Láser espiritual

En la parashá Behaalotejá encontramos que el Eterno indica a Moshé que le ordene a Aarón (y tras él a la casta de cohanim):

"Cuando asciendas las lámparas, las siete lámparas deberán alumbrar hacia la parte delantera de la menorá (candelabro)"
(Bemidbar / Números 8:2)

La ascensión de las llamas de la menorá en el recinto del Templo debía hacerse de tal modo que todas alumbraran al unísono, lideradas por la llama puntera.
Siete lámparas, cada una diferente a la otra, pero que en su conjunto armonizaban y dotaban de mayor poder y luminosidad.
Tal como rayo láser, que no es más que luz y sin embargo tiene, por ejemplo, la fuerza para penetrar duros elementos, dibujar con detalles nanométricos, permanecer unida cuando la luz “común” se dispersa.
El “secreto” de láser está en que los haces de luz son coherentes, se armonizan, se acoplan, suman sus cualidades para generar una condición particular de poder. En lugar de dispersarse, de cada uno hacer su parte sin orden, en vez de armar un caos de “buenas intenciones” desprovistas de conocimiento, el láser enfoca, concentra, potencia lo que se tiene y lo lleva a un mayor nivel. (Por supuesto no uso lenguaje técnico, no soy físico ni pretendo pasar por uno. Quien quiera más información, con gusto invito a que busque libros o en internet y descubrirá la genialidad y usos de estos maravillosos inventos del hombre).

Un láser antiguo y espiritual debía ser la menorá del Templo.
Con cada una de sus llamas representando una virtud diferente, pero que se conjugaban todas bajo la dirección de la luz principal.

El famoso sabio Meiri, tal como otros de los Rishonim enseñaban que la menorá con sus siete luces representa las siete líneas de la sabiduría.
Según su clasificación:

  1. Comprensión: evaluar y deducir.
  2. Conocimiento de las ciencias naturales (física, química).
  3. Conocimiento del “alma” humana, psicología, relaciones humanas.
  4. Conocimiento de las ciencias biológicas.
  5. Música.
  6. Filosofía.
  7. Conocimiento de Torá, que es la rama principal y que debe liderar a las otras.

Podemos estar de acuerdo o no con esta clasificación de las sabidurías, tal vez quisiéramos añadir o quitar alguna, como sea, lo interesante es que aquellos sabios de hace mas de mil años atrás se percataron de que la sabiduría, al igual que el ser humano, es multidimensional.
No alcanza con saber de Torá, ni de artes, o reflexionar, o ser astuto, o entendedor de ciertas áreas específicas.
Como seres multidimensionales es necesario que investiguemos, analicemos, estudiemos, indaguemos, comentemos, profundicemos acerca de los conocimientos de cada dimensión, física/material – emocional – social – mental – espiritual, de modo tal de conocernos, comunicarnos, nutrirnos, querernos, respetarnos, armonizar, unificarnos y vivir como constructores de Shalom.
Cada dimensión en equilibrio dinámico, nutrida, enlazada en el sistema para fortalecernos, para hacer que irradie con poder lo mejor de nosotros mismos.

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