Magia, misterio, autoritarismo y destrucción

Para destruir tan solo hace falta una piedra. Nada más. A veces hasta menos, tal vez con una palabra perversa ya es suficiente.
Para construir, es necesario esfuerzo, ingenio, trabajo, compromiso, responsabilidad, energía, planificación, estudio, tiempo…
El constructor incluso puede tomar esa misma roca lanzada por el emisario del caos, pero para hacer la tarea de ordenar, de mejorar, de cuidar, de desarrollar el mundo. El mundo interno, de pensamientos, sentimientos, emociones, creencias, anhelos; como también el mundo externo, de la relación humana, del ambiente.

Sí, es fácil destruir, cualquiera puede hacerlo.
Pero construir, construir en verdad, para eso es necesario ponerse uno mismo en obra.

Así, vemos que abundan los criticones, los que (realmente o en apariencia) demuelen las posiciones de otros, pero arduamente son capaces de defender con integridad algo de su propia posición.
Son muy hábiles para mentir, difamar, traicionar, enlodar, fastidiar (etcéteras negativos ad infinitum), pero sumamente incapaces de hacer algo positivo, coherente, provechoso, constructivo, a favor de lo que piensan o creen.
El grito, el golpe, la queja, la falsedad, recursos del EGO desde el inicio, allí está pronto, servido, al instante, como respuesta, como reacción. Es lo que se tiene a mano, lo que se aprendió, lo que se hace. Así se manipula, así se es manipulado.
Se busca sobrevivir, en vez de vivir, en base a la destrucción.
En términos ecológicos, se usa sin conciencia de la sustentabilidad ni compromiso con ella.
En palabras de Héctor Schmucler (referido a la tecnología pero aplicado a nuestro tema): “Para la tecnología moderna no hay otro futuro que el de su propia multiplicación dominadora”.
Se vive el aquí y ahora de manera falaz, errónea, porque en verdad se está en permanente huida, se está fuera de línea, descentrado, sin armonía, en caos.
Oh sí, en el caos primordial, aquel que se fue ordenando y edificando para llenar de vida y sentido el cosmos.
El EGO es retorno al caos, en tanto que el AMOR es la creación en su plenitud.
El EGO es una máquina de supervivencia, en ello labora constantemente, pero al perder su sitial, su sentido, lleva a una existencia vacía, a la muerte en vida, a la extinción.

En palabras de una de las dos parshiot de la semana: "Pero si no me escucháis y no ponéis por obra todos estos mandamientos… serán sometidos al castigo de sus iniquidades, porque menospreciaron Mis decretos y porque su alma detestó Mis estatutos" (Vaikrá / Levítico 26:14, 43).

Tenemos el otro camino, el verdadero camino.
Porque, reconozcamos que es fácil arrojar una piedra, atine en el blanco o no, el daño ya fue hecho.
Pero, cuan duro es hacer lo que es bueno y justo, con lealtad, incluso consigo mismo.
Sobran los mentecatos, los mercachifles, los mercaderes de vidrios de colores, los piratas, sobran… porque no requiere de mucho el ser cómplice o activo destructor.
Pero, son tan pocos los que hacen el cambio positivo, los que alumbran, los que dan vida.

El EGO se vale de la ignorancia, sin dudas.
Aunque la persona abunda en conocimiento, en tanto no sea consciente de su ser, en tanto no logre unificar su Yo Vivido con su Yo Auténtico, estará en ignorancia.
La ignorancia también incluye a los falsos saberes, tan habituales entre los “creyentes” de cualquier especie y modelo.
En base a la ignorancia, procede el EGO a secuestrar el pensamiento, para hacer de las suyas. Entonces se inventan excusas, se elaboran teorías disparatadas, se cree en ridículos, la magia y superstición son adoradas, todo puede ser creído porque todo da lo mismo, en tanto se mantenga al hombre sumiso, impotente, pero con fantasías de súper poder.
Tomemos un ejemplo, que confieso no sé si es completamente verídico, pero me parece muy instructivo.
En la edad media, lo”normal” y hasta considerado “sano” era tener piojos. ¿Cómo llegaron a tal conclusión? Porque todas las personas sanas tenían piojos. Eso era lo “normal”. reyes, caballeros, damas, curas, obispos, pobres, ricos, mendigos, campesinos, burgueses, artesanos, rateros y “santos”, todo llenos de piojos. Pero había un grupo que ocasionalmente se libraba de tal plaga. Eran los enfermos con fiebre, pues parece que a estos parásitos no les agrada la alta temperatura y abandonan a su huésped en busca de otro cuerpo en el cual habitar.
Entonces, la “inteligente” conclusión era: los sanos tienen piojos, los enfermos no. Por lo cual, tener piojos es signo de salud.
¿Suena descabellado?
Sí, para nosotros que entendemos un poco más cómo funcionan las cosas, que tenemos un orden más racional y claro. Pero, para aquellos medievales, su pensamiento era el correcto. Pobre desgraciado del que se atreviera a opinar o siquiera suponer otra cosa. No tardaba en perder a todos sus piojos, por ser quemado vivo en las “santas” hogueras de los extremistas defensores de la fe y las “sanas” doctrinas.
Pero, no miremos con desprecio a aquellos bárbaros ignorantes de estas cosas. ¿Acaso hoy en día es diferente?
¿Acaso el amplio acceso a la información, los mayores conocimientos de los asuntos del mundo, nos ha llevado a ser mejores como individuos y como sociedad?
¿O seguimos siendo la misma bestia atada, esclavizada por el EGO, incapaces de desarrollar a pleno nuestra multidimensionalidad humana, nuestra esencia sagrada?
Piénsalo, mira al mundo, mira a tu alrededor, mírate al espejo y confiesa si somos en algo mejores que aquellos fanáticos oscurantistas de mil años atrás…

Dostoievski nos cuenta que El Gran Inquisidor creía que la humanidad quiere “magia, misterio y autoridad”.
Cierto, muy cierto.
Si le damos a la gente el buen pan espiritual, la luz de sus propias esencias para que les alumbre, rechazan amargamente, prefieren seguir arrastrados bajo la bota dolorosa del faraón, del EGO.
Prefieren el circo de la iglesia, con su magia, misterio y aires de autoridad.
Adoran a un supuesto rabino, más payaso que otra cosa, porque les vende a precio carísimo magia, misterio y seudo autoridad.
Escapan de FULVIDA, de nuestro mensaje libertario, porque renegamos de ser autoritarios, negamos la magia, negamos el misterio.
Nosotros tratamos, en la medida de nuestras posibilidades, de manejarnos por la senda del bien y la justicia, no por el modo EGO. Entonces, no recurrimos a artificios, no precisamos de tramoyas, no nos disfrazamos, no clamamos versos grandilocuentes, no nos escondemos detrás de mafias, no alentamos a que se nos siga con fe… por ello no somos “exitosos”, en los términos cotidianos.
Nosotros no seguimos al EGO, seguimos al AMOR, en la medida de lo posible, cosa que no es sencillo ni constante, por supuesto, pues no somos “santos”, solo personas normales.
Y eso, precisamente eso que libera, es lo que la gente más repugna.
La gente quiere farsas, actos circenses, palabras que representen poder sobrenatural, milagritos, truquitos de mago de barrio… ah… eso les encanta. Porque eso es destrucción, demoler la esencia personal, dejar el espíritu embadurnado por el estiércol del la religión y las doctrinas perezosas de la muerte.
¿Sabes por qué mesiánicos, netzaritas, noajudas, cabalisteros y otros fantoches tienen tanto “éxito” (en términos terrenales)?
¿Sabes por qué la gente dilapida su vida en Facebook, Twiter y otras aldeas de chismosos?
Relee lo que puso el genial autor ruso y tendrás una de las respuestas.

Tenemos pues que trabajar en el AMOR, ser AMOR.
Pero eso NO es de ninguna manera ser sentimentalistas, permisivos, todo vale, necios que no saben pensar ni inquirir por la verdad.
Vivir en AMOR, ser AMOR, es un acto multidimensional (cuerpo, emociones, lazos sociales, mente y esencia espiritual) y no un trastorno emocional pasajero.
Para amar en verdad es imprescindible conocer, hasta donde sea posible hacerlo. Porque el que no conoce, difícilmente ama; por ahí siente algo, tiene “buena onda”, lleva buenas intenciones, está enamorado, pero amar no ama…
Amar implica conocer y hacer aquello que es bueno y justo con quien se ama, al tiempo que no se daña a uno mismo ni a otros.
No es tarea simple, pero hacerla es la cuestión que no hace humanos, libres del EGO.

Martín Heidegger en La pregunta por la técnica expresó: “Preguntar es estar construyendo un camino. Por ello es aconsejable fijar la atención en el camino y no estar pendiente de frases y rótulos aislados. El camino es un camino del pensar”.
(Me desvió por un instante. El lector informado habrá percibido que he citado aquí algunos autores que son, digamos algo así como, controversiales. En este caso tomamos sus expresiones que consideramos provechosas, el resto, lo que no contribuye al Shalom, es lo que no usamos. Tal como hizo el gran Maimónides, quien usaba ideas de pensadores “extranjeros”, mucha veces sin citarlos por sus nombres, porque sabía que eso levantaría críticas nefastas e inútiles, siendo que había mucho que aprender de los aportes de los sabios “extranjeros”.)
Nuestro camino debe incluir el pensar, el cuestionar con respeto, el analizar, el preguntar, el avanzar y no detenerse en idolatrar a nada ni nadie.
Toda idolatría es producto del EGO, en tanto que el amor es espiritualidad.
Y la espiritualidad es multidimensional. Incluye a todo lo de la persona. Unifica, une, hermana y no separa lo que debe estar unido cuando debe estarlo.
Lo espiritual no agrede, no lleva a “guerras santas”, no daña, a no ser que no haya otro camino posible y sea absolutamente necesario.
El espíritu indaga, no teme a las preguntas, tampoco a las respuestas, porque está para aprender, para enseñar, para cerrar las brechas que deben cerrarse y separar lo que debe ser separado.
Eso es AMOR.
Pero el EGO, el EGO, hace todo al revés. Siente, desea y secuestra el pensamiento. La creatividad es usurpada, se la destina a inventar excusas que justifiquen la maldad, la pereza, el error, la mentira. El cuerpo es adorado o aborrecido, pero siempre sentido como una ropa prestada y no como el sagrado yo terrenal durante nuestra travesías en este mundo. Así marcha el EGO, entre sombras, en ignorancia, en desconexión de los sentidos para perder la ruta espiritual.
Y por más que lo alimentes, no te da descanso, no te libera de su esclavitud… ¡todo lo contrario!
Cuanto más lo sirves, más te aprieta el pescuezo y te esclaviza.

Veamos una cita del salmista: “Él les dio lo que pidieron, pero envió a sus almas debilidad.” (Tehilim / Salmos 106:15).
En ocasiones la persona obtiene lo que su EGO anhela, pero eso no le da felicidad, de hecho, la llena de mayor pesar.
Nada le conforma, quiere más, se vuelve más adicto.
En vez de fortalecerse, se debilita. En lugar de dicha y paz, solo hay resentimiento, quejas, amargura, falta de agradecimiento, muerte en vida.
Se puebla la mente de religión, de superstición, de magia, de deseos de autoridad.
Debilidad, impotencia, culpa, arrogancia, menosprecio, odio, gritos, trampas, podredumbre, más y más miseria, aunque se tenga “éxito” terrenal, el alma se vacía, la vida se ahueca, es un hoyo depresivo que ni siquiera la mágica píldora del psiquiatra parece resolver.
El EGO pide más, demanda, exige, protesta, hace paros y huelgas reclamando más… más… más… para ser menos, menos, menos…

Para los que construyen shalom (y si empiezan de dentro para fuera, es lo mejor), es bueno que recuerden que no tiene porqué hacer todo, saber todo, conocer todo.
Cada cosa a su tiempo.
Primero hay que darse tiempo para des-aprender, para conocerse, para amarse, para respetarse. Si se corre como ciego, cargando la mochila del pasado, lleno de pretextos, de textos corruptos, de idiosincrasias enfermas, difícilmente se deje de lado el sometimiento al EGO, raro que se pueda hacer las cosas con bien y justicia.
Los q se apuran lo hacen para seguir en huida, no en dedicada construcción de shalom.
Dele a cada tiempo su pan, SU pan y no otro.

Creo que es un texto más largo de lo que planifiqué, más complejo, yo quería algo sumamente breve, conciso, concreto, pero me quedó esta obra que tiene ante ti.
Me gustaría recibir tus comentarios, tus aportes, tu ayuda edificante para seguir avanzando.
Gracias.

(Recomiendo la lectura y comprensión de: http://es.wikipedia.org/wiki/Post_hoc_ergo_propter_hoc)

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