Categoría: CTerapia

  • No es lo que pasa, sino lo que haces con ello

    Dicen los que saben, porque han sufrido y han experimentado y han conseguido quitarse el peso del EGO por un rato, ellos dicen que no importa lo te haya sucedido sino qué haces con eso.
    Ellos aseguran que hay ventajas verdaderas cuando uno se permite preguntarse el para qué de lo que le pasó y crea respuestas valiosas que le permiten evolucionar y abrir su mente y corazón a la aceptación, la comprensión y al amor.
    Es así como podemos encontrar liberación de las circunstancias y enriquecernos.

    En resumidas cuentas: no es lo que pasa, sino lo que haces con ello.
    Puedes hundirte en echar culpas, enojarte, sufrir, agredir, paralizarte y cualquier otra conducta negativa.
    O puedes usar el mal momento para construir una respuesta que te habilite a crecer como persona y conectarte con una mejor versión de ti mismo.

    Una de las frases inspiradoras de Víctor Frankl al respecto:

    “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.

    En este tiempo de Sefirat haOmer, cuando recordamos la masacre de cientos de miles de judíos, por el mero hecho de ser judíos, es bueno tenerlo presente, para comprometernos a construir un mundo mejor, en donde todas aprendan a elegir actitudes personales de construcción de SHALOM.

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  • Cada uno es un mundo

    Hay personas que viven comparándose con los demás, sepan los otros que están siendo usados para esa comparación o no.
    Compiten para superar al otro, para sobrepasarlo.
    A veces en cosas que pudieran parecer trascendentes, y otras en asuntos tan banales que da pena mencionarlos.

    Imagina tú qué debe sentir la persona que vive de esa manera, en continuo y exigente cotejo, revisando quien supera a quien.
    El pozo del alma que debe ser estar en competencia, anónima o con todas las letras.
    El agobio para el alma de tener que dedicar energías sin fin a esa absurda contienda que no tiene ganadores.

    Muchas veces desde las casas y colegios se elogia este tipo de conductas.
    Se premian a los que destacan por sobre otros, y no por el mérito de haberse superado a su versión propia del día anterior.
    Se aplaude al que escala más alto y más lejos y más fuerte en el podio de las comparaciones, en lugar de valorar y aprobar al que corrige su conducta y refuerza su poder.

    Así andamos por la vida, compitiendo con los demás, con presentes y ausentes.
    A veces hasta peleamos con fantasmas que solo existen en nuestra mente, pero que nos llenan de terror al suponerlos triunfadores en nuestro reemplazo.
    No queremos morder el polvo, pero con esta actitud solamente promovemos el desconcierto, el desconsuelo y la derrota.

    Mejor vernos sinceramente al espejo del alma, no solamente al del reflejo óptico, y descubrir aquellos puntos que habría que fortalecer en nuestra conducta.
    Reconocer y valorar con ánimo lo que venimos haciendo bien, e impulsarnos a crecer en ello, hasta el verdadero límite de lo posible.
    Dejar de perder el tiempo y la energía en compararnos con otros, cuando somos mundos tan diferentes unos de otros.

    Claro que sabemos que existen los ámbitos que se dedican a la competencia, como algunos deportes, pasatiempos o cuestiones similares.
    Sin dudas el premio se lo dan al corredor más veloz y no al más dedicado.
    Pero, hasta el que llegó último en la carrera, y aquel que siempre pierde en las pulseadas, puede tener su primer premio cuando hizo el trabajo de compararse con su estado personal del día previo y vio que logró superarse en esa competencia por mejorar y crecer y no solamente por lucir públicamente y derrotar a otro.

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  • Cuando lo malo sucede

    Por ahí alguna vez llegaste a creer que a los demás no les pasa nada malo, pero que siempre te está sucediendo a ti.
    O tal vez no fuiste tan al extremo y supusiste que a los otros también les ocurren desgracias, solo que no tan pesadas como las que tienes que sobrellevar a diario tú.
    O te creíste que te persigue una sombra dramática, una habitual mala suerte, que te provoca amarguras sin cesar, mientras que a los demás les sonríe la vida.

    Sí, puede sonar muy extraño que haya gente que crea o sienta esto, porque lo lógico es creer que todos somos limitados, a todos nos pasan cosas malas.
    O tal vez, suponer que en realidad no son cosas malas, sino experiencias negativas que también tenemos que atravesar para completar algún aprendizaje que no hemos alcanzado por las buenas.
    Así pues, es quizás hora de ver tus momentos de desesperación con otra mirada, mucho más dulce y amable.

    No castigarte cuando sufres los reveses que te trae la vida.
    No colgarte la etiqueta de que solo a ti te pasa, ni que eres quien más sufre, ni que tu vida está destinada al sufrimiento como si estuvieras maldito.
    Tampoco ahondar en lo que padeces, adjudicando todo tipo de fantasías místicas a los sucesos de tu vida.

    Mejor es afrontar el tiempo oscuro con entereza, con confianza, con integridad.
    Sabiendo que tanto lo placentero como lo doloroso son pasajeros, como todo en este mundo lo es.
    Lo que queda para la eternidad es nuestra actitud ante los eventos y aquellos que hemos construído como experiencia.

    Así pues, yo no sé si todo es para bien, pero sin dudas de todo podemos aprender y encontrar la manera de aprovecharlo para que no todo lo sufrido sea para lamentar.
    Es necesario descubrir el punto de luz, hasta en la noche más cruel.
    Es indispensable poner la confianza en el Creador, sabiendo que Él ES Misericordia además de Justicia.

    Confianza en Él, confianza en ti.
    Una mirada serena y trascendente, que te permita ver más allá del quebranto actual.
    Y ante lo irreparable, lo que no puede corregirse en este mundo, saber que este mundo es solamente una fracción minúscula de nuestra existencia.

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  • Andrógino fuiste o algo de una costilla…

    «דַּבֵּ֞ר אֶל־בְּנֵ֤י יִשְׂרָאֵל֙ לֵאמֹ֔ר אִשָּׁה֙ כִּ֣י תַזְרִ֔יעַ וְיָֽלְדָ֖ה זָכָ֑ר וְטָֽמְאָה֙ שִׁבְעַ֣ת יָמִ֔ים כִּימֵ֛י נִדַּ֥ת דְּו‍ֹתָ֖הּ תִּטְמָֽא:
    ‘Habla a los Hijos de Israel y diles que cuando una mujer conciba y dé a luz a un hijo varón, será considerada impura durante siete días; será impura como es impura en los días de su menstruación.»
    (Vaikrá/Levítico 12:2)

    Al explicar este verso, que leemos esta semana en la parashá Tazría, el Midrash nos dice:

    אָמַר רַבִּי שְׁמוּאֵל בַּר נַחְמָן בְּשָׁעָה שֶׁבָּרָא הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא אָדָם הָרִאשׁוֹן, אַנְדְּרוֹגִינוֹס בְּרָאוֹ, אָמַר רֵישׁ לָקִישׁ בְּשָׁעָה שֶׁנִּבְרָא דוּ פַּרְצוּפִין נִבְרָא וּנְסָרוֹ וְנַעֲשָׂה שְׁנַיִם גַּבִּים, גַּב לְזָכָר גַּב לִנְקֵבָה. אֵיתִיבוּן לֵיהּ (בראשית ב, כא): וַיִּקַּח אַחַת מִצַּלְעֹתָיו, אָמַר לָהֶן מִסִּטְרוֹהִי, כְּדִכְתִיב (שמות כו, כ): וּלְצֶלַע הַמִּשְׁכָּן.

    En pocas palabras, nos dice el Sabio Ribí Shmuel bar Najmán que el primer ser humano, propiamente dicho, era andrógino (usa esa palabra de origen griego, quizás no en el mismo sentido que se usa actualmente.
    Especifica el sabio Reish Lakish que tenía doble rostro y estaba unido espalda con espalda, siendo de un lado el varón y del otro la hembra.
    Así se comprende claramente el verso:

    «וַיִּבְרָ֨א אֱלֹהִ֤ים ׀ אֶת־הָֽאָדָם֙ בְּצַלְמ֔וֹ בְּצֶ֥לֶם אֱלֹהִ֖ים בָּרָ֣א אֹת֑וֹ זָכָ֥ר וּנְקֵבָ֖ה בָּרָ֥א אֹתָֽם :
    Creó Elohim, al humano a su imagen; a imagen de Elohim lo creó; macho y hembra los creó.»
    (Bereshit/Génesis 1:27-12:2)

    Es decir, Adam no era meramente el Adán masculino que nos solemos imaginar, sino que era un ser muy particular, macho y hembra al mismo tiempo.
    No eran dos seres humanos pegados, como si fueran hermanos siameses, sino un solo ser humano.
    Así era la especie en ese momento, a nosotros nos parece extraño porque estamos acostumbrados a los seres de un solo rostro, una sola espalda, un solo órgano genital copulador exterior, etc.
    Pero originalmente eramos esos seres andróginos, tal cual era entendida la palabra hace 2000 años atrás.

    Cuando la Torá dice que Dios procedió a operar a Adam y lo transformó en dos personas, usa la palabra «tzalotav», que algunos suelen traducir como costilla, y de allí que muchos digan que la mujer salió de la costilla del hombre. De hecho, hay gente muy apegado a lo literal de los relatos metafóricos de los Sabios que realmente piensan que los varones tienen una costilla menos que las mujeres. No comentaré al respecto.

    Pero acá, en el párrafo del Midrash que te he compartido, se deja bien en claro que la palabra «tzalotav» se tiene que entender como «su lado», «su costado» y NO como «su costilla». Si notas, en español también hay un gran parecido al menos fonético entre «costado» y «costilla», y no, no es casualidad.
    El Midrash nos dice que fue la separación en dos géneros lo que ocurrió en aquel momento, habiendo sido un ser entero previamente y que ninguno salió de la costilla del otro. (Sí, ya sé que hay algunas frases famosas que dicen que la mujer salió de la costilla y por eso debe actuar modestamente, como modesta es la costilla que permanece encerrada y sin mostrarse).

    Evidentemente podemos decir que estamos ante una enseñanza de los Sabios que no tenemos que tomar literalmente, sino aprender a reconocer su enseñanzas profunda y de cómo ésta impacta para mejorar nuestras vidas y la de nuestra sociedad.

     

  • El conteo de la vida

    La Torá plantea un mandamiento muy sencillo de cumplir pero intensamente profundo para los hijos de Israel, que es el contar cada día desde el segundo día de Pesaj y durante 49 días.
    Se ha dado en llamar a este período como Sefirat haOmer, el conteo del omer. Omer es una medida de capacidad, de volumen, que se utilizaba antiguamente, y acá hace referencia a un ritual que se realizaba antaño, en épocas del santo Templo del Eterno en Ierushalaim y que tenía un arraigo en la vida agrícola de la mayor parte de la nación.

    El mandamdiento es tan simple, tan poco complejo.
    Cada día contar, añadiendo un día a la cuenta.
    Cuando se completa la semana, también comenzar a llevar la cuenta de cuántas semanas y fracción de la misma.
    Así hasta completar las 7 semanas, para que al día siguiente celebremos la festividad de Shavuot, que entre otras cosas nos recuerda el momento de la Revelación del Eterno en Sinaí ante todo el pueblo de Israel para entregar allí el Decálogo (mal llamado Diez Mandamientos).

    Contamos y sumamos días.
    Podríamos haber hecho al revés, iniciado en el 49 e ir restando; pero la norma quedó establecida en que vayamos añadiendo.
    Quizás como señal de lo que debemos hacer con nuestras vidas.
    Para que aprendamos a que no vamos malgastando o usando días, sino acumulando experiencias al sacarle provecho a nuestro tiempo.
    Tomar conciencia de lo irremplazable del tiempo y cómo debemos aprovecharlo a máximo, para hacer aquello que hay que hacer en cada momento en particular.
    Tratando de evitar al máximo malgastar este recurso limitado, finito, que se extingue.
    Por ello, valorarlo como lo que realmente es: nuestra vida.
    Aprovechar el tiempo, sumar días y no perderlos.
    Estar atentos a que el tiempo está pasando, aunque el tiempo tal vez no sea más que una construcción mental y no tenga sentido sin alguien que se lo dé.

    Si hasta ahora no te habías puesto a contar tus instantes, tal vez sería genial que lo empezaras.
    Para que no sea un conteo regresivo hacia la nada; tampoco para que sea una sombra que pasa volando y sin control; sino que sea el monumento intangible de tu fabulosa vida.

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  • Humildad desde el punto de vista espiritual

    Suele confundirse, quizás a instancias de la confusión que genera la religiosidad, que humildad es una conducta o postura de negación del sí mismo.
    Algo así como que la persona humilde debiera ser invisible, inaudible, intangible, porque si no lo fuera, estaría mostrando algún grado de orgullo.
    Pero esa es una visión errónea y para nada coherente con la sabiduría espiritual.
    En la espiritualidad sabemos que el humilde es alguien que maneja una correcta autoestima, se valora adecuadamente, tiene equilibrio emocional, no distorsiona la imagen de sí mismo, ni para arriba ni para abajo. Conoce y reconocer sus logros, pero también aquello en lo que aún debe mejorar. Está consciente de sus éxitos y se alegra por ellos, al tiempo que tiene en cuenta sus errores y no por ellos se deja vencer por la amargura, sino que los usa como un trampolín para la superación.
    El humilde no compite innecesariamente con los demás, porque no tiene que ganarle a nadie para saber cuanto vale como persona.
    No tiene que andar mostrando títulos y bienes, para que los demás lo consideren.
    Está en su centro, en armonía interna y con el afuera.
    Por tanto, el humilde no trata de desaparecer para no ser notado, sino que tiene voz y presencia y sabe hasta dónde puede mostrarse para ser útil y no traspasar los límites apropiados.
    El humilde habla y dice cosas valiosas, pero también se calla cuando lo valioso es el silencio.
    Entonces, tener en cuenta que la humildad es uno de los valores primordiales para la vida espiritual, porque es la afirmación de que somos NESHAMÁ en un viaje por este mundo y por tanto tenemos mucho para hacer, aprender, aportar, construir.

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  • Oruga y/o mariposa

    La oruga terminó su metamorfosis, entonces, ya no es más oruga sino mariposa.
    No entiendo, ¿terminó la oruga su metamorfosis o nunca fue oruga sino mariposa disfrazada de tal?

    Oruga = Yo Vivido, quien crees que eres, quienes estás siendo en este mundo.
    Mariposa= Yo Esencial, NESHAMÁ, espíritu, chispa Divina, lo que realmente eres.

    Ahora, dime cuál es la enseñanza espiritual y práctica.

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  • El cambio de Sistema de Creencias que Dios no pudo

    Hemos escrito y explicado mucho acerca del Sistema de Creencias, por lo que no lo repetiré ahora.
    Simplemente tengamos en cuenta que comprendemos al mundo, lo que nos pasa, quienes somos, a través de ese Sistema.
    Y de acuerdo a cómo lo comprendemos, a la intepretación que realizamos, es cómo sentimos.
    Y es ese sentimiento que nos lleva a actuar y a veces también a tener ideas, a las que llamamos pensamientos.
    Por tanto, lo que sientes, haces, dices e ideas es producto en gran medida de tu Sistema de Creencias.

    Lo triste es que el dicho SC tiene muy poco de ti realmente, pues contiene mandatos sociales, imposiciones familiares, rituales heredados, fantasías infantiles no maduradas y un montón de otros ingredientes que hacen que lo que interpretas, sientes, dices, ideas, haces tenga muchísimo de irracional y ajeno a tu esencia, que es lo que eres realmente, es decir, NESHAMÁ (espíritu).

    Supongo que si no estás familiarizado con nuestras enseñanzas, probablemente no hayas podido procesar completamente lo que dije anteriormente. Te pido que lo releas, por favor.
    Ahora, sabiendo que eres una entidad espiritual, un Yo Esencial que está disfrazado de Yo Vivido y sometido al Sistema de Creencias, es tiempo para que comiences el proceso de cambio de tu Sistema de Creencias, en la medida de lo posible.

    No es fácil, nada fácil.
    Mira que ni Dios pudo cambiarle el SC a los israelitas durante 40 años de trabajo de reacondicionamiento en el desierto, tras la sallida de Egipto.
    Así que, tu tarea será titánica y probablemente no tendrás 100% de éxito.
    Pero, cada pasito en la dirección del reencuentro con tu NESHAMÁ, de cambio del SC para que sea realmente tuyo, es una bendición que te hará más poderoso y libre.
    Ahí te veo…

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  • La reacción de Aarón y la del pueblo

    Los hijos de Aarón, Nadav y Avihú, fallecieron por traspasar los límites que había impuesto el Señor.
    El día de gloria se tranfomó en un segundo en desazón y calamidad.
    La semana de festejos maravillosos se arruinó en un instante, cuando la desgracia cayó sobre la familia sacerdotal y sobre el pueblo judío.
    ¿Y cual fue la reacción de Aarón, el padre, el Sumo Sacerdote?

    Y Aarón calló
    (Vaikrá/Levítico 10:3)

    Mucho se ha hablado de ese silencio.
    Ríos de tinta se han hecho correr explicándolo, elogíandolo, ensalzándolo, comprendiéndolo, analizándolo, criticándolo, y etcéteras varios.
    Un silencio que hizo hablar millones de palabras en millones de ocasiones.
    Por lo visto, un silencio atronador.

    La narrativa de la Torá es bastante llamativa al respecto, pues el próximo mandato que ella refiere es dicho directamente a Aarón, sin intervención de Moshé, quien normalmente era el encargado de recibir las directivas celestiales.
    Más ríos han corrido explicando esto, cosa que no haremos nosotros ahora.

    Porque nos interesa centrarnos en el ruido atronador que también comenta la Torá, pues Moshé ordena a :

    toda la Casa de Israel se lamentará por la conflagración que encendió Hashem
    (Vaikrá/Levítico 10: 6).

    Aarón es recompensado por su silencio, pero se le dice a la nación que lamente abiertamente por la tragedia.
    ¿Por qué?

    Porque hay gente que trabaja su duelo a través del silencio, hablando en privado, meditando, siguiendo sus propios caminos personales de duelo, sin ventilar su dolor.
    Y hay gente que tiene la necesidad de gritarlo, manifestarlo a viva voz, hacerlo sentir a los demás que uno está sufriendo.
    Ambos son aceptables y respetables y no tenemos el derecho a juzgar a ninguno en la forma que administra sus emociones.

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  • Fue en el último día de la inauguración del Santuario

    Fue en el último día de la inauguración del Mishkán, el Santuario portatil que construyeron los israelitas en el desierto.
    La alegría era inconmensurable, nunca habían vivido algo parecido, pues estaban inaugurando un santuario a la gloria del Rey de reyes y al esplendor de Su reinado.
    Era una obra de sus manos, de su generosidad, de su laborioso esfuerzo.
    Esta vez el evento armado por ellos, aunque siguieran un plan celestial y tuvieran los planos diseñados, la tarea fue toda de ellos.
    No era pan del cielo, ni una apertura mágica del mar, ni tampoco la Ley de origen Divino lo que estaban celebrando, sino que ellos pudieron al fin hacer algo por sí mismos.
    Ya no eran meros espectadores, o peor aún, pasivos receptores de los dones que se les entregaban a cambio de nada.
    Por el contrario, esta vez tuvieron que hacer, y mucho.
    Pues, si cada uno no hacía su parte, entonces la cosa no marchaba.
    Es como cuando el niño por primera vez consigue hacer algo por sí mismo, aunque esté siendo supervisado por la madre, ahora ésta es su obra.
    La demostración de su poder, y no la de otros.
    Bueno, eso pasó al momento de construir el Santuario y ahora lo estaban inaugurando, con esa alegría propia de aquel que sabe que tiene algo de poder.
    Pero en una trágica secuencia anticlimática, la celebración se desgració.
    Dos de los cuatro hijos de Aharon, los mayores Nadav y Avihu, entraron  a zona prohibida para ellos en el Santuario, fueron al Lugar Santísimo y  ofrecieron incienso al Eterno, cosa que no había sido ordenada ni solicitada por Él.
    Ellos asumieron que podían seguir de largo con esto de demostrar el poder de los hijos, ofrendando un incienso extraño, que no seguía la receta dictada por Dios, en un momento y lugar que ellos decidieron y no fue decidido por Dios.
    Entonces, «un fuego salió de delante de Hashem y los consumió y murieron ante Hashem’ (Vaikrá/Levítico 10: 1-2).

    ¿Enseñanzas de esto?
    Hay miles, pero nos quedaremos con una por ahora.
    Aprender a encontrar nuestros límites y respetarlos, es una cuestión fundamental.
    Para no traspasar a zonas prohibidas y que nos ponen en situación de riesgo, para nosotros y/o para otros.
    Para no quedarnos a mitad de camino, suponiendo que hemos llegado al límite cuando en verdad aún no lo hemos hecho.

    ¿Se te ocurre alguna otra enseñanza?

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  • La respuesta que corresponde

    Responsable significa dar respuesta.
    Se supone que es la respuesta adecuada a la pregunta que se plantea, o al problema al que uno se encuentra, o a la situación en la que se está.
    Así por ejemplo, el primer registro de interacción entre Dios y el hombre, fue cuando Dios le pregunta a Adam: «¿Dónde estás?»
    Dios sabía la respuesta, la intención de Su pregunta era que el humano reflexionara, reconociera que había incumplido una ordenanza Divina, y entonces viera de cómo dar respuesta apropiada a ese acontecimiento.
    Es decir, no tenía que decir: «Estoy acá». Ni Tampoco valía: «Calle 33 esquina Avenida Central, Huerto del Edén, Tierra».
    Ni tampoco era válida aquella: «Me escondó detrás de estos arbustos porque tengo miedo de que me encuentres».
    Y menos que menos que se largara a dar todo tipo de excusas y justificaciones a su improcedente proceder.
    Lo que tenía que hacer, al menos esa era la intención del Divino interrogador era: «Ups, perdón Diosito mío, metí la pata. Reconozco mi error, ¿podrías ayudarme a reparar lo que destruó con mi acción torpe?».
    Si hubiera sido esa su respuesta, entonces el hombre ciertamente hubiera sido responsable.
    Pero, tristemente se dejó involucrar por su recién adquirida esclavitud al EGO y por ello se largó a dar excusas, echar culpas, desentenderse de su responsabilidad… en fin, ser un humano normal y corriente que está de espaldas a su espiritualidad.
    Sabiendo esto es quizás buen momento para que te preguntes: «¿Dónde estás?»

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  • La mariposa que se creía oruga

    Había una vez una mariposa que se creía oruga por ello no volaba y se arrastraba.
    Fin de la historia.

    La mariposa en este relato simboliza la NESHAMÁ, el espíritu, Yo Esencial, chispa de Dios, lo que realmente es la persona.
    La oruga representa su Yo Vivido, lo que cree que es, lo que está siendo en este mundo, los diferentes personajes que asumimos como nuestra identidad.
    El resto de la metáfora, te la dejo para que la pienses tú y te agradezco que luego lo comentes, aquí mismo debajo, en la cajita de los comentarios.

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