Alimentando la educación

Entre otros interesantes temas, esta semana la parashá se dedica a tratar las leyes relativas a la impureza y pureza rituales, y a la discusión sobre los preceptos relativos a los alimentos prohibidos.
Según la tradicional explicación del Midrash sobre la prohibición de ciertos alimentos, su finalidad no es educar o halagar el paladar de la persona; o mantener una calidad superior de higiene en la manufactura e ingesta de alimentos; ni siquiera por altruistas motivos sanitarios; y mucho menos como régimen o dieta estética; sino que su real función radica en la educación.
¿Cómo? ¿Prohibir alimentos es educación?
Efectivamente, a través de la contención de los más primarios impulsos humanos, como es el impulso a alimentarse, la Torá se interesa en formar a la persona en el autodominio, es decir, en poder uno mismo controlarse, en determinado momento, sin la necesidad de intervención externa.
Entonces, cuando la persona tiene fuertes deseos de comer comestibles sabrosos y abundantes, pero prohibidos, o por su naturaleza o por su manufactura o por su presentación o por el tiempo en que eso se da, puede sufrir por su insatisfacción, pero al mismo tiempo aprende a crecer como ser humano.
En palabras sencillas, la Torá se embarca en educar a la persona partiendo de lo más elemental y cotidiano, para tratar de alcanzar lo más complejo y raro, la condición de santidad de la persona.
Por ejemplo, quien fácilmente cae ante la tentación de un sandwichito de jamón y queso, seguido de chocolate de leche, ¿está realmente entrenado desde la base para, por ejemplo, no codiciar?
Tomemos un ejemplo quizás más vulgar. Un jugador de fútbol que no entrena durante la semana, que no cuida su alimentación, que ni siquiera concentra antes de un partido, ¿rinde lo que se espera de un jugador profesional?

La Torá nos convoca a competir en un campeonato bastante arduo, el de ser mejores a cada momento.
Alcanzar la copa requiere esfuerzo.
Llegar a lograr lo que dice esta semana el pasuk: "Porque Yo soy H’, el Dios de ustedes, santos sean, porque Yo soy Santo." (Vaikrá 11:44), es la coronación de los esfuerzos, la victoria suprema.
Llegar a ser campeones implica trabajo, concentración, autodominio, fortaleza, cumplimiento…

Es difícil, pero posible.
Es cuestión de comenzar…


Puntos sobresalientes de la parashá
Al octavo día de la inauguración del Mishkán, por orden de H’ a través de Moshé, Aarón, sus hijos y toda la nación, frente a la atenta presencia de los dignos ancianos, traen los korbanot. Es el momento en el cual Aarón y Moshé bendicen a la nación. Y también, es el momento en el cual H’ permite que el pueblo de Israel sienta Su Presencia, por haber obedecido fielmente el cumplimiento de las Mitzvot.
Es también una sidrá trágica, ya que los hijos de Aarón, Nadav y Avihu, ofrendan ante H’ sin autorización ni requerimiento divino, y su imprudencia produjo la aparición de un fuego celestial que en lugar de consumir la ofenda, los incineró a ellos.
Aarón sufre en silencio, en tanto Moshé intenta hacerle llegar su consuelo.
Tras este doloroso acontecimiento, Moshé enseña a los Cohanim como deben proceder durante el periodo de duelo, y además les previene de no embriagarse antes de cumplir su servicio ritual en el santuario, ya que se sospecha que los hijos de Aarón estaban ebrios en el momento de su fatal error.
La Torá especifica las dos características necesarias e imprescindibles de un animal cuadrúpedo Kasher: pezuña partida y ser rumiante. La Torá enumera los animales no kasher que solo tienen una de estas dos características.
En cuanto a los animales marinos kesherim deben poseer dos condiciones necesarias: espinas y escamas fáciles de remover. Se lista las aves prohibidas por su nombra, aquellas que no están incluidas en la lista están permitidas. Queda prohibido todo tipo de insectos excepto por cuatro especies de langostas (insecto no marinas).
Por último, se brindan detalles del proceso de purificación después de haber estado en contacto con especies ritualmente impuras.
Es mandamiento para los Hijos de Israel que estén separados de lo impuro, indigno y malo para que sean santos, tal como lo es H’.

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