Parashat Aazinu: entre la mística y la racionalidad

Te invito a conocer los temas de la parashá Aazinu siguiendo el orden de aliot laTorá.

1ª aliá: Moshé comienza describiendo la presencia del Creador en la naturaleza como algo tan evidente como la lluvia o el rocío que nutren los campos y jardines. Dios es completamente justo, siempre bueno, siempre compasivo y perdonador, aspectos que resaltamos profundamente en estas fechas del juicio y del decreto celestial.
Por lo tanto, toda destrucción y negatividad debe atribuirse directamente a las malas decisiones y acciones de Sus hijos, nosotros, los humanos.
Por supuesto que esto abre algunas dudas, como por ejemplo: ¿los desastres naturales también son a causa de las conductas distorsionadas de los humanos?
Ante esta pregunta tenemos al menos dos respuestas, que pasamos a compartir.
La mística dirá que sí, pues nuestros actos trascienden el plano racional y natural y producen efectos insospechados e imprevisibles. Siendo así, la naturaleza reaccionará y causará estragos como reacción a los pecados.
La racional dirá que los elementos naturales tienen su propia mecánica, que obviamente en algún aspecto puede ser afectado por la conducta humana, tal como vemos con el aumento de los gases de efecto invernadero por ejemplo, pero que no están ligados a supuestos eventos sobrenaturales.
Si seguimos a Maimónides, un sabio profundamente racionalista, nos quedaremos con la segunda respuesta y añadiremos que los males individuales y sociales suelen ser generados en su mayor número por las conductas erradas de las personas, siendo las ruinas de origen natural un porcentaje menor en general.

2ª aliá: El pueblo judío siempre debe recordar que fue elegido entre todas las demás naciones para ejercer como maestro de los pueblos en los caminos del Creador. Por tanto, se exige mayor compromiso, conocimiento, esfuerzo, dedicación que al resto de las personas. Así mismo, los actos son más severamente medidos por la vara de justicia del Eterno, pues el maestro es aquel que debe enseñar especialmente con su ejemplo de vida, y por tanto, si el maestro yerra está llevando a sus pupilos por caminos erróneos.
Es bien cierto que nadie elige nacer judío, al menos desde un punto de vista racional, entonces habría que preguntarse por qué Dios impone esta responsabilidad a personas que no la han pedido. Si lo explicamos desde un punto de vista místico, podemos decir que nadie nace judío por casualidad, sino que su Neshamá (espíritu) está conectada a determinada fuente de energía espiritual que hace que la persona elija nacer judía. Si no nace judía, hará todo lo necesario para convertirse leal y legalmente al judaísmo cuando tenga edad de hacerlo.
Como sea, no es entonces una responsabilidad que se le lanza encima a la persona, sino una que antes de nacer su espíritu estaba preparado para realizar.
En cuanto a la parashá, Moshé nos recuerda que como nación nacimos en un ‘páramo desolado, aullante’, es decir, rodeados de peligros  y terrores reales, por lo que fue necesaria la directa protección de la Divina Presencia hasta que pudimos asumir la responsabilidad como un pueblo adulto, y entonces fuimos capaces de entablar una relación única con el Creador del cielo y la tierra.

3ª aliá: La tendencia natural de la humanidad es a olvidar el grado de su conexión espiritual, borrar de nuestra consciencia que somos chispas de Hashem y por ello fantasear con que tenemos poderes que no tenemos, o que nos debemos a dioses que no son Dios. Es la típica trampa del EGO, que nos hace perder de vista nuestra verdadera identidad, la Neshamá que somos, para esclavizarnos a ilusiones y vicios. A veces la ilusión es de autosuficiencia e independencia de nuestro Padre Celestial, en palabras de Moshé en la parashá: “Ieshurún entonces engordó y se rebeló …”.

4ª aliá: Como resultado de ese estado delirante de soberbia y desprendimiento, sobrevienen los “castigos”, entre los más terribles se encuentran el exilio y la persecución de los enemigos extranjeros. Por lo cual, somos expulsados ​​de nuestra tierra y vendidos como esclavos. De esta forma, el “castigo” del Pueblo Elegido se convierte en un laboratorio para experimentar realmente lo que significa ser independiente de la protección y benevolencia directa de Hashem. Si tanto nos creemos poderosos por nuestra cuenta, Dios nos hace probar el efecto contundente de nuestros deseos.

5ª aliá: Sin embargo, las otras naciones fracasarán de la misma manera que lo hicimos nosotros. Asumirán que su capacidad para esclavizar al Pueblo Elegido y devastar Israel es prueba de la impotencia de Dios y de su propia destreza y fuerza. Por lo tanto, ellos también encontrarán que les sobrevienen desgracias y destrucción. Pensemos en los españoles que echaron a los sefaraditas de su amada Sefarad, o a los Babilonios, o a los nazis y así con todos los enemigos del pueblo de Dios. El éxito que tuvieron fue momentáneo, y la debacle continuada. Con todo ello, el pueblo elegido reconocerá nuevamente la primacía y el control de Hashem.

6ª aliá: La canción de Moshé termina con el pueblo judío cantando su aceptación y comprensión del propósito divino y la justicia. Es el destino hacia el cual nos dirigimos, cuando entendamos que nuestra vida debe ser guiada por la brújula espiritual y por tanto, todas las dimensiones que nos conforman encontrarán su equilibrio y por ello estaremos viviendo en la Era Mesiánica. ¡Ya hemos iniciado su realización!

7ª aliá: Moshé presenta la ‘canción’ completa a la nación y vuelve a enfatizar que la condición para conservar la Tierra es la adhesión a la Torá y el servicio a Hashem. Recordemos que hay una intrincada y profunda relación entre pueblo-tierra-Torá de Israel. Los tres son elementos sustanciales de un organismo vivo y sagrado.

¡Shabat Shalom!

¡Que seamos inscriptos, sellados y confirmados en el Libro Bueno!

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