No es historia

Hay algunos que consideran que el valor de la Torá y la Tradición se encuentra en la conexión que establece con la grandeza espiritual del pasado de nuestra nación.
Asumen que Torá y Tradición son monumentos de sucesos en la historia de Israel (de la humanidad), que nos permiten establecer una conexión espiritual/emocional con Avraham, Moshé, David, los profetas, en fin, con todas aquellas personalidades que hicieron que la vida fuera algo diferente al monótono pasaje de los fieles a la esclavitud e idolatría.
Los que así consideran, también parecieran creer que en aquellas lejanas épocas hubiera existido un espíritu de pureza, de inocencia e ingenuidad, y de total compromiso con los mandamientos ordenados por Dios, cosas que estarían ausentes en la actualidad, ya que no serían compatibles con el trajinar de la era moderna.

Esta visión idealizada del pasado de la nación judía, correctamente señala la búsqueda de Dios que nuestros ancestros sostenían con firmeza.

Sin embargo, adolece de una gran falla, y es que hace de la Torá y la Tradición un fósil, una reliquia, algo que ha quedado petrificado en el pasado, y que no ha mantenido su vida, su dinamismo, su contacto con la realidad diaria.
Tal como si la Torá fuera una postal del pasado, y no sirviera como una clave para la vida diaria.
Tal como si la Tradición fuera un objeto muerto para ser comunicado con honores de una generación a la siguiente, pero sin afectar realmente la vida de los que la trasmiten y reciben.

Así pues, idealizan el pasado, en tanto quitan actualidad a la Torá y la Tradición, y las desconectan del presente.

Esta ideología funciona como un obstáculo para percibir la Presencia de Dios en nuestras vidas. Pues Lo ubica lejos y hace mucho, ordenando mandamientos a los antiguos, iluminando sus pasos, pero como careciendo de efectos, e interés, en lo que a nosotros respecta.
Como si los mandamientos fueran saludables para los ancestros, pero inútiles para los habitantes de la era actual.

Llegados a este punto de razonamiento, es frecuente escucharlos opinar que de la Torá se debe rescatar las leyes morales y éticas, aquellas que se consideran útiles a los fines y modos de vida modernos, aquellas que impiden que el hombre sea el lobo del hombre.
(Por ejemplo: está muy bien que la Torá diga de amar al prójimo, o de ayudar al necesitado, o de no guardar rencor, o de ser justos, etc.).
Pero, continúan argumentando, sin inconvenientes se puede desechar los mandamientos que sean estimados como rituales, esos que a ojos de la modernidad no tienen motivo provechoso o alguna razón comprensible por la mente humana.
(Por ejemplo: es un resabio del pasado, y un estorbo para el presente (Dios no permita) que la Torá ordene comer solamente de ciertas especies animales, o que hay que abstenerse de ciertas relaciones sexuales, o que es obligatorio ponerse Tefilín casi todos los días del año, o que hay que prescindir de específicas labores en Shabbat, etc.).
Y así, movidos por sus deseos, aspiraciones, comodidades, ignorancias, rebeliones, porfías, repiten como un estribillo lo que dijeran antiguamente algunos rebeldes:

"Yo tendré paz, aunque ande en la terquedad de mi corazón"
(Devarim / Deuteronomio 29:18)

Es decir, suponen que pueden alcanzar el desarrollo integral, la paz, el sentido de sus vidas, exclusivamente haciendo aquello que tienen ganas de hacer, y rechazando lo que es su deber realizar.
Y no es así el modo correcto de proceder.

La Torá es un sistema total, que incluye tanto los mandamientos rituales como los mandamientos sociales; con acciones que pueden ser medidas por nuestra lógica y razonamiento y otras que escapan de nuestro entendimiento.
Si se pretende eliminar siquiera uno de los mandamientos, quitarle su valor para la vida moderna, se está atacando el mismo fundamento de la Torá.
En ese caso, ya no se está en el camino de la Torá, sino en el propio, y apartándose de lo que Dios ha establecido como norma correcta.

En nuestra brevísima parashá se explicita claramente:

"Todos vosotros estáis hoy delante del Eterno vuestro Elokim"
(Devarim / Deuteronomio 29:9)

Todos los judíos.
Hoy.
Delante de Dios.

Es la Torá la que nos dice sin reticencias que su interés no está en que veneremos el pasado, o que alabemos las dotes espirituales de nuestros antepasados, o que decidamos que los mandamientos son vestigios de otras épocas y caducos ahora.
Es la Torá la que nos declara que:

"No sólo con vosotros hago yo este pacto y este compromiso solemne; ciertamente es con el que está aquí con nosotros hoy, delante del Eterno nuestro Elokim, y también con aquel que no está aquí con nosotros hoy."
(Devarim / Deuteronomio 29:13-14)

Todos los judíos, de todas las épocas y regiones.
Hoy, tal como ayer y mañana.
Delante de Dios.

Así pues, reconocer las luces y sombras del pasado es muy provechoso, para aprender de los ejemplos, para no cometer similares yerros y para remarcar los pasos que llevan al crecimiento.
Pero, es HOY que se debe vivir.
Es HOY que está resonando el eco de la Revelación de Dios en Sinaí.
Es AHORA que debemos ponernos en campaña para hacer nuestro mejor esfuerzo, para cumplir aquella mitzvá que está esperando a que nosotros le demos vida.
Pues, si yo no hago la parte que me corresponde (me guste o no, sea concerniente a lo ritual o a lo ético), ¿quién lo hará por mí?
En palabras de los Sabios:

"Hillel solía decir: si yo no hago mi parte, ¿quién la hará?
Y si yo me dedico solamente a mí, ¿qué soy?
Y si no es ahora, ¿cuándo será?
"
(Avot 1:14)

AQUÍ y AHORA es el momento de dar el paso que nos falta para ascender un escalón más.
HOY es el momento de liberarnos de la pereza e ignorancia, ya que ininterrumpidamente continuamos siendo testigos de la Revelación en Sinaí.
ÉSTE es el instante del cual depende que haya un poco más de Luz en el mundo.
Y, depende de MÍ, de TI.

¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Shana Tová!

Moré Yehuda Ribco

 

Relato

Un joven compositor se presentó ante Mozart para pedirle consejos acerca de como desarrollar sus aptitudes musicales. Sentía que estaba capacitado, pero no encontraba las claves como para mejorar y hacer salir su más acabada inspiración.
Estaba seguro de que el maestro le daría las pautas como para convertirlo en un grande de la música.

El genio le respondió: ‘Le recomiendo que empiece por escribir composiciones sencillas, sin grandes pretensiones. Canciones para niños o similares.’

A lo que el joven reprochó: ‘¿Cómo me dice eso? ¡Usted componía sinfonías a los cuatro años de edad! ¿Y a mí, que soy todo un hombre, me dice que componga obritas tontas?’

Y Mozart replicó: ‘Entiendo que usted se enfade y que se sienta en desventaja, pero… recuerde que cuando yo a los cuatro años componía sinfonías no le había pedido ayuda ni consejos a nadie…’

Preguntas y datos para meditar y profundizar:

  • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?

  • ¿Cuál es el error de percepción del joven aspirante a músico del cuento, que es similar al de la persona que se toma la libertad de desechar mandamientos de la Torá por considerarlos pasados de moda y sin sentido para la vida moderna?

  • El proverbista señaló: "Del Eterno son los pasos del hombre; ¿cómo podrá el hombre, por sí solo, entender su camino?" (Mishlei / Proverbios 20:24).
    Vincular esta enseñanza al comentario de la parashá.

  • El salmista cantó: "Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que habiten conmigo. El que anda en camino de integridad, ése me servirá." (Tehilim / Salmos 101:6).
    Vincular esta enseñanza al comentario de la parashá.

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