¿Cuál es el resultado de ser honesto?
La Torá promete que se alargarán nuestros días sobre la Tierra…pero, ¿por qué?
¿Acaso por algún milagro, o por premio de Dios?…
¿La Torá realmente ordena un genocidio? Esa pregunta me la hacen todo el tiempo — y la respuesta es mucho más profunda, más incómoda y más transformadora de lo que imaginás.
En este video hablamos de Amalek: quién fue, qué representa, y por qué los grandes maestros judíos hace siglos ya entendieron que esto no se trata de ningún pueblo ni de ninguna guerra étnica. Se trata de una fuerza que opera en el mundo… y dentro de cada uno de nosotros.
Esa voz que te enfría cuando estás a punto de crecer. El cinismo. El rencor. La procrastinación que en realidad es miedo. La parte de vos que ataca tus propios momentos de vulnerabilidad.
Eso es Amalek. Y la Torá — que es ante todo una Torá de vida, de Shalom, de integridad humana — nos dice que no le demos lugar.
Si alguna vez sentiste que la religión promueve el odio, este video es para vos. Y si ya estudiás Torá y querés ir más adentro, también. no perderte ningún video. 💬 Contame en los comentarios: ¿cómo se manifiesta tu «Amalek» personal? 👍 Si este video te aportó algo, compartilo — nunca sabés quién lo necesita hoy.
La parashá Ki Tetze contiene más mitzvot que cualquier otra sección de la Torá: 74 en total. Muchas de ellas parecen pequeñas, casi técnicas —como devolver un objeto perdido, ayudar a levantar la carga de otro, o no tomar la madre ave junto con sus crías del nido— pero el Midrash nos enseña que en esos detalles se revela la grandeza del alma.
Una hermosa anécdota del Midrash (Devarim Rabá 6:3) cuenta que cuando el rey David preguntó a Hashem qué mitzvá le daría mérito eterno, no fue la guerra ni el reinado lo que se destacó, sino que Hashem le mostró a David a una persona devolviendo un objeto perdido. “Este acto sencillo —dijo Hashem— es lo que sostiene el mundo.” David quedó asombrado: lo que parecía insignificante era, en verdad, eterno.
Recordarnos que no hace falta ser héroes para ser santos. Cada gesto de respeto, cada palabra justa, cada ayuda silenciosa construye una comunidad más elevada. Y en Shabat, cuando celebramos la creación, es el momento ideal para renovar nuestro compromiso con la dignidad en lo cotidiano.
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La parashá Ki Tetze (Deuteronomio 21:10 – 25:19) es una de las más densas en términos de mandamientos (mitzvot), conteniendo más de 70 preceptos, muchos de ellos aparentemente diversos: desde leyes de guerra, matrimonio y divorcio, hasta justicia, usura, derechos del pobre, honestidad en pesos y medidas, y la obligación de borrar la memoria de Amalek.
A primera vista, los temas parecen dispersos, pero al analizarlos en profundidad, se puede identificar un núcleo temático común y unificador:
✅ El núcleo temático común es: la santidad de la vida humana y la dignidad inherente del ser humano en todas las esferas de la vida.
Este principio actúa como hilo conductor de todos los mandamientos de la parashá. A continuación, cómo se manifiesta este tema central en diferentes áreas:
1. Dignidad humana en contextos de guerra
La mujer cautiva (Dt. 21:10–14): Aunque la guerra permite ciertas prácticas comunes en la antigüedad, la Torá humaniza la situación. No se permite el abuso inmediato; debe dársele tiempo para llorar a sus padres, y si no es amada, debe ser liberada con dignidad.
→ Respeto por la dignidad humana incluso en la guerra.
2. Justicia familiar y protección de los vulnerables
Derechos del hijo primogénito (Dt. 21:15–17): No se puede desheredar al primogénito por preferencias personales.
El hijo rebelde (Dt. 21:18–21): Aunque el caso es extremo y discutido por los sabios (casi hipotético), el enfoque es mantener el orden familiar y la responsabilidad.
Enterrar al ahorcado el mismo día (Dt. 21:22–23): «No dejarás que cuelgue toda la noche, porque el ahorcado es maldición de Dios».
→ Protección de la dignidad incluso del criminal muerto.
3. Responsabilidad social y ética
Devolver objetos perdidos (Dt. 22:1–3)
Ayudar al animal caído del vecino (Dt. 22:4)
→ Obligación de actuar con compasión y responsabilidad hacia el otro.
4. Límites y decencia en las relaciones humanas
Ley de la mezuzah y tzitzit (Dt. 22:5, 22:11–12): Prohibición de vestimenta que confunde identidades (lo que simboliza desorden moral), y el tzitzit como recordatorio de la santidad.
Prohibición de relaciones sexuales prohibidas (incesto, adulterio, etc.)
→ Protección de la integridad moral y la claridad en las relaciones humanas.
5. Protección de los marginados
No negar el jornal al trabajador pobre (Dt. 24:14–15)
No oprimir al extranjero, huérfano o viuda (Dt. 24:17–18, 21–22)
Permitir al pobre recoger gavillas, olivos y uvas (Dt. 24:19–21)
→ Reconocimiento de la dignidad del pobre y su derecho a vivir con respeto.
6. Justicia y equidad
Pesas falsas prohibidas (Dt. 25:13–16): «Aborrecible es al Señor…»
Castigo justo: «ojo por ojo», pero con límite: no más de 40 azotes (Dt. 25:1–3)
→ La justicia debe ser equilibrada, humana, sin exceso.
7. Amalek: negación de la dignidad humana
Recordar y borrar la memoria de Amalek (Dt. 25:17–19): Porque «atacó a los más débiles, a los cansados y rezagados», sin temor a Dios.
→ Amalek representa la negación total de la compasión y la dignidad humana.
La obligación de recordar es una defensa activa de esos valores.
Conclusión:
Aunque los temas son variados, todos convergen en un principio unificador: la necesidad de construir una sociedad donde cada ser humano sea tratado con dignidad, justicia y compasión, desde el campo de batalla hasta el hogar, desde el mercado hasta el tribunal.
🔹 Núcleo temático común: La dignidad humana como fundamento de una sociedad santa.
Este es el corazón de Ki Tetze: transformar lo cotidiano en sagrado mediante el respeto por la persona humana en todas sus dimensiones.
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En Ki Tetzé, la Torá despliega un mosaico de leyes que, a primera vista, podrían parecer meros códigos de conducta social o normas domésticas: desde la obligación de devolver un pájaro con sus crías hasta las instrucciones sobre prendas usadas, desde la justicia en los pesos y medidas hasta el deber de no oprimir al jornalero. Pero estas prescripciones, aparentemente cotidianas, no son simples reglas burocráticas; son hilos delicados que tejen una ética profunda, espejos del alma que reflejan los pliegues más ocultos de nuestra humanidad. Cada mandamiento es una invitación a mirar más allá del acto externo, a descifrar qué revela sobre nuestro trato con el otro, con la justicia, con la compasión, con nosotros mismos.
Este parashá no legisla solo conductas, sino conciencias. Nos enseña que la santidad no reside únicamente en lo trascendente, en el templo o en la oración, sino en el detalle doméstico, en el gesto inadvertido, en la elección silenciosa entre aprovechar o respetar. Es ahí, en lo pequeño, donde se forja el carácter moral. Porque en el judaísmo, no hay espiritualidad sin encarnación: no hay teshuvá (arrepentimiento verdadero) sin tikkún (reparación concreta); no hay acercamiento a lo divino sin el coraje de enfrentar lo humano.
Y es precisamente en este mes de Elul —el mes de la introspección, del examen del corazón, del acercamiento mutuo entre el ser humano y Dios— que estas leyes cobran un eco especial. Elul no es solo un tiempo calendárico; es una atmósfera espiritual. Es el mes en que, según la tradición, Dios baja del trono de justicia al campo del pueblo, camina entre nosotros como un pastor busca a sus ovejas. Ani Ledodi Vedodi Li — “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”: en Elul, la relación se vuelve íntima, cercana, vulnerable.
Cada mitzvá de Ki Tetzé se transforma entonces en un llamado íntimo: ¿Cómo trato al otro cuando nadie me ve? ¿Reparo lo que rompí, aunque sea con palabras? ¿Devuelvo no solo lo material, sino también la dignidad? La Torá no nos deja en la abstracción del arrepentimiento; nos exige bajar al terreno: devolver, pedir perdón, actuar con equidad, proteger al débil. Porque no hay redención sin responsabilidad, ni cercanía divina sin justicia terrenal.
Como dice el rezo de Elul: “Buscadme y viviréis” (Devarim 4:29). No es un mandato de búsqueda desesperada, sino una promesa: Élul es el mes en que Dios se hace encontrar. Pero también es el mes en que, por fin, nos atrevemos a mirar dentro. A confrontar nuestras contradicciones, a reconocer nuestras omisiones, a asumir que cada relación rota es un reflejo de un alma que necesita sanación.
Así, Ki Tetzé y Elul se encuentran en un punto sagrado: el de la transformación a través del detalle. Porque en el judaísmo, lo eterno se revela en lo cotidiano. Y en este tiempo de retorno, cada pequeña acción justa, cada gesto de compasión, cada paso hacia la reparación, no solo corrige el pasado, sino que construye un futuro más digno — para nosotros, para el otro, para el mundo.
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Querido estudiante del alma y buscador de sentido. Permíteme hablarte hoy de Parashat Ki Tetzé, una de las porciones más ricas, densas y reveladoras de la Torá. No por casualidad aparece en el corazón del libro de Devarim (Deuteronomio), en un momento en que el pueblo de Israel está a punto de cruzar el Jordán, dejar el desierto y entrar en una vida más compleja, urbana, social. Y tú, que también caminas por tu propio desierto interior, tal vez a punto de cruzar a una nueva etapa, encontrarás aquí más de lo que imaginas.
Ki Tetzé —“Cuando salgas a la guerra sobre tus enemigos”— así comienza, con una imagen de conflicto. Pero no se trata solo de batallas externas. Es una metáfora. Cada uno de nosotros, en su vida cotidiana, “sale a la guerra”: contra sus impulsos, contra la injusticia, contra el caos interior, contra relaciones rotas, contra la indiferencia. Y esta parashá no solo nos da leyes, sino herramientas para vivir con integridad.
Aquí, en apenas unas pocas páginas, encontramos 77 mandamientos —más que en cualquier otra parashá—. No es un catálogo abrumador, sino un mapa detallado de la vida ética. Desde cómo tratar a los prisioneros de guerra, hasta la obligación de construir barandas en los techos para evitar accidentes. Desde la justicia en los pesos y medidas, hasta la prohibición de odiar al edomita o al egipcio, porque “fuiste extranjero en su tierra”.
¿Qué nos enseña esto? Que la santidad no está solo en lo sagrado, sino en lo cotidiano. No necesitas un templo para ser santo. Solo necesitas tratar con justicia a tu trabajador, devolver un abrigo empeñado al pobre antes del anochecer, o no cortar todo el árbol frutal en un sitio de guerra. La Torá nos dice: Tu humanidad se mide en los detalles.
Y hay un pasaje que siempre me conmueve: el del ben sorer umoré, el hijo rebelde. Un joven que no obedece, que se entrega al vino y a la glotonería. La Torá describe un proceso judicial extremo, pero los sabios del Talmud lo interpretan de forma tan restrictiva que, en la práctica, nunca ocurrió. ¿Por qué incluirlo entonces? Para enseñarnos que incluso en el caso extremo del rechazo filial, la Torá nos obliga a reflexionar, a juzgar con rigurosa precaución, a crear barreras legales que eviten la crueldad. No es una ley para aplicar, sino una advertencia: el castigo no puede ser más rápido que el entendimiento.
Como psicólogo, te digo: muchas veces actuamos como si pudiéramos “eliminar” lo que no entendemos —la rebeldía, el dolor, el otro que piensa distinto—. Pero Ki Tetzé nos enseña otra vía: la del acompañamiento, la del límite con compasión, la del orden que protege la vida.
Y luego, nuestra parashá nos trae la mitzvá de borrar el nombre de Amalek: “Acuérdate de lo que te hizo Amalek… no olvides”. Pero ¿qué hizo Amalek? No fue un ejército frontal. Fue el que atacó a los más débiles, a los rezagados, en el camino. Fue el que eligió el momento de mayor vulnerabilidad. Hoy, Amalek no es solo un pueblo antiguo. Es la indiferencia. Es el cinismo. Es el que aprovecha el dolor ajeno para herir más. Es la voz interior que susurra: “No vale la pena ayudar, no cambiará nada”. También es Hamas y sus cómplices en occidente. También es el antisemita que se disfraza de «derechista humane».
Por eso, el mandato no es solo recordar, sino no olvidar. Porque olvidar es permitir que el mal se repita sin resistencia.
Y aquí, querido amigo, está la moraleja que el alma necesita escuchar:
La vida no se vive en grandes gestos heroicos, sino en decisiones pequeñas, repetidas con conciencia. Cada vez que eliges la justicia sobre la conveniencia, la empatía sobre el juicio, la responsabilidad sobre la indiferencia, estás cumpliendo Ki Tetzé. No se trata de ser perfecto, sino de ser presente. De construir barandas en tu corazón para que nadie caiga. De devolver el abrigo al necesitado, aunque no lo pida. De no dejar que el Amalek interior te convenza de que nada importa; ni dar tribunas o cámaras de resonancia a los exterminadores que buscan destruir nuestra presencia y con ellos borra el recuerdo de la Divina Presencia.
La Torá no te pide que seas un ángel. Te pide que seas humano… con propósito.
Y así, paso a paso, guerra tras guerra interior, construyes no solo una vida digna, sino un mundo más justo.
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En un mundo cada vez más acelerado y desconectado, la parashá Ki Tetzé nos ofrece valiosas lecciones sobre cómo mantener nuestra espiritualidad y humanidad en la época actual. Esta sección de la Torá, que abarca desde Deuteronomio 21:10 hasta 25:19, está repleta de mandamientos que, aunque específicos en su contexto, tienen un profundo significado espiritual y ético que resuena en nuestros tiempos.
Uno de los temas centrales de Ki Tetzé es la importancia de la justicia y la compasión. Desde la obligación de devolver objetos perdidos hasta la protección de los más vulnerables, como los huérfanos y los conversos, la Torá nos recuerda que la verdadera espiritualidad se manifiesta en nuestras acciones diarias. En una época donde la desigualdad y la indiferencia pueden ser la norma, estas enseñanzas nos invitan a ser más conscientes y solidarios con nuestros semejantes.
Además, la parashá nos enseña sobre la importancia de la dignidad humana. La prohibición de humillar un cadáver y la obligación de tratar con respeto a todos, incluso a los enemigos, subrayan la necesidad de valorar la vida y la dignidad de cada persona. En un mundo donde la violencia y la degradación pueden ser comunes, estas lecciones nos llaman a actuar con empatía y respeto.
La espiritualidad en la época actual no se trata solo de rituales y oraciones, sino de cómo vivimos nuestras vidas y tratamos a los demás. Ki Tetzé nos enseña que la verdadera espiritualidad se encuentra en la justicia, la compasión y el respeto. Al seguir estos mandamientos, podemos cultivar una vida más plena y significativa, y contribuir a un mundo más justo y compasivo.
Que estas enseñanzas nos inspiren a ser mejores personas, a valorar y respetar a cada ser humano, y a trabajar juntos por una sociedad más armoniosa y solidaria. En un mundo lleno de desafíos, la parashá Ki Tetzé nos ofrece un camino hacia una espiritualidad auténtica y profunda.
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Sidrá 49ª de la Torá; 6ª del sefer Devarim. Entre pesukim 21:10 y 25:19.
Haftará en Ieshaiá 54:1-10.
La parashá Ki Tetze nos ofrece una gran cantidad de mitzvot, que, aunque muchas de ellas eran específicas a su contexto social y cultural, tienen un profundo mensaje de compañerismo y respeto mutuo para todas las generaciones. Desde la obligación de ayudar a levantar un animal caído hasta el mandato de respetar el cuerpo de una persona difunta, la Torá nos recuerda la importancia de tratar a todos con dignidad y compasión.
Con recurrente intensidad, muchísimos de los preceptos en la parashá (así como en el resto de la Torá) subrayan la necesidad de ser solidarios y justos con nuestros semejantes, incluso (o especialmente) cuando no esperamos recibir absolutamente nada a cambio.
Porque la idea de la solidaridad es ser auténticamente generosos, y no realizar una especie de negociación para obtener ganancias.
En un mundo donde la competencia y el individualismo pueden prevalecer, estas mitzvot nos invitan a cultivar una sociedad basada en la empatía y el apoyo mutuo.
Aprender a construir SHALOM, interno y externo, para asegurarnos que a través de pensamientos, palabras y acciones que combinen armónicamente la justicia y la bondad, podamos crear una existencia pacífica y agradable.
Como seres humanos, estamos llamados a ser guardianes unos de otros, a respetar las diferencias y a actuar con justicia y bondad. En cada acción, grande o pequeña, tenemos la oportunidad de fortalecer los lazos de compañerismo y construir una comunidad más armoniosa y solidaria.
Que estas enseñanzas nos inspiren a ser mejores compañeros, a valorar y respetar a cada persona, y a trabajar juntos por un mundo más justo y compasivo.
Perek 21:
Esta parashá contiene varias mitzvot, principalmente de carácter social.
Mujer de un pueblo enemigo: Si un hombre viera una mujer de un pueblo enemigo y subyugado en la batalla, no la tomará directamente, sino que la respetará y deberá seguir un ritual descrito esta semana en la Torá para desposarse con ella.
Derechos del primogénito: Todo hijo primogénito, incluso el nacido de una esposa no querida, tiene derecho a sus privilegios naturales como hijo mayor.
Hijo pendenciero y rebelde: Se alecciona sobre cómo ajusticiar al hijo extremadamente pendenciero y rebelde.
Respeto a los cadáveres: Ningún cadáver humano debe ser humillado; el de la persona ahorcada no puede estar colgado toda la noche, sino que debe ser sepultado de inmediato.
Perek 22:
Objetos perdidos: Es mitzvá devolver el objeto perdido a su legítimo dueño.
Ayuda a los animales: Es obligación ayudar a levantar un animal caído o su carga.
Vestimenta: Hombres y mujeres no pueden vestir ropas del otro sexo.
Nidos de aves: Cuando se quisiera tomar unos huevos del nido de un ave, primero hay que espantar a la madre del nido.
Vallas en techos: Es obligación levantar una valla alrededor del techo de la casa.
Mezclas prohibidas: Se prohíbe mezclar distintas especies en el mismo campo, arar con buey y asno en yunta, o vestir lana y lino al mismo tiempo.
Tzitzit: Las vestiduras con cuatro puntas deben tener atados Tzitzit en ellas.
Perek 23:
Relaciones sexuales prohibidas: Están estipuladas las relaciones sexuales prohibidas.
Tratamiento compasivo al esclavo: Se dictan las leyes con respecto al tratamiento compasivo hacia el esclavo, incluso al que escapa.
Prohibición de la usura: La Torá prohíbe la usura ejercida entre las personas del pueblo.
Juramentos: Se reitera la prohibición de elevar juramentos, y si se hacen, cumplirlos prestamente.
Derechos del trabajador: Un trabajador, en cuanto cosecha, tiene permitido comer de los frutos del campo, pero no de apropiarse de ellos y llevarlos para el hogar.
Perek 24:
Matrimonio y divorcio: Se legisla acerca del matrimonio, del divorcio y de las segundas nupcias. El recién casado está libre de reclutamiento en su primer año de casado.
Prendas: No tomar prendas de nadie que las tenga como única posesión.
Secuestro: Se dicta la sentencia por secuestro de persona.
Pago del jornalero: No se debe retrasar el pago del jornalero.
Protección a conversos y huérfanos: Personas conversas y los huérfanos son protegidos especialmente por la Torá.
Derechos de los pobres: Los pobres tienen derecho a esforzarse para hacerse con una parte de la cosecha.
Castigos: Una corte puede castigar a latigazos, pero con restricciones. No se debe castigar al que pecó por presiones ejercidas con malicia por otros.
Trato al buey: El buey que está trillando no debe ser maltratado; por el contrario, se debe dejar que coma aún mientras trabaja.
Levirato: Se estipula que el hermano se case con la viuda de su hermano, si este no dejó descendencia masculina.
Pesos y medidas: No se permite engañar en pesos y medidas.
Amalek: Amalek era un antiguo pueblo dedicado exclusivamente a destruir al pueblo judío y borrar la relación con el Uno y Único Dios de la mente y corazones de las personas. La Torá ordena que su presencia física y espiritual, debe ser eliminada de la tierra, por ser este un pueblo en extremo perjudicial y maligno. Es mitzvá recordar y cumplir con esto.
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Hoy nos reunimos para explorar las enseñanzas de la Parashá Ki Tetze, que acabamos de leer el shabat que pasó. Esta porción de la Torá contiene una gran cantidad de mandamientos y leyes, abordando una amplia gama de temas que son relevantes para nuestras vidas incluso en la actualidad. Me gustaría compartir con ustedes una anécdota histórica fascinante que nos brinda una perspectiva única sobre uno de estos mandamientos.
En el siglo XVI, vivió un destacado rabino llamado Moisés Isserles, conocido como el Remá, quien residía en Cracovia, Polonia. Durante esa época, los judíos se enfrentaban a leyes discriminatorias que limitaban su libertad y derechos. Sin embargo, el Remá fue un firme defensor de los judíos y luchó por su bienestar en todo momento.
Una de las situaciones más difíciles a las que se enfrentó fue cuando el gobierno polaco emitió un decreto que prohibía a los judíos construir nuevas sinagogas. Esto causó gran consternación y tristeza en la comunidad judía. Pero el Remá no se dejó desanimar. Decidió utilizar su ingenio y sabiduría para encontrar una solución.
El Remá recordó que la prohibición era específica para la construcción de «sinagogas», pero no mencionaba nada acerca de las «casas de estudio». Con astucia, el Remá convenció a la comunidad para que construyera «casas de estudio» que tuvieran todas las características de una sinagoga, pero sin ser llamadas como tal. De esta manera, lograron cumplir con la ley mientras mantenían un lugar sagrado para el estudio y la oración.
Esta historia nos enseña la importancia de perseverar frente a los desafíos y encontrar soluciones creativas para mantener nuestras tradiciones y valores. A pesar de las dificultades, el Remá nos enseña que debemos encontrar formas de adaptarnos y mantener nuestra identidad judía en cualquier circunstancia.
Queridos amigos, en nuestras propias vidas, a menudo enfrentamos obstáculos y desafíos. A veces, sentimos que las circunstancias nos impiden seguir nuestros ideales y creencias. Pero, al igual que el Remá, debemos recordar que tenemos la capacidad de encontrar soluciones innovadoras y creativas.
La Parashá Ki Tetze nos recuerda la importancia de vivir de acuerdo con los principios éticos y morales que la Torá nos enseña. Nos insta a tratar a los demás con compasión y justicia, a no olvidar a los menos afortunados y a actuar con integridad en todas nuestras transacciones.
Hoy, quiero animar a cada uno de ustedes a reflexionar sobre cómo podemos aplicar estas enseñanzas en nuestras propias vidas. Recordemos que nuestras acciones pueden tener un impacto significativo en el mundo que nos rodea. Cada pequeño acto de bondad, cada palabra de aliento, puede marcar la diferencia en la vida de alguien.
Así que, en esta jornada, les invito a comprometerse a vivir con un propósito elevado. Que nuestras acciones reflejen los valores de compasión, justicia y amor por nuestro prójimo. Que encontremos la fuerza para superar los obstáculos y perseverar en la búsqueda de un mundo mejor.
Que esta Parashá Ki Tetze nos inspire a ser agentes de cambio en nuestras comunidades y en el mundo en general. Recordemos que nuestras acciones tienen el poder de transformar y mejorar nuestro entorno.
En conclusión, recordemos la historia del Remá y su ingenio para enfrentar desafíos. Sigamos su ejemplo y busquemos soluciones creativas para mantener vivos nuestros valores y tradiciones. Aprovechemos esta oportunidad para reflexionar sobre nuestras acciones y comprometernos a vivir de acuerdo con los principios de la Torá.
¡Que todos tengamos un año lleno de bendiciones, crecimiento espiritual y cumplimiento de nuestras metas!
Shacua tov y shaná tová.
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Hoy quiero compartir con ustedes un mensaje inspirador basado en la Parashá Ki Tetze. Esta porción semanal de la Torá contiene numerosas enseñanzas y reflexiones que son relevantes para nuestra vida cotidiana, y espero que podamos encontrar inspiración en ellas juntos.
La Parashá Ki Tetze nos presenta una amplia gama de mandamientos y leyes, abordando temas como la justicia social, la relación con nuestros semejantes y nuestra responsabilidad hacia los más vulnerables de nuestra sociedad. Es un recordatorio de que la verdadera fe no se trata de rituales y oraciones, sino de llevar una vida ética y moral que refleje los valores más profundos de nuestra tradición.
Uno de los temas centrales de esta parashá es el trato justo y equitativo hacia los demás. Encontramos mandamientos que nos instan a no oprimir al trabajador, a pagar salarios justos y a tratar con compasión a los menos afortunados. Estos mandamientos nos recuerdan que cada persona, sin importar su estatus o posición social, merece dignidad y respeto.
Además, la Parashá Ki Tetze nos enseña la importancia de cuidar y proteger a los más vulnerables en nuestra sociedad. Encontramos mandamientos que nos instan a no abandonar al extranjero, al huérfano o a la viuda, recordándonos que somos responsables de brindar apoyo y amparo a aquellos que más lo necesitan. Esta enseñanza resuena especialmente en nuestros tiempos, donde el individualismo y el egoísmo a menudo prevalecen. Debemos recordar que nuestro compromiso con el prójimo es fundamental en nuestra tradición.
Además de estos temas, la Parashá Ki Tetze nos presenta muchas otras enseñanzas valiosas, como la importancia de la honestidad, la fidelidad en los negocios y la importancia de la construcción de relaciones saludables y respetuosas.
Al reflexionar sobre esta parashá, me gustaría invitarlos a considerar cómo podemos aplicar estos principios en nuestras vidas diarias. ¿Cómo podemos ser más conscientes de las necesidades de los demás? ¿Cómo podemos trabajar para construir una sociedad más justa y equitativa? ¿Qué acciones podemos tomar para marcar la diferencia en la vida de aquellos que nos rodean?
Recordemos que cada uno de nosotros tiene el poder de impactar positivamente a los demás y de crear un cambio significativo en nuestra comunidad. A través de nuestras acciones diarias, podemos ser una fuente de inspiración y luz para aquellos que nos rodean.
En conclusión, la Parashá Ki Tetze nos desafía a vivir de acuerdo con los valores más profundos de nuestra tradición, a ser justos, compasivos y responsables. Que podamos encontrar inspiración en estas enseñanzas y llevarlas a la práctica en nuestras vidas diarias.
Gracias por acompañarme en este sagrado hogar, serjudio.com y en mi canal: https://www.youtube.com/yehudaribco . Espero que estas reflexiones nos motiven a todos a crecer espiritualmente y a encontrar formas significativas de contribuir al mundo que nos rodea.
Shabat Shalom y hasta la próxima ocasión.
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Aquí hay algunas maneras en las que podemos aplicar los principios de la Parashá Ki Tetze en nuestra vida diaria:
Practicar la justicia y la equidad: Busca oportunidades para tratar a los demás con justicia y equidad en todas tus interacciones. Esto puede significar ser honesto en tus tratos comerciales, asegurarte de pagar salarios justos a tus empleados o compañeros de trabajo, y evitar cualquier forma de opresión o explotación.
Cultivar la compasión: Presta atención a las necesidades de los demás y busca formas de ayudar. Puede ser ofreciendo apoyo emocional a un amigo en dificultades, brindando asistencia a personas necesitadas o considerando cómo tus acciones y decisiones afectan a los que te rodean. La compasión nos lleva a ser sensibles a las luchas y desafíos de los demás, y nos motiva a actuar para aliviar su sufrimiento.
Proteger a los vulnerables: Tal como se menciona en la Parashá Ki Tetze, es importante cuidar y proteger a los más vulnerables en nuestra sociedad. Esto puede implicar involucrarte en proyectos de voluntariado que brinden apoyo a los más necesitados, abogar por los derechos de los marginados o buscar formas de contribuir a organizaciones benéficas que se ocupen de los desamparados, los huérfanos o los extranjeros.
Practicar la honestidad: La honestidad es un valor fundamental en la tradición judía. Procura ser honesto en todas tus interacciones, tanto en tus relaciones personales como en tus transacciones comerciales. Evita la mentira, el engaño y el fraude, y busca siempre la verdad y la transparencia en tus acciones.
Cultivar la empatía y el respeto: Reconoce la humanidad en cada persona que encuentres y muestra respeto hacia ellos, independientemente de su origen étnico, religión, género u orientación sexual. Practica la empatía al tratar de comprender las perspectivas y experiencias de los demás, incluso cuando difieran de las tuyas. Fomenta un entorno en el que todas las voces sean valoradas y respetadas.
Recuerda que la aplicación de estos principios requiere un esfuerzo constante y deliberado. A medida que te comprometas con ellos, verás cómo tus acciones diarias pueden tener un impacto significativo en tu vida y en la vida de los demás. La Parashá Ki Tetze nos recuerda la importancia de vivir de acuerdo con los valores éticos y morales de nuestra tradición, y al hacerlo, podemos contribuir a construir un mundo más justo y compasivo.
Por supuesto que hay muchísimas más enseñanzas, que te invito a conocer aquí mismo, en serjudio.com, o en mi canal de YouTube: https://www.youtube.com/yehudaribco
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Hace algún tiempo, en una pequeña comunidad, había un hombre llamado David, quien era un líder respetado y querido por todos en su vecindario. Siempre actuaba con justicia y compasión, y todos acudían a él en busca de consejo y ayuda.
Un día, una familia enfrentó una situación difícil. Habían perdido su hogar debido a una serie de circunstancias desafortunadas y se encontraban en una situación desesperada. Sin un lugar donde vivir, se vieron obligados a dormir en la calle.
Cuando David se enteró, inmediatamente decidió tomar medidas. Se acercó a su comunidad y compartió la historia de esta familia necesitada. Explicó la difícil posición en la que se encontraban y cómo el apoyo de todos podría marcar la diferencia en sus vidas. ¡Pero ojo! Hizo hincapié que el todos no implicaba que la acción se iba diluir y desaparecer, porque cada uno confiaba que era el otro el que iba a hacer algo. Todos no es sinónimo de nadie, sino del mancomunado esfuerzo de cada uno.
La comunidad, inspirada por las palabras de David, se unió en solidaridad. No se quedaron en rezos y buenas intenciones, no sumaron palabras bonachonas sobre palabras amables, no buscaron generar lindos sentimientos hacia esa familia solamente, sino que, cada persona contribuyó según sus posibilidades: algunos ofrecieron alojamiento temporal, otros donaron ropa y alimentos, mientras que algunos brindaron orientación y apoyo emocional.
David, como líder auténtico, coordinó los esfuerzos y trabajó incansablemente para asegurarse de que cada necesidad de la familia fuera atendida. Utilizó su influencia para conectarse con organizaciones locales y obtener recursos adicionales que pudieran ayudar a la familia a recuperarse y encontrar un hogar permanente.
Hizo que cada integrante de la comunidad estuviera coordinado en el trabajo de ayudar a esta familia a salir de la precaria situación y pudieran estar en condiciones de recomenzar una vida de auto respeto y provecho comunitario.
Gracias a la compasión y la acción colectiva de la comunidad, la familia pudo superar su difícil situación. Encontraron un nuevo hogar y recibieron el apoyo necesario para comenzar de nuevo. La comunidad se convirtió en un ejemplo vivo de cómo la justicia y la compasión pueden transformar vidas y construir un entorno más solidario.
Ayudaron a que el hambriento obtuviera nuevamente una caña y le permitieron encontrar un lago donde pescar, pero no lo agobiaron con falsa generosidad, ni le impidieron hacer su propia parte para retomar su camino de integridad.
La historia de David y la comunidad que se unió en solidaridad nos recuerda que cada uno de nosotros tiene el poder de marcar la diferencia en la vida de los demás. Al seguir los principios de justicia y compasión, podemos crear un impacto positivo y construir comunidades más fuertes y unidas.
Esta historia es solo un ejemplo de cómo la enseñanza de la parashá Ki Tetzé puede manifestarse en nuestras vidas diarias. Nos insta a ser personas justas y compasivas, y a utilizar nuestras habilidades y recursos para ayudar a aquellos que lo necesiten.
No desde el paternalismo ni impidiendo el desarrollo personal con el buenismo castrador, sino con el aliciente para que cada uno tome impulso y vuele alto con su propio aleteo, con la ayuda de Dios.
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«כִּֽי־יִקַּ֥ח אִישׁ֙ אִשָּׁ֣ה חֲדָשָׁ֔ה לֹ֤א יֵצֵא֙ בַּצָּבָ֔א וְלֹֽא־יַעֲבֹ֥ר עָלָ֖יו לְכׇל־דָּבָ֑ר נָקִ֞י יִֽהְיֶ֤ה לְבֵיתוֹ֙ שָׁנָ֣ה אֶחָ֔ת וְשִׂמַּ֖ח אֶת־אִשְׁתּ֥וֹ אֲשֶׁר־לָקָֽח
: ‘Si un hombre ha tomado recientemente esposa, no irá al ejército, ni se le impondrá ninguna obligación. Estará libre en su casa durante un año, para alegrar a su mujer que tomó.» (Devarim/Deuteronomio 24:5)
Al respecto traduce e interpreta el targum Ieonatán:
Paso a explicar muy brevemente.
El sabio intérprete Ieonatán era de los más encumbrados intelectuales de la espiritualidad en su época, uno de los alumnos del anciano Hillel. Su traducción al arameo es una poderosa herramienta de comprensión y estudio. Los académicos indican que se le atribuye a este maestro la traducción, siendo en realidad una obra de varios autores a lo largo de varios siglos y lugares.
En el verso que estamos estudiando, el targum dice que el varón debía quedarse con su nueva esposa para alegrarse junto a ella.
Esta manera de ver el texto no resulta de la literalidad de la Torá, pues allí pareciera expresar que no va a la guerra el varón porque su obligación está en alegrar a su novel esposa, y no en luchar una guerra contra el enemigo.
Es entonces que el sabio Rashi que aquel que interpreta/traduce que el marido se alegra junto a su esposa, se equivoca, porque la Torá está diciendo que la ha de alegrar a ella, no alegrarse con ella.
Este modo brusco de Rashi, muy poco frecuente en él, podría generar alguna rispidez, pues, ¿cómo se hubiera atrevido Rashi a decir lisa y llanamente que se equivoca uno de los ilustrados alumnos de Hillel hazakén?
Los que concilian entre los maestros nos dicen que para Rashi está primero el buen sentido del texto, antes que ocultar los errores, aunque sean cometidos por grandes maestros. Pues, también los muy sabios pueden equivocarse, y lo hacen.
Por tanto, Rashi tiene que decir con claridad que aquí hay un error, por su compromiso con la verdad más que con el ego de aquel que pudiera ofenderse.
Sin embargo, si notamos con detalle nos encontramos que Rashi no está en realidad contradiciendo al targum Ieonatán. Sino que nos permite dar una mirada más profunda al asunto. Es el deber del marido hacer de su parte todo lo necesario para que su esposa esté satisfecha y pueda estar alegre, si eso se consigue, entonces él también estará alegre junto a ella.
¿Se entiende?
No debemos poner el énfasis en el motivo de alegrarse egoísta del marido, sino que eso surge de forma espontánea por su conducta generosa y de entrega hacia su esposa, buscando el verdadero beneficio de ella sin esperar nada a cambio. Por ello, surge para él también la alegría, la sincera y saludable.