Las cenizas quitadas del altar

«El sacerdote se pondrá su vestimenta de lino y vestirá pantalones de lino sobre su cuerpo.
Cuando el fuego haya consumido el holocausto, él apartará las cenizas de encima del altar y las pondrá a un lado del altar.
Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras vestiduras para llevar las cenizas fuera del campamento, a un lugar purificado.»
(Vaikrá/Levítico 6:3-4)

¡Cuánto detalle que parece accesorio!
¡Qué cantidad de rituales, que parecen no tener mucho sentido!
¿Con qué necesidad ordenar que sea un sacerdote quien limpie de cenizas el altar, las cargue fuera, etcétera?

En una lectura superficial, poco podemos aprender de este pasaje.
Sin embargo, al profundizar un poco, rápidamente nos damos cuenta de que hasta en estos versos se encuentra riqueza para nuestra vida cotidiana.

Como por ejemplo, se nos enseña a que nuestro servicio al Eterno ha de ser esmerado y completo.
Si bien no dominamos todo, y por tanto el fracaso y el fallo es parte de nuestra realidad, eso no es justificación para no dar el máximo posible de nuestro potencial.
Esmerarnos, hacer las cosas con claridad y determinación, aún sabiendo que la meta es inaccesible o inalcanzable –ahora o siempre-.
No basta con elevar el sacrificio al Eterno, clamar a los Cielos con habilidad o cosas pomposas similares. No basta, sino que también hasta el humilde trabajo de recoger las cenizas es una tarea noble y exigida para que realice el “señor” y no el lacayo.

También aprendemos que no hay tarea indigna, baja, de poca calidad, cuando se trata de servir al Eterno.
Hasta quitar las cenizas del altar es parte del trabajo santo.
Lo cual se aplica también a nuestra relación con el prójimo, a lo que hagamos en nuestra vida en sociedad.
Puede haber tareas mejor o peor pagas, con menores o mayores requerimientos, que precisan conocimientos especiales o estrategias estudiadas, pero finalmente cada uno cumpliendo su rol social es indispensable, valioso y respetable. 

O también podemos aprender que no hay versículo sin valor, todos son para conectarnos con el Eterno y así con las mejores partes de nuestro ser.
Es por ello que nuestra obligación es encontrar el punto que nos vincula, sacar el jugo de vida de estos nobles frutos de eternidad.
Cuando no podemos solos, pedir ayuda.
Pero siempre, en lo que a Torá se refiere, recibiendo instrucción de maestros judíos especializados que nos guíen con la LUZ por los caminos de sabiduría.

Por último, aprendemos  a dejar correr aquello que no nos sirve, ni tiene función en nuestro crecimiento multidimensional.
No hay que quedar atrapado por el pasado oscuro, ni tampoco por el glorioso.
El pasado ha servido para construirnos, algunas cosas son para recordar, otras para mantener vigentes en el presente.
Pero, el resto es aquello que debe correr, como río que pasa y no se lo detiene.
No echar el ancla en el rencor, la humillación, la vejación, el maltrato y cosas por el estilo.
Hacer que funcione la TESHUVÁ, que también la justicia restituya el equilibrio y enviar la ceniza –el despojo sin provecho- para fuera de nuestra existencia.
No ganamos nada derrochando energía en sostener focos de infección del pasado, ocupando espacio vital con cenizas muertas y que matan.
Mejor es limpiar y quitarnos la ropa del pasado, para así construir SHALOM pleno en el presente.

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Jonathan OrtizYehuda Ribcouri chaves Recent comment authors
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Jonathan Ortiz
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Gracias Moré. Buen pan para iniciar la semana Moré. Me quedo con el ultimo parrafo “Mejor es limpiar y quitarnos la ropa del pasado, para así construir SHALOM pleno en el presente.”

Y si, muy cierto, la tendencia es acumular cosas del pasado que ocupan lugar que se precisa para lo nuevo, el presente o el futuro cercano.

Moré, me surge una pregunta, con su permiso, por qué debia el sacerdote usar ropa especial para retirar las cenizas?

Muchas gracias y buena semana!

uri chaves
Editor
uri chaves

Hermoso texto. Hasta en una simpleza se encuentran enseñanzas grandes.
Gracias Morè.

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