Categoría: Torá

  • Matot – Masé 5781

    Nos acercamos al final del libro Bemidbar, vamos cerrando con estas dos parashot que se leen juntas este año.

    En la historia relatada, estamos al final de cuarenta años de largos y difíciles vagabundeos por el crudo desierto, cuando tenemos a la Tierra Prometida ya a la vista.

    Pero la temática no comienza directamente hablándonos de esa maravillosa tierra, o de los conflictos que se van generando en el pueblo durante su maduración, sino que se centra en los votos y juramentos, es decir, de los compromisos que asumimos. Moisés enseña al pueblo las leyes de los votos, enfatiza que hay un significado en cada palabra que decimos, y cada compromiso o juramento nuestro lo debemos cumplir.
    Sería interesante que hicieras un ejercicio de introspección para encontrar si realmente estás haciendo valer tu palabra al máximo de su real valor.
    Como también podríamos indagar cómo este tema, de ser leales a nuestros compromisos, pudiera estar fuertemente relacionado con la inminente toma de la tierra de Santidad por parte del pueblo de Israel. Te invito a que hagas estás reflexiones y que si tienes ganas, nos compartas tus conclusiones en los comentarios, aquí mismo.

    En porciones anteriores, encontramos que los madianitas trataron de dañar a los hijos de Israel de varias maneras, ahora, antes de que Moisés se separara de su pueblo, Dios les ordenó que fueran a una severa guerra contra ellos. Moshé podía retrasar esta guerra, porque sabía que sería su último acto público ordenado por Dios, antes de morir. Pero igual lo acata sin demora, para lo cual decide no enviar a todo el ejército, sino solo a la élite de los 12.000 combatientes (1.000 por tribu). La guerra termina con la victoria hebrea y mucho botín queda para ellos.
    ¿Podemos comprender la necesidad que tenía la nación israelita de desplegar esta guerra feroz, no por tierras, no por honores, no por ganancias materiales, sino para quitar la constante amenaza en contra de ellos?
    Otro detalle, Moshé no quiso participar directamente de la guerra contra Midián, porque su esposa era de allí, sus hijos habían nacido allí, además lo cobijaron durante varias décadas. Él sabía el valor del agradecimiento, incluso con aquel que luego fue malvado en su contra.

    El episodio termina con la fascinante historia de las tribus de Reuben, Gad y la mitad de la tribu de Menashe. Estas tribus tenían una gran ganadería, se ganaban la vida principalmente pastoreando ovejas y por eso en cada viaje buscaban las áreas propicias para criar sus ovejas. Ellos observan que estas zonas conquistadas son excelentes para la cría de ovejas, extensas áreas verdes y fértiles. Por eso acuden a Moisés con una petición sorprendente: ¡no queremos entrar en la Tierra de Israel, quedémonos en esta tierra verde (el Jordán de hoy)!
    Moshé responde enojado, su pedido le recuerda la historia de los espías de hace 38 años (esas 12 personas que fueron enviadas a explorar la Tierra de Israel y finalmente persuadieron a la gente para que no entrara a la tierra), principalmente molesto por el hecho de que las otras tribus de Israel se enfrentarán a guerras duras para tener sus propias parcelas de tierra y poder vivir en paz. Sin embargo, ellos piden quedarse tranquilos, despreocupados, del otro lado del río, junto a sus familias y rebaños y no ayudar a sus hermanos.

    Las tribus comprenden la ira de Moshé y ofrecen un compromiso valiente: ellos se asentarán al este del Jordán, pero sus hermanos no lucharán solos; ellos dejarán a sus familias y no regresarán a ellos hasta que el último de los israelitas tenga su parcela. Serán los primeros en ir a la batalla, porque no quieren separarse de Israel, sino hacer lo que corresponde para el bienestar de todos.
    Moshé acepta el compromiso y el asunto termina con la historia del asentamiento de las dos tribus y media al otro lado del Jordán.

    Luego, de inmediato comienza la última parashá del libro, haciendo un recuento de los cuarenta años de vagabundeo, parada por parada, en un detallado pero breve resumen.
    Tras de lo cual, comienzan los preparativos para entrar en la tierra. En la mayoría de las estaciones solo se menciona el nombre de la estación, en otras paradas se menciona brevemente la historia de las experiencias de los hijos de Israel allí. Los 40 años sintetizados en 49 versos.

    Nuestra parashá también se puede llamar de las listas, porque además de la lista de viajes, hay otras dos enumeraciones: de las fronteras del país y la de líderes israelitas que ingresan al país. Estas dos listas están relacionadas con el mismo tema: los preparativos para la entrada a la Tierra de Israel. Al final del viaje y el afincamiento de los hijos de Israel más allá del Jordán frente a Jericó, termina un período y cambia una generación, una generación de egipcios que lideró al pueblo murió y el liderazgo se transmite a la generación nacida en el desierto y llevarán a los hijos de Israel al destino nacional.

    Moshé no entrará a la tierra con los hijos de Israel, pero como verdadero líder, el destino de su pueblo es importante para él, por lo que también se preocupa por el día después de su muerte. Él nombra nuevos líderes y publica sus nombres para que quede claro quiénes son los que estarán al mando después de su muerte, y para que los hijos de Israel tengan claro dónde están entrando. Moisés da les una lista detallada de las fronteras de la tierra.

    En los tiempos bíblicos, el pueblo de Israel era excepcional porque, a diferencia de todos los demás pueblos que creían en varios dioses y adoraban estatuas, el pueblo de Israel creía en un solo Dios. Al entrar en la Tierra de Israel, los nativos del desierto encontrarán una creencia religiosa diferente a la suya, una creencia basada en estatuas. Para que los hijos de Israel no se vean afectados por esta creencia extranjera, se les ordena destruir todas las estatuas y construcciones rituales paganas que encontrarán.
    A nosotros nos podría parecer que eran unos salvajes, fanáticos, carentes de empatía hacia el otro; pero si nos ponemos en su situación, en su contexto, en su cultura, en los peligros que ellos corrían, en lo poderosa que resultaba la doctrina idolátrica, en lo atractivo de la cultura canaanea; quizás podamos llegar a entender un poquito aquella manera tan hosca que se pretendía de ellos.

    En la parashá nos encontramos con otro mandamiento, el cual instruye la dedicación de ciudades en la Tierra de Israel a los levitas. La tierra se dividirá en 12 partes, una por tribu. Pero la tribu número 13, no recibirá una provincia como propiedad: esta es la tribu de Leví, que no se asienta en un área, sino que está esparcida por todo el país, y para que esta tribu tenga un lugar donde vivir, recibe 48 ciudades designadas únicamente para eso.

    De hecho, 6 de estas 48 ciudades no son solo para los levitas, sino que también sirven como ciudades de refugio para asesinos accidentales (que mataron accidentalmente a otra persona, sin tener la intención de hacerlo), en estas ciudades el asesino sin intención queda protegido de la ira de la familia de los muertos que pudieran buscar venganza.

  • Victimizarse está de moda

    Victimizarse está de moda.
    Victimizarse es ponerse en el papel de la víctima, del que sufre un daño que no se ha podido evitar y es injusto, pero sin que eso haya ocurrido realmente.
    Es actuar el fracaso y echar las culpas fuera, para no hacerse responsable, o para manipular emocionalmente al entorno.

    Estos son algunos de los posibles agresores inventados por aquel que se victimiza: el pasado, el destino, la suerte, los padres, la sociedad, el capitalismo, el imperio, los medios de comunicación, la herencia genética, la crisis, la educación, el gobierno, el partido político, el jefe, la esposa, el esposo, las circunstancias, los dioses, el Dios, las fuerzas místicas, el universo, Schopenhauer y Coelho, los demás, la vida, los vecinos, los países limítrofes, la historia oficial, el relato, el otro, los otros, lo otro, el demonio, los demonios, los judíos, los masones, los sionistas, los iluminatis, el gobierno profundo, Trump y Biden, por supuesto que Netanyahu, ya dije los judíos pero ellos siempre tienen la culpa de todo, el sistema de justicia, los hombres, el patriarcado, los heteros, el cine, el arte, la religión, la superstición, un error cuántico, la Matrix y podríamos seguir enumerando culpables que probablemente por eso que los estamos culpando no lo sean.

    Hoy, con mucha constancia y presencia, la victimización está de moda.
    Se pone en el otro, afuera de uno, la culpa y la responsabilidad y por tanto también el poder para ejercer un cambio reparador.

    Hoy se grita y se queja, en vez de asumir los propios errores, valorar las decisiones tomadas desde una diferente perspectiva y reconocer que en buena medida (quizás no por completo) estamos como estamos porque hicimos, o dejamos de hacer, aquello que hicimos, o dejamos de hacer.

    Entonces, que el otro sea el culpable, mientras yo soy la víctima a la que hay que consolar, cuidar, sostener, nutrir, abanicar, patrocinar, medicar, etc.

    Es el triste rol de la generación de cristal, y de todos aquellos que la patrocinan.

    Como nos enseña Pinjás, el hijo de Elazar, el nieto de Aarón, el mundo no es de los que se victimizan, sino de aquellos que hacen lo que debe de ser hecho, de la manera que hay que hacerlo. Siempre dentro de la ley, construyendo Shalom, le pese a quien le pese.

  • Sanos límites

    Los límites son necesarios, cuando están ubicados en el sitio correcto, diferenciando el adentro del afuera, lo permitido de lo prohibido, lo mío de aquello que no lo es.
    Sin los límites nos derramaríamos, seríamos como gelatinosas masas que se desparraman sin contención.
    Imagina como la cáscara del huevo, que permite que en su interior crezca y se haga realidad una nueva vida; pero que llegado el evento, es indispensable romper el límite, que dejó de ser útil, que ya no es necesario. Que el ser rompa por sus propios medios el cascarón y se arrastre hacia su nueva realidad, le da poder, le de fortaleza para asumir con integridad la nueva etapa que deberá transitar.
    Por tanto, es importante conocer los límites sanos y cuando dejan de serlo, encontrar los mecanismos que nos sostienen recubiertos por su protección, así cuando es llegado el tiempo para dejar atrás lo que ya no sirve y ahora dificulta.

    ¿Conoces tus límites sanos?
    ¿Sabes cuándo ha llegado el tiempo de quebrarlos para avanzar hacia la zona desconocida sin quedar atrapado en tu celdita mental?
    ¿Sabes como el personaje bíblico llamado Pinjás (Fines), el nieto de Aarón, puede servirte como modelo para tu conducta?

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  • Parashat Pinjás – 5781

    La historia de Pinjás tiene lugar en el lado oriental del Jordán, en la víspera de la entrada de los israelitas a la Tierra de Israel. La tarea de entrar al país no es sencilla y hay que prepararse bien para ella. La disposición se centra en estos preparativos.
    Como por ejemplo, el confirmar a Pinjás como digno sucesor de Aarón y de Elazar, que será el portador del sagrado báculo del sacerdocio supremo, cuando le toque su turno.
    Sus acciones, al final de la parashá anterior, le dieron una relevancia indiscutida, un sitial que se lo ganó por propio mérito y no por ser hijo de.

    Luego, se pasa a verificar el tamaño del ejército israelí. Con este propósito, se realizó un gran censo para todos los hombres mayores de 20 años en todas las tribus de Israel. Los enviados pasan e inspeccionan cada familia y cada tribu y finalmente resumen todo el censo. A disposición de los hijos de Israel hay 600.730 hombres mayores de 20 años (Capítulo 26, versículos 1-5).

    Entonces Dios instruye a Moisés sobre cómo se dividirá la tierra entre las tribus de Israel: cada tribu recibirá una parcela de tierra de acuerdo con su tamaño, pero la ubicación de la parcela se determinará por sorteo. Esta conversación sobre la división de la tierra no es fácil para las cinco hijas de Tzlofejad, su padre murió en el desierto y no tuvo hijos varones, por lo que no habrá una propiedad con el nombre de Tzlofejad en la Tierra de Israel. En su angustia, se vuelven a Moisés y le piden la herencia del padre, aunque por lo general en aquellas épocas y lugares solo los hijos varones heredaban la herencia del padre.

    Moisés escucha su solicitud y, por orden de Dios, acepta que ellas sean quienes hereden a su padre y agrega que esta no es una instrucción especial solo para este caso, sino una ley para todo el pueblo: cuando un hombre que muere sin hijos varones, la herencia pasa a sus hijas. ¡Si es así, la audacia de algunas mueres logró cambiar una ley habitual y fue incorporada como una de las leyes de la Torá! (Capítulo 27, versículos 1-10).
    Por supuesto que, con el avance de la conciencia espiritual y social nos damos cuenta de que ese gran paso en su momento, quizás no sea el que necesita nuestro tiempo. Pero, como sabemos, el Divino Autor no solamente nos entregó Su Torá Escrita, sino también la Oral y nos brindó herramientas para que los expertos puedan ir elaborando reglas que se adapten a las necesidades sociales. Dentro de un sistema, siguiendo ciertos parámetros, apoyándose en los fundamentos previos, pero con gran visión del dinamismo que implica la humanidad.

    Moisés se prepara para la entrada de Israel a la tierra, pero sabe que a él mismo no se le permitirá entrar. Por ello, necesita que sea nombrado un reemplazo digno para su cargo de liderazgo, un líder que guíe a los hijos de Israel a su entrada a la tierra. Dios elige a Josué, hijo de Nun, el siervo y discípulo de Moisés para ser el próximo líder, luego Moisés reúne a todo el pueblo y ante los ojos de todos confía en Josué como el próximo líder (capítulo 27 versículos diez al 23).

    Aunque Moisés no puede entrar, puede ver la tierra. Moisés asciende al monte Avarim, una de las montañas altas en su lado oriental y desde allí observa y ve la tierra tan anhelada y tan lejana para él (capítulo 27 versículos 12-14).

    La parashá termina con un largo pasaje que describe las ofrendas Musaf de todas las fiestas (Capítulo 28 versículo 1 – Capítulo 30 versículo 1).

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  • Parashat Balak 5781

    Balak («Balac» -es un nombre propio-) es la séptima parashá del cuarto tomo de la Torá, el sefer Bemidbar, conocido en español como «Números».

    Temáticas:
    Podemos señalar los siguientes temas en nuestra parashá:

    1. Balak contrata al brujo Bileam
      El rey de Moab reconoce que el pueblo de Israel no es poderoso desde el punto de vista material, sino por influjo del plano espiritual. Es por ello que les teme, por ese poder irrebatible de Israel. Por tanto, decide acabar con ellos espiritualmente, para así hacerlo también físicamente. Para lograr su genocida deseo, encarga que el máximo brujo de la época, un tal Bileam, maldijera a los israelitas, para de ese modo poder liquidarlos.
      Bileam solicita permiso del Todopoderoso para maldecir a Israel, pero el Eterno claramente le dice que los judíos son «un pueblo bendito» y que no deben ser maldecidos.
      Sin embargo Bileam, movido por su rencor y por la codicia, desoye a Dios y se embarca en la misión de tratar de dañar a Israel en su pureza.
      Dios claramente le dice a Bileam cuál es Su Voluntad, pero permite que el profeta oscuro tenga su propia determinación, para bien o para mal. Sin embargo, le avisa que al momento de declarar acerca de Israel, deberá hacer caso irremediablemente, pues en ese caso no estará ejerciendo su potestad libremente, sino que estará actuando como canal de la energía Divina. Por tanto, no depende de su libre albedrío, sino de lo que le ordene el Dueño de la visión profética. Sin embargo, llegado el caso, estaba en completa libertad de elegir ir por el camino del mal, cosa que realmente hizo, pero de manera obtusa, indirecta.
    2. La asna de Bileam
      Bileam montado en su asna va camino a encontrarse con el rey Balac para así ver si podía maldecir a los israelitas, cuando es interceptado por un enviado del Eterno.
      La asna ve el peligro, y trata de esquivarlo; aunque el grandioso profeta nada ve, porque está ciego a la presencia del invisible ángel del Eterno. Por tres veces la burra le salva la vida, pero el ingenioso hombre no lo comprende, sino que cree que la pobre bicha está portándose salvajemente, Por ello, encolerizado la golpea con saña, y es entonces cuando milagrosamente la asna habla. Le expone el error del humano y menciona su virtud, de haberlo salvado de la espada extendida del ángel que estaba lista para atravesar su malvado corazón.
      Bileam en lugar de reconocer su error y malicia, demuestra nuevamente su bajeza moral y espiritual.
    3. Balak maldice cuando bendice
      Balak tiene prohibido maldecir a Israel, pues eso es lo que le ha decretado específicamente el Todopoderoso.
      Sin embargo, en lo que en una lectura llana pareciera ser una bendición, esconde una terrible maldición contra los israelitas. Igualmente, en el texto explícito aparecen metáforas muy bonitas acerca de Israel, de su santidad y también de su destino como el pueblo que guía a toda la humanidad hacia una era de superación colectiva.
    4. El pecado de los israelitas
      Balak no destruyó a Israel con las maldiciones maléficas de Bileam, pero sin embargo recibió de él un consejo perverso y exacto: para dominar y vencer a Israel, hay que atacar su firmeza espiritual. Para lograrlo, Bileam aconsejó que los israelitas fueran tentados a actos desvergonzados, cosa que en parte logró el siniestro objetivo.
      Si los israelitas se deslizaban hacia todo tipo de perversiones sexuales, estarían a merced de sus enemigos.

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  • La mirada al cielo

    «Partieron del monte Hor con dirección al mar de las Cañas, para rodear la tierra de Edom. Pero el pueblo se impacientó por causa del camino, y habló el pueblo contra Elohim y contra Moshé, diciendo: –¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Porque no hay pan, ni hay agua, y nuestra alma está hastiada de esta comida miserable. Entonces el Eterno envió entre el pueblo serpientes venenosas/quemantes, las cuales mordían al pueblo, y murió mucha gente de Israel. Y el pueblo fue a Moshé diciendo: –Hemos pecado al haber hablado contra el Eterno y contra ti. Ruega al Eterno que quite de nosotros las serpientes. Y Moshé oró por el pueblo. Entonces el Eterno dijo a Moshé : –Hazte una venenosa/quemante y ponla sobre un asta. Y sucederá que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá. Moshé hizo una serpiente de cobre y la puso sobre un asta. Y sucedía que cuando alguna serpiente mordía a alguno, si éste miraba a la serpiente de cobre, vivía.»
    (Bemidbar/Números 21:4-9)

    El pueblo murmura en contra de Moshé y de Dios por haberlos sacado de Mitzraim, porque no tienen agua, y porque están hartos de maná.
    Mucho podríamos comentar sobre este hartazgo del maravilloso alimento que los acompañó durante el viaje de cuatro décadas, como así también podríamos enfocarnos en la terrible conducta que es la falta de agradecimiento. Ese fuego ingrato que quema desde las entrañas y devora a su alrededor. Esa glotonería que se aprovecha de la beneficencia y es incapaz de retribuirla de la manera más modesta y sincera.
    La ingratitud, que es como una víbora que serpentea en nuestro interior y nos corroe el alma, nos separa de nuestra sagrada esencia así como del prójimo.
    Es espantoso el infierno que se genera aquel que rechaza reconocer las bondades que se le han hecho, sea por Dios o por las personas.
    En parte, ese es el mensaje que estaba queriendo dar Dios al permitir que los depredadores naturales de ese desierto atacaran a los mal agradecidos. Durante cuarenta años les estuvo protegiendo de los daños múltiples que conlleva la vida salvaje desértica, pero en esta ocasión, levantó esa cortina protectora y entraron los dañadores naturales.
    Que actúan de la misma forma rastrera, subrepticia, escondida que los que no agradecen.
    Dios permite que serpientes del desierto muerdan y envenenen a los pecadores.
    A modo de remedio, Dios ordena a Moshé que haga la imagen de una serpiente en metal y la coloque sobre lo alto de un pedestal, para que aquel que alce los ojos y la vea, sea curado. No era magia, ni superstición, ni una convocatoria a la idolatría, pero lamentablemente mucha gente lo vio así, en épocas posteriores y hasta la actualidad. En realidad era un llamado a que dejen de vivir arrastrados en el fango de sus miserias egoístas, que dejen de reptar entre quejas y faltas de agradecimiento; por el contrario, que usen su ánimo materialista para elevarse y elevar el entorno. Que pongan todo de su ser para construir Shalom, acercando el cielo a la tierra, la tierra al cielo. Pero, como siempre, la gente es tosca y está embotada por el EGO.
    Entonces, siguen convirtiendo símbolos de elevación y redención en otros fetiches, en amuletos, en protectores mágicos que no tienen ningún poder ni hacen ningún servicio.
    Me parece que debemos aprender la lección.

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  • Parashá Jukat

    Compartimos ahora los temas principales que trata nuestra parashá:

    Ø «Pará Adumá» (vaca roja). La Torá establece un procedimiento para purificar a la persona que ha estado en contacto con un cadáver humano. Este es el estado de mayor impureza posible, por tanto requiere de un proceso más complejo para que la persona retome su estado de pureza.
    Desde hace siglos que no se realiza, pues no contamos con el Templo ni se han dado las condiciones para que se retome su uso.

    Ø Pronto serán cuarenta años de permanencia del pueblo en el desierto, estamos por tanto a poco de que finalmente accedan a la tierra que fuera prometida a los patriarcas. Entonces, fallece la profetisa Miriam, hermana de Moshé y Aarón. Ella es sepultada en Kadesh. Según la tradición, el manantial que acompañó a los israelitas durante décadas dejó de darles agua, pues era un milagro (previsto por el Creador desde el inicio de los tiempos), que funcionaba en mérito a Miriam. Por tanto, según este midrash, al ella fallecer, el manantial dejó de estar disponible. Lo cual, aparentemente, promueve el siguiente tema de la parashá.

    Ø En el desierto de Sin, nuevamente el pueblo reclama por la falta de agua para beber. Aarón y Moshé ruegan a Dios y Este ordena que reúnan al pueblo para que presencien cuando Moshé toma su bastón en su mano para luego hablarle a una roca de la cual surgiría agua. Moshé no pide agua a la roca, sino que la golpea, como había hecho cuarenta años atrás en una ocasión similar. Además, le grita a los israelitas, aparentemente cansado por tantas quejas, revueltas, complicaciones, que tuvo que soportar durante tantas décadas, llenas de desprecio hacia él y su obra.
    Aparentemente, como consecuencia de toda esta circunstancia adversa, el Eterno decretó que ni Moshé ni Aarón entrarán a la Tierra de Promisión, también ellos morirán en el desierto. Algunos sabios nos explican que Dios es sumamente estricto con las personas de mayores cualidades, de más alta conciencia espiritual; por ello fue tan severo en el castigo aplicado. En tanto que otros sabios indican que este acontecimiento no fue más que una excusa, que el pecado de los hermanos fue otro, pero que no queda manifestado en la Torá para preservar el respeto por ambos leales servidores del Eterno. Como sea, el reemplazo de la vieja generación era indispensable, ya era hora de que tomara el liderazgo una nueva generación, con las cualidades necesarias para la nueva etapa de asentamiento en la tierra de Israel.

    Ø El pueblo continúa sus marchas, pero debido a que el rey edomita, descendiente de Esav, les niega el paso por su territorio, deben prolongar su viaje, haciendo un rodeo para alcanzar los límites de Israel. Pudiendo ingresar y acortar su camino, prefieren hacer caso al Eterno y no involucrarse en una guerra que pudo ser evitada.
    Este evento nos habla mucho de la voluntad de Shalom del pueblo judío, así como de la necedad pendenciera de sus vecinos, incluso de esos que son primos nuestros.

    Ø En el monte Hor muere Aarón, el cohen hagadol. Su hijo Eleazar es investido para ocupar sus funciones. La desaparición física de Aarón es llorada por todo el pueblo durante treinta días. Recordemos que era sumamente querido por todos, ya que su misión era la de promover el Shalom entre las personas. Su importante función sacerdotal fue una herramienta más en su tarea, quizás también un premio a su incesante labor de construir Shalom y así acercar a las personas entre sí y con el Creador.

    Ø El pueblo murmura en contra de Moshé y de Dios por haberlos sacado de Mitzraim, porque no tienen agua, y porque están hartos de maná. Dios entonces, permite que serpientes del desierto muerdan y envenenen a los pecadores. A modo de remedio, Dios ordena a Moshé que haga la imagen de una serpiente en metal y la coloque sobre lo alto de un pedestal, para que aquel que alce los ojos y la vea, sea curado. No era magia, ni superstición, ni una convocatoria a la idolatría, pero lamentablemente mucha gente lo vio así, en épocas posteriores y hasta la actualidad. En realidad era un llamado a que dejen de vivir arrastrados en el fango de sus miserias egoístas, que dejen de reptar entre quejas y faltas de agradecimiento; por el contrario, que usen su ánimo materialista para elevarse y elevar el entorno. Que pongan todo de su ser para construir Shalom, acercando el cielo a la tierra, la tierra al cielo. Pero, como siempre, la gente es tosca y está embotada por el EGO.

    Ø Sijón, rey de los amorreos, lucha contra Israel, para no permitirles el paso por su país; esta batalla desemboca en la toma de sus tierras por parte de Israel, las cuales se convierten en la primera posesión territorial del pueblo de Israel, luego de la esclavitud egipcia. Fue por lana y salió esquilado el amorreo y sus compinches.

    Ø Se asentaron los israelitas en la ribera oriental del Jordán, frente a Jericó. Ya se huele la cercanía de Canaan, la conclusión de la travesía por el desierto y los trabajos forzados para madurar y despertar espiritualmente.

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  • El fracaso de una idea atrayente

    Dentro del resumen de la parashá Koraj, al que se conoce como «Koré» en la traducción al español de la Biblia, vamos a descubrir cómo una idea atrayente, sugerente, simpática, que recibe aprobación, puede determinar un fracaso rotundo en sus seguidores.
    Para ello, comencemos recordando que estamos en la sidrá 38ª de la Torá; que es la 5ª del sefer Bemidbar.

    Al inicio encontramos que los ambiciosos y codiciosos Koraj (que era primo de Moshé y Aarón), Datan y Aviram, además de doscientos cincuenta líderes de Israel se rebelaron en contra de la autoridad de Moshé y Aarón, aduciendo que Aarón no tiene más derecho que cualquier otro del pueblo a ejercer las funciones del Cohen Hagadol (Sumo Sacerdote).
    El mensaje que se ofrecía al pueblo era interesante, dulce a la vez que fervoroso, pues afirmaba que todos los israelitas son parte del pueblo santo, cada uno de los israelitas es parte de la santidad y por consiguiente, ni Moshé, ni Aarón tienen algún derecho superior a los demás para estar en el poder.
    Evidentemente, (decía el astuto Koraj y repetían con alevosía sus seguidores, y hacían eco con torpeza los torpes), Moshé había tenido su momento de fama, pero ahora se estaba aprovechando de viejas glorias. Aunque no saben precisar los sabios exactamente cuando ocurrieron estos hechos, si poco tiempo después de la salida de Egipto, si casi finalizando la estadía de 40 años en el desierto, lo cierto es que el mensaje era denigratorio de Moshé, haciéndolo pasar por usurpador, por aprovechador y corrupto. ¿De qué otra forma explicar que él sea el líder político del pueblo, su hermano el máximo dirigente sacerdotal, en tanto que su hermana sea la encargada del ministerio de la mujer? Por si fuera poco, algunos de los parientes de Moshé ocupaban otros importantes cargos en la gobernación del pueblo; pero Koraj, que era su primo, fue relegado a una posición secundaria, infame a sus ojos. Él decía, ahora repitiendo a su esposa, que se estaban burlando de él, porque le envidiaban y no querían permitirle crecer. Por tanto, era necesario hacer un golpe de Estado, quitar a los corruptos y permitir que el pueblo fuera dirigido por quien era uno de ellos y contemplaba su perspectiva.
    Siendo sinceros, esto no era más que demagogia, vender fantasías al pueblo. Hacerles creer en promesas de bienestar, prosperidad, éxito a cambio de otorgarle el poder a Koraj y su camarilla.
    Moshé no permitió que la sublevación creciera de tono, pues de inmediato la confrontó. No anduvo ocultando la cabeza bajo tierra para no ver los problemas, ni daba excusas para no enfrentar la cuestión. Derecho fue a solucionar el asunto y puso a Dios como Juez del asunto.
    Como es un resumen, decimos simplemente que por Su Voluntad, los subversivos murieron. Algunos fueron quemados al ofrecer ofrendas ígneas desagradables para Dios, otros fueron tragados vivos por la tierra que se abrió a sus pies, en tanto que el tercer grupo sufrió ambos finales.
    Pareciera que el conflicto quedó resuelto, pero no… pues algunos integrantes del pueblo que se disgustan por el destino de los sublevados, no reconocen el terrible crimen cometido por estos, atribuyendo toda la responsabilidad a Moshé. Por lo cual, la furia de Hashem se manifiesta a través de una plaga que amenaza al pueblo, causando el deceso de miles de personas.
    A pesar de haber sido inculpado injustamente, nuevamente Moshé ruega a favor del pueblo, e indica a Aarón que realice un ritual público que sirva para expiar el pecado del pueblo, merced a lo cual la plaga finaliza.
    Tras lo cual, Hashem ordena a Moshé que en el Tabernáculo sean colocadas las varas de mando de los jefes de las tribus, cada una con su nombre tribal tallado. A la mañana siguiente, la vara de Leví, que lleva inscrito el nombre de Aarón, brota, florece y da almendras. Esto sirve como demostración pública de que es el Eterno quien ha escogido a la tribu de Leví para el ejercicio del sacerdocio, y también corrobora el rango de Aarón de Cohen Gadol, y no a otra tribu, ni a otra familia en Israel.

    Luego, la parashá contnía con la orden de preservar el honor y santidad del Tabernáculo.

    Más adelante se especifican las funciones de los leviim y los cohanim, que no pueden intercambiarse.
    Así mismo se establecen algunas de las características particulares de la tribu. Por ejemplo, los cohanim no tendrán propiedad personal de terrenos en la Tierra de Israel, por lo cual no tendrán forma de mantenerse. Entonces es que se dictamina que su sustento provendrá de tributos (diezmos y regalos) que les ofrezca el pueblo. Esto es así, ya que los cohanim deben servir exclusivamente al Eterno, y no trabajar la tierra. Así como ninguno que no sea de la tribu de Leví es apto para las actividades consagradas en el Santuario.

    Para finalizar, se enuncian las leyes relativas a los primeros frutos (bicurim), la redención del primogénito (pidión haben) y otras ofrendas destinadas a ser santificadas.

    Retornando al tema que dio título a este post, ¿cuál crees que fue el error de los que se dejaron involucrar por esa idea atrayente, por esa fantasía demagógica y que resultó en una terrible catástrofe?
    ¿Crees que es un error que se pudo haber evitado, y si es así, cómo?
    ¿Siguen sucediendo cosas similares?

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  • Repetición y repetición

    Nuestro cerebro es una maquinaria prodigiosa.
    Entre sus muchas maravillas se encuentra el diseño para la eficiencia energética, es decir, que trata de ahorrar energía y no malgastarla.
    Para ello recurre a varios trucos, que pueden ser muy interesantes de estudiar y de esa forma no solamente sorprendernos por lo estupendo, sino también aprender a manejarnos mejor.
    Entre esos mecanismos encuentra el de repetir lo ya conocido, no esforzándose por encontrar nuevas soluciones.
    Algo así como: si ya funcionó alguna vez, seguirá funcionando siempre.

    Esto pudiera llevar a actitud de pereza, de lentitud para el cambio, de ineficacia ante los desafíos.
    Y es tal cual.
    El cerebro ya ha trazado su plan, lo ha usado anteriormente, ha creado un patrón de conducta, tiene integrado el hábito la persona usuaria; entonces, ¿para qué gastar energía innovando, creando, aprendiendo cuando lo que se conoce ya no alcanza para explicar y manejarse en la nueva realidad?

    Es así que lo habitual es repetir y seguir repitiendo, aunque las circunstancias y los resultados no sean los del pasado ni sean efectivos.
    Le cuesta mucho cambiar el chip al cerebro, porque no está preparado por lo general para ello.
    Por otra parte, en muchas sociedades se apuntala esta modalidad natural insistiendo con la inamovilidad de los rituales, de las costumbres. Se impone el pasado como si siguiera teniendo sentido y vigencia en la actualidad, sin hacer los análisis pertinentes. Eso sí, se esfuerzan un poco para generar excusas, gastan energía para justificar lo que racionalmente no tiene justificativo.

    Tú ya ves que eliges, si repetir y obtener resultados poco alentadores, o romper con la rutina y automatización y darte permiso para salir de la celdita mental.
    El famoso relato de los exploradores enviados por Moshé para recorrar la tierra prometida, que se narra en la parashá Shelaj Lejá, y lo que aconteció luego es un típico ejemplo de diez de los doce que se encolumnaron detrás del mismo lema, se escondieron en su cueva por miedo al cambio, por incapacidad para ser creativos.

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  • Shelaj lejá 5781: Enseñanza: ¡cuánto cuidado tenemos que tener de decretar cosas acerca de nosotros mismos, no sabemos cuando de Arriba dirán Amén a nuestro decreto!

    Vamos a ver rápidamente los temas que encontramos en Shelaj («Envía…»), que es la cuarta del cuarto libro de la Torá.

    Ante la insistencia de Israel, y con la autorización de Hashem, Moshé envía doce representantes, uno por cada tribu, con la misión de explorar la Tierra Prometida. Ellos debían actuar como turistas, para ver la tierra y sus pobladores, aprender de lo que hay allí. No tenían la misión estratégica de actuar como espías, sino servir como reporteros de la realidad del país. Pero, algo ocurrió que les modificó su misión, la mayoría se convirtió en espías, pero no de la realidad, sino de sus propias fantasías y miedos. Al cabo de 40 días regresan y vienen cargados de frutas del lugar: higos, dátiles y racimos de uvas enormes. Cuando diez de los doce exploradores atestiguan que los moradores de Cnaan son de tamaño y fuerzas proporcionales a las frutas, y que ellos consideran como imposible la conquista de la Tierra, se esparce un ánimo de desesperación y descreimiento hacia Dios y el liderazgo de Moshé. Mientras que Calev y Ieoshúa, los dos exploradores creyentes, intentan hacer recordar a las personas que si el Eterno está con ellos, nada hay para temer.

    Pero, los varones adultos del pueblo claman que es preferible morir allí mismo o retornar a Mitzraim, ya no confían en el éxito, sino que presienten la ruina total. Hashem montando en cólera se apresta para eliminarlos, pero ante los ruegos de Moshé no lo hace. Sin embargo, el castigo es terrible: ellos permanecerán todos los días que les restan de vida en el desierto, allí errarán durante cuarenta años. La generación de esclavos psicológicos no estaban en condiciones de hacerse cargo de la tarea de radicarse en la tierra de santidad y trabajarla para disfrutar de sus bendiciones. Por tanto, a causa de su esclavitud e impotencia, de doblegarse ante el EGO en lugar de permitir manifestar su NESHAMÁ, se cumplirá lo que ellos decretaron para sí mismos: morir sin entrar a la tierra de santidad, que el desierto se los trague y los olvide.
    Solamente las mujeres y los menores de edad al momento de este decreto, así como los exploradores que se mantuvieron del lado de la Verdad, serían los que entrarían a la tierra.
    Enseñanza: ¡cuánto cuidado tenemos que tener de decretar cosas acerca de nosotros mismos, no sabemos cuando de Arriba dirán Amén a nuestro decreto!

    Para amargar aún más ese día fatídico del primer 9 de Av trágico, un grupo de hebreos, desoye la orden divina de permanecer en el desierto y emprenden la conquista de la Tierra, sin la aprobación de Dios. Son advertidos por Moshé, para que así no hagan, pero no lo oyen, y son rápidamente exterminados por los enemigos que esperaban en la frontera.
    Realmente el pueblo hebreo tenía al alcance de la mano su solaz y tranquilidad, pero al dejarse llevar por la confusión del EGO, los planes del Eterno se trastocaron y lo que hubiera sido una radicación pacífica, auspiciosa y próspera, se transformó en siglos de penurias, exilio y confrontación.
    ¡Ah, qué triste polo de negatividad quedó impregnado en el entorno de la fecha 9 de Av!
    Sin embargo, el día oscuro eventualmente será transformado en temporada de jolgorio y fraternidad. En la Era Mesiánica ya no habrá más llantos y quejidos en el 9 de Av, los cuales serán reemplazados por los cantos y bailes de alegría.

    Luego la parashá pasa a un tema que pareciera fuera de lugar, pues se alecciona acerca de las ofrendas que elevarán los israelitas cuando, a su tiempo, ingresen a la tierra.
    ¿Qué hace esto acá, inmediatamente después de la orden de que permanezcan cuatro décadas en destierro y la muerte de miles de hebreos?
    Explican los sabios que evidentemente no es casualidad, que esto está aquí como una señal de esperanza, pues se le informa a los israelitas que será un hecho el establecimiento en la tierra de santidad, habrá un tiempo para estar aposentados y en paz en la tierra prometida y podrán ejercer plenamente su identidad judía en ella. Hoy no pueden, ya que pesa la condena del destierro, pero el mismo que los condenó es el que ahora les asegura que llegarán a vivir en paz en la tierra de Israel.

    Se estipula la separación de la jala de la masa, para ser entregada como donativo a los sacerdotes. Se enuncian las leyes de las ofrendas relativas a los pecados cometidos sin intención previa, tanto los individuales como los comunitarios.
    Se decreta que quien blasfema en contra de Hashem sin arrepentirse, es separado del pueblo.

    Se nos cuenta que un hombre recogía leña en Shabbat, y tras su debido proceso judicial es condenado a muerte.
    Finaliza la parashá con las leyes de los Tzitzit, que sirven como recuerdo de las mitzvot y de que Dios nos rescató de Egipto.

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  • Behaalotejá – La bendición que puede convertirse en daño

    Vamos a compartir un sumario de Behaalotejá, la parashá de esta semana, que es la 3ª parashá del 4º libro de la Torá Bemidbar/Números.

    Su nombre se puede traducir literalmente como “cuando ascendieras”, en referencia al acto diario de encender las llamas de la Menorá que se ubicaba en el Hejal, el recinto sagrado del Templo, tal cual encontramos al comienzo de la parashá, donde Dios ordena a Moshé el encendido de la Menorá ubicada en el Ohel Moed (la Tienda de la Reunión).

    Luego de lo cual, se alista a los leviim para que asistan a los cohanim en sus tareas sagradas.
    Recordemos que básicamente los levitas cumplían las siguientes tareas en su servicio del Santuario: seguridad, coros, música instrumental, limpieza, mantenimiento y asistencia a los cohanim. Cuando el Tabernáculo era desmantelado para su transporte, eran encargados de esas tareas, aunque algunos objetos eran tarea de los cohanim, por su especial sacralidad (kedushá).
    Tomemos en cuenta que también tenían otras importantes funciones, tales como servir de jueces, traductores e intérpretes, y especialmente como maestros de Torá. En aquella no existía aún la noción de rabino, o de moré, por lo cual esta función era ejercida especialmente por los levitas.

    Luego la Torá nos cuenta que es festejado el segundo Pesaj, que fue el primero en libertad, para lo cual ofrendan el korbán pesaj. A quienes no pudieron, se les da una segunda oportunidad, quedando establecido así el Pesaj shení, que desde entonces se celebra el 14 del mes de Iyar.

    La parashá nos relata que nube y fuego manifiestan la Divina Presencia encima del Tabernáculo. Cuando la nube se eleva del mismo, es señal para que el pueblo se ponga en marcha tras ella, de acuerdo a la organización de las tribus que ya fuera establecida en la parashá Bemidbar. Se indica también el significado de los sonidos de los shofarot y trompetas usados como medio masivo de comunicación.

    Más tarde, los israelitas se quejan por la falta de carne para comer, a pesar de tener el maravilloso alimento sobrenatural que conocemos como Maná, Además contaban con ganado propio y tenían permiso de comer del mismo. Pero, esta queja frustra a Moshé, porque se da cuenta de que para muchas personas nunca es suficiente, siempre encuentren la manera de arruinar el buen clima con sus quejas y críticas amargas. Por supuesto que esto no ocurría solamente entonces, ni exclusivamente con el pueblo liberto de la esclavitud. Es una actitud típica humana y que en lo posible hay que tratar de corregir, porque no aporta al bienestar personal y colectivo. Una cosa es la sana crítica con el propósito de mejorar, el apetito de alcanzar una mejor calidad de vida; otra muy diferente es la ingratitud, la queja como deporte, la insatisfacción que no se satisface con nada.
    Por este acontecimiento y otros que venían ocurriendo en este trayecto de más de un año, Moshé se siente sobrecargado emocionalmente, por lo que Dios le dice que seleccione un consejo de sabios, el primer Sanedrín de 70 miembros, los cuales le secundarán en administrar al pueblo. Luego, Dios provee de abundante carne, hecho prodigioso que termino siendo no beneficioso, pues la angurria provocó estragos en el pueblo.
    ¡Interesante enseñanza! Tengamos cuidado de las bendiciones que recibimos, no sea que por ellas terminemos perjudicándonos o dañando a otros.

    Llegando al final de la parashá, Miriam y Aarón hablan acerca de la relación de Moshé con su esposa. También tienen algunas quejas de la función de ellos como profetas, ya que no solo su hermano lo era.
    Por estas habladurías, Miriam padece de la enfermedad de tzaraat, una antigua enfermedad que atacaba la piel de aquellos que hacían lashón hará.
    Con la famosa frase “El na refa na lá”, Moshé pide por su restablecimiento a Dios. Ella se repone y el pueblo puede continuar su camino.

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  • Volver del exilio

    En la parashá Nasó encontramos el siguiente verso:

    «נָשֹׂ֗א אֶת־רֹ֛אשׁ בְּנֵ֥י גֵֽרְשׁ֖וֹן גַּם־הֵ֑ם לְבֵ֥ית אֲבֹתָ֖ם לְמִשְׁפְּחֹתָֽם:
    ‘Haz también un censo de los hijos de Guershón , según sus casas paternas y sus clanes.»
    (Bemidbar/Números 4:22)

    Otra forma de traducirlo correctamente, podría ser:

    «Eleva también a los pertenecientes a Gershón, por sus casas paternas y por sus familias».

    Ambas traducciones son adecuadas, siendo la del censo la más apropiada al contexto en el cual se da el texto, pues se está tratando acerca de censos.
    La segunda forma de leerlo tiene la ventaja de ser más literal en su cuidado del sentido de acuerdo a la lengua original.

    Cuando buscamos más allá del texto y del contexto, cuando nos adentramos en el conocimiento del PARDES, nos encontramos con una enseñanza muy interesante y provechosa para nuestra vida diaria.
    La Torá nos está diciendo que todos los que son pertenecientes a Gershón, literalmente «los exiliados»,  es decir a los desterrados, a los que son o se sienten extranjeros, deben de ser elevados por Moshé, para que de esa forma ellos también se sientan pertenecientes al pueblo.
    Sabemos que hay una mitzvá que declara que los judíos han de tener especial consideración por los extranjeros, por los que de lejos vienen a habitar junto a nosotros.
    Por tanto, la interpretación profunda de este verso viene a reforzar el sentido de ese mandamiento.

    Pero, podemos ver un poco más allá y darnos cuenta de que todos en realidad somos extranjeros en este mundo, pues somos realmente NESHAMÁ (espíritu), que por un rato viene a pasar por la realidad material. Encarnamos, nos limitamos a una vida terrenal, sin dejar de ser la NESHAMÁ que somos. Estamos en tránsito, siendo extraños, en exilio.
    La Torá propone darnos cuenta de esta verdad y no desanimarnos, sino que por el contrario, elevar nuestra mira, apreciar nuestra verdadera identidad, que es la espiritual. Las limitaciones de este mundo nos hacen sufrir, estamos sumergidos en un océano de impotencia que nos angustia, pero no dejamos de ser espíritu. Así pues, en vez de dedicarnos a la queja, al llanto, a la crítica que no aporta, al deseo que corroe el corazón, a la adoración del EGO, podemos elevarnos por sobre lo que estamos siendo y por sobre nuestras circunstancias materiales.

    Dios nos avisa que tengamos confianza, que actuemos con integridad, que aspiremos a llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos, sin desesperar. Probablemente tropezaremos infinidad de veces mientras andemos por este mundo. Tendremos montón de penurias, pero ello no debe quitar nuestra certeza de que finalmente, en este mundo o en el de la eternidad, podremos sentirnos de nuevo de regreso al hogar. El exilio tiene fin, hay siempre una vuelta a la casa.

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