Como ustedes

"Como ustedes, así será el extranjero delante de Hashem" (Bemidbar / Números 15:15)

Nuestro pueblo ha sido perseguido en incontables ocasiones. A veces la intolerancia venía bajo la bandera de las religiones; otras por política. No faltaron las ocasiones en que era el odio el que impulsaba la maldad. Y, no debemos olvidar los intereses económicos que en numerosas oportunidades movió a la crueldad.
En fin, se nos ha castigado por hacer o por no hacer.
Por estar o por faltar.
Por ser leales o mucho más leales que otros.
También simplemente por existir…
Sin embargo, no es la venganza la moneda de la Torá.
No es la persecución y la intransigencia nuestra sagrada prédica.

Nosotros somos los primeros y más fieles que hemos declarado: ‘todos somos diferentes, pero igualmente valiosos frente a nuestro Creador’; tanto el nativo como el que ha venido de un pueblo extranjero. Cada uno en la función o rol que le corresponde, y de acuerdo a los modos que le atañen (ver T.B. Kritut 9a).
¿No será hora de que esta enseñanza de la Torá no tenga que ser mencionada como ideario, y sí como hecho establecido mundialmente?

 

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Profundizando esta semana:

  1. Mencionar al menos una relación entre tzitzit y tefilín.
  2. ¿Cuál fue el error de los meraglim (exploradores)?

Respuestas para la semana anterior

  1. Porque los primogénitos de las otras tribus fueron indignos de tal elevado cargo.

  2. Dios.

Destellos de la parashá

Sidrá 37ª de la Torá; 4ª del sefer Bemidbar.
Entre pesukim 13:1 y 15:41. Haftará en Iehoshúa 2:1-24.
Pasados unos meses desde Ietziat Mitzraim, el Pueblo Elegido está a las puertas de la Tierra Prometida. Han sido testigos de numerosos milagros, pero, esto no obsta para que persistan en su rebeldía contra Dios, y en su desconfianza por el liderazgo de Moshé y Aarón.
Insisten con su pretensión para que alguien inspeccione la Tierra, con el objetivo de considerar sus beneficios y obstáculos. Por esto, Moshé envía un explorador por cada tribu.
Los viajeros regresan tras cuarenta días de investigación, portando sendos frutos, como mudos testigos de las maravillas que los esperan. Sin embargo, diez de los doce espías atestiguan que los moradores de Kenaan son gigantes imposibles de vencer, por lo cual concluyen que, la conquista de la Tierra resulta una ilusión peligrosa.
Entre el, de continuo, descontento pueblo se extiende la murmuración y la vacilación.
Al punto que, cuando Calev y Ieoshúa, los dos exploradores fieles en su testimonio, mencionan los favores recibidos por parte de Dios, los quieren linchar. Para estos libertos es preferible morir allí mismo o retornar a Mitzraim, antes de continuar hacia, lo que ellos consideran, la ruina total.
Y, Hashem les da lo que pidieron: condena a la generación criada en la esclavitud a permanecer los días que les restan de vida en el desierto. Allí moraron durante cuarenta años. Un grupo de hebreos, desoye esta orden divina y emprenden la conquista de la Tierra. Son advertidos por Moshé para que así no hagan, pero no lo oyen, y son rápidamente exterminados por los enemigos.
Finaliza la parashá con las leyes de los Tzitzit, que sirven como recuerdo de las mitzvot y de Ietziat Mitzraim.

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