Categoría: Torá

  • Parashá Nasó

    Resumen de la parashá Nasó, que en español se puede traducir como: «Toma en cuenta”.

    Es la sidrá 35ª de la Torá; 2ª del sefer Bemidbar, la más extensa de toda la Torá.

    Se le asigna a los descendientes de Leví, las familias de Gershon, Kehat y Merari, sus tareas consagradas al servicio divino. Se realiza un censo de los levitas en condiciones de servir en aquellos trabajos, dando como resultado ocho mil quinientos ochenta.

    Se establece que la persona en estado de impureza ritual debe permanecer hasta su purificación por fuera del campamento. En tanto que se le prohíbe ingresar al Mikdash, el Santuario.
    Recordemos que impureza, en la cultura de la Torá, refiere al grado de desconexión con la vida, siendo lo que más impureza transmite el cadáver de una persona muerte. Era relevante conocer este aspecto pues se espera que todos los que laboran en las cuestiones sagradas, así como los que concurren al Templo, estén en óptimas condiciones de pureza.

    La parashá también nos presenta algunos temas judiciales, pues se ordena que la persona que juró no haber tomado la propiedad de otro, cuando luego se comprueba lo contrario, debe compensar el precio del objeto más una quinta parte; aparte de ofrecer una ofrenda de expiación por esa transgresión. En caso de que muera el dueño del objeto, y de haber herederos, entonces el pago se hace a un cohén.

    Luego la Torá continúa con un tema bastante complicado, que refiere a las sospechas de infidelidad que asaltan a un hombre a causa de la conducta de su esposa. Ocurría, en épocas del Templo, que si un marido sospechaba de la fidelidad conyugal, y tras haber conversado con su esposa al respecto, luego podía recurrir al cohén acompañado con su esposa y trayendo ofrendas para el Santuario. Le explicaba el asunto al cohén, el cual preparaba una bebida compuesta por agua ‘consagrada’ mezclada con polvo del Templo y una tintura. Si la esposa había sido fiel, el líquido no la afectaba negativamente; por el contrario, resultaba en la bendición de concebir hijos. Pero en caso de culpabilidad, la infusión actuaba como veneno; y la mujer quedaba deshonrada socialmente.

    Evidentemente la mirada desde la moral del siglo XXI puede chocar con estas normas de la Torá, con las costumbres habituales de hace 33 siglos en el oriente medio, por lo cual no es nuestra tarea juzgar, sino estudiar, comprender y encontrar enseñanzas que sean vigentes y actuales para nuestra vida y mejoramiento.
    Algo similar ocurre con el siguiente tema de la parashá, cuando se especifica la naturaleza del «nazir», que es la persona que promete abstenerse, por un cierto tiempo, de ciertos actos mundanos, como forma de dedicación Hashem. Los actos que se impone a sí mismo son: restricción en ingerir frutos de la vid; rasurarse el cabello, y entrar en contacto con cadáveres humanos. Al final del tiempo que decidió abstenerse, se afeita completamente y trae al Santuario ofrenda de expiación, para luego retornar a la vida ordinaria. En caso de no completar el período, debe recomenzar la cuenta del tiempo de consagración al que se había comprometido, no sin antes rasurarse y traer la ofrenda.
    La mirada habitual de los comentaristas al respecto de esta severidad no reclamada por Dios, suele ser no demasiado favorable. No era una conducta que se esperaba fuera frecuente ni extendida entre la población, no tampoco era fomentada por los sabios y sacerdotes, pero aquella persona que quisiera imponerse estas restricciones extras, podía hacerlo, siempre dentro de los límites que estableció la Torá.

    Más adelante, se estipula que sean los cohanim los encargados de bendecir con amor al pueblo, siendo los canales de las bendiciones del Eterno.

    Nos encontramos también con la finalización de las obras del Mishkán, el cual se inaugura el primer día de Nisán del segundo año después del Éxodo. Los presidentes de cada tribu traen un presente por su tribu como regalo para el Mishkán, además de las donaciones personales de oro, plata y ofrendas animales y vegetales. Cada uno de los presidentes trae la misma ofrenda que sus colegas, sin hacer distinciones entre las tribus.

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  • Bemidbar – un resumen comprensivo

    Comienza esta semana el sefer Bemidbar («En el desierto…»), el cual se llama «Números» en la Biblia.
    Con este nombre también conocemos a su primera parashá, que se encuentra entre los versículos 1:1 y 4:20.
    Pasemos a ver rápidamente un resumen de la misma.

    Son contados los varones considerados adultos aptos para el ejército de las tribus, de hecho hay varios censos en este cuarto libro de la Torá, por ello es que escogieron llamarlo «Números». De hecho, otro de los nombres hebreos tradicionales para este libro es «Sefer haPekudim», que significa «Libro de los Conteos».  Se censaron en total 603,550 varones adultos, dejándose fuera a los levitas. Según las estimaciones tradicionales, el total del pueblo ascendía al entorno de los tres millones de miembros. Todos estos números son desafiados por la visión académica que no se adhiere a la tradición, pues desestiman tal cantidad de individuos, manifiestan diferentes obstáculos para que pudiera ser real y sobre todo indican que no hay evidencias materiales que lo verifiquen. Desde el punto de vista tradicional, se considera que el documento que llamamos Torá es suficiente para confiar tanto en los números con en la veracidad de lo relatado.

    La parashá continúa narrando como se disponen las doce tribus de Israel alrededor del Ohel Moed (Tienda de la Reunión) conformando una especie de Maguén David, de tres tribus en cuatro secciones. Asimismo se nos informa del orden en el cual viajan. Cuando el pueblo se pone en marcha, lo hacen los más poderosos a la vanguardia y retaguardia, con los tres grupos de leviim intercalados entre las agrupaciones de tres tribus israelitas.

    La tribu de Leví no fue contada en el censo general, así como tampoco acampa de manera similar a las otras tribus, sino que forma su propio campamento al interior del campamento general, estando más próximos al Santuario. Eso es así porque son las personas consagradas al servicio divino, y por lo tanto con reglas especiales, además de las que son generales para el resto del campamento de Israel. Su censo fue de 22.000 varones en edad de servir en las tareas sagradas.
    Aún más especiales son los cohanim, los descendientes de Aarón, el linaje sacerdotal. Pues, a pesar de ser de la tribu de Leví, ellos son contados aparte y tienen sus propias reglas, además de las que corresponden al resto de los israelitas.

    Otro detalle significativo es que no hay tribu Iosef, como debiera haber sido, pues las tribus se forman a partir de los hijos del patriarca Iaacov/Israel.
    Pero, en el caso de Iosef son tomados en consideración sus dos hijos, Efraim y Menashé, por tanto de manera indirecta recibió el primogénito de Rajel doble herencia patrimonial.

    Es de notar que antiguamente los designados para servir en los servicios a los dioses eran preferentemente los primogénitos, así estaba planificado que fuera también en el pueblo de Israel, pero a causa del pecado del becerro de oro se desestimó a los primogénitos pasándose a los levitas. Igualmente, de acuerdo a la tradición queda en los primogénitos un carácter especial, siguen siendo «de Dios». Es por ello que se estableció la ceremonia que conocemos como «Pidión haBen» (Rescate del Hijo), por medio de la cual los padres «adquieren» de Dios al hijo primogénito. Esta ceremonia se sigue realizando en la actualidad, tomando en cuenta diversas consideraciones que no viene al caso mencionar ahora. Pero es interesante advertir de su vigencia.

    Termina la parashá mencionando que los descendientes de Leví se dividen en tres familias principales: Guershon, Kehat y Merari (esto sin contar a los cohanim, que son una sección de la familia de Kehat).
    La función consagrada de la familia de Kehat era la del transporte de la Menorá de oro, la Mesa, el Altar y el Arca del Pacto.
    Sin embargo, tanto el Arca como el Altar eran cubiertos por Aarón y sus hijos, antes de que los leviim los carguen.

    Antes de finalizar, cabe recordar que esta parashá acompaña siempre a la festividad de Shavuot, en esta ocasión no es diferente, puesto que la festejaremos a partir del domingo (16/5/21) a la noche y hasta el martes a la noche. En tanto que en Israel será solamente hasta el lunes a la noche.
    ¿Se les ocurre alguna idea del motivo para esta anual sincronía entre comienzo del cuarto libro de la Torá y esta festividad?

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  • El débil que te hace más fuerte

    Dice la Torá:

    «וְכִֽי־יָמ֣וּךְ אָחִ֔יךָ וּמָ֥טָה יָד֖וֹ עִמָּ֑ךְ וְהֶֽחֱזַ֣קְתָּ בּ֔וֹ גֵּ֧ר וְתוֹשָׁ֛ב וָחַ֖י עִמָּֽךְ:
    ‘Si tu hermano se empobrece y se debilita económicamente con respecto a ti, tú lo ampararás; y vivirá contigo como forastero y advenedizo.»
    (Vaikrá/Levítico 25:35-36)

    En la traducción encontramos «tú lo ampararás», como si esto fuera lo que dice en hebreo «vehejezakta bo».
    Es correcto, cuando al mismo tiempo no lo es.
    Resulta que toda traducción implica una reinvención del texto y por tanto un falseamiento.
    A veces el oscurecimiento es adrede, con alguna segunda intención.
    Pero otras veces ocurre por la dificultad intrínseca de convertir ideas, palabras, frases, creencias de una cultura a otra diferente. Por tanto, se produce un nuevo texto, no solo en un idioma diferente, sino con sentidos que no estaban en el original.
    Entonces, «tú lo ampararás», como dijimos es correcto, pero dista de ser la enseñanza que encontramos cuando escarbamos en el hebreo original y en el contexto de la cultura judía.
    Porque podemos leerlo de otra forma, mucho más aproximada al texto hebreo y ver que dice: «tú lo fortalecerás», es decir, con tu acción generosa, desinteresada, solidaria, altruista, no estás ahondando la debilidad de tu hermano en penuria económica, sino que le estás dando el aliento para que encuentro las fuerzas, el poder, para salir adelante.
    Sin embargo, incluso encontramos una enseñanza más, todavía más intensa.
    Porque para que en español dijera «tú lo fortalecerás» en realidad debería estás escrito «vehejezakta oto», pero acá dice «vehejezakta bo».
    Y no es lo mismo ese «bo», que el «otó».
    Entonces, ¿qué quiere decir realmente «vehejezakta bo»?
    Pues, en su sentido más claro es: «tú te fortalecerás con él».
    A ver si lo entiendes: cuando ayudas de forma altruista a tu prójimo necesitado, el beneficio es de todos, pero especialmente tuyo.
    Quizás en el momento no te das cuenta, porque en el bolsillo te falta ese dinero que entregaste sin esperar nada a cambio.
    Pero las ganancias espirituales y emocionales ya son tuyas y se reservan para ti también las materiales.
    Así pues, aprovecha cada momento para dar una mano a quien lo necesita, sin esperar nada, absolutamente nada a cambio.
    Te harás más poderoso y serás más feliz.

    Puedes hacerlo en este momento, con tu aporte generoso a nuestra santa y luminosa causa de difusión de la espiritualidad:

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  • Amarás a tu prójimo no es lo que dice la Torá exactamente

    Se suele traducir, yo también lo hago, el famoso verso de la Torá «Vehaavta lereajá camoja» como «Amarás tu prójimo como a ti mismo».
    Es una traducción correcta, pero como toda traducción necesariamente es invención, interpretación y a veces un pobre favor al original.
    En este caso la Torá no está diciendo exactamente prójimo, aunque es correcto que también dice prójimo.
    Lo que está diciendo es reajá, que también se puede entender como aquel que te afecta negativamente en algo, el que te hace una raa.
    Entonces, para comprender más cabalmente el verso y cumplir con este imperativo que Dios impone a los miembros del pueblo judío, es necesario que lo comprendamos correctamente.
    Nos ordena Dios que amemos al prójimo, es decir, al cercano, a quien está a nuestro lado, al que es vecino nuestro.
    Pero también se nos manda a que lo hagamos incluso aunque esa persona no nos corresponda favorablemente, aunque ni siquiera se porte amablemente, aunque hasta nos provoque cierta afectación negativa.
    ¡Ojo!
    NO está diciendo que demos la otra mejilla al agresor, ni que tampoco dejemos sin justicia las situaciones que quebrantan la ley.
    No dice que seamos pasivos y permitamos que el malvado prospere en sus malos planes.
    No, nada de eso.
    Pero sí nos dice que tengamos paciencia con los defectos del otro, que no seamos puntillosos, que nos estemos atentos a cobrarnos cada fallo que comete el otro, que tengamos «tolerancia» y sepamos perdonar los errores. Que aprendamos a amar al otro, es decir, a que podamos vivir con bondad verdadera hacia él, incluso aunque desde el punto de vista de lo estrictamente legal no se merece nuestra bondad.
    Nuevamente digo, el amor incluye amonestarlo cuando anda por malos caminos, corregirlo si es nuestra potestad, hacerlo comparecer ante la justicia si es lo correcto.
    Porque el amor no es tapar el mal ni excusar lo que es ilegal.
    El amor es la acción bondadosa, desinteresada y que busca el bienestar del otro sin esperar nada a cambio.
    Por tanto, el verdadero amor necesariamente está salpimentado por el anhelo de justicia, para que haya equilibrio y shalom.

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  • Behar – Bejukotai

    Esta semana son leídas las dos parshiot que cierran el libro de Vaikrá, vamos a conocer un poco acerca de ellas.

    Resumen de la parashá Behar («En el monte…») y parashá Bejukotai («En mis estatutos…»).

    Cada séptimo año la Tierra de Israel debe dejarse «descansar», ninguna persona judía puede trabajar en ella. Al Shabbat de la tierra se denomina Shenat Shemita (Año Sabático). Ya que no se trabaja la tierra, Dios promete que habrá cosechas abundantes en los años previos, para de esa forma tener guardado alimento y no pasar hambre. Recordemos que si en el séptimo año no se trabaja, tampoco al inicio del nuevo ciclo habrá nada para cosechar, por tanto los alimentos almacenados debían alcanzar para dos años y medio o tres.

    La Torá marca otro período, que se forma por siete Shemitot más un año se conoce como Iovel (Jubileo), que es anunciado con el sonido del shofar en Iom Kipur. Este año también la tierra permanece en barbecho.
    En este año los terrenos retornan a las familias que los recibieron en el reparto época de Ieoshua, para manifestar que el único dueño de la Tierra es Hashem, y que las personas solamente son inquilinos en la propiedad de Dios.
    El Iovel era época también para liberar a los esclavos judíos, aunque no hayan completado los años que debían trabajar para sus patrones. Recordemos que la ley prohíbe que al esclavo judío se le encargue cualquier labor indigna, innecesaria o perjudicial, y no se lo puede vender; es un esclavo, pero puede ser redimido; es decir, nunca es propiedad de otra persona. Está en una relación laboral especial, inexistente hoy en día, que dista mucho de la idea de esclavitud que tenemos generalmente, pero tampoco es como ser empleado.

    Se le prohíbe al pueblo judío aprovecharse los unos de los otros prestando o pidiendo prestado dinero a interés.

    Los miembros de la familia deben redimir (salvar) a cualquier familiar que haya sido vendido como esclavo, a causa de haber empobrecido.

    Se reitera la prohibición de adorar ídolos, y aun de reverenciar piedras erigidas en honor a Hashem, pues esto también es considerado como idolatría.

    La Torá promete bendiciones múltiples para Israel siempre y cuando estos cumplan con las mitzvot. En caso contrario, la Torá anuncia consecuencias terribles. El propósito de estos males es que el pueblo judío se arrepienta, cambie de conducta y mentalidad, de forma tal de poder disfrutar de los bienes que están prometidos en el pacto sellado entre Dios e Israel.

    Se describe los erajin (valores), el proceso a través del cual el individuo puede hacer un voto para dar como ofrenda el valor monetario equivalente a una persona, un animal o una propiedad.

    Se ordena la separación del Maaser (diezmo) de animales, y su forma de usarlo.

    Se dictan normas para que se pueda redimir aquello que fue consagrado para Dios, si ello fuera posible.

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  • Emor en breve

    Emor («Di») es la octava parashá del tercer tomo de la Torá, el sefer Vaikrá, conocido en español como «Levítico».

    En un vistazo general, podemos encontrar tres temas en esta parashá, los cuales mantienen la tónica general del libro Vaikrá, pues son asuntos relacionados con el Templo/Santuario (Mikdash / Mishkán), con el linaje sacerdotal y con la pureza personal.

    Como primer gran grupo temático encontramos normas y reglamentos destinados a resguardar la idoneidad de la estirpe sacerdotal.
    Estas normas apuntan tanto a lo espiritual como a lo material, ya que el cohén, como representante de Dios (elegido por Él para tal función) ha de tratar de mantener constantemente un adecuado estado de pureza interna y externa.
    Entre estos reglamentos se incluyen algunos relativos al tratamiento personal, a los vínculos familiares y al uso adecuado de los objetos destinados para los servicios consagrados (objetos tales como animales para sacrificio, y utensilios para ejecutar las ofrendas).

    En segundo término, encontramos que son mencionadas las festividades y fechas centrales del judaísmo, así como algunas leyes que atañen a ellas: el día de Shabbat; Pesaj, Shavuot y Sucot; Rosh HaShaná, Kippur y Sheminí Atzeret y la referencia a la cuenta del Omer, en la cual estamos precisamente ahora transitando.
    Puede parecer extraño encontrar en este listado al día de Shabbat así como el día de Kippur, pues no solemos anotarlas como festividades. Pareciera que por su frecuencia semanal el día de Shabbat no fuera una festividad consagrada por la Torá, pero lo es. De hecho, es el modelo sobre el cual se basan las otras fechas sagradas del judaísmo. Por otra parte, el día de Kippur algunos suponen que no es un día festivo, ya que se ayuna porque la Torá marca como el mandamiento para este día que debemos reducir el placer físico. Sin embargo, no solamente la Torá la cuenta como una festividad, sino que me atrevería a decir que es la más alegre de todas. Uno de los motivos para esto es que recibimos el perdón de parte de Dios a causa del becerro de oro, pero también tenemos la promesa de que es el día para ser perdonados siempre que abramos nuestro corazón al arrepentimiento.
    Lo que pudiera parecer extraño también es que está incluida la cuenta del Omer, cuando eso de por sí evidentemente no es una festividad. Una de las explicaciones es la que nos dice que en realidad estos 49 días deben verse como jol hamoed, es decir, los días intermedios de un jag, entre el iom tov inicial y el final. Siendo Pesaj su inicio y Shavuot su finalización. Es por ello que la cuenta del Omer en épocas de la Torá era vivida con gran regocijo, aunque luego, por misteriosos motivos históricos, la dicha quedó empañada y nosotros la conocemos como una época de semi duelo.

    Luego pasamos al tercer temario, que es la obligación de mantener una constante pureza en la conducta personal.
    Así como no se debe profanar los objetos dedicados a Dios, tampoco puede mancillarse la propia vida con acciones pecaminosas y contrarias a lo que es bueno.
    Recordemos que en la Torá el concepto de pureza se refiere a estar conectado con la vida, por tanto la impureza es aquello que nos desconecta de la misma. Puro no trata de limpio o sin mezclas, sino de conexión vital. Por tanto, las reglas que trae a colación la Torá son para fortalecer nuestros vínculos con la vida.

    Por último recordemos que en la parashá además encontramos leyes que definen lo que constituye una mancha aceptable e inaceptable en un animal designado como korbán, reglas correspondientes al Ner Tamid, también se trata acerca del pan de la proposición que se ofrecía en el Santuario y se nos cuenta el incidente con el blasfemo y las penas por blasfemia.

    ¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!

  • Andrógino fuiste o algo de una costilla…

    «דַּבֵּ֞ר אֶל־בְּנֵ֤י יִשְׂרָאֵל֙ לֵאמֹ֔ר אִשָּׁה֙ כִּ֣י תַזְרִ֔יעַ וְיָֽלְדָ֖ה זָכָ֑ר וְטָֽמְאָה֙ שִׁבְעַ֣ת יָמִ֔ים כִּימֵ֛י נִדַּ֥ת דְּו‍ֹתָ֖הּ תִּטְמָֽא:
    ‘Habla a los Hijos de Israel y diles que cuando una mujer conciba y dé a luz a un hijo varón, será considerada impura durante siete días; será impura como es impura en los días de su menstruación.»
    (Vaikrá/Levítico 12:2)

    Al explicar este verso, que leemos esta semana en la parashá Tazría, el Midrash nos dice:

    אָמַר רַבִּי שְׁמוּאֵל בַּר נַחְמָן בְּשָׁעָה שֶׁבָּרָא הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא אָדָם הָרִאשׁוֹן, אַנְדְּרוֹגִינוֹס בְּרָאוֹ, אָמַר רֵישׁ לָקִישׁ בְּשָׁעָה שֶׁנִּבְרָא דוּ פַּרְצוּפִין נִבְרָא וּנְסָרוֹ וְנַעֲשָׂה שְׁנַיִם גַּבִּים, גַּב לְזָכָר גַּב לִנְקֵבָה. אֵיתִיבוּן לֵיהּ (בראשית ב, כא): וַיִּקַּח אַחַת מִצַּלְעֹתָיו, אָמַר לָהֶן מִסִּטְרוֹהִי, כְּדִכְתִיב (שמות כו, כ): וּלְצֶלַע הַמִּשְׁכָּן.

    En pocas palabras, nos dice el Sabio Ribí Shmuel bar Najmán que el primer ser humano, propiamente dicho, era andrógino (usa esa palabra de origen griego, quizás no en el mismo sentido que se usa actualmente.
    Especifica el sabio Reish Lakish que tenía doble rostro y estaba unido espalda con espalda, siendo de un lado el varón y del otro la hembra.
    Así se comprende claramente el verso:

    «וַיִּבְרָ֨א אֱלֹהִ֤ים ׀ אֶת־הָֽאָדָם֙ בְּצַלְמ֔וֹ בְּצֶ֥לֶם אֱלֹהִ֖ים בָּרָ֣א אֹת֑וֹ זָכָ֥ר וּנְקֵבָ֖ה בָּרָ֥א אֹתָֽם :
    Creó Elohim, al humano a su imagen; a imagen de Elohim lo creó; macho y hembra los creó.»
    (Bereshit/Génesis 1:27-12:2)

    Es decir, Adam no era meramente el Adán masculino que nos solemos imaginar, sino que era un ser muy particular, macho y hembra al mismo tiempo.
    No eran dos seres humanos pegados, como si fueran hermanos siameses, sino un solo ser humano.
    Así era la especie en ese momento, a nosotros nos parece extraño porque estamos acostumbrados a los seres de un solo rostro, una sola espalda, un solo órgano genital copulador exterior, etc.
    Pero originalmente eramos esos seres andróginos, tal cual era entendida la palabra hace 2000 años atrás.

    Cuando la Torá dice que Dios procedió a operar a Adam y lo transformó en dos personas, usa la palabra «tzalotav», que algunos suelen traducir como costilla, y de allí que muchos digan que la mujer salió de la costilla del hombre. De hecho, hay gente muy apegado a lo literal de los relatos metafóricos de los Sabios que realmente piensan que los varones tienen una costilla menos que las mujeres. No comentaré al respecto.

    Pero acá, en el párrafo del Midrash que te he compartido, se deja bien en claro que la palabra «tzalotav» se tiene que entender como «su lado», «su costado» y NO como «su costilla». Si notas, en español también hay un gran parecido al menos fonético entre «costado» y «costilla», y no, no es casualidad.
    El Midrash nos dice que fue la separación en dos géneros lo que ocurrió en aquel momento, habiendo sido un ser entero previamente y que ninguno salió de la costilla del otro. (Sí, ya sé que hay algunas frases famosas que dicen que la mujer salió de la costilla y por eso debe actuar modestamente, como modesta es la costilla que permanece encerrada y sin mostrarse).

    Evidentemente podemos decir que estamos ante una enseñanza de los Sabios que no tenemos que tomar literalmente, sino aprender a reconocer su enseñanzas profunda y de cómo ésta impacta para mejorar nuestras vidas y la de nuestra sociedad.

     

  • Los ancianos son las alas

    «וַֽיְהִי֙ בַּיּ֣וֹם הַשְּׁמִינִ֔י קָרָ֣א מֹשֶׁ֔ה לְאַֽהֲרֹ֖ן וּלְבָנָ֑יו וּלְזִקְנֵ֖י יִשְׂרָאֵֽל:
    En el octavo día Moshé llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.»
    (Vaikrá/Levítico 9:1)

    Al respecto encontramos en el Midrash:

    «Dijo Rabí Akiva: El pueblo judío es comparado con un ave, pues así como ésta no puede volar sin sus alas, la nación no puede elevarse sin sus ancianos»
    (Vaikrá Rabá 2:8)

    Desde hace varios años vivimos en una época en la cual los ancianos son muchas veces vistos y sentidos como un estorbo.
    Por ahí se les quiere, pero que no molesten.
    Probablemente se les respete, pero no se valora su persona.
    Al menos, en buena parte de la cultura occidental es lo que me parece que está sucediendo.
    Por ello, es una época difícil para ser viejo.
    Quizás porque en esta cultura se valora lo novedoso, lo que impacta con su frescor, lo que atrapa con su olor a nuevo y nuevas prestaciones. Porque la tecnología y el mercado nos impulsan a conseguir nuevos productos, quizás idénticos a los anteriores pero en la versión de este año. Porque a los viejos les cuesta adaptarse a los cambios, eso nos dicen y quizás sea cierto, entonces pueden sentirse como un estorbo en el arrollador avance del progreso.

    A diferencia de la clásica cultura del judaísmo, en la cual los viejos eran habitualmente los sabios.
    Ellos eran los que conocía, tenían experiencia y podían aconsejar con conocimiento a la vez que con equilibrio que da la mesura de los años.
    Los ancianos no eran el ancla que dificultaba la navegación, sino el timón y el mapa, que trazaban un rumbo conocido y confiable a los nuevos navegantes.
    En aquella clásica cultura, el viejo era valioso como persona, al mismo tiempo que como enciclopedia viviente, recetario audaz, consejero ilustre. Pero hoy, tenemos smartphones y conexiones LTE, por lo que no precisamos más que guglear para tener las respuestas.

    Es triste que este pájaro no alce vuelo, por dejar abandonadas sus alas.
    Más allá de los cuidados particulares que la pandemia demanda para los ancianos, tomemos conciencia de su valía y del irrecuperable tesoro que es cada uno de ellos.

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  • La reacción de Aarón y la del pueblo

    Los hijos de Aarón, Nadav y Avihú, fallecieron por traspasar los límites que había impuesto el Señor.
    El día de gloria se tranfomó en un segundo en desazón y calamidad.
    La semana de festejos maravillosos se arruinó en un instante, cuando la desgracia cayó sobre la familia sacerdotal y sobre el pueblo judío.
    ¿Y cual fue la reacción de Aarón, el padre, el Sumo Sacerdote?

    Y Aarón calló
    (Vaikrá/Levítico 10:3)

    Mucho se ha hablado de ese silencio.
    Ríos de tinta se han hecho correr explicándolo, elogíandolo, ensalzándolo, comprendiéndolo, analizándolo, criticándolo, y etcéteras varios.
    Un silencio que hizo hablar millones de palabras en millones de ocasiones.
    Por lo visto, un silencio atronador.

    La narrativa de la Torá es bastante llamativa al respecto, pues el próximo mandato que ella refiere es dicho directamente a Aarón, sin intervención de Moshé, quien normalmente era el encargado de recibir las directivas celestiales.
    Más ríos han corrido explicando esto, cosa que no haremos nosotros ahora.

    Porque nos interesa centrarnos en el ruido atronador que también comenta la Torá, pues Moshé ordena a :

    toda la Casa de Israel se lamentará por la conflagración que encendió Hashem
    (Vaikrá/Levítico 10: 6).

    Aarón es recompensado por su silencio, pero se le dice a la nación que lamente abiertamente por la tragedia.
    ¿Por qué?

    Porque hay gente que trabaja su duelo a través del silencio, hablando en privado, meditando, siguiendo sus propios caminos personales de duelo, sin ventilar su dolor.
    Y hay gente que tiene la necesidad de gritarlo, manifestarlo a viva voz, hacerlo sentir a los demás que uno está sufriendo.
    Ambos son aceptables y respetables y no tenemos el derecho a juzgar a ninguno en la forma que administra sus emociones.

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  • Fue en el último día de la inauguración del Santuario

    Fue en el último día de la inauguración del Mishkán, el Santuario portatil que construyeron los israelitas en el desierto.
    La alegría era inconmensurable, nunca habían vivido algo parecido, pues estaban inaugurando un santuario a la gloria del Rey de reyes y al esplendor de Su reinado.
    Era una obra de sus manos, de su generosidad, de su laborioso esfuerzo.
    Esta vez el evento armado por ellos, aunque siguieran un plan celestial y tuvieran los planos diseñados, la tarea fue toda de ellos.
    No era pan del cielo, ni una apertura mágica del mar, ni tampoco la Ley de origen Divino lo que estaban celebrando, sino que ellos pudieron al fin hacer algo por sí mismos.
    Ya no eran meros espectadores, o peor aún, pasivos receptores de los dones que se les entregaban a cambio de nada.
    Por el contrario, esta vez tuvieron que hacer, y mucho.
    Pues, si cada uno no hacía su parte, entonces la cosa no marchaba.
    Es como cuando el niño por primera vez consigue hacer algo por sí mismo, aunque esté siendo supervisado por la madre, ahora ésta es su obra.
    La demostración de su poder, y no la de otros.
    Bueno, eso pasó al momento de construir el Santuario y ahora lo estaban inaugurando, con esa alegría propia de aquel que sabe que tiene algo de poder.
    Pero en una trágica secuencia anticlimática, la celebración se desgració.
    Dos de los cuatro hijos de Aharon, los mayores Nadav y Avihu, entraron  a zona prohibida para ellos en el Santuario, fueron al Lugar Santísimo y  ofrecieron incienso al Eterno, cosa que no había sido ordenada ni solicitada por Él.
    Ellos asumieron que podían seguir de largo con esto de demostrar el poder de los hijos, ofrendando un incienso extraño, que no seguía la receta dictada por Dios, en un momento y lugar que ellos decidieron y no fue decidido por Dios.
    Entonces, «un fuego salió de delante de Hashem y los consumió y murieron ante Hashem’ (Vaikrá/Levítico 10: 1-2).

    ¿Enseñanzas de esto?
    Hay miles, pero nos quedaremos con una por ahora.
    Aprender a encontrar nuestros límites y respetarlos, es una cuestión fundamental.
    Para no traspasar a zonas prohibidas y que nos ponen en situación de riesgo, para nosotros y/o para otros.
    Para no quedarnos a mitad de camino, suponiendo que hemos llegado al límite cuando en verdad aún no lo hemos hecho.

    ¿Se te ocurre alguna otra enseñanza?

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  • La respuesta que corresponde

    Responsable significa dar respuesta.
    Se supone que es la respuesta adecuada a la pregunta que se plantea, o al problema al que uno se encuentra, o a la situación en la que se está.
    Así por ejemplo, el primer registro de interacción entre Dios y el hombre, fue cuando Dios le pregunta a Adam: «¿Dónde estás?»
    Dios sabía la respuesta, la intención de Su pregunta era que el humano reflexionara, reconociera que había incumplido una ordenanza Divina, y entonces viera de cómo dar respuesta apropiada a ese acontecimiento.
    Es decir, no tenía que decir: «Estoy acá». Ni Tampoco valía: «Calle 33 esquina Avenida Central, Huerto del Edén, Tierra».
    Ni tampoco era válida aquella: «Me escondó detrás de estos arbustos porque tengo miedo de que me encuentres».
    Y menos que menos que se largara a dar todo tipo de excusas y justificaciones a su improcedente proceder.
    Lo que tenía que hacer, al menos esa era la intención del Divino interrogador era: «Ups, perdón Diosito mío, metí la pata. Reconozco mi error, ¿podrías ayudarme a reparar lo que destruó con mi acción torpe?».
    Si hubiera sido esa su respuesta, entonces el hombre ciertamente hubiera sido responsable.
    Pero, tristemente se dejó involucrar por su recién adquirida esclavitud al EGO y por ello se largó a dar excusas, echar culpas, desentenderse de su responsabilidad… en fin, ser un humano normal y corriente que está de espaldas a su espiritualidad.
    Sabiendo esto es quizás buen momento para que te preguntes: «¿Dónde estás?»

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  • Tzav para mover las neuronas

    Resumen de la parashá Tzav («Ordena…»)

    Sidrá 25ª de la Torá, 2ª del sefer Vaikrá entre pesukim 6:1 y 8:36.

    Haftará en Irmiá 7:21-8:3; 9:22,23, que en esta ocasión es reemplazada por la selección de profetas dedicada al Shabat haGadol, es decir, el sábado previo a Pesaj.

    La Torá se dirige a Aarón y a sus hijos para enseñarles leyes adicionales relacionadas al servicio en el santuario.

    Las cenizas del «Korban Ola» – el Korban incinerado sobre el altar durante la noche – es removido del área por el Cohen, antes debe despojarse de sus ropas especiales de lino y vestirse otra prenda. La Ola es traída por quien se olvidó de cumplir algún mandamiento «para hacer» de la Torá.

    El Cohen retiene el cuero de los animales sacrificados. El fuego en el altar debe arder constantemente.

    El «Korban Minja» es una ofrenda de comida que está hecha de harina, aceite y especias. Un puñado de esto se quema en el altar, y un Cohen come el resto antes de que fermente.

    La Torá describe los Korbanot especiales ofrecidos por el Cohen Gadol y los otros cohamin cada día.

    Se describe el «Korban Jatat», la ofrenda que se trae después de haber cometido una transgresión accidental; también las leyes de la shejitá del animal y el esparcimiento de la sangre del «Korban Asham».

    Se detallan los «Korbanot Shelamim», varias clases de ofrendas de paz. De esta ofrenda, se otorga a los cohanim el derecho a recibir el pecho del animal y la parte de la pata entre la rodilla y el tobillo.

    Se prohíbe dejar los restos del «Korban Toda» sin comer hasta la mañana. Todos los sacrificios deben ser incinerados después de que ya no se los puede comer. Ningún sacrificio puede ser comido si fue matado con la intención de comerlo demasiado tarde.

    Una vez que los sacrificios se hacen ritualmente impuros no pueden ser comidos y deben ser calcinados. Tampoco la persona que está en estado de impureza puede comer de los sacrificios. Se repite la prohibición de ingerir la sangre y cierta grasa de un animal.

    Se describe la ceremonia de inauguración para Aarón, sus hijos, el Mishkán (Santuario portátil) y todos sus elementos.

    Preguntas para mover las neuronas:

    1. ¿Cuál es el sentido actual de leer acerca de estas ofrendas de animales y vegetales en el Templo?
    2. ¿Qué significa “puro” e “impuro” en el contexto de la tradición judía?
    3. ¿Es lo mismo “puro” que “santo”?
    4. ¿Por qué se seleccionó a un grupo dentro del pueblo para ser los sacerdotes y que esta función sea hereditaria?

    PESAJ:

    Recordemos que en Montevideo está permitido comer JAMTEZ máximo hasta las 10:20 del sábado 27/3/21. Tampoco se come matzá ese sábado 27, hasta el momento indicado durante el primer Seder, que haremos esa misma noche.

    De acuerdo a la halajá, recién estaremos habilitados para comer nuevamente jametz tras finalizar el jag, el próximo domingo (4/4) luego de la salida de tres estrellas (19:13 hrs).

    Tomemos en cuenta que jametz es la mezcla de alguno de los 5 granos (trigo, cebada, centeno, avena, espelto) con líquido por más de 18 minutos, sin que haya pasado por el fuego. O también esos granos a los que se les haya agregado material leudante.

    ¡Shabat Shalom! ¡Pesaj Kasher veSameaj!