No nos usurparán más la identidad y la tierra

La haftará de esta semana (parashat Bemidbar) comienza así:

«וְֽ֠הָיָה מִסְפַּ֤ר בְּנֵֽי־יִשְׂרָאֵל֙ כְּח֣וֹל הַיָּ֔ם אֲשֶׁ֥ר לֹֽא־יִמַּ֖ד וְלֹ֣א יִסָּפֵ֑ר וְֽ֠הָיָה בִּמְק֞וֹם אֲשֶׁר־יֵֽאָמֵ֤ר לָהֶם֙ לֹֽא־עַמִּ֣י אַתֶּ֔ם יֵֽאָמֵ֥ר לָהֶ֖ם בְּנֵ֥י אֵֽל־חָֽי :
‘No obstante, el número de los Hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar.
Y sucederá que en lugar de lo que se les dijo: ‘Vosotros no sois mi pueblo’, se les dirá: ‘Hijos del Elohim viviente.»
(Hoshea/Oseas 2:1)

Las arenas del mar, que son ignoradas e incontables.
Ignoradas, porque están bajo la superficie, invisibles al ojo desnudo, ocultas por las aguas, ocupando la extensión y profundidad hasta regiones inalcanzables.
Por ello mismo también incontables. Pero además, porque son tantas que no nos daría el tiempo de vida para terminar de contarlas. Además, son llevadas y traídas por corrientes y movimientos externos, haciendo inaccesible su retención.
Miles, millones, infinitas almas, ¿quién podrá medirlas o contarlas?

Existen muchos judíos, legales, que no saben de su identidad espiritual.
Por lejanía propia o de sus mayores.
Por ser hijos de matrimonios mixtos, aunque ellos mismos sigan siendo judíos de acuerdo a la ley espiritual.
Gente que perdió el nexo a la conciencia de su ser esencial, invisibles al ojo, como esas arenas que no están en la orilla, recibiendo los rayos poderosos del sol. Sino en las sombras, a oscuras, en el frío del olvido. Pero que siguen siendo parte de la Familia.
¡Ojo! No me refiero en absoluto a esos que se dicen miembros de tribus perdidas, o efraimitas y lo afirman porque sus apellidos tienen una Z, o porque son creyentes en Jesús (con el nombre que le quieran dar), o porque sus fantasías religiosas inventan estos delirios sin coherencia alguna.
Sino que estoy indicando, tal cual el profeta, a los hijos verdaderos de Israel que se han perdido para la conciencia de su identidad, pero son ciertamente judíos legalmente (cosa que no son los extraños que se hacen pasar por judíos, efraimitas, nezaritas, mesiánicos, etc.).

Esa gente, los verdaderos judíos tapados por el mar, siguen siendo parte de la Familia de Israel.
Pero es casi imposible rescatarlos.
Aunque hoy día algunos están siendo encontrados y restituidos a su lugar.
Porque es parte de la tarea sagrada en la Era Mesiánica, que ya estamos disfrutando, al menos su inicio.
Reviven los huesos secos y se forman los cuerpos revividos, llenos de plenitud y vida.

Pero, también los judíos que somos conscientes y activos en nuestra identidad formamos parte de esas arenas.
Aunque estemos a la vista, igualmente el mar pretende devorarnos y hacernos desaparecer.
¡Cuántas veces se nos quiso y quiere echarnos al mar, literalmente!

Pero, al mismo tiempo se intensifican aquellos que luchan contra Dios y por tanto contra los judíos.
Son los que quieren ocupar el lugar de los judíos, y por ello los vituperan y estigmatizan y les dicen (los extraños a verdaderos judíos): “ustedes no son judíos, no son pueblo de Dios”.
Por supuesto que como hábiles soldados del imperio greco-romano, usan versos del Tanaj para demostrar ello; aunque estén fuera de contexto, mal comprendidos, desconectados; no importa, pues todo sirve para seguir con sus aspiraciones colonialistas.

Entre estos adversarios del Todopoderoso están los usurpadores morales, “religiosos”, que se hacen llamar “nuevo Israel”, o se dicen “judíos por gracia del mesías” (al que dirán jamashiaj, mashiaj o como quieran ellos inventar), que son falsos judíos/israelitas que se inspiran en sus aberraciones idolátricas para pretender ocupar el lugar del pueblo del Eterno.
Desde hace siglos que existen y se esfuerzan por negar la existencia y presencia de los judíos, incurriendo en todo tipo de maldad y aberración con tal de lograr sus fines pérfidos. Así nos declararon no humanos, asesinos del dios, hijos de Satanás, sinagoga del infierno, ratas, infrahumanos, víboras, entre otras cosas terribles. Nos expulsaron, quemaron, maltrataron, difamaron, violaron, repudiaron, engañaron, torturaron, cremaron, entre otras tantas malicias. Siempre con la consigna de ocupar ellos el lugar de pueblo del Dios. De ser ellos “elegidos”, vaya uno saber por quién y para qué.
Desde hace unas décadas abundan como judíos mesiánicos, renacidos, del camino antiguo, efraimitas y otras tantas pavadas irrisorias, si no fueran en realidad planes malditos para extirpar al pueblo judío de este mundo. Así pretenden hacer desaparecer también al Eterno, para que reine el EGO en forma de sus dioses y salvadores.

Junto a ellos está el imperialismo árabe-musulmán, que quiere otro tanto. Reemplazarnos, y apuntan a todo aunque se hace especialmente visible en sus infinitos intentos por desterrarnos de nuestra tierra ancestral (Israel) y ser ellos los que dominan allí. Pero no seamos ingenuos y nos creamos las pamplinas del mito palestino, ni todas las mentiras que se tejen para que este “nuevo Israel” usurpe nuestro lugar histórico. Eso es solamente una parte del ingenio mordaz, que busca un objetivo mayor: extirpar a los judíos del mundo. Porque esa lucha, que los cómplices y lelos secundan, no se termina con regalar la tierra judía a los árabes, sino que en la aspiración del imperialismo árabe-musulmán se anhela borrar a los judíos de la existencia, aniquilar su recuerdo, y entonces poder ser ellos el pueblo elegido del dios que adoran.

Estos y los otros son los que viven gritando que los judíos no son pueblo de Dios.
Y no se quedan en teorías ni teologías, sino que hacen todo lo que tienen a mano legal e ilegal para cumplir sus deseos.
Así esperan que su amo, el EGO en forma de religión, sea el que reine, ocupando el lugar de Dios como ellos ocuparían el lugar de Israel (físico y espiritual).

Pero el profeta vio el futuro, ese que está al doblar la esquina en la que estamos parados ahora.
El contempló cuando todos afirmarían la realidad: ¡somos hijos del Dios vivo!
Lo cual sería la luz de la Era Mesiánica alumbrando todos los rincones de la humanidad.

Está llegando el día, no falta mucho, para que se establezca con paz y seguridad el Estado judío; sus habitantes disfrutarán de la prosperidad y del bienestar; se difundirá la LUZ dentro y fuera; y ya no habrá usureros y usurpadores negando a los judíos su identidad y propiedad.
Falta bien poco, ya estamos en el amanecer de ese día de gloria y esplendor.
Pero, no esperemos sentados el milagro, seamos socios de Dios en su realización.

Encuentra tu tarea en el Plan sagrado, hazla y ayuda a tu vecino a que haga la suya.
El mejor modo es construyendo SHALOM, por medio de acciones (pensamiento, palabra y acto) de bondad y justicia.

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