Categoría: Creencias

  • A tus ojos

    Llegaron los exploradores enviados a recorrer durante cuarenta días la tierra que Dios había prometido para los judíos.
    Traían frutos de allí, informes, así como también sus preconceptos y angustias: «Y le contaron diciendo: -Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel. Éste es el fruto de ella.» (Bemidbar / Números 13:27).

    Al principio así la describían, como una tierra maravillosa, productiva, estupenda. Sin embargo, había personas muy poderosas viviendo allí, con ciudades fortificadas, lo cual les hacía temer y ellos pronosticaban el fracaso.

    Cuando uno de los exploradores dijo que no hay nada para temer, pues el Eterno había prometido que ellos tomarían la tierra, esto es lo que los exploradores amargados dijeron: «-No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y comenzaron a desacreditar la tierra que habían explorado, diciendo ante los Hijos de Israel: -La tierra que fuimos a explorar es tierra que traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son hombres de [grandes] medidas.» (Bemidbar / Números 13:31-32).

    ¿Cómo es esto?
    En una primera versión mencionaron una tierra fértil y de vida; pero ahora, ahogados en sus propios miedos, la desacreditaban y hacían resaltar aspectos negativos, que eran reales o solamente imaginados por ellos.
    Es lo que pasa, los datos se cuelan a través de nuestro sistema de creencias, entonces no percibimos la “realidad como es”, sino la realidad que creemos que es.
    Si en nuestro sistema de creencias la tierra es buena, encontraremos detalles que lo confirmen; pero si creemos que es mala, también habrá evidencias para demostrarlo.

    Tal como creemos, percibimos.
    Entonces, no es “ver para creer”; sino “como creo, veo”.

    Por supuesto que podemos dejar de depender de la imaginación y de los preconceptos, para dedicar esfuerzo, trabajo, paciencia, tiempo a analizar con relativa objetividad y de esa manera dibujar una realidad menos contaminada por nuestra creencias y más acorde a lo que es en sí mismo. Pero claro, ¿quién va a querer dejar de vivir en su propia versión del mundo para animarse a descubrir otra realidad?

    En palabras simples, si crees que no puedes, lo más probable es que no puedas. Y si crees que puedes, entonces harás lo necesario para convertirlo en un hecho.

    Tenemos más datos en la misma sección de la Torá, cuando los exploradores desanimados afirman: «También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.» (Bemidbar / Números 13:33).
    Ellos suponían que los habitantes del lugar los despreciaban, porque ellos mismos se creían despreciables. Como no se querían, creían que los demás tampoco los querían. Y lo confirmaron porque aquellos moradores no les dirigían la palabra, ni siquiera parecían interesados en saber qué hacían esos extraños merodeando entre ellos. Eso, “obviamente” significaba que no tenían ningún valor, que ni siquiera ameritaban ser sospechosos de estar espiando o algo parecido.
    Si se hubieran animado a salir un poquito de su cajita, de la celdita mental, quizás hubieran preguntado algo, comenzado un diálogo, algo… pero no, ¿para qué? Si ellos creían algo y encontraron como demostrarlo con supuestas evidencias.

    Pero, una de las tantas explicaciones de los sabios nos informan del motivo por el cual los locatarios no les hablaron, ni le apresaron para acusarles de alguna cosa sospechosa.
    Es que ellos pensaban que los extranjeros eran ángeles o hijos de emisarios celestiales, gente totalmente diferente, inalcanzable, a los cuales no se les podía dirigir la palabra.
    Si esta explicación es la acertada entre todas las otras, ¡mira que simpático el panorama!
    Unos se creían menos que humanos, como langostas, y por ello suponían que aquellos no les hablaban.
    Los otros se creían menos que ángeles, como simples humanos mortales, y por ello suponían que no tenían derecho a hablarles.

    ¡Cuán diferente hubiera sido la cosa si ellos salían de sus creencias por medio de la sana crítica!
    Pero no, no fue así.
    Se quedaron en las sombras conocidas, temidas pero habituales compañeras.

    ¡Qué difícil resulta obtener un poco de confianza cuando parece que obtenemos seguridad agobiados por nuestros problemas y dificultades!

    Con otra paciente, embarazada, comentábamos lo difícil que nos resulta hacer esto y confiar.  En cierta forma, encontramos seguridad en los problemas y dificultades. 

    Si por un ratito dejáramos la celdita y nos aventuráramos a desafiar al miedo, ¿qué pasaría?
    Si dejáremos el sofá de los preconceptos, por ahí sentiríamos más energía, determinación, creatividad, amor, conexión con el Eterno; pero, como nos quedamos hundidos entre los incómodos cojines de nuestra zonita de confort, no experimentamos mucho de ello.
    Hasta nos defendemos con el absurdo dicho: ”más vale malo conocido que bueno por conocer”.

    Respira, párate, mira con determinación y da ese paso positivo que el miedo detiene.
    Por ahí descubres un poder dormido en ti.
    Tal vez te das cuenta de que era mayor el miedo que lo que en efecto ocurrió.
    Quizás aprendas que tus creencias no son sagradas, y que muy por el contrario probablemente sean tóxicas.
    Pero, no lo sabemos si no das ese paso positivo que crees que no puedes dar.

    Acéptate, con tus limitaciones y glorias.
    No eres una langosta, sino que eres persona. Y si fueras langosta en verdad, ¡feliz de ti que por fin te diste cuenta y vives de acuerdo a tu identidad esencial!

    Ayuda a otros con bondad y justicia, sin esperar nada a cambio, pero tampoco sin perjudicarte con tus acciones.
    Rompe los esquemas, abre tus ojos a una realidad diferente a la que te enrosca y susurra.

    Entrégate a Dios, no como un acto de tonta fe, o como una pasión religiosa, sino como la aceptación de tu identidad espiritual, de tu herencia, de tu responsabilidad para cumplir la misión que tienes.

  • Luz y tinieblas

    «Dijo Elohim: ‘Sea luz’ y fue luz.
    Vio Elohim la luz que es buena y separó Elohim entre la luz y entre las tinieblas.»
    (Bereshit / Génesis 1:3-4)

    Tanto se puede estudiar y aprender, ¡tanto!
    Y no me refiero a cuestiones metafísicas, o que intentan descorrer el velo de lo acontecido en un tiempo sin nombre ni memoria; estoy pensando en aquellas cosas que pueden servirnos para vivir mejor aquí y ahora, con plenitud, bondad, shalom. Una vida con sentido, trascendente, y que por lo tanto nos abre un existencia en el más allá con mayor deleite y bienestar.

    Por ejemplo: si Elohim declara que la luz es buena, ¿por qué separarla de la oscuridad?
    ¿No hubiera sido mejor si en lugar de dar cabida a las tinieblas se hubiera permitido que la luz colmara todo el espacio, llenando así de lo que es bueno completamente la realidad?

    Se pueden intentar varias respuestas a estas interesantes cuestiones, pero me limitaré a pocas ideas, que como dije, sirvan de manera práctica en nuestra vida cotidiana.

    1- Si solamente existiera luz, sin siquiera un lugarcito para las sombras, entonces no habría posibilidad de ninguna otra cosa. Todo sería luz. Por tanto, no habría forma posible para todo el resto de lo creado, incluyéndonos nosotros.
    Moraleja: agradezcamos tanto por la luz como por la oscuridad, pues ambas son necesarias.

    2- El declarar la luz como buena no implica necesariamente que las tinieblas sean malas, o que no sean buenas.
    No está declarado nada aquí acerca de la calidad de la oscuridad.
    ¿Quizás sea buena también?
    ¿Quizás su bondad sea tan evidente que por ello fue innecesario que el Eterno lo declarara?
    ¿Quizás no sea buena, pero tampoco mala?
    ¿Quizás es mala, pero su presencia indispensable, y por tanto de cierta forma buena?
    Yo no sé si esto es cierto o no, pero vale la pregunta para no quedarnos pegados con el preconcepto de que si la luz es buena, necesariamente la tiniebla no lo es.
    Enseñanza: no prejuzgues, pregunta y busca la comprensión aunque no llegues a la verdad.

    3- De no haber contrastes, contradicciones, polos, sería imposible destacar la virtud de la carencia.
    Moraleja: para disfrutar es necesario conocer la falta.

    4- El Eterno es quien juzga lo que es bueno de aquello que no lo es.
    Enseñanza: debemos tener en cuenta lo que Él nos reveló a través de sus profetas fieles. La moral depende de las modas humanas; pero la ética tiene una base espiritual, proviene de Dios. Cuando entran en contradicción la moral con la ética, debemos atender a ésta última.

    5- El Eterno es el creador de todo, de las tinieblas así como de la luz, de lo bueno como de la falta de bien; y sin embargo no quiere que se mezclen y se conviertan en un caos, en algo sin distinción ni provecho. Para cada cosa hay un tiempo y lugar.
    Moraleja: cuando se debe sembrar, no es tiempo de cosechar. Cuando estamos recolectando, no es momento de repartir las ganancias que todavía no llegaron.

    6- Si la luz fuera símbolo de lo espiritual y la oscuridad de lo que no lo es, la conclusión podría ser que ambas son necesarias.
    Enseñanza: si bien la luz es la declarada buena, y por tanto la que debe “alumbrar” nuestros pasos para andar por un bello camino; también la oscuridad tiene su valor, siempre y cuando quede al servicio de la luz.

    Bien, hasta aquí unas poquitas y simples ideas, ¿se te ocurran algunas otras que quisieras compartir con nosotros?

  • Motivo para actuar bien

    El RAMJAL menciona tres clases de personas que actúan bien, quien lo hace:

    • por miedo al castigo;
    • para obtener una recompensa;
    • únicamente motivado por lo ético/espiritual.

    Obviamente que todas estas personas son meritorias, pero su nivel de mérito varía de acuerdo a lo que los mueve.

    De hecho, solamente la persona que se conduce de acuerdo a la ética/espíritu, está a más a salvo de desviarse adrede de la buena senda. Porque, el que huye del castigo, si encuentra la manera de que sus hechos no sean presentados en su contra, o de deslindar la responsabilidad, ¿por qué no habría de actuar mal? Realmente no está interesado en el bien ni en la justicia, sino simplemente en no padecer.
    El que solamente hace lo bueno para tener ventajas, probablemente dejaría el bien hacer al informársele que no existen premios, o que por alguna cuestión no los recibirá de acuerdo a su deseo. También, en caso de estar ya satisfecho y no tener nada más por delante, ¿cuál sería el motor para sus buenos actos?
    Ambos, además corren un gran riesgo, el de amargar su humor, enojarse con la vida, y por tanto dejar de lado lo bueno para hacer lo que les viene en gana.
    Por su parte, la persona que está firme en su lealtad al bien porque es lo bueno y justo, lo que debe ser hecho, difícilmente traicione su identidad ética/espiritual.

    ¿Cómo hacer para ser una persona ética?

  • Porque Tú estás conmigo

    Dice el inspirado salmista (23:4):

    «Aunque ande por valle de sombra de muerte, no temeré mal, porque Tú estás conmigo«

    En este mundo estamos tan limitados, reducidos a padecer constante impotencia.
    Estamos en un valle ensombrecido por la presencia de la muerte, que es la máxima expresión del no-poder.

    Nuestro potencial, que es la capacidad de superarnos, nos puede llevar un pasito más allá, un peldaño más arriba, pero el tope pronto nos estorba el progreso.
    Es un hecho, este mundo es de limitaciones.
    Incluso el pensamiento entrenado para razonar, fortalecido por la imaginación productiva, aceitado para expandirse, finalmente tiene un muro que lo contiene.
    Solamente el espíritu se vincula con lo infinito, con el poder sin límite.
    Pero, el espíritu es solamente una de nuestras dimensiones en tanto moradores de esta realidad mundana, por lo cual, aceptar nuestra impotencia es parte del poder.

    Mira que paradoja, morir es la máxima de las impotencias, pero al mismo tiempo es cuando dejamos la impotencia de este mundo para existir en la plenitud del mundo venidero.
    Sin embargo, no tenemos ni permiso ni derecho para apurar nuestra partida, sino que debemos mantenernos aquí hasta que nos llegue el momento de trascender.

    Entonces, tengamos presente que no tengo control de lo que no puedo controlar, aunque llore, grite, patalee o niegue la realidad: mi dominio es limitado y hay una infinitud de factores y elementos que no pueden ser determinados ni por mis deseos, caprichos, pensamientos, oraciones, necesidades, trueques, trucos, negociados, etc.
    Debo internalizar mi impotencia, analizarla y aceptarla; porque al hacerlo obtengo una cuota de poder.

    En nuestra debilidad vivamos la vida, plenamente, en la medida de nuestras posibilidades. Dentro de lo permitido, apartándonos de lo prohibido.
    Tengamos la conciencia de que es el Eterno quien tiene el control, porque al saberlo podremos calmar nuestra angustia aun cuando andamos por valles de sombras o de muerte.
    Él no hará magia para cumplir nuestro caprichos, no aparecerá en un unicornio para salvarnos, aunque recemos mucho, aunque Le prometamos hasta lo inconcebible, Él no está para servirnos ni para darnos un sobrenatural poder sobre nuestra impotencia.
    Pero, saber que Él está, que no nos abandona, que finalmente encontraremos la paz en Su seno, nos puede dar ánimo, entereza emocional y aclarar un poco nuestras ideas.

    Así, podremos esforzarnos y ser valientes, disminuir nuestro miedo, para enfocarnos en la tarea de construir SHALOM con acciones de bondad Y justicia.
    No temeremos el mal, aunque choquemos con el muro de la impotencia.
    Y, si toca sufrir, lo haremos, pero con la capacidad para reponernos en la medida de lo posible y con la voluntad para elaborar un sentido trascendente de nuestra momento, sea de éxito o de fracaso.

    Entonces, haz tu parte, eso es lo que Dios espera de ti.
    Él hará la Suya.

    Ser Sus hijos no nos libra de atravesar valles de sombras o de muerte y puede que sintamos miedo aterrador, pánico o desesperación y es en ese momento que debemos confiar en que Él es nuestro pastor fiel, que nos conduce sin abandonarnos.
    Seamos nosotros quien no Lo abandonamos, pero especialmente quienes no NOS abandonamos a la impotencia y las reacciones erróneas para sobreponernos a ella.
    ¡No cambies a Dios por religión (ni siquiera por la de algunos judíos que desvían la senda espiritual con el pretexto de ser espirituales)!
    ¡No cambies Su compañía por espejismos y la falsedad de la fe!
    ¡Haz tu parte, construyendo SHALOM!

  • TRES CLASES DE MALES

    TRES CLASES DE MALES

    Por Shaúl Ben Abraham Avinu

    El gran Rambam (Moshé Ben Maimón), en uno de sus libros más conocido, Moré Nebujim (Guia de Perplejos) recuerda que entre los filosofos la relación de Dios con el universo es designada, entre otras, mediante las expresiones Forma última (הצורה האחרונה), Forma de las formas (צורת הצורות) o Fin de los fines (תכלית התכליות); términos que quieren decir que: «[…] sobre Él se apoya en último lugar la existencia y el mantenimiento de todas las formas del mundo y que por Él subsisten, lo mismo que las cosas dotadas de forma subsisten por sus formas». Esto que expresó en términos filosóficos Maimónides se dijo por siglos en términos de la tradición hebrea como Jay HaOlamim (חי העולמים), Vida de los Mundos.

    Todo este mundo de percepción pleno de vida, dicha y felicidad, todo este ámbito de conocimiento hecho para el intelecto, está, por lo general, vedado al ser humano que en virtud de sus pasiones y por la falta de entrega a las ciencias no puede reconocer, comprender ni entender como está dispuesto la Creación. El ser humano por condición natural está sometido a la materia y ella constituye un velo que aparta al Intelecto Agente de la compresión Divina y que en el Tanaj aparece bajo los nombres de nubarrón, tinieblas, niebla o nubes.

    Pero la naturaleza –hecha de materia- entera es como un anillo que si ignoramos nos encierra, pero si conocemos es el vehículo perfecto para la percepción de lo Divino. Y para que lográramos ese propósito la misma Divinidad otorgó la conciencia para que con ella tuviéramos la oportunidad de aceptar o no su senda expuesta en las mitzvot, estructura de vínculos espirituales cuyo fin es el de ejercitar a quien las practique en el dominio de la materia y en la reforma de sus exigencia y demandas para hacerla participe de lo básico, menguando en ella lo excesivo a través de actos muy concretos y sencillos: en cuanto a la comida y bebida sólo lo necesario; en cuanto a la inteligencia no corrompiéndola mediante ideas falsas; con el cuerpo no abusando de las relaciones sexuales y de comportamientos ilícitos; con el pensamiento no errando en cosas inútiles; con el lenguaje no usando malas palabras.

    Entender el bien y el mal en Maimónides, y desde luego en el Judaísmo, es importante para captar las dimensiones prácticas de su filosofía que no pueden ser apreciada como un asunto moral sino como un tipo de etiqueta del conocimiento que busca emplear todos los elementos cognitivos a su disposición a fin no hacer un uso indebido e innecesario de los limitados recursos que tiene el ser humano en virtud de sus corporalidad.

    En este sentido, el bien y el mal son apreciados como dos campos de acción muy concretos a los que el ser humano se puede entregar si así lo quiere. El bien es que cada ser racional llegue al intelecto en acto. En cuanto al mal (que es al que quiero destacar aquí), su realidad parte de las privaciones y como tal no tiene una existencia positiva en sí misma y es el resultado de la ausencia del bien: no necesitan de que alguien lo cree, su causa no es eficiente sino deficiente.

    Por ignorancia se aprecia el mal con mayor relevancia que el bien solo en virtud del excesivo valor que se da el ser humano en relación con la creación, cuando en verdad éste ocupa un pequeño espacio en el universo y en comparación con las inteligencias separadas, con las esferas (hoy diríamos con los sistemas y la galaxias) y con los planetas los individuos no tienen valor destacable: el nivel de contingencia de los seres humanos es el que los somete a la mayor parte de los males, ya sean por propia autoprocedencia o por accidente. Esto hace que Rambam identifique al mal en tres tipos de causas:

    1) Primera, el mal que nace por sí mismo en tanto que consistencia material natural del ser humano, mismo que lo lleva a estar sometido a la impermanencia, a las enfermedades que le son innatas, o bien causadas por las alteraciones de los elementos.

    2) Segunda, el mal que se originan por los daños y perjuicios que los seres humanos se infligen unos a otros, ya sea la tiranía, las guerras, el robo, la violencia: males que son generales y muchos más numerosos, y no son propios de la naturaleza.

    3) Tercera, el mal que se origina por causa de nosotros mismos, llevándonos al desenfreno, el mal consumo de los alimentos que ingerimos y por el exceso de placeres que al no ser cumplidos a gusto y empacho se culpa a Dios como si este fuera responsable de la insatisfacción al no poder saciarse, actuando como si éste fuera el principal objetivo de la vida.

    Así pues, aunque cueste creerlo por las condiciones del mundo, de acuerdo a Rambam, el bien y no el mal predomina. Lo más necesario para la vida ha sido proveído por Dios en abundancia, como el aire, viniendo luego lo menos necesario pero aun importante, como el agua, y luego los otros alimentos hasta llegar a lo menos necesario, que por ser rarezas se volverán de precio más elevado. Lo verdaderamente necesario para la existencia de las criaturas se ha predispuesto en abundancia y se engañan quienes piensan que por tener lo superfluo mejoraron en su esencia, olvidando que lo contario es más cierto aun: que el que carece de lo superfluo no ha menguado en su valor, pues tiene lo necesario: lo que lo mantiene vivo . Por eso, el ser humano virtuoso, aquel que no va a perder el tiempo con lo inútil, al considerar la naturaleza del ser tal como es (al hacer ciencia diria Rambam) busca realizar el auténtico objetivo para el que han sido destinados: percibir la realidad Divina, actividad propia del Intelecto, dejando para el cuerpo lo estrictamente necesario.

    Y aquí, luego de expuesto esto, me surge una pregunta: ¿Qué deberíamos dejar de hacer o reducir en nuestras vidas para que pudiéramos percibir con más claridad que D-os está presente en todos ya cada uno de los momentos y lugares? Para mi hay una respuesta clara: reduciendo el mal a su medida exacta, no endiosándolo, no agrandando más al enano, dándole su justa medida y asignándole las causas correctas y no atribuyéndole ilusorias fuentes que nos quitan el verdadero nivel de responsabilidad que como seres humanos tenemos ante la creación. Y reconocer esa pequeñez es en verdad hacer grande nuestro verdadero ser. En palabras del gran Rambam en Moré Nebujim (Cap. 12, tomo II):

    El origen de este error se halla en que aquél hombre ignorante, y los partidarios que tiene entre el vulgo, juzgan el conjunto del universo con arreglo al caso de una persona singular. Porque el hombre ignorante cree que el universo existe sólo para él. Por donde, si acaece algo contrario a lo que espera y desea, concluye inmediatamente que todo el universo es malo. Empero, si tomase en cuenta el conjunto, se formase una idea de él y se percatase de cuan insignificante porción es dentro del universo, creo que descubriría la verdad.

  • El hombre sufre

    El hombre sufre.
    El sufrimiento es causado por su impotencia.
    Sea que haya tenido alguna oportunidad de ejercer poder antes del sufrimiento, como si no, el hecho cierto es que ahora sufre.
    Sea su culpa, o responsabilidad, o que haya sido víctima de otra persona, o como consecuencia de algún evento natural que le aconteció y sumió en el estado de impotencia, lo cierto es que ahora sufre.

    Ahora, cuando sufre, ¿cuál es su poder?
    Pues, no dejarse llevar por el EGO, es decir, no reaccionar automáticamente con el fin de llamar la atención (de otros seres humanos, o de supuestos seres sobrenaturales, o de Dios) y así tratar de obtener algún auxilio que le salve del sufrimiento.
    En este instante de sufrimiento, es que puede ejercer su poder de elección, de libre albedrío.
    El libre albedrío es la capacidad y oportunidad que tiene el hombre para escoger entre el bien y lo que no lo es.
    Si se deja empujar por su EGO, cancela momentáneamente su libre albedrío, pues no escoge realmente, simplemente se deja llevar o arrastrar de manera ciega e irreflexiva. Pero, si detiene el movimiento automático y toma una decisión, sea esta “buena o mala”, estará ejerciendo esa capacidad única que es propia de nuestra especie.
    Si la elección es guiada por la NESHAMÁ, entonces tenderá al BIEN, a la construcción de SHALOM por medio de acciones de bondad Y justicia.
    Tal vez el resultado final no sea el que uno escogió, pero debemos saber que controlamos una ínfima porción de la realidad, tan pequeña que ni siquiera controlamos la mayor parte de nuestro organismo.

    Por tanto, si detenemos la reacción disparada por el EGO y hacemos el esfuerzo para escoger verdaderamente, eso es lo que controlamos; no el resultado.
    Igualmente, somos responsables por lo que hacemos y dejamos de hacer.

    ¡Así lo decidió el Eterno!
    Porque, no nos creó como marionetas de Su poder, ni como autómatas dirigidos por instintos, ni para depender de milagros o maravillas sobrenaturales.
    Nos hizo humanos, a Su imagen y semejanza.
    Por tanto, con capacidad para discernir –en la medida de nuestras limitaciones- entre el bien y el mal, y también para ser socios en la creación.
    Podemos elegir y debemos hacer. Así nos creó Él, ¿alguna queja?

    Si nos hemos equivocado, si nos desviamos del camino correcto, la elección inteligente y excelente es la TESHUVÁ.
    No escapar de nuestras responsabilidades, ni acusar a otros o a Otro. Como tampoco vivir angustiados en reproches y sentimientos estériles de infelicidad.
    No es el desánimo lo que nuestro Padre quiere para nosotros.

    Cada persona leal al Eterno y a su propia esencia espiritual entiende que no se debe pretender manipular a Dios, ni por medio de órdenes, ni con rezos, ni con sacrificios, ni con negociaciones, ni con pensamientos mágicos, ni con fe, ni con el cumplimiento de preceptos, ni por seguir costumbres, ni con reverencia a hombres o dogmas.
    A Él se le agradece, se le pide como un hijo al padre amoroso, se le alaba como a un Rey que está por encima de todos los gobernantes.
    Pero, no se espera que Él esté a nuestro servicio, ni haga nuestro trabajo, ni complete nuestra tarea domiciliaria, ni prepare el examen y lo dé en  nuestro lugar, ni que labore en nuestro reemplazo para traer el sueldo a casa, ni que solucione los que nosotros estamos capacitados para resolver.

    El idólatra, incluso disfrazada de piadoso y docto en Ley –Torá- no deja de ser idólatra.
    Por tanto, mucho cuidado con la fe; extrema precaución con los que insisten en llevar una vida religiosa que está hueca de todo contenido espiritual. Absoluta claridad para no seguir sufriendo, ni siquiera con la excusa de llevar una sonrisa perpetua en el rostro y proclamar lemas de alegría sin fin con apariencia de Torá.

    El sufrimiento es inevitable en esta vida.
    Inevitable también es sobreponernos, ser poderosos, construir SHALOM, ser poderosos dentro de nuestras limitaciones para no aumentar el malestar con más impotencia.

  • Ietzer hatov

    Así como naturalmente el EGO (IETZER HARA, tendencia o formador de mal) es parte de nuestro equipo, también lo es el IETZER HATOV (tendencia o formador de bien).

    Como ya hemos enseñado en abundancia del EGO, no nos detendremos ahora a explicarlo nuevamente. Mejor, tómate un largo tiempo para descubrir en este hogar el material de lectura que te ayudará a descubrir en ti tu EGO, cómo reconocerlo, como contenerlo, como aprovecharlo. Precisarás mucho tiempo y dedicación, desaprender muchos conceptos y desarmar multitud de creencias, especialmente las que provienen del mundo religioso, en cualquiera de sus versiones. Porque, estos estudios sagrados poco y nada tienen que ver con los dogmas de las religiones, muy por el contrario, sirven para identificarlas como formaciones sociales originadas en el EGO y por tanto adversas al espíritu, al AMOR, a la verdad.

    Dedicarte al estudio del EGO y a aplicar los mecanismos para corregirlo, puede ser una tarea para toda la vida; pero, aunque no te des cuenta, en ese trabajo de a poco dejarás de enfocarte en el EGO, ya no prestarás atención a sus cosas, perderás interés en las fantasías de las religiones, para por fin estar en armonía contigo y el universo, viviendo de acuerdo a la Voluntad Divina.
    Estarás construyendo SHALOM, haciendo tu parte en la santa obra de la creación como socio del Eterno y así viviendo a pleno como un hijo de Él.

    El IETZER HATOV es el llamado continuo, que como un rumor casi silencioso proviene de la NESHAMÁ (Yo Esencial, espíritu), y te invita constantemente a vivir de acuerdo a la Ley del AMOR, a construir SHALOM, a disfrutar de lo permitido, a alejarte de lo prohibido.
    Si estuviéramos todo el tiempo siguiendo la ruta que nos traza el IETZER HATOV, entonces la LUZ de la NESHAMÁ llenaría cada uno de nuestros rincones, todas nuestras dimensiones de existencia serían plenas, con sentido, vitales.
    Entonces, aunque nos ocurriesen cosas lamentables, las desgracias nos llovieran, el mundo se desmoronara a nuestro alrededor, aconteciese lo que es natural que ocurre, es decir, fuéramos objeto de la impotencia, si estamos orientados por el IETZER HATOV, entonces somos capaces de sufrir con dignidad, aceptar la penuria con nobleza, tratar de buscar/crear el sentido trascendente, endulzar la amargura, armonizar en el dolor.
    El mal suceso seguirá estando, porque ser impotentes es parte normal de ser humanos, de estar vivos en este mundo; pero, ya no se incrementará la impotencia con los comandos tortuosos del EGO, con sus reacciones desmedidas, con sus desvíos inmoderados, con su succión hacia la oscuridad que nos aumenta el malestar y la impotencia aunque nos haga fantasear con tener poder.

    Es decir, con la LUZ de la NESHAMÁ alumbrando, contamos con el verdadero poder, incluso cuando materialmente estamos sometidos a la impotencia.
    Actuar en respuesta al llamado del IETZER HATOV nos empodera; reaccionar a manos del EGO nos debilita hasta cuando aparentamos ser fuertes.

    Sabemos que el EGO es necesario, tiene su función muy específica y debemos estar agradecidos al Eterno por habernos creado con él.
    Pero, cuando se aparta de su rol y ocupa el de comandar la vida del individuo, termina siendo un gran problema.
    Por tanto, contenerlo y ubicarlo es imprescindible si deseamos disfrutar de bendición y bienestar.

    Sin embargo, nuestra concentración debe estar en el IETZER HATOV, en el llamado a construir SHALOM, a actuar de acuerdo al AMOR con acciones concretas de bondad Y justicia.
    A desarrollar nuestras capacidades al máximo en cada una de nuestras dimensiones, en tanto corregimos las fallas y mejoramos lo perfectible.
    Debemos estudiar aquello que es permitido, dedicarnos a entrenarnos en andar por el camino correcto.
    Pero especialmente, repito, construir SHALOM con acciones de bondad Y justicia. Estas acciones incluyen las palabras también, así como los pensamientos.

    Entonces, veremos actuar al EGO en nosotros y en los otros, pero ya no reaccionaremos desde el EGO; ¡no somos títeres para comportarnos como tales!
    Escogeremos las respuestas apropiadas, de acuerdo a los elementos de valoración que contemos en el momento.
    Cerraremos la brecha que nos desconecta y así estaremos conectado y unificando, interna y externamente.

    La LUZ de la NESHAMÁ, con su AMOR, cura las heridas del EGO.

    Ahora tú elige que voz escuchar, la ronca y gritona del EGO, o la casi muda pero demasiado bella de la NESHAMÁ.

  • El consejo diario 575

    Lo espiritual que me forma y soy,
    es lo mismo espiritual que te forma y eres.
    Es esa dimensión espiritual la que nos une,
    la que nos liga realmente.
    Espíritu es unidad,
    con todo lo que ello implica,
    superficial y profundamente.

    http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/sefirat-haomer-41

  • El complejo EGO

    El EGO es inicialmente una minúscula área de nuestro cerebro, con una función fundamental y necesaria, provocarnos para llamar la atención para obtener la satisfacción de las primeras necesidades básicas, sin las cuales moriríamos (o desconectarnos de la realidad, para preservar energía a la espera de obtener auxilio externo).

    Luego mantiene ese mismo rol, reaccionar automáticamente a situaciones reales de impotencia, cuando precisamos una rápida respuesta que se dispare sin mediar el pensamiento y cualquier tipo de evaluación que pudiera poner en peligro la integridad o la vida.

    Pero, pronto va adquiriendo otro rostro, mucho más oscuro y tenebroso, usurpando otras funciones y llevando a la persona a estados de enfermedad.
    Esto ocurre por el entrenamiento en ciclos de sentir la impotencia real –> reaccionar automáticamente con el empleo de alguno de sus instrumentos –> cierta resolución de la impotencia real –> sentimiento de cierto poder por el uso de esas herramientas –> pero se vuelve a sentir la impotencia real, y así se continúa.
    Este ejercicio constante, la repetición de acciones y sus consiguientes reacciones, va estableciendo un patrón de conducta definido, un hábito.
    A lo natural se le va sumando una segunda naturaleza, la de la rutina automatizada, inconsciente, muchas veces involuntaria.

    Este patrón de conducta habitual no logra resolver nada, puesto que el sentimiento de impotencia no se soluciona con los instrumentos del EGO; por el contario, aumenta el estrés, la insatisfacción, la ira, el sentimiento de vulnerabilidad, el empecinamiento por obtener poder a través de las herramientas del EGO.

    Sumemos a esto el influjo y la instrucción que obtenemos por el ejercicio del supuesto poder por parte de nuestros cuidadores y criadores, los mayores que se hacen cargo de nuestra “educación”, quienes sometidos a sus propios EGOs nos inundan de impotencia, de sensaciones de falso poder, de miedos, creencias absurdas y todo el resto de lo que nos exila de nuestra LUZ de la NESHAMÁ para dejarnos a oscuras, perdidos, abandonados, como sin fuerzas. Solamente contando con el “salvador” mágico, el EGO, revestido en cualquiera de sus disfraces: autoritarismo, superstición, religión, manipulación, bravuconería, melancolía, ataques de pánico, entre otros.

    Llegados a un punto se podría decir que somos adictos al EGO, justificamos sus descalabros, anhelamos sus intromisiones, alentamos su secuestro de nuestro intelecto, colaboramos para seguir prisioneros de él y que otros caigan bajo su aparente poder.
    Por su presencia hemos ido formando las máscaras que constituyen nuestro Yo Vivido, es actor principal y gran responsable de nuestra personalidad.
    Resulta impensable, al día de la fecha, imaginar una humanidad desprovista de EGO, puesto que es un elemento primordial de nuestra existencia terrena.
    Es lo que nos hace humanos, y no ángeles. Por ello, aunque no pecáramos estaríamos igualmente necesitados de TESHUVÁ, de retornar a nuestra esencia.

    El EGO llega a formarse y nutrirse de cuatro de nuestros cinco planos de existencia, todos menos el espiritual –obviamente-.
    No depende de uno solo, por lo cual resulta complejo su conocimiento, comprensión cabal y estrategias para ubicarlo en su rol saludable y necesario.

    En brindar elementos para esfumarlo, domesticarlo, aprovecharlo estamos nosotros abocados. Es una forma de contribuir a establecer la Era Mesiánica.
    Puedes alinear tus dimensiones detrás de la dimensión espiritual, que sea la ética divina/natural, la que determine el curso de tus decisiones. Entonces, la potencia del BIEN, la LUZ del espíritu llenaría todos tus rincones, educaría al EGO.
    O, podrías mesurar tus acciones y palabras para que sean apegadas al razonamiento y el conocimiento, aunque te falle la percepción de la orientación espiritual. En este caso, el riesgo de secuestro del pensamiento por parte del EGO no deja de estar presente.
    Como sea, es necesario aprender, desaprender, embarcarse en la tarea de crecer construyendo SHALOM.

  • Lo que enferma y lo que sana

    Hay una muy pequeña glándula en el corazón de nuestro cerebro denominada hipotálamo que regula nuestro cuerpo, para que tienda a la homeostasis, es decir el equilibrio dinámico.
    Segrega hormonas, sustancias químicas, que provocan diferentes reacciones en nuestro organismo y controla funciones tales como: temperatura corporal, hambre, estados de ánimo, liberación de hormonas de otras glándulas -especialmente la hipófisis-, presión sanguínea, función muscular, sistema inmunitario, comportamiento sexual, sueño, sed, frecuencia cardíaca.
    ¡Imagínate su importancia!

    El hipotálamo también reacciona a las percepciones sensoriales, sin capacidad para diferenciar si son reales, imaginarias, estimuladas por una película, etc.
    Como busca el equilibrio, al recibir información que pudiera afectarlo se pone a trabajar para conseguirlo, cambiando y reajustando las funciones del organismo para lograrlo.
    ¿Qué pasaría si nos llenamos de pensamientos negativos, de impotencia, de fracaso, de amargura, de malestar, de conflicto?
    ¿Cómo crees que sería su reacción, nuestra reacción?

    Habrá cambios químicos que percibiremos como emociones, sentimientos, intuiciones, sensaciones, que podemos considerar como alertas que sirven para llamarnos la atención y modificar aquello que nos está incomodando para restablecer así el control, el equilibrio perdido.
    Si nos hacemos caso de tales anuncios, o los desciframos erróneamente, o no podemos/queremos modificar la situación que los provoca, el cuerpo creará síntomas, como manera de protegernos de cierta forma de aquello que nos afecta al tiempo que señala lo que lo provoca.
    Si entonces nos hacemos cargo de la situación y la resolvemos, encontraremos que los síntomas se mitigan o desaparecen, reposamos de la invasión de llamados de atención internos que nos aturdían.

    Por supuesto que si las percepciones sensoriales son agradables, el hipotálamo segregará sustancias químicas que nos complacerán, para mantenernos en ese estado plácido, equilibrado.
    ¿A qué no sabes con qué asociamos en este hogar al hipotálamo?
    Sí, EGO o IETZER HARÁ.

    ¿Entiendes la importancia de construir SHALOM interna y externamente en todo momento?
    Ya no solamente como un llamado sagrado o ético, ni como una misión basada en razonamientos lógicos, sino como una necesidad biológica de cada ser humano.
    Si nos llenamos de pensamientos tóxicos, de palabras negativas, de acciones contrarias al SHALOM, estamos provocando que nuestro organismo reacciona de manera forzada, llevándonos a estados de malestar, sufrimiento, conflicto, vulnerabilidad, ira acumulada, agotamiento físico/mental, frustración, etc. Entonces, tendremos miedo, angustia, ataques de pánico, infartos, úlceras gastrointestinales, hipertensión arterial, algún tipo de diabetes, alergias, conflictos interpersonales, debilitamiento del sistema inmunitario, lesiones musculares, intentos de autoeliminación, adicciones, entre otros efectos directos de nuestra falta de control y no aceptación de la misma, de nuestra lucha a como dé lugar por ser poderosos donde no lo somos, de nuestra desconexión de la realidad en lugar de modificarla en la medida de lo posible o admitirla y fluir con ella.

    En principio, ¡no hay nada mágico en pensar positivamente para ayudar a tener una vida más feliz!
    Pero claro, cuando el pensar positivo se transforma en un lema religioso, en un mandato obligatorio y si no se cumple se merece la condena divina, entonces ya no se está realmente en presencia de una enseñanza saludable, sino en un disfraz de felicidad usado como instrumento por el EGO para mantenernos en impotencia. O cuando el llamado pensamiento positivo se usa para encubrir la impotencia, negarla sin hacer nada realmente eficaz para obtener poder, también resulta ser una herramienta del EGO para someternos.
    El pensamiento positivo lleva a construir SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia; si no, es solamente una fantasía o un manejo del EGO.

    Los consejos para una mejor vida son:

    • Admitir nuestra impotencia.
    • Controlar aquello que está en nuestro dominio.
    • Emplear la Comunicación Auténtica.
    • Disfrutar de lo permitido en tanto nos apartamos de lo prohibido.
    • Realizar acciones concretas de bondad Y justicia.
    • Evitar en lo posible el llanto, grito, pataleo y desconexión de la realidad (y los derivados de estas cuatro); que son solamente útiles en verdaderas situaciones límites de falta de control y con peligro de vida o integridad.
    • No estigmatizar la tristeza, sino darnos cuenta que existe y es parte de nuestro ser humano; pero tampoco acurrucarnos en ella de manera continua.
    • No obligarnos a sentir una felicidad que no sentimos, ni tenemos cómo sentirnos felices en tanto no demos los pasos necesarios.
    • Conocer nuestro funcionamiento para comprender lo que acontece y apartarnos de negación, superstición, magia, religión o cualquier otro sistema enfermizo de esclavitud mental.
    • Pensar positivamente, en serio, con conocimiento y optimismo reales.
    • Conversar con el Padre Celestial, no para ordenarle que haga según nuestro deseo, ni para demandar beneficios, sino para unificar nuestro ser con Su Ser.
    • Caminar el sendero de la TESHUVÁ.
    • Tomar sesiones de CABALATERAPIA.
  • La dificultad de comunicarse

    En muchas ocasiones hemos estudiado acerca de la Comunicación Auténtica, vimos su importancia fundamental, la necesidad de conocerla y emplearla.
    Trataré no repetir en este breve artículo lo ya trabajado, sino que prefiero aportar algunos nuevos datos que podrían serte de utilidad. Creo que sería oportuno y necesario que buscaras en este hogar y leyeras los textos al respecto.

    Cuando estamos intentando comunicar cualquier idea para convertirla en mensaje debe sortear numerosos filtros, por lo que suele ir cobrando otro sentido, en ocasiones se va diluyendo hasta transformarse en otra cosa e incluso en lo contrario.
    Suele recorrer las instancias que forman nuestra pentadimensionalidad y modificarse para estar en consonancia y tener “permiso” de seguir avanzando.

    Veamos.
    Nos surge una idea, o pensamiento, o intuición, u opinión, o invención; para sintetizar las llamaremos simplemente “idea”.
    Ésta debe obtener la suficiente definición y forma como para que pueda ser aprehensible por nosotros mismos; porque de no serlo, pasará como una nebulosa ráfaga, un rayo que cruza nuestra conciencia y que incluso podría pasar por completo desapercibida de tan veloz y falta de delimitación. Por día nos surcan miles, sino millones de estas ideas. Con algunas nos enroscamos, quedamos pegados, les damos vueltas, las rumiamos y por lo general no suelen ser las que nos permiten crecer y ser más felices y complacidos, sino aquellas que nos dejan en estado/sentimiento de impotencia, que nos desgastan, que consumen energía que pudiera ser dedicada a la construcción de una realidad mejor.
    Como te decía, la idea debe adquirir una forma accesible y comprensible por nuestra conciencia, dejar el caos amorfo para ser una idea concreta, aunque quizás no del todo establecida en cada uno de sus detalles.
    Cuanta mayor claridad de pensamiento, mayor conocimiento, más sabiduría, mejor entrenamiento en el arte/ciencia del pensamiento, y menos secuestro de la mente por parte del EGO soportemos, entonces estaremos capacitados para desarrollar ideas estupendas, de acuerdo a nuestras capacidades y potenciales. Pero, las ideas no solo nacen o surgen de la dimensión mental, en ocasiones son concebidas en otras de nuestras dimensiones, no como ideas sino como mociones de energía que se convierten en una idea.

    La idea no siempre adquiere sonido, estructura lingüística, pero si queremos que siga su curso por lo general deberá pasar el filtro social.
    Así, no solamente será encajonadas dentro de una determinada lengua y uso de la misma, sino que probablemente deberá amoldarse para ser aceptable dentro del grupo de referencia y/o pertenencia.
    Porque, no toda idea puede ser expresada, ni es admitida explícitamente por el grupo.
    Así, la idea se maquillará, se disfrazará, cambiará para no ser rechazada, por lo cual es evaluada previamente, sopesada, comparada, juzgada y declara culpable en lo que pudiera resultar molesto. A no ser que se pretenda incordiar, la idea suele ser transformada. Y en ocasiones es cambiada precisamente para ser dañina.
    Además, estudios de lenguajes han demostrado que la lengua puede determinar las percepciones, estructurar nuestra forma de percibir el mundo. Así como nos enseñan a nombrar las cosas, o a no hacerlo, pasamos a darnos cuenta de la existencia. Sea en las cosas que nos pasan en el mundo compartido, así como en nuestro mundo interno, de los afectos y sensaciones.

    La idea ya se ha acomodado a un idioma y a ser aceptable para compartir con el grupo, pero debe pasar por otro filtro, el emocional.
    Aquí los factores que operan por lo general se quedan en las sombras, provocando reacciones sin aparecer a la vista o en escena.
    Si la mente no ha estado secuestrada por el EGO, igualmente al atravesar la dimensión emocional será zarandeada por infinidad de cuestiones del pasado, escondidas, acechando, que no se nombran, que incluso hasta pueden no ser sentidas conscientemente. Así, por ejemplo, unas palabras de felicitación son dichas con un tono de reprobación, o de evidente envidia.
    En otras, las emociones están a flor de piel y toman el control abiertamente, o de manera poco disimulada. Entonces, cuando una idea viene aprobada por lo social, de pronto se convierte en una afrenta, en un motivo de enojo.

    La dimensión espiritual orienta hacia el Bien, aspira a que toda nuestra existencia esté en armonía interna y externa.
    Nos alumbra, en tanto no hayamos bloqueado a su alrededor su LUZ. Con su influjo se disiparían las amarguras, conflictos, rencillas, malestares, acciones incorrectas, es decir, todo lo que aparta del Bien. Pero, las manchas a causa de nuestras acciones incorrectas perturban el pasaje de su LUZ, dejándonos en semi penumbras, en capacidad para desplegar nuestro libre albedrío (capacidad para elegir libremente entre lo que es bueno y lo que no lo es).

    El cuerpo se expresa, sea hablando, o con gestos, o con sonidos, o con textos, o con posturas, o con silencios, o con afecciones somáticas, o con movimientos. Cuando la idea es manifestada, probablemente está a una enorme distancia de lo que fue en su origen.
    Sí, el cuerpo tiene también sus propios mecanismos de expresión, algunos de los cuales pueden estar al servicio de las otras dimensiones, otros son autónomos de nuestra voluntad, o sentimientos o mandatos.

    Esto que venimos señalando como instancias consecutivas, como separadas y claramente distinguibles unas de otras, en los hechos se dan simultáneamente, en una milésima de segundo cada una de las dimensiones establece sus pautas, modifica, ordena, desorganiza, cancela, habilita, prohíbe, veta, admite, etc.
    La imagen que acompaña este texto es una representación de la Torre de Babel, ¿te das cuenta por qué la escogí?

    Es un tema muy importante, pero al mismo tiempo muy complejo.
    Sería muy bueno si tú pudieras pensar ejemplos concretos y ver cómo se van dando estos filtros para comprobar su existencia, al mismo tiempo de ir adquiriendo conciencia y quizás aprendiendo a que predomine lo que construye SHALOM y no lo que lo interrumpe. Te agradezco si quieres compartir tus ejemplos, ideas, comentarios, dudas, al respecto aquí mismo.

  • Hashem Elohim

    Cuando nos referimos al Eterno como Elohim, pensamos que Él es lo más lejano en tanto lo sentimos como cercano.
    Y cuando nos referimos a Él como Ad-onai, Lo sentimos como infinitamente lejano en tanto que es lo más cercano.
    Y sin embargo, es UNO, sin divisiones, sin asociaciones, sin partes, sin personalidades separadas. UNO perfecto en su UNICIDAD.

    Mejor, hablemos CON Él, en lugar de hablar DE Él.