Categoría: Creencias

  • Resp. 5935 – Puede un noájida recibir perdon por sus pecados?

    1- Puede un noájida recibir perdon por sus pecados?
    2- Cómo puedo estar seguro de que he sido perdonado por mis pecados del pasado?
    3- Que debo hacer para ello?
    Gracias,

    Víctor Vélez, maestro de música en Puerto Rico

    (más…)

  • El consejo diario 557

    La tristeza es factor natural en la vida humana.
    No debe ser despreciada en su debido tiempo y monto,
    como tampoco se desvalorizada la persona que la padece.

    Incluso, hasta quizás manifiesta (en tanto esconde) algún desequilibrio físico o emocional,
    que puede ser advertido y corregido.
    Por tanto, ¡a no negar la tristeza! ¡A no taparla con lemas religiosas y supersticiosos!
    ¡A no proponer darse ánimos banales como forma infantil de ocultar una realidad!
    ¡A no negar lo que se está sintiendo, a causa de la presión social empleada por el gurú religioso de turno!

    ¡No te dejes convencer de alejarte de tu tristeza!
    Mejor admítela, busca su origen, trabaja para superarla y convertirla realmente en motor de cambios positivos,
    y a través de ella también construye SHALOM,
    porque ésta es una tarea de reparación, de crecimiento, de unificación con el Creador.

  • El consejo diario 547

    El Eterno te ha creado también para que hagas TU parte de la Obra,
    que es tuya y solamente te corresponde realizarla a ti.
    Ni tus padres, ni tus hijos, ni tus alumnos, ni tus seguidores, ni el vecino, ni fantaseadas vidas pasadas o futuras, ni seres mágicas,
    ni siquiera el mismo Dios serán los que puedan llevarla a cabo,
    solamente tú,
    aquí y ahora.

    Actúa como socio de Él,
    no como adversario,
    ni como parásito, que es otra forma de ser contrario a la Divina Voluntad, aunque te llenes la boca de “dios” y puebles tu existencia de rituales y objetos supuestamente santos.

    Seguramente que tu misión tiene en la base la construcción de SHALOM,
    por medio de acciones de bondad Y justicia,
    así pues,
    tienes asegurada una parte de tu victoria al saberlo y hacerlo.

    http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/sefirat-haomer-20

  • El consejo diario 531

    Puedes pasarte el tiempo declamando acerca de los poderes del Eterno
    y asegurando con fe ciega que Él pronto responderá a tus ruegos y clamores,
    mientras sigues en la espera pasiva, enferma, mortal.

    Puedes dedicarte a predicar acerca de que todo lo que Él hace es bueno,
    aunque a nuestros ojos pareciera ser todo lo contrario,
    y se confirmara a cada instante lo oscuro de la situación y el silencio como respuesta;
    pero te empecinas en tu creencia, te aferras a ella, te niegas a otra cosa.

    Puedes seguir esperando la gracia Divina,
    Su protección milagrosa,
    Sus cuidados extraordinarios y sobrenaturales,
    aunque nada tengas para confiar en merecerlos,
    ni sea necesario recurrir a la magia para alcanzar resolución.

    Puedes ser efectivo y proactivo en el uso apropiado de los instrumentos que Él te ha otorgado,
    aprender a emplearlos con sabiduría e inteligencia, bondad y justicia, receptividad y entrega,
    construir SHALOM a cada instante con todo tu ser, todas energía y todo lo que posees,
    para así cumplir TU parte, que es TUYA y de nadie más,
    y entonces ser un verdadero socio del Creador y una persona completa (SHALEM).

    Tú escoge.

  • Sobre el embrollo hermenéutico de la quietud del sol en el libro de Josué

    josuecomandabatalhacontracananeus300x225.

    Por Shaúl Ben Abraham Avinu

    Yo no estoy tan estadísticamente seguro si la Biblia es el libro más difundido y leído del mundo, pero no me cabe duda alguna que es el peor entendido: las miles de sectas que surgen de sus variadas interpretaciones dan cuenta de ello. Y no es para menos ya que por lo menos hay cuatro barreras que nos separan de ella: una barrera temporal, una barrera cultural, una barrera religiosa y una barrera lingüística. ¡Y qué barreras! Para cruzarlas se ha necesitado de la ayuda de arqueólogos, exegetas, eruditos, teólogos, traductores, y hasta de presuntos profetas, apóstoles y cuanto pintoresco ejemplar de la humanidad se levante como su autorizado intérprete.

    Dicho lo anterior parto sin más a considerar un pasaje que no ha hecho sino causar, en mayor o menor medida, una discusión innecesaria y ociosa entre los postulados religiosos y las demostraciones científicas. Me refiero al pasaje del libro de Josué en el que el sol es detenido por la invisible mano divina. ¿Pero detenerlo, cómo? ¿No es que la tierra es la que se mueve como nos confirmaron Galileo y Copérnico y el sol permanece estático? Y claro con ellos y sin ellos ya se movía, pero durante muchos siglos la gran mayoría de la masa ignara no sabía qué, cual pasajero minúsculo, se trasladaba y rotaba por una abstracta elíptica que, rodeando al sol, le permitía con esos dos movimientos, provocar los días y los años.
    Y así pues año tras años que se iban haciendo siglos y estos en milenios, la humanidad giraba y giraba mientras los bobos miraban y miraban, como se dice popularmente. Pero algunos pocos no pasaban en vano y se dedicaban a mirar a las estrellas y a registrar sus observaciones. Se supone que los antiguos pensaban que la tierra era plana y era el centro del universo conocido. Pero digo “se supone”, pues yo tengo para mí que son más bien cuentos que los modernos le han achacado a los antiguos bajo el prejuicio que los ha llevado a pensar que las ideas o teorías viejas son peor pensadas o son menos rigurosas en su elaboración conceptual.

    Pero no entraré en debates largos y tediosos sobre los tierra-planismos y los geocentrsimos, me basta decir con respecto a este último –como para introducir el tema que quiero exponer brevemente-, que sigue lo mas de vivo a través de unos pocos grupos religiosos fundamentalistas, especialmente entre los llamados creacionistas, que interpretan las escrituras sagradas a fin de aportar pruebas a la ideas de que la Tierra es el centro físico del Universo. Por catalogarlos de algún modo a los que les gusta catalogar, los han llamado bajo el rotulo de neogeocentrismo, que como todo lo neo es más extremista que su antecesor. Para muestra de ello basta con buscar en Google a “La Asociación Contemporánea para la Astronomía Bíblica” qué, conducida por el físico Gerhardus Bouw sostiene una teoría llamada la geocentricidad, que es ni más ni menos una reelaboración y sofisticación del modelo de Tycho Brahe.

    El mundo Europeo Cristiano durante ese larguísimo periodo mal llamado Edad Media era geocentrista. Ahora no lo son, y se aterran de haberlo sido, como algún día se aterraran de lo que son. Y decir que lo eran, es hablar de unos pocos, de algunos sabios, religiosos, filósofos y tradicionalistas, porque el resto de sus habitantes ni les interesaba andar especulando sobre eso, muchos ni salieron del lugar en que nacieron y andaban más preocupados en librarse de las pestes, de las brujas y los duendes, en buscar –como ahora- esposa, en comprar prepucios de Jesús, y esperar la cosecha para llenar las barrigas de sus amos. Palabras más palabras menos, en este estado se encontraba el mundo en el que les tocó vivir a los señores Copérnico y Galileo, quienes aterrarían con sus ideas a la Iglesia. Y no era para menos ya que les dio por trastabillar lo que ya funcionaba tan bien: que la tierra era el centro y todos los demás astros, como jóvenes enamorados tras damisela encantadora, giraban en torno a ella danzarinamente. Y yo, al igual que esos señores muy indignados les hubiera dicho lo mismo, que eran un par de locos, y les hubiera deseado verlos como, en la actualidad, veo aterrado, aunque me los coma, a los pollos en los asaderos ¿Cómo se atrevían a discutirle a la eminencia de Aristóteles y al mamotreto del Almagesto de Claudio Tolomeo que era ni más ni menos la recopilación de siglos de trabajo de los griegos? Eso es como si yo fuera y le dijera a Stephen Hawking que sus agujeros negros son puras marihunadas y que lo mejor sería que se retractara de todo lo que ha escrito. Y sobre todo ¿Cómo le discutían al libro de los libros? A ese Libro que para su desgracia tuvieron que leer en ese latín populachero al que lo tradujo Jerónimo en su versión Vulgata, que tal y como se conserva decía, y a un dice así en el pasaje del capítulo 10 versos 12 al 14 del libro de Josué:

    12 tunc locutus est Iosue Domino in die qua tradidit Amorreum in conspectu filiorum Israhel dixitque coram eis sol contra Gabaon ne movearis et luna contra vallem Ahialon 13 steteruntque sol et luna donec ulcisceretur se gens de inimicis suis nonne scriptum est hoc in libro Iustorum stetit itaque sol in medio caeli et non festinavit occumbere spatio unius diei 14 non fuit ante et postea tam longa dies oboediente Domino voci hominis et pugnante pro Israhel.

    Versión que, como se sabe, fue el producto de una traducción proveniente del griego, idioma en el que originalmente no se escribió ese grupo de textos que los cristianos llaman Antiguo Testamento, idioma que los clérigos creyeron era más digno que el hebreo, esa lengua hablada por “esos pérfidos iehudios”. Dicha versión griega, llamada Septuaginta (LXX), fue mandada a traducir por el rey de Egipto Talmai II (o Tolomeo Filadelfo, 285-246 a. d. e.) a 72 sabios hebreos.

    Pero ni la Vulgata, ni la Septuaginta nos sirven para determinar nada en lo que respecta al texto en cuestión por ser lo que son, meras traducciones. O bueno si sirven para recordar que la primera fue la Biblia que los cristianos de la Edad Media emplearon para casi nada ya que muy pocos eran lo que la leían, y la segunda fue la que educó a los judíos helenistas y sirvió de herramienta proselitista para el naciente cristianismo de los siglos I al III. Otra cosa podría decirnos: que vocablos griegos y latinos originaron la confusión, cosa que me quedaré debiendo porque apenas cuento con unas horas para hacer este documento. Pero para saber qué es lo que se dice realmente cuando se detiene el sol no sirven, o sirven tanto como intentar comprender el texto desde una versión en coreano, que apropósito aquí cito:

    여호와께서 아모리 사람을 이스라엘 자손에게 붙이시던 날에 여호수아가 여호와께 고하되 이스라엘 목전에서 가로되 태양아 너는 기브온 위에 머무르라 달아 너도 아얄론 골짜기에 그리할지어다 하매
    태양이 머물고 달이 그치기를 백성이 그 대적에게 원수를 갚도록 하였느니라 야살의 책에 기록되기를 태양이 중천에 머물러서 거의 종일토록 속히 내려가지 아니하였다 하지 아니하였느냐
    여호와께서 사람의 목소리를 들으신 이 같은 날은 전에도 없었고 후에도 없었나니 이는 여호와께서 이스라엘을 위하여 싸우셨음이니라

    ¿Alguien entiende? Yo no, hasta allá no me da la sesera, y aun si me diera me tendría sin cuidado, pues no tengo ni la mínima intención de predicarle a Kim Yong Il o a Kim Dae Jung. Es más podría haber mostrado al revés el texto y, a menos que fuera coreano (del sur o del norte da igual) nadie se habría percatado de ello. Creo que primero llegaré a entender y a explicar que es el rascahifle del betuche en la cotopla que está en la cuchuflera, que eso. Así pues sabiendo me incapaz de leer esa versión bíblica me dirijo a lo que sí puedo, a leer el texto original en su lengua tal y como la han trasmitido los masoretas:

    אָז יְדַבֵּר יְהוֹשֻׁעַ לַיהוָה, בְּיוֹם תֵּת יְהוָה אֶת-הָאֱמֹרִי לִפְנֵי בְּנֵי יִשְׂרָאֵל; וַיֹּאמֶר לְעֵינֵי יִשְׂרָאֵל שֶׁמֶשׁ בְּגִבְעוֹן דּוֹם, וְיָרֵחַ בְּעֵמֶק אַיָּלוֹן. וַיִּדֹּם הַשֶּׁמֶשׁ וְיָרֵחַ עָמָד עַד-יִקֹּם גּוֹי אֹיְבָיו–הֲלֹא-הִיא כְתוּבָה עַל-סֵפֶר הַיָּשָׁר; וַיַּעֲמֹד הַשֶּׁמֶשׁ בַּחֲצִי הַשָּׁמַיִם וְלֹא-אָץ לָבוֹא כְּיוֹם תָּמִים. וְלֹא הָיָה כַּיּוֹם הַהוּא, לְפָנָיו וְאַחֲרָיו, לִשְׁמֹעַ יְהוָה, בְּקוֹל אִישׁ: כִּי יְהוָה, נִלְחָם לְיִשְׂרָאֵל

    Antes de dar una respuesta aplicando alguna de las reglas propias de la cultura de producción, quisiera presentar dos versiones españolas, una católica y otra protestante, de este pasaje; para efectos de ahorro de espacio (ya que hay que ahorra papel y ojos al lector) los presento en dos columnas:

    Torres Amat:

    12 Entonces habló Josué al Señor en aquel día en que entregó al amorreo a merced de los hijos de Israel, y dijo en presencia de ellos: Sol no te muevas de encima de Gabaón; ni tú, Luna de encima del valle de Ayalón. 13 Y se pararon el Sol y la Luna hasta que el pueblo del Señor se hubo vengado de sus enemigos. ¿Y no es esto mismo lo que está escrito en el libro de los justos? Se paró, pues, el Sol en medio del cielo, y detuvo su carrera sin ponerse por espacio de un día. 14 No hubo antes ni después día tan largo, obedeciendo el Señor, por decirlo así, a la voz de un hombre, y peleando por Israel.

    Reina-Valera 1960:

    12. Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. 13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero 14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová (sic) peleaba por Israel.

    Incluyo estas versiones para dar una muestra de cómo dos de la vertientes más extendidas del cristianismo entienden el pasaje, y de paso como introducen aspectos que los caracterizan religiosamente, olvidando que su religión no es la espiritualidad que profesaba el autor del pasaje. Sin embargo no entraré a discutir los matices verdaderamente relevantes como el asunto del nombre de Dios, o sobre el uso de las mayúsculas o las minúsculas en ciertos nombres. Me gustaría, antes de llegar a mi análisis basado en la tradición oral que preservó al texto, presentar algunos comentarios que se han producido en torno a este pasaje por las dos vertientes religiosas señaladas. Empiezo por una interesante nota que la versión Torres Amat contiene y que busca dar cuenta del pasaje así:

    El milagro del sol, considerado durante mucho tiempo uno de los grandes problemas de interpretación por sus implicaciones cósmicas, se explica hoy como una interesante imagen poética: El Sol y la Luna no son los astros, sino las divinidades de los enemigos a quienes se les ordena callarse y quedarse quietos hasta la victoria del Señor.

    Este “se explica hoy” me encanta, ¿y que se explicaban antes? No lo dice, pero casi todos lo saben: pues que la tierra era el centro del universo. Ahora es una “interesante imagen poética” donde el sol no es el Sol, y la luna no es la Luna sino dioses de pueblos idolatras. ¡Eso es rompamos el principio de identidad y enloquezcámonos! ¿Cuándo ese cambio? ¿Cuándo la iglesia acepto como poesías las palabras serias e inspiradas por la tercera persona-paloma de la trinidad? Cuando le dio la razón al heliocentrismo.  Por su parte en el famoso comentario cristiano de Mathew Henry se comenta:

    Fijaos en la gran fe de Josué y el poder de Dios que le responde deteniendo milagrosamente el sol, para que el día de la victoria de Israel sea más largo. Josué actuó en esta ocasión por impulso del Espíritu de Dios en su mente. No era necesario que Josué hablara o que el milagro quedara registrado según el vocabulario moderno de la astronomía. Para los israelitas el sol salía por sobre Gabaón, y la luna, por sobre el valle de Ajalón, el curso de ellos pareció detenerse por todo un día. ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Esta es la respuesta suficiente a diez mil dificultades, que los contradictores de toda época han esgrimido contra la verdad de Dios revelada en su Palabra escrita.

    Que olímpico este señor, menos mal estas palabras no sirven de “respuesta suficiente” a las diez mil y una dificultades que me deja luego de leerlo. Por eso cito ahora el Comentario Jameison-Fausset-Brown –protestante- que comenta los versos 12-15 así:

    El autor, inspirado, rompe aquí el hilo de la historia de esta victoria milagrosa, para introducir una cita de un poema antiguo, en el cual se conmemoran los poderosos hechos de aquel día. El pasaje forma un paréntesis, y contiene una descripción poética de la victoria, que fué ganada milagrosamente por la ayuda de Dios, y es un pasaje del libro de Jasher, es decir, “el justo” o “derecho”—una antología de cánticos nacionales, en honor de los héroes renombrados y eminentemente piadosos. El lenguaje de un poema no debe interpretarse literalmente, y por lo tanto, cuando se personifica al sol y a la luna, como si fuesen seres inteligentes, y se representan como parados, la explicación es que la luz del sol y la luna se prolongó sobrenaturalmente por las mismas leyes de refracción y reflexión que hacen que el sol aparezca sobre el horizonte, cuando en realidad está debajo del horizonte. (Keil, Bush). Gabaón (una colina) estaba ahora a espaldas de los israelitas, y la altura pronto atajaría los rayos del sol poniente. El valle de Ajalón (ciervos) estaba delante de ellos, y tan cerca, que a veces se llamaba “el valle de Gabaón”. (Isa_28:21). Parecería, por el v. 14, que la orden de Josué fué en realidad una oración a Dios a favor de la realización de este milagro; y que, aunque las oraciones de los hombres eminentemente buenos, como Moisés, a menudo eran contestadas por Dios, nunca hubo en otra ocasión un despliegue tan asombroso del poder divino a favor de su pueblo, como en respuesta a la oración de Josué. v. 15 es el fin de la cita de Jather (sic); y es necesario tomar nota de esto, como el hecho descrito en ella, está recordado en debido curso, y en las mismas palabras, por el historiador sagrado, v. 43.

    Este comentario confunde a un más con su falsa erudición. Por su parte el Nuevo comentario bíblico siglo veintiuno- Antiguo Testamento, escrito por G.J. Wenham, J.A. Motyer, D.A. Carson, R.T. France, comenta de manera extensa el texto, aportando algunos puntos de vista bastante interesantes y acomodaticios:

    El campo de batalla de Gabaón proporcionó un escenario donde el guerrero divino hizo maravillas. Este es el tercero y último acto de las intervenciones asombrosas del Señor a favor de Israel (cf. caps. 3; 4; 6). (…) En esta escena, el séquito del Señor, el sol y la luna, desempeñan papeles de apoyo para Josué. Los cananeos, que venían subiendo por las laderas desde el occidente de Gabaón (a los cuales Josué había llevado alivio después de su ascenso fatigoso de toda la noche), estaban viendo hacia el oriente el sol cegador sobre Gabaón cuando empezó la batalla. Para mantener la ventaja, Josué, orando al Señor, ordenó al sol y a la luna, como subordinados del Señor, detenerse hasta que Israel se hubiera vengado a sí mismo (es decir, defensivamente vindicar su soberanía) de su enemigo. En forma asombrosa el Señor sometió a estos ayudantes celestiales a la voz de mando de un hombre sobre el escenario terrestre. El sol pudo haber sido la deidad principal en Gabaón, como la luna lo era en Jericó (ver 6:1). El narrador cita su fuente, el libro de Jaser (“El libro del justo”), un relato antiguo y probablemente poético o colección de cantos épicos nacionales celebrando a los héroes de Israel (cf. 2 Samuel 1:18-27). Ha habido muchos intentos de traducir el heb. de los vv. 12, 13 para proporcionar una interpretación más naturalista del evento. Algunos eruditos creen que se refiere a un eclipse solar. Otros sugieren que el sol dejó de brillar, no de moverse, y que casi un día entero debe traducirse “como cuando el día ha terminado”. Una forma ligeramente modificada de esta posición, sostiene que el texto se refiere a una granizada muy temprano en la mañana que oscureció el cielo hasta que el enemigo fue vencido y traduce el v. 13: “El sol dejó de brillar en medio del cielo y no se apresuró a salir (así como era) como cuando el día ha terminado.” Aunque las palabras heb. que se traducen pararse y detenerse pueden significar “dejar de brillar”, especialmente en poesía, el calificativo prosaico del narrador a se detuvo en el v. 13b, en medio del cielo, en lugar de dejó de “brillar”, parece favorecer la interpretación tradicional. De la misma manera, tomar las palabras que se traducen en la RVA no se apresuró a ponerse como “no se apresuró a aparecer” es forzar el significado del heb. Esta interpretación, aunque ingeniosa, parece motivada no por una lectura normal del texto, sino por un intento de satisfacer las reglas de la ciencia. Ha habido también intentos de clasificar este pasaje como un mito historicista (ver R. G. Boling en Anchor Bible), pero esa interpretación socava la credibilidad del autor inspirado. Otros eruditos han rechazado explicaciones científicas considerando “el fenómeno como uno de los milagros numerosos de los cuales nos habla la Biblia… una ‘señal’ de la intervención divina extraordinaria que imparte una gracia inmerecida para el hombre e inconcebible en cualquier otra forma” (J. A. Soggin, Joshua [SCM, p. 123]). La orden de Josué al sol ha sido comparada con la oración de Agamenón a Zeus de no permitir que el sol se pusiera antes que los aqueos resultaran victoriosos.

    Tanta supuesta erudición daña el texto. Por su parte en el libro  Biblia Comentada. II. Libros Históricos del Antiguo Testamento (pg. 790), escrito por Luis Arnaldich O. F. M, asegura, (e incluye algo del caso Galileo), que:

    El recuerdo de la batalla de Gabaón se conservó entre el pueblo, y los poetas desplegaron en torno a este hecho milagroso su inspiración poética. A este folklore popular y a esta versión épica de la batalla hace referencia el autor sagrado cuando, a continuación del versículo 11, intercala el texto de un cántico antiguo triunfal conservado en el libro de Jaser (2 Sam 2:18). No comprendía el pueblo cómo pudo Josué llevar a cabo en el espacio de un solo día tantas hazañas. De ahí que, teniendo en cuenta su condición de profeta y la amistad que le unía a Yahvé, creyera que a su voz se detuvo el sol en su carrera. Con esta inserción, dos cosas ha logrado el autor sagrado: 1) poner de relieve la gran personalidad de Josué, que, como otro Moisés, domina los elementos; 2) recoger en su libro la memoria de una versión poética de un hecho diversas veces celebrado por los vates de Israel. Conforme al texto de esta exaltación poética de la victoria, anota el hagiógrafo, no hubo jamás un día como aquél. Y en verdad que la victoria de Betorón merecía ocupar un lugar destacado en los anales de la historia de Israel, ya que a partir de la misma quedaba abierto al ejército de Israel todo el mediodía de Palestina (sic). Según lo que acabamos de exponer, no caben las objeciones que contra este pasaje han amontonado los críticos independientes, creyendo abrir una brecha en la absoluta inerrancia de los autores sagrados. El autor de nuestro pasaje se ha limitado a registrar en su libro una versión popular y poética de la victoria, sin comprometer su propio juicio acerca de los pormenores de la misma. Como todos sus contemporáneos, creía el autor sagrado en la inmovilidad de la tierra y admitía que el sol daba vueltas alrededor de la misma; pero en este caso concreto no era su intención dar lecciones de orden astronómico, sino simplemente referir una antigua versión épica de la batalla de Gabaón. Conocido de todos es el incidente de Galileo Galilei (1564-1643) con las congregaciones romanas referentes a este pasaje del libro de Josué, que se produjo por un falso planteamiento del problema de la inerrancia bíblica y por haberse entrometido Galileo en cuestiones teológicas y bíblicas en vez de mantenerse en el terreno científico. En las discusiones con los teólogos romanos declararon éstos que el sistema de Galileo era falso y absurdo en filosofía y formalmente herético, por contradecir a textos bíblicos según su sentido propio y la interpretación unánime de los Padres y doctores de la iglesia. Por el decreto del Santo Oficio de 5 de marzo de 1633 se juzga a Galileo sospechoso de herejía “por creer y retener una doctrina falsa y contraria a las Sagradas Escrituras.” Este decreto no tenía carácter doctrinal, sino disciplinar; no se dictó con el fin de proponer una doctrina, sino como documento en el proceso criminal contra una persona. En el caso concreto de Josué no existe ninguna dificultad contra la total inmunidad de error del autor sagrado, quien, como hemos hecho notar, se limita a reproducir, copiar, citar y retransmitir a los lectores la manera como poetas y vulgo representábanse la victoria de Gabaón. Por su parte, el hagiógrafo no emite ningún juicio formal sobre la verdad o error contenidos en esta descripción poética que halló en una colección de himnos patrióticos. En otros lugares bíblicos encontramos también inserciones en el texto de cantos épicos (Ex 15:1; 1 Re 8:12), que comienzan exactamente con las mismas frases empleadas en el v.12: “Entonces (en aquel día), el día en que Yahvé.” Esta manera poética de narrar un hecho es corriente en la Biblia y en la literatura del Próximo Oriente, por lo que podemos deducir que se trata de un género literario admitido corrientemente en aquel tiempo Que 5:2ss). De ahí que podamos concluir la presente cuestión con las palabras: “En vez de ir a la caza de explicaciones de orden físico para explicar este pasaje del libro de Josué, mejor sería ver en él un problema literario y admitir, con muchos autores católicos modernos, que se trata de una citación poética que hay que interpretar conforme a las leyes de la poesía.

    Y para finalizar con esta citadera no me puedo olvidar de Isaac Asimov (científico, judío y agnóstico) que en su famosa obra Guía de la Biblia, bajo el subtítulo de Ayalón, comenta:

    La deserción de Gabaón a los israelitas constituyó otro serio revés para los cananeos. Los insignificantes reinos del sur, bajo la dirección de las grandes ciudades de Jerusalén y Hebrón, formaron una alianza contra el enemigo común y marcharon contra Gabaón para obligarla a volver a las filas cananeas. Para alivio de Gabaón, las fuerzas israelitas avanzaron con rapidez y en una gran batalla dispersaron y destruyeron a los cananeos. Durante esta batalla, tuvo lugar uno de los acontecimientos más famosos que se describen en la Biblia (cita aquí el pasaje en cuestión) Ayalón era una ciudad que estaba a unos dieciséis kilómetros al oeste de Gabaón. La Biblia afirma que ese milagroso alargamiento del día se produjo con el fin de permitir que los israelitas completaran su victoria, Hubo quienes, interpretándolos en sentido literal, utilizaron estos versículos veinticinco siglos después para combatir la teoría copernicana de que el sol estaba fijo y la tierra se movía a su alrededor. Al fin y al cabo, si Josué ordenó detenerse al sol, sería porque el sol debía moverse de ordinario. (Esta dificultad desaparece si se entiende el principio del movimiento relativo, pero el propósito de este libro no es considerar las relaciones de la Biblia con la ciencia, y pasaremos por alto este tema.) A continuación de esa batalla, la Biblia describe rápidamente la incursión de Josué por el sur de Canán, en la que.captura una serie de ciudades de la región que más tarde sería el territorio de la tribu de Judá. Se tomó Hebrón, pero no menciona a Jerusalén, cosa que no es de extrañar, porque tal ciudad siguió siendo cananea e independiente hasta la época de David.

    Que lastima que no explicara lo que él tan bien hubiera podido hacer, pero bueno. De todas las citas anteriores pude, por lo menos, extraer ocho explicaciones, ya cada quien verá cual es la que más le agrada:

    1. El Sol y la Luna no son astros, sino divinidades de los enemigos a quienes se les ordena callarse y quedarse quietos.

    2. No era necesario que el milagro quedara registrado según el vocabulario moderno de la astronomía.

    3. La explicación es que la luz del sol y la luna se prolongó sobrenaturalmente por las mismas leyes de refracción y reflexión que hacen que el sol aparezca sobre el horizonte, cuando en realidad está debajo del horizonte.

    4. Todo el fenómeno es un eclipse solar.

    5. El sol dejó de brillar, no de moverse, y así casi un día entero debe traducirse como, “como cuando el día ha terminado.

    6. El texto se refiere a una granizada muy temprano en la mañana que oscureció el cielo hasta que el enemigo fue vencido.

    7. Es un registro popular y poético de la victoria, cuyo autor creía en la inmovilidad de la tierra y admitía que el sol daba vueltas alrededor de la misma; no era su intención dar lecciones de orden astronómico, sino simplemente referir una antigua versión épica de la batalla de Gabaón.

    8. El fenómeno se puede explicar bajo el principio del movimiento relativo.

    A mí no me gusta ninguna, pues todo se me antoja muy bello, muy concordante, muy acomodaticio… muy sospechoso. Pero claro alguna explicación tenían que dar los autores y no hay que pedirle peras al olmo y ante un texto tan extraño que, con tan pocas palabras, seamos geocentristas o heliocentristas nos maravilla hacer poco ya es mucho.

    Lo primero que debo hacer para introducir mi explicación es denunciar un error fundamental que subyace en la gran mayoría de textos aquí citados: todos se fundan en la falsa idea de considerar al libro de Josué (Sefer Yehoshua) una hagiografía: he ahí el error. Por eso tanta explicación, tanta arandela y canutillo a lo que no lo necesita: por eso tanta hermenéutica. Esta afirmación, que se originó en la cristiandad, desdibuja el propósito original que tiene este documento. ¿Cuál es este propósito? La profecía. De acuerdo al canon hebreo, aceptado por el concilio de Yabné, las Escrituras se dividen en Toráh (Instrucción), Nebiim (Profetas) y Ketuvim (Escrituras). El Sefer Yehoshua es el primero de los libros de los Nebiim, por lo tanto se le considera un profeta, no un historiador. Esto es importante, ya que bajo la idea de que se trata de historia sagrada se piensa que el autor está relatando hechos y que está expresando una verdad empíricamente comprobable. Ante el mundo cristiano que un relato no corresponda a los hechos es trágico, ya que cualquier elemento de duda por más pequeño que sea pone a tambalear el edificio entero.

    Lo segundo que debo hacer es partir de una serie de elementos hermenéuticos propios de la cultura de producción que no tienen en cuenta la mayoría de lectores –por ignorancia o por prejuicio- que se acercan a la Biblia:

    1) La Escrituras no se pueden entender cabalmente sin la tradición oral que la acompaña.

    2) Esta tradición dice que la Escritura es susceptible de 70 niveles de interpretación. Lo que es un hebraísmo para dar a entender que son muchas.

    3) Las reglas y métodos de interpretación se agrupan en 4 sistemas de lectura llamado PaRDeS, donde P, indica a Peshat (lo literal), R a remez (alusión), D a drash (o búsqueda) y S a Sod (o secreto).

    4) Es indispensable conocer el hebreo, sus matices, sus reglas y sus estilos literarios.

    De lo anterior surgen varias preguntas: ¿Qué dice la tradición oral al respecto? ¿Cómo interpretar el pasaje? ¿Cuál sistema de interpretación es el más adecuado, para interpretar el pasaje en cuestión? ¿Qué dice el texto en hebreo?

    Lo tercero es que se debe leer el pasaje completo, en su contexto, para poder dar cuenta de algunas cosas que los comentarios señalaban y que casi nadie recuerda. Leamos el pasaje para detallar luego algunos aspectos sobresalientes. Cito la traducción del Tanaj de la Universidad de Jerusalem y destacó los fragmentos por analizar:

    Sucedió, pues, que Adoni Sédeq, rey de Yerushalaim, se enteró de que Josué se había apoderado de Ay y la había consagrado al anatema, haciendo con Ay y su rey como había hecho con Jericó y su rey, y de que los habitantes de Gabaón habían hecho las paces con Israel y que estaban en medio de Israel. Se atemorizó mucho con ello, porque Gabaón era una ciudad grande, como una ciudad real, mayor que Ay, y todos sus hombres eran valientes. Entonces Adoni Sédeq, rey de Yerushalaim, mandó a decir a Hohán, rey de Hebrón, a Piram, rey de Yarmut, a Yafia, rey de Lakís, y a Debir, rey de Eglón: «Venid en mi auxilio para que derrotemos a Gabaón, pues ha hecho las paces con Josué y con los israelitas.» Se juntaron y subieron los cinco reyes amorreos: el rey de Yerushalaim, el rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey de Lakís y el rey de Eglón, con todas sus tropas; asediaron Gabaón y la atacaron. Los gabaonitas mandaron a decir a Josué al campamento de Guilgal: No dejes solos a tus siervos; sube aprisa donde nosotros, sálvanos y socórrenos, porque se han aliado contra nosotros todos los reyes amorreos que habitan en la montaña.» Josué subió de Guilgal con toda la gente de guerra y todos los guerreros valientes. Y Adonai dijo a Josué: «No les temas, porque los he puesto en tus manos; ninguno de ellos te podrá resistir.» Josué cayó sobre ellos de improviso, tras haber caminado toda la noche desde Guilgal. Adonai los puso en fuga delante de Israel y les causó una gran derrota en Gabaón: los persiguió por el camino de la subida de Bet Jorón, y los batió hasta Azecá (y hasta Maquedá). Mientras huían ante Israel por la bajada de Bet Jorón, Adonai lanzó del cielo sobre ellos hasta Azecá grandes piedras, y murieron. Y fueron más los que murieron por las piedras que los que mataron los israelitas a filo de espada. Entonces habló Josué a Adonai, el día que Adonai entregó al amorreo en manos de los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: «Deténte, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayyalón.» Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. No está esto escrito en el libre del Justo? El sol se paró en medio del cielo y no tuvo prisa en ponerse como un día entero. No hubo día semejante ni antes ni después, en que obedeciera Adonai a la voz de un hombre. Es que Adonai combatía por Israel.

    Consideremos lo siguiente:

    1) Es un texto de guerra que cuenta las batallas que Israel hace a los pueblos cananeos.

    2) Narra una serie de hechos sobrenaturales.

    3) Cuando Yehoshua “habla” con Dios, indica que se encuentra en estado profético

    4) La orden dada al sol y a la luna siguen las normas poéticas hebreas del paralelismo.

    5) Hace mención de una fuente externa que la mayoría de autores identifican con una colección poética perdida, el Sefer Yashar.

    6) No solo el sol se detiene sino también la luna (¿Por qué se fijan tan solo en el sol?)

    Es notorio que ni el Talmud, ni los midrashim, ni Filon de Alejandría, ni Flavio Joséfo (hasta dónde sé) hacen mención especial de la detención del sol como un milagro, prácticamente repiten lo que dice el texto bíblico canónico ¿Por qué será si el verso 14 asegura que no hubo ni habrá un día como este? Pues porque ese no es el milagro principal, ya que ese es un hebraísmo para decir que el día se alargó. Hay otras expresiones coloquiales que emplean al sol para hablar de ciertas ideas abstractas, como en vayizraj lo hashemesh “le salió el sol” (Gen 32:31), para decir que le amaneció, o cuando se dice ain hashemesh, “a ojo del sol” para dar la idea de lo público. Desde luego decir que el día se alargó es resolver un misterio con otro. ¿Cómo ocurrió, que sucedió realmente? No lo dice simplemente ocurrió y ya. A lo sumo la tradición asegura que la fecha era Rosh Jodesh Nisan, el principio del signo “zodiacal” del Talé (Aries). Además en el texto no se habla de ningún milagro, no aparece ni la palabra ot o nes. Así pues el milagro se lo inventaron los escolásticos, así como se sacaban de la manga otros milagros.

    Mi explicación es que todo el pasaje, especialmente los versos en cuestión, es de carácter profético. Y con profético no estoy diciendo que se adivine o se prediga el futuro, sino que se está haciendo mención de una realidad trascendente en la que ni espacio ni tiempo existen. ¿Cómo sé que es una profecía? Porque al decir que Dios “le habló”, no se está diciendo que tuvieron una alocución o una entrevista, ya que la Toráh explícitamente dice en Números 12:6:” Y Dios les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta del Eterno, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él”. Léase bien, en “sueños hablaré”, así que lo que le dijeron a Yehoshua y lo que dijo es el producto de un sueño profético, no de un hecho empírico. A esa conclusión nos llevan las pruebas internas. Y en los sueños proféticos el sol se puede quedar callado (dom, se podría traducir así) y la luna se pone de pie (como también se podría traducir amad). Y que Yehoshua sea un profeta lo establece la Toráh en Deuteronomio 34:9: “Y Yehoshua hijo de Nun fue lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como el Eterno mandó a Moisés”. Y lo confirma Josué 4:14: “En aquel día el Eterno engrandeció a Yehoshua a los ojos de todo Israel; y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida”. La idea general es que Josué dominó los elementos, especialmente el sol y la luna, las fuerzas astrales más grandes consideradas por los antiguos, transmisores de las fuerzas divinas de lo derecho y lo izquierdo, lo masculino y lo femenino, el mismo sol y la misma luna que soñó José, los mismos astros que Moisés prohibió que adoraran los israelitas. Detallemos pues el pasaje:

    En la oración:

    שֶׁמֶשׁ בְּגִבְעוֹן דּוֹם, וְיָרֵחַ, בְּעֵמֶק אַיָּלוֹן

    Que se lee Shemesh begiv’on dom veyareaj be’emek Ayalon, la palabra דּוֹם dom (tercera de derecha a izquierda) es la forma imperativa de דּוּמָם dumám, quieto; palabra que, como adverbio, implica la idea de algo hecho silenciosamente, teniendo el sentido de callar y esperar. Y de paso, aun si fuera una expresión literal seria valida porque ahora sabemos que el sol si se puede quedar quieto, ya que se mueve sobre sí mismo. Pero que pueda no indica que alguna vez lo haya hecho. En la cláusula siguiente se refleja la idea anterior, bajo las normas del paralelismo hebreo:

    וַיִּדֹּם הַשֶּׁמֶשׁ וְיָרֵחַ עָמָד

    Vayidom hashemesh vayareaj amad

    Aquí el termino עָמָד amad es polisémico y por ello problemático. Su raíz primitiva trasmite la idea de “estar”, y como tal, al presentar muchas relaciones, puede llegar a significar muchas cosas, como: afirmar, aquietar, arreglar, asentar, asistir, callar, cesar, colocar, comparecer, confiar, confirmar, conservar, constituir, consultar, cumplir, dejar, descansar, desempeñar, designar, detener, determinar, enfrentar, entrar, entregar, erigir, esperar, establecer, estar atento, existir, faltar, estar firme, habitar, interponer, levantar, llegar, llevar, mantener, ministrar, mirar, oponer, orden, parar, parecer, permanecer, persistir, estar de pie, poner, presentar, presente, prevalecer, quedar, reedificar, reposar, resistir, restaurar, restituir, señalar, servir, sobrevivir, sostener, subsistir, suceder, venir. Así que aquí hay para escoger. ¿Y qué sentido tenía? No sé, pregúntenle a Josué.  Por mi parte traduciría el verso así:

    Sol espera en Giv’on y luna espera en el valle de Ayalon.
    Entonces se detuvo el sol y la luna descansó

    La otra parte del pasaje es esta:

    וַיַּעֲמֹד הַשֶּׁמֶשׁ בַּחֲצִי הַשָּׁמַיִם

    Vaya’amod hashemesh bajatzí hashamaim

    Dónde la raíz עמד ‘MD se repite, pero leída como amod da la idea de lugar en el que quedo el sujeto de la oración, en este caso en el medio, o la mitad de los cielos. ¿Será que acaso el pasaje no está sugiriendo que “nuestro” sistema planetario fue una vez geocéntrico y por este evento se transformó en ser heliocéntrico? Pues es una posibilidad, así como es una posibilidad que en caso de que Greta Garbo hubiera visto mi foto se hubiera enamorado perdidamente de mí. Pero por más posible que algo sea no quiere decir que sea probable. Mejor dicho no especulemos. Porque lo que nos quiere decir el texto es que el sol se quedó parado justo ahí, en la mitad de los cielos ¿y cuál es la mitad? ¿El medio día? Si me prestan una máquina del tiempo les respondo.

    Pero hay otro detalle no menor que se debe explicar: ¿Cuál es ese libro de Yashar que cita el pasaje? Si uno busca en una Biblia no aparece en la lista. La mayoría de comentarios, como se ha leído, asegura que este es un libro perdido de corte épico poético que contenía los itinerarios de guerras de Israel. En la amplia literatura hebrea existen al menos cuatro libros con ese título, uno de ellos que es un Midrash (explicación homilética) repite textualmente el pasaje. De acuerdo a los comentaristas de la Toráh en realidad ese libro es la misma Toráh, que es llamada así por causa de Moshé, al que se le denomina aquí Yashar, es decir aquel que va directo hacia Dios. ¿Y en qué parte de la Toráh se encuentra lo que el libro de Josué dice? En Génesis 48:19: «…También él llegará a ser un pueblo y también será engrandecido. Pero su hermano menor será más grande que él, y sus descendientes llegarán a ser prominentes entre las naciones.» Esta es una Profecía dada por Jacob a su nieto Efraim, ¿y cuándo los descendientes de Efraín alcanzaron su mayor prestigio y predominio sobre las naciones? Pues, el día en que Yehoshua, descendiente de Efraim, pidió del Eterno que ocurriera un acontecimiento irrepetible, de repercusiones cósmicas, en el que las fuerzas solares y lunares no estuvieran a favor de los cinco reyes. La profecía no anuncia el hecho del sol y luna, sino de la grandeza para Israel, resaltándose así lo principal en la visión del patriarca y no lo espectacular pero secundario.

    Ahora bien, sueño profético o no, queda claro que algo astronómico y climático ocurrió en aquellos días. Puedo explicar lo de las expresiones poético proféticas ¿pero –dirá alguien- no me explicará con eso lo del granizo meteórico que dejo aplastados a los soldados amorreos? Pensémoslo bien una extraña lluvia de piedras cae el mismo día en el cual el sol se aquietó y la luna detuvo su órbita. Una granizada, repentina, poderosa y pesada diezma a un gran ejército, con más fiereza que las armas de israelitas. ¿Y nadie dice nada? Especulemos un poco más y notemos dos cosas:

    1) Un fenómeno se estaba produciendo en el espacio cercano a la tierra que produjo una intensa lluvia de meteoros, que golpeaban con gran fuerza y devastación.

    2) El mismo fenómeno cósmico ralentizo la rotación terrestre, por lo cual el sol pareció detener o aquietar su aparente viaje en torno a la Tierra.

    ¿Qué podría estar aconteciendo? Quién va a saberlo a “ciencia cierta”, además porque ciencia no había en esa época según nos dicen los modernistas. Yo dije que no tengo respuesta porque no tengo una máquina del tiempo, pero el que no necesitó de eso fue el científico Immanuel Velikovsky, que en su famoso y ahora desprestigiado libro “Mundos en Colision” (1950) aseguró que un gran cuerpo sideral, inmenso, que estaba en las proximidades de la Tierra provocó alteraciones en el campo gravitacional terrestre y lunar, alterando la velocidad de rotación de ambos cuerpos; al mismo tiempo, una lluvia de meteoros desprendidos del cometa surcaban los cielos e impactaban la Tierra. Esto lo dedujo luego de un intenso estudio de narraciones de diversos pueblos antiguos, del análisis de datos arqueológicos y otras evidencias científicas y no tanto. El libro rebosa en notas a pie de página con datos que pretenden confirmar su aseveración tomados de la Biblia, el Talmud, papiros egipcios, lápidas astronómicas babilónicas, el calendario maya y azteca, el folklore de Arabia, India, América del Norte, Tíbet, China, Perú y no sé cuántos lugares más.

    En cuanto al sol detenido, Velikovsky asegura que dadas sus dimensiones no se trató de un fenómeno local reducido a la zona de Israel; toda el área terrestre tuvo que ser afectada: si el sol se mantuviera durante la mañana en el cielo sobre Gibeon, entonces en otra parte del mundo también, el crepúsculo o la oscuridad se prolongarían por ese mismo período. Fueron mitos antiguos, que le sirvieron de referencias cruzadas al respecto, los que confirmaron sus ideas. Entre las muchas citas incluye una narración tradicional andina que relata como el Sol estuvo oculto durante 20 horas, o la crónica aztecas que asegura relatan como el Astro Rey dejó de aparecer durante una noche cuya duración fue cuatro veces más de lo normal. Y cita aquel pasaje del Popol Vuh (maya) que dice textualmente: «La faz de la Tierra se volvió oscura y la triste lluvia duro días y noches». De China toma la leyenda del rey Wan que observó al sol detenido en el cielo durante más tiempo que el normal.

    Aunque todo esto pudiera parecer novedoso, Velikovski repitió y complementó con datos folklóricos los que ya hace muchos siglos, allá por el año 1300 de la era, el doctísimo comentarista del Tanaj llamado Rabí Levi ben Guershon, Ralbag (Gersonidas), quien además de erudito en la Toráh era filósofo, matemático y astrónomo, decía al comentar este pasaje, que el sol no se detuvo realmente, sino que enlenteció su aparente giro alrededor de la Tierra. ¿Pero cómo explicarlo? Seguimos en las mismas. En este tema se avanza con un paso adelante y dos atrás.

    En cuanto a mí, la verdad ya no me interesa quien es el que gira, si la tierra alrededor del sol, o éste alrededor de la tierra. ¿Y por qué? Pues porque desde hace unos días me he declarado francamente seguidor de Zenon de Elea, y por lo tanto me importa muy poco el movimiento. Bueno, excepto el bancario. Pero claro, a veces me levanto y la verdad le creo más a Heráclito y a sus compinches, que decían que todo se movía, hasta el niño que queda congelado mientras juega a las estatuas. Mejor dicho, todo depende como amanezca, y ante eso no hay ciencia que valga. Es más a veces me vuelvo geocentrista bajo un criterio muy simple que barre con cualquier objetividad promulgada por cualquier tumulto de científicos que afirmen lo contrario a lo que YO digo: la tierra es el centro, no solo del sistema solar, si de todo el universo y de lo que venga más adelante, pues es el lugar donde vivo yo y 6’999.999.999 de millones de humanos más, y es desde aquí que miramos todo lo restante, es desde aquí que surgen las preguntas que nos hacen buscar e investigar por la realidad y la existencia, es desde aquí que alguna vez nos lanzaremos hacia esos territorios que mientras no se exploren directamente seguirán perteneciendo al ámbito de la especulación y la semántica espacial. Es más les lanzo otro dato, no sola la tierra es el centro, tiene un sólo movimiento: va en caída libre hacia la Nada. Pero no la Nada del nihilismo, sino la de la Cabalá.

  • Resp. 5933 – Nefilim – Estatura – existencia

    1. Dios hizo perfectos a adan y eva
    2. Dios sabia sobre el incesto (normal para procrear)
    3. es logico que era anormal anunciar algo antinatural (relaciones Hijos de Dios(seres) y mujeres)
    4. Nefilim (poderosos) pero eran de estatura anormal.
    5. en tiempos tan cercanos a la creacion de Adan, no deberian haber seres anormales en estatura.
    6. la biblia si habla de sus estaturas anormales.
    7. Dios es perfecto y los Nefilim no eran de raza pura linaje de adan.
    samuel david – 33 años – guardia – colombia

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  • Resp. 5931 – Protección universal del Eterno

    ¿El judaísmo puede decir algo sobre la protección colectiva de un Ser Supremo en el mundo,como cuando hay eclipses de sol?.Mirar un eclipse puede dañar mucho los ojos hasta quedar ciego.Pero nunca se ha registrado que en el pasado pueblos enteros que no conocían ese peligro hayan quedado cegados,lo que muchos consideran obra de un Dios paternal y providente que protege a sus criaturas de desastres por ignorancia insalvable.Dios protegiendo a paganos e idólatras.¿Hay respuesta a eso?
    Ivan Carlos López Parra,40 años,Financiero Madrid-España

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  • Resp. 5927 – Que significa perdonar?

    1- Que significa perdonar?
    2- Que ya no sientes mas dolor?
    3- Que ya no importa lo que te hicieron?
    4- Que ya No eres mas una victima de una creencia errada que te llevo al error?
    5- Que ya no sientes dolor por esa persona porque comprendiste desde donde actuo ya que tu también has estado ahí?
    6- Desde donde construyes shalom para perdonar?
    lissettBaez,49 años, Idiomas, Santo Domingo, Republica Dominivana

     

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  • La enmarañada y terrible senda de la divinidad de Jesús

    Ayudame_Jebus_by_Zeinen

    Por Shául Ben Abraham Avinu

    Se sabe que en las fiebres teológicas de los primeros siglos del cristianismo las heterodoxias, las herejías, las sectas y toda una serie de variopintas enseñanzas pulularon junto al presunto monoteísmo dogmático de la iglesia que se arrojaban la ortodoxia y al politeísmo ancestral, diverso y descomunal, que poblaba los territorios del que fuera el gran Imperio Romano.

    Hacia el siglo IV, un obispo que se propuso expurgar la falsedad dentro de la comunidad cristiana, mencionó un total de 156 creencias y herejías cristianas; tal fue la variedad de credos que se necesitó de todo un nuevo argot para categorizar y describir a los descarriados y cismáticos: arcónticos, barbelognosticos, cerintios, encratitas, donatistas, menandrianos, nazarenos, ofitas, fibionitas, decimocuartos, estratióticos, valentinianos. Estos eran algunos de los nombres que aparecían en tan enriquecida lista y que serían recordados como ejemplos execrables de las muchas sectas que llegaron a ser totalmente condenadas y perseguidas luego que se estableciera como dogma definitivo la divinidad de Jesús, ese mismo dogma que millones de personas creen y sin cuestión alguna afirman olvidando que más allá de conservar la herencia de una fe ancestral es en realidad una perversa formulación teológica excluyente que atrapa la conciencia encerrándola en una luminosa jaula de aislamiento espiritual que ha sido el móvil íntimo de toda una civilización.

    Así pues, no hay que olvidar que la divinidad de Jesús ha costado sangre y no precisamente la propia sino la de miles y miles de personas que negaron y que contradijeron lo afirmado por sus seguidores, aquellos que han reclamado como única verdad su igualdad con Dios, como si tal cosa fuese posible. Y esa presunta igualdad, tan extraña al antiguo monoteísmo judío y aun tan cuestionable para las cientos de religiones no formalizadas que se agruparon en el paganismo es una de las afirmaciones religiosas, es decir un dogma, que más daño a causado a la humanidad entera.

    No en vano por ninguna otra divinización se ha discutido tanto. Los romanos pre-cristianos no debatían la deificación de sus emperadores, los hindúes habían hecho divinos a cuanto elemento encontraban y a cuanto sadú elevaban al lado de los devas en una tranquilidad que a duras penas se veía oscurecida por unas escaramuzas locales promovidas por seguidores que terminaban fusionándolas con otros dioses; los celtas, escandinavos y todos aquellos grupos asociados por el frio hiperbóreo, saludaban a sus héroes caídos como los nuevos luminosos que desde su respectivo paraíso de guerra alcanzaban su apoteosis en un conflicto divino. Pero nada de brutales y masivas imposiciones.

    Jesús no, Jesús el “unigénito” tenía que ser dios por la espada, y por una espada que él no manipulaba porque su reino no era de este mundo, sino que la manipulaban sus adeptos, su rebaño de lobos, sus dedos carnales que operaban su fantasmal voluntad, los mismos que con el idioma psico-guerrero de su evangelio, blandían la espada confusa de una doctrina que se alzó a fuerza de negar las otras visiones e imaginarios propios que también habían considerado a Jesús de muchas otras formas y que decían fundarse en sus ambiguos discurso, ciertos o atribuidos.

    Confuso mensaje que sigue aprovechando para gastar tinta y para hacer que personas tan inteligentes como yo se dediquen a escribir sobre estos asuntos que hace siglos deberíamos haber superado, pero que se deben tratar porque el mal engendrado debe ser menguado así sea con por medio del ejercicio de escriba electrónico. Confuso, como decía, porque desde sus propios textos doctrineros Jesús mismo crea la confusión con respecto a su naturaleza divina y su relación con Dios -en mayúscula-, al que identificaba como Padre en una calidad especial y excluyente del resto de la humanidad, como si los demás fuéramos seres materiales menores que por un pérfido acto de fe, que en este caso es la aceptación de una afirmación insostenible e incongruente, llegáramos, por medio de una extraña adopción a ser hijos de Dios con una minúscula bien merecida por ser pecadores merecedores del más hondo de los avernos del que se supone él nos rescató.

    Jesús lo único que hizo y ha hecho es causar confusión. Si su enseñanza y su vida fueron realmente ejemplos de claridad, ¿por qué entonces tantos albergan tantas dudas sobre ellas? ¿Por qué se escriben tantos libros para satisfacer la idea de que existió como ser histórico? Entre todos aquellos que fueron arrastrados por sus doctrinas debatieron por siglos con sangre y maldición sobre su naturaleza, unas veces más humana y otra veces más divina, gestando doctrinas y acusándose mutuamente de herejía, intentando entender lo que no hay que entender, haciendo malabares de dudosa dialéctica, sirviéndose con espantoso fervor del preciado legado de los filósofos griegos más ilustres, y en últimas desarrollando un complejo psico-cultural que penetraría por siglos en el alma de millones de seres que se vieron subyugados a ignorar todo su potencial, a desconocer la totalidad de su ser. ¡Que grandes habrían sido los grandes de la historia que aparecieron luego de sus enseñanzas, si tiempo atrás se hubiera abandonado semejante pequeñez!

    Así pues, si Jesús fue claro sobre sí mismo, ¿por qué, pero por qué, existieron doctrinas como el docetismo, que aseguraba que la humanidad de Cristo fue una mera apariencia y no una realidad; o el ebionismo, en el que Cristo no fue engendrado por el Padre Celestial sino por un José muy carnal y sólo fue Cristo o “Mesías” hasta el bautizo; o el adopcionismo, dónde Cristo es un simple hombre, adoptado por Dios como portador de una gracia divina; o las decenas de variantes de la gnosis cristiana, en el que Jesús no es Dios sino un «eón» (un poder dentro de muchos) en medio de los demás que ha venido para dar el conocimiento al hombre engañado por sus sentidos; o el arrianismo, en el que Jesús es hijo de Dios pero no consubstancial al Padre sino una suerte de dios menor; o el apolinarismo, que niega el alma humana de Cristo, creyendo que esa alma humana sería como la nuestra, pecaminosa; o el nestorianismo, que sostenía dos personas en Cristo: una divina y otra humana, sin unión alguna; o el monofisismo, que sostenía una sola naturaleza en Cristo, la divina; o – y última, porque toca detenerse- el monotelismo, que sostenía una sola voluntad en Cristo, la divina? ¿Y ese matorral de ideas en chisguete se presenta como monoteísmo? No me hagan reír. La Segunda Persona ha sufrido un ataque de esquizofrenia severa, cuando no de personalidad múltiple, y lo peor, nos han querido heredar ese legado.

    ¿Por qué tantas versiones de Jesus-Cristo? ¿Por qué no una sola si se supone que él es uno como se dice que su Padre lo es? Por qué sencilla y llanamente Jesús-Cristos es el ejemplo cultural más enfermizo de una arte antiguo que se ha renovado hasta la indecencia gracias a los ordenadores: el copy and paste. Así es, este personaje de presunta historicidad es el resultado de una gran cantidad de ideas, figuras, imágenes, dioses, reyes, mitos, fábulas, que el clero que lo promueve congregó y mezcló en un cuerpo imaginario que habría de habitar la mente de todos aquellos a los que se le impusiera su figura.

    Y aún más para poder que esa figura fuera creíble la ubicaron en un lugar del Imperio, un lugar propenso a riñas y polémicas contra el poder establecido; así pues tomaron la vida de un reo envalentonado con ínfulas proféticas que fue condenado bajo las leyes de un pueblo que desconocían y que creían superar gracias a unas enseñanzas de aspecto pío y sabio. Y así, como los juguetes actuales, lo exhibían en varias presentaciones: pescando, en la playa, sanando, obrando milagros, predicando, en la cruz, resucitando, cenando, a la diestra de dios padre, en el corazón de todos, como juez universal. Y luego para gusto de todo el orbe conocido lo exhibieron como taumaturgo, profeta, rey trágico, sanador, interprete, carpintero y una larga serie de actividades que ni Cantinflas ni Condorito han tenido en sus diversas ediciones.

    Esta imagen no nació, desde luego, de la noche a la mañana, sus componentes fueron tomados y seleccionados del amplio mundo del mediterráneo y aún más allá, es decir de todos los ámbitos, geografías, tiempos y lugares donde los pasos jurídicos y soldadescos del imperio romano impusieron su paz: la paz del desierto, la desolación y la tiranía. Dioniso, Orfeo, Ahis, osiris, Mitra y varios pasajes de los misterios de Eleusis se refundieron y sirvieron para formar la imagen, vida y obra de Jesús-Crito el Nazareno, el olvidado brujito al que se lo edulcoro con versiones amañadas de pasajes del Tanaj, la “Biblia” Hebrea, a fin de darle un trasfondo profético mucho más antiguo que validara sus tortuosas enseñanzas. De este modo el Jesús resultante fue politeísmo enfrascado en un cuerpo y vendido luego con ínfulas de un monoteísmo poco convincente. Es un senado romano de deidades queriendo fundirse para ser un Augusto Cósmico que por más que se intentó no alcanzó sino para hacerlo segundo del Dios hebreo.

    Antes de Nicea muchos cristianos aceptaban su divinidad, pero muchos otros la rechazaban y otros tantos la relativizaban o la reinterpretaban, pero los cristianos de línea ortodoxa bien podían alegar en contra de todos aquellos grupos que condenaban por herejes que ellos no estaban estableciendo, a gusto y voluntad, la idea que Jesús era “el Hijo de Dios”, y que eso era equivalente a aseverar que fuese Dios. Los mismos evangelios canónicos, algunos de ellos escritos casi 200 años antes de Nicea, hacen unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios en el sentido de la ortodoxia, o uno muy parecido al de consubstancialidad, sin percatarse que un dios que se precie de ser el verdadero no debería tener padre. Dios es Dios porque sencillamente no le debe nada a nadie ni necesita de nada ya que es Autosuficiente.

    Así en los evangelios vemos a Tomás diciendo al ver a Jesús resucitado (Juan 20:28): “Mi Señor y mi Dios”; O en Romanos 9:5, Pablo asegura: “de ellos [los judíos] son los patriarcas, y de la carne ha surgido el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo»; o en Tito 2:13: «… esperamos que se manifieste la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo»; o en 2 Pedro 1:1: “Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra”. Pero preciosa es una galaxia y no este galimatías insustancial. ¡Pero que iba a saber de galaxias ese pobre seguidor de un loco! Como sea, estos textos del Nuevo Testamento son doctrinalmente confirmados por algunos de los llamados Padres de la Iglesia, los que escribieron mucho antes del Concilio de Nicea. Así en la Carta a los efesios de San Ignacio de Antioquía, (c. 35-c.107): “Pues nuestro Dios, Jesucristo, fue según el designio de Dios, concebido en el vientre de María, de la estirpe de David, pero por el Espíritu Santo». ¿Quién puede entender eso de que Dios fue designado por Dios? Claro un confundido que quiere confundir. Y aún más, ¿quién que se precie de ser Dios es designado? Pero claro, dirán que es el Padre al Hijo, ¿Y que Dios que se respete tiene Padre, como ya escribí? Dislates de inconformes politeístas que no comprendieron lo que abandonaron y pretendían entender un monoteísmo para el que no se habían educado.

    Pero hay otras mohosas perlas: en Diálogo con Trifón, Justino Mártir, (c.100-c.165 d.e), escribe: “Si hubieses entendido lo escrito por los profetas, no habrías negado que Él [Jesús] era Dios, Hijo del único, inengendrado, insuperable Dios”; ¿Insuperable Dios? ¿Entonces por qué tiene Padre quien se supone lo designa? ¿O es que es un hijo desobediente? Y además precisamente porque se entendió a los profetas fue que lo rechazaron. Por su parte Ireneo de Lyon (c. 130 -200 d.e) en el tercer libro de Contra los herejes, afirma de Jesús: «Él es el santo Señor, el Maravilloso, el Consejero, el Hermoso en apariencia, y el Poderoso Dios, viniendo sobre las nubes como juez de todos los hombres”. Clemente de Alejandría (190 d.e) ya diría, en Exhortación a los griegos, agregando el condimento de su humanidad: «Sólo Él [Jesús] es tanto Dios como hombre, y la fuente de todas nuestras cosas buenas». Un poco más desquiciado En el alma 41: 3, Tertuliano (c. 210 d.e) comenta: “Sólo Dios está sin pecado. El único hombre sin pecado es Cristo, porque Cristo también es Dios». Don Tertuliano no hay humano que no peque, y peca muchas veces no por que quiera, sino por inadvertencia, y peca, aún más, porque tiene cuerpo –y cuerpo físico- que es contingente y está sometido a un sinfín de limitaciones, ergo si tenía cuerpo no podía ser Dios y si era Dios no tenía cuerpo, pero si no tenía cuerpo no podía redimirnos y no era hombre… y en fin mejor no le sigo la corriente a la ignorancia. Después, Orígenes (c.185-c.254 d.e.), en Las doctrinas fundamentales 1:0:4, no ve problema en esto: «Aunque [el Hijo] era Dios, tomó carne; y habiendo sido hecho hombre, permaneció como era: Dios» ¿Entonces la carne es Dios? ¿Pero qué carne? La sagrada carne que se comen en la misa y luego acusan a judíos y barbaros de ser vampiros y hombres lobo.

    Así pues, aunque muchos historiadores mal informados no lo digan o lo ignoren, antes de Nicea ya se había definido muy bien lo que en Nicea se impuso como verdad absoluta de todo el cristianismo. En Nicea lo que se debatió fue la enseñanzas de Arrio, un sacerdote alejandrino al que se le consideró herético por que enseñaba que Jesús no era Dios, sino un dios menor. Doctrina que resucitó de los muertos el masón Charles Taze Russell, el fundador de los Testigos de Jehová. ¿Y acaso no tenía razón Arrio? Pues a veces me parece que sí porque el mismo Jesús llama bueno solo a Dios y se reconoce como menor que el Padre en los mismos evangelios que sus oponentes citaban para afirmar lo contrario. ¿Pero qué clase de prueba constituyen estos textos escritos en un griego chapucero que calca mal algunas palabristas hebreas y arameas como para no quedar mal? En fin, hasta dónde se sabe, de unos 250 obispos que asistieron al Concilio de Nicea sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que los demás confirmaron lo que hoy se recita en el Credo, que el Hijo de Dios, el homoousios -que no es un insulto a su sexualidad- es de la misma naturaleza o substancia que el Padre y con ello fueron edificando el enredo tríadico que existen en el mayor dogma del cristianismo.

    Tenemos tres versiones de lo que supuestamente fue o es jesús-cristo: la de los diversos grupos cristianos heréticos que no concordaban entre sí, la de la revisión histórica que afirma que todo en torno a Jesús es la conjunción de diversos mitos y la de la ortodoxia que afirma que su título hijo de Dios lo hace igual a Dios. De todas ellas la última fue la que triunfó como la versión autorizada, y esa es la que más pesa en el cuerpo colectivo de sus seguidores, si bien muchos a lo largo y ancho de su historia han pretendido revivir o recordar las otras versiones.

    Pero todas estas versiones solo están hechas, pensadas y diseñadas para esconder un hecho más penoso, un hecho concluyente que identifica en verdad el cuerpo que las teorías y las patrañas con aires teológicos que han escondido bajo el nombre de Jesús. ¿Y quién es Jesús? Es un personaje inventado por el Imperio Romano basado en un reo que fue castigado en Judea en tiempos de Pesaj («Pascua») noventa años antes del nacimiento del Jesús que se conoce en los evangelios. Éste fue un hereje que consiguió algunos discípulos y traicionó a los sabios hebreos; se le conoció como Ieshu ben Pantera, ya que su padre fue un soldado romano que adulteró con una mujer llamada Miriam; se destacó por no terminar sus estudios ya que fue expulsado de las academias y en cambio aprendió, mientras estuvo en Egipto magia y brujería con los cuales hizo trucos que hizo pasar por milagros y le sirvieron para engañar al pueblo logrando hacer varios discípulos que también fueron ejecutados. ¿De dónde saco esa información? Del Talmud, esa gran biblioteca inconexa de saber que ya se imaginaran por qué razón fue perseguido, quemado y destruido, además de fraguado y calumniado durante los siglos que la Iglesia que alzó a Jesús como dios y juez del mundo dictaba que era bueno y que era malo.

    Así pues de esa historia los romanos se basaron para ir elaborando su mito; mito al que le fueron asociando temas, dogmas y misterios de religiones del periodo y con ello hicieron su versión de Jesús, el Cristo. No en vano, por eso creo que el Papa León X -se supone- dijo: “Quantum nobis notrisqüe qüe ea de Christo fábula profuérit, satis est ómnibus séculis notum” (Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha resultado esta fábula de Jesucristo). Lo mismo se puede decir que hicieron con Satanás, una figura creada para crear miedo en las almas y que es el resultado, una vez más, del copy and paste del imperio aplicado a las deidades maléficas del mediterráneo.

    Luego de todo esto, y ya que Jesús no cumplía su promesa de regreso, su añorado regreso, sus seguidores, en medio de la añoranza, el desespero y las burlas de los politeístas y el desprestigio ante los judíos, ahora convertidos en déspotas que ostentaban el poder gracias al delirio visionario del Emperador Constantino, sabían que tenían que volver a traer a Jesús de algún modo y la mejor forma era hacerlo rey en el centro conocido de su mundo: Roma. Así Roma se fue evangelizando, a la fuerza y con una que otra aceptación crédula. Por eso y mucho más el vocablo griego kyrios, que fue el topos nominal de combate del siglo I, II, y III, se empleó a diestra y siniestra para tergiversar, gracias a su polivalencia, y hacer equivalente una cantidad de apelativos judaicos que expresaban cómo se percibía a la Divinidad por parte de los seres humanos. Porqué sepámoslo de una vez el Nuevo Testamento en particular, y la variada y fraguada literatura cristiana en general, pusieron a circular entre los gentiles, en especial los helénizados y los romanos (de nacimiento y por ciudadanía), un vocabulario hebraico que no comprendieron ni unos ni otros, y mucho menos los propios redactores de los libros sagrados del cristianismo que sin saberlo emplearon paradigmas ajenos para elaborar libros sagrados con una sintaxis desprovista del indisociable elemento cultural judío que la componía. De ahí el gran mal entendido que hasta el día de hoy nos acompaña.

    Pero para ese entonces, para la época a la que me refiero, esos años que precedieron al Concilio de Nicea el dilema estaba en ¿quién podía acaparar el sentido de los nombres divinos de las Escrituras? ¿Cesar o Cristo? La solución cristiana fue hacer de los dos uno y así cristianizaron a Roma y romanizaron las Escrituras hebreas, más aun, y motivados por la decepción, a sabiendas que su amado maestro, para ese entonces un dios menor en medio de muchos dioses, no les cumplió llevando su reino a Jerusalén, sus discípulos en un acto político y de consecuencias históricas fatales hicieron para su Iglesia un reino en Roma, como antesala de lo que aun todavía esperan.

    La peor patada que el cristianismo –y en especial la Iglesia católica- le ha pegado en los estómagos espirituales de sus seguidores se puede aún evidenciar en la tensión que mantiene y manipula entre la semejanza y la imitación. Un cristiano, un buen cristiano debe siempre, y ese es la exigencia, imitar a Cristo pero jamás debe pensar de sí que se puede volver semejante y mucho menos igualársele. Pero esto último debería ser el régimen natural de esta doctrina, mas no es así: se busca mantener bien a raya y bien distinguido ese límite. ¿Hasta dónde debe llegar la devoción de un feligrés para que se acerque y sea un mono de Cristo? ¿Hasta dónde debe llegar para que no quiera ser como él, o sea él, e intente usurpar su puesto a la diestra de su dios padre? Sin embargo también la naturaleza de esa historia ha surgido en los rostros de aquellos que siendo consecuentes con su espíritu se laceran como nuevos cristos. Sin lugar a dudas, como casi todos los problemas de esa iglesia, ha sido un asunto de poder. Esta iglesia -mi favorita entre todas las iglesias- permite que se llegue a Cristo hasta el punto en que se mantenga la diferencia en la que el fiel es y seguirá siendo un hijo entro otros hijos, un siervo (malo) entre muchos siervos (malos), mientras su Cristo seguirá siendo el Hijo, el Primogénito. Desprecian pues la semejanza, le tienen terror porque en ella el creyente adsorbe la dunamis que Cristo prometió en el madero (y que el evangelio apócrifo de Pedro recuerda en el grito desgarrador de una hipostasis vencida y maniatada por los oscuros poderes de este mundo cuando muere en un madero a las afueras de Jerusalén, diciendo “Poder mío, poder mío, ¿Por qué me has abandonado?”) y podría proclamarse como un nuevo Hijo de Dios, o acaso él mismo. Saben que el poder de la semejanza puede traer, en el fervor, la idea de una nueva religión que nacería de una secta, de un movimiento heterodoxo, como rama desgajada de su propio árbol. Con miedo el cristianismo reconoce su humilde y traicionero pasado y quieren evitar que se repita con él, el fallido intento que quiso alguna vez darle a su antecesor, el judaísmo: esa visión perpetua y jovial de lo divino que no puede tener miedo de buscar la semejanza con todo lo que se proclama celestial. Pero no han podido del todo, de vez en cuando y como salidos del infierno que tanto temen emergen falsos cristos que les recuerdan el origen escatológico de su fe.

    Todo lo anterior lo escribo como un mero preámbulo de un trabajo que vengo redactando paso a paso, haciéndole antropología a la teología y en el que pretendo sostener -desde luego no sin pruebas- que la civilización occidental es el resultado de episodios convulsivos y de choques entre culturas muy dispares iniciando por la judía, la griega y la romana. Esa lucha se refleja muy bien en los inconvenientes intelectuales y espirituales que se dieron entre estas culturas al intentar interpretar y comprender un texto mal traducido: El Tanaj, un libro –y más que un libro- que se convirtió por obra y gracia de una serie de escritos sectarios conocidos como Nuevo Testamento, en un Antiguo Testamento; Textos Sagrado que de Enseñanza y Épica nacional de un solo pueblo, pasó a ser una ley abrogada y una epopeya mal entendida por un grupo de gente que no podía entender nada por qué todo en él era propio de una cultura que desconocían y cuyos valores éticos –que lo impregnan- ignoraban por completo; y a un más, porque esas mismas gentes, ahora erigidas como un clero que pretendía desplazar a Israel, impusieron a la fuerza muchos de los elementos propios de las Escrituras hebreas como reglas de vida y de fe a pueblos que ya tenían lo suyo, que ya tenían sus propias costumbres e historia y que fueron en gran medida borradas por la sobre escritura de una serie de traducciones de dicho texto sagrado que no se basaron en sus originales hebreo-arameo sino en versiones griegas y latinas que ya contenían en sí mismas fuertes errores de traducción que se originaban en prejuicios hacia la cultura que lo produjo y con prejuicios hacia la cultura que traducían, haciendo que dichas traducciones influyeran, contribuyeron y aún más operaran y forjaran otros actos culturales muy concretos que se desarrollarían en la vida social de los diversos pueblos de Occidente y de todos aquellos que éste dominaría formando prácticas, creencias y sobre todo un destino, que en la mayoría de los casos, no se había escogido.

    Por todo esto es necesario –y no por ello importante- internarse en entender cómo y cuándo se formó a Jesús para demostrar como ese personaje es el ejemplo máximo de la confusión y la mala asociación de idearios sociales, y lo peor, de cómo en la vida y enseñanzas que le atribuyeron se configura el esquema y el estereotipo del individuo occidental que es trasformado, para su propio mal personal y colectivo, al agregarle capas y capas de tradiciones y pensamientos ajenos con el fin de borrar al humano y hacer inolvidable al mito: un mito que en realidad subyuga el alma mientras falsamente asegura que la libera.

  • Miedo al miedo

    Hemos enseñado y aprendido mucho en este sitio acerca del miedo.
    De su origen, de su función, de cómo manejarlo, de cómo evitar sus consecuencias, de sus modalidades, de su única raíz, de su diferencia con la precaución.
    Sí, hemos dedicado mucho tiempo, energía y trabajo para tener más conciencia carca de este importante tema, y sin embargo, hoy retomamos un poco su estudio.
    Te invito a repasar todo lo anterior y que encuentras en este hogar publicado, para seguir aprendiendo, para corregir, para mejorar, para obtener mayor Luz.

    El miedo está presente en nuestra vida, sea que se manifieste con mayor o menor presencia en nuestra conciencia.
    Es natural, es normal.
    Deja la zona de la normalidad cuando se convierte en crónico, imposible de eludir, más allá de límites relativamente soportables.
    Existen cinco miedos básicos, de los cuales se desprenden la infinidad de los otros miedos; a saber:

    • miedo a la imposibilidad física-material: muerte, enfermedad, accidente, encierro, pobreza, invalidez, vejez, debilidad, agresiones, hambre;
    • miedo a la imposibilidad emocional: soledad, sufrimiento, abandono;
    • miedo a la imposibilidad social: miseria, anonimato, rechazo, incapacidad de obtener logros valorados socialmente, burla, vergüenza, ser dejado fuera del grupo, exilio, destierro;
    • miedo a la imposibilidad mental: locura, senilidad, confusión, ignorancia, deficiencia perceptivo-cognitiva, olvido;
    • miedo a la imposibilidad seudo espiritual: a lo desconocido, al mal, a lo que hay después de la muerte, a seres fuera de la naturaleza, a brujería, etc.

    Estos cinco tienen una única raíz en común: el miedo a no poder.
    Al “no poder” se circunscriben todos nuestros miedos.
    Es la expectativa a no tener el control, a perderlo, a ser incapaces de dominar x aspecto.
    El miedo siempre es una mirada distorsionada hacia adelante.
    No está enfocado en el tiempo presente, ni toma en cuenta los reales datos para evaluar los riesgos y probabilidades.
    Lo que sentimos cuando sucede algo negativo o perjudicial ahora, no es miedo. Puede ser susto, impotencia, ira, pero no es miedo.

    Por supuesto que la cautela o precaución NO es miedo.
    Por el contrario, en la cautela se tiene en cuenta los posibles peligros así como la capacidad (poder) para evitarlos o reaccionar en caso de que se desencadenen.
    En el miedo, es la falta de poder lo que espanta, lo que lo genera.

    En base a esa expectativa de no poder, tomamos decisiones, seleccionamos, evitamos, huimos, agredimos, suponemos.
    Por esto, el miedo puede convertirse en determinante de nuestras vidas.

    Es necesario hacer consciente el miedo, admitir su presencia, reconocerlo, saber que está. Es muy perjudicial negarlo cuando existe. Tampoco es positivo minimizarlo y ridiculizarlo.
    Lo más efectivo es admitir que lo sentimos, para luego desarmar su efecto al aceptar que es solamente una proyección nuestra de sufrir a futura alguna impotencia.
    Es decir: reconozco que siento miedo, analizo y encuentro que me lo provoca la suposición de que no tendré el control en x situación futura. Pero, no es ahora que me está pasando, y por tanto no tengo ninguna forma de ejercer control sobre una situación que existe únicamente en mi fantasía. Pero sí puedo modificar mi fantasía, reubicarla dentro de los parámetros de la realidad.
    Si amerita que ande con cautela, entonces convertí el sentimiento de impotencia en una herramienta saludable.
    Si es una situación que deberé experimentar y en la que realmente no tendré el control, entonces podré optar por vivirla o evitarla. Si decido vivirla y no tengo el control, ¿de qué me sirve el miedo?

    Con un ejemplo quizás se entienda mejor.
    Estoy ahora en mi casa y me invitan a dar una conferencia en otro país. Deberé viajar en avión. Pero ahora no estoy abordo de ningún avión, estoy en casa, y sin embargo se dispara el miedo. El avión sufrirá un percance, cualquiera, y yo no tendré ningún poder allí. Caeré sin tener a mano nada que me salve. Seré un ente impotente, destinado al terror. Mi cerebro percibe mi miedo y dispara los mecanismos para evitar daños. Pero, no existe un peligro real, está solo en mi imaginación. Por lo cual, esos mecanismos en vez de ayudar a tranquilizarme, me agitan aún más. El cerebro percibe que el ánimo sufrido se incremento, por lo que automáticamente intenta rescatarme de lo que sucede. Pero eso no me sirve en la realidad, porque me hunde aún más en confusión y dolor. Y así continúa el ciclo negativo.
    Si no hago algo saludable, con mucha dificultad abordaré el avión y estaré sufriendo todo el viaje, y seguramente que después también.

    Como ves, la imaginación dio paso a reacciones en cadena que fueron incrementando el nivel de displacer.
    Mayor desconexión de la realidad, menos LUZ alumbrando nuestro ser.
    Más intentos desesperados del EGO por sostener la apariencia de control; pero que solamente servían para incrementar la sensación de impotencia.
    Estamos así sometidos al miedo.

    ¡Alto!
    Reconectémonos con nuestra NESHAMÁ, evitemos los jueguitos del EGO.
    Sepamos que tenemos poder, pero que también somos impotentes.
    Cuando estamos en condiciones de dominar, ¿por qué habremos de temer?
    Y si la situación es de falta de control, ¿de qué nos sirve desesperarnos?
    Claro, el EGO no hace este cálculo, solamente hace lo que sabe hacer: reaccionar con sus herramientas básicas.

    Es esa reacción la que debemos detener antes de convertirla en acto, y en lo posible antes de que sustraiga energía vital y la derive hacia imaginaciones tóxicas, de mayor desconexión con la realidad.
    Puedes decirte: “Ahora no estoy en el avión, estoy en casa, lo que imagino no es una realidad ni es un destino que ocurra. Sé que me genera miedo el volar, porque pueden pasar muchas cosas dañinas, la mayoría de las cuales van más allá de cualquier poder que yo tenga. Si quiero hacer el viaje, tomaré la decisión y me entregaré a lo que suceda. Controlaré aquello que está en mi dominio, y no me enfocaré en lo que no puedo controlar. Respiraré de la manera indicada, meditaré, rezaré, haré aquello que está en mí para que mi viaje sea placentero y luego ya no estaré sometido a mi mente secuestrada por el EGO. ¿Qué me quiere enseñar este miedo? ¿Qué puedo aprender de él? ¿Cómo hacer mejor mi tarea como constructor de SHALOM ahora que siento y sé que tuve este miedo?”.

  • El consejo diario 503

    Hay tres grupos que se presentan como monoteístas, judíos/noájidas, cristianos y musulmanes.
    En el Islam se aferran a una idea de deidad que demanda una conducta de extrema severidad, de condena, de limitación, de juicio intolerante.
    En el cristianismo la creencia acerca del dios es de amor absoluto, abandono de pretensión de justicia, una bondad desmesurada al punto de lo irracional.

    Judaísmo/Noajismo declaran como central el equilibrio que otorga el camino medio, de la construcción constante de SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia.
    No un extremo, ni el otro; sino la armonía de conjugar ambas virtudes para conceder una realidad superior, de unión entre lo espiritual y lo material, de plenitud.

    El consejo: escoge tu camino para servir al Eterno y amar al prójimo, de tal modo que exprese la integridad de la Unidad del Uno y no solamente visiones parciales e imperfectas.

  • El consejo diario 499

    ¿Quieres manifestar el poder de Dios en tu vida?
    Entonces, ¡construye SHALOM con acciones de bondad Y justicia!
    Esta es la raíz de los mandamientos que te corresponden.