El retorno al Padre en la Era Mesiánica

Alrededor de la época de la destrucción del primer Templo, allá por el período que va entre el 550 al 450 AEC, algo estaba sucediendo por todas partes del mundo (al menos el que conocemos por contar con registros)
Es que, la Divina Presencia estaba ocultándose paulatinamente de la humanidad.
Estaba disminuyendo el esplendor del Eterno en el mundo, aquel que había manifestado abierta y públicamente a través de su intervención en Egipto, en el proceso de redimir a los hebreos, y que había llegado a la cúspide con la Revelación en Sinaí a todo el pueblo de Israel.
Esa Presencia irradiante y majestuosa por sobre el Arca de la Alianza, mitigaba su resplandecer y se estaba escondiendo.
En aquello conocido como “ester panim”, o sea, el ocultamiento del rostro del Eterno.
Tal acontecía por aquellos tiempos y no solamente para los judíos, sino para todos.
No es casualidad que en China, India, Persia, Grecia, Israel, Turquía, Egipto y vaya uno a saber dónde más algo estaba pasando que de a poco los profetas (verdaderos, corruptos y falsos) estaban siendo desplazados para que aparecieran en escena los filósofos, los sabios, los pensadores, los ejercitadores del pensamiento que privilegiaban la mentalidad humana por sobre cualquier indicio de revelación sobrenatural.
Es la época en la que los Sabios de Israel empiezan a dirigir los derroteros del pueblo de Dios, pero también de Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Heráclito, Parménides, Pitágoras, entre otros y luego Sócrates, Lao Tse, Confucio, Zaratustra, Buda, y si quieres puedes buscar más y compartirlo luego con nosotros.

El Eterno estaba dejando a Sus hijos hacerse independientes para así, llegado el tiempo adecuado, el reencuentro sea honesto y sincero.
Uno en el que Dios volverá a nuestras vidas, no por imposición o a través de la “magia” de los milagros; sino por la propia convicción de la humanidad, la cual habrá erradicado la peste de la religión con la podredumbre de la fe. Desterrado definitivamente la superstición y el engaño. Aprendido a dominar, en la medida de lo posible, la presencia del EGO fuera de foco para que solamente sea el siervo que es.
Ese tiempo de volvernos con sinceridad al Padre se suele denominar “Era Mesiánica”.
Ya ha comenzado, estamos avanzando a buen paso en las horas de su amanecer.

El moderno y laico Estado de Israel es el retoño que está creciendo entre los cardos.
El abundante desapego de la Torá (entre judíos) así como el seguir dándole la espalda al noajismo (entre gentiles) no son sino otras pruebas de ello.
La confusión, el abandono, las dudas, las amarguras son los dolores del parto que todavía continúa pero ya pronto terminará para ser realidad.

Quiera el Eterno que sea éste el último 9 de Av en destierro.
Que Su Presencia retorne a fulgurar con plenitud.
Que nuestro Yo Vivido sea fiel reflejo de nuestro Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu).

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