Autoestima y modestia

Esta semana corresponde leer la parashá llamada Sheminí -"Octavo"-, que es la tercera del tercer tomo de la Torá, el sefer Vaikrá, conocido en español como "Levítico".
Y como complemento, al estar en el Shabbat previo al comienzo del mes de Nisán, leemos de un segundo rollo de Torá la porción denominada "HaJodesh" -"Este mes".

No todos los años coincide la lectura de Sheminí con el Shabbat HaJodesh, pero ya que en esta oportunidad así es como acontece, veamos dos aspectos que tienen en común ambas secciones:

  1. Tratan de comienzos, pues

    • Sheminí relata de la inauguración del Mishkán -el santuario portátil que los israelitas tenían en el desierto-; y

    • HaJodesh refiere del inicio del año de acuerdo a la cuenta de la Torá.

  2. Se tocan temas referidos a la alimentación apta para el judío, ya que

    • en Sheminí encontramos las reglas básicas para distinguir las especies vivas ksherot –puras para ser consumidas por los judíos-; y

    • en HaJodesh se establecen los alimentos que consagran la celebración de Pesaj (Korbán, Matzá y Maror), y se nos indica la prohibición de poseer o consumir jametz -leudado- en el transcurso de esta festividad.

De estos textos podemos extraer la enseñanza de que hay tiempos y lugares que son los apropiados para determinados actos, en tanto que otros momentos y sitios resultan inadecuados para los mismos actos.
Y sirve también para que distingamos entre conductas que son permitidas de las que son prohibidas.
Tomemos un ejemplo sencillo (de centenas posibles): dar tzedaká es actuar de manera estupenda, pues tiene la grandiosa finalidad de traer un poco de justicia al mundo, ya sirve para equilibrar un poquito los desbalances que las sociedades producen entre sus integrantes.
Sin embargo, practicar la tzedaká entregando dinero en Shabbat al pobre es incorrecto. ¿Por qué? Pues, porque en Shabbat está prohibido tocar dinero y está vedado preocuparse de asuntos materiales no indispensables.

Estas limitaciones en acciones, tiempos y espacios que la Torá nos impone ayudan a educarnos para ser humildes, modestos, es decir: personas que reconocen sus virtudes y defectos, sin enorgullecerse por los primeros, ni deprimirse por los segundos. En una palabra, humildad suele ser sinónimo de fuerte autoestima.

Sin ir muy lejos, el ejemplo lo hallamos en un breve relato de Sheminí.
Moshé se enoja con su hermano Aarón el Cohén Gadol -Sacerdote máximo-, pues al parecer Aarón ha actuado de manera impropia, en contradicción con las normas de la Torá.
Aarón de inmediato hace su descargo, y explica a Moshé cual es la halajá -normativa- que empleó para actuar del modo que hizo.
Y Aarón tenía razón, el equivocado había sido Moshé que había olvidado momentáneamente esa regla, y doblemente errado por haberse enfurecido con su hermano.
Aquí Moshé podía haber reaccionado negando su error, excusándose y echando culpas a otros, a Dios, al Pueblo, al propio Aarón, a cualquiera menos a sí mismo; tal como es común que muchos hagamos cuando fallamos.
O Moshé, dejándose llevar por la arrogancia que suelen ostentar algunos comandantes, podría haber comenzado una disputa interminable con su hermano, para dejar bien asentado que él era el líder de la nación y que no aceptaba observaciones (fueran correctas o no) de ninguno de sus subalternos.
Sin embargo, el más humilde de los mortales, hizo otra cosa:

"Moshé [Moisés] oyó esto, y le pareció bien."
(Vaikrá / Levítico 10:20)

El que ha desarrollado una saludable autoestima no teme enfrentarse con sus propios errores (grandes o chicos), reconocerlos, arrepentirse y trabajar para que prospere lo bueno y que no se extienda lo malo.

Ésta es uno de los enseñanzas de esta semana que la lectura de Torá tiene deparada para nosotros; ahora, vayamos a estudiar para hallar más…

¡Les deseo Shabbat Shalom!

Moré Yehuda Ribco

 

Relato

Se cuenta que la esposa del Gaón de Vilna junto a una amiga suya solían recolectar dinero entre los acaudalados para entregarle a los pobres y necesitados.
Gran parte de su tiempo y esfuerzo lo dedicaban a esta tarea noble, con la única recompensa de saber que estaban ayudando al prójimo tal como Dios quiere.
En una oportunidad fueron a la mansión de un judío adinerado y reconocido por ser un gran sabio en Torá, allí estuvieron golpeando a su puerta un largo rato y nadie abría.
Luego de intentar y seguir intentando se dieron cuenta de que el dueño de casa no estaba en ella, por lo que decidieron marcharse.
Estando a unos metros ven que la carroza del rico hombre está llegando, y entonces ambas corren hacia ella gritando ‘aquí llega, aquí llega’.
El judío rico hace detener su vehículo y desciende para ver qué querían estas dos buenas señoras.
Tras escuchar el pedido de dinero para los pobres que le hicieron, el hombre extrae un fajo de billetes y se lo entrega a la amiga de la esposa del rabino, y sólo a ella.
La esposa del Gaón se sintió dolida, y preguntó: ‘¿Por qué sólo a mi amiga? ¿Acaso hice algo para que usted no me tenga confianza?’
Y el buen hombre responde: ‘No se ofenda estimada señora, ¡cómo podría pensar mal de una mujer noble como usted! Solamente quise enseñarle algo. Su amiga corría con sus manos extendidas en dirección al carruaje, como queriendo alcanzarlo más pronto y detenerme velozmente, pues parecía poseída de un enorme ánimo para cumplir con la mitzvá que estaba cumpliendo. Mientras usted, solamente gritaba y corría, sin extender sus manos, como si le faltara confianza en la santa tarea que estaba haciendo. Téngase confianza y su labor será mucho más brillante que hasta ahora’
Preguntas:

  • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el tema de la autoestima?

  • ¿Por qué autoestima puede ser sinónimo de humildad?

  • ¿Cuál era la ventaja de la amiga de la esposa del rabino?

  • ¿Cuál de los elementos de Pesaj refleja el ideal de humildad que la Torá propone para las personas?

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