RÁ y RASHÁ

El IETZER HARÁ, aquella función del hombre que nosotros denominamos EGO, no es “malo” en sí mismo.
De hecho, es un regalo que el Eterno nos ha brindado, una herramienta más que podemos y debemos usar para perfeccionarnos, perfeccionar al mundo y llevarlo a un estado de sintonía con Él.
El EGO tal como el IETZER HATOV están para servirnos y con ellos completar nuestra tarea en este mundo.

El problema es cuando el RÁ se convierte en RASHÁ, con la letra shín en el medio.
En algunas construcciones verbales esa letra implica un ejercicio recurrente sobre sí mismo, tal como por ejemplo en “leshajzer”, aquí la shín está indicando que es una “jazará” –repetición- que se realiza repetidamente.
De manera similar el shín en RÁ que lo transforma en RASHÁ, en malvado.

El RASHÁ es aquel que está dedicado a hacer lo malo.
A diferencia del que hace RÁ, el cual hace lo malo pero sin esa compenetración y sentido negativo.

Así con gran sabiduría leemos en la Hagadá de Pesaj que al hijo RASHÁ hay que golpearle en sus dientes –shinaiv-, en sus letras shín.
¿Qué significa?
Que se libere de la esclavitud que lo impulsa a abusar del EGO para llevarlo hacia el mal.

Podemos vivir como si no tuviéramos EGO, entonces estaríamos dejando de ser quienes podemos ser.
Podemos vivir aferrados al EGO, haciéndolo nuestro amo y por tanto siendo RESHAIM, lo que implica no ser quienes podemos ser.
O podemos tener al EGO actuando en su real función e incluso cuando se desajusta, digamos a cada rato, no caer en la desesperación o la entrega, sino corregirnos y llevarnos al sendero de la construcción del SHALOM.

Tenemos que mantenernos en actuar con bondad y justicia, en pensamientos, palabras y acciones.
Usando también al EGO en esto.

Para lograrlo es necesario aprender conceptos, palabras/actitudes y procedimientos.
Es posible, hagámoslo.

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