La religión científica

Hemos explicado en otras ocasiones que aquellos que se autodenominan ateos, e incluso tienen la certeza de que lo son, difícilmente sean libres de ser “religiosos”.
Ciertamente su intención es la de no adorar dioses, ni a los falsos (¡qué bueno que así sea!) ni al Uno y Único (¡qué pena!).
De forma consciente no se rigen por doctrinas de instituciones eclesiásticas, aunque tal vez sin saberlo sigan costumbres religiosas, o deban participar de esos asuntos a sabiendas o no.

Pero, en tanto la persona (atea o no) no haga un trabajo multidimensional para ubicar a su EGO (también conocido como Satán y Ietzer haRá) en la función que le corresponde, seguramente sea su esclavo, lo que conlleva algún grado de religión y adoración de un “algo” que se considera poderoso, salvador, redentor, como el EGO se presenta a sí mismo desde el comienzo de nuestra vida en este mundo.
Va más allá de lo que uno piense o crea, siempre en un oscuro y escondido lugar de nuestra memoria biológica está la presencia del EGO como un misterioso salvador, como un dios.
Ese dios (falso, obviamente) encuentra representación en seres, objetos, ideas, instituciones que se han socializado, y a veces en las fantasías y delirios personales.
Tenemos así que TODOS los dioses, los institucionalizados y los eventuales, los organizados en religiones y los carentes de estructuras, todos ellos son representantes externalizados (y en general socializados) del EGO.
Por desgracia, muchas personas se vinculan con el Uno y Único como si el fuera uno más de ese montón de emisarios del EGO. Son los que creen que el judaísmo o el noajismo son religiones y que a Dios se lo manipula, se lo usa, se prescinde de Él según propia voluntad. Esas personas, seguramente llenos de buenas intenciones, tienen a Dios como un ídolo, como otro dios, como lo que Él NO es.
(Una nota aparte: muchas veces podemos decir que él judaísmo es una religión, porque tiene algunos aspectos de ellas. Otro motivo es  porque la mayoría de las personas (rabinos y maestros de Torá incluidos) no tomamos el tiempo para analizar los conceptos que usamos, para manejar un lenguaje preciso y sin confusiones. Otro motivo, por facilidad para hacernos entender; si decimos “religión judía”, es mucho más simple de entender que si comenzamos a definir religión, espiritualidad, estilo de vida espiritual y unos cuantos párrafos más hasta expresar lo que decimos sencillamente como “religión judía”).

El origen de la religión está en el EGO.
El origen de la espiritualidad está en el Yo Esencial, también conocido como neshamá o espíritu.
La neshamá es nuestra identidad que no se cambia con nada, que no se daña, que no se quiebra, que no rompe su vínculo perenne con el Creador. A cada instante estamos conectados con el Padre, el problema es que las capas que el EGO ha puesto encima de la neshamá impide que nos beneficiemos de su Luz, de la Presencia Divina en nuestra existencia.
Al conocer las maniobras del EGO estamos adquiriendo poder, lo que nos permite ir liberándonos, saliendo de la celdita mental, tomando el control de aquello que podemos controlar.
Por supuesto que solamente el conocimiento intelectual no es suficiente, somos multidimensionales, y el EGO se aprovecha de los resquicios para introducir sus miedos, confusiones, dudas, creencias, burlas, sentimientos negativos, ideas que atribulan. Cuanto más poderosa sea la persona, mayor será el poder que tiene el EGO para hacer desastres en su vida y en la de quienes le rodean.
Por ello, debemos estudiar estos temas, pero no para ejercicio mental, sino como herramienta en la liberación personal y colectiva, como instrumento para encontrar la Era Mesiánica.

Creo que todo esto que te vengo relatando ya ha sido trabajado en nuestro hogar varias veces, si te interesa profundizar tómate tu tiempo y encuentra lo publicado, léelo, estúdialo y especialmente critícalo, no lo tomes como verdadero, no lo repitas como si fuera un lema religioso, sino que te sirva como trampolín para pensar y para actuar en la construcción de shalom. Que te sirva para liberarte, para estar en armonía y unificado, para que el Yo Esencial se exprese en aquellas manifestaciones del Yo Vivido que mejor lo representen.

Al respecto, el poder que brinda la ciencia también es empleado para someter a las personas. Esto es comprensible viendo lo que sucede cuando la ciencia se emplea para la dominación del hombre por el hombre.
Pero la cuestión es más profunda, se introduce en el interior de la persona para masificarla, cosificarla, convertirla en un ente religioso, adorador de la ciencia y los científicos:

“…estamos conduciendo a nuestros educandos a ver a la ciencia como una especie de religión moderna alternativa y a aceptar sus teorías como si se tratara de verdades teológicas que deben ser acríticamente admitidas por el creyente”.

Esto dijo a fines de la década de 1970 Paul Feyerabend, quien fuera un filósofo de la ciencia, un estudioso dedicado full time al tema en cuestión. No era un religioso, no era alguien opuesto al conocimiento científico, no era un cavernícola eclesiástico, ¡todo lo contrario!
Añadía que:

“Tendría que haber una separación del Estado y la Ciencia, tal y como ya hay una separación entre la Iglesia y el Estado. La razón de esta separación es muy sencilla: toda profesión tiene una ideología y una tendencia al poder que va más allá de sus logros, y es tendencia de una democracia mantener bajo control esta ideología y esta tendencia.”

Tal cual, el dios Ciencia está presente en la vida de muchos, incluso de esos que se llaman ateos y persiguen con sarcasmo y aires de suficiencia a los creyentes en dioses.
Ellos mismos están adoctrinados, adormecidos, atontados, en servil postura ante el EGO, en sus casos encarnado en la “todopoderosa” Ciencia.
Por supuesto, la Ciencia en sí misma es un excelente vehículo para desarrollar el mundo, para construir shalom, para encontrar las trazas del Eterno en el mundo. El problema es cuando es secuestrada por el EGO, para hacer de ella un títere en sus redes de sometimiento.
Lo vemos en muchos escépticos, que así se hacen llamar los que tienen ciertos problemas personales con las religiones pero no encuentran aún la clave para librarse del EGO y llevar una vida espiritual, de unificación. Pueden tener mucha razón en decenas de cosas que denuncian de las religiones, de los arreglos políticos para seguir sosteniendo instituciones opresivas, de falsedades que pretenden hacerse pasar por revelaciones divinas, pero, en tanto el EGO siga en control, ellos no están libres de ser religiosos.

Un ejemplo, un tanto simplón lo admito, es cuando te quieren vender el último detergente, la última píldora anticonceptiva, el último aditivo para el motor del auto, y quienes lo promocionan van envueltos en batas, rodeados de aparataje, en escenarios que parecen laboratorios. Te dicen que estudios en tal universidad, o que los doctores de tal, o que se ha comprobado que… y por eso debes adquirir esa pasta dentífrica, o ese pañal, o encontrar al amor de tu vida de cual forma o… lo que sea con el aval (bendición) del científico (sacerdote) científicamente comprobado (revelado por el “espíritu santo”) certificado por estudios (escrito en libros sagrados) en nombre de dios (la Ciencia).

La ciencia es un gran ayudante a la hora de encontrar a Dios en el mundo. También nos puede dar una buena mano para ir despojando al EGO de su dominio. Pero cuidado con endiosar a aquello que no es Dios.

Entonces, ni el ateo está tan libre de religión, ni el religioso tan cercano a Dios.

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Segundo Flores
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La ciencia moderna se presenta como una «vaca sagrada», que también es una forma de expresión del EGO.

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