Un encuentro muy especial: para celebrar de verdad Shavuot

El único libro revelado por una deidad es la Torá.
Sí ya sé, si fuéramos políticamente correctos diríamos que otros pueblos tienen sus libros sagrados, y que sí, que ellos también dicen que sus dioses se los dieron.
Incluso entre esos fantasiosos están los que dicen que sus dioses se encarnaron, pasearon como hombres entre hombres y por tanto los dichos registrados fueron directamente del dios hecho carne. Pero claro que esas son fantasías y que por ahora este maestro no es tan políticamente correcto como para aceptar que la falsedad idolátrica tiene algún viso de realidad.

Volviendo entonces al único libro realmente revelado por la deidad, dijimos que es la Torá.
Fue dada por el Creador al pueblo judío, pero no por intermedio de algún ángel misterioso y oculto en alguna lejana caverna.
Tampoco fue revelada al seso de un imaginativo profeta.
¡No señor!
La Torá fue revelada por Dios ante todo un pueblo, unos tres millones de personas ahí presentes y atentos a lo que Dios estaba manifestando.

Ese hecho trascendente, único, irrepetido e irrepetible es lo que rememoramos cada año en Shavuot.
Cuando en el monte Sinaí, siete semanas luego de salir de Egipto, Dios Se reveló a toda la nación judía, quienes escucharon al unísono la declaración del Decálogo (aquello que se llama erróneamente como Diez Mandamientos).
Sí, todo el pueblo escuchó y comprendió lo que estaban oyendo y presenciando.
No fue un cuento que alguien les contó y ellos creyeron por fe.
Tampoco fue la imaginativa locura de algún supuesto profeta del desierto arábigo.
Ni el imperio romano haciendo un collage, un verdadero copy-paste, con mitos existentes, leyendas judías, profecías del Tanaj y otras pergeñadas en el momento para crear a un súper humano de origen pornográficamente divino.
No señor, era todo un pueblo de tres millones de personas y que no se solían poner muy de acuerdo para nada, así que supongo que menos que menos para inventarse tamaña farsa y sostenerla en el tiempo.
Ellos experimentaron un evento de dimensiones universales, cuando el plano espiritual se presentó “en vivo y en directo”, sin corte publicitarios ni dosis de alucinaciones colectivas.

Fue un acontecimiento tan inmenso que el rabino Moshé Maimónides, el famoso erudito judío de hace más de 800 años, lo llama como “la base o el pilar sobre el cual gira la creencia del judaísmo».
Porque no es una mera narración, ni un cuentito manipulador originado en las esferas del poder político.
Ni es la patraña típica de las religiones.
Es un hecho tan traumático, tan evidentemente fuera de lo cotidiano de este mundo, que Dios se encargó de que fuera realmente único.
Ni siquiera el día que se revele la identidad del Mashiaj será tan removedor, aunque toda esta Era Mesiánica sea estremecedora por sí misma.

Pero, ¿por qué habríamos de tomarlo como algo cierto y no otra fantasía delirante o intento de manipulación?
¿Qué tiene de diferente el cuento de la Entrega de la Torá con el resto de revelaciones seudo divinas de los otros seudo libros sagrados?

La respuesta ya la dimos, pero la explicaremos un poco mejor.
Hasta hace pocas generaciones atrás, bien pocas décadas atrás, la inmensa mayoría de los judíos SABÍAN que sus antepasados ​​habían participado colectivamente de eventos extraordinarios: salida de Egipto, Revelación en Sinaí, milagros durante los 40 años en el desierto, entre otros.
Dije que lo SABÍAN y NO que lo creían.
Supongo que sabes la diferencia entre saber y creer.
Si no la sabes, pregunta, probablemente te responda.

Si en un juicio de vida o muerte se toma como veraz la palabra de dos testigos, ¿podemos tener el atrevimiento de despreciar el testimonio de todo un pueblo, tres millones de personas, que afirman contundentemente y con persistencia el hecho que presenciaron?
En verdad, no se precisa más que ese testimonio para dar por cerrado el caso.

Pero, esa gente murió hace 33 siglos, ¿cómo los vamos a tomar como testigos actualmente?
¿Quién nos asegura que no sea todo una patraña que surgió en algún momento y que de tanto repetirse caló hondo en el alma del pueblo judío y se convirtió en ‘realidad’ por fuerza del relato?
(Nótese que puse ‘realidad’, para indicar que no es tan real, sino solamente una construcción imaginaria que es considerada como realidad).
La respuesta es bastante simple y contundente a favor de la REALIDAD (firme y sin comillas) de lo relatado.
Resulta que aquel testimonio multitudinario de los que estuvieron de cuerpo presente en la Revelación en Sinaí no se guardó solamente en unas palabras que compartieron con sus descendientes, sino también en dos cuestiones más, que también tienen mucho peso en cualquier juicio:
1- existe un documento con el testimonio;
2- existen varios rituales que están precisamente para preservar vivo el recuerdo y el testimonio de los testigos originales.
Permíteme que te lo explique brevemente.
La Torá es ese documento.
Sí, ya sé que hay gente que se burla, la critica, la quiere demoler con razonamientos y falacias.
Todo eso ya lo sé, pero resulta que es un documento que está dentro del pueblo judío desde milenios y no ha sufrido más que contadas modificaciones en algunas letras.
Hay copias de la Torá con alrededor de dos mil años, el contenido es idéntico al que se encuentra en cualquier rollo de Torá actual.
Hay copias de Torá a lo largo y ancho del mundo, son todas idénticas, a excepción de algunas pocas letras aquí y allá que sobran o faltan.
Hay copias de la Torá en comunidades judías que no han tenido contacto por milenios con otras comunidades judías, y curiosamente, es idéntico el texto al que preservaron las otras comunidades judías, salvo alguna letra de más o menos.
Por consiguiente, lo que podemos afirmar es que este documento es válido.
Ah, pero resulta que los críticos dicen que no fue escrito junto a la Revelación en Sinaí, ni en las cuatro décadas posteriores, por mano de Moshé. Dicen que diferentes textos y relatos se armaron en la época del rey Josías, mucho más acá en la historia. De alguna manera misteriosa toda la nación judía aceptó que relatos nuevos fueran asumidos como antiguos y que eran los que ellos ya conocían.
No sé si comprendes lo imposible de que algo así haya sucedido.
Imagínate que el maligno Maduro, su nombre sea borrado pronto y en estos días, pone frente a los venezolanos, en manos de cada uno de ellos, una historia antigua de el venezolanismo, y en ella afirma disparates cósmicos (muy de acuerdo con las cosas que él dice y hace). Afirma que mares se partieron para que los antepasados de estos venezolanos pasaran por ahí. Afirma que vivieron 40 años en el desierto comiendo un pan mágico. Afirma que una inexplicables plagas consumieron al imperio yanqui para darle poder y gloria al bisabuelo de Maduro y libertad a los venezolanos de hace dos o tres generaciones atrás. Además, agrega en esa rara historia que hay que cumplir determinados rituales muy estrafalarios, prohibirse de comer manjares sin ningún motivo, y otras cosas por completo fuera de la vida cotidiana del venezolano.
¿Cuánto tiempo se tardaría en echar al fuego esa porquería de falsa historia y borrar el nombre del dictador de la memoria colectiva?
Yo creo que no mucho, porque la gente no es tan tonta.
Claro, habrá un grupo fanático que por esto o aquello incorporará el relato falso y tendencioso, lo adorará como revelación maravillosa pero sin dudas chocará contra la inmensa mayoría de gente racional y sana que los dejará en evidencia en su locura. Por ahí ese grupito alocado se escinde y forman el nuevo venezolanismo,  muy al estilo de aquella minúscula secta judía que se separó y armó las bases para lo que luego tomaría el imperio romano para armar una inmensa religión, útil instrumento de dominación en las manos imperiales. Spoiler: el imperio romano tuvo éxito, ahí anda todavía en su capital el emperador de este mundo gobernando con ese relato falsificado y mucha fuerza militar y económica respaldándolo.

Volvamos a la Torá.
El irreverente y testarudo pueblo judío jamás hubiera tomado como verdad una historia que hablara de ellos mismos si eso nunca hubiera sido verdad.
Es un pueblo absolutamente testarudo y terco.
No se hubiera embarcado en una peligrosa tarea de vivir muy bizarramente para sostener un relato falso. Eso no va con el modo de ser de los judíos.
Tampoco se hubieran tomado la molestia de cuidar y transmitir un libro que los trata de esclavos liberados, gente terca, mal agradecidos, tendenciosos al pecado, y otras cosas no muy bonitas. Porque te hago otro spoiler: el Tanaj abunda en palos contra los judíos a causa de sus malas conductas.
¿Qué pueblo se sentiría orgulloso de un libro así, que le hace tanto bullying, si ese libro no fuera verdadero y su origen no fuera divino?

En resumen: la Torá es un documento válido y que nos refiere el testimonio de aquellos testigos.

Testigos que cada año volvían a contar a sus hijos el relato de la salida de Egipto, y el de la Entrega de la Torá, y de cómo vivieron en el desierto y…
Año tras año, el mismo cuentito con sus rituales. Repito, rituales pesados y muy prohibitivos. Que no comas esto, que no bebas aquello, que no duermas, que no estés en tu casa tantos días, etc.
No hay ningún pueblo, y menos uno tan empecinado en llevar la contra, que asuma como propia un libro como la Torá, a no ser que sea verdadero y de origen divino.

Para ir terminando, aquella ocasión en el monte Sinaí fue única y no se volverá a repetir.
La propia Torá lo dice, en Devarim cap. 32, y hasta ahora no ha fallado en ser cierto.
No hay pueblo, de todos los que dicen tener libros sagrados, que afirme que sus antepasados, todos ellos, en un momento determinado recibieron la Revelación juntos.

Que tengamos un espiritual y pleno de sentido trascendente Shavuot.

Si este estudio te ha sido de utilidad: https://serjudio.com/apoyo lo preciso y te lo agradezco.

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