Categoría: CTerapia

  • No te hagas el ciego

    Dice el dramaturgo turco Mehmet Murat ildan:

    “¡Un hombre que rechaza la luz permanecerá en la oscuridad incluso al lado de la luz!”.

    Ciertamente, una gran verdad.
    Porque, el maestro te puede mostrar el paisaje, pero debes ser tú quien tienes abiertos los ojos para ver, y lo haces.
    Porque, el salvador te puede abrir la puerta de tu celda, pero debes ser tú quien da el paso que te saque de allí dentro.

    La persona que se abraza a la oscuridad, al oscurantismo, a lo más irracional y rancio de su Sistema de Creencias, podría ser atropellado por un tren cargado de buenas ideas, pensamientos vivificantes, conexiones de espiritualidad, montones de rayos de luz multicolor, pero seguiré en su oscuridad.
    Como sabemos dice con enorme sapiencia el popular dicho: «No hay peor sordo que aquel que no quiere oír».

    Así pues, cuando reces dentro de un rato, te sugiero que no solamente pidas por hallar la luz, sino también la capacidad y humildad para recibirla y hacer uso de ella. No te olvides de agradecerla, que eso hace que el recipiente para esa luz sea más poderoso.

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  • Enfrentarte a la oscuridad para ser de luz

    A veces los maestros idólatras, de idolatría, pueden aportarnos conocimientos, y debemos estar atentos a recibirlo y agradecerlo.
    PERO SABEMOS, que NUNCA esa sabiduría será de lo espiritual, porque ellos no sirven para canalizar directamente esa sabiduría. Para ello tenemos a los verdaderos maestros de espiritualidad, aquellos maestros judíos que recibieron a su vez de sus maestros las enseñanzas espirituales que han de ser compartidas.
    Por tanto, vayamos con cuidado al seleccionar guías que nos ayuden a transitar por el sendero de la espiritualidad.
    Al caso, te pondré un ejemplo, mira lo que dijo Maharishi Mahesh Yogi:

    “Si crees en la luz, estarás en la luz, no tienes que enfrentar la oscuridad”.

    Cuando la verdadera enseñanza espiritual nos dice algo que es completamente diferente.
    En la Sabiduría, con S mayúscula, sabemos que es parte de nuestra tarea en este mundo enfrentar la oscuridad, esa que todos llevamos dentro.
    Esa oscuridad que ha recibido varios nombres, tales como Ietzer haRá, Satán, EGO, malaj hamavet, el lado oscuro, entre otros.
    Esa parte nuestra que nos quiere quitar la conciencia de que en verdad somos NESHAMÁ, o sea espíritu, y por tanto pretende que vivamos sumergidos en la negación de nuestra identidad. Aferrados a teologías, ideologías, religiones, supersticiones, todo tipo de creencias (religiosas y que en apariencia no lo son) que no nos sincronizan Yo Vivido al Yo Esencial, sino que lo llevan a una existencia de conflicto y amargura.

    Nosotros SÍ que hemos de enfrentar la oscuridad, a nuestras partes oscuras, y a veces quizás también a enemigos concretos que la vida en este mundo nos trae.
    No está bien huir de los conflictos, negarlos, justificarlos; como tampoco está bien acrecentarlos sin sentido, provocarlos sin ventaja ética.
    Enfrentarte a la oscuridad para ser de luz, esa es tarea fundamental de cada ser humano en este mundo.

    Tampoco es correcta la mala enseñanza del Maharishi cuando dice que si cada uno cree en la luz, supongo que será lo bueno, lo Divino, ya está en la luz.
    Por el contrario, la verdadera Sabiduría nos dice que con creer cosas, la simple y patética fe, no alcanza. El ser humano está en un mundo que no es de ideas, ni tan solo de palabras, sino que es imprescindible la acción.
    Por lo cual, el verdadero caminante de la senda espiritual construye SHALOM en pensamiento, palabra y acción.

    ¡OH, qué enormes enseñanzas aprovechamos al darnos cuenta de los horrores terribles del mal maestro espiritual cuando conseguimos la buena y verdadera guía celestial!

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  • Enciende la vela a pesar de la sombra

    Dijo con gran sabiduría Ursula K. Le Guin:

    “Cuando enciendes una vela, también proyectas una sombra”

    Pero, no por ello vamos a dejar de encender aquellas luces que estamos mandatados a encender.
    Aunque nuestro aporte de luz también traiga algo de sombra, es imprescindible que las luces que deben destellar, lo hagan.
    Porque, si con la excusa de que con nuestra acción buena y justa pueden ocurrir resultados no siempre deseados, e incluso negativos, no es ello una justificación aceptable para dejar de hacer nuestra tarea en la sagrada obra de construcción de SHALOM.

    Ya lo sabes, apreciado lector, toda acción genera necesariamente otras acciones que reaccionan. De ti depende hacer la acción buena y justa, pero el resultado final, ya no depende de ti.
    Así pues, considera con inteligencia multidimensional tu accionar y procede siempre a encender aquellas luces que es necesario que resplandezcan.
    Y, cuando sea oportuno apagar la vela, porque esa es la acción necesaria, pues… bienvenida sea la oscuridad en ese momento.
    Si te pones a pensar un poco, en la sagrada Tradición se pide que se enciendan velas en muchas ocasiones, algunas festivas, otras de recordación y otras meramente como parte de dar alegría y brillo al entorno. Pero tenemos unas luces que las debemos apagar, y eso forma parte de la sagrada tradición espiritual. Esas luces son las de la Havdalá.
    ¿Te has puesto a considerar por qué se hace ese gesto tan poco frecuente y que pareciera contrario a lo espiritual?
    No te daré hoy la respuesta, prefiero que me digas tu opinión, aquí debajo como comentario.

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  • Al despertar, pautar la jornada de éxitos

    Al despertar tenemos por delante toda una jornada, si Dios quiere la terminaremos cuando nos retiremos a dormir a la noche.
    Esas horas son para cumplir alguna meta, transformar cada instante en valioso, haciendo que tenga un sentido trascendente.

    La Tradición sagrada nos dice que lo iniciemos recitando el «modé aní», donde reconcemos al Creador por Su infinita bondad y su fidelidad hacia nosotros, pues nos devuelve la oportunidad de seguir vivos por este nuevo día.
    También en nuestra tradición, más precisamente en el inicio del Shulján Aruj, nos encontramos con esta propuesta para el momento del despertar:

     

    Que sea fuerte/valiente como león para levantarse a la mañana para servir a su Creador –
    יתגבר כארי  לעמוד בבוקר לעבודת בוראו

    Así mismo es, llenarse de vitalidad, esforzarse para salir con determinación de mundo del ensueño para comenzar una jornada que sea completa al servicio del Eterno. Por supuesto que este servicio sagrado no implica estar todo el rato en el templo rezando, ni estudiando Torá, ni realizando actos de los llamados rituales. Pues el servicio al Eterno se hace constantemente, cuando cada acto es «leshem shamaim», es decir, en honor a Dios.
    Así pues, comer, ir al baño, trabajar, pasear, estudiar, enseñar, jugar, descansar, etc. y más etc., todo puede ser hecho al servicio del Creador.

    Si arrancamos así el día, con agradecimiento pleno, con reconocimiento del Eterno, con gratitud por esta nueva oportunidad de vivir, con la determinación de hacer cada segundo brillante y de conciencia de espiritualidad, disposición para ser bueno genuinamente con el prójimo, con la determinación de construir SHALOM en pensamiento, palabra y acto, seguramente que al final del día podremos ir a reposar en paz, en equilibrio, aunque el mundo de las limitaciones en el cual peregrinamos nos haya presentado infinidad de pruebas y amarguras.

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  • Las estrellas del Señor

    No te imaginas la cantidad de estrellas que hay en el Cosmos, apenas te puedes dar una pálida idea cuando la noche te lo permite y te atreves a mirar al cielo.
    Pero, ni siquiera así tu imaginación llega a considerar la tremenda cantidad de estrellas que alguna vez existieron o todavía lo hacen.
    ¿Quién te crees, entonces, para estar opinando acerca del Eterno?

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  • Extranjero eres, Dios te quiere

    Shabat shalom, que tengamos un excelente mes de Adar, pronto ya, en menos de dos semanas estaremos festejando un nuevo Purim.
    ¡Bienvenidos todos y bienvenida la alegría y salvación de este mes!

    En la parashá de la semana, llamada MISHPATIM, se encuentra el siguiente mandamiento:

    “No abusarás de un extranjero ni lo oprimirás, porque extranjeros fueron ustedes en Egipto“.

    Podemos pensar que está dirigido a nosotros como locatarios, que vamos a recibir extranjeros que por algún motivo han debido dejar su país o su zona habitual de residencia.

    Porque probablemente estamos habituados a vernos seguros, conocedores de nuestra rutina, insertos en una realidad que parece predecible.
    Sin embargo, tenemos que recordar que en verdad, de un momento al siguiente todos podemos convertirnos en extranjeros, en extraños hasta en nuestra propia casa.

    Sin ir más lejos, hace un año nos reunimos un lunes de principios de marzo, en nuestro Centro Maimónides, de la Comunidad Sefaradita del Uruguay, a celebrar en comunidad Purim. Éramos alrededor de 120 personas que nos encontramos para la lectura de la Meguilá, para una comida festiva, para un show que atrajera a grandes y chicos.
    Estábamos recordando la salvación de nuestro pueblo 2500 atrás, cuando zafamos de los planes siniestros de Amán y sus cómplices, quienes habían planificado con detalle la primera solución final de los judíos.
    Aquellos antepasados también se sentían a gusto en el imperio Persa, eran ciudadanos, estaban integrados a la sociedad, compartían alegremente con sus vecinos, hasta que un día, sin que estuvieran preparados, les llega la noticia de que son judíos y sobre ellos pendía la pena de muerte, de genocidio.
    No se salvaría uno solo en todo el imperio, por tanto, se erradicaría a la nación judía del mundo.
    Ciertamente los tomó por sorpresa saber que ya no tenían derechos, que donde fueran eran extranjeros que podían ser abusados y oprimidos.
    Terrible angustia vivieron, por ello la alegría es tan impactante cada Purim, porque la salvación fue también repentina, poderosa, devolviéndoles la vida y también la dignidad humana que los enemigos les habían querido arrebatar.
    Como sabemos, esa dolorosa e injusta persecución se repitió muchas veces en nuestra larga y extendida historia. No es casualidad que en la Hagadá de Pesaj cada año leamos: “shebejol dor vador, omdim alenu lejalotenu” – “en cada generación se levanta el enemigo para erradicarnos”. Pero también con mucha confianza y amor propio decimos: “pero, el Todopoderoso nos libra de sus garras”.
    Así pues, hemos vivido en carne propia el exilio, el ser extranjeros obligados y perseguidos.

    Como les decía, hace un año estábamos juntos festejando aquí Purim, no habíamos oído nada de algo llamado Zoom, ni se nos ocurriría pensar en clases virtuales, ni en midrashim online, ni en el uso de tapabocas, o el confinamiento, o todas las otras cosas que se abalanzaron sobre nosotros 12 meses atrás.
    El día en que se declaró la pandemia, todos los habitantes humanos de este mundo nos transformamos en extranjeros… ¡en nuestra propia casa incluso!
    Para algunos fue un acontecimiento novedoso tener que pasarse el día, la semana, el mes, junto a su familia más cercana. Para otros representó un verdadero desbarajuste, en todos los planos imaginables, el quedarse encerrado en casa para cuidar de nuestra salud y la de los demás.
    Sin dudas, nos convertimos en extraños viviendo en una realidad extraña.
    ¿O acaso no les pasó alguna vez pensar o sentir que estábamos metidos en alguna rara historia de ciencia ficción, o en un sueño mezclado con pesadilla del cual nos costaba despertar?
    A mí, me pasó allá por julio del año pasado, una tarde pareció que todo esto era muy surreal y que no podía estar sucediendo.

    Como sea, acá estamos, aprendiendo a dejar de ser extranjeros en nuestra propia vida, que es en realidad una tarea que tenemos desde el primer día que nacimos como especie humana en este mundo.
    Adaptarnos a los cambios, avanzar para conectar nuestra esencia espiritual con esta vida material, es la tarea que venimos aprendiendo a hacer desde Adam hasta acá.

    Por ello es tan importante recordar amar al prójimo y amar al extranjero, vivir con bondad y justicia, comprender y comunicarnos, ayudarnos entre todos a construir una mejor realidad.
    Es lo que se encuentra en el trasfondo de la historia de Meguilat Ester y que nos puede impulsar a dejar atrás las cosas negativas y abrazarnos a lo realmente bueno.

    Shabat Shalom, buen mes.

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  • Los adaptados al sistema

    Cada uno de nosotros carga con un complejo Sistema de Creencias (SC) que nos marca en enorme medida nuestra forma de estar en el mundo.
    Por desgracia, no tenemos control de una inmensa parte de ese SC, sino que lo cargamos como mochila, a nuestras espaldas, sin verlo, sin reconocerlo, sin poder discernir qué contiene, pero sintiendo todo su peso y las consecuencias de estar transportándolo muchísimo tiempo.
    Te recomiendo que leas este post: https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/tu-creencia-tu-vida y también este otro: https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/sistema-de-creencias-y-sectas.

    La gente que suele estar «adaptada al sistema», son los que por lo general no llevan una vida creativa, sino que se han amoldado a los parámetros de su marco social. Repiten lemas, viven de acuerdo a las etiquetas que les han asignado, cumplen sin crítica los mandatos de la tribu, no levantan sospechas, porque están tan envenenados por el SC, que siempre operan dentro de sus límites. Se han adaptado y acomodado su celdita mental.
    Por el contrario, aquellos que suelen ser estigmatizados como los raros, los rebeldes, los locos o similares, quizás causan esa impresión y reacción porque precisamente no están sumisos al adoctrinamiento. A veces por rebeldía, sin mayor trascendencia; en ocasiones por algún descontrol emocional/mental; pero otras veces podrían ser aquellos que realmente rompen con los paradigmas de «la matrix» y se atreven a pensar y no tan solamente repetir creencias y vivir en ilusión.
    Pero, ojo, muchísimos de esos rebeldes que se creen por fuera de la matrix, no son más que personas sin adaptación, sin coherencia, sin conexión y conciencia realmente con su Yo Esencial. Viven en otro bloqueo de la conciencia, en un Sistema de Creencias alternativo al corriente, pero que no los hace más libres que el resto, sino igualmente esclavizados.
    Te pido que releas y veas si me he logrado expresar de tal manera que se me pueda comprender, porque siento que no es así.

    Luego, si has comprendido el mensaje, me encantaría que te tomarás tiempo para verte en el espejo del alma y encontrar si estás dentro del grupo de los adaptados o de los rebeldes, y qué vas a hacer con esa nueva comprensión.

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  • Hacer grande a tu pueblo

    Por alguna razón, que no analizaremos ahora, en determinada época se decidió que un pueblo era grande de acuerdo a la altura de sus edificaciones.
    Entonces se comenzó una carrera por construir las catedrales más inmensas y altas, las pirámides más ostentosas, los antros religiosos en las cumbres más empinadas, los palacios de los dictadores más soberbios, y por el estilo.
    Se pretendía demostrar por los hechos arquitectónicos el alcance de ese pueblo, como si la altura de sus tejados fuera demostración de verdadero poder.
    De hecho, en una época hasta las iglesias debían ser las construcciones más elevadas de la zona, o alguien sería castigado. Esto determinó incluso como eran construidas las sinagogas en cierta época y lugar, tomando en consideración los deseos de los amos cristianos, para que no cayeran terribles castigos sobre la población judía.

    Lo cierto es que la grandeza de un pueblo no se mide por la altura de sus edificaciones, ni por el número de los muertos del enemigo en sus guerras, sino por el grado de consciencia espiritual de sus pobladores.

    Que mundo tan liliputiense nos está tocando vivir….

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  • Cuidado con quien te asocias

    Desde hace milenios los Sabios nos advierten de no asociarnos con gente que nos lleva a una vida de caos, de negación de nuestra identidad espiritual.
    Sean los Sabios de la sagrada Tradición, como los filósofos de diversas épocas y lugares, todos (hasta donde recuerdo) están de acuerdo en esto.
    Para poder estar junto al perverso y no contagiarnos de su perspectiva negativa y conducta nociva, es imprescindible estar muy conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, tener mucho autocontrol, ser un generador de reflejos de LUZ.
    Resulta que es muy humano, más allá de nuestra decisión voluntaria, el imitar comportamientos de aquellos con quienes interactuamos.
    Nuestro cerebro está programado para actuar de esa manera irracional, siendo imitadores. Si estás interesado en profundizar, busca información en Internet acerca de «neuronas espejo», verás que es muy interesante. Como siempre, evita los sitios religiosos, porque aunque puedan tener tesoros que ofrecerte, el costo suele ser terrible para ti y tu entorno, en este mundo y en la eternidad.

    Así pues, rodearnos de gente que vive con su LUZ opacada, nos lleva a conducirnos de manera similar.
    Vamos tomando inadvertidamente sus puntos de vista, recreamos en nuestro Sistema de Creencias sus oscuras creencias, nos llenamos de sus opiniones, valores, formas de interpretar lo que sucede, etc.
    Y ten muy en cuenta que lo que nos impacta no es lo que sucede, sino aquello que relatamos que sucede.
    Por tanto, si estamos con gente que arma relatos terribles, falaces, religiosos, caóticos, sanguinarios, del EGO, ciertamente no tardaremos en ser arrastrados por esa corriente siniestra.

    Siendo así, la mejor idea sería encontrar la manera de asociarnos con gente positiva, proactiva, espiritual, noble, trabajadora, honesta, sincera, bondadosa, resiliente, para que nos influya positivamente y nosotros a su vez aportar nuestra propia luz.
    Al ir sumando luces, se podrá ir alumbrando el camino para aquellos que pernoctan en oscuridad y así traer redención al mundo, a los que están en caos.

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  • Reflejo espiritual

    Es frecuente que estemos pendiente de la mirada de los demás, para así hacer o dejar de hacer.
    Nos importa lo que dicen, o dejan de decir, acerca de nosotros.
    Por lo cual, muchísimas veces construimos una vida ficticia, como si fuera de un personaje de novelas para tratar de complacer a ese público… el cual probablemente nos ignora y les importamos un comino. O, por el contrario, está muy interesado en manipularnos, para obtener alguna ventaja, por más innoble que sea.
    Siendo así, no resulta muy saludable desvivirse para agradar a los demás, para que tengan una opinión favorable, para que nos den sus likes y corazoncitos en las redes sociales.
    Eso nos lleva a perder de vista nuestra identidad real, la espiritual, para ser solamente un títere del EGO, una máquina que intenta complacer a los que nos se complacen con nada.

    Mejor es encontrar el camino para tomar conciencia de nuestra identidad espiritual, reconocer nuestra NESHAMÁ y vivir acorde a sus mandamientos.
    Aferrarnos a nuestras verdaderas aspiraciones, que por supuesto siempre estarán en el marco de la ética (código espiritual), y que nos llevarán hacia el gozo sagrado, la realización, el disfrute de la bendición que el Eterno nos provee.

    Es tan agradable dejar de estar pendiente del comentario de los demás…

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  • Gente mediocre

    La gente mediocre va por la vida acusar a los demás de los infortunios propios.
    No pierde tiempo en encontrar culpables para sus desgracias.
    Puede que sea el presidente, algún partido político, una religión, una deidad, la suerte, los judíos, los masones, los padres, la educación que recibió, el capitalismo, Mickey Mouse y así hasta el infinito.
    No se cansa el mediocre de echar fuera toda responsabilidad y justificarse en la culpa ajena.

    Es cierto, hay gente que se porta de forma incorrecta y nos causa daños.
    Es real, muchos andan en corrupción y negociados perjudicando a la sociedad.
    Es verdad, hay gente que hace el mal o simplemente se equivoca y nos afecta.

    Pero, poniéndonos en el papel eterno de la víctima, la que no tiene ningún control sobre lo que pasa y por tanto solamente puede sufrir de las acciones u omisiones de los otros, nos deja en una situación muy calamitosa. Nos deja en absoluta impotencia y sin capacidad de modificar en nada lo que nos está pasando.

    Lo mejor, sin dudas, es comenzar a darnos cuenta de aquello que está a nuestro alcance cambiar para que nuestra circunstancia mejore.
    Dejar de buscar a quien echar culpas o inventar excusas, para hacernos responsables de nuestras decisiones.
    Ciertamente no tenemos mucho control sobre los resultados, y de hecho, somos muy limitados y no ejercemos un dominio más que sobre una porción muy pequeña de nuestra existencia.
    Pero, es precisamente en ese terreno que está bajo nuestra jurisdicción donde debemos trabajar y hacer nuestra parte, y hacernos responsables por lo que hemos hecho o dejado de hacer.

    Si lo hacemos, estaremos mucho mejor y demostramos que la educación espiritual ha comenzado a germinar en nuestra vida.
    Así pues, ya lo sabes, podemos seguir siendo mediocres o cumplir nuestro rol, que es exclusivo de cada uno, para ser la versión más perfecta que podemos ser de nosotros mismos.

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  • Lo que importa es vivir correctamente

    Una de las enseñanzas socráticas es:

    “Lo que importa no es vivir, sino vivir correctamente.”

    Si bien es cierto que dentro de la Tradición Sagrada la vida también es importante, más allá de su grado de conciencia y conducta ética, es indudable que no estamos en este mundo solamente para pasar por él, o sea, vivir.
    Estamos para vivir correctamente, lo que significa en armonía con lo que realmente somos, es decir, con la NESHAMÁ (Yo Esencial, espíritu, chispa Divina).

    Cuando vivimos en desequilibrio, es decir, en pecado o fuera de foco, entonces nos estamos perdiendo la oportunidad de llevar nuestro Yo Vivido (la persona que estamos siendo en este mundo) a su mejor versión, que SIEMPRE es aquella que refleja la NESHAMÁ.
    El Eterno nos creó con el programa ya establecido para que podamos lograr esa mejor versión personal, pues codificó en nuestro ser el código ético/espiritual por medio del cual llevamos una vida espléndida y en equilibrio espiritual.
    Pero, como el barullo habitual de este mundo no nos permite compenetrarnos del código inscripto en nuestro ser de manera sencilla, Él nos hizo un enorme favor y nos redactó explícitamente el código ético/espiritual, nos dio a los judíos los 613 mandamientos en la Torá y a los gentiles les dio los 7 mandamientos universales.
    Ambos conjuntos de mandamientos, el de los judíos y el de la humanidad en general, son vivo reflejo del código inscripto en el ADN de la NESHAMÁ de la persona, sea judía o gentil.
    Por tanto, cuando la persona vive de acuerdo al código que le corresponde a su identidad espiritual, está viviendo correctamente y por tanto llevando la buena vida que Dios diseñó para ella.
    Como resultado, cuando la vida individual en este mundo termina, es decir, la persona fallece, su NESHAMÁ estará libre de los errores del que vive por fuera del código ético/espiritual, habrá aprovechado su travesía por este mundo y así tendrá recuerdos espléndidos en la eternidad, en el paraíso.

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