Categoría: Creencias

  • Resp. 5910 – cementerio de animales

    More Yehuda, saludos !!!!! soy de la comunidad monte sinai de mexico, no se si mi comentario que en realidad es una pregunta pueda ir aca, pero me atreveré a formularla…..Yo tengo un perrito, actualmente tiene 9 años pero éste ha sido una clave importante que ahora entiendo Bor´´e Olam me puso en mi camino pues me ha ayudado anímicamente, yo sufrí depresión y gracias a el y obvio a la ayuda de Hashem he salido adelante, pero a loo que voy es que este «animalito» se ha vuelto importante para nosotros (mi familia) pues lo consideramos parte de nuestra familia (yo he leido en esta pagina que no tienen alma, que no son iguales a los seres humanos)….este animal ES UN GRAN AMIGO para mi, me ha enseñado grandes VALORES como son la confianza, la amistad, compañerismo,bondad, lealtad, fidelidad….incluso «los seres humanos» ya sean judios o gentiles a veces no tienen ni una pizca de virtudes que tiene este animal………el dia que muera mi perrito….¿¿que debo hacer???….yo no puedo tirarlo a la basura como si fuera un trapo viejo, NO VOY A TRAICIONAR A MI AMIGO, EL SIEMPRE HA CONFIADO EN MI, creo que por minimo respeto, merece ser enterrado en un lugar digno…….PUEDO ENTERRARLO EN UN CEMENTERIO JUDIO o donde???…..no tengo el corazon ni la «mala leche» de aventarlo como un objeto sin valor….gracias
    jaime, medico reumatologo e internista, 36 años, mexico df

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  • Hacer que las máscaras sean espejo de la cara

    Estudiamos a menudo acerca de nuestros diferentes YOes: Esencial, Auténtico y Vivido.
    Resulta muy importante para sustentar teóricamente nuestra actividad en CABALATERAPIA, y en general, por el sentido trascendente de ser constructores de SHALOM.

    Sin embargo, el valor fundamental no se encuentra en filosofar, en navegar y bucear por océanos de profundos conocimientos ancestrales, modernos y metafísicos; sino, en desarrollar una vida plena en este mundo, lo que a la postre brinda cosecha fructífera en el mundo venidero.

    Repito, lo esencial no está en especular copiosamente, sino en llevar una vida de construcción de SHALOM constante, por medio de acciones de bondad Y justicia.

    Si para conseguirlo mejor precisamos comprender nuestra complejidad multidimensional, entonces ¡qué bueno que contemos con este material de estudio!
    Si nos resulta irrelevante y superfluo, puesto que construimos SHALOM sin tanto discernimiento, ¡qué bueno que así sea!

    La meta es: construir shalom por medio de acciones de bondad Y justicia.

    Pero, el pensamiento se vuela, con dudas, temores, fantasías, creencias, excusas, lo que fuera que nos desplace de este momento y lugar.
    Nos quedamos anclados al pasado, con sentimientos de culpa, con impotencia por haber hecho o dejado de hacer, como si un anciano débil y achacoso estuviera trepado a nuestro cuello y nos impidiera respirar, hablar con claridad, girar la cabeza para ver a otra parte.
    O estamos pendientes del irreal futuro, llenos de miedo, de ficciones de  impotencia en lo que aún no tiene realidad. Como si un niñito atropellado nos estuviera gritando y saltando sobre nuestra cabeza, sin darnos paz, sin dejarnos un momento para detenernos y decidir con sabiduría y compromiso.
    En esos escapes al pasado o al futuro, malgastamos el presente. Nos vamos ahuecando, pero no para llenarnos de satisfacción y éxitos, sino de vacío, soledad, tristeza, mentiras al solitario, falsedad, materialismo sin sentido, pobreza, etc.

    Perdemos el tiempo y por más que después corramos, ya está perdido.
    No vivimos el presente, no mejoramos las condiciones para mañana. Simplemente pasamos, derrochamos ese capital que es el tiempo, destinamos energía no retornable en conflictos estériles, construimos nada y destruimos mucho.

    A veces nos quedamos reflexionando (haciendo de cuenta que lo hacemos), tratando de descubrir quién somos, cómo ser un vivo reflejo de esa NESHAMÁ que somos.
    Y en verdad, nuestra identidad es lo que estamos haciendo ahora, con los retazos del pasado en la memoria, con las perspectivas del futuro, pero es esto que estamos haciendo.

    Construimos quien somos. No nos encontramos a través de filosofía, ni la fe, ni rezar, ni encerrarnos en soledad para hacer de cuenta que meditamos cosas trascendentes. Si alguna de estas cosas te sirve para calmarte y darte energías para vivir a pleno el aquí y ahora, ¡qué bueno! Pero en realidad, la identidad la estamos construyendo con las decisiones que tomamos, lo que hacemos y dejamos de hacer.

    Entonces, dediquémonos a construir con acciones de bondad Y justicia.
    Aprendamos, estudiemos, desaprendamos, entrenémonos para no estar siempre reaccionando a través de las herramientas del EGO.
    Construyamos SHALOM.

    Si hemos construido SHALOM, con más o menos filosofía,
    al final del camino,
    cuando necesariamente solo quede la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) y la memoria fiel del cúmulo de vivencias de nuestro pasaje terrenal,
    comprobaremos, que nuestros Yoes máscaras fueron espejos de nuestro Yo cara.
    Es decir, si logramos sintonizar nuestra conducta con el Yo Esencial,
    por medio de acciones de bondad Y justicia,
    el resultado siempre será dichoso, bendito, luminoso.

    ¿Quedan dudas?

  • José revela un gran secreto

    Iosef ahora se llamaba Tzafenat Paneaj (el revelador de lo oculto) y era el hombre más poderoso de Egipto, ¿de todo el Oriente Próximo?

    Había sido vendido como esclavo, condición que padeció durante un año, luego paso doce años en prisión y más tarde nueve como político y regente del imperio más fuerte de su época.
    Conocía de altibajo, alturas inaccesibles para la mayoría de nosotros así como abismos espantosos que muy pocos recorremos de manera habitual.

    Su aspecto exterior siempre escondió su verdadera identidad, ¿cómo en casi todos nosotros?
    Pero, en su caso está explicitado con las siguientes palabras:  «Iosef [José] reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron a él.» (Bereshit / Génesis 42:8).
    ¡Sus propios hermanos, los que compartían su raíz, no pudieron darse cuenta ante quien se encontraban!

    Las máscaras que usaba Iosef cubrían de tal manera su esencia que difícilmente se podía vislumbrar algo de ella, sin embargo, allá en lo profunda seguía viva y atenta: «el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de Iosef [José]. Le vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello. Luego lo hizo subir en su segundo carro, y proclamaban delante de él: ‘¡Doblad la rodilla!’ Así lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto…» (Bereshit / Génesis 41:42-43).

    Llegó por fin el momento de la revelación, de quitarse las máscaras y dejar salir a la vista si identidad esencial. Las condiciones para que esto ocurriera se alcanzaron, entonces: «Iosef [José] dijo a sus hermanos: -Acercaos a mí, por favor. Ellos se acercaron, y él les dijo: -Yo soy Iosef [José] vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido acá, porque para preservación de vida me ha enviado Elokim delante de vosotros.» (Bereshit / Génesis 45:4-5).

    En este episodio de mostrar su identidad, hay algunos puntos curiosos. Te mencionaré algunos pocos.
    Estaban solos, pero igualmente les pidió a sus hermanos que se acercaran.
    Les manifestó su identidad, pero añadió un par de datos que resultaban innecesarios, aunque él encontró oportunos ponerlos sobre la mesa: que era el hermano de ellos y que ellos le habían vendido hacía tiempo como esclavo.
    Luego les asegura que no hay rencor ni necesidad de sentimientos negativos, porque todo esto era un plan de Dios para dar vida.

    Podría ofrecerte ahora respuestas a estas cuestiones llamativas, pero antes te explicaré qué representa esta historia verídica pero con un correlato metafísico.

    Iosef, como hijo de Israel, como hermano de sus hermanos, como el oculto, está representando nuestro Yo Esencial, la NESHAMÁ o espíritu de cada persona.

    Su descenso al pozo y las peripecias en Egipto, representan nuestra llegada al mundo y la vida terrenal con sus experiencias oscuras y luminosas, con sus éxitos y fracasos, con sus errores y reparaciones, con sus crecimientos y estancos, etc.

    Sus máscaras son nuestras máscaras, el Yo Vivido en sus múltiples facetas.

    El encuentro y presentación sincera ante sus hermanos, es el momento cuando nos despojamos de la servidumbre hacia el EGO. Esto puede ser al morir, o cuando doblegamos momentáneamente al EGO durante el transcurso de nuestras vidas, o cuando logramos cierta armonía que permite que las máscaras del Yo Vivido representen al Yo Esencial en lugar de ocultarlo y travestirlo.

    Los tres elementos curiosos que señalé del encuentro representan cada uno:
    -Que se acercaran los hermanos: porque aquellos que siguen bajo el dominio del EGO tienden a espantarse y/o no comprender a los que pueden conciliar su Yo Vivido con su Yo Esencial. Que no permitan que domine el miedo, ni que de la impotencia se disparen las respuestas automáticas del EGO. Por el contrario, que se aproximen, que dejen de lado la pretensión de poder y asuman su verdadero poder.
    -Que era su hermano: que ellos reconozcan en sí mismos que también son esa identidad luminosa, libre de pecados, carente de maldad, siempre radiante y benéfica. Si Iosef pudo destacar con bondad y justicia, con construcción de shalom a pesar de tantas adversidad (por la impotencia y por el exceso de poder), ¿cómo no harían de poder ellos?
    -Que ellos lo vendieron: no se olvidó del pasado y de las cosas truculentas, no es negando la realidad, no es mintiendo, ni haciendo como que perdonara pero no es así. Por el contrario, es con un verdadero proceso de TESHUVÁ, en el cual se tiene por un momento presente el mal hecho, para proceder a repararlo y después no volver a caer en él. Esa mala experiencia ocurrió, ellos ya lo habían asumido y en cierta forma enmendado, eso lo quiere destacar Iosef. La TESHUVÁ es la poderosa arma en el arsenal de la construcción del SHALOM, no la fe hueca, los rituales vacíos, el pobre pensamiento falsamente positivo, las palabras lindas pero sin acciones concretas.
    -Que es un plan de Dios: tal cual, nuestra vida terrenal es parte de un plan que Dios tiene para brindar placer meritorio a nuestra NESHAMÁ y no meramente el placer de la vergüenza que se obtiene gratis, por gracias, sin esfuerzo ni trabajo. Estamos en el mundo para sobreponernos a nuestras debilidades, sea obteniendo poder sobre ellas o admitiéndolas y viviendo con sentido a pesar de ellas. Estamos aquí para recolectar lo que sembramos con nuestra actividad, y no para sufrir o al azar.

    Tenemos muchísimo más para aprende de estas secciones de la Torá, pero por hoy es suficiente.

    Si conoces nuestras enseñanzas acerca del EGO, de la NESHAMÁ, de lo que compone la CABALA-TERAPIA, seguramente habrás podido disfrutar de este texto que te regalo ahora.
    Si no tienes presente nuestras humildes enseñanzas y te produce curiosidad, tienes aquí mismo miles de artículos gratuitos para tu beneficio y bendición.

    Será un placer leer tus comentarios al respecto de este post, en la zona de comentarios aquí debajo.

    (Texto escrito en mérito y honor a mi apreciado padre, Pesah ben Yehuda Arie Z”L, en fecha de su partida de este mundo).

  • Ser y estar siendo

    A partir de una charla con un amigo surge este post.

    Nuestra NESHAMÁ, lo que denominamos Yo Esencial o espíritu, no está materialmente en nuestro interior,
    aunque a veces lo señalemos como la LUZ interna o la pequeña voz dentro de nuestro ser.
    No se ubica en ninguna parte del cuerpo.
    Ninguna zona cerebral es su asiento.

    Ante esta afirmación surgen algunas interrogantes.

    1. ¿Dónde está?
    2. ¿Cómo con nuestros actos podemos volver a ella, si no ocupa lugar físico?
    3. Si es la esencia de nuestro ser, pero no está en mí, ¿yo soy realmente yo?
    4. ¿Quién somos en realidad?
    5. ¿Somos la información que aprendemos?
    6. ¿Somos lo que construimos con los años?
    7. ¿Somos lo que Dios impuso que fuéramos?

    Vayamos respondiendo con sencillez y sintéticamente a estas cuestiones. Será difícil de comprender, lo admitimos antes de presentarlas.

    La NESHAMÁ es una entidad espiritual, proviene directamente de Dios.
    No ocupa espacio, por tanto no sufre alteraciones, ni es afectada o depende del tiempo “material”.
    Está en un lugar que no es lugar, en un tiempo que no tiene tiempo.
    Si no lo puedes entender, te confieso que a mí también me cuesta. Está bien que así sea, porque todo lo que conocemos y sabemos depende de nuestros sentidos, somos esclavos de nuestro cuerpo, dependemos necesariamente del tiempo y del espacio. No tenemos noción de existencia fuera del tiempo y espacio. Hasta cuando imaginamos mitos, historias de ciencia ficción, delirios, estamos atrapados entre esas dos coordenadas. Dios, y por tanto nuestra Neshamá, no habitan nuestra realidad ni son afectados por nuestras limitaciones.
    Existen en una realidad diferente a la nuestra, que es incomprensible, aunque quizás pudiéramos tener destellos momentáneos de claridad al respecto.
    ¿Te sigue costando entenderlo?
    Lee esto: http://es.wikipedia.org/wiki/Flatland,_romance_of_many_dimensions, quizás te dé alguna idea y ayude a dar un marco a lo que no puede ser enmarcado.

    Entonces, ¿dónde está la Neshamá?
    Sabemos donde NO está.
    No está en nuestro cuerpo, en ninguna parte.
    Pero, tampoco está fuera de nuestro cuerpo, en alguna parte del cosmos.
    Se encuentre en “otro mundo”, aquel que está fuera del tiempo y del espacio. El mundo del espíritu.

    Por su propia “naturaleza”, este mundo no puede ser medido, diagramado, pesado, contado, etc.
    No está dentro del ámbito de la ciencia.
    No tenemos instrumentos para atraparlo o aprehenderlo.
    No hay experiencia terrenal que sea similar.
    Es por completo diferente a todo lo que conocemos o conoceremos.
    Solamente nos queda aceptar la creencia como lo que es: una creencia.
    Contamos con los testimonios de los millones de testigos presenciales en la Revelación en Sinaí, con los legados de los profetas verdaderos, con los relatos de la gente que ha tenido experiencias después de minutos de muerte clínica, y me parece que no hay mucho más que podamos presentar.

    Nuestra Neshamá es la identidad que nos ha otorgado directamente el Creador.
    No tenemos parte en su existencia, como tampoco nuestros padres ni otro ser vivo o elemento físico.
    Proviene del Eterno, permanece en el Eterno, retorna al Eterno.
    No cambia con nuestras acciones, no existe nada material que la afecte, ni para bien no para mal.
    Es, sencillamente es.
    Podríamos decir que es el ideal sobre el cual basarnos para diseñar nuestra vida en este mundo, la meta para alcanzar, la imagen para descubrir en el espejo de nuestra existencia. Como si fuera el plano elaborado por el experto arquitecto, el cual deben seguir con precisión los obreros para que finalmente la obra tridimensional plasme con belleza el esbozo del creador.
    ¿Se entiende?

    Lo que hacemos, los nombres que usamos, los títulos que nos acompañan, nuestras acciones, lo que recordamos, las actitudes, posesiones, vínculos sociales, etc., forman esas máscaras que arman al que denominamos Yo Vivido. Éste es por completo terrenal, lo construimos en el mejor de los casos; en los menos buenos asumimos aquello que los demás nos imponen o mandatan. Somos como personajes armados con bloques de Lego.
    Nuestros actos pueden estar en sintonía con el Yo Esencial, y por tanto estaríamos viviendo de acuerdo a esa imagen ideal, que es nuestra identidad real.
    Cuando la máscara
    coincide en algún aspecto con esa esencia pura e inmodificable que es el Yo Esencial , estamos en un instante de armonía, en shalom interno.
    Pero, si hay conflicto entre máscaras y Yo Esencial, cosa que es lo más frecuente, entonces estamos en colisión interna. Imagina que estás contratado para un arquitecto que diseño un plano que tienes que interpretar y realizar, pero estás armando otro modelo diferente y que no encaja, entonces estamos en una vida aparente, en impotencia, a merced del EGO.

    Con esto podemos suponer que yo soy algo que no soy yo.
    Porque hago cosas que forman mi Yo Vivido, el cual es mi YO terrenal, el que conozco (en la medida de lo posible), el que los demás conocen, el que veo en el espejo, etc.
    Pero al mismo tiempo hay otro Yo, que es genuino, que es eterno, que es el que debo llegar a conocer y vivir como lo que él plantea.

    ¿Suena desquiciado?
    Sinceramente, sí. O tal vez demasiado metafísico.

    Veamos un poquito más, quizás pueda explicarlo mejor.
    Yo soy esto que estoy siendo (o sea, Yo Vivido).
    L
    o genial seria que lo que estoy siendo coincida con lo que soy (o sea, Yo Esencial), para ser completamente.
    En unidad, en shalom, en plenitud.

    ¿Y cómo entender aquello de la Neshamá que somos pero que está fuera de nuestro cuerpo?
    Usemos una metáfora para tratar de contar lo incontable.
    Supongamos que somos una computadora que venimos al mundo con nuestro sistema operativo funcional y un disco duro apenas ocupado por las experiencias intrauterinas.
    Ese disco duro, el cerebro, se irá llenando con información con nuestros aprendizajes, estudio, etc. Esa información será procesada, mezclada, cotejada, arreglada, etc. para que aparezcan fragmentos de ella en nuestro monitor, que sería lo que tenemos en la conciencia en cada instante dado.
    Además tenemos una conexión permanente a una poderosa internet, llena de todo el conocimiento del universo. Como casi infinita Wikipedia universal que está a nuestro alcance, es lo que podemos llamar el «otro mundo».
    ¿Dónde está? No lo sé, aquí, allá y en ninguna parte. No tengo idea de su ubicación y realmente no me preocupa en lo más mínimo. Solo sé que del otro lado hay una terminal que recoge la información que transmitimos y la inserta en esa Wikipedia, pero también recoge algo de información de allí y nos la transmite a nosotros, donde la recibimos en alguna área del cerebro (probablemente, no tengo conocimiento exacto del asunto, ni conozco si alguien lo tiene).  La terminal del otro lado, es la Neshamá.
    Cuando morimos, la terminal de este lado deja de funcionar, ya no hay más transmisión, se cortó la conexión; pero, la terminal del otro lado no se inmuta, no sufre cambios. De manera similar aquella información que enviamos para allá, que se encuentre almacenada debidamente y a disposición de quien esté autorizado a revisarla.

    De aquí aprendemos una importante enseñanza.
    Si nuestra vida terrenal es una constante actuación de i
    nstintos y/o de automatismos anclados por el entrenamiento social, entonces somos animales robotizados, títeres con apariencia de poder y libre albedrío. Tal como otros animales, al sonar la campana nos chorrearemos de saliva esperando la comida. No hay trascendencia, no hay deleite, ni libertad, ni elección, ni poder, ni siembra para cosechar favorablemente en la vida posterior a esta vida.
    Somos lo que estamos siendo, máscaras, Yo Vivido disfuncional, fuera de sincronía con el Yo Esencial.

    Teniendo en cuenta esto, es fácil reconocer qué son las celditas mentales que menciono frecuentemente en varios artículos de mi autoría.
    ¿Te animas a decirlo?

    La persona tiene que ser con ella misma objetiva y honrada para detectar sus errores y fallas. ¡Nada simple! Tarea llena de obstáculos y contratiempos, por lo general motivados por el EGO, propio o ajeno.
    Un buen proceso de CABALATERAPIA puede ser de gran ayuda, aunque no ejerza efectos mágicos ni resuelva todos los conflictos.

    Estamos limitados en nuestro control, por ello debemos aprender a no querer controlar lo que no podemos controlar. Aprender que nuestra NESHAMÁ no nos manipula, de hecho quizás ni tenga influencia directa en nuestra vida cotidiana. Ella no viene a nosotros, pero nosotros podemos ir hacia ella, en sentido figurado. ¿Cómo? Asemejándonos a ella, para llegar a ser aquello que es la mejor imagen de uno mismo. ¿Cómo? Conociendo nuestra raíz espiritual, judía o noájida, para vivir de acuerdo al patrón de mandamientos que nos corresponde: 613 para los judíos, 7 para los gentiles. Desplegando a cada instante conductas y actitudes de construcción de Shalom, bondad Y justicia.

    ¿Somos la información que aprendemos? ¿Somos lo que construimos con los años?  ¿Somos lo que Dios impuso que fuéramos?
    Todo esto, y más.
    Una cosa no contradice la otra.
    La cuestión es construir shalom, desde dentro hacia fuera.
    Desde la elaboración de una identidad integrada, saludable, a tono con nuestra espiritualidad.

     

     

  • El consejo diario 423

    El optimismo genuino a veces no trae hechos consigo, porque la realidad no lo permite, y sin embargo sigue siendo positivo.
    Igualmente afecta efectivamente a la persona y su entorno, en una acción interna, modeladora, alumbradora, aunque tal vez no provea de una actividad externa.

    La fantasía nociva es el delirio disfrazado de optimismo,
    la parálisis arrogante que espera milagros sin asociarse a ellos,
    la que pretende doblegar a Dios y el cosmos
    según el capricho del momento.

  • Las caras que buscamos, las causas “inteligentes” que asumimos.

    Te propongo en este texto estudiar un poco acerca de las caras que buscamos y las causas “inteligentes” que asumimos.
    Comencemos.

    Miramos al cielo, pronto comenzamos a distinguir figuras, objetos, animales y rostros. También en manchas, en plantíos, en el diseño de la arena llevada por el viento, en el vuelo de las aves, en… ¿en dónde no?

    Con más o menos esfuerzo pronto podrás ir identificando rostros humanos, o que pudieran tener semejanza con el hombre.
    Te doy unos minutos para que lo hagas, si gustas, con la foto de arriba antes de continuar.

    Nuestro cerebro está preparado para reconocer caras, es parte de un sistema de adaptación que se localiza en el área fusiforme facial, situada en el hemisferio derecho cerebral, dedicada exclusivamente al procesamiento de rostros.
    Seguramente que desde muy niños estamos pendientes de que esas caras estén allí, aunque no tengamos conciencia de que son de un “alguien”, ni quien es ese “alguien”, pero sí percibimos en nuestra brumosa existencia que cuando ese rostro se encuentra, sentimos que son satisfechas nuestras necesidades. Al estar esa configuración de ojos y boca, y secundariamente lo que forma su marco, pronto desaparece esa molestia que luego denominaremos apetito, se nos quita esa pesadez que luego llamaremos aburrimiento, nos sentiremos alzados cosa que nos calma mágicamente y así con el resto de las necesidades que son cubiertas.
    El rostro habitual nos hace sentir cómodos, seguros, menos impotentes, con cierto grado de poder.
    Claro, cuando el niño es atendido y cuidado; en caso de faltar regularmente la atención adecuada, es más que probable que se forme algún trastorno, si se tiene la predisposición genética para ello. Las dificultades pueden ser variadas, dependiendo de la parte orgánica y de la regularidad de las distorsiones en el cuidado.

    Es natural que estemos expectantes por la aparición de ese rostro benefactor. Tanto que llegamos a desdibujar información que recibimos por medio de los sentidos para hacerlo aparecer “mágicamente”. Allí en donde casualmente hay dos orificios y una raya, tenderemos a ver un rostro. Aunque se aun efecto de luces y sombras, un objeto inanimado sin pretensiones de cara, igualmente nuestro cerebro creará esa ilusión (aunque no es así habitualmente en el caso de los esquizofrénicos).
    Cuando los rostros no están allí, realmente, el cerebro se encargará de tomar percepciones difusas para suponer y fantasear caras.
    Podemos imaginar otras configuraciones, pero la del rosto es habitual.

    Ejemplos sobran, te daré un par, supongo que bastante conocidos.


    La famosa efigie en la superficie marciana, que es nuestro cerebro el que la forma a partir de sombras y una imagen de muy baja resolución. Comprobado está,

    gracias a nuevas fotografías mucho más nítidas y detalladas, que no existe tal efigie.

    Y otra imagen, de una parte posterior de un reloj despertador, donde fácilmente reconocemos un rostro amargado (quizás por su rudo trabajo diario), donde no hay más que perillas y un surco para apagar la alarma.

     

     

     

    Nuestros primitivos ancestros no tenían mucho conocimiento acerca del mundo, ni del interno ni del externo.
    Como podían iban adquiriendo nociones, formando conceptos, transmitiendo la información a sus congéneres y a los descendientes.
    A pequeños pasos avanzaban en la elaboración de una cultura.
    Veían el mundo y lo decodificaban con los elementos que tenían a mano en su caja de herramientas conceptuales, las cuales eran bastante escasas.

    Dadas estás condiciones, no tardaron en proyectar su EGO en el mundo.
    Expliquemos del EGO brevemente, porque sobre la temática hemos escrito más que en abundancia y se encuentra todo el material accesible y gratuito aquí mismo.

    Llamamos EGO a una función cerebral, primitiva, natural y necesaria del ser humano (probablemente de la mayoría de los animales).
    Cuando se presenta una situación de impotencia se disparan algunos de sus instrumentos, que son bien rudimentarios: llanto, grito, pataleo y en caso de no ser efectivos los anteriores, también la desconexión de la realidad.
    Así, un bebe humano, el cual es absolutamente impotente durante mucho tiempo, cuando siente esa impotencia reacciona automáticamente con llanto, grito, pataleo y/o desconexión de la realidad.
    Este mecanismo natural sirve en situaciones de real impotencia, cuando no hay otros procedimientos que permitan reaccionar a tiempo y conseguir llamar la atención salvadora, o responder satisfactoriamente, o conseguir eliminar la necesidad vivida como traumática.
    Es un mecanismo realmente útil, posiblemente salvador, en aquellos extremos en los cuales no existe otra manera de responder.

    El problema radica cuando se dispara el EGO en situaciones de impotencia sentida, que no tiene una presencia real y que pudiera afectar la salud o vida de la persona.
    Un ejemplo clásico: el niño no obtiene una golosina y rompe a llorar, como si fuera poco arma tremendo escandalo con sus gritos, por si no alcanzara patea el piso mientras rueda agitando los brazos como poseído por una fuerza demoníaca (es una metáfora), sin parar de berrear, babear, atronar con sus exclamaciones lastimeras y agresivas. Todo porque, no le permitieron disfrutar de esa malsana golosina.
    ¿Amerita ese drama espantoso y “apocalíptico” la impotencia sentida por no paladear un caramelo?
    Por supuesto que no, ¿no?
    Pero, en la creencia inconsciente del niño, ¡por supuesto que sí!
    Es su arma para batallar contra la impotencia sentida, para obtener lo que desea, para llamar la atención y recibir lo que quiere, es su válvula de escape para el estrés de sentirse negado.

    Este ejemplo lo podemos extrapolar con simplicidad al niño de cualquier edad y en cualquier rol social, desde 0 a 120 años.
    El esposo que abofetea a la esposa porque se le quemó el pollo con arroz (¿suena atroz? ¿parece irreal? sí, pero conozco personalmente a estas personas).
    El tipo que salió con un revolver a matar al que le abolló un poco el auto en un pequeño accidente de tránsito.
    La madre que pega cintazos tremendos en la espalda del hijo desobediente en cosas mínimas.
    Podríamos continuar, pero creo que se entiende la idea.

    A esto sumemos las situaciones en las cuales no hay un otro presente, sino que el sentimiento de impotencia es en soledad.
    Entonces nos agredimos a nosotros mismos, con palabras o actos.
    O planeamos macabras venganzas.
    O rumiamos nuestro odio y desesperación.

    Por si fuera poco, añadamos lo que quizás no es tan evidente como gritos, golpes o llantos.
    Las mentiras, el engaño, fraude, hostigamiento, y muy especialmente la manipulación, esto es por lo general, hacer sentir al otro en impotencia para que se sienta obligado a realizar una acción a nuestro favor, que de otra manera no la haría.

    Tenemos al EGO ejerciendo su función fuera del contexto para el cual fue diseñado.
    El EGO secuestrando al pensamiento para lograr sus objetivos de someter a la persona, incluso haciéndola creer que tiene poder.

    Así nos poblamos de creencias de impotencia y otras de poder allí en donde no existe.
    Son creencias prestadas/impuestas por otros o torpemente auto confeccionadas.
    Creencias que nos paralizan en el miedo, que recordemos, todo miedo se resume al “no poder”.
    Creencias que nos dejan débiles y sin reacción constructiva, aunque físicamente estemos en plena capacidad.
    Creencias que nos encierran en celditas mentales, nos esclavizan, sin haber ninguna cadena ni barrote que nos esté apresando.
    Nos sentimos impotentes, inútiles, incapaces, fracasados, ineptos, inapropiados, perdedores, con mala suerte, no merecedores de cariño y/o respeto, y otras creencias por el estilo que nos llevan a reaccionar desde el EGO, y por tanto no de una manera realmente adaptativa y que nos empondere y libere.

    Por ahí actuamos un poder que realmente no tenemos, y somos abusivos, paternalistas, entrometidos, mandones, tiranos, hostigadores, violadores y una decena de otras maneras espantosas de vivir sometiendo a otros con ilusiones de poder, pero sin el verdadero poder del autocontrol, de la confianza, del trabajo positivo que construye shalom.

    A todo esto, ¿qué tiene que ver con las pareidolia y especialmente la de vislumbrar rostros incluso donde no se encuentran?
    Te daré una respuesta parcial en este momento.

    Nuestros primitivos ancestros, y muchos actualmente, no solamente crean esos rostros inexistentes haciendo uso de información distorsionada. Van un pasito más allá y se inventan inteligencias y poderes sobrenaturales, allí donde precisan sentirse seguros, observados por una entidad superior y protectora, cuando se sienten impotentes y angustiados reclaman por un EGO salvador que los rescate milagrosamente.
    Entonces, con retazos de información mezclados con sus creencias, suponen presencias angelicales, intervenciones divinas, causalidades en vez de casualidades, destinos, hermanos ascendidos, extraterrestres metafísicos, dioses y demonios, que están ejerciendo sus influencias en el mundo.
    Son entidades con inteligencia, y que también pueden ser de alguna forma manipulados con los trucos corrientes del EGO. Se ora para obtener beneficios. Se pacta con ellos. Se negocia curaciones y éxitos comerciales. Se los adora a cambio de bendiciones. Se diezma para que de alguna manera llueva la riqueza. Se ofrenda hasta lo imposible, para que el dios esté controlado por el minúsculo hombre.
    Puedes ver a tu alrededor, quizás en ti mismo, y encontrarás esto. Sí, también hay multitud de judíos y de noájidas, que debieran llevar otra manera de vida, que se comportan de esta manera y sustentan creencias similares. Multitud, lamentablemente. Por lo general, son los que viven el judaísmo y el noajismo como religión, en lugar de como lo que realmente son: modos de vida multidimensionales, con especial anclaje en la espiritualidad.
    Pero sin dudas que esto se aprecia con muchísima claridad y frecuencia en gente religiosa, cristiana, musulmana, animista, santeiros, etc. Donde predominan las creencias de dioses que son como títeres en manos del creyente. Si el adorador hace x el dios responderá y. Si el fiel clama j el dios enviará k. Etcéteras hasta el infinito.

    Se presume de la existencia de inteligencias escondidas, de la efectividad de los poderes sobrenaturales, y a través de las ilusiones que provoca el EGO uno se encuentra aprisionado por ello y en completo estado de impotencia, o tramposamente se provoca el sometimiento del dios a través de trucos religiosos.

    No faltará quien acusará a judíos y noájidas de cuestiones similares.
    Como habrás visto, estoy de acuerdo de que nadie está libre de “pecado”, en esto. Hay muchos que actúan así, en discordancia con lo que es el judaísmo y el noajismo.
    Además, es una cuestión totalmente normal, humana, que se puede limitar y reducir con el estudio, el aprendizaje de otras pautas de vida, con el entrenamiento para construir shalom en lugar de moverse a instancias del EGO.
    El gran problema es cuando el modo “animista” se institucionaliza y pasa a ser credo obligatorio, cuestión de “fe”, lo que marca la “santidad” de la herejía.

    Pero, ni el judaísmo ni el noajismo en su pureza y sin contaminación de religión (que es siempre una proyección socializada del EGO), precisan de trucos, ni de magia, ni de asumir cosas fantásticas que no se apegan a la realidad que pudiera ser compartida y comprobada (en la medida de lo físicamente comprobable).
    La base de ambas es una vida de construcción de shalom, por medio de acciones concretas de bondad Y justicia, en donde las creencias quedan en segundo plano.
    Entonces, uno puede llevar una vida simple y al mismo tiempo completa, plena de santidad y espiritualidad, sin empeñarse en aprender párrafos, ni participar de rituales, ni llenarse de dogmas.

    Pero además, el judaísmo tiene una milenaria tradición que se ha preservado y en la cual se mantiene el relato fidedigno de las ocasiones en las cuales Dios se manifestó a los hombres, y cuáles fueron sus pedidos explícitos.
    No se basa en creer por fe, ni en negar la inteligencia humana, sino en recibir y trasmitir un mensaje que se ha venido cuidando de generación en generación. Desde aquellos que vivieron en carne propia la revelación de Dios al pueblo judío en el monte Sinaí, y luego manifestó Su Presencia a diario ante todo el pueblo durante cuarenta años. No se trata de creer en cosas absurdas o en imaginar dioses mágicos, sino de continuar el relato fielmente y sin modificarlo, de cuando Dios se presentó y mostró Su existencia y Su relación con el mundo.

    En este caso, no es una sombra que forma un rostro en nuestra imaginación.
    No es una deidad que suponemos, para que de esa manera nos sintamos protegidos y con poder sobre el dios.
    Sino un “ser” real, Dios, que no hubo que imaginarlo ni inventarlo, ya que Él se encargó de hacernos sentir su Presencia.

    Cuidado con los que actualmente te dicen que sienten a Dios en esto y aquello, porque probablemente estarán imaginando dioses, tal como vemos la cara en la parte trasera del despertador.
    Cuidado con los que insisten en llevarte a una existencia de nubes mágicas, rituales de poder metafísico, carismáticos líderes que auguran controlar o explicar todo. Mucho cuidado con suponer inteligencias superiores allí en donde solamente hay EGOs inferiores.

  • Ser simple no es lo mismo que ser simplón

    Tenemos esa tendencia a complicar lo que de por sí es simple.

    Sea a la hora de expresarnos.
    O para resolver lo que se presenta como problema.
    O para descubrir patrones de conductas.
    O para explicar sucesos.
    O súper simplificando al punto de perder de vista la realidad.
    O para manejar los recursos que tenemos a disposición.
    O buscando controlar aquello que está más allá de cualquier control que podamos ejercer.
    O negándonos a controlar aquello que es de nuestra potestad dominar.
    O… son infinidad de oportunidades y situaciones en las cuales ejercemos esa extraña atracción por la complicación en lugar de optar por el camino de la sencillez, de lo concreto, de lo simple.

    Entrenarnos a ser simples, sin por ello ser banales, es una gran tarea, una consigna que puede llevar toda nuestra travesía terrenal.
    Apreciar lo sencillo, valorarlo, apreciarlo, promoverlo, crearlo, ¡qué gran misión!

    Como cualquier otro hábito, precisa de repetición y constancia para conseguirlo.
    Si actuamos de manera enrevesada, una y otra vez, difícilmente encontraremos la claridad mental y la acción concreta certera.
    Si poblamos de palabras nuestro discurso, para finalmente no decir mucho, o directamente nada, ¿cómo estaremos capacitados para comunicarnos auténticamente?
    Si en cada ocasión aprovechamos para perseguir sombras, llenarnos de sentimientos pesados, descartar la simplicidad que revela una opción más válida, ¿cómo desprendernos de ese constante sentimiento de impotencia?

    La vía simple, es la sugerida.
    Puedes ponerte en campaña hoy mismo para lograrlo.
    Si algo lo puedes decir en pocas palabras, ¿para qué añadir?
    Si el camino breve te lleva a buen puerto, ¿para qué dar vueltas alrededor de nada hasta encarar hacia la meta?
    Si las explicaciones pesadas no aclaran nada, ¿por qué no preguntar y encontrar la luz?
    Si las creencias absurdas se caen por su ineficacia, ¿no es mejor declarar la detención de las excusas y el comienzo de un pensamiento analítico?

    Sé simple.

  • Aprender a elegir

    Una de las cualidades humanas es la de poder escoger con relativa independencia.

    Es indudable que tenemos instintos que son automáticos y provocan acciones irreflexivas.
    También nos moldean las pautas que nos dan otros, nuestros padres y familiares, nuestras creencias, las entidades sociales, nuestros amigos y compañeros, la escuela, la tnuá, etc.
    Pero, en última instancia, cada uno se define con sus decisiones.

    A veces nuestras elecciones coinciden con las de nuestros mayores, cuando libremente optamos por prolongar sus pasos.
    Este es uno de los grandes secretos de la continuidad de la nación judía.

    La capacidad de elegir es natural en el ser humano, pero se cultiva y fortalece a través del aprendizaje.
    Por esto, es imprescindible educarnos, adquirir todo tipo de herramientas que nos ayuden a diseñar con talento nuestro camino.
    Soñar o desear no alcanzan, sino que también hay que prepararnos, planificar, ocuparnos, realizar para disfrutar, en lo personal y con el prójimo, la bendición que es la vida.

    El judaísmo lo sabe hace milenios y por ello muchas de sus tradiciones y ordenanzas tienen la finalidad de ayudarnos a aprender a elegir con responsabilidad, a ser comprometidos, a querer construir el Shalom en cada situación.
    Por ejemplo, el milenario Talmud señala: “El futuro del Mundo depende del aliento de los niños que van a la escuela”.

    ¿Se dan cuenta?
    ¡El futuro del mundo, ni más ni menos, depende de la educación de los niños!
    Así enseñaban y vivían nuestros sabios.
    ¿Sigue siendo válido actualmente? ¿Qué opinan?

    Educarse para la vida, comienza con el nacimiento, o incluso antes.
    Llegamos a este mundo con nuestra maleta repleta de misterios para descubrir, proyectos para concebir y desarrollar, muchísimas oportunidades para ser socios en la creación de un mundo mejor.
    Llegamos a un ecosistema y a un marco familiar. Estamos rodeados de amor, de incertidumbres, de deseos, de personas, de cultura, de historia, de ideales, de proyectos, tradiciones locales y religiosas. Todo ello tiene su parte en nuestra formación.

    Así, por ejemplo, en la semana de nuestro nacimiento se leía una determinada parashá, hecho sobre el cual algunos místicos judíos dicen que encontramos en ella mensajes ocultos “personalizados”.
    Será cierto o no, ¡yo no lo sé!
    Pero si sé que resulta muy interesante aprender nuestra parashá, no solamente a leerla de manera ritual, sino a comprender su significado, encontrar enseñanzas, compartirlas, etc. Seguramente que al hacer esto ya estamos encontrando, o elaborando, mensajes personalizados que tiene el judaísmo para cada uno de nosotros.
    En un aparte, permíteme decirte que así podemos hacer con cada una de las parashot, conocerla, profundizar en ella, leerla de la forma ritual, encontrar paralelos con otras porciones del texto sagrado, elaborar mensajes personalizados, compartirlos, hacer que la Torat Jaiim (Torá de vidas) sea una Torá con vida, que vive en cada uno de los que la internalizan y llevan sus moralejas al mundo cotidiano.

    Nacemos y seguimos en completa dependencia de otros, pero paulatinamente vamos comenzando a dar nuestros propios pasos. Nos introducen conceptos y valores, aprendemos, experimentamos, probamos, nos caemos y nos volvemos a levantar. Cada vez vamos adquiriendo mayor fortaleza y seguridad, por eso podemos irnos despegando de a poquito de nuestros padres. ¡Esto es bueno! Pero solo un poquito.

    Entramos a la escuela, y la escuela entra en nuestro ser.
    Nuestro entorno físico cambia, pero especialmente el social, porque hay otras personas parecidas a nosotros, somos pares.
    El centro de nuestro pequeño mundo ahora no es mamá, papá, bobe-yaya, zeide-tata, la señora que me cuida, los hermanos (por lo general o más grandes o más chicos), ni siquiera la maestra. ¡Somos nosotros y nuestras relaciones!

    Con estos hermanos del camino vamos aprendiendo a decidir y a comunicarnos. A aceptar y a rechazar. A caminar y a detenernos. A reír y a llorar, con motivos y no automáticamente. A negociar y a compartir por gusto y no por obligación.
    Ya no somos obra exclusiva de otros, estamos siendo también nuestra propia escultura genial y viviente.
    Lentamente, pero sin pausas, estamos pudiendo integrar lo recibido de fuera con lo creado por nosotros mismos.

    Nuestro desarrollo fisiológico nos lleva a la pubertad, a la edad de las mitzvot, en que promediamente se festeja la bat y bar mitzvá. Nuestro cuerpo comienzo a cambiar, tal como nuestros pensamientos y sentimientos se van complejizando y consolidando.
    Es de esperar que hemos internalizado gran parte de nuestra educación en valores, como el ser solidarios, respetar al prójimo, ser responsables, aceptar los propios errores y tratar de corregirlos, ser comprometidos, entre otros.

    Es esto, precisamente lo que celebra la edad de las mitzvot, la bat y la bar mitzvá.
    Atravesar el umbral que separa la etapa de la infancia con el inicio de la nueva fase.

    Muchas cosas empiezan a cambiar, otras a reafirmarse, otras a endurecerse.
    En el cumplimiento de los mandamientos, para los varones por lo general, se comienza a usar los tefilín a diario –en días comunes-.

    Se ponen con una de sus cintas rodeando la cabeza, con su caja a la altura de los ojos donde nace el cabello (en mi caso donde nacía).
    La otra cinta se ajusta al brazo hasta la mano, con su caja a la altura del corazón.
    Esto simboliza que podemos lograr la perfección cuando las percepciones, la mente, los sentimientos y la acción están unidos para conseguir una meta positiva.

    Al prepararnos para ser bat y bar, al estar juntos en esta tarea, unimos la escuela con la casa, la familia con los compañeros, la emoción con el estudio, las esperanzas con el trabajo, los deseos con el compromiso, la alegría con la seriedad, el ser niño con el comenzar a ser adulto.

    Es un paso más, importante y querido, en la vida de un joven judío, o joven judía.
    Es un nuevo desafío, el de comenzar a ser quien decide y trata de escoger siempre la vida, a través de la construcción permanente del shalom (con acciones buenas Y justas).

  • Si quieres ser poderoso

    Es habitual que el EGO quede al mando de la vida de la persona y la someta a sus caprichos.
    Vive sumergida en sentimiento de impotencia, manipula, siente miedo, escapa, disfraza su realidad, busca dioses fuera, o líderes fuertes, cosas a las cuales aferrarse (supersticiones, religiones, partidos políticos, hinchadas deportivas, equipos deportivos, etc.) que le hagan mitigar sus pesadillas y angustias.

    ¿Entiendes cómo y por qué hay tanta corrupción en el mundo?
    No es por una cuestión diabólica o mágica, es simplemente como estamos diseñados y la manera que tenemos de accionar primitivamente.
    El EGO de cada una de las “ovejas” que está sometido al EGO del “pastor”.

    Nuestras debilidades, reales o sentidas, nos hacen buscar el cobijo, la protección, la salvación, y desesperados corremos a las garras de los lobos que se disfrazan como pastores.
    Tristemente nos recuerda el sabio proverbista: «Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos les será dado lo que desean.» (Mishlei / Proverbios 10:24).

    Lo que el EGO lleva a temer, suele ser lo que sobrevendrá.
    Si la persona quiere escapar de la soledad, manipula para no estar solo, se esconde del aislamiento, terminará tarde o temprano solo, aunque esté rodeado de gente.
    Aunque haga cualquier sortilegio y fórmula mágica pretendiendo controlar a su dios y de ese modo milagrosamente sentirse controlando al universo, terminará avasallado por las fuerzas que no puede controlar… si ni siquiera puede controlar lo que siente, cómo se siente, cómo se somete al EGO…
    Y así con cada pesadilla que se le cruce, tarde o temprano se hará realidad. A no ser que cambie la pisada, que evapore al EGO, que viva de acuerdo al AMOR.

    Lo mismo, exactamente igual, ocurre con el aprovechador, el pastor de la manada. Pudiera parecer que está por encima de sus miedos, que tiene el poder, que se aprovecha con libertad de la indefensión de los otros.
    En lo superficial, eso puede ser exacto. Es un poder evidente el que tiene sobre otros, pero es solo una apariencia.
    Su poder descansa sobre pies de barro que en cualquier momento se despedazan y provocarán la caída del poderoso.
    Tal como en el sueño del emperador que interpretara el vidente Daniel: “Tú, oh rey, veías y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.” (Daniel 2:31-34).

    Cuando algún poderoso alcanza su dominio empleando las herramientas del EGO, el suyo es un falso poder. Como el de dictadores o imperios que dominan por la fuerza de las armas, de las mafias que atormentan con su violencia, de los grupos de influencia que dictaminan orientaciones con manejos económicos poco honestos, los chicos pendencieros que escapan de su debilidad atormentando a otros, etc.
    Detrás de todas estas máscaras de poder, detrás de todos estos uniformes de dominio, hay hombres débiles, miserables, desgraciados, temerosos, incapaces de vencer a su EGO.

    Estamos metidos en un juego macabro en donde gente pendiente de lo que otra gente ve, opina, juzga, critica, proclama, denuncia, reclama, ordena, manipula.
    Un jueguito recíproco de manipulaciones, en donde alternativamente podemos ser víctima, agresor o salvador. Y vamos dando tumbos, buscando salvadores, salvando o agrediendo y detrás de estas tres imposturas, siempre el EGO.

    El Rav Kook enseñó: “hay gente libre que tiene alma de esclavo y hay esclavos que están sus almas llenas de libertad; quien confía en sí mismo es libre, en tanto que el que está pendiente de la aprobación y beneplácito de otros, es un esclavo.”
    Todos nacimos para ser libres, solamente atados a los mandamientos del Eterno.

    Pero allí, en medio, se interpuso el EGO.
    Éste nos lleva a buscar a quien manipular y por quien ser manipulado.
    Si viviéramos con confianza en nuestra misión sagrada, con amor y respeto por nuestra identidad, con aprecio a nuestro legado, entonces no estaríamos en derrota, en exilio, esclavizados. Pero, no confiamos, no amamos, no respetamos, no cuidamos, y por ello nos sometemos.
    Así, en un gran fracaso nos amparamos en dogmas y doctrinas, creencias y religiones, filosofías e idealismos, proponemos dar otras mejillas pero alzamos las armas (como los cruzados del cristianismo), clamamos por paz pero estamos manchados de sangre (como los islámicos, “religión del amor” llaman a la suya, pero solo predican y actúan el salvajismo más cruel y sádico), nos envolvemos con rituales pero carecemos de solidaridad (como tanto religioso pero carente de espiritualidad).

    Es una imagen que se repite, una y otra vez, en cada época, en cada lugar.
    Desde antaño los profetas del TANAJ la denuncian y profetizan, una y otra vez.
    Y son los profetas quienes proponen la solución: la TESHUVÁ, que es el proceso del sincero arrepentimiento (que ya estudiamos varias veces aquí).

    Por ejemplo, el profeta Amós clamaba:

    «¡Buscad al Eterno y vivid!…
    Vosotros que convertís el derecho en amargura y echáis por tierra la misericordia,
    buscad al que hizo las Pléyades y el Orión, que a las tinieblas convierte en mañana, y que hace oscurecer el día hasta que se hace noche. Buscad al que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra. ¡el Eterno es su nombre!

    ¡Buscad el bien y no el mal, para que viváis!
    Así estará con vosotros el Eterno Elokim de los Ejércitos, como decís.
    Aborreced el mal y amad el bien.
    Estableced el juicio en el tribunal…
    «
    (Amos / Amós 5:6-8, 14-15)

    Así pues, hay que arrepentirse, volver a la senda correcta.
    Dejar de lado al EGO para vivir de acuerdo al AMOR.

    No se brinda por gracia, ni cae en paracaídas desde el cielo.
    No es obra de espíritus santos ni de revelaciones majestuosas.
    No se produce con bailoteos, parloteos y ensalmos cabalisteros.
    No depende de la aprobación de un jeque religioso, ni del acuerdo de los poderosos.
    Todo esto  es manifestación del EGO.

    Sino que se produce con un trabajo constante, sin pausa, respetuoso, de construcción de shalom.
    No lo hacemos de un día para el otro.
    Cada momento con acciones de bondad y justicia.
    Con un pensamiento genuinamente positivo.
    Con comunicación auténtica.
    Con lealtad al Eterno y especialmente solidaridad con el prójimo.

  • Malvados llamados muertos

    «los malvados aun en vida son llamado muertos«
    (TB Brajot 18b)

    ¿Qué podemos aprender para nuestra vida diaria de este pasaje talmúdico?

    Ante todo, tenemos que tomar en cuenta que no está mencionando al pecador “normal”, sino al malvado.
    ¿Quién es éste?
    Aquel que peca por ánimo contrario a Dios, por anhelo de rebelarse, para oponerse a la divina Voluntad, para provocar daños adrede contra el bienestar del prójimo.
    No se trata del que se equivoca o por ignorancia falla.
    Ni del que sabiendo que peca, igualmente lo hace para obtener alguna ventaja material o por pereza, pero sin intención de perjudicar a nadie, ni para demostrar su rebeldía contra Dios y Su Voluntad.
    El párrafo se refiere a una clase pequeña y específica de gente, que no hace a la generalidad.

    Estos malvados llevan una vida sin sentido, carente de trascendencia, tal como la de los muertos.
    Porque, ¿qué aportan para su disfrute en el Más Allá los que ya están muertos?
    ¡Nada!
    El tiempo para sembrar es durante el transcurso de la vida terrena. Terminada ésta, ya no queda más actividad para realizar. Es el tiempo de la cosecha.
    Lo que se sembró, eso se cosechará.
    (Por ser Dios Bueno, además de Justo, Él se encarga de componer la hacienda de los que no pudieron realizar una tarea digna. Pero, es un tema que no corresponde a este post, y que además ya hemos tratado en varias ocasiones anteriores).

    Aquel que a propósito plantó semillas podridas, llenas de espanto, ¿podrá recoger felicidad?
    El que adrede mantuvo una postura belicosa, revoltosa y carente de mirada espiritual (trascendencia), ¿recibirá algo diferente a su justo y correspondiente pago?

    Así pues, los malvados respiran, sus corazones laten, en el examen médico confirman su salud, hacen y deshacen, pero detrás de todo ello no hay nada de valor eterno para rescatar.
    Al morir a este mundo, pasan a una vida vacía, probablemente tenebrosa, en el Más Allá.
    La brújula que marca sus vidas no apunta al Norte (Dios, el bien, la justicia, la solidaridad, el shalom, etc.) que es la vida plena de sentido trascendente; por el contrario, directamente apunta hacia el otro lado (mal, corrupción, engaño, burla, destrucción, banalidad, etc.).
    Con sus acciones no están formando recuerdos placenteros para la vida eterna, sino imágenes atroces, dolor, miseria, amargura, vacío.
    ¿En qué se diferencia esto de una vida similar a la muerte?

    Podemos aprender que nuestros actos aquí tienen una tremenda repercusión, se preserva la memoria y su sensación correspondiente para la vida luego de esta vida.
    Tenemos la libertad para escoger cómo vivimos.
    Podemos construir shalom, de lo cual posiblemente obtendremos réditos en este mundo y recibiremos dicha luminosa en el mundo de la Verdad.
    O podemos actuar arrastrando la confusión, desparramando el caos, agobiando al prójimo, burlándonos de las cosas sagradas, oscureciendo para nuestra conciencia la LUZ de nuestro Yo Esencial, adorando la falsedad, difundiendo la “mala” palabra, a la postre, ¿cuál será la cosecha que recogeremos?

    Toda persona comete errores, más o menos graves, con mayor o menor voluntad de contender contra Dios.
    Como sea, hasta el último instante de vida terrenal tenemos la puerta abierta para el arrepentimiento sincero.
    Porque, nuestra esencia pura, la NESHAMÁ, esa chispa divina que es nuestra identidad verdadera, ese nexo con Dios, es incorruptible, indestructible. Ningún pecado corta el lazo que nos une con nuestro Padre. Estamos siempre ante Su Presencia, obteniendo Su LUZ. A causa de nuestros pecados vamos perdiendo la conciencia de nuestra belleza intachable espiritual, pero allí, en el lugar escondido que la cobija, sigue estando. A la espera del retorno, de poder alumbrar nuevamente cada recoveco de nuestra existencia.

    El pecador que borra las manchas que tapan esa LUZ, obtiene una claridad espectacular, un lugar que ni siquiera el más perfecto justo puede ocupar.
    Los que estaban sembrando una posteridad vacía, pueden también poblar de sentido su existencia terrenal y de plenitud su eternidad.
    Depende de lo que decidan y cómo vivan.

    Esperemos que muera el pecado, pero no el pecador.

  • Hacer y hablar

    De las enseñanzas del maestro para las generaciones, Maimónides:

    Incluso sobre las necesidades físicas es conveniente no platicar demasiado; sobre esto encomendaron los sabios:  Todo aquel que se excede en sus palabras, introduce el pecado” y dijeron: Toda mi vida la pasé entre sabios, y nada hallé mejor para el cuerpo que el silencio.  Lo principal no es la teoría, sino la práctica.” (Abot 1:17).

    Del mismo, modo tanto en los temas referentes a la Torá, como también en los relativos a la sabiduría, es apropiado tratar de ser breve y conciso, así ordenaron los sabios:  “En todo momento el maestro de enseñar a sus alumnos por el camino más concreto y breve” (Pesajim 3b).

    En cambio si la plática se vuelve abundante y el contenido escueto, se trata de tontería, sobre lo cual se declaró:  «Pues de la mucha preocupación viene el soñar; y de las muchas palabras, el dicho del necio» (Kohelet / Predicador 5:2).

    Un cerco para la sabiduría es el silencio, por lo tanto, la persona no debe apresurarse en responder ni hablar en demasía. Que eduque a sus discípulos con tranquilidad y cordialidad, sin gritos ni extensos discursos. Eso es lo que dijo Shelomó: «Las palabras del sabio con sosiego son oídas, y son mejores que el grito del que gobierna entre los necios» (Kohelet / Predicador 9:17).”
    (Mishné Torá, Hiljot Deot, Leyes de cualidades, primer capítulo)

    En numerosas ocasiones explicamos la importancia de la Comunicación Auténtica.
    No es una propuesta nuestra sin fundamentos, sino una verdadera base para la vida en plenitud, de construcción de Shalom.

    Aprender a usar la Comunicación Auténtica puede llevar tiempo, es necesario desaprender otros modelos, quitar creencias, borrar lo que entorpece la manifestación de la NESHAMÁ (Yo Esencial, o espíritu).
    Sin embargo, es una cuestión ineludible para el noájida, así como para el judío.

    Si puedes decir las cosas de forma concreta, simple, apuntando a la claridad, a la eliminación de inconvenientes para la comprensión del otro, ¿por qué no hacerlo?
    Si podemos ser respetuosos, ¿para qué emplear malos modos, agresiones, gritos, etc.?
    Si podemos preguntar amablemente, con ánimo de establecer la claridad, ¿para qué afirmarse en presuposiciones y creencias sin base?

    Pero, no nos enseñan, ni aprendemos, a usar la Comunicación Auténtica.
    Por el contrario, se nos impulsa a seguir las pautas del EGO, entre las cuales se encuentra el dificultar la comunicación, tanto del lado del emisor como del receptor.
    Nuestra capacidad para fijar la atención es sumamente débil, apenas si podemos ir reteniendo unos pocos datos. Lo que pasa alrededor, se pierde.
    Entonces, cuando pretendemos comunicar, hagamos el esfuerzo de ayudar a nuestro auditor a enfocarse. Démosle la oportunidad de concentrarse en lo que estamos queriendo comunicar.
    Si queremos decir “hola”, ¿cuál te parece que debiera ser el mensaje?
    Y si queremos decir algo un poquito más complicado, por ejemplo, “amor”, ¿cómo hacerlo sin traicionarnos ni provocar errores innecesarios?
    No, no es fácil. Requiere un gran trabajo por nuestra parte. Por supuesto que el receptor también tiene su parte en la tarea, pero no le saturemos con asuntos que le desviarán o le llevarán a confundir el mensaje.

    Recuerda, parte de la actividad del EGO es llevarnos a sentirnos impotentes, para de esa manera ofrecernos una vía fácil de salvación que lo ubique en el sitio de nuestro amo.
    Podemos desarmar parte de sus trampas empleando las sencillas pautas de la Comunicación Auténtica.
    ¿Cómo? ¿Qué no sabes cuales son?
    Muy simple: usa el buscador, encuentra, lee, estudia, analiza, critica, comenta, aplica.
    ¿Estás dispuesto?

    Recuerda, el EGO quiere que te sientas impotente. Si te doy la papilla todita masticada para que tragues sin esfuerzo, ¿estoy colaborando con tu crecimiento a ayudando a tu EGO a mantenerte perplejo y a su mando?
    Pero, si te doy una durísima carne asada con cuero, que se te hace casi imposible de masticar y tragar, ¿estoy ayudándote o siendo cómplice del EGO?

    Hace tiempo propusimos un interesante ejercicio, decir todo en solo siete palabras.
    Te invito a que busques esa propuesta, la leas y trates de ejercitarla.
    Luego nos cuentas los resultados.

    Tenemos mucha cosa innecesaria o molesta parar ir quitando de nuestra mochila, para aligerarnos la vida y percibir la claridad radiante de nuestra esencia espiritual.
    Los pequeños consejos y enseñanzas que comparto contigo, tienen esa finalidad.

    Ten presente al gran maestro de maestros, Shamai: “haz del estudio un hábito constante, habla poco y haz mucho, y acoge a todas las personas con cara sonriente.” (Abot 1:15).

  • El consejo diario 421

    Al nacer no tenemos nada que sea propio, ¡ni siquiera el cuerpo!
    Lo que somos en ese momento es lo aportado por el ADN de nuestros padres, más lo que fuimos recibiendo como nutrientes a través del cordón umbilical. Fueron procesos automáticos los que permitieron crecer y desarrollar nuestro organismo, sin que interviniera en nada nuestra voluntad o la de otras personas.

    Nuestra neshamá, el espíritu, tampoco es nuestro, ya que proviene directamente de Dios.

    El consejo: con lo que te regalaron haz tú propia vida, de la que puedas estar satisfecho y en paz, contigo y con tu prójimo.

    Cuando partas de este mundo, devuelves el cuerpo, la neshamá sigue siendo de Dios, pero tu vida es lo que legas y lo que disfrutas en la eternidad.