistema legal ordenado y las reglas para tal sistema, la imperiosa orden de llevar a cabo un juicio justo y la prohibición de aceptar sobornos. Es que, una nación sin un sistema de justicia que funcione, donde la corrupción es la que manda, difícilmente encuentre el shalom y el desarrollo. Así pues, es requerido el buen ejercicio de la justicia para la seguridad de la sociedad y la del individuo.

    En la parashá está escrito que cuando los hijos de Israel vengan a la tierra y quieran ser dirigidos por un rey, éste debe ser uno de ellos y no un extraño. También se mencionan las reglas que se aplican a un rey de Israel, como la prohibición de aumentar desmedidamente su propiedad; que no multiplique de forma grosera sus caballos; y que no despose más de 18 mujeres al mismo tiempo (recordemos que en aquellas épocas los reyes solían tener cientos de esposas y concubinas, no solamente por amor o placer, sino también como mecanismo para mantener alianzas y lazos con otras naciones). La idea que nos da la Torá es que el rey no debe creerse más que sus súbditos, no debe hacer abuso de su cargo, pues es un servidor del pueblo, el primero de los empleados, como también es un siervo de Dios y debe ser ejemplo de ello. Por lo cual, deberá cargar con él un rollo de Torá de forma permanente, para nutrirse de él, para ser custodiado por las palabras de Dios.

    Continúa la parashá y entre otros temas que presenta, analiza el estado y el papel del profeta; Solo Dios determinará quién es un profeta y pondrá las cosas en su boca. Una persona que no ha sido elegida por Dios y, sin embargo, decide hablar en nombre de Dios, es un pecador y no debe ser escuchado. También hay que tener cuidado de aquella persona que habiendo recibido mensaje de Dios, igualmente tuerce la Palabra y engaña al pueblo, haciendo que se dirijan hacia la idolatría o la vida de pecado.

    En la parashá hay una disposición para establecer ciudades de refugio para una persona que mató a otra sin querer. También se mencionan las reglas que se aplican cuando se va a la guerra, como la posibilidad de que algunas personas tengan que regresar a casa y no pelear. Por ejemplo, alguien que ha construido una casa y aún no ha tenido tiempo de inaugurarla. El que plantó una viña y aún no ha tenido tiempo de cosechar el comienzo del fruto de ella. Estas personas están liberadas de participar en la guerra como soldados.

    Más adelante, hay una instrucción explícita de ofrecer paz a la ciudad del enemigo antes de que sea atacada, y una instrucción de no cortar un árbol comestible para usarlo como muro de asedio a la ciudad.

    También incluye una ceremonia especial, que se lleva a cabo en caso de que se encuentre a una persona muerta pero no se sabe quién lo mató.
    Hemos dejado de mencionar varios temas y montón de jugosos detalles que darían para el estudio durante meses, así que los invito a seguir buscando los textos y videos de nuestra autoría para continuar aprendiendo y disfrutando.

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  • El primer mandamiento y el que no lo es

    Cuando se pregunta a la gente cuál sería el primer mandamiento dado por Dios a la humanidad, muy rápidamente muchísimas personas dirán que es cuando Dios prohibió a Adán comer de la manzana.
    Evidentemente, eso es muy incorrecto en varios aspectos.
    Primero, no prohibió en ningún momento y de ninguna manera comer manzana.
    Segundo, tampoco fue prohibido el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
    Tercero, el primer mandamiento tampoco fue una prohibición.

    Veamos el texto y no sigamos en confusión:

    «Tomó el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
    Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Te he dado para que comas de todo árbol del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás de él, porque desde el día que comas de él serás mortal.’»
    (Bereshit/Génesis 2:15-17)

    El primer mandamiento fue comer de todo árbol que había disponible para el humano en la creación puesta ante él.
    Luego se le puso un límite, dentro de ese mandamiento, que era no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
    No dice no comer del fruto, sino del árbol. Por tanto, imaginarse que era solamente el fruto lo que estaba prohibido, es un error. Suponer que era una manzana, es pura fantasía que nada tiene que ver con el judaísmo y las fuentes. Creer que lo primero fue una prohibición, es apegarse a lo negativo en lugar de disfrutar de este maravilloso universo del cual somos parte gracias al  Creador.

    Por último, realmente hay un mandamiento incluso anterior, pero que no está expresado como tal, al menos, no está escrito como ley.
    Ese primer mandamiento es trabajar y guardar del ecosistema, aquel en el cual fue puesto Adam.
    Triste que nos olvidemos de todo esto y por ello perdamos de vista muchas cosas valiosas y trascendentes que Dios quiso que tuviéramos en cuenta.

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  • Getsemaní: el monte de los olivos

    Al pie del Monte de los Olivos, en la parte oriental de Jerusalén, hay un gran jardín llamado ‘Gat Shemanim’, que es muy conocido por los cristianos como Getsemaní, acá les dejo el link al mapa de Google: link.
    Su nombre lo podemos traducir como «Lagar de los Óleos». Evidentemente, debe de haber habido desde antiguo alguna conexión con la fabricación del aceite de oliva en ese lugar. Probablemente se hacían allí finos óleos del venerable olivo, que luego encendían llamas sagradas y profanas, perfumaban cuerpos y hogares, sazonaban ricos platos de la estupenda cocina mediterránea y medioriental.

    Algunos dicen que en este jardín hay unos diez de los olivos más antiguos del mundo, ¡esos que tienen más de mil años! Incluso pueden tener cerca de 3.000 años, aunque los botánicos creen que los olivos no pueden existir más allá de los 1.500 años.
    Probablemente no llegaremos a saber su edad, y de hecho, no creo que sea un dato relevante para nuestra vida.
    Lo fascinante es su presencia, su vetusta y honorable presencia que nos conecta con otros tiempos, otras realidades sociales y materiales.
    Estos organismos que sobrevivieron invasiones, hecatombes, terremotos, exilios, regresos, nuevos exilios, el ir y venir de culturas y lenguas, la matanza en nombre de religiones que dicen ser del amor.
    Allá están, los olivos contemplando al mundo pasar, al humano transcurrir.

    La fantasía religiosa inventó historias en sus veredas, haciendo que mágicamente resonaran como cadenas celestiales la esperanza en la agonía y la muerte que la literatura imaginativa religiosa creó.
    Allí fueron erigidos templos a dioses y se veneran aún hoy imágenes de deidades paganas.
    En ese lugar dicen que caminó un dios humano, un profeta que se profetizaba a sí mismo, un rey sin trono, un salvador que no redime; en fin, la narrativa puede ser portentosa, aunque carente de asidero en lo espiritual y en la realidad material.
    Todas estas cosas, no las vieron aquellos ancianos olivos, porque no ocurrieron.
    Sin embargo, ellos están allí, imperturbables, viendo al mundo pasar, al humano caer y volver a levantarse.

    ¡Las aceitunas se han utilizado en la Tierra de Israel durante más de diez mil años!
    La ciencia lo demuestra, a diferencia de los relatos mágicos de las religiones, esto sí es comprobado y cierto.
    Se han estado cultivando prolijamente durante 6.000 años.
    Campesinos y artistas de la cocina han aprendido a sacar partido de esas frutas benditas.
    De hecho, la aceituna es una de las que fueron mencionadas por Moshe Rabbeinu en Parashat Ekev, como parte de las siete especies con las cuales Dios ha bendecido a la Tierra de Israel.

    Cada vez que comas una aceituna o que uses aceite de oliva, puedes dirigir tu pensamiento al Creador y a Su ciudad, que es Jerusalén.
    Y pedir para que el pecado, la religión, la idolatría, no sigan mandando en el mundo.
    Puedes también nutrirte y agradecer. Disfrutar y vincularte.
    Desaprender los mitos y creencias que esclavizan y prepararte para aprender lo que te fortalece y empodera.

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  • A los buenos que les va bien y a los malos que no

    En Parashat Ree, Moshé informa al pueblo de Israel que Dios de manera constante les está ofreciendo la oportunidad de recibir una ‘bendición y una maldición’, la opción la tienen ellos.
    Por ello, si caminan en el camino de Dios, es decir su conducta está pautada por los mandamientos del Eterno, actúan movidos por los valores de la espiritualidad, evitan el caer en las trampas del EGO, entonces como consecuencia natural y lógica vivirán la bendición, llevarán una vida de plenitud, incluso en la dificultad.
    A esta bendición las mentes primitivas lo verán como una recompensa o premio. Algo así como que Dios premia para festejar las buenas acciones, esa es la manera infantil de contemplar la realidad. En la misma línea de estrechez mental, se hablará de castigo, como si Dios estuviera blandiendo una vara penalizadora para maltratar a los niños que se portan mal. Pero, cuando ampliamos nuestra mirada y contemplamos espiritualmente, lo que reconocemos es que la consecuencia de nuestros actos es vivir sufriendo, lo que puede ser correctamente llamado como maldición.
    Aquí serían válidas muchas preguntas, como por ejemplo: «Pero, yo me porto bien. Hago todos los esfuerzos para ser cumplidor de los mandamientos. Evito desviarme detrás de deseos impuros. Entonces, ¿por qué sufro?».
    Otra de esas preguntas clásicas y habituales: «Aquella persona tiene actitudes horribles, se la pasa pecando, es ofensivo, se burla de las cosas de Dios y sin embargo le va todo bien en la vida».
    Evidentemente ni la propia Torá da una respuesta certera a estas y otras cuestiones muy frecuentes y que llaman la atención. Tanto los profetas, como los sabios y los filósofos han dado sus diferentes versiones de la cuestión. También hay todo tipo de corruptos y piratas de la fe que pautan con sus doctrinas y fantasías modos de explicar la realidad que suelen arrancarnos de la pureza y belleza de la Torá, para llevarnos hacia terrenos muy peligrosos, pero que a simple vista son atractivos.
    Como sea, quedarán pendientes las respuestas ciertas y que satisfagan a todos.
    El hecho cierto es que Moshé, con toda su sabiduría y autoridad espiritual, nos dice que no dejemos de actuar de acuerdo a los mandamientos del Eterno, que hagamos el bien, porque la consecuencia siempre es la bendición. Lo entendamos o no, lo creamos o no, quede a la vista siempre o no.
    Por ello, tener siempre presente que ante nosotros está abierta la puerta de la bendición y la de la maldición, y Dios nos pide que siempre optemos por la de la bendición.
    Lo que sí es necesario recalcar que si bien estas palabras de Moshé podrían ser aplicadas a los individuos, en realidad se está refiriendo a la nación judía en su conjunto, por tanto, no aplica a los eventos que ocurren individualmente sino a la nación.

    La parashá Ree continúa contando que Moshé les avisa que cuando lleguen a la tierra, deberán realizar una convocatoria popular en la que leerán las bendiciones y maldiciones. La convocatoria masiva se llevará a cabo en el área de la ciudad de la actual Nablus, que era la original Shejem o Siquem, frente a las montañas de Guerizim y Eibal.
    La lista de bendiciones y maldiciones se puede leer en la parashá Ki-Tavó, donde también se describe el efecto aterrador de la maldición llevada a su punto más dramático, así como el estado de bienestar que se produce como consecuencia de la bendición.

    Continúa nuestra parashá con una lista de mitzvot, de mandamientos que Dios plantea para la nación judía. Entre otras se encuentra la prohibición del culto idolátrico, el deber de romper los altares de los ídolos, ofrecer sacrificios exclusivamente a Dios a su debido tiempo, el tener un lugar dedicado al culto del Eterno en el lugar que con Él elija. También queda prohibido escuchar a un falso profeta, se detalla la lista de animales kosher para comer y los que tienen prohibido comer. Adicionalmente se menciona: preocupación por los débiles  de la sociedad, la obligación de prestarles asistencia y protección, de cuidar de nuestro prójimo para que empobrezca, liberar a los esclavos y se mencionan también las tres fiestas de la peregrinación al templo: Pesaj, Shavuot y Sucot.
    Son algunos de los preceptos de la Torá para la nación judía que nos ayudan a los judíos a vivir espiritualmente, a convertir nuestro Yo Vivido en un mejor reflejo de nuestro Yo Esencial (Neshamá, espíritu).

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  • Ekev 5781 – toda acción tiene una reacción

    En la parashá pasada (Vaetjanán), Moshé le recordó al pueblo de Israel algunos de los mandamientos que Dios había dado a lo largo de los pasados 40 años en el desierto. Mencionó varios y diversos y especificó algunos que no estaban escritos en los cuatro libros anteriores de la Torá.
    Hizo especial hincapié en que los judíos tuvieran siempre en cuenta la importancia de la propia identidad, de conocer nuestras tradiciones, de respetarlas, de cumplirlas, de seguir en el camino que nos muestran y avanzar hacia nuevos terrenos siempre alumbrados por esa luz espiritual.

    Esta semana Moshé continúa con la lección, pero añade un punto muy interesante y que para algunas personas resulta motivo fundamental para respetar los mandamientos, ya que explica que el cumplimiento de los mismos tiene consecuencias favorables. Indica que recibirán como recompensa buenas cosechas (recordemos que la mayoría trabajarían en los campos), salud y no serían angustiados por sus enemigos, entre otros premios.
    No hace mención a consecuencias positivas en el mundo espiritual, no habla de premios en el Gan Eden (Paraíso), al cual no se lo relaciona en ningún momento de la Torá con el mundo de los espíritus luego de su pasaje por esta vida.
    De hecho, Moshé no se dedica a dar discursos místicos o teológicos, sino que con un lenguaje sencillo, comprensible, le habla a la gente en el idioma que la gente entiende.
    Así pues, los anima a no tener miedo por lo que vendrá, ni a desconfiar de sus posibilidades de éxitos. Él les declara que Dios los ayudará, tal como lo venía haciendo desde antes de salir de Egipto y hasta ese momento, a pocos días de ingresar a la tierra prometida.
    Les pide que recuerden las lecciones del pasado, que las cuenten a sus hijos, que no las olviden y que vivan de acuerdo a las reglas de la espiritualidad que Dios les ha dado, porque entonces, tendrán poder y éxito en todo lo que emprendan.

    Cuando entren a la tierra, deben recordar que es Dios quien les da el poder de establecerse en ella y tener éxito en sus empresas. Pone como claro ejemplo que si Israel sigue el camino de Dios, recibirá lluvias y si no, sufrirá de sequía. Para que tengan en cuenta que si bien Dios creó las leyes de la naturaleza y las sostiene, nuestra conducta siempre genera consecuencias (favorables o no), ya sea si actuamos en sintonía con las reglas o en discordancia.
    Para que siempre recuerden esto, les ordena que lo escriban en rollos y los pongan sobre sus brazos y cabezas (tefilín), así como en la entrada de sus casas (mezuzá). Para que todo el tiempo tengamos presente que hay un delicado equilibrio y nuestra conducta es siempre valiosa.

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  • Vaetjanán 5781

    En Parashat Vaetjanán, Moshé continúa su discurso de despedida al pueblo de Israel.
    En el comienzo mismo de la parashá, Moisés cuenta cómo le rogó a Dios que levante la restricción que le impuso para que no entre en la Tierra de Israel, prohibición que recibió luego de que golpeara la roca en lugar de hablarle para que manara de ella agua (en Parashat Jucat, en el Sefer Bamidbar). Pero Dios no acepta su reclamo y Moisés solo tiene permitido observar desde el exterior esa tierra tan anhelada y que tanto esfuerzo puso por alcanzarla.

    Continúa la parashá con Moisés recordando al pueblo el evento único y magnífico a los pies del monte Sinaí, donde Dios se reveló a todo el pueblo, al momento de la entrega de la Torá (que recordamos y celebramos en Shavuot).
    Aquel suceso irrepetible y difícil de imaginar, por su carácter único, tuvo a toda la nación como partícipe y testigo, haciendo que la entrega de la Torá sea un acontecimiento que no ha podido ser repetido, pues no ha vuelto a acontecer que Dios se manifieste a toda una nación para expresar Su Voluntad y un pacto eterno. Moshé además enfatiza que ellos solo escucharon su voz y no vieron su imagen, para prevenir de esta forma que quieran hacen alguna estatua o figura de Dios y, por lo tanto, pequen en “avodá zará”, que se traduce como idolatría, pero que también puede ser entendido como querer adorar a Dios pero de una manera extraña y que choca con lo que Él ha pedido.
    Moshé les advierte que en toda época y lugar deben tener cuidado de no hacer avodá zará, pues es una ofensa contra Dios, aunque quizás se tenga la buena intención de adorarlo.
    Como está rememorando el encuentro en el monte Sinaí, Moisés trae nuevamente a colación los Aseret haDibrot, el Decálogo, aquellas diez frases con catorce mandamientos que fueron grabados en las dos tablas de piedra. El resumen de las diez frases es:

    1. Dios es el único dios, aquel que lo sacó de la tierra de Egipto, de la esclavitud.
      2. Está prohibido adorar cualquier cosa excepto a Dios.
      3. Está prohibido decir el nombre explícito de Dios, innecesariamente.
      4. El séptimo día es de shabat, es decir, para abstenerse de realizar tareas creativas.
      5. Hay que honrar (darles más que respeto) a los padres.
      6. Está prohibido el asesinato.
      7. Está prohibido cometer adulterio: estar con un hombre / mujer que sea el cónyuge de otra persona.
      8. Está prohibido robar (secuestrar personas).
      9. Está prohibido declarar falsamente.
      10. Está prohibido codiciar aquello que es de otra persona.

    Avanza la parashá y nos encontramos a Moisés que proclama al pueblo: ‘Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es’, es decir, la famosa frase “Shemá Israel, Adonai Elohenu, Adonai ejad”. Que continúa con una breve, pero potente lista de preceptos, como por ejemplo el de amar a Dios con todo tu corazón, con todo nuestro ser, con todo lo que está a nuestro alcance. Ese amor sigue explicando Moshé, se manifiesta al tener presente las palabras de la Torá en nuestra vida y guardar sus mandamientos. Está aquí también la mención a los tefilín y a la mezuzá. Insiste en aprender cada uno de nosotros Torá y poder compartirlo con los demás, y en especial con los hijos.

    Recordemos que este sábado es el día de regocijo tradicional llamado Tu beAv, al cual modernamente se le dio el nombre de “Día del Amor”.

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  • Devarim 5781

    La parashá da comienzo al libro que lleva su nombre, que en español es conocido como Deuteronomio.
    Inicia con las siguientes palabras:

    «Éstas son las palabras que Moshé habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Di-zahab.»
    (Devarim/Deuteronomio 1:1)

    Han terminado 40 años de vagar por el desierto y los hijos de Israel ya se encuentran a un paso de la tierra de Canaan, en los últimos preparativos para entrar en la ella. Justo antes de entrar en la tierra, Moisés pronuncia sus últimas palabras al pueblo, inicia su largo discurso de despedida, que se prolongará por 36 días. Les recuerda los acontecimientos importantes que tuvieron lugar en el desierto y les da mandamientos y pautas para la nueva vida en la tierra de los antepasados.
    En este repaso y ampliación, les recuerda cómo nombró jueces para ayudarlo a juzgar y dirigir al pueblo, y que se les conminó a que siempre siguieran por el camino de la justicia.
    Les recuerda el pecado de los espías, cuando 10 de los 12 exploradores que fueron enviados a inspeccionar la tierra de santidad llenaron las mentes y corazones de la gente con terror y fantasías de fracaso. La gente se llenó de incredulidad, de dudas, de sus propias fuerzas y tristemente también de las de Dios.
    Por lo cual, el pueblo fue castigado y debieron vagar hasta cumplir 40 años de exilio, siendo sus hijos e hijas, la generación de recambio la que pudo estar preparada para enfrentar los desafíos de la independencia en su tierra.

    Moisés les recuerda los eventos que sucedieron con los pueblos que vivían dentro de las fronteras de la tierra, más allá del este del Jordán (los estados actuales de Jordania y Siria): por un lado, cómo no fueron a la guerra con el pueblo de Esaú, Moab y Ammón debido a la cercanía familiar con esos pueblos. Por otro lado, cómo pelearon y ganaron una batalla contra los dos reyes amorreos: Sehón rey de Hesbón y Og rey de Basán (los actuales Altos del Golán). Las tierras de los reyes amorreos que eligieron para sí las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Menashé como heredad, en lugar de su heredad en la tierra de Canaán. Luego de un fuerte diálogo, Moisés estuvo de acuerdo con ellos, podrían asentarse de ese lado del Jordán, pero solo después de que ayudaran al resto del pueblo en la conquista de la tierra de Canaan.

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