El pequeño gran paso del patriarca y nuestro

Nos quedamos esperando a que todo se alinee para hacer el cambio, pero eso nunca sucede.
Porque el momento perfecto, la situación perfecta, no existen.
Por tanto, es una enorme excusa para quedarnos en la situación que estamos y que reconocemos como «no la mejor», ya que boqueamos diciendo que haremos el cambio… y sin embargo, nos gana la fuerza de la costumbre, nos vence la incomodidad de la zona del falso confort.

Debemos entender que todo momento es el indicado para ser el inicio del cambio esperado.
La Era Mesiánica comienza cuando nosotros declaramos que es así.
La dieta saludable no debe esperar al lunes, o a después de la comilona del fin de semana; porque esto es sinónimo de que será una más de las dietas del fracaso.
Aquí y ahora es la ocasión más propicia para romper con el esquema del pasado y comenzar la construcción del plan del futuro espléndido, o al menos mejor.

El pequeñito primer paso, aunque sea leve y tenue, aunque parezca ser poca cosa, es el cambio necesario para promover el cambio esperado.
Ese pasito es el que nos está sacando de la zona del falso confort y nos pone en una zona misteriosa, de riesgos, de aventuras, de posibilidades nuevas.
No es poca cosa, aunque en los hechos sea un avance de pocos milímetros.
Es un despegue, es una voluntad, es el primero de muchos pasos hacia el objetivo.

Si seguimos esperando la temporada perfecta, nuestro estado de ánimo maravilloso, la conjunción astral ideal, seguiremos estando encerrados en la misma celdita mental, o quizás en una más oscura y dolorosa.
Así como estamos siendo ahora, es suficiente para dar el pasito victorioso que nos mueve en la dirección correcta.
Ten confianza en el Padre Celestial, ten confianza en ti, y da el pasito; si precisarás algo en el camino, ya lo irás adquiriendo.

Como Iaacov, quien sería nuestro tercer patriarca.
Así como era salió al camino, despegándose de su familia en Beer Sheva y avanzando hacia lo desconocido en Jarán, su meta.
Por ello, no es casualidad lo que soñó en su viaje, aquella escalera que apoyada en tierra llegaba su cabecera a los cielos, y por ella ascendían y descendían emisarios celestiales.
Una de las interpretaciones de la visión es precisamente esta que estamos compartiendo ahora.
Partía de su suelo, de su zona de falso confort.
Como los angelitos iba ascendiendo hacia la meta, allá lejos, en un lugar ignoto, pero que se sentía sería mejor.
Veía angelitos venir, como afirmando que habría retorno, que no era un trayecto sin vuelta, pues, él no pretendía olvidar sus orígenes ni rechazar a sus padres. Tan solo estaba saliendo al mundo, despegando hacia una mejor vida para regresar eventualmente cargado de nuevos tesoros, entre las cuales se hallaría una mejor personalidad, un Yo Vivido que mejor reflejara a su NESHAMÁ (espíritu).

El sueño también le mostraba a estar conectado, a no olvidar que somos seres de vínculos.
También le estaba enseñando que no pretendamos solo lo material, ni solo lo espiritual, ya que somos multidimensionales y debemos atender a todas nuestras dimensiones y equilibrarnos.
También le indicaba el sueño lo importante que es fluir, que es movernos, que es avanzar, porque si no vamos hacia donde pretendemos igualmente la corriente nos lleva hacia donde ella quiere.

Muchas verdades para nuestra vida, que comienzan por ese pequeño primer paso.

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