Hacia el final de la parashá Ki Tetzé, la Torá ordena al pueblo judío:
«Recuerda lo que te hizo Amalec en el camino cuando salías de Egipto … borrarás la memoria de Amakek de debajo del cielo; no lo olvidarás »
(Devarim / Deuteronomio 25: 17,19)
¿Para qué dice «recordar» y además «no olvidar»?
¿No se supone que son lo mismo?
Porque, el que recuerda no olvida.
Entonces, no se entiende cuál es la finallidad de la Torá al duplicar su mensaje.
O, ¿quizás no hay duplicación y en verdad sean dos cosas complementarias y diferentes?
El Talmud (Meguilá 18a) entiende esto último exactamente, y explica que ‘recordar’ es una expresión física y verbal; en tanto que ‘no olvidar’ se hace en el corazón/mente.
Así pues, no son lo mismo, pero ambas se complementan para hacer una única realidad.
Que haya un recuerdo que implique el compartir aquello que está en la memoria, que lo contemos, que lo transmitamos, que sea conocido por los que no lo vivieron; para lo cual precisamos tenerlo en algún lugar de la mente y no permitir que esa historia se borre.
En este fragmento, entonces, la Torá está siendo muy explícita y enfática en lo que espera de los judíos.
Que las atrocidades que padecimos por parte de nuestros enemigos, que son pretendidos enemigos de Dios, no sea olvidada; ni por las víctimas, pero tampoco por sus descendientes y el resto de la gente. No porque queremos el papel de la «víctima», sino para que cosas tan horribles no vuelvan a acontecer y para que los malosos de todos los tiempos no prosperen y tengan éxito en sus sucios planes.
Debemos recordar y entrenarnos para no caer nuevamente en las trampas de los indignos, porque si olvidamos, tenemos el riesgo de ser nuevamente torturados por los que obran mal.
Pero, tampoco podemos estar atrapados por el recuerdo amargo, ni vivir pendientes del daño pasado y que pudiera volver a concretarse. Debemos ser libres de esa pesada carga y no seguir sufriendo a causa de lo que ya pasó.
Pero, que esa liberación saludable y necesaria no sea excusa para que el malvado resurja u otros con similares intenciones negativas lo haga.
Por tanto, recordar sanamente, con astucia, con elegancia.
Parashat Ki Tetzé continúa con una enorme lista de las leyes y reglas dadas al pueblo de Israel antes de su entrada a la tierra. Iremos viendo algunas pocas de ellas.
Esta semana leeremos la parashá Ki Tetzé, que contiene muchísimos preceptos, 74 en total, que son de los más variados y que apuntan en general a un mejoramiento integral de la sociedad y del individuo. Esta parashá no se detiene en preceptos rituales, sino mayormente en cuestiones relacionadas al vínculo entre las personas y también al respeto por la propiedad privada.
Más de una vez la Torá demanda a la persona judía que tenga presente este hecho.
Estamos a pocos días de Rosh haShaná, cuando es tiempo de mirar el año que ya casi ha pasado, darnos cuenta de cómo estamos parados hoy día ante la vida y para ponernos metas hacia el futuro.
La perashá Ki Tetzé cuenta con una diversidad de temáticas, siendo la primera de ellas el salir a la batalla en contra del enemigo y cómo comportarse espiritualmente incluso en el caos de la guerra.
El pasaje del profeta Ieshaiá (Isaías) resuena esta semana en la haftará:
En esta perashá encontramos 74 preceptos que refieren a diversas cuestiones: la vida íntima, la relación de pareja, crianza de hijos, responsabilidad social, honestidad comercial, rectitud laboral, conducta sexual, integración comunal, conexión con Dios, entre otras que tratan de formar a una persona saludable en una sociedad plena.
Setenta y cuatro son las mitzvot en la parashá Ki Tetzé, podemos ver una concisa lista haciendo
Ser pioneros y creadores de una nacionalidad no es una tarea sencilla. Imagínate todo lo que implicó para los judíos al llegar a la Tierra Prometida organizar y mantener un país completo, con todos los contratiempos y dificultades que se presentan a diario: distribución del agua, evitar el hambre, alojar a los ciudadanos, proveer de servicios básicos, conexión entre poblados, conflictos locales, guerras con enemigos, sequías e inundaciones, establecer rutas de comercio, organizar la vida social, insubordinación, delincuencia, pobreza, enfermedad, fortalecer y transmitir la propia cultura, entre otras.