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  • Voluntad y deseo

    En la enseñanza cabalística, la voluntad se encuentra por encima de la esfera del pensamiento.
    Es decir, la mente de manera natural no genera voluntad, sino que ésta toma su energía y presencia de otra fuente.
    ¿Cuál es esa fuente?
    La NESHAMÁ, nuestra esencia espiritual en su faceta de KETER, la sefirá (esfera) más alta en el árbol de las vidas.
    De otro plano de realidad se impone su marca en nuestra existencia terrenal.

    Obviamente, debido a su origen y naturaleza, la voluntad siempre impulsa al crecimiento de la persona.
    La fortifica en la senda de la conciencia, la amplifica.
    La impulsa a que recorra los tramos que llevan a la senda sagrada de la construcción de SHALOM.
    Por tanto, impone acciones de bondad y justicia, tanto en pensamiento, palabra y actos.

    Pero, como todo en este mundo, debe atravesar diferentes capas, lo cual va debilitando su LUZ y opacando la conciencia de su proceder.
    Es bueno que existan estas cortinas que velan la energía, puesto que si tuviéramos que percibirla en su pureza perderíamos toda capacidad de existencia terrenal.
    No estamos capacitados, no tenemos los instrumentos, ni el poder físico para recibir en su plenitud la LUZ.
    Es necesario saberlo, tenerlo presente y no recordarlo.

    Sin embargo, otros encubrimientos no están al servicio de la LUZ, sino para su apocamiento.
    Es cuando va quedando atrapada entre cáscaras y máscaras, olvidada, silenciada por los trabajos del EGO.
    Pareciera que vencen otras fuerzas, o quizás debiéramos decir impotencias.

    Así sentimos diluir la voluntad.
    Ejemplo práctico. Nos admitimos estar mal físicamente, el lunes arrancamos la dieta saludable así como un programa de entrenamiento físico.
    El martes por ahí estamos todavía convencidos de nuestra tarea y de su finalidad.
    El miércoles ya encontramos una excusa para romper un poquito el plan de comidas. No importa, lo recuperaremos, o elaboraremos alguna excusa convincente.
    El jueves ya de voluntad no queda ni el nombre.
    El viernes volvimos a las comilonas y el sedentarismo.
    Enojados con aquellos que nos recuerdan que prometimos cambiar.
    Enojados con nosotros mismos.

    La voluntad, su energía, su meta, su idea, sigue tan clara y firme como en el primer instante que nos hicimos consciente de ella.
    Pero, en los hechos pareciera haberse esfumado, diluido entre tanta excusa y pereza.

    Si el pensamiento no estuviera usurpado por el EGO, secuestrado y puesto a trabajar a su servicio; entonces quizás veríamos maneras para aprovechar el influjo siempre vitalizador de la voluntad.
    Pero, tristemente esta poderosa herramienta queda en manos de un mal patrón, puesto que es solamente un mandadero encargado de una pequeña pero importante sección de la empresa.
    Entonces, la mente divaga, o elude, o achaca culpas, o encuentra justificaciones, o promete… siendo todo ello solamente parte del jueguito del EGO.

    Es posible hacer algo diferente.
    La voluntad está ahí, la veamos o no.
    La orientación para lo bueno también, pues la NESHAMÁ es lo que en verdad somos y nunca dejamos de ser, por más que estemos revestidos por el Yo Vivido y sus mil máscaras.

    Por el otro lado, tenemos/somos el cuerpo que es limitado y dependiente.
    A cada instante requiere del medio para sostenerse y funcionar.
    En su naturaleza se encuentra el deseo de recibir.
    Éste no es negativo, puesto que sin él es imposible la existencia material.
    Sin embargo, cuando en el ser predomina el deseo de recibir, se asemeja a un agujero negro que devora y no reintegra nada, ni siquiera permite escapar un poquito de luz para beneficiar fuera de sí.
    Lo cierto es que tampoco se beneficia a sí mismo, pues en tanto caos originado por este deseo, nada tiene valor ni sentido.
    Es el caos en sí mismo.
    La negación del bien.

    El deseo de recibir debe equilibrarse con el deseo de beneficiar, para así lograr un funcionamiento dinámico y que hace buen uso de los recursos a disposición.
    En lo interno como en lo externo.
    En lo micro como en lo macro.
    Cuando se puede funcionar en el equilibrio de recibir/dar, se está en plenitud.

    Pero, el EGO interviene.
    No es un ángel ni una entidad metafísica.
    No es otra cosa que una zona de nuestro sistema nervioso que reacciona ante la impotencia y busca la supervivencia del ser por medio de atraer la atención de aquel que teniendo poder puede rescatarlo.
    Cuando cumple su rol, es un mandadero útil y provechoso.
    Pero, debido a nuestra impotencia original al momento de nacer, así como por nuestra conformación mental, contribuimos a desplazar su foco de actividad y convertirlo en el patrón de nuestras vidas.
    Al EGO natural se le suma el hábito, creado por la repetición de conductas de manipulación que inconscientemente e involuntarias (al principio) realiza todo bebe saludable.

    El EGO nos impulsa a acaparar, a obtener, a tomar incluso lo que no nos pertenece.
    Usurpa, corre límites, violenta.
    Engaña, defrauda, mueve a realizar lo que es malo para uno y el otro.

    El EGO disloca el deseo de recibir, paraliza el deseo de beneficiar.
    Atrapa destellos de la LUZ y los oculta.
    Agobia, sume en sentimiento de impotencia con lo cual tiene mayor control.

    Recordemos, todo esto es parte de procesos naturales, que no son demonios ni fuerzas ocultas misteriosas, sino lo que somos como humanos.
    La voluntad se pierde, el deseo de hacer lo bueno –de manifestar el AMOR- empalidece y se oculta.
    No queda voluntad, solo deseo de recibir.
    Y con él, insatisfacción.
    Porque no nacimos para eso.
    Porque nos hace felices el sentido, entender que hay propósito y trabajar por él.

    El deseo se acumula, nos pesa cada vez más.
    Lo que hacemos no lo calma, por el contrario, o lo aturde por un rato y vuelve más hambriento; o simplemente engorda y crece y crece y crece.
    Ocupa cada vez más regiones de nuestra vida.
    Nos hace chocar con otros, quienes seguramente también padecen de esta enfermedad.

    Vamos debilitándonos con conflictos internos y externos.
    La insatisfacción no se satisface.
    Nos prendemos al pasado y culpamos.
    Nos atrapamos a fantasías del futuro y ansiamos angustiados, atemorizados por lo que no existe.

    El presente se desdibuja, con las energías malgastadas.
    Con la mente encerrada en la celdita mental.
    Con las emociones disparándose y sin encontrar un cordel que las ate y domestique.
    Las relaciones sociales son una charada, una mala obra de teatro aburrida y afectada.

    Todo es perdición.
    Crece la violencia, aumenta la discordia, la incomunicación atruena.
    No se ve solución, por ello se delira con magia y súper poderes y poderosos.
    Nos escapamos al mundo de la ilusión, reino fecundo también del EGO.

    Mientras la vocecita de la NESHAMÁ sigue ofreciendo vida y satisfacción.
    Ahí está la respuesta, pero preferimos oír el griterío que nos alela y aliena.
    Y vamos en manada a las corridas a comprar el último smartphone, como si eso fuera la fuente de la felicidad. O comemos otro pote más de gordo helado. O metemos otro cuerno a nuestra pareja. O estafamos a otra viejita dejándola sin su pensión. O encendemos otro porro excusándonos que ahora es legal. O seguimos metidos en esa pésima de relación de pareja. O…

    Mientras tanto, podemos recibir para dar.
    Podemos querer para beneficiar.
    Aprender para experimentar y enseñar.
    Comprar para disfrutar y compartir.
    Vender para ayudar y mejorar.
    Competir con otros para superarnos a nosotros mismos.

    Sí, podemos construir SHALOM, con acciones de bondad y justicia en pensamientos, palabras y actos.
    Podemos, pero no lo hacemos…
    Porque preferimos repetir oraciones religiosas, y adorar dioses, y esperar milagros, y echar culpas, y atormentar a los menesterosos, y creernos nuestras propias mentiras, y seguir inventando excusas como si con ellas estuviéramos haciéndole un bien a alguien.

    Más enseñanzas, más experiencias, más felicidad y bendición te esperan en nuestro fabuloso encuentro en la ciudad de México, este 6 de febrero 2017.
    ¿Realmente desperdiciarás esta oportunidad de encontrarte con lo mejor de ti?
    ¿En verdad seguirás preso de tu EGO y dando excusas para no ser parte de este acontecimiento maravilloso?

  • La primogenitura del otro hijo

    En el kidush de ayer al mediodía, mientras conversábamos de importantes temas de la parashá Toledot, un apreciado mitpalel y amigo del minián del Centro Maimónides de Montevideo lanzó una interesante pregunta. Le dije que trataríamos de analizarlo luego, en la charla que se establece en la seudat shelishit, pero hubo que posponerlo ya que apareció un inesperado huésped, el muy querido rav Mijael Rubinstein que estaba de visita de Israel en Uruguay por estos días. Fue el rav Mijael quien nos disertó y compartió de su sabiduría en esos sagrados momentos de despedida del Shabat. Valió la pena mantener la respuesta para obtener el afecto y conocimiento del rabino.

    La pregunta que está pendiente de respuesta es: ¿Cómo sabían de la importancia de la primogenitura? Ya que tanto estaba en juego con ella según relata la parashá. El amigo Marcos quería saber dónde estaba establecido esto en la Torá, porque no lo recordaba de las narraciones anteriores.

    Primera respuesta.
    La Torá no cuenta, ni pretende hacerlo, todos los detalles de los acontecimientos.
    Nos aporta los datos que quiere el divino autor, el resto queda en el conocimiento de los Sabios que lo compartirán eventualmente, o en registros de la época, o en las explicaciones que surgirán a su debido tiempo, etc.
    Por tanto, si no encontramos una descripción en la Torá, ni se dilucida un tema… ¡no es para desesperar!
    Habrá forma de llenar el bache, de manera más acertada o no.

    Segunda.
    Los patriarcas no nacieron de repollos en mitad de una isla desierta, sino que era personas insertas en sociedades con determinadas culturas, costumbres, tradiciones, etc.
    Que sean asuntos de hace tres o cuatro mil años no quita un gramo a la importancia del contexto socio-cultural.
    La realidad que ellos estaban haciendo nacer, la de una espiritualidad saludable y comprometida con el materialismo, no era obstáculo para conocer y compartir los usos habituales de su tiempo y lugar.
    Por tanto, probablemente era un hecho social aceptado que el hijo primogénito tenía alguna preferencia a la hora de obtener beneficios familiares. Sea en vida de los padres o tras sus partidas de este mundo.
    No debemos sorprendernos de que así fuera, ni suponer que es una cuestión elaborada en el seno de la familia de los hebreos. Por lo visto, podría ser una costumbre compartida.

    Tercero.
    La semana que viene leeremos la parashá Vaietze, en la cual Iaacov se enamora de Rajel y trabaja por ella siete años, para desposarla. Pero, el padre de la novia hace un cambio, y engañosamente casa a su hija Lea con nuestro patriarca. Cuando Iaacov le increpa, Labán le retruca: «-No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor.» (Bereshit / Génesis 29:26).
    Por lo visto no solamente los varones tenían privilegios familiares de acuerdo a su edad, sino también las mujeres.
    Por lo cual, en la familia de Itzjac era conocida la costumbre de favorecer al primogénito, sin necesidad de que la Torá abunde en anécdotas al respecto ni nos refiera todos los usos y hábitos de la época.
    Era un hecho establecido socialmente, el mayor tiene mayores derechos que sus hermanos.
    ¿No nos gusta? Ciertamente no, pero los antiguos tuvieron sus motivos, tontos o valiosos, para inventar esta cuestión.
    ¿Podemos cambiarlo? Algunas cosas sí, otras no lo permite la ley.

    Cuarto.
    La Torá esboza un motivo para esta predilección del primogénito y la remonta al primer nacimiento de un ser humano.
    Atendamos con atención: «El hombre conoció a Java [Eva] su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín. Entonces ella dijo: ‘¡He creado un varón, como el Eterno!‘» (Bereshit / Génesis 4:1).
    Sí, la impresión que tuvo la primer mujer con NESHAMÁ fue que concebir y parir un hijo era una acción que asemejaba a la mujer al Creador.
    Ella era como Dios por el hecho de traer una vida al mundo.
    ¿Estaba muy errada? Dejo para ti que filosofes al respecto.
    El hecho cierto es que el acto natural de parir de pronto cobró dimensión sagrada cuando la conciencia espiritual atravesó la mente de nuestra original matriarca.
    Desde ese día Caín era diferente al resto, no solo por ser el primer humano concebido por humanos, sino porque manifestaba la divinidad de la mujer… según ellos creían.
    No en vano al segundo hijo le llamó Ebel/Abel y no hizo proclamas de motivos. ¿Sabes lo que quiere decir Ebel? Si no, busca en serjudio.com que algún texto de nuestra autoría lo explica. Comparte luego el link en los comentarios, aquí debajo de este post (el publicado en serjudio.com no los reproducidos en redes sociales y otros medios).
    Comprobando los acontecimientos posteriores, ¿tenía razón Javá/Eva con esta presunción de la importancia espiritual del primogénito?
    Sería interesante que reflexionaras tu respuesta.

    Quinto.
    Era de tal importancia social, remarco lo de social, la primogenitura que en el pretérito Israel así como en otros pueblos el sacerdocio era una tarea para los primogénitos. No había casta sacerdotal, ni una profesión de libre acceso, sino que el derecho estaba reservado por orden de aparición en el mundo en el seno de una familia.
    Sí, sin dudas que las personas tenían una fuerte creencia al respecto, elevando a alguien a un pedestal por el mero hecho de ser el primero de los engendrados en una familia.
    ¿Tiene alguna validez espiritual esta apreciación cultural?

    Sexto.
    Si tomamos en consideración la explicación del exégeta Abrabanel, el primogénito tenía una función fundamental en la continuación de las cosas del hogar en caso de faltar el padre, o de éste no poder más cumplir sus funciones de padre. Como hijo mayor se encargaba de los bienes y personas, tomaba decisiones, se hacía responsable. Más que privilegios la primogenitura representaba cargas, una mochila muy pesada para sobrellevar. Quizás por esto también se compensaba con más dinero, beneficios, etc. No porque se jugara con injustos favoritismos, sino porque era lo justo en general.
    Tomando en consideración esto, podemos comprender más cabalmente el verso: «Itzjac [Isaac] amó a Esav [Esaú], porque en su boca tenía caza; mientras Rebeca amaba a Iaacov [Jacob].» (Bereshit / Génesis 25:28).
    Itzjac amaba el hecho que Esav podía hacerse cargo de la familia, sabía cazar, tenía habilidades sociales, era un hombre de acción, podía ocupar el rol de líder en caso de ser necesario. Era, o eso parecía, un buen exponente de primogénito, capaz de hacerse cargo de los asuntos familiares en caso de hacer falta. Sabiendo esto, podemos comprender mucho mejor el siguiente pasaje, que de otra manera sería bastante confuso: «Aconteció que cuando Itzjac [Isaac] había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a Esav [Esaú], su hijo mayor, y le dijo: -Hijo mío. Él respondió: -Heme aquí. Le dijo: -He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo para mí. Luego hazme manjares como a mí me gusta. Tráemelos para que coma, y yo te bendiga antes de que muera.» (Bereshit / Génesis 27:1-4).
    Le estaba poniendo a prueba, para ver si era efectivamente un buen proveedor para la familia.

    Séptimo.
    En la parashá vemos que el que proveía alimentos era Iaacov, el plato de lentejas a su hermano, el chivito asado para su padre.
    Comprobamos que tenía astucia, habilidad para negociar, inteligencia para sortear dificultades.
    Era lo que precisaba un primogénito, de acuerdo a su función culturalmente aceptada.
    Tal vez por ello compró el derecho, que de otra forma parece impensado sea objeto de compra/venta, uno nace primogénito no lo adquiere… ¿no es así?
    Pero, si la primogenitura fuera en realidad, en su contexto histórico, no un asunto meramente de orden de nacimiento sino de idoneidad para un rol… ahora comprendemos mejor esta historia y algunas otras más.

    ¿Tendrá el apreciado Marcos suficiente respuestas con estas ideas?
    ¡Esperemos que no!
    Que siga estudiando, preguntando, aprendiendo, compartiendo, creciendo.

    Ahora, una invitación muy especial.
    Si tú quieres más conocimiento, vivencias, bienestar, alegría y montón de cosas buenas más, te espero en el gran encuentro de CABALÁ que tendremos en ciudad de México, el 6 de febrero 2017.
    ¡Nos vemos allí!
    Apúrate en reservar tu entrada, está en promoción especial, muy barata, hasta fin de este mes.

  • El hijo del padre, el padre del hijo

    «Éstas son las descendencias de Itzjac [Isaac] hijo de Avraham [Abraham]. Avraham [Abraham] engendró a Itzjac [Isaac].»
    (Bereshit / Génesis 25:19)

    Si nos introduce que el tema son las descendencias de Itzjac, ¿para qué inmediatamente indica que su padre lo engendró?
    Resulta redundante, innecesario, fuera de lugar y poco a tono con la presentación.
    Esperamos que nos relate de hijos, de obras realizadas por él, de lo que se entiende por TOLeDOT en el hebreo de la Torá. Tal y como en las otras ocasiones es usada esta voz.

    Lo razonable hubiera sido saltear esas palabras y pasar directamente con el siguiente versículo; pero, el divino autor escogió que fuera así como quedase plasmado en la santa Torá.
    Vemos nosotros algunas maneras de comprender esto y de paso llevarnos algunas buenas enseñanzas para nuestra vida cotidiana.

    Hubo en su momento gente mal pensada que decían que Itzjac no era hijo de Abraham, sino de Abimelej –el de Plishtim- con Sará.
    Ahora, pasado el tiempo, se pudo comprobar fehacientemente que el hijo era absolutamente parecido a su padre, en sus rasgos y no solamente en bases fundamentales de su comportamiento.
    Así pues, la Torá reafirma aquí la relación biológica entre ambos, no solamente espiritual y social.

    Hubo gente que aseguró que luego del episodio traumático en el monte Moriá el hijo se separó del padre, el padre se ausentó de presencia del hijo.
    Con este versículo el sagrado autor nos confirma que pudieron haber tenido sus contratiempos, pero que el lazo se mantenía firme y reafirmado.
    El momento de la elevación de Itzjac sirvió para que ambos se conocieran mucho más a sí mismos y al otro.

    La vida de Itzjac tenía valor por sí misma, él era quien construía su camino.
    Sin embargo, ¡cuánto le debía a su padre! Y al revés, también era cierto.
    Esto era algo que no podía evitar ser agradecido y apreciado, por tanto se precisa este énfasis especial dado en el texto sagrado de Israel.

    Hay gente que pareciera ser conocida solamente por sus vínculos familiares: el hijo de tal, el padre de cual, el hermano de aquel, etc.
    En este caso la Torá nos viene a contar que ambos tenían su renombre, cada uno valía en y por sí mismo. Con famas bien ganadas y mantenidas.
    Uno no vivía y se presentaba en función del otro, sino que por sus propios méritos.

    Además de lo anterior, el padre estaba sanamente orgulloso de su hijo; y el hijo sin dudas lo estaba de su padre.
    Para cada uno de ellos era un placer que los identificaran con el otro, que les hicieran notar las glorias y obras del otro.
    Así como Abraham era apreciado, lo era su hijo; y sus famas repercutían favorablemente en ambos.

    Dichosas las familias en las cuales el afecto y respeto se sostiene en el tiempo.
    Donde los acontecimientos amargos, así como los dichosos, no rompen las ligaduras.
    Que pueden seguir andando juntos, sobrellevando los altibajos con dignidad y certero amor.
    Esto se encuentra en el pasaje que estamos comentando, de manera implícita, a la espera de ser revelado por el atento lector.

    En ningún momento la Torá relata: “Estas son las descendencias de Avraham”, tal vez para no dar atributos especiales a los hijos biológicos que no obtuvieron los dotes materiales ni la estatura espiritual de Itzjac.
    Entonces, en este lugar el texto santo indica la descendencia de Avraham, indirectamente.
    Haciéndose énfasis en la estirpe de Itzjac, la heredera del patriarca, la que recibió la antorcha sagrada y la sigue sosteniendo en alto, para lumbrera generosa de las naciones.

    El versículo quizás nos indica que Avraham estaba presente, de diversas maneras, al momento de nacer sus nietos, hijos de su hijo.
    No era un abuelo lejano e indiferente, sino que marcaba su presencia y estaba ahí en caso de ser necesario.
    Puso su parte también en la crianza de los retoños y con decidido cariño en fortalecer y orientar al que sería el continuador de la saga sagrada, Iaacov.

    Pudiera ser que el patriarca Itzjac no tuviera capacidad reproductiva y que las dificultades para el embarazo junto a su esposa fueran suyas también.
    Si no fuera el hijo de Abraham y el heredero, si solamente estuviera librado a las condiciones naturales, ahí habría finalizado el linaje. O por su infertilidad, o por la de ella, o por la de ambos.
    Pero, el primer patriarca recibió la promesa de una gran descendencia y por tanto el hijo obtuvo ayuda de Arriba para vencer los obstáculos de otra forma insalvables.

    En ocasiones uno vive prendido del pasado, recordando viejas glorias, atrincherándose en recuerdos, o lamentando culpas asfixiantes que no permiten disfrutar del presente.
    Otras veces están los que se agotan ansiando lo que no tienen, proyectando el mañana sin construirlo, esperando y esperanzados, poniendo su fe en fantasías.
    Cuando el secreto de la dicha y bendición está en vivir plenamente el aquí y ahora, a pleno. Apreciando el pasado, corrigiendo sus errores, dejando correr lo irreparable. Valorando las oportunidades para el futuro, trabajando por ellas, cuidando de no desperdiciar en el presente los recursos posteriores.
    El versículo nos enseña que la vida de Itzjac tenía valor ahora, porque apreciaba su pasado y aportaba al mañana, pero siendo hoy todo lo mejor que podía estar siendo ahora.

    Avraham llegó a ser en plenitud cuando pudo convertir la esperanza y promesa de descendencia concretada en su hijo Itzjac.
    Así, aunque suene paradójico, el padre es producto del hijo. Es como uno de sus descendientes también.
    Es la extrañeza que produce el  mundo espiritual cuando se lo quiere comprender con la limitación sensorial y mental del mundo cuatridimensional.

    Avraham es el símbolo de JESED, bondad, generosidad, entrega.
    Itzjac de DIN, justicia, limitaciones, rigor.
    Ambos deben estar en complemento, porque entonces se genera SHALOM.
    Si se manifiestan descompensados, se produce el caos.

  • Foto

    A cada rato topamos con noticias que demuestran la corrupción, a todo nivel, que se está manifestando en el mundo.
    No sé si en el pasado era así, peor o mejor; lo que sí sé es que las novedades son abrumadoras, amargan, enferman.

    Se podría echar culpa a los medios, que buscan vender con sensacionalismo. ¿Podría ser?

    O quizás fuera un complot encubierto, vaya uno a entender de estas cosas, que hace uso de la prensa y las redes sociales para generar corrientes de opinión, manipular emocionalmente, etc. y entonces obtener de esta forma el poder.

    Tal vez no estamos tan mal, solo que ahora nos saturamos de información (mientras abandonamos la formación) y por ello pareciera ser mucho más presente el mal en la vida cotidiana; pero en realidad antes era igual o peor, solo que no teníamos acceso a saberlo.

    Por ahí estamos más sensibles, aunque igualmente de poco conscientes, entonces cualquier cosa nos hace estallar, revolvernos con comezón, molestarnos, sufrir… cuando en otros tiempos nos resignábamos, o tal vez confrontábamos los sucesos de una manera más estoica.

    O sí, estamos de mal en peor, con todo tipo de catástrofes naturales, corruptela política, maldad religiosa, esclavitud emocional, agresiones a minorías, perversiones apoyadas por los administradores de justicia, enfermedades, violencia por doquier, crímenes, terrorismo, incomprensión, infidelidad, grietas que dividen sin pausa, los antivalores endiosados, generaciones en conflicto, en las cosas grandes como en las pequeñas, en lo público y en lo privado, entre la gente y con nosotros mismos, entre tantas cosas que nos parece estar pasando. EGO y montón de EGO, angostando los resquicios para que se filtre la santa LUZ de la NESHAMÁ.

    ¿Hay cómo volver a una senda de vida?
    ¡Por supuesto que sí!
    Y no implica un gramo de religión o adoctrinamiento que sojuzga la libertad.
    Se llama: construcción de SHALOM.
    Pero claro, este camino sagrado seguirá siendo despreciado…

  • Los pozos de los patriarcas

    Este versículo daría para horas de clases de Torá y lecciones de vida, pero debo enfocarme y ser breve.
    Espero poder compartir contigo al menos un par de enseñanzas estremecedoras y de aliento.

    Atiende al párrafo:

    «Itzjac [Isaac] volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Avraham [Abraham] su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Avraham [Abraham]. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.»
    (Bereshit / Génesis 26:18)

    ¿Qué desgraciada mentalidad lleva a tapar pozos de agua en un lugar en donde ésta escasea?
    Pues… la de los filisteos y gente como ellos.
    Personas atrapadas en las redes de su EGO, por tanto oscurecidas en su multidimensionalidad.
    En exilio de sí mismos, sin seguir las guías constantes que provienen de su NESHAMÁ.
    Manejando el idioma del EGO, con llantos, gritos, insultos, violencia física, mentiras, quejas, amenazas, manipulaciones, presiones y cosas de ese estilo, que podrás suponer rápidamente que no aportan a una vida de SHALOM

    Aquellos filisteos de carne y hueso están simbolizando precisamente esto, las influencias externas que condicionan el mundo interno para llevarnos a una vida de oscuridad, a pesar de tener a mano la LUZ de la NESHAMÁ.
    Porque, los siete pueblos cananeos representan las fuerzas internas emocionales cuando están fuera de foco, agobiando al ser con sus estridencias y amarguras.
    En tanto que el extranjero colonizador, el filisteo, representa las fuerzas externas, por ejemplo de los mandatos sociales, de las presiones del medio, en su lucha contra la felicidad del individuo por estar en armonía entre sus Yoes (Esencial-Auténtico-Vivido).

    Vienen esos mandatos abusivos, cosificantes, negadores y te tapan los pozos de agua, aquellos que con dedicación abrieron tus antepasados; o también, tus esfuerzos prácticos en la construcción de SHALOM por medio de obras (palabras-pensamientos-hechos) de bondad y justicia.
    Allí se aglutinan los filisteos, agrupando tierra sobre la LUZ, para hacerla desaparecer… ¡cómo si pudieran!

    Pero, nosotros tenemos la capacidad para salir de nuestra celdita mental, abandonar la zonita de confort, aventurarnos también a abrir esos pozos de agua fresca y de vida.
    Siguiendo los impulsos de la NESHAMÁ, aprendiendo de las enseñanzas de la Sabiduría que nos instruye para evitar las trampas del EGO y crecer en verdad y firmeza.

    Podemos reabrir los pozos, con lealtad, con poder, tal como fue hecho por aquellos que nos sirven como modelo.
    Y no pretender apartarnos de la buena senda, aunque andemos nuestros propios pasos.
    Por ello, los pozos recibieron los mismos nombres que tenían antes.

    En nuestra existencia terrenal tendremos que enfrentar de forma cotidiana a los cananeos y filisteos, las pasiones que nos desvían así como los alicientes sociales que nos trastornan.
    Los llamados para extraviarnos no faltarán.
    La tentación de cerrar los pozos, o mantenerlos obstruidos, es grande; porque nos hacen creer, nos queremos creer, que con la pereza y las excusas estaremos mejor.

    Pero, no es así.
    Solamente construyendo SHALOM es que hacemos que nuestro pasaje terrenal tenga sentido.
    Así obtendremos dicha aquí y placer eterno en la vida postrera.

    Construir SHALOM, parece ya un lema repetido y ahuecado por tanta repetición.
    Pero, en tanto no cale hasta lo más profundo de tu ser terrenal y no sea convertido en realidad, te estarás perdiendo de conocer el gozo más maravilloso.

    Construye SHALOM, el resto de lo bueno vendrá por añadidura.

  • Házlo!

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    ¿Nos gusta recibir órdenes?

    Sinceramente, por mi parte, admito que siento la incomodidad al recibirlas. No sé si será porque desde pequeño puedo arrastrar ciertos traumas, pero de que está ahí, está. A veces, ha sido necesaria, como en casos de enseñanza o trabajo o incluso de vida. A veces a estado de más, cual consejo sin ser pedido.

    Aunque a veces utilizo la frase «a sus órdenes», no me gustaría que literalmente se lo tomen como que prefiero el trato autoritario.

    Entiendo que es un tema complejo y de muchas aristas. Me admito ignorante en temas de psicología o filosofía frente a esta situación. Sin embargo, también entiendo que parte de la vida cotidiana y el EGO está el mandar o actuar con impotencia frente a una orden.

    Ahora ¿Nos gusta dar órdenes?

    Si es así ¿Por qué? ¿Lo crees mejor que pedir o peor?

    O ¿Cuál es la manera en que lo hacemos? ¿Es como lo hicieron contigo? ¿o como nos fijamos que otros lo hacían?

    ¿Acaso nos gustaría-o nos gusta- recibirlas de la misma manera en que las damos?

     

    Si no es así ¿podrías igualmente pensar en el por qué?

    Y siendo honestos ¿Alguna vez la  haz sentido necesario dar o recibir alguna?

     

    Sería genial leer tus ideas al respecto.

     

    (Por la salud de Daniel hijo de Ilse Monroy)

  • En tu mente

    Hemos explicado en varias ocasiones que ciertas zonas de nuestro cerebro no tienen manera de identificar si una imagen procede de percepciones sensoriales externas reales (algo que está pasando), de percepciones fantasiosas (tales como estar viendo una película), de la imaginación, de una lectura, de una frase que se repite, del pensamiento, etc.
    Para contextualizar las imágenes es necesario la coordinación de varias áreas, lo cual resulta en un trabajo complejo y elaborado.
    El asiento de nuestro EGO no recurre a esos procesos, sino que toma las imágenes en “crudo”, tal como llegan, sin contextualizar.
    ¿Cuál será el resultado?

    Te pido que prestes atención al siguiente video, luego continuamos conversando.

    Si no puedes abrir el video, puedes hacer clic aquí.

    ¿Entendiste lo qué sucedió?
    ¿Te das cuenta de cómo podemos usar lo que nos está enseñando para mejorar nuestra vida?

    Si llenas tu mente de percepciones negativas, de impotencia, de malestar, ¿cuál crees que será la reacción automática que dispare el EGO?
    Por supuesto, aquellas que corresponden a su actividad, es decir, de llamar la atención para obtener ayuda; de búsqueda del control a cómo dé lugar.
    Llantos, gritos, violencia física, desconexión de la realidad así como cualquiera de sus derivados.
    Por ahí logras alguna pequeña victoria, un poder imaginario y superficial. Pero en lo profundo, estarás en la amargura de la impotencia.

    Por el contrario, si calmas tus percepciones, si tu mente su puebla de SHALOM, el EGO se aquieta y sus herramientas se adormecen.
    Tal es la idea original del “pensamiento positivo”.
    No una mecanismo mágico de conseguir imposibles de parte del océano del infinito, sino modificar tu percepción acerca de tu impotencia para así elevarte en poder.

    ¿Comprendes?
    Comparte, comenta, experimenta.
    Sé feliz.

    Más enseñanzas y alegría en nuestro encuentro de secretos cabalísticos, si Dios quiere el 6 de febrero 2017 en ciudad de México.
    Espero verte allí para disfrutar juntos del conocimiento y la vitalidad.

  • El consejo diario 647

    Si cambias tú,
    cambia el resto.

    No tienes idea de los efectos que se expanden,
    ni cómo resultará todo al final.

    Sí, también tus múltiples excusas generan resultados,
    probablemente no tan buenos como los nacidos del cambio positivo.

  • El poder del poderoso

    El poder,
    tú lo tienes,
    pero también tienes miedo de no tenerlo
    y por eso resulta que no lo tienes.

    El poder,
    hay veces que te falta, te falla,
    porque eres un ser limitado en este mundo,
    pero, cuando admites tu impotencia,
    y no te ahogas en excusas, amarguras, culpas, reproches, incertidumbres, perfeccionismo, altanería,
    resulta que estás siendo poderoso.

    ¿Cómo saber si estás en situación de manifestar poder?
    Habrás comprendido que siempre estás en esa situación… ¿no?

    (Por la pronta recuperación del bebe Daniel hijo de Ilce Monroy).

  • Elevar tu felizómetro

    Compartiré ahora contigo unos simples y profundos consejos que ayudan a llevar una vida de alegría, en donde la dicha sea más frecuente que la amargura.

    1- Agradece con sinceridad a quien corresponda y cuando sea adecuado.

    2- Que tus pensamientos-palabras-acciones sean coherentes entre sí.

    3- Guíate por la brújula de la ética (que es lo espiritual, que es lo que manifiesta tu conexión con el Creador).

    4- Obra para beneficiar genuinamente a otros.

    5- Acepta amablemente lo que te ofrezcan limpiamente.

    6- Sostén con firme flexibilidad los límites saludables.

    7- Disfruta de lo permitido.

    8- Apártate de lo prohibido.

    9- Conversa CON el Padre celestial.

    10- Ocúpate de hacer correctamente tu parte y deja que el resto (incluido el Creador) se encarga de la que le toca a cada uno de ellos.

    11- Recorre el camino de la TESHUVÁ.

    12- Nutre apropiadamente cada una de tus dimensiones terrenales (física/emocional/social/mental).

    Todo esto es parte del repertorio habitual del constructor de SHALOM.
    Si lo pones en práctica comprobarás los efectos beneficiosos y benditos al poco rato y seguramente te deleitarás en ellos largamente.
    Compártelo, coméntalo, experiméntalo.

    Y si quieres más conocimiento de Vidas, te espero en el gran encuentro cabalístico en la ciudad de México este 6 de febrero 2017.
    Ponte en contacto para reservar tu lugar, para ser parte de la cadena de la vida sagrada.

  • Amar al prójimo de verdad

    «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Eterno.»
    (Vaikrá / Levítico 19:18)

    Este mandamiento de Dios para los judíos no indica que se debe amar al lejano, a aquel que nunca cruzamos ni interactuamos.
    Claramente especifica que la obligación es con respecto al prójimo, es decir, aquel que está próximo a nosotros.
    La persona que convive, el que está a nuestro lado, con el que seguramente tendremos conflictos –pequeños o grandes- como directa consecuencia de nuestra familiaridad.
    El cumplimiento de este precepto requiere una especial dedicación y voluntad, porque podemos fácilmente elaborar excusas para justificar nuestro no-amor. Porque, es obvio que la cercanía produce frecuentes motivos para el desencuentro y por tanto para la falta de amor.
    Pero, justamente es en la relación de cercanía que debemos poner en práctica nuestro amor.
    Al lejano, aquel que ni siquiera tenemos idea de quien es, resulta simple amar.
    ¡Todo queda en teoría e imaginación!

    Pero, al prójimo, a ese debemos expresar con hechos concretos nuestra disposición de construir SHALOM. Ya no queda la cuestión en bellas palabras y lindas intenciones, ni en lemas para colgar de muros de redes sociales; sino que necesariamente estamos en interacción con todo lo que ello conlleva.
    Con el prójimo ya de poco y nada sirven las poesías de hermandad universal, sino que es por medio de acciones concretas de bondad y justicia, a través de lo que pensamos, decimos y realizamos en los hechos.
    Que cada ocasión, las complicadas o sencillas, sean de SHALOM depende en buena medida de nosotros.
    Tomando siempre en consideración que el AMOR no es un mero sentimiento, sino actos que benefician realmente al otro y sin esperar luego recompensa por ello.

    Eventualmente, nuestro marco de acción se amplía, por lo cual el mundo puede considerarse luego nuestro prójimo.
    Pero, el paso esencial es con el cercano, el que se interpone con nuestra felicidad… al menos en la consideración del EGO.
    ¿Se comprende?

    Además, tengamos en cuenta que es amar al prójimo como quisiéramos ser amados.
    No meramente lo que a nosotros nos parece que el otro debe obtener, o merece que le demos; sino que respetando, honrando, manteniendo la palabra, juzgando meritoriamente, brindando el apoyo, requiriendo el esfuerzo, sosteniendo los límites, conociendo sus necesidades, requiriendo sus anhelos… tantas cosas que componen el rico compendio de la construcción de SHALOM.
    ¡Vamos a hacerlo!

  • El odio de los que se hacen llamar Israel espiritual

    El odio hacia los judíos tiene múltiples caras y expresiones.
    No haré una enumeración de todas ellas, porque me quiero centrar en una sola en este post.
    Es una altamente peligrosa y horrible, especialmente porque parece pacífica, no predica abiertamente el odio ni la violencia; abusa de palabras de seudo espiritualidad; pareciera ser un mensaje constructivo pero en verdad encierra muchísimo veneno y maldad.

    Es aquella que discrimina incorrectamente y abusivamente entre un “Israel espiritual” y uno “carnal”. Establecen una diferencia que en los hechos no existe, sino solamente en la afiebrada imaginación idolátrica que los apaña.
    Todos los judíos “carnales”, es decir: JUDÍOS, evidentemente también lo son espirituales.
    ¿Por qué?
    Porque ser judío es un hecho que ha sido establecido por la ley judía, no por la ley de Dios; mucho menos por imposiciones extrañas y que no pertenecen a nuestra sagrada familia.
    No precisamos, ni admitimos, que los foráneos se pongan en árbitros para decidir quién es judío.
    Porque, hemos sido nosotros los que lo hemos establecido legalmente y siguiendo, obviamente, la realidad física/espiritual.
    Solamente nosotros tenemos derecho a definir los parámetros que nos hacen parte de nuestra Familia, no los extraños, tampoco el Eterno.

    ¿Quién es judío?
    Aquel que nace de vientre judío.
    También, el que habiendo nacido gentil se ha acercado a la Familia Judía y solicitado ingresar formal y legalmente a ella. Representantes válidos de la Familia reciben la solicitud, la estudian y aceptan (o no) al postulante. Éste debe comprometerse lealmente a ser un digno hijo de la Familia, respetar sus normas, vivir de acuerdo a sus postulados. Para lo cual, deberá renacer de cierta forma. Cortar con su estilo de vida anterior, no porque fuera malo, sino porque ya no es el que le corresponde de acuerdo a su nueva identidad como judío.
    Desde el momento que la persona ha sido admitida dentro de la Familia Judía, aunque no tenga una molécula de ADN de los patriarcas de Israel, igualmente ya es completamente judío.

    Toda persona judía, sea carnal o por adopción legal, es espiritualmente judía.
    No hay manera de que no lo sea.
    Porque, para ser “judío espiritual” es innecesaria la fe, o la afirmación verbal de un credo, no se precisa entregar el corazón a ningún sujeto crucificado, ni adorar a ningún supuesto redentor.
    Para ser judío espiritual lo único que se precisa es… ser judío.

    Aquel que habiendo nacido gentil, presume que es parte de un Israel espiritual por haber puesto su fe en un falso redentor colgado por sus pecados y crímenes personales, evidentemente NO ES judío, ni está siendo fiel al Padre. Por el contrario, está desviando sus pasos de la ruta sagrada, está dando la espalda al Creador y Sus leyes. Reniega del Amor Celestial, hipoteca su vida eterna porque rechaza el camino sagrado del noajismo para abrazar la idolatría.
    Para peor, al negar la identidad de los hijos de Israel, fomenta el odio, aporta maldad al mundo, es cómplice de aquellos criminales que llevan la destrucción contra los judíos y el judaísmo.

    Es terrible que negando a Dios y Sus leyes se cuelguen la medalla de santidad.
    Es espantoso que difundan el antisemitismo encubiertos como amantes de Israel, o estudiosos “de la Palabra”.
    Es indignante que expresen su odio libremente, porque eso no es “libertad de expresión”, sino incitación al crimen.
    Las personas de bien y justicia debiéramos estar atentos para que no hagan circular su veneno, porque pareciera que no tiene efectos negativos, pero realmente están corroyendo las fibras de la humanidad, dando excusas a los otros terroristas para seguir empecinados en sus asesinatos y violencias. Porque, ¿cómo no habrían de exterminarnos si no somos seres “reales”, sino fantasmas usurpando una identidad espiritual que les corresponde a ellos, los adoradores de un colgado? Tal como hicieron los nazis, negarnos la identidad. No éramos nombres, sino números. No éramos gente, sino mitos horribles que había que extirpar del mundo. Unos lo dicen y hacen abiertamente, otros escondidos… ¿hay diferencia?

    Por supuesto que tienen derecho a creer lo que les venga en gana, tanto esta doctrina ridícula y perjudicial como la de un dios espagueti que flota en el espacio.
    La creencia en tonterías no va contra el código noájico (está prohibido adorar dioses que no son Dios, pero nada se dice de creer) y está amparada en muchísimas constituciones nacionales.
    Pero, discriminar a la minoría judía, con engaños… es algo prohibido. Porque, es robo, es asesinato, es blasfemia. Esto es lo que hacen los religiosos que se adjudican el título de “Israel espiritual”.

    Sí, ellos que dicen que arbitrariamente que no somos “judíos verdaderos”, ya que en su delirio acunado en el odio ellos lo son.
    Basándose en extrañas y ajenas doctrinas y teologías, en todo apartadas del Eterno y Su Revelación.
    Niegan a Dios, niegan al hombre.

    De nada valen los malabarismos teológicos, las citas sesudas de libracos, cuando el tema de la identidad judía depende única y exclusivamente de la autodeterminación de los miembros de la familia judía.
    Hemos sobrevivido miles de años, sorteado millones de dificultades, hicimos el imposible de seguir siendo nosotros cuando más grandes y poderosos cayeron.
    Sabemos quienes somos, porque sabemos de dónde venimos.
    Mantenemos firme y claro nuestra cadena sagrada del linaje.
    Somos una familia y contamos con nuestros lazos familiares para fortalecernos.
    No vendrán extranjeros a usurpar nuestra tierra, ni tampoco nuestra identidad.