Categoría: CTerapia

  • Ser libres cuando nadie lo es

    Vieron que uno de los nombres de Pesaj es «Tiempo de Nuestra Libertad», siendo que hay gente que le llama también «Fiesta de la Libertad».
    Eso porque, como es sabido, de acuerdo al relato de la Torá y el relato que fielmente han transmitido padres a hijos durante decenas de generaciones sin interrupción, los judíos fuimos liberados de la esclavitud que padecimos en Egipto. Fue el primer paso, de otros varios, rumbo a la libertad, independencia, etc.

    El mensaje de libertad personal y social lleva entre nosotros, el pueblo judío, al menos 33 siglos.
    Cabe destacar que hoy lo podemos ver como algo obvio, aunque aún hay sociedades e individuos que padecen algún grado de esclavitud impuesta por otros.
    Igualmente, lo vemos como uno de los «derechos humanos».
    ¿Cómo podríamos suponer algo diferente?

    Sin embargo, cuando el pueblo judío fue llamado a ser libre y a emprender el camino de la libertad, esa noción y vivencia de libertad era inexistente.
    Dios estaba clamando para que los judíos fueran libres cuando nadie lo era.
    Las leyes y costumbres de aquellas épocas tomaban a la esclavitud como normal, nada por lo cual horrorizarse.
    Así funcionaba el mundo, y nadie quería hacer nada por cambiarlo… ¡ni siquiera les pasaba por la mente cambiarlo!

    Tuvo que llegar Moshé con el mensaje Divino para que la humanidad comenzara a despertar, a retomar su conciencia espiritual perdida tras la salida del Huerto en Edén.
    Tuvo que ser el pueblo judío el pionero, el primero en la línea de fuego, para marcar la senda al resto de la humanidad en busca de la libertad.

    Mucho para agradecer, ¿no les parece?

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  • Pesaj: Pensar y penar

    Tenemos la impresión de que la gente piensa, pero por lo general es solamente una impresión. Difícilmente la gente piense, pues el pensar es un acto mental creativo, libre, liberador, empoderado; y NO es eso lo que solemos hacer con la mente. Por el contrario: repetimos lemas, nos dejamos llevar por sentimientos, acatamos mandatos sociales, actuamos de acuerdo a las imposiciones del Sistema de Creencias, rumiamos frases mentales, ejercitamos el fabuloso don de inventar excusas.
    En resumen, lo que hacemos es desperdiciar el poder inmenso de la mente para dedicarla a vivir en automatismo.
    La mayoría de las veces, lo hacemos porque nadie nos enseñó ni entrenó a pensar realmente.
    Más bien, fuimos introducidos y motivados a servir al EGO, por tanto para ahogarnos en ansiedad, correr de la angustia, escondernos del miedo y llenarnos de ideas (que no son pensamientos) que hacen que perdamos el foco, dejemos de atender lo realmente importante, nos paralicemos en el crecimiento integral, nos adormezcamos y vivamos en un cuento de hadas fantaseado que en verdad nos hunde en lo que nos hace mal. Pero claro, nos contamos cuentos que de cierta forma nos tranquilizan, nos hacen creernos fabulosos y/o ridículamente impotentes, pero con dioses que nos defienden.

    Pesaj, la fiesta de la libertad, el tiempo anual para recordar ser libres, nos impulsa a salir de nuestro propio Egipto, de nuestra estrechez en todos los aspectos.
    Salir de la angustia, ubicar al EGO en su lugar y que no gobierne más en nuestras vidas.
    Pero, Pesaj con su respiro de libertad no lo es todo, sino que es un paso más en el camino a la expresión plena de la libertad.

    Vamos a aprender a dar ese paso y a darlo, para pensar y no penar.

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  • Entre Pesaj y Shavuot

    A una de las festividades pilares del judaísmo se la llama “Pesaj”, que en español se conoce como “Pascuas”.

    En la fiesta de Pesaj los judíos se reúnen para festejar un acontecimiento ocurrido hace más de tres mil años: la Salida de los Hijos de Israel de la esclavitud en Egipto.

    Los hebreos habían estado cuatro siglos esclavizados al poderoso imperio egipcio (en los hechos, fueron 210 años de esclavitud completa, los otros 190, fueron parte del proceso de esclavizarlos).

    Llegado un cierto momento de completa angustia y sumisión total, los hebreos se contemplaron, se reconocieron como siervos sufrientes, y atinaron a gemir impotentes, a clamar en dirección al Cielo, en busca del auxilio que ellos a sí mismo no se podían brindar. Pues, estaban en el umbral de la «cosificación» completa, en un estado de impureza casi total, tal como si hubieran muerto, como si sus espíritus hubieran abandonado su personalidad, para transformarse en simples cosas inertes, impuras y que transmiten la impureza de la mortandad.
    Dios recordó el pacto que había hecho con los patriarcas de los israelitas, contempló la miseria de estos esclavos, y decidió liberar a los hebreos de esa calamidad.
    Primeramente envió a Moisés para que hablara con Faraón, el rey de Egipto, a que intentara conseguir por medios «políticos» la liberación de los hebreos esclavizados.
    Pero, Faraón solo comprendía el verbo de la «Mano dura» y el «Brazo extendido» de Dios, por lo cual, a través de milagros y maravillas hizo Dios que el Faraón finalmente permitiera a los israelitas salir a su libertad.

    En la fiesta de Pesaj, que se conmemora desde entonces, se recuerda ese episodio de la liberación gracias a la ayuda de Dios, pero también se reviven los sufrimientos de la terrible esclavitud. El trabajo forzado, los asesinatos indiscriminados, la disolución de las familias, la pérdida de la libertad y de la propia identidad personal y nacional.
    Se revive (en la medida de lo posible) el estado de identificarse con algo que no es uno mismo.
    Se revive el haber vivido en estado de cosa y no de ser persona.
    Pero, igualmente la fiesta de Pesaj, es obviamente una fiesta desbordante de alegría, se canta, se come, se dan regalos a los niños, se está junto a seres queridos, se ayuda a los necesitados, se aprende, se cuestiona…

    Y además, la fiesta (que en la Diáspora dura ocho días) da comienzo a un período de cincuenta días, que son de recogimiento y de seriedad, días que preparan la fiesta que ocurre al día cincuenta.

    Esta segunda festividad es llamada Shavuot, conocida en la tradición cristiana corno Pentecostés, y que su traducción verdadera al español podría ser “Semanas”, pues, la Torá estipula que sean contadas siete semanas completas a partir del segundo día de Pesaj.
    No menciona otro método para saber en qué día se debe festejar (por ejemplo, para Pesaj claramente dice, «día 15 del primer mes»).

    ¿Qué es lo que se festeja en Shavuot?

    ¿Por qué Dios en la Torá ordena que Shavuot esté unida indisolublemente a Pesaj, a través de la

    cuenta de los cincuenta días entre una y otra?

    ¿Qué relaciona íntimamente Pesaj con Shavuot?

    Shavuot es tradicionalmente conocida como «el Tiempo de la entrega de la Torá». En Shavuot recordamos el momento en el cual Dios le entrega al Pueblo Elegido de Israel (y mucho más tarde, merced al esfuerzo de los judíos, también para el mundo) la Torá, en esta ocasión en forma de los (mal llamados) «Diez Mandamientos». Es el día, en el cual hace más de tres mil años Dios en persona habló delante de millones de personas, y dijo: “Yo soy; No tendrás otros dioses delante de Mí…no robaras, no asesinaras, no codiciaras…”.

    Corno podemos colegir, es el día en el cual Dios quiere enseñar a las personas un código de moralidad, una forma de comportarse con corrección, un método (el mejor) para llegar a ser una persona de bien.

    Quizás no es el único mecanismo para superarse, pero si es uno probado y aprobado durante cientos de generaciones.

    Y también es el camino que los fieles a Dios, aceptan lealmente que es entregado por el Todopoderoso y el que Sabe Todo, Dios.
    Lo que une Pesaj con Shavuot es el concepto de la Libertad.

    Pesaj es llamada tradicionalmente “el Tiempo de nuestra Liberación”, sin embargo, los sabios de todos los siglos no dejaron de advertir que en realidad tal Libertad no era completa, (si es que era Libertad).

    Con la Salida de Egipto lo hebreos obtuvieron lo que Erich From llamaría «Libertad de».

    Los israelitas al liberarse de la esclavitud de Egipto, claramente eran libres de esa tortura egipcia.

    Ya no tenían a los amos golpeándolos y castigándolos.

    Ya no debían edificar ciudades para el faraón.

    Sus hijos ya no eran sacrificados en el río Nilo.

    Sin embargo, y a pesar de la libertad de sus cuerpos, ellos seguían firmemente apresados a los códigos y conceptos egipcios.
    Egipto era parte de su vida como personas libres, por lo tanto, su libertad era muy limitada.

    Así que, por más kilómetros que los separa del río Nilo, por más heridas y llagas que sanaran en sus castigados cuerpos, sus espíritus, sus pensamientos, seguían prisioneros de la esclavitud egipcia. Todos los esfuerzos de Moisés (siguiendo las directivas divinas) por educar a los Hijos de Israel con vistas a hacerlo un verdadero pueblo, chocaban con las cadenas impuestas por los egipcios, y que los hebreos no sabían o no podían quitárselas.
    Desde el mismo inicio de su Salida, los hebreos debían embarcarse en un proceso de trascender, en un mancomunado esfuerzo de auto-superación. De convertirse nuevamente en seres humanos. Para luego poder transformarse, merced a sus méritos, en un «reino de sacerdotes y una comunidad santa».

    Empero, cincuenta días dio Dios para que los hebreos gozaran de su libertad de esclavos, de su «libre de», a pesar de ya tener nuevos «deberes» que acompañaran sus recién adquiridos derechos a «ser»… Luego, del «recreo», Dios los quiso hacer realmente libres para construir sus propias vidas.

    El método, corno mencionamos, era el acatamiento de un código objetivo de moralidad, que les permitiera discernir entre lo que era correcto y la que no.

    Y no desde parámetros personales y subjetivos, sino desde los límites impuestos por un Ser trascendente e impersonal (en plena relación con Su Creación).

    ¿A qué iba dirigido esto?

    Que los liberados hebreos pudieran aprender que el camino a la Libertad no se consigue a través de milagros, ni de la intervención de Dios. Que la Libertad no es un regalo que se toma o se deja, sino una acción de cada persona sobre su realidad y sus pensamientos, luchando no solamente por romper las viejas cadenas, sino para vivir éticamente y responsablemente, que esto es ser realmente libre.

    Pesaj es la libertad del cuerpo, «libertad de».

    Shavuot es la libertad del espíritu, «libertad para».

    Esto es la que relaciona a ambas festividades.

    Otros “Egiptos” operan en la actualidad.

    Otras formas de esclavitud, quizás no tan visible corno los látigos y las cadenas, pero seguramente tan (o más) dolorosas.

    A pesar de creernos libres, y de estar festejando nuestro Pesaj diario, en realidad, nos falta un Shavuot.

    Si la persona «vale en el mercado de la sociedad» como objeto de consumo, entonces, no es libre, es esclava de las relaciones de poder y económicas que se dan.

    Si la persona para ser libre, en el sentido capitalista de la palabra, debe sacrificar su amor propio, debe violentar su felicidad, debe aceptar la vida en soledad; entonces, ¿es libre?
    Si para crecer, para compartir, para existir, la persona debe perder los rasgos que la identifican, su identidad, para asimilarse a otra cultura, ¿es libre?
    Si la persona es persona en tanto genera ingresos y dividendos, si la persona es tal si no se sale de la normativa de normalidad «esclavista», si la persona lleva con agrado su pesado yugo que lo mortifica y nulifica, ¿es libre?
    Si el trabajo, las vacaciones, el jolgorio, la moda, los placeres sensuales son el sentido de la vida, y se pierde el momento de gozar la cercanía plena con los seres queridos; o se perjudica el bienestar emocional propio o ajeno, o se pervierten lo que deben ser valores eternos, ¿se es libre?

    En nuestras sociedades Occidentales y Cristianas, son muchos los elementos que se suman a la esclavización de las personas, y lo que en principio comenzó por ser un proceso de liberación (Iluminismo, Revolución Francesa, maquinismo, cibertecnología, etc.), termina coadyuvando al reforzamiento del acatamiento de la persona a esos dictados externos, que lo manipulan para hacerlo esclavo, pero que no advierta su miserable estado espiritual, para que no quiera zafar de sus idolátricos lazos.

    Se vive en Pesaj, pero generalmente olvidamos Shavuot.

    Eso lleva a que en la actualidad las libertades sean numerosas, impensadas cien años atrás, pero, que la persona sea más esclava que nunca.

    Pesaj es romper con la idolatría – esclavitud sentida (percibida), pero reviviendo (en otro plano) sus tormentos.
    Shavuot es armar una buena vida de Libertad, destruyendo la idolatría – esclavitud escondida y acechante.
    ¿No es hora de celebrar ambas?

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  • El yo de Pesaj

    Un famoso poeta italiano llamado Giovanni Papini expresó con claridad:

    “Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo.”

    Es una frase maravillosa para reflexionar todos los días y encontrar cómo usarla como instrumento para mejorar nuestra personalidad y por tanto, sintonizarnos con nuestra NESHAMÁ (espíritu).
    Sin dudas es de especial interés en estos días, de limpieza profunda previa a la festividad de Pesaj.
    ¿Por qué?

    Pues, porque además de quitar el jametz durante los días de la festividad, es importante darnos cuenta de su simbolismo, que aplica siempre.
    El jametz es aquello que nos llena de aire pero sin contenido.
    Nos infla, nos hace parecer grandes, nos marea al punto de perder el equilibrio el foco.
    Es el falso orgullo, es la vanidad, es la auto percepción errónea.
    Es pretender que nuestro Yo Vivido viva en desarmonía con el Yo Esencial y ser saludables.
    Es permitir al EGO hacerse el amo, en lugar de que siga ejerciendo su importante pero limitado rol en nuestras vidas.

    Por ello, es tiempo de limpieza en las posesiones y en el alma.
    Para lo cual, recuerda la sabia enseñanza de los Maestros:

    «Si yo no soy para mí, entonces: ¿quién lo será?
    Pero, si yo soy solo para mí, entonces: ¿qué estoy siendo?
    Y, si no es ahora, entonces: ¿cuándo será?»

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  • A gozar de lo permitido

    Por alguna causa, hay personas que se sienten culpables de disfrutar de aquello que les pertenece y tienen permitido.
    Se disculpan por haber obtenido esa posesión, se sienten culpables por estar gozando de algún pequeño placer o beneficio.
    Realmente se sienten así, no solamente lo actúan para «quedar bien» con otros, aunque… ¿qué sentido tendría pedir perdón por estar pasándola bien y «quedar bien» con otra persona negando que se esté disfrutando?

    No sé si te pasa o si conoces gente a la que sí, porque si no te pasa o conoces, quizás te cueste creer que haya gente así; o lo crees porque te parece posible.

    Como sea, es más frecuente de lo que parece, esta angustia del que disfruta. Y… NO, no está bien apenarse o angustiarse por disfrutar de aquello que es lícito y te pertenece.

    A no dudarlo que la educación recibida es un gran componente en la aparición de esta condición psicológica.
    Desde algún adulto que le hacía sentir culpa al niño por estar gozando, hasta algún agente religioso que le inculca la aversión a las «cosas terrenales».
    Pasando por todos esos corruptos endiosados, como el tal Pepe Mujica, que evangeliza en contra de lo que él llama consumismo y pregona llevar una vida de miseria y vagancia, pero libre de sentirse culpable por tener un sano deleite.

    Por supuesto que es posible trabajar esta condición y alivinar el peso en el alma de quien la padece, así como la molestia que suele generarle a quien le rodea.
    También es bueno recordar que los verdaderos maestros espirituales, por lo general, alientan el disfrute de lo permitido y saludable, pues es una sana manifestación de equilibrio y cordura espiritual. Si bien la Ley Espiritual pone ciertos límites, declarando prohibido aquello que en principio no pareciera serlo, sin dudas que hay alguna sana motivación detrás de ese límite y es sano conocerlo y respetarlo.
    También es cierto que algunas veces es necesario negarse el goce de lo que en otras circunstancias disfrutaríamos, por ejemplo cuando estamos sufriendo de algún desequilibrio (físico, emocional, social, mental o de conciencia espiritual) y por tanto la privación momentánea es con intención terapéutica, correctiva, y no meramente de hacer el «santo» a ojos de los demás, o por creerse un «santo» por vivir en la negación del placer.

    En resumen: disfruta de lo permitido y aléjate de lo prohibido, y no te impongas restricciones por creerte más santo que los demás.

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  • El buen líder

    Esta semana comenzamos la lectura del tercer libro de la Torá, llamado en hebreo Vaikrá.
    Este libro es conocido en español como Levítico, pues un tema recurrente del mismo son instrucciones para los cohanim, los sacerdotes que son miembros de la tribu de Leví.
    Pero, la palabra Vaikrá en sí mismo quiere decir: «Llamó», «Convocó». Hace alusión al Eterno que convocó a Moshé para comunicarle el contenido del libro.

    Es interesante advertir que de forma tradicional el rollo de Torá es escrito a mano por un esmerado experto, quien sigue estrictas y precisas reglas para no modificar el texto sagrado. Va copiando letra a letra, con su arte y ciencia, para preservar fielmente el texto y la composición tal cual en el pasado.
    En un rollo de estas características, al llegar a la palabra Vaikrá, ésta que da inicio al libro, notamos un hecho llamativo, pues su última letra, la alef, es más pequeña que el resto de las letras. Lo podemos ver en la foto que acompaña este texto.

    Se dan diferentes explicaciones y se derivan montón de enseñanzas a partir de esta diferencia de tamaño.
    Hoy compartiré contigo una, para lo cual citaré al gran sabio Confucio:

    “Cuando el gobernante obra rectamente, ejercerá influencia sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante no obra rectamente, todas sus órdenes serán inútiles.”

    ¿De qué nos está hablando Confucio?
    Pues, del poder que ejerce el buen líder sobre sus seguidores.
    No precisa de imponer su parecer o capricho por la fuerza, ni someter a los demás con amenazas o promesas de premios vanidosos.
    En su conducta se encuentra su influencia sobre los demás.
    Cuando el pueblo está formado por gente ética y consciente, son capaces de ver al líder más allá de sus disfraces y sin tanta distorsión provocada por su ideología (la del pueblo). Por tanto al reconocer al líder ético, noble, comprometido con su tarea, es esa misma conducta y actitud las que orientan al pueblo para que ejerzan buenas leyes y sanos estilos de vida. Al contrario, al percibir un mal gobernante, uno que en verdad no es líder, sino aprovechado de las circunstancias, corrupto, inepto, atrevido, etc.; ese pueblo evolucionado no hará caso a las órdenes del des-gobernante. Por ahí, no les queda más remedio que acatar, para prevenir castigos o para no generar situaciones angustiosas; pero no lo harán por respeto al gobernante, ni por confianza en sus instrucciones.
    Por tanto, cuando el pueblo es «superior», el líder indudablemente también lo es.

    Al contrario, cuando el pueblo es una masa de gente que es arrastrada por su EGO, dejando de lado la perspectiva ética, entonces se regodearán con el gobernante corrupto pero simpático, o desviado pero que les reporta algún beneficio directo. Es por ello que la chusma como Maduro, Cristina, Lula, Biden, Abbas, entre otros similares, pueden prosperar. Porque usan las técnicas nefastas de los expertos en manipular emocionalmente y controlan de esa forma las mentes débiles de las masas que les siguen. O directamente, se hicieron amos de los mecanismos de ejercer la fuerza y el terror, por lo que presionan y amenazan y tienen formas de dañar a quienes no les siguen.

    El liderazgo de Moshé era el ético, desde la verdadera humildad, con el único interés de que la Palabra recibida sea transmitida y sus receptores la acepten y la acaten para su propio bienestar.
    La alef pequeña representa su ánimo humilde, su nula vanidad, su consciencia de ínfima importancia ante el Eterno pero su inmenso valor como canal de enseñar Su Torá.

    ¿Cuál es la enseñanza para tu vida?

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  • Me gustaría…

    Me gustaría que en las escuelas del mundo se enseñaran y se aplicaran los Siete Mandamientos para las Naciones.
    Pero claro, saltará algún atrevido diciendo que eso es parte de una religión y que en muchísimos países las escuelas (públicas) son y deben ser laicas. Estoy 10000% de acuerdo en que las escuelas (públicas) sean laicas en todos lados, pero 10000% laicas, sin contaminación de ninguna religión, ideología y etc. Cosa muy difícil.
    Pero estoy 10000% en desacuerdo con querer tildar al noajismo de religión, cuando sabemos que ni éste ni el judaísmo lo son.
    En fin, cosas que habrá que seguir explicando y enseñando hasta que algún día sea comprendido por todos, incluso por noájidas conscientes de su identidad y judíos que se precian de tales.

    Además de los Siete Mandamientos aspiraría a que se pudiera enseñar y vivencias algunas de estas propuestas, o todas ellas:

    1. A reconocer las propias creencias limitantes y adquirir herramientas mentales y emocionales para superarlas.
    2. Desarrollo de las propias cualidades, más allá de las clásicas esperables (lecto-escritura y matemáticas).
    3. A confiar en uno mismo, pero de verdad.
    4. Dar un peso importante a la inteligencia emocional.
    5. Dotarle de recursos para que sepa establecer metas y alcanzarlas, en la medida de lo posible.
    6. Educación económica y financiera, al menos los basamentos.
    7. A no descartar la intuición, pero no caer en superstición.
    8. A aprender.
    9. A expresarse a través de diferentes canales.
    10. A ser creativo.

    La mayoría de estas propuestas confluyen en permitirle al niño, y la niña obviamente, a tener un canal más abierto a su descubrimiento espiritual, a reconocerse como NESHAMÁ y alejarse así de supersticiones, religiones, fantasías de magia y otras necedades propias del dominio del EGO.

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  • Amigos son los amigos

    Ed Cunningham, es un locutor deportivo estadounidense, productor de cine y ex jugador profesional de fútbol americano.
    Quizás alguno piense que con esas credenciales no debiéramos prestarle mucha atención a sus frases de «crecimiento», pero permítanme disentir y compartir una de sus frases, que me pareció brillante:

    «Los amigos son esas personas raras que preguntan cómo estamos y luego esperan escuchar la respuesta».

    Permíteme preguntarte: ¿estás siendo amigo de aquellos a los que llamas amigo?
    Y permíteme otra pregunta más, luego de presentarte un concepto de los Sabios (en Masejet Avot):

    «Adquiere (compra, hacete de) un amigo»

    ¿Puedes explicarme esta idea y de paso vincularla con la frase que te presente de don Cunningham?
    (Y no, los Sabios no se están refiriendo a comprar o hacerse de un perro como amigo fiel, sino de otro humano).

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  • Se acerca la primavera, es hora de Pesaj

    Nanette Mathews es una joven influencer, esa extraña profesión moderna que no por ello vamos a ignorar o menospreciar.
    Entre sus frases hay una que me llamó muchísimo la atención, pues creo que está de cierta forma inspirada en la santa tradición judía.
    Veámosla:

    «Se acerca la primavera… Es hora de limpiar. Elimina todas las dudas, la preocupación, los celos, el arrepentimiento, la ira, la culpa o cualquier otra emoción negativa que te impida tener una vida feliz y plena».

    Sabemos que Pesaj es la fiesta de la libertad y que debe coincidir siempre con el inicio de la primavera, día más día menos. Obviamente que la del hemisferio norte, pues para nosotros en el sur por estas fechas comienza otoño.
    Primavera, el tiempo de reverdecer, de salir de la cueva que nos ocultó durante el frío invierno, desperezarnos y revivir.
    ¡Qué bella época primavera, sea en el norte o en el sur, o en el ecuador!

    Sabemos que cada año para preparar Pesaj hay que hacer muchas cosas, entre otras: estudiar nuevamente sus reglas para no olvidarnos de ningún detalle, conseguir la comida apta para esos días, ir limpiando la propiedad personal para no poseer jametz durante la festividad y algunos muy sabios también han descubierto el simbolismo detrás de estos preparativos.
    Lo cual nos lleva nuevamente a doña Nanette.
    Si bien es importante limpiar la cocina, el comedor, el ropero, el auto, los bolsillos, etc. de cualquier rastro reconocible de jametz, también es el momento ideal para revisar nuestra vida y descubrirnos y con ello amarnos, cuidarnos y mejorarnos.
    Es un período que impone encontrar nuestras dudas que no aportan al crecimiento; de transformar preocupaciones en ocupaciones o diluirlas y que queden en nada; atrapar los celos y extirparlos; de arrepentirnos, porque no solo alrededor de Rosh haShaná y Kipur es necesario; darnos cuenta de nuestros arrebatos de ira y aprender a no actuarlos; desechar el sentimiento de culpa que nunca es positivo ni tiene valor; atrapar nuestros sentimientos negativos en una red y expulsarlos de nuestra mente y corazón, no sin antes haber descubierto qué los motivaba y quitarlo como obstáculo.
    Porque Pesaj es el tiempo en el cual comenzamos a ser libres, por tanto, dispuestos a una vida feliz y plena.

    ¿Qué estás haciendo tú al respecto?

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  • Los que se pierden en la noche

    El famoso autor británico, David Almond, nos regala el siguiente pensamiento:

    “Hay luz y alegría, pero también hay oscuridad a nuestro alrededor y podemos perdernos en ella”.

    Una gran verdad, pues muchas personas pierden el sendero de la vida al verse atormentados por crisis, caos, confusión, contratiempos. La oscuridad en sus diversas formas los atrapó y como si fuera un laberinto, están perdidos dentro y no encuentran la salida. Algunas quizás, ya no buscan más. Se conforman con la estrechez que conocen, temen dar un paso que los pueda llevar a un lugar desconocido, tal vez luminoso pero desconocido. Entonces, la vida amarga pierde su pasión, la rutina de muerte se impone y los días pasan todos en tinieblas, como adelantando la muerte, como haciendo que la muerte sea en vida.

    Por su parte Dios nos pide que sepamos diferencias entre la luz y la oscuridad, entre la alegría y la amargura, y que vivamos el tiempo que nos toca vivir con plenitud, con dignidad. Por supuesto que aspirando a mayor luz, a más disfrute, a reconocer la bendición y beneficiarnos con ella. Sin dudas que la aspiración no ha de quedar solamente como una espera, pues entonces sería otra forma de oscuridad, otra trampa, otra celdita mental que nos aprisionaría. La espera debe ser activa poniendo de nuestro parte todo lo que es posible para hacer avanzar el Plan de Dios, de atraer equilibrio al mundo.

    Ese equilibrio que fue roto por los primeros humanos, al transgredir el primer mandamiento negativo que recibieron.
    Desde entonces el desequilibrio es el mal que nos toca vivir.
    Seamos pues trabajadores del equipo de Dios, haciendo que el mundo entre en una fase de estabilidad dinámica, lo que se suele llamar «Era Mesiánica». Ésta no es una época en la cual un Harry Potter cósmico nos hará los mandados, Dios no estará a nuestro servicio tampoco, sino simplemente llegaremos a la conciencia de la espiritualidad y por lo tanto aspiraremos y trabajaremos en conjunto para encontrar la armonía personal, social y cósmica.

    No permitamos que la oscuridad nos confunda, ni seamos cómplices de ella.

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  • Conocerte es amarte

    Decía, con gran perspicacia el filósofo contemporáneo y puntal en la ayuda para la gente con discapacidad mental, Jean Vanier:

    “Todo ser humano es una mezcla de luz y oscuridad, confianza y miedo, amor y odio”

    Es así, por lo cual, no hemos de pretender escaparnos de quien estamos siendo, sino atrevernos a reconocernos para descubrir todo lo que podamos de nosotros mismos.
    Solamente cuando ventilamos los pozos mal aireados de nuestra mente, cuando alumbramos el oscuro caos de nuestro corazón, cuando catalogamos los componentes de nuestro Sistema de Creencias, es que estaremos en condiciones de limpiarnos y no permitir que lo negativo vuelva a introducirse.
    Creernos que no tenemos nada que mejorar, es estar empantanados en el error.

    Pero, también olvidarnos de nuestros aspectos maravillosos, sagrados, luminosos y suponer que no están presentes, que no tienen presencia o valor, es un triste y enorme error.

    Por tanto, con la vara de la verdad, aunque duela, medir nuestras condiciones.
    Atento, con la vara de la verdad, que es solamente una.
    Porque no existe tu verdad y mi verdad, o parte de verdad.
    Existe la verdad y aquello que no lo es.

    Por ser humanos limitados, y ser la verdad Dios, es que nunca alcanzamos a esa Verdad (con V mayúscula).
    Pero, depende de nosotros avanzar incansablemente hacia ese infinito, sin dar un paso atrás.

    Con ello iremos corrigiendo lo enmendable, reparando lo roto, agradeciendo lo agradecible, y no hundiéndonos más en cuestiones que queremos barrer debajo de la alfombra para hacer de cuenta que ya no molesta más.

    Cuando llegues a conocerte, podrás amarte.
    Con tus luces y sombras, con tus partes a corregir y aquellas para fortalecer.

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  • Se acerca Pesaj y estará aquí antes de que te des cuenta

    La tradición judía indica que ni bien terminamos de celebrar Purim, arranquemos con la inmensidad de preparativos que conlleva la apropiada celebración de Pesaj.
    Entre lo que debemos de preparar, se encuentra el repasar las muchas reglas acerca de jametz, es decir, el alimento que está prohibido poseer y usar por los judíos durante Pesaj. Por supuesto que hay otros asuntos para repasar, estudiar, profundizar e ir ya mismo aplicando.
    Así pues, ya hemos concluido, espero que con bien y bendición Purim, y aunque no nos percatáramos… ¡ya pasó una semana de ello!
    Por lo cual, es ahora cuando hemos de ponernos en onda con Pesaj y su preparación.
    ¿Por qué tanto estrés?
    Si es una festividad y celebra la libertad, ¿para qué agobiarnos con esfuerzos tan prolongados antes de la festividad, y con la gran carga de sus prohibiciones y mil detalles durante la misma? ¿Acaso no estaríamos más alegres y agradecidos simplemente tomando y comiendo, pasándola bien como se nos dé la gana, sin tanta vuelta y detalle?
    Una de las respuestas, muy poderosa, es que precisamente la libertad verdadera no se consigue dejándose estar, ser una masa desmadrada en mitad del océano que es llevada de un lado para el otro por las corrientes. No somos libres por hacer lo que se nos dé la gana, sino cuando hacemos lo que es correcto, aunque ello implique esfuerzo y algunos disgustos.

    Quiera Dios que sepamos ir de fiesta en fiesta, de bendición en bendición.

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