Categoría: Creencias

  • Reclamo de amor

    No estamos interesados en la verdad, ni en la justicia, ni en establecer shalom;
    en el fondo (o más arriba) todos estamos pidiendo que nos quieran.
    Que una madre esté atenta, que nos alce en brazos, que nos mime, que nos cobije y nos diga cuanto nos quiere solamente por ser quien somos.
    Que un padre nos proteja, nos sostenga, nos aliente, nos dé una palmadita de confianza, y hasta una nalgada para enderezarnos, que también nos quiera y por ello nos corrige.
    Ser alguien para algún alguien.

    Entonces, viene el pastor, el gurú, el político, el jefe de la manada, el referente y no nos interesa que tan sabio sea, ni cuanto conozca de su libro revelado, ni cuanta verdad haya en sus palabras y gestos, tampoco estamos tan atraídos por la mística en sí misma, ni tan siquiera por milagros o apariencia de tales. Solo queremos que nos quieran.
    Que el rabino, o el “padre”, esté allí para nosotros. Que nos conozca. Que nos pregunte de nuestra vida. Que nos diga alguna palabra alentadora. Que nos consuele. A veces que diga algo interesante y con contenido. Pero siempre, siempre que sea una presencia querendona, que destile amor, aunque sea solo para cumplir su labor profesional.

    Así, el brillante maestro, el inteligente consejero, el listo psicólogo, el educado ministro espiritual, el experiente líder del grupo, de poco vale si no aporta ese carisma especial, que poco y nadie tiene que ver con dotes intelectuales, habilidades sociales, sino solamente con estar ahí para que la persona se sienta satisfecha, como el niño aupado a la madre luego de saciarse con su leche.

    Desde el pequeñito al anciano, hasta el que está con un pie ya entrando a la tumba, lo que se anhela es esa mano firme, ese seno acariciante, esa aura de protección y cuidado, esa magia inconfesable de ser hijo de una madre (un padre) que atiende y concede su presencia activa.

    Cuando este “secreto” está en manos de los manipuladores (de toda calaña, religiosos, políticos, mercantiles, sindicales, grupales, etc.),
    sea porque están conscientes de él, o simplemente porque lo emplean sin mucha teorización detrás,
    podemos comprobar cómo caen masas de ovejas que se fidelizan a su pastor.
    Se congregan en torno a esa imagen de solvencia, que es un remplazo para esa madre (padre) añorada desde las entrañas.
    Puede ser el guía más obtuso, el que les inyecta venenos de todo tipo, el que les quita sus pertenencias y sueños, el que poco ayuda a mejorar sus vidas en la realidad; pero, sigue siendo el que les provee de esa magia que desde lo profundo les succiona la existencia. Así ha sido, y sigue siendo. Cuando vemos con detenimiento las figuras clásicas que congregan gente a su alrededor, nos encontramos con este estereotipo. Desde el curita de la cuadra, hasta el dictador enloquecido pero amado por las masas. Desde el nuevo gurú cabalistero, hasta el maestrito ignorante pero poblado de discípulos. Desde el rabino que convoca multitudes aunque su profundidad halájica y conceptual es escasa, hasta el demagogo que ofrece más de la misma miseria pero no pierde una elección. Es gente muy hábil en esto de aparecer como figura de “amor”, que está presente en las cosas de la vida de sus seguidores, aunque probablemente en los hechos no tenga ninguna efectividad. Pero está, conoce por el nombre, pregunta por la esposa, se acuerda del aniversario, le dice la palabrita cursi pero esperada, se vende como el ser especial que te ama y tú lo compras.

    Queremos que nos quieran, lo que nos conduce por caminos no siempre luminosos y de crecimiento.

    Por supuesto, si conoces nuestras enseñanzas, habrás descubierto al EGO también detrás de esto.
    Lo sabemos.

    Y ahora me dirijo especialmente a los líderes actuales y futuros de FULVIDA, y sus ramificaciones. Es una exhortación apta para todos, pero dirigida personalmente a cada uno de ellos.
    Resulta imprescindible educarnos para ser esa persona amorosa, atenta, que se ocupa por la gente que está a nuestro alrededor. Para fortalecer nuestras comunidades, hacer que los grupos a los que pertenecemos o lideramos no se pierdan detrás de cantos de sirenas asesinas que llevan a la muerte pero ofrecen la atención que el niñito lastimado y necesitado está llorando por recibir.
    Eduquémonos también para ser complacientes, a la par que firmes, no dejemos solamente llevarnos por elaboraciones intelectuales, por estudios elevados, por aspiraciones de mundos ideales; seamos constructores de shalom en los hechos cotidianos, con acciones de bien Y justicia. Y, si el niñito (aunque tenga 90 años) está precisando de esa mística de la atención, ofrezcámosla con sinceridad, aunque nos cueste actuar de esa forma. Aprendamos a hacerlo. Tendremos mucha precaución de no actuar como manipuladores, no aprovecharnos del poder que implica ser esa figura que atiende; estaremos preparados para no ser usurpadores ni personificaciones del EGO. Andaremos con cuidado para no ser sometidos por las trampas del EGO, nuestro y del otro.
    Pero, trataremos de dar esa comprensión, ese llamado telefónico, esa pregunta por la familia, ese abrazo, ese no sé qué que está esperando el otro, y no tanto el inteligente refrán o el sabio consejo metafísico.

    Atiendo a tus comentarios.

  • Optimistas y otros que no lo son

    Se dicen muchas cosas, entre las que se dicen está algo parecido a esto:

    Optimismo: “Tendencia a ver y juzgar las cosas considerando que el mal no existe, que es una ilusión”.

    Pesimismo: “Tendencia a ver las cosas positivas como si fueran desfavorables y negativas”.

    Pero, ¿qué dice la definición del diccionario (Espasa-Calpe del 2005)?

    Optimismo: “Tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable”.

    Pesimismo: “Tendencia a ver las cosas en su aspecto más desfavorable y negativo”.

    ¿Resulta que lo que la gente cree o supone, no siempre tiene coincidencia con lo que el lenguaje reseña?
    A veces, podemos usar una palabra con un concepto diferente al habitual, siempre y cuando tengamos fundamento para ello.
    Pero, en infinidad de ocasiones notamos que la gente (tú y yo también) emplea conceptos de manera difusa, o decididamente errónea.

    Ponte a considerar qué entiendes tú en algunas palabras, desde las simples y cotidianas, hasta las que pudieran ser más abstractas y reservadas a determinadas situaciones.
    Es un ejercicio interesante, cuando tengas interés y tiempo, te invito a que lo hagas.
    Escribe una lista de palabras y junto a ellas lo que tú entiendes que significan. Luego busca en el diccionario y compara.
    Si quieres, nos compartes lo que encuentres.

    Ahora, volviendo a lo de optimismo y pesimismo.

    Se dicen muchas cosas, la cuestión es encontrar cuanto de verdad hay en ellas.

    Ser pesimista es ver el mal como lo que es: mal.
    Es aceptar que lo malo es malo. De acuerdo al parámetro dado por el Eterno, y que es objetivo. O de acuerdo a lo que nos apesadumbra en lo personal, el mal como un sentir subjetivo y plenamente válido.
    Porque el mal es un hecho que existe. Sea como negación del bien. Como falta de bien. Como daño. Como confusión. Como lo que fuera. El mal es una presencia habitual en nuestras vidas.
    Será solamente en el plano pasajero, terrenal. Pero allí está.
    Podremos racionalizarlo, encontrarlo disculpas, hasta inventar que esconde un bien, aunque nunca lleguemos a percibirlo sinceramente.
    Podremos elaborar bonitas teorías “religiosas, que no son espirituales, negando la existencia del bien, o suponiendo que lo que consideramos malo es solamente una puerta, a algo bueno.
    Podemos fantasear tranquilamente y vivir felices en la nube que dibujamos. ¿Por qué no?
    Pero, lo cierto es que el Padre Celestial ha dicho que el mal existe, y debemos hacer algo para que no dañe. Lo mejor es transformarlo en bien. A través de una actividad movilizadora, correctora, nada de fantasiosa o mística. Concreta. Sincera.
    Y cuando no tenemos poder para sublimar el mal, siempre tenemos el encontrar sentido, o crearlo; pero no para negar el mal, sino para subsistir a pesar de él y que la vida siga manteniendo sentido y finalidad de construir shalom.
    ¿Se entiende?

    Por su parte, ser optimista no quiere decir negar el mal para delirar creyendo que es bien. Eso es ser iluso, negador, ingenuo, volado, poco real.
    El mal es malo, porque Dios así lo ha dicho.
    Que podamos sacar alguna moraleja de un mal trance, ¡qué bueno!
    Que aprendamos a que un mal paso no significa, a menudo, la catástrofe final, sino una oportunidad para crecer, ¡qué genial!
    Pero, considerar que TODO es bueno, ¿en qué fuente bíblica se basa?

    En verdad, al pesimista le cuesta considerar posible algo mas que algo negativo. Piensa que si algo puede salir, probablemente así será. ¿Por qué tener una esperanza positiva cuando se puede vivir en temor al percance?

    En verdad, el optimista está bien afincado en este mundo, no anda volando en imaginaciones alocadas. Ejercita su mente para buscar soluciones y las implementa, y cuando no las hay, acepta la realidad sin desesperarse. No precisa de una mística negadora de los hechos, ni de asumir que lo malo es bueno, cuando evidentemente no lo es en este mundo y probablemente tampoco en otro.
    Pero, usa lo malo como combustible para moverse hacia lo bueno.
    En vez de concentrarse en el tropezón, encuentra el mecanismo para incorporase y ser más fuerte.
    No se queda en la queja, el sentimiento de culpa, el rezongo, la fantasía mística. Construye shalom a cada rato, con acciones concretas de bien Y justicia. Así es optimista.
    Así puede ir por la vida afirmando en verdad: “Todo lo que hace el Misericordioso es para bien”. Lo que hace el Misericordioso, pero NO lo que el hombre malignamente escogió realizar desde su libre albedrío. Por ahí un mal trance que proviene de la naturaleza, en el fondo es para bien. ¿Cómo saberlo ahora? ¡Sólo Dios lo sabe! Pero asegurar que TODO es para bien, es negar lo que el propio Padre Celestial ha informado.

    El optimista verdadero guarda una gran diferencia con el optimista delirante, porque éste vive en un mundo irreal y dando excusas para no afrontarlo.
    Será un hombre muy religioso, el optimista delirante, pero su espiritualidad está bloqueada por las murallas que ha puesto el EGO para dejarlo en impotencia, pero soñando con que posee la clave de la felicidad al afirmar que todo es para bien, incluso lo que el maligno ha causado.

  • Todo lo que hace el Misericordioso es para bien

    En el Talmud, Berajot 60b, encontramos lo siguiente:

    אמר רב הונא אמר רב משום רבי מאיר וכן תנא משמיה דר’ עקיבא לעולם יהא אדם רגיל לומר כל דעביד רחמנא לטב עביד. כי הא דר’ עקיבא דהוה קאזיל באורחא, מטא לההיא מתא בעא אושפיזא לא יהבו ליה, אמר כל דעביד רחמנא לטב, אזל ובת בדברא (לן בשדה), והוה בהדיה תרנגולא וחמרא ושרגא. אתא זיקא כבייה לשרגא, אתא שונרא אכליה לתרנגולא, אתא אריה אכליה לחמרא, אמר כל דעביד רחמנא לטב. ביה בליליא אתא גייסא שבייה למתא, אמר להו לאו אמרי לכו כל מה שעושה הקב»ה הכל לטובה

    Se enseña entre los sabios que Rabi Akiva predicaba que sea habitual para el hombre decirse que todo lo que hace el Misericordioso es para bien.
    Como se ejemplifica con la siguiente anécdota.
    Una vez Rabi Akiva estaba de viaje y al llegar a cierto pueblo buscó para alojarse pero no consiguió.
    Dijo: “Todo lo que hace el Misericordioso es para bien”.
    Pasó la noche a campo abierto.
    Llevaba consigo un gallo (para que lo despierte), un burro y una lámpara.
    Una repentina ráfaga de viento apagó la lámpara, una comadreja (o un gato) vino y se comió el gallo, un león vino y se comió el burro.
    Dijo: «Todo lo que hace el Misericordioso es para bien».
    Esa misma noche una banda de ladrones llegó y arrasó el pueblo (donde no pudo hospedarse).
    Rabi Akiva les dijo:»¿No les había dicho que todo lo que hace el Santo, bendito sea Él, es para bien?»

    A partir de esta enseñanza, podrías tú responder a lo siguiente:
    1- ¿Tiene base en esta moraleja ese dicho tan difundido actualmente que dice “TODO ES PARA BIEN”?
    Sea tu respuesta afirmativa o negativa, deberás fundamentarla exclusivamente con este texto.

    2- ¿Cuáles son las relaciones que se encuentran en este texto con lo que estudiamos y aprendemos de la temática del EGO?
    Detallarlas.

  • ¿El hijo malo?

    Nuestro Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu) es nuestro ser más auténtico, la conexión que no se corta con el Eterno y con todo lo creado.
    A través de la NESHAMÁ irradia la Luz, la energía que proviene directamente del Eterno y que nos brinda plenitud, shalom.
    Nuestras acciones que contradicen el código espiritual que nos corresponde (noajismo para gentiles, judaísmo para judíos), van poniendo cáscaras que ocultan gradualmente la irradiación de esa Luz en nuestra vida. Así, nos vamos bloqueando a la vez que oscureciendo internamente, llenándonos de miedos, dudas fantasiosas, sentimientos de culpa, angustia, soberbia, impudicia, malicia, tristeza, entre otros sentimientos y pensamientos debilitantes.
    La Luz permanece intacta, brillante, pura, como desde el principio, como todo el tiempo. Nada de lo que hagamos afecta a la Luz ni a la conexión sagrada que nos une con el Padre y el universo. Pero, al estar oscurecidos, nos sentimos desconectados, lejanos, bloqueados, solos, sumergidos sin posibilidad de rescate. Esto es solo la sensación, es una imagen irreal pero que se presenta con tal fuerza que pareciera ser la verdad. Pareciera como si no estuviéramos más llenos de Luz en nuestro interior, como si el Eterno ya no estuviera en nuestras vidas, como si la amargura fuera la única presencia.
    ¡Pero no es así!
    Seguimos siendo esa NESHAMÁ pura, luminosa, clara, sagrada. Seguimos manteniendo firmeza nuestra identidad perpetua, incambiable, la de nuestro Yo Esencial.
    Pero, nos sentimos en exilio, desterrados y en desgracia, sin salvación.

    Las religiones (entre otros sistemas de adoctrinamiento y manipulación) se aprovechan de esa fantasía para obtener su poder y preservarse en el tiempo.
    Incentivan los sentimientos de angustia, de soledad, de miedo, de abandono, de impotencia, de falta, de pecado, de perdición, de condenación, de fracaso, de falta de esperanza, para presentarse como la única respuesta posible para escapar de la tortura eterna y obtener una redención mágica.
    Observa atentamente la oferta de las religiones (entre otros sistemas), estudia lo que afirman de la persona y de la humanidad, cómo siempre está la condena y el sentimiento de culpa acusador; y está la esperanza milagrosa, que por fe en lo absurdo, que a través de la sumisión, que negando el propio poder para convertirse en oveja de un rebaño enceguecido, solamente así se alcanza la salvación, el paraíso, el perdón.
    (Recuerda y nunca olvides, el noajismo y el judaísmo NO SON religiones, aunque a veces se las confunde con tales, o comparta algunos aspectos externos con ellas. Aunque gente que parece saber lo afirme, la esencia es clara: NO SON religiones).

    Es que, toda religión es producto socializado del EGO, nuestro primer salvador en el mundo físico que es también nuestro más férreo oponente.
    Todas las religiones se manejan con las reglas sencillas y brutales del EGO.
    Se disfrazan de espiritualidad, pero son la antítesis de la misma.

    Allí donde hay espiritualidad, no hay cabida para la religión.

    De manera similar actúan otros que también pretenden el control a través de los mecanismos del EGO.
    Padres, maestros, cónyuges, jefes, empleados, sindicatos, colegas, competidores, etc.
    Por ejemplo, el padre que solamente aprueba la conducta de sus hijos cuando estos hacen lo que él les dice y solamente eso. Si el hijo trae alguna alternativa, tan valiosa y valorable como lo que presenta el padre, no se le acepta, se le minimiza o burla, se le destruye en su autonomía y creatividad. ¡Cómo osa pensar y desdecir al padre! Sí, aunque no lo contradiga ni sea rebelde, aunque no proponga nada negativo y que altere ninguna regla “normal”, se le tilda de malo, corrupto, insolente, etc. Así, el padre pretende dominar, por miedo de la manipulación, con las herramientas del EGO.
    En nombre del respeto y del honor a los padres, hasta enarbolando el cumplimiento de un precepto (para los judíos) tal como el de honrar a los padres, se llega a maltratar a los hijos, negarles su lugar, llevarlos a grados de debilidad que no son para nada saludables. Sí, también aquí con disfraz de espiritualidad, se esconde su contrario.

    Diferente es la educación verdadera, espiritual, que le explica al niño que haga lo que haga, la Luz siempre está brillando. Aunque no la sienta, aunque se crea apartado de todo bien, el niño debe aprender y entender que externamente su conducta puede ser correcta o incorrecta, puede ser que haya cometido una acción terrible o que solo se haya equivocado levemente, nada de ello modifica la calidad y cantidad de la Luz que recibe de manera constante del Padre Celestial.

    Entender esto no impide el corregir a los hijos (alumnos, etc.), que sufran las consecuencias lógicas y necesarias de sus acciones que han roto el equilibrio.
    Si algo ha fracturado con su accionar, estará el dolor y la necesidad de repararlo, la obligación de emprender el camino de la TESHUVÁ, así como la aplicación de lo que la justicia exprese, ¡por supuesto! Pero, siempre sabiendo y entendiendo que en lo más íntimo, allí en donde somos auténticos y plenos, nada ha cambiado.
    El Padre nos sigue amando igual, aunque no acepte nuestra acción negativa, aunque recibamos el castigo correspondiente por ella. El amor no desaparece, tal como la Luz no deja de brillar.

    El  malo, es malo en sus acciones, en sus pensamientos, en sus dichos; pero solamente es malo en esa identidad que llamamos Yo Vivido. Pues, su Yo Esencial sigue sin tachas, sin lastimaduras. La Luz no la puede percibir, porque la ha tapado con sus acciones, pero ahí sigue estando, a la espera de que haga lo necesario para destaparla y volver a sentir plenitud espiritual.

    Si nosotros como padres o maestros solamente nos quedamos con al Yo Vivido de nuestro hijos/educandos, y tildamos de “malo” al que ha hecho alguna acción incorrecta (o varias de ellas), nos estamos congelando en la imagen externa, en la superficie, en la apariencia.
    Por supuesto que es nuestro deber detener la acción negativa, no permitir que el niño continúe dañando a otros o a sí mismo, es una obligación aplicar la norma para que se restablezca el orden y reine la justica con la bondad.
    Ahí está la clave, que exista el orden con justicia Y bondad.
    La justicia que restablece y mantiene el orden.
    La bondad que no olvida que el pecador en el fondo sigue siendo un espíritu de Luz, una buena persona secuestrada por su EGO.

    ¿Se entiende la idea?

    Si al niño le haces entender cabalmente esto, que no es malo, que sigue siendo un ser luminoso, pero que sus acciones deben rectificarse y que debe aprender a vivir en justicia y bondad, ¿cómo se sentirá?
    ¿Con permiso para hacer lo que quiera, y seguir en el camino del sufrimiento?
    ¿O con el ánimo dispuesto a hacer su mejor esfuerzo para estar en armonía entre su Yo Esencial y su Yo Vivido? Es decir, querrá vivir externamente con bondad tal como sabe que es bueno en su esencia más pura.
    Si lo maltratas, lo condenas, lo tildas de idiota, estúpido, malo, loco, etc. (al estilo de las religiones), seguramente que no le estás haciendo un favor, tampoco a ti. Tal vez consigas callarlo, anularlo, someterlo, sentirte poderoso, pero no eres nada más que un canalla, un impostor, un fraude, un dictador, externamente, porque en el interior también eres ese ser luminoso que no supo encontrar el camino para expresarse y vivir en armonía y unidad. ¿Te diste cuenta?

    Cuando no hay patologías que impulsan a acciones antisociales o similares, la gente comete faltas a instancias del EGO, en cierta forma para llamar la atención o para obtener por medios incorrectos lo que pretenden y suponen no poder obtener por medios correctos.
    La mala acción está escondiendo un sentimiento de impotencia, por algo real o fantaseado, que se expresa con acciones desde el EGO.
    Encontremos qué está pasando con nuestros hijos, qué están queriendo concretamente, en qué se sienten impotentes, para darles una mano para que se expresen con Comunicación Auténtica, para que puedan alcanzar el shalom y no persistir en el EGO. Si hicieron algo “malo”, que paguen las consecuencias, pero que no tengan la creencia de que son malos en su esencia, sino solamente en su ropaje que es el que deben aprender a cambiarlo para estar en sincronía con su verdadera identidad.

    Que nuestros hijos, nosotros, vivamos construyendo shalom es una tarea para todos los días, a cada momento estamos resbalando y cayendo por el tobogán del EGO.
    Es un trabajo que tiene sus ricos frutos aquí y en la eternidad.
    Entonces, aprende a construir shalom y enséñalo, especialmente con tu conducta cotidiana.

  • Pacifismo en contexto del EGO

    Pacifismo: “Doctrina que se opone a la guerra y a cualquier tipo de violencia y defiende el uso de la serenidad y el raciocinio para el logro de la paz.”
    Diccionario Espasa-Calpe 2005.

    Bello ideal, querible, loable, pero es solamente una bonita fantasía en este mundo dominado por el EGO, constantemente sacudido por el uso de sus herramientas y sus derivados.
    Ese pacifismo es una meta a alcanzar, un ejercicio a realizar, un camino por recorrer. ¿Cómo oponerse a vivir de acuerdo a su credo?
    Pero, pretender hacer de ese pacifismo ideal un hecho en las actuales circunstancias, no es otra cosa que una ilusión inventada por el propio EGO para mantener al individuo y al colectivo en impotencia, en desconexión con la realidad.

    Tratemos de comunicar auténticamente, promover el entendimiento, ceder sin quebrantar límites, actuar con bondad Y justicia, negociar con la intención de que todos ganen o al menos las pérdidas inevitables sean mitigadas, no nos encarcelemos al fanatismo, rechacemos la inquina y el rencor, perdonemos, pidamos perdón, tratemos de no reaccionar de manera automática desde el EGO, evitemos el enfrentamiento innecesario, comprendamos y evaluemos con dulzura, en una palabra hagamos lo posible para construir shalom de manera permanente interna y externamente.
    Pero, no olvidemos que mientras el EGO siga al mando, nuestro pacifismo debe estar acompañado por las armas (en principio, intelectuales), para empuñarlas con nobleza y justicia en defensa de la vida y la integridad. Hagamos llamados al shalom, que la respuesta estricta sea solamente como defensa y en situaciones extremas, pero no permitamos que el mal siga sembrando su sombra, que la corrupción se mantenga en el trono, que el caos imponga su agenda.

    El AMOR es la respuesta que diluye al EGO, y el amor no es solamente bondad, dejadez, dejar pasar. Sino también el límite, la respuesta dura y cortante, que posibilita la vida de manera íntegra. A veces la paciencia es la respuesta, en otras es la acción que detiene con brusquedad al causante del mal.
    En palabras del profeta:

    «Un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.
    (2) Sobre él reposará el espíritu del Eterno: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor del Eterno.
    (3) Él se deleitará en el temor del Eterno. No juzgará por lo que vean sus ojos, ni arbitrará por lo que oigan sus oídos;
    (4) sino que juzgará con justicia a los pobres, y con equidad arbitrará a favor de los afligidos de la tierra. Golpeará la tierra con la vara de su boca, y con el aliento de sus labios dará muerte al impío.
    (5) La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad lo será de su cintura.
    (6) Entonces el lobo habitará con el cordero, y el leopardo se recostará con el cabrito. El ternero y el cachorro del león crecerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.
    (7) La vaca y la osa pacerán, y sus crías se recostarán juntas. El león comerá paja como el buey.
    (8) Un niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y el recién destetado extenderá su mano sobre el escondrijo de la víbora.
    (9) No harán daño ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar.
    (10) Acontecerá en aquel día que las naciones buscarán a aquel que es la raíz de Isaí y que estará en pie como una bandera para los pueblos, y su morada será gloriosa.»
    (Ieshaiá / Isaías 11:1-10)

    Para que el pacifismo ideal acontezca, es necesario un camino que lo complemente y se acompaña por la fuerza, los límites estrictos que se defienden con poder y no con blandura ilusoriamente pacífica. Algún día será posible construir shalom en un mundo de shalom:

    «Acontecerá en los últimos días que el monte de la casa del Eterno será establecido como cabeza de los montes, y será elevado más que las colinas; y correrán a él todas las naciones.
    (3) Muchos pueblos vendrán y dirán: ‘Venid, subamos al monte del Eterno, a la casa del Elokim de Iaacov [Jacob], para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros caminemos por sus sendas.’ Porque de Tzión [Sion] saldrá la Torá, y de Ierushalaim [Jerusalén] la palabra del Eterno.
    (4) Él juzgará entre las naciones y arbitrará entre muchos pueblos. Y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
    (5) ¡Oh casa de Iaacov [Jacob], venid y caminemos a la luz del Eterno!»
    (Ieshaiá / Isaías 2:2-5)

    No dejemos de construir shalom, con bondad Y justicia, con ambas, pues al dejar una de lado, el desequilibrio es el resultado.
    El límite es necesario.
    Que nuestra respuesta dura no provenga de nuestro EGO, ¡he ahí una tarea para titanes! Pero, es posible. Precisamos trabajar para conocernos, entender los mecanismos del EGO, aprender alternativas saludables, aplicarlas.

  • Cabalá Luriánica y CTerapia

    Advertencia previa.
    No es apropiado hacer “teología”, tratemos de no incurrir en errores ni de provocar el error en el lector.
    Procuremos mantenernos dentro de estrictos límites, en la medida de lo posible.

    Somos seres mutidimensionales, formados por espiritual, mental, social, emocional y físico.
    Este ser complejo que somos presenta tres Yoes:

    • Yo Esencial: la NESHAMÁ, o espíritu. Es aquello que somos en esencia, desde antes de nacer y luego de partir de este mundo. Es la “chispa” divina que perdura sin mutaciones, sin afectarse por nuestra conducta.
      Es la conexión constante con el Eterno y con todo lo creado, en existencia temporal actual o no. En su misterio está la unidad del todo.
      Su lenguaje es el AMOR.
      Es nuestra identidad más pura. La que no depende de lo que nos aportaron otros, ni de lo que hacemos en vida, sino solamente depende del Eterno, que es su proveedor y sostén.
      Opera como una voz silenciosa, siempre presente, pero tenue. No se manifiesta en estruendos, ni aparece con fuerza. Como si estuviera escondida, se retrae y pareciera no tener existencia. Los científicos no tienen cómo saber de ella, no hay patrones para medirla ni cuantificarla. Se puede pasar toda la existencia sin tener conciencia de ella, aunque tal vez en algunas ocasiones se la sienta pero sin lograr definirla con palabras ni limitarla con imágenes. Es nuestra más perfecta identidad y sin embargo se nos escabulle hasta parecer inexistente.
    • Yo Auténtico: formado por la NESHAMÁ y nuestra identidad genética. Es la materialización del encuentro de lo eterno con lo transitorio. Hasta el día de hoy no es modificable, una vez obtenida de sus fuentes (Dios, nuestros padres) es una realidad que nos acompaña a lo largo de nutro pasaje terrenal. Es la base sobre la que se construye todo el resto de nuestro ser, lo que determina en buena medida nuestras posibilidades y potencialidades.
    • Yo Vivido: que se forma a través de las interacciones (concretas, o virtuales, o imaginarias) que vamos atravesando desde el útero y hasta nuestra muerte. Se compone de las máscaras que nos imponen, las que asumimos y las que ideamos por nuestra cuenta. Alguna de ellas puede estar en sintonía con el Yo Esencial, o estar alienado a él. Cuanta mayor cantidad de máscaras distorsionan la representación de la NESHAMÁ, mayor es el conflicto, la confusión, el dolor. La actividad del EGO, cuando sale de su limitada y correcta órbita de influencia, lleva a adquirir máscaras contradictorias, que repelen la LUZ de la NESHAMÁ y la constriñen detrás de muros formados de cáscaras, sin por ello afectar en lo más mínimo su intensidad o pureza, pero dejando a la persona en sensación de desamparo y exilio, aún más ignorante de su Yo Esencial. A través de la TESHUVÁ se diluyen las cortezas que entorpecen el pasaje de la LUZ, permitiendo armonizar áreas del Yo Vivido con su Esencia.

    Esta identidad compleja que somos durante nuestra estadía en este mundo, puede servir como espejo de una realidad superior y trascendente.

    Permíteme que te resuma muy brevemente la doctrina del rabino cabalista Itzjac Luria Z”L, conocido como el Ari, quien diagramó un sistema, al que se conoce como Cabalá Luriánica (con la cual podemos coincidir o no).
    Habla del «tzimtzum», que en hebreo significa contracción.
    El Universo se manifiesta a causa del recogimiento de Dios, que hace “espacio” para dar lugar al mundo.
    Así, el mundo no aloja a Dios, pues Él se retiró para permitir que existiera la creación.
    Su energía, LUZ, emana y atraviesa Su obra.
    Pero, ocurre la  «shevirat hakelim», la ruptura de las vasijas. De acuerdo a esta doctrina, la luz está, cual «nitzotzot», chispas, que son recubiertas por «kelipot», caparazones o cáscaras.
    Toda la creación está en exilio, hasta que las chispas sean unificadas en el proceso llamado «Tikún», rectificación o reparación. El hombre es el encargado de esta tarea reparatoria, al asociarse al Eterno en la tarea de creación continua.
    Dios puede hacerlo por Sí mismo, por supuesto, pero es parte de Su plan el darle al hombre esta tarea trascendente, para que el bienestar que reciba el hombre no sea solamente como dádiva motivada en la gracia Divina, sino como justa y meritoria recompensa por su noble accionar. Entonces, lo que el hombre disfruta aquí y en la eternidad deja de ser una limosna que avergüenza, para ser una porción noble y justa.
    Así pues, cuando el hombre cumple con los mandamientos que le competen (los judíos de los 613 preceptos para Israel, los gentiles cada uno de los Siete Mandamientos para las Naciones), está recuperando una chispa Divina y retornándola a su sagrado origen. Tanto en las grandes obras como en las cuestiones menudas y cotidianas, en tanto la acción personal sea a la luz de los mandamientos que corresponden a cada uno, se está diluyendo kelipot y posibilitando el mayor esplendor de la LUZ divina en uno y en el Cosmos.
    ¿Qué es la redención?
    El fin del exilio, la unificación del mundo, el resplandor de la LUZ divina sobre el universo.

    Entonces, una vida dedicada a la construcción de shalom, con acciones de bondad Y justicia, no es solamente una vida moral y ética, sino una verdadera terapia personal así como colectiva, que redunda en una reparación a nivel cósmico.
    De poco valen las liturgias y palabrería, las procesiones y reuniones zalameras, las doctrinas jeroglíficas y la sectarización, los ropajes extraños y el estudio de doctrinas entreveradas, el seguir líderes religiosos y repetir lemas cursis, la impostura religiosa y la fe.
    Lo que precisamos es una actividad terapéutica concreta y verdadera, una que nos unifique en nuestro ser así como con el prójimo, con el universo y con Dios.

    Algunas preguntas para reflexionar:

    1. La idolatría, en todas sus formas, también las religiosas monoteístas (incluso las que se disfrazan de judaísmo, cabalismo, jasidismo, noajismo, etc.), ¿ayuda o perjudica el trabajo del tikún personal y del colectivo?
    2. La fe estéril de obras, ¿aporta a la misión sagrada de restaurar la LUZ del Eterno en nuestro interior, en la sociedad y en el universo?
    3. El conducirse según los modos del EGO, ¿establecen la unidad fundamental o suman cáscaras y confusión?
    4. Aprender y/o difundir  lo “religioso”, “teológico”, “metafísico”, que no suma a la obra de reparación, ¿debe ser promovido o mantenido a raya?
    5. Actuar de acuerdo a lo que uno cree sentir de Dios sin hacer caso al código espiritual contenido en los mandamientos acordes a la propia identidad espiritual, ¿es el camino que aproxima a Dios?
    6. ¿Podrías establecer un paralelismo entre nuestros diferentes Yoes y las manifestaciones de Dios (y los dioses, falsos, obviamente)?
    7. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para mejorar tu proceso de tikún?
  • Habladores

    Hay gente que se la pasa hablando de otros.
    Que hicieron, que no, que dijeron, que no, donde fueron, donde quedaron, con quien están, con quien no, etcéteras al infinito y más allá.
    Siempre de otros, centrados en los otros, girando alrededor de otros, pero haciendo creer que ellos son el eje de la galaxia.

    Dedican su escaso tiempo de vida a la charlatanería, a la vanidad, a la falsedad, a la mentira, al engaño, a la habladuría, al revelar lo privado que debiera permanecer así, a causar daño y a seguir dañándose a sí mismos.
    Hablan, murmuran, planifican, molestan, interrumpen, opinan, confunden, siembran caos, atemorizan, asesinan con sus palabras.

    Probablemente teman irse de las reuniones sociales, no sea cosa que cuando se vayan los otros empiecen a hablar de ellos.
    Temen los silencios, porque no tienen control directo sobre el curso de pensamiento del otro.
    Temen no estar al tanto de los chismes, porque algo pueden estar tramando en su contra.
    Temen de muchas cosas, lo que los hace ocuparse de los demás en constantes charlas, monólogos de a dos, discursos, planes, etc.
    Temen.

    A veces, ese otro del que se la pasan hablando resultan ser ellos mismos.
    Son la gente yo-yo, porque todo tiene que empezar en yo y terminar en yo.
    Si uno comenta algo, ellos enseguida hacen de esas palabras un disparador para hablar de yo.
    En todo se meten, todo saben, y lo que no, lo inventan sin hacerse mucho drama.
    Ese yo del que tanto parecieran disfrutar hablar, es un yo ajeno a ellos. Es un personaje, una máscara, una cáscara.
    Nada real, aunque esté lleno de experiencias ocurridas en la vida material.

    Hablan, opinan, comentan, planifican, saben, decretan, se burlan, prometen, incumplen, hablan más, murmuran, cansan con sus parloteos.
    Se rodean de otros como ellos, y cuando pueden ser abalanzan sobre gente que por obligación o supuesta buena educación no tienen más remedio que soportar sus infamias y agresiones sonoras.

    Hablan, gastan saliva con energía, construyen y destruyen mundos virtuales y reales.
    Conspiran, aterrorizan, amenazan, atacan, hablan.

    Es su manera de sobrevivir, de ir sobrellevando la vida, de dejar que los días corran hasta que lleguen al foso y al silencio del sepulcro. Luego, su NESHAMÁ “disfrutará” de esos recuerdos vacíos, necios, nulos, dolorosos, angustiantes, secos, mustios, pútridos, mal olientes, asquerosos, dañinos. Esa es la porción que siembran para cosechar y hornear su pan en la eternidad. (Recordemos que tras la muerte en este plano, la NESHAMÁ pasa hasta un año terrestre en “descontaminación”, debiendo soportar de manera descarnada y veraz los males por los cuales no se ha hecho TESHUVÁ).
    Una vida muerta y que asesina, una muerte muerta que es lamentable.

    Son pobres diablos, ¿verdad?

  • Enunciados espirituales básicos

    Algunos enunciados básicos.

    1. Existen reglas naturales, tanto espirituales como físicas.
    2. Conocer y respetar las reglas permite disfrutar una mejor existencia.
    3. Somos seres multidimensionales.
    4. Nuestra esencia es espiritual (NESHAMÁ, Yo Esencial), ella trasciende los límites de la vida terrenal.
    5. La NESHAMÁ es inmodificable, no se altera por nuestras acciones y omisiones.
    6. Ella es la conexión permanente con el Eterno, es el lazo luminoso que no se quiebra ni se oscurece.
    7. Ella es la conexión con TODO lo creado, sin límites temporales o espaciales.
    8. La fina y silenciosa voz de la NESHAMÁ suena constantemente en nuestro ser, pero no es sencillo reconocerla y atenderla.
    9. Deseamos disfrutar la plenitud en cada dimensión de nuestra existencia.
    10. La memoria de nuestro pasaje terrenal se resguarda, a través de la NESHAMÁ, en un lugar y tiempo sin espacio ni tiempo al que denominamos EDÉN.
    11. Desde el nacimiento opera un mecanismo natural, biológico y automático, el EGO, que tiene como función resguardarnos en situaciones de impotencia.
    12. Sus herramientas son básicas, pero útiles cuando es necesario llamar la atención para recibir auxilio, o reaccionar automáticamente para ponerse a resguardo.
    13. Cuando el EGO actúa fuera de sus límites naturales, se convierte en un dictador, que nos mantiene sometidos a sentimientos de impotencia.
    14. La energía que debiera dedicarse a construir Shalom y así disfrutar de la experiencia multidimensional, se malgasta en servir/combatir al EGO.
    15. El EGO traspasa límites porque nos impulsa a dominar en donde no ejercemos control, y/o a doblegarnos en deficiencia y minusvalía allí en donde debiéramos dominar.
    16. Con nuestras experiencias cotidianas vamos adquiriendo y/o formando máscaras que recubren nuestro Yo Auténtico, se suman para integrar la personalidad, a la que llamamos Yo Vivido.
    17. Hay máscaras que están en sintonía con nuestro Yo Esencial, en tanto otras están en contradicción.
    18. El camino del retorno a nuestra esencia, de armonización entre Yo Vivido y Yo Esencial, se llama TESHUVÁ.
    19. Obtener logros aprobados por el EGO nos puede llevar a momentáneos sentimientos de satisfacción y superioridad, pero son apariencias de poder y éxito.
    20. Otras apariencias son la altanería, la vanidad, el derroche, la prepotencia, la agresión injustificada, la burla, entre otros disfraces de poder que esconden la falta del mismo.
    21. Ubicar al EGO en su natural función y no actuar a su mando, es sinónimo de salud.
    22. Tenemos la misión de construir Shalom en cada momento, por medio de acciones de bondad y justicia.
    23. El ser altruista es una de las claves para derrocar al EGO de su puesto de dictador.
    24. La Comunicación Auténtica es un método fundamental para doblegar al EGO.
    25. Disfrutar de lo permitido y apartarse de lo prohibido, mantiene a raya al EGO.
    26. Conocer y respetar las reglas apropiadas a cada identidad espiritual (noájica o judía) nos permite desarrollar nuestra existencia en lealtad al Creador.
    27. Toda religión es una impostura de espiritualidad, un producto socializado del EGO.
    28. La idolatría se sostiene por valorar por sobre todas las cosas al EGO.
    29. Cuando actuamos movidos por el AMOR, estamos siendo conscientes del enlace entre NESHAMÁ y NESHAMÁ, unificándonos, tal como estamos unidos en el plano espiritual.
    30. El AMOR actúa para beneficiar al prójimo, sin perjudicarse a sí mismo, sin esperar nada a cambio.
  • Viene y va a la Luz

    Como comentario a un post reciente de mi autoría, un atento lector escribió:

    Vengo de la oscuridad, de una mala vida donde era un mal hombre, al cual no importaba pisotear a quien o a lo que fuera.
    Voy hacia la luz, a rendir cuentas por mis malos actos, a estudiarme a mi mismo y ver en que falle a El y a mi entorno, a reparar ese daño con trabajo intenso, a no volver atrás y no dejarme caer de nuevo, en fin, a ser un mejor hombre y un mejor servidor

    A partir de tan honestas y profundas palabras, quisiera añadir unas humildes y pequeñas ideas de mi parte.

    “Vengo de la oscuridad, de una mala vida donde era un mal hombre, al cual no importaba pisotear a quien o a lo que fuera. “
    Está muy bien rever la conducta pasada y encontrar los puntos en los cuales nos hemos podido equivocar, y peor aún, empecinarnos en la mala senda apartándonos más y más del bien, que es nuestra esencia. Al ver esas manchas en nuestro historial, que recubren la pura Luz de nuestro Yo Esencial (neshamá) y nos asfixian en todos los planos de existencia, está mucho mejor emprender el camino del retorno, lo que conocemos como TESHUVÁ.
    No quedarnos esclavizados por las conductas repetitivas nocivas, que nos mantienen atrapados en patrones de comportamiento que nos maltratan así como probablemente dañan a otros.
    Sino, atreverse a retornar a la patria, salir del exilio espiritual para reencontrarse.
    Es una senda con altibajos, con dudas, con temores, con la insistente voz del EGO que nos trata de retener en el mal paso. Encontraremos o inventaremos miles de excusas y pretextos, para cobijarnos en la comodidad de lo que creemos conocer, amparados en creencias que son equivocadas pero que las consideramos correctas por cargar con ellas.
    Sin embargo, el que persevera en andar por la senda correcta, de Arriba le proveen ayuda para lograrlo. Tristemente, el que decide quedar encerrado en su celdita mental, atrapado en la tela de araña de sus creencias y consiguientes patrones de conducta tóxicos, también le dicen amén desde Arriba. Así pues, mucho cuidado y esmero para no ser cómplice del retroceso, o del empeoramiento, siendo que uno ya ha dado el enorme paso de reconocer que ha actuado mal, que ha sido perjudicial, que se ha lastimado así como a otros.
    Más bien, actuar con responsabilidad, dando respuestas, en tanto se siguen realizando las preguntas necesarias para no volver a caer en errores y males.

    “Voy hacia la luz”
    Es genial tener en claro esto, que uno no simplemente quiere dar pasitos fuera de la celdita mental, ya no volver a repetir los errores, ya no dar excusas, ya no mirar para otro lado haciéndose el inocente. Por el contrario, lo estupendo es poder ser consciente y responsable, y actuar en consecuencia.
    Sé que estuve mal, entonces me comprometo con el mejoramiento, y lo llevo a cabo.
    Lo que el amigo del comentario expresó como “voy hacia la luz”.
    Si se me permite, haré una pequeñísima corrección.
    Me parece que debiera expresarse mejor como “RETORNO hacia la Luz”, porque nuestra esencia es pura, intachable, no se quiebra a causa del pecado o cualquier otra inconducta, sino que siempre destella la Luz espiritual, que nos mantiene en constante conexión con nuestro Padre y Hacedor.
    El pecado, la mala conducta, el desvío de la buena senda, no nos pone en el vacío, no corta la ligadura sagrada con Él, sino que pone cáscaras que nos impiden darnos cuenta de la brillante realidad que seguimos siendo, nos opaca la conciencia, nos perturba la mirada, nos desmorona la percepción de la verdad, pero en modo alguno corta el lazo con Él.
    Seguimos siendo luminosos, plenos, con un Yo Esencial que suavecito nos habla sin pausa, nos recuerda quien somos realmente y nos insta a retornar a nuestra verdadera identidad. Que nos despojemos de aquellas máscaras del Yo Vivido que nos desfiguran la cara y siempre nos mantengamos leales a nuestro ser eterno.
    Así pues, más no vamos a la luz cuando estamos en el sagrado proceso de TESHUVÁ, ya que nunca salimos de ella. Volvemos a la Luz, regresamos al hogar, dejamos el exilio para establecernos nuevamente en nuestra patria. Así como es el sionismo para el pueblo judío, es la TESHUVÁ para el alma de cada ser humano.

    “a rendir cuentas por mis malos actos”
    No solamente rendimos cuenta por actos malos, sino también por aquellos en los que permanecimos indiferente pudiendo hacer algo positivo, y también por los deleites permitidos y legales que teníamos a nuestro alcance pero rechazamos con la excusa de ser más santos por sumergirnos en privaciones innecesarias.
    Pero también, se nos valora nuestros actos positivos, se nos descubre lo que hemos aportado de bien al mundo, aquello que ni siquiera comprendimos su alcance de bondad se nos revela y obtenemos por ello el rédito correspondiente.
    El Juicio del Padre no es solamente de castigo, porque Él no es un Dios que ame el dolor y torture a Sus hijos, sino que es más bien como el momento ineludible de vernos y reconocernos en el espejo de la verdad, en donde somos nosotros mismos los encargados de demostrar lo que hemos sido, en todos los aspectos.
    Cada acto es medido y pesado, en sí mismo y en su contexto, siendo Él un Juez justo pero a la vez bondadoso.
    Entonces, no nos enfermemos con culpas y seguir cargando pesadas mochilas que dificultan el proceso de crecimiento que es la TESHUVÁ, cuando ya hemos recorrido el camino, cuando dejamos de lado la conducta negativa, no permanezcamos atrapados mentalmente en recuerdos y sentimientos de culpa que nos debilitan. Sepamos que somos falibles, en qué tropezamos, para no volver a hacerlo.
    Porque, parte del retorno a la esencia es perdonarse a sí mismo, cuando se ha cumplido cabalmente el trayecto necesario.

    “a ser un mejor hombre y un mejor servidor”
    Esa es la idea.
    Me alegro que tenga esa meta y que esté en el proceso de superarse a diario.
    Quiera el Eterno que cada día sea mucho mejor, de más plenitud, con sensación de regocijo por la tarea bien realizada, de bendición y de dador de bendiciones.

    Sabe de donde viene y hacia donde va, en el medio está haciendo lo necesario para que su vida tenga un sentido pleno, trascendente, de valor aquí y en la eternidad.
    Sin pomposidad, sin religiones, sin superstición, sin atribuirse identidades que no le corresponden, sin malabarismos místicos, sin palabrería incongruente y falsaria, sin dobleces, sin pretender ser lo que no se es, sino actuando como un excelente hijo del Eterno y un servidor leal a Él y al prójimo.
    ¡Que bueno que así sea!

  • Preg. 5908 – demonios fantasia

    Preg. 5908 – demonios fantasia

    Hola more que el Eterno lo bendiga hace mucho no preguntaba.me inquieto que leí en otros posteriormente que usted decía que los demonios existen y que pueden hacer algo,mi pregunta es decir que existen no sería darle la razón a la idolatría que creen en eso?porque en la Tora el Eterno siempre dijo que El es quien hace todo en todos no es así?
    mateo albornoz lomas de zamora

    (más…)

  • Te has olvidado del Elokim que te hizo nacer

    Te has olvidado del Elokim que te hizo nacer

    Las creencias, especialmente las fantásticas del estilo religiosas o supersticiosas, tienen un poder enorme aunque sutil. Horadan profundo, hasta raíces incluso inaccesibles para la razón, y desde allí lanzan ramas que conquistan y anidan por doquier. Se entrometen, se multiplican, invaden y se entronan. El sistema de creencias tiene la habilidad para llegar a endurecerse, inmovilizar, drenar energías, sujetar a su presa para tenerla a su disposición, manipularla como a marioneta.
    Como un virus, de los naturales o los informáticos, se cuela y secuestra al sistema que lo hospeda, pudiendo llegar a matarlo aunque le conviene mantenerlo en estado atónito, para continuar aprovechando los recursos enajenados.
    Y la persona esclavizada tendrá la convicción de que es ella la ama de sus creencias, que las escoge libremente, que tiene la opción de desprenderse de ellas o cambiarlas según su voluntad, tal como se ufana un adicto al narrar su vínculo con su adicción. Pero, no es él el dueño de su existencia, son sus creencias.
    Teniendo en cuenta esto, ¿te parece necesario ser totalmente estrictos a la hora de introducir en nuestra mente trozos de ideas, que se convertirán en creencias? ¿O mejor somos abiertos y sin filtro, para que venga el visitante camuflado y al rato se transforme en rey de nuestro reino que hemos perdido?
    Te invito a leer un texto de nuestra autoría: http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/tu-creencia-tu-vida, tienes otros que pueden interesante. Ábrelo en otra ventana o pestaña de tu navegador para estudiarlo luego, porque ahora continuaremos aquí.

    Supongamos que una persona que de alguna manera se formó la convicción de que la luna es de queso, es muy probable que aunque se lo lleve hasta allá y se le demuestre a todas luces su error, igualmente seguirá creyendo en eso.
    De acuerdo a su inteligencia inventará las más elaboradas excusas, también podrá recurrirá a un arsenal mohoso y prefabricado de lemas y escudos aceitosos que le protegerán para mantenerlo en su oscuridad. Te disparo algunas ahora: “esto no es la luna, es un set de películas”; “esto no es la luna, es un satélite artificial creado para defraudar a los creyentes”; “la luna es de queso, pero hemos alunizado en una cáscara de piedra, si hubiéramos recogido muestras unos kilómetros más allá la cosa sería diferente”; “todos sabemos que es imposible llegar a la luna, me han hipnotizado o drogado para llenarme la cabeza con mentiras”; “esto es obra de Satanás que no desea que comprobemos la verdad, que la luna es de queso”; “quizás la luna era de queso, pero con la actividad humana se afectó de tal forma que se endureció”; podría seguir inventado conjeturas desquiciadas, pero creo que ha quedado clara la idea.
    No fue muy difícil para mí inventar en un minuto todas éstas, porque las he adaptado de excusas que gente supersticiosa, magufa, religiosa, dispara cuando se les confronta con la precariedad de sus creencias.
    Si tienes tiempo y deseo, tal vez podrías revisar las creencias que tienes sobre cuestiones religiosas o supersticiosas, confrontarlas con evidencias, o simplemente hacerte preguntas que te acerquen a la pared de tu celdita mental, y verás lo que respondes.
    (Recuerda, noajismo y judaísmo NO SON religiones, aunque haya personas, e incluso “líderes”, que las tomen como tales y se muevan como religiosos en todos los aspectos).

    Toda religión es manifestación social/emocional del EGO, sin arraigo alguno en lo espiritual. De hecho, la religión es la contracara de la espiritualidad. A mayor religión, menor espíritu.
    Recuerda lo ya enseñado y explicado, los dioses surgen como representación del EGO, el que es sentido como el primer salvador de la existencia personal. Es aquel que nos salvó del terror infernal de la impotencia total inmediatamente luego de nacer. Es el que nos auxilió una y otra vez en tanto íbamos aprendido otras maneras de llamar la atención a nuestros cuidadores e instrumentos para valernos por nuestra cuenta. Es el que está con nosotros en todo momento, desde su base en las profundidades de nuestra masa cerebral. Es nuestro amigo, pero nuestro peor enemigo. Y allí se mantiene, usurpando el trono del Rey, ejecutando sus mecánicas herramientas naturales, para nada sofisticadas pero muy efectivas.
    De él son todas las imágenes de dioses y entidades superiores inexistentes pero que pueblan nuestra imaginación y mente.
    Y recuerda, lo que en general se denomina “espiritual” no es más que emociones, manipulación social, malabarismos mentales, pero que impiden la conexión directa con nuestra esencia sagrada, nuestra NESHAMÁ o Yo Esencial.
    Puede la persona sentirse flotar en vapores de seudo espiritualidad, a causa de palabrería, de ritualismo, de bailoteos, de adoraciones rebuscadas, de posiciones corporales, de lo que sea que su creencia le provea, pero dudo mucho que esa emotividad provenga de la conexión con el Yo Esencial, puente de enlace directo con el Eterno. Porque, el camino espiritual que Él ha indicado es el noajismo para el gentil, judaísmo para el judío. Ambos básicamente, en su médula, se resumen en: construir shalom por medio de acciones de bondad Y justicia, con lealtad.
    Mucho bailoteo, grandes parloteos, aplausos arrobados, caras de éxtasis… ¡de qué valen si no contienen acciones concretas de bondad y justicia!
    Pero, pronto la creencia proveerá de recursos para excusar las acciones supersticiosas, abogar en contra de la racionalidad, atacar a quien se para con firmeza a revelar la podredumbre que conlleva la adoración del EGO.

    Cuando la persona está atrapada por las redes de la religión difícilmente quiera y pueda salir de su celdita mental. Porque, además de lo anteriormente mencionado, hay una presión social tremenda que no duda en manipular, amenazar, castigar, adoctrinar, asfixiar a quien ose dudar aunque sea un poquito. Los mecanismos represivos externos e internos se ponen en funcionamiento y tienen milenios de experiencia.
    Entonces, con el silencio obligatorio, se anulan las cuestiones, se exterminan las rebeldías, se abominan las sanas inquietudes para paralizarse en la adoración del EGO en forma de dioses, santos, fetiches y supersticiones.
    El EGO prevalece y se impone, se presenta como “dios” y bloquea la conexión con Dios.

    ¿Qué hacer para ser libres?
    ¿Cómo despojarse de las creencias enfermizas, o al menos reducirlas a un punto que no afecte el pensamiento, el habla y el comportamiento?
    Bien, como respuesta tienes cientos o miles de textos ya publicados aquí.
    Te invito a que hagas el viaje más importante que te tocará hacer: de la opresión de Egipto a la Tierra Prometida. No será simple. No lo harás en un par de días. No estarás rodeado de almohadones y algodones. Tendrás que luchar contra fuerzas tremendas que se opondrán a tu felicidad. Tú mismo te sabotearás en incontables ocasiones. Te negarás a avanzar, dudarás de tu poder, rechazarás la Mano Poderosa, te rebelarás contra tus maestros de Luz, preferirás la muerte en el desierto o la adoración de becerros de oro en lugar de cumplir tu parte en la tarea. Regresarás mil veces a Egipto, o lo añorarás a más no poder. Hasta el último instante seguirás esclavo del Faraón. Te prometo todo esto y otras cosas negativas también. Pero también te aseguro que tu viaje está signado por el éxito, si haces tu parte. Si de a poco te vas despojando de moléculas de creencias enfermizas, si desaprendes para ir aprendiendo. Si tomas conciencias de cómo vives, de quien controla tu vida. Si te comprometes y te esfuerzas. Tienes a un Amigo que te ayuda, tienes conexión con Él directa y no precisas de intermediarios ni fetiches, que son solamente emisarios del EGO.

    Tienes la opción de mantenerte en tu celdita, cualquiera que ella sea. Puedes dar un pasito, pequeñito, para salir de ella.
    Haz lo que mejor te venga en gana.
    El capítulo 32 de Devarim/Deuteronomio (parashá Haazinu) te provee de claves, quizás las veas mejor a la luz de este humilde articulo que he compartido contigo hoy.

    Hasta luego.

  • Explicaciones que no explican

    Explicaciones que no explican

    Para muchos en estos tiempos, pareciera que las cosas debieran poseer algún elemento místico, mágico, de supuesta “espiritualidad” (que en verdad no es más que sentimentalismo), para considerar que son dignos de valor y respeto.
    Pareciera como si una cuestión tradicional no contara en sí misma por el mero hecho de ser, precisamente, parte de una cadena de transmisión que se pierde en los tiempos.
    O, si el razonamiento claro y límpido no bastara para confirmar su adecuada condición.
    ¡No! Se exige misterio, alguna pátina metafísica, lo que sea que nos deje como niños ante un conocimiento nunca experimentado y sin forma de comprenderlo.

    Entonces, por ejemplo, la jalá redonda que algunos suelen comer para Rosh haShaná, en verdad es una llave milagrosa para desear y obtener un “año redondo”. ¿Qué quieren decir con eso los que lo dicen? Pues, me parece que no lo tienen muy en claro y apelan a explicaciones bizantinas para darle alguna coherencia. El hecho es que si el pan a la mesa del año nuevo “judío” (en verdad, de la humanidad) no es redondo, algo malo y catastrófico podría ocurrir.

    Otro ejemplo, si uno adquiere (a pesadísimo precio) el libro del Zohar, aunque no lo sepa leer, ni lo entienda, ni conozca nada de lo que trata, ya es suficiente para abrir portones místicos de prosperidad, éxito, salud, bienestar, etc. Si uno lo deposita debajo de la almohada al ir a dormir, cosas maravillosas se revelarán en sueños. Si se repiten dos o tres frases, se espantan daños astrales y se evita que “el maligno” se instale en el hogar o lugar de trabajo. De poco o nada sirve demostrar que el autor fue un oscuro rabino del siglo XIII, o quizás algunas porciones fueran de una eminencia más antigua. Ni vale demostrar que luminarias del conocimiento sagrado lo han obviado, rechazado o desconocían su existencia y para nada lo precisaban. ¡No! Desde que se instaló la histeria por el Zohar (apellidado “santo”, cosa extraña), y algunos vivillos comerciales lucran con ello, entonces todo tiene que pasar, obligatoriamente, por su rasero, y ser decriptado con sus vericuetos lingüísticos.

    O con el querido sonido del Shofar, que pronto escucharemos en Rosh haShaná como parte de lo establecido.
    Sabemos que es un instrumento musical primitivo, probablemente de los más antiguos.
    Sabemos, además, que era empleado para comunicarse a la distancia, empleando para ello códigos preestablecidos socialmente, así como otros particulares que se acordaban dentro del grupo de referencia.
    Podemos saberlo, pero igualmente no faltará el que insista con dotarlo de poderes mágicos, más allá de cualquier cuestión establecida por la tradición y amparada en la inteligencia.
    Entonces, no da lo mismo escuchar el toque del shofar a través de un sistema de audio súper exquisito, que escucharlo en vivo. No por cuestiones halájicas, o de peso tradicional, o para no cambiar el ritual milenario innecesariamente, sino que se apela a variables metafísicas. Por ejemplo, que el sonido en vivo manipula el flujo de energías espirituales y restablece equilibrios energéticos de manera misteriosa, cosa que no pasaría si el sonido surge de bocinas o parlantes, por más alta fidelidad que se tenga.
    Puede ser que en el plano emocional de la persona el valor del toque en vivo sea diferente al que brota de parlantes, seguramente que sí. Pero, imponer explicaciones esotéricas allí donde solamente hay emociones, conduce a la oscuridad, no a la estabilidad.
    Aquello de confundir al “satán” con los bramidos del shofar, casi 100% evidente, que es lenguaje metafórico, una manera pintoresca y anticuada de llamar a la reflexión, de enmendar la conducta, de combatir al EGO para que prevalezca el amor. O, a riesgo de ser “hereje”, podría ser la manera que tenían los sabios antiguos de explicar su mundo, con las herramientas que tenían a mano, con el conocimiento precario de ciencias con el que daban sentido a su mundo. Así, el sonido del shofar realmente despertaba la conciencia, porque en el mundo de la tradición era la alerta que fue establecida a tal fin. Si a eso le decían “confundir al satán”, no por ello debemos considerar que hay una entidad inmaterial dando tumbos por el resoplar de un cuerno. ¿O sí?

    Veamos al maestro qué nos dice:

    “Aunque hacer sonar el shofar en Rosh haShaná es un decreto Divino, podemos, sin embargo, distinguir un propósito en ello.
    Es como si nos estuviera diciendo: ¡Durmientes, despertad de vuestro sueño; vosotros que dormitáis, salid de vuestro letargo; reflexionad sobre vuestras acciones, retornad y recordad a vuestro Creador!
    Aquellos que olvidan la verdad con el paso del tiempo y quienes desperdician sus años persiguiendo vanidad y tonterías carentes de valor y que no brindan salvación, ¡fijaos en vuestras almas! ¡Mejorad vuestras acciones! Que cada uno de vosotros abandone su mal camino y pensamiento que no conducen al bien.”
    (Rambam, Hiljot Teshuvá 3).

    Fiel a su sentido y sabiduría, el príncipe de los maestros no revolotea en torno a ideas misteriosas y que atrapan en cadenas de emotividad. Claro, lógico, seguro, apegado a la Torá en su pureza, entiende al shofar como un instrumento que produce un ruido estridente y característico, que en la memoria colectiva del judaísmo se asocia al despertar de la conciencia, al esfuerzo por mejorar la conducta para andar el camino de la teshuvá, o del retorno.

    El eminente Saadiá Gaón nos enseño diez símbolos del toque del shofar en estas fechas, ninguna de ellas relacionadas a magia o bailoteos místicos. Todos ellos apuntando al perfeccionamiento de la conducta, al despertar de la conciencia.

    Entonces, ¿qué lleva a que tanta gente busque el halo misterioso, lo extraño y sobrenatural en las cosas de la tradición (y fuera de ella)?
    ¿Acaso las reglas y costumbres solamente tienen sentido si caen en las sombras de lo místico?
    ¿Qué poder opera desde las sombras para darle relevancia a lo irracional por encima de lo racional?

    Pues, pareciera que esto no es suficiente:

    • La idea de ser sacudido de la modorra de la rutina diaria, para entreabrir los ojos y hacer una pausa por un momento para centrarse en las cosas que realmente nos importan, reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestras vidas y comprometernos con el camino que es mejor tomar.
    • Darse cuenta de que la vida es corta, impredecible, y en gran parte fuera de nuestro control, y que estamos saltando de temor en temor, de falla en desesperación, cuando tenemos un rayito de fortaleza e integridad a nuestro alcance. El cual es nuestro verdadero poder, que nos conecta con El Poder. Sí, sin malabarismos místicos, sin travesuras supersticiosas, sin desbarrancarse en brazos de la irracionalidad, pero con profundísimo sentido espiritual.
    • La noción de que tenemos ciertos sentimientos y experiencias que son imposibles de expresar plenamente con las palabras, y que de una manera extraña sentimos que podemos darles cuerpo a través del primitivo y profundo sonido del Shofar.
    • El estar conectados a la tradición, con elementos simples, que eran cotidianos en el pasado, con su propia simbología y significado, que probablemente han variado con el paso de las generaciones, pero nos sigue uniendo con nuestros padres, con nuestros contemporáneos y nuestros descendientes.

    Con todo esto, con lo expresado por Saadia Gaón y Maimónides y otros insígnes sabios, parece que no valiera nada. Porque se anhela ese contenido intoxicante, mágico, que arrebata el pensamiento para endurecerlo detrás de mitos, en posturas fingidas, en lemas repetidos, en la vanidad con ropajes de santidad.

    Creo que es tiempo de reflexionar y dar un paso para librarnos de esas cadenas, romper un poco la celdita mental que nos retiene, para despojarnos del EGO y avanzar por la senda de la LUZ.
    ¿Podrías tomarlo como compromiso para este año universal que está por iniciar?
    Espero que sí.
    Shaná Tová uMetucá.