Parashat Vaishlaj 5762

Pasos perdidos

Está escrito en la parashá: "Aquel día regresó Esav [Esaú] por su camino a Seír."
(Bereshit / Génesis 33:16)

El pequeño Jami no se destacaba ni por su ingenio, ni por su rapidez mental, pero, a veces era ágil obedeciendo.
En una ocasión la madre le pidió que fuera  al almacén a comprar una bolsa con un kilo de pasas de uva, pues quería preparar una torta para la familia.
Y Jami, obediente como a menudo, dejó inmediatamente sus tareas para cumplir el pedido.
El almacenero que conocía la impulsiva naturaleza del niño, al darle la bolsa repleta de pasas, le recordó: ‘Llévalas con cuidado, aprieta bien arriba, para que no se te caiga ninguna.’
Jami sonrió y confianzudo salió presuroso al encuentro de su madre.
Había recorrido dos de las cuatro cuadras, cuando una anciana lo intenta detener: ‘Niño, espera…’
Y Jami, a pesar de ser obediente y respetuoso de los mayores, quería cumplir lo más pronto posible su encargo, así que saludó con la cabeza a la señora, y sin parar continuó andando. Mientras se alejaba, alcanzó a oír que la señora decía algo como: ‘… la bolsa…’
Jami no entendió mucho, pero por ser respetuoso y obediente presionó con más vigor la boca de la bolsa.
A la cuadra siguiente, es su tío el que lo detiene: ‘Jami querido… ¿a dónde vas corriendo?’
– Mamá me espera, le llevo estas pasas de uva -dijo señalando su bolsa.
– Jami, no sé si te diste cuenta que estás perdiendo pasas con cada paso que das… ¡mira! -le dijo haciéndolo girar.
Y, efectivamente, por lo que fuera el camino de niño se extendía un reguero de pasas.
‘Ay, no’ -fue lo único que se escuchó de Jami, que salió disparado hacia atrás para recoger cada una de sus pasas perdidas. Y levantaba cada una, y así como estuviera, limpia, sucia, pisoteada, etc., la introducía a la bolsa. Y retornó las tres cuadras hasta la puerta del almacén, y a cada paso… una pasa era recogida. Feliz de haberse recuperado de su torpeza inicial, giró para regresar junto a su madre con el pedido (bastante mugriento, por cierto)… y se encontró con otro camino tapizado de pasas caídas tras sus pasos… pues, ¡no se había preocupado por cerrar el agujero por el cual caían una a una las pasas!

Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco

Destellos de la parashá

Sidrá 8ª sidrá de la Torá y 8ª del sefer Bereshit / Génesis. Entre los versículos 32:4 y 36:43.
La Haftará se lee de Hoshéa / Oséas 11:7 – 12:12.

En esta parashá nuestro patriarca Iaacov tiene dos encuentros.
Uno el esperado y temido con su hermano Esav. En este encuentro, luego de años de discordia y amenazas, los hermanos aparentemente aprenden a convivir en tolerante vecindad.
Pero, también Iaacov tuvo un encuentro de índole diferente, pues, la noche previa a la cita con su hermano, Iaacov luchó con un enviado de Dios.
Algunos identifican a este personaje con la Conciencia de Iaacov.
Es decir, que Iaacov se encontró a sí mismo, y lo que vio no le agradó, por lo que luchó para limar los aspectos negativos en su personalidad, y poder acercarse un poco más a lo que podía llegar a ser.
De este encuentro consigo mismo, renace Iaacov con otro modo de encarar al Mundo, y con un nuevo nombre, por el cual somos sus descendientes conocidos: Israel.
Este nombre resume las cualidades positivas de los otros patriarcas y las matriarcas, dando a entender que con Iaacov/Israel se ha llegado a la síntesis de persona de bien:
I – Itzjac (compromiso, entrega, fidelidad a la tradición)
S – Sará (orden, gobierno, estrictez, compañerismo)
R – Rivká (espíritu emprendedor y aventurero, ingenio), Rajel (romanticismo, sentimientos, solidaridad)
A – Avraham (originalidad, rebeldía, confianza, bondad, justicia, respeto)
L – Lea (ánimo luchador, esperanza, sed de progresar, humildad)

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