Perdonar es divino

Cuando perdonamos, sinceramente, realmente, con compromiso, estamos manifestando la dimensión sagrada de nuestra existencia.
Un rayo de la LUZ celestial se dibuja con esta acción.
Estamos sincronizándonos con el Creador, construyendo SHALOM en este mundo para transformarlo en un paraíso terrenal.

Pero, tengamos bien presente que el perdón no implica dejar de lado a la justicia, así como tampoco olvidar.
Uno puede perdonar, porque hace bien emocionalmente, porque libera de cadenas, porque permite al que nos ofendió libertarse él también de alguna de sus opresiones y entonces quizás mejorar como persona y ser así motor para la redención de más personas.

Uno puede perdonar, porque se comporta como el Todopoderoso hace con aquel que sinceramente le ruega por Su perdón.
Pero, la rueda de la justicia no debe ser detenida, pues es la que permite equilibrar el orden trastocado por aquel que cometió el acto que estamos perdonando.
Entiéndelo, el perdón corrige una parte del desbarajuste, la justicia la otra.

Pero es de sabio no olvidar, mantener en algún cajón el recuerdo mental, pero sin el sazón de lo emocional.
Una huella seca, grabada, que no mueve a pasiones.
Pero que mantiene el registro del suceso, para que tengamos precaución en el futuro, para que estemos atentos a la lección que se supone hemos aprendido.

Sin embargo, esa memoria no debe confundirse ni con deseo de venganza, ni tampoco con el rencor.
Porque en ellas no hay perdón, ni tampoco liberación, ni aprendizaje.
En ellas el acto que no perdonamos realmente es una herida abierta y agusanada, que lleva todo el dolor y lo esparce por donde puede.

Pero el recuerdo tampoco debe ser una presencia notable, sino tan solo un registro en el cuaderno, un archivo guardado, que puede ser accedido en caso de necesidad.
Ya que si la memoria no descansa del hecho que se supone se ha perdonado, en realidad, no ha habido tal perdón.
Ya que perdonar implica soltar.

Con el perdón ciertamente damos vuelta una página, pero no quemamos el libro.
Tampoco borramos las líneas escritas, permanecen ahí para que puedan ser cotejadas, llegado el caso.
Porque así recuperamos energías, que de otro modo malgastaríamos.

Doloroso y mortificante es haber dicho que se perdonaba, para luego regurgitar el encono hacia el antiguo ofensor.
Porque guardar el registro para ser eventualmente consultado, no implica refregarlo cuando se quiera en la cara del perdonado.
”Te perdono”, no es una frase para soltar sin hacernos responsables y comprometidos para cumplirla.

El perdón es un acto de amor, de dar al otro aquello que realmente precisa y está dispuesto a aceptar, y sin esperar nada a cambio por ello.
Sin embargo, para que el perdón sea realmente efectivo, el que cometió el error debe estar arrepentido y comprometido a no recaer.
Porque si no es así, el que perdona está dando un regalo que no es abierto ni disfrutado; sino que se malgasta en abusos y contrariedades.

Como sea, el que perdona tiene el poder para hacerlo, aunque el otro no sea digno de recibirlo.
¿Quién sabe, quizás hoy la bajeza prevalezca en esa persona, pero mañana pueda estar habilitada a abrir el regalo y disfrutarlo en paz?
El beneficio es para quien perdona y no espera nada, ni siquiera un gracias y menos curas milagrosas.

FavoriteLoadingAgregar a mis preferidos

Opiniones y respuestas

Debes estar identificado para publicar un mensaje: clic aqui para identificarte.

A %d blogueros les gusta esto: