Explicaciones que no explican

Para muchos en estos tiempos, pareciera que las cosas debieran poseer algún elemento místico, mágico, de supuesta “espiritualidad” (que en verdad no es más que sentimentalismo), para considerar que son dignos de valor y respeto.
Pareciera como si una cuestión tradicional no contara en sí misma por el mero hecho de ser, precisamente, parte de una cadena de transmisión que se pierde en los tiempos.
O, si el razonamiento claro y límpido no bastara para confirmar su adecuada condición.
¡No! Se exige misterio, alguna pátina metafísica, lo que sea que nos deje como niños ante un conocimiento nunca experimentado y sin forma de comprenderlo.

Entonces, por ejemplo, la jalá redonda que algunos suelen comer para Rosh haShaná, en verdad es una llave milagrosa para desear y obtener un “año redondo”. ¿Qué quieren decir con eso los que lo dicen? Pues, me parece que no lo tienen muy en claro y apelan a explicaciones bizantinas para darle alguna coherencia. El hecho es que si el pan a la mesa del año nuevo “judío” (en verdad, de la humanidad) no es redondo, algo malo y catastrófico podría ocurrir.

Otro ejemplo, si uno adquiere (a pesadísimo precio) el libro del Zohar, aunque no lo sepa leer, ni lo entienda, ni conozca nada de lo que trata, ya es suficiente para abrir portones místicos de prosperidad, éxito, salud, bienestar, etc. Si uno lo deposita debajo de la almohada al ir a dormir, cosas maravillosas se revelarán en sueños. Si se repiten dos o tres frases, se espantan daños astrales y se evita que “el maligno” se instale en el hogar o lugar de trabajo. De poco o nada sirve demostrar que el autor fue un oscuro rabino del siglo XIII, o quizás algunas porciones fueran de una eminencia más antigua. Ni vale demostrar que luminarias del conocimiento sagrado lo han obviado, rechazado o desconocían su existencia y para nada lo precisaban. ¡No! Desde que se instaló la histeria por el Zohar (apellidado “santo”, cosa extraña), y algunos vivillos comerciales lucran con ello, entonces todo tiene que pasar, obligatoriamente, por su rasero, y ser decriptado con sus vericuetos lingüísticos.

O con el querido sonido del Shofar, que pronto escucharemos en Rosh haShaná como parte de lo establecido.
Sabemos que es un instrumento musical primitivo, probablemente de los más antiguos.
Sabemos, además, que era empleado para comunicarse a la distancia, empleando para ello códigos preestablecidos socialmente, así como otros particulares que se acordaban dentro del grupo de referencia.
Podemos saberlo, pero igualmente no faltará el que insista con dotarlo de poderes mágicos, más allá de cualquier cuestión establecida por la tradición y amparada en la inteligencia.
Entonces, no da lo mismo escuchar el toque del shofar a través de un sistema de audio súper exquisito, que escucharlo en vivo. No por cuestiones halájicas, o de peso tradicional, o para no cambiar el ritual milenario innecesariamente, sino que se apela a variables metafísicas. Por ejemplo, que el sonido en vivo manipula el flujo de energías espirituales y restablece equilibrios energéticos de manera misteriosa, cosa que no pasaría si el sonido surge de bocinas o parlantes, por más alta fidelidad que se tenga.
Puede ser que en el plano emocional de la persona el valor del toque en vivo sea diferente al que brota de parlantes, seguramente que sí. Pero, imponer explicaciones esotéricas allí donde solamente hay emociones, conduce a la oscuridad, no a la estabilidad.
Aquello de confundir al “satán” con los bramidos del shofar, casi 100% evidente, que es lenguaje metafórico, una manera pintoresca y anticuada de llamar a la reflexión, de enmendar la conducta, de combatir al EGO para que prevalezca el amor. O, a riesgo de ser “hereje”, podría ser la manera que tenían los sabios antiguos de explicar su mundo, con las herramientas que tenían a mano, con el conocimiento precario de ciencias con el que daban sentido a su mundo. Así, el sonido del shofar realmente despertaba la conciencia, porque en el mundo de la tradición era la alerta que fue establecida a tal fin. Si a eso le decían “confundir al satán”, no por ello debemos considerar que hay una entidad inmaterial dando tumbos por el resoplar de un cuerno. ¿O sí?

Veamos al maestro qué nos dice:

“Aunque hacer sonar el shofar en Rosh haShaná es un decreto Divino, podemos, sin embargo, distinguir un propósito en ello.
Es como si nos estuviera diciendo: ¡Durmientes, despertad de vuestro sueño; vosotros que dormitáis, salid de vuestro letargo; reflexionad sobre vuestras acciones, retornad y recordad a vuestro Creador!
Aquellos que olvidan la verdad con el paso del tiempo y quienes desperdician sus años persiguiendo vanidad y tonterías carentes de valor y que no brindan salvación, ¡fijaos en vuestras almas! ¡Mejorad vuestras acciones! Que cada uno de vosotros abandone su mal camino y pensamiento que no conducen al bien.”
(Rambam, Hiljot Teshuvá 3).

Fiel a su sentido y sabiduría, el príncipe de los maestros no revolotea en torno a ideas misteriosas y que atrapan en cadenas de emotividad. Claro, lógico, seguro, apegado a la Torá en su pureza, entiende al shofar como un instrumento que produce un ruido estridente y característico, que en la memoria colectiva del judaísmo se asocia al despertar de la conciencia, al esfuerzo por mejorar la conducta para andar el camino de la teshuvá, o del retorno.

El eminente Saadiá Gaón nos enseño diez símbolos del toque del shofar en estas fechas, ninguna de ellas relacionadas a magia o bailoteos místicos. Todos ellos apuntando al perfeccionamiento de la conducta, al despertar de la conciencia.

Entonces, ¿qué lleva a que tanta gente busque el halo misterioso, lo extraño y sobrenatural en las cosas de la tradición (y fuera de ella)?
¿Acaso las reglas y costumbres solamente tienen sentido si caen en las sombras de lo místico?
¿Qué poder opera desde las sombras para darle relevancia a lo irracional por encima de lo racional?

Pues, pareciera que esto no es suficiente:

  • La idea de ser sacudido de la modorra de la rutina diaria, para entreabrir los ojos y hacer una pausa por un momento para centrarse en las cosas que realmente nos importan, reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestras vidas y comprometernos con el camino que es mejor tomar.
  • Darse cuenta de que la vida es corta, impredecible, y en gran parte fuera de nuestro control, y que estamos saltando de temor en temor, de falla en desesperación, cuando tenemos un rayito de fortaleza e integridad a nuestro alcance. El cual es nuestro verdadero poder, que nos conecta con El Poder. Sí, sin malabarismos místicos, sin travesuras supersticiosas, sin desbarrancarse en brazos de la irracionalidad, pero con profundísimo sentido espiritual.
  • La noción de que tenemos ciertos sentimientos y experiencias que son imposibles de expresar plenamente con las palabras, y que de una manera extraña sentimos que podemos darles cuerpo a través del primitivo y profundo sonido del Shofar.
  • El estar conectados a la tradición, con elementos simples, que eran cotidianos en el pasado, con su propia simbología y significado, que probablemente han variado con el paso de las generaciones, pero nos sigue uniendo con nuestros padres, con nuestros contemporáneos y nuestros descendientes.

Con todo esto, con lo expresado por Saadia Gaón y Maimónides y otros insígnes sabios, parece que no valiera nada. Porque se anhela ese contenido intoxicante, mágico, que arrebata el pensamiento para endurecerlo detrás de mitos, en posturas fingidas, en lemas repetidos, en la vanidad con ropajes de santidad.

Creo que es tiempo de reflexionar y dar un paso para librarnos de esas cadenas, romper un poco la celdita mental que nos retiene, para despojarnos del EGO y avanzar por la senda de la LUZ.
¿Podrías tomarlo como compromiso para este año universal que está por iniciar?
Espero que sí.
Shaná Tová uMetucá.

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gmfb

ROSH HASHANÁ GUIA EXPRESS PARA NOAJIDAS Escrito por Noajidas. Publicado en Rosh Hashaná Rosh Hashaná en el calendario bíblico (Vaikrá 23:23) es considerado un día festivo (heb. Iom Tov), lo cual implica que sobre él recae una serie de legislaciones especiales en relación a la abstención de realizar determinadas tareas, específicamente aquellas que según la propia Biblia caen en la categoría de “trabajo creativo”. Con respecto a esto es importante tener en claro que todas estas disposiciones única y exclusivamente fueron ordenadas por Di-s al pueblo de Israel (así como el resto de los 613 preceptos de la Torá, la… Read more »

gmfb

Si tiene razón Moré Yehuda, yo leo siempre fulvida, gogleando encontre este articulo que me gusto, es verdad hay muchos articulos que explican sobre el tema, en Fulvida y en Serjudio.com, debí pensarlo mas antes de pubicarlo.

Jonathan Ortiz

Nosotros como familia aprovechamos la ocasión para agradecer por todo lo que pasó en el año y por este que comienza.

Como noajidas sabemos que los rituales no vienen al caso pero tambien sabemos que podemos aprovechar cada momento para hacer algo significativo.

Buen año!

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