Espiritualidad material

Es interesante el aspecto de las mitzvot sociales en esta parashá, son muchas y variadas, haciendo referencia a diversos tópicos.

Nos gustaría tomar por ejemplo las que designan una sección del campo para los necesitados, quienes deben esforzarse y trabajar en recolectar lo que ellos desean, sin esperar caridad por parte de otras personas. Si bien es cierto están recibiendo tzedaká, ésta no los denigra ni les niega la condición de personas que pueden producir lo que consumen. Por intermedio de esta mitzvá, el dueño del campo se eleva moralmente, y el necesitado se eleva psíquica y socialmente, sintiendo que puede ser útil, al menos para sí mismo.

Otra mitzvá interesante es la que permite que el trabajador disfrute de lo que está cosechando, mientras se haya en su trabajo, es decir, puede comer, por ejemplo uvas, mientras las recolecta, pero no llevarlas para el hogar luego del trabajo.

O las mitzvot que ordenan que los jefes no se atrasen en los pagos a sus empleados, quienes seguramente precisan los ingresos de sus salarios.

O las reglas que prohíben que el que toma una garantía para un préstamo, dejé desprovisto de lo mínimo imprescindible para su subsistencia al que recibe el préstamo. Y en caso de que fuera una viuda, ni siquiera hay que pedir prenda ni garantía.

O las mitzvot que se dedican a hacernos dar cuenta que existen animales en nuestro entorno que merecen ser tratados con dignidad y respeto, como seres creados por H’.

Como podemos observar, la Torá no está dedicada a temas religiosos solamente, a metafísica o poesías de dioses y héroes, sino que se esmera aun en los pequeños detalles que permiten la mejor y más auténtica vida entre las personas.

Terminemos con una triste anécdota real ocurrida en la antigua Europa:

‘Aquel hombre era verdaderamente grosero, avaro y falto de sentimiento de todo tipo.

Fue agraciado con fortuna material, y se dedicaba a prestar a otros judíos, cobrándoles extremos intereses, sin importarle la prohibición de la Torá de hacer tal.

Sin embargo, tenía pago el mejor asiento de la sinagoga, disfrutaba siendo el mejor postor para las aliot a la Torá más importantes del año, y no descuidaba el kashrut, entre otras importantes cosas.

En cierta ocasión una anciana viuda, modista modesta, le pidió unos pocos kopecs, como para ir sobrellevando el duro invierno. Y ella recibió los menguados dineros de parte del mezquino hombre, quien pidió garantía, ¡no fuera que aquella indigna mujer lo estafara, sin pagarle su préstamo con creces! Empero, la anciana nada tenía de valor, una silla vieja y de pata quebrada, algunas agujas con las que penosamente hacía su labor, unos utensilios ahumados y envejecidos, y un espejo de cuerpo entero como ya no se hacían más, trabajado, labrado, esmerilado, que le servía para que sus ocasionales clientas pudieran apreciar la labor de sus lacrimosos desvelos.

El hombre quedó maravillado al ver su menguada imagen en ese noble espejo, lucía bien, próspero entre la miseria de la pobre vieja viuda.

El tacaño y desgraciado sujeto tomó el pesado espejo, y la mujer llorosa le gemía compasión, ¿cómo haría para trabajar sin su precioso y barato espejo? ¡Por favor, no se lo lleve!

Y es que eran las escasas monedas o el inmenso y pesado espejo…

Al final venció el indigno, quien cargó sobre sus hombros el objeto macizo, ¡¿acaso gastaría en alquilar un carro, ni soñar?!

Algunos centenares de metros lo separaban de su hogar, y a cada paso el peso se duplicaba, se triplicaba, parecía que el espejo cobraba los mismos usureros intereses que aquel envilecido hombre.

Resoplaba, sudaba, el corazón latía para huir de la fatigosa tarea, pero el cerebro sórdido no sabía de sentimientos, nada entendía de gemidos.

Su imagen grotesca y doblegada se reflejaba en el platinado espejo, veía sus arrugas, sus canas barbas, su kipá doblada bajo la carga, unos zapatos descascarados andando el polvoriento sendero. Y pensaba en porcentajes y próximas ganancias, mientras su ojos desorbitados lo contemplaban desde el espejo inmenso.

El ruido fue sordo, y muy pocos se percataron del pobre hombre, aplastado por su vil deseo.’

 

Preguntas:

  1. ¿Cómo podemos deducir el tremendo respeto que la Torá tiene hacia cualquier persona, sin importar su procedencia o pueblo?
  2. ¿Cómo sabemos que es de la Torá el tratamiento bondadoso hacia los animales?
  3. ¿Qué esta prohibido usar al mismo tiempo?
  4. ¿A qué pueblo maldito hay que erradicar de la Tierra? ¿Por qué hay que ser tan drásticos?
  5. ¿Está permitido el matrimonio en segundas nupcias?
  6. ¿Está permitido prestar y cobrar luego interés excesivo?
  7. ¿Qué hay que hacer con un objeto extraviado que hallamos?
  8. ¿Qué hay que poner en los extremos de las prendas de cuatro puntas?
  9. ¿Por qué es mejor no jurar?
  10. ¿Los pobres dependen sólo de lo que se les da directamente?

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